Un falso Doctor, relacionado familiarmente con el negocio de la prostitución homosexual y de la otra, jerifalte del partido más ladrón y liberticida de la historia de España, en el poder con ayuda de los separatistas que quieren acabar de destruir el país y de los agentes españoles de Maduro, ha hecho cuestión de “honor” la profanación y ultraje de los restos del mayor estadista que ha tenido España en varios siglos. Y casi todo el mundo se hace el desentendido de las pretensiones de este macarra y matón de la política.
Una propaganda brutalmente embustera y calumniadora, sostenida in crescendo durante 40 años, ha conseguido borrar a los ojos de muchos los méritos inigualables de Franco. Por consiguiente hay que insistir en recordarlos: derrotar a un frente popular compuesto de totalitarios, separatistas y golpistas, dirigido por Stalin; evitar para España las atrocidades de la guerra mundial; derrotar al maquis comunista y al criminal aislamiento internacional impuesto por una alianza de comunistas, demócratas y dictaduras varias; reconstruir el país con las propias fuerzas de los españoles, sin deudas directas ni indirectas con las finanzas useñas ni con el ejército useño o el de Stalin, caso único en Europa; presidir el “milagro español”, la época de mayor impulso económico antes o después en España; derrotar políticamente en la ONU a Inglaterra en relación con Gibraltar; reconciliar a la inmensa mayoría de los españoles superando los odios que destruyeron la república; mantener con ello un régimen de libertad personal, con las libertades políticas restringidas lo inevitable para quienes habían querido, organizado y provocado la guerra civil y persistían en sus “ideales”. Podríamos seguir enumerando sus logros gigantescos, de los que aún vivimos y que no han conseguido destrozar todavía por completo los herederos de aquel criminal frente popular; pero bastan los señalados para entender a qué extremo de degradación ha caído la política española.
Decía Cicerón que la verdad se envilece tanto por la mentira como por el silencio. Durante cuatro décadas la mentira ha imperado con el silencio cómplice de la derecha y con el amedrentado de otros muchos. Y esto debe cambiar. El macarra Doctor y sus amigotes entienden muy bien el significado político y actual de la profanación de la tumba de Franco. Es preciso que lo entendamos también los demás. Y reaccionemos como corresponde. O proclamamos la verdad de la historia o podemos repetir lo peor de ella.
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En la última sesión de Una hora con la Historia: En Los mitos del franquismo, dediqué un importante capítulo a la política de los anglosajones con España durante la II Guerra Mundial: cómo pasó de todo tipo de promesas (incluso Gibraltar) y un respeto lindante con la oficiosidad asegurando la no injerencia en loa asuntos internos españoles, a numerosos chantajes, presiones y amenazas, que no consiguieron doblegar al país. Un tema nunca estudiado con seriedad, y que propongo a historiadores jóvenes: https://www.youtube.com/watch?v=mpiYj-55fWM
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Su novela Golpes y gritos es excepcional, estoy seguro de que antes o después se reconocerá. Me costó conseguirla y ha sido una magnífica sorpresa. Como relato de aventuras es seguramente el mejor que se ha escrito en español. Bastante mejor que las de Baroja y este no es malo. Y no son aventuras banales, hay una filosofía implícita, que a veces aflora en chispazos explícitos, con problemas profundos. Como cuando uno dice algo tan extraño como que el mundo que están viendo al amanecer no existía el día anterior. O las reflexiones rápidas sobre la acción misma. Ha sido un acierto que no hiciera usted largas disquisiciones intercaladas, al estilo de Tolstoi en Guerra y Paz, y que se hacen pesadas, y no obstante en su novela están ahí, inmersas en el relato.
Yo entiendo la obra como una sucesión de tres grandes y peligrosas aventuras, las tres terminadas en fracaso. El último fracaso, el asesinato del propio padre, y la reacción del hijo que le causa aposta la muerte, es tremendo, y lo es la culpa que tiñe toda la narración. Incluso el epílogo expone otro fracaso. El protagonista lo expone objetivamente y sobriamente, como todo lo demás, pero trasluce un fondo de amargura: Los dos hijos triunfadores, ejecutivos de multinacionales, grandes sueldos, divorcios, etc., vidas banales. El tercero se parece al padre, en el bando contrario: idealista, ha querido hacer carrera política comunista y luego socialista, y termina sin ilusión y hundido en la mediocridad.
Bien, real como la vida misma. Y lo que me choca es que no resulta una novela deprimente ni cínica, sino lo contrario. ¿Cómo lo ha conseguido? ¿Diría usted que el fracaso final después de tantos esfuerzos y peligros queda compensado por el propio esfuerzo y la acción? Es una sensación extraña…
Julián Holden Estévez







