La OMLE y el 68

Si al cristianismo se le encontraba un tinte plúmbeo, opresivo y demasiado irracional, el liberalismo era visto como la ideología burguesa por excelencia, ideología de la competencia comercial justificada en un trivial consumismo, insaciable e interminable;  y mucha gente, muchos jóvenes, aspiraban vagamente “a más”, sin saber muy bien a qué (algún cínico podría señalar: “a todos los derechos sin ninguna obligación”, lo que tenía algo de cierto, pero no todo); y por otra ignoraban el gran esfuerzo y disciplina social  exigidos por aquellos privilegios de que gozaban. El liberalismo parecía hacer girar la vida en  torno al dinero: quien tenía más dinero sería más libre y por tanto más “humano”. Ideología diríase “prometeica”, aunque por entonces nadie usaba este término o lo usaba de manera laudatoria: la rebelión contra los dioses, liberadora del hombre. El propio liberalismo, además, había tenido que aceptar para sobrevivir gran parte de la ideología socialdemócrata después de la guerra mundial. Y es interesante constatar cómo una idea de posguerra, el “europeísmo”, originariamente democristiana, iba tomando a su vez un tinte socialdemócrata, que en su desarrollo tiende a eliminar la libertad humana, como ya había advertido Tocqueville. Por tanto, se buscaba el remedio en otras religiones sucedáneas como el marxismo, la revolución sexual, el yoga, el zen, la meditación, la droga entendida como un camino de liberación… Cabría decir que la deriva tomada por aquella rebeldía respondía a una falta de “pouvoir spirituel”, como caracterizaba Ortega  otra situación. De ahí sus manifestaciones en el fondo nihilistas y autodestructivas.   

      La OMLE y lo que le siguió  entran en una corriente que hoy pocos identificarían  con el “68”, ya que sus premisas era las típicas bolcheviques de disciplina,  sacrificio, trabajo duro, lucha sacrificada,  ateísmo militante, nada de drogas, nada de “cachondeo sexual pequeñoburgués”, nada de misticismos orientales ni occidentales, nada de pacifismos, etc. Sin embargo, como digo, nació de allí como una derivación del “mayo francés”, como también lo hicieron grupos stalinistas  o terroristas como el alemán Baader-Meinhof, el italiano Brigadas Rojas, alguno menor francés, sin olvidar que la ETA empezó a asesinar el mismo 68. Y debe recordarse la admiración del sesentayochismo, pese a su proclamado ultralibertarismo, por la tiranías totalitarias de orientación comunista. ¿Pese? No tanto. Una clave de aquella aparente oposición la vuelve a proporcionar Paul Diel, a mi juicio: la degradación de las cualidades psíquicas se expresa por pares acusatorios y sentimentales, al mismo tiempo opuestos y complementarios que se refuerzan. Creo que en el plano de las ideologías ocurre algo semejante. El libertarismo era fundamentalmente sentimental, cultivaba de modo exacerbado el pacifismo y el victimismo. Según él, prácticamente todo el mundo, mujeres, niños, jóvenes, obreros, empleados, negros, homosexuales, prostitutas, locos, países enteros del “Tercer Mundo”, etc., habían estado durante toda la historia brutalmente explotados, alienados y oprimidos, a pesar de representar los valores más elevados de dignidad humana y progreso. Las ínfimas minorías opresoras se componían generalmente de un número de hombres blancos. Los comunistas tipo OMLE y similares eran más abiertamente agresivos y acusadores. Cultivaban menos el victimismo y su postura podría definirse así: el pasado era un cúmulo de explotación y crímenes, cierto, pero las condiciones económicas lo habían hecho inevitable y no había que perder mucha energía en lamentarlo. De lo que se trataba entonces era de actuar de manera decisiva contra los explotadores y demás, arrostrando los sacrificios necesarios por la liberación humana.

    Así que las dos posturas, aunque opuestas, eran también complementarias, se reforzaban mutuamente y terminaban generando una especie de pensamiento histérico contra la realidad  histórica y presente, en el que se mezclan inextricablemente  la cursilería y el odio, como vemos a diario. Y  ello explica la admiración de los sentimentales por los agresivos (terroristas, totalitarios…), mientras que estos últimos les correspondían con cierto desprecio, aunque estuvieran siempre dispuestos a utilizar a los “tontos útiles”.  Los sentimentales, mientras denunciaban aquellas cosas terribles, aparte de pacifistas no les importaba integrarse en “el sistema” y gozar de  las mil ventajas políticas y económicas  que les proporcionaban los según ellos opresores y criminales, ni les importaba aliarse con los curas “progresistas” o caer en drogas y misticismos, cosas todas ellas despreciadas por los agresivos. Pero debe reconocerse que los sentimentales han tenido mucho más éxito en demoler  o al menos  llevar a una crisis profunda la sociedad tradicional.

 

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El mayo francés, Woodstock, como síntomas

*Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M

**Esta semana trataremos la conducta política de Azaña durante la guerra

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En fin, si en España el 68 resultó un tanto deslucido, en Francia fue otra cosa. Allí, una repentina oleada de radicalismo estudiantil, secundariamente obrerista, logró sacudir, en aquel renombrado año, un sistema democrático tan asentado en apariencia como el francés. El fenómeno fue tan extraño que los análisis no acaban de dar con su clave. Además nunca contó con algo parecido a un pensamiento o una doctrina, más allá de frases y consignas, muchas de ellas notables solo por su estupidez. Fue un movimiento a la vez prosoviético, maoísta,  anarquista, trotskista, de revolución sexual, feminista, juvenilista… Es decir,  perfectamente contradictorio, pero con una base común: oposición total al sistema “burgués”.  A un sistema que les había proporcionado unos privilegios nunca vistos en la historia: bienestar económico, independencia, enseñanza gratuita o casi, facilidades para viajar, divertirse, comprar música, ropa,  los libros más variados, notable seguridad jurídica. Y esto resulta muy interesante.  Claro está que aquellas ventajas no se las debían a sí mismos, sino al trabajo duro de posguerra   de la generación anterior, pero los nuevos revolucionarios no mostraban ni pizca de agradecimiento al respecto.  Disfrutaban de sus ventajas como si hubieran caído del cielo y despreciaban los tiempos anteriores como “los años de plomo” y a sus padres como reaccionarios reprimidos y represores. La paradoja es sorprendente. El “mayo francés fue vencido con bastante facilidad y pocas víctimas mortales, pero iba a influir enormemente en la evolución posterior europea hasta colorear como hoy hace la cultura occidental

En mi ensayo Europa, una introducción  a su historia,  al enfocar la edad de decadencia europea después de la II Guerra Mundial, exponía: ” ¿Estaba superando Europa (occidental) su decadencia gracias al éxito económico? Mas bien no. Donde mejor se aprecia esa decadencia es en aquellos puntos en que descollaba desde varios siglos atrás: el pensamiento, la filosofía, el arte, la ciencia, la técnica. En todos estos campos, también en las modas populares y juveniles, la vanguardia y la iniciativa pasaron a Usa después de 1945, siguiendo Europa con más o menos matices y escasa originalidad. También el marxismo soviético siguió influyendo con fuerza por medio de partidos comunistas de masas como los de Italia y Francia, y asimismo en la universidad y medios intelectuales. La Escuela de Frankfurt, asentada en Usa después del triunfo nazi, intentó un nuevo materialismo combinando a Marx con Freud.  Luego se dijo que los ideólogos del movimiento eran las tres “m”: Marx, Mao y Marcuse,  que realmente tenían poco que ver unos con otros, siendo la popularidad de Marcuse en Europa posterior el “mayo”. Otro rasgo de la época fue la popularidad del existencialismo de Sartre, puro nihilismo voluntarista: el hombre está “condenado a ser libre” en un mundo sin sentido, por lo que puede construir su moral y su vida al margen de cualquier constricción externa o transcendente, aunque en definitiva se trata de una “pasión inútil”.  Sartre terminó defendiendo el comunismo extremo, algo no tan contradictorio como pudiera sonar. En general, el pensamiento europeo de posguerra tiene un aire de epigonismo un tanto gris. El contraste entre la boyante economía y la pobreza cultural significó algo.

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Pero creo que en la base de todo ese movimiento confuso estaba la mencionada insatisfacción con la ideología consumista y economicista que parecía llenarlo todo y colmar supuestamente las aspiraciones humanas: ahí se encuentra el sentido profundo de la rebeldía. En el mencionado ensayo sobre Europa señalé cómo la Ilustración fue el venero de las ideologías posteriores, muy contradictorias entre sí, pero todas basadas pretendidamente en la razón y en la capacidad técnica del ser humano. Las ideologías son “prometeicas” en el mismo sentido que advertía el mito griego de la creación del hombre, según explica Paul Diel. Prometeo simboliza al propio ser humano, nacido de la tierra y dotado de una poderosa capacidad técnica y previsora (de la razón). “Prometeo” significa precisamente el que “piensa antes”, el previsor.  Por todo ello se burla de los dioses, rechaza al espíritu y convierte la vida humana en algo trivial y falto de sentido. Prometeo, es decir, el hombre prometeico, se ve atado a la roca, es decir, a la tierra, a los deseos triviales insaciables, y el águila de Zeus (enviada del espíritu) le atormenta: el remordimiento por el rechazo prometeico de una vida superior a la mera satisfacción técnica de los deseos materiales. Por otra parte, la limitación de la razón humana, su corta capacidad de previsión y contradicciones, viene simbolizada por el hermano del titán, Epimeteo “el que piensa después”.

La rebeldía juvenil expresaba, por tanto, el descontento con el estilo de vida que prevalecía en Occidente. Pero ¿por qué adoptaba aquellas expresiones concretadas en el “mayo francés” o en Woodstock, como hechos emblemáticos, y no otras? Creo que ello se debía a la crisis de los valores espirituales tradicionales. La raíz espiritual de Europa era el cristianismo, pero la crítica incansable a que lo había sometido la Ilustración lo había hecho retroceder y desde entonces no había conseguido encontrar un lenguaje capaz de dar respuesta a muchas inquietudes. Insistir en los dogmas y en una moral que no cumplía, según se le acusaba, daban a aquella religión y a la Iglesia un tono pesado y mortecino o milagrero y contrario a la razón, que encontraba una aceptación decreciente. Tampoco el liberalismo, visto como la ideología de la competencia comercial justificada en un consumismo insaciable e interminable, exponía un discurso y un lenguaje capaces de sugestionar a mucha gente, y desde luego a los jóvenes, que por una parte aspiraban vagamente “a más” y por otra ignoraban el gran esfuerzo y disciplina para alcanzar aquellos privilegios de que gozaban.  Por tanto, se buscaba el remedio en otras religiones sucedáneas como el marxismo, la revolución sexual, el yoga, el zen, la meditación… En realidad, por falta de fuerza espiritual, como decía Ortega de otra situación, el descontento empujaba a aquellas manifestaciones en el fondo nihilistas y autodestructivas.

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Nuevo manifiesto por la libertad, la democracia y la verdad histórica.

Me dicen que el manifiesto antes propuesto sobre la mentira histórica por ley encontraría poco apoyo en mucha gente que no se atreve todavía a decir lo que realmente es el PSOE. Y rechazo en otros al provenir de mí.  Por mi parte no hay inconveniente en cambiar las palabras  y abreviar lo del PSOE siempre que el contenido esencial sea el mismo.  En cuanto al rechazo a mi persona, lo explicaré al final. Me proponen este texto.

“No se puede imponer por ley un único relato de la historia. No se debe borrar por ley  la cultura e historia de un pueblo, por razones ideológicas. El “historicidio” viene perpetrándose en España, con total impunidad, desde 2007. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede primar sobre la analítica verdad de los hechos, en las circunstancias en que se produjeron. Ninguna ley variará los hechos de la historia. La verdad interpretada de unos hechos, cualquiera que sea, no puede ceder a ninguna interesada propaganda política. Resulta del más puro estilo totalitario legislar sobre la historia o contra la historia.  

 La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, pretende ilegalizar cualquier  asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese y otros partidos sobre la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Intenta asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico procedente de aquel régimen. 

     Esta proposición ataca directamente los fundamentos de la Constitución y los valores superiores que su ordenamiento jurídico consagra: la libertad (de opinión, expresión, investigación y cátedra); la justicia (sólo atribuible a jueces y tribunales);  la igualdad (que impide la discriminación ideológica, de sexo, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social);  el pluralismo político (ejercido como actividad libre dentro del respeto a la constitución).

   El proyecto de ley viola  asimismo el artículo 19  del Pacto de Naciones Unidas sobre derechos cívicos y políticos, suscrito por España, que en su apartado 49 especifica: “Las leyes que penalizan la expresión de opiniones sobre hechos históricos son incompatibles con las obligaciones que el Pacto impone a los Estados partes en lo tocante al respeto de las libertades de opinión y expresión. El Pacto no autoriza las prohibiciones penales de la expresión de opiniones erróneas o interpretaciones incorrectas de acontecimientos pasados”.

 Se trata por tanto de un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto pretende decidir desde el poder la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que no estamos dispuestos a transitar. 

  El proyecto vulnera asimismo la verdad documentada de la historia, como demuestra el mero hecho de que su versión quiera imponerse por la fuerza y la violencia del estado, al ser incapaz de sostenerse en un debate e investigación libres e  independientes. Sus argucias invocando la dignidad de las víctimas o equiparando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la libertad de los españoles, contra la democracia y la verdad histórica. E incita además al odio contra cuantos no compartan la opinión del PSOE sobre estas cuestiones.

     Es obvio que un proyecto de ley semejante no puede provenir de un partido democrático. La historia del PSOE no es democrática. Muchos esperaban que después de la transición ese partido hubiera cambiado su trayectoria anterior, pero comprobamos que  muchas tendencias  antiguas siguen en él peligrosamente arraigadas. Además es bien sabido que ese partido no hizo prácticamente oposición al régimen franquista, en el que medraron muchos de sus líderes posteriores, lo que hace especialmente grotesca su pretensión de derrotar a aquel régimen cuarenta años después de su desaparición.  Y que su virulento antifranquismo actual le exija atacar la libertad de los españoles y la democracia. 

    Esta propuesta debe ser rechazada radicalmente por toda la sociedad, pues España no puede permitirse una involución hacia regímenes del tipo implícito en ella.

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Dos palabras sobre el rechazo a mi persona. Se trata de un rechazo lógico en la izquierda y los separatismos, porque mis libros han demolido a conciencia la mayoría de las ideas que intentan imponer a la sociedad con gran acopio de dinero que no es suyo. Su método ha sido el ataque personal, el silenciamiento y en la medida de lo posible la muerte civil. Esto es lógico, como digo. Para esta gente la verdad de la historia simplemente  no tiene importancia. Lo importante para ellos es poder etiquetar los trabajos que les desagradan como “franquista”, “fascista” “reaccionario”, “tradicionalista” o cualquier otro termino parecido, y seguir disfrutando de impunidad en sus negocios.

   Menos lógico, en cambio, es que otros muchos intelectuales, políticos  y periodistas que no comulgan con las tesis y actitudes mencionadas, compartan  abierta o solapadamente  ese intento de muerte civil contra mí.  ¿Por qué lo hacen? Por un factor común a lo que  convencionalmente  llamamos derechas en España: por una profunda cobardía y vileza moral. Cobardía ante el matonismo intelectual (y ahora político)  de  izquierda y  separatismos, en un intento de congraciarse con los matones. Y vileza porque la inmensa mayoría de ellos, antes de  publicarse mis obras, apenas osaban hablar con alguna claridad y disculpándose, pero han aprovechado los caminos que yo he abierto  para avanzar un poquito…  tratando al mismo tiempo de hacerme a un lado, de ningunearme evitando citarme, como si yo no existiese o no hubiera escrito nada. 

    Procuro ser realista y ver las cosas como son. Pero afortunadamente aun me queda energía para enfrentarme a toda esa farsa y no dejaré de ponerlos en su sitio. Porque la historia también demuestra que todo cambia, y esta situación también cambiará. 

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De aquellos polvos (con perdón)…

También había poca afición a la música anglosajona: los Beatles tuvieron muy poco éxito en España, y los Rolling Stones eran prácticamente desconocidos, aunque catorce años después, cuando vinieron a cantar a Madrid, ¡resulta que todo el mundo había sido fan suyo! Pasaba como con las carreras ante los grises, de las que no se había privado nadie… ¡Una memoria bien entrenada hace milagros! A la gente le chocaban las imágenes de televisión con las mozas chillando histéricamente y desmayándose  ante sus sonoros ídolos en Inglaterra y Usa. Se veía aquí el espectáculo como un exotismo algo grotesco, aunque me dicen que algo parecido había pasado en España en los años 40  con la visita del cantante mejicano Jorge Negrete. En fin.

   Las cifras del recital demuestran que la masa aplastante del estudiantado se desentendía de cualquier cosa parecida a la lucha antifranquista. Tampoco sería franquista esa masa, o lo sería solo tibiamente, pero su interés  por la política era muy escaso. La mayoría pensaba en su carrera y su profesión, en divertirse, en ligar o hacer deporte, y ante las asambleas, huelgas y suspensiones oficiales de clases componía un gesto de fastidiada resignación o se alegraba de hacer novillos sin culpa.  Los politizados censurábamos con acritud la indiferencia de los estudiantes, su “aburguesamiento” o “alienación” y “consumismo”.   Cabe suponer que las grandes mayorías, en todas las épocas, se asemejan mucho entre sí, y aunque sus comportamiento sugiera trivialidad e incluso ramplonería, son también, probablemente,  la sustancia de la continuidad y estabilidad social. Si la muchedumbre innumerable de los antifranquistas de hoy lo hubieran sido en vida de Franco, ni el franquismo  ni las libertades políticas posteriores habrían sido posibles.

   Visto aquello, en el tiempo, al medio siglo, las diferencias son enormes. Hoy, por ejemplo, la presencia policial en las calles es mucho mayor que entonces, y hablo de Madrid,  donde era notablemente mayor que en cualquier otra ciudad. Hoy estamos permanentemente vigilados, en las calles y en los establecimientos, a través de cámaras de “seguridad” y por lo visto también por satélite. Todavía no hemos llegado al nivel de Londres, donde esta vigilancia es obsesiva, pero vamos en esa dirección. Entonces uno podía entrar en cualquier establecimiento público, local de periódico o banco o museo sin pasar los controles hoy obligados, y la seguridad y policías privadas, que hoy son una importante industria, no existían. Había cosa de seis veces menos presos que ahora. Señalo estas cosas porque según la mitología corriente, el franquismo era un régimen policial, cuando es hoy cuando vivimos en un régimen realmente policial y de vigilancia continua. La vida era mucho más tranquila y desde el punto de vista personal más libre. 

   Las libertades políticas estaban restringidas, pero existían, cualquiera puede comprobarlo en una hemeroteca.  Si no te metías directamente con Franco, podías expresar incluso simpatías por la Revolución cultural china o por la república.  No había partidos ni sindicatos “libres”,  pero la verdad es que pocos los echaban de menos, y había muchas asociaciones muy variadas. La  oposición real y actuante era comunista (con cierto número de “tontos útiles”) o terrorista o las dos cosas, y esto es de lo más significativo, aunque no guste hablar de ello. Entonces la gente opinaba y discutía libremente, hoy ya no es el caso. En muchos ambientes la gente procura no expresar opiniones políticas con los amigos o los familiares para evitar tensiones. Aparte de que ciertas opiniones pueden condenarte a muerte civil. Gran parte de estas cosas que ahora vivimos (droga, omnipresencia de la pornografía, homosexismo, alcoholismo, violencia doméstica, diversas formas de acoso sexual y no sexual, prostitución, agobiante presión  colonizadora del inglés, hispanofobia muy amplia…) vienen de aquella “revolución del 68”. No es que no existieran antes, claro está que han existido y probablemente existirán siempre: es que eran menos frecuentes, más bien marginales, mientras que ahora dominan el  espacio  público. Por eso vale la pena extenderse un poco más sobre el significado de aquel movimiento.

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Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M

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Manifiesto por la libertad, la democracia y la verdad histórica

Más abajo, el manifiesto. Se trata de saber qué hacer en concreto con él. Ante todo debemos entender que, en democracia, la política consiste en gran medida en crear opinión pública, y hay que impedir que sean los demagogos quienes la monopolicen, manipulen y moldeen. Es decir, lo primero que hay que hacer es difundir masivamente, ya, el manifiesto. Cada uno puede hacerlo a sus conocidos, da igual lo que piensen, importa que empiecen a oír algo nuevo aunque no les guste. Cada uno puede difundirlo en Facebook, en tuíter y en otras redes sociales, Esto es fundamental porque las redes son un arma decisiva frente a unos medios de manipulación de masas degradados y envilecidos. Cada difusor del manifiesto cuenta mucho,  porque uno solo puede llegar así a miles, y  si los miles de oyentes de este programa, o aunque solo fuera la décima parte de ellos, lo hacen, el mensaje llegaría a millones de personas, y eso es ya una forma útil y eficaz de contrarrestar la demagogia de los totalitarios. Dejémonos de lloriqueos y quejas tontas y actuemos cada uno con nuestras posibilidades: tenemos mucha más fuerza de la que imaginamos, pero hay que darle salida práctica y organizada.

    Con una versión del manifiesto, algo reducida, recogeremos firmas de historiadores, periodistas y otros para presentarlo a la opinión pública, incluso a los medios de masas, por degenerados que estén, a fin de darle más fuerza. Estamos ante una campaña en defensa de la libertad, de la democracia y de la verdad histórica, y todos debemos sentirnos comprometidos.  La amenaza es gravísima y sobre ella no caben frivoleos.

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 Hay que reconocer que la portada es nefasta. No sé cómo la dejé colar.

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La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, establece la ilegalización de cualquier asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese partido con respecto a la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Pretende asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico  procedente de aquel régimen.

   Este proyecto ataca directamente la más elemental libertad de opinión, expresión, investigación y cátedra, y ataca por ello directamente la Constitución, que en varios artículos empezando por el título preliminar establece “la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Esa ley, de llevarse a la práctica,  anularía por completo la Constitución o lo que queda de ella.

   Es asimismo un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto en ninguna democracia decide ningún partido desde el poder cuál ha sido la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que quieren llevarnos los autores de ese texto inicuo.

   Y es un proyecto contra la verdad histórica como demuestra el mero hecho de que su versión quieran imponerla por la fuerza y la violencia del estado, siendo incapaces de sostenerse en un debate e investigación libre e  independiente. Sus argucias sobre la dignidad de las víctimas o igualando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la democracia y la libertad de los españoles.

   Nos hallamos, por tanto, ante un ataque en toda regla contra las más elementales normas de convivencia social en libertad, mediante una ley de tipo bolivariano o soviético. Y ello nos obliga a plantearnos el origen ideológico de quienes pretenden tales cosas.

       Es muy preciso, por tanto, que la opinión pública conozca la ocultada historia de ese partido, hoy bastante bien estudiada, aunque todavía pocos la conozcan. Muy en breve,  en los años 30 el PSOE quiso, buscó y organizó la guerra civil, textualmente, para imponer en España un régimen de tipo soviético. La preparación de la guerra incluyó abundante uso del terrorismo. Fracasado el intento en octubre de 1934, volvió a la violencia tras  las elecciones de febrero de 1936, demostradamente fraudulentas, para destruir la legalidad republicana, con uso abundante de un terrorismo que culminó en el asesinato del líder de la oposición Calvo Sotelo; y ya durante la guerra fueron actos suyos el terror de las chekas, el envío de las reservas de oro a Moscú — haciendo de Stalin el jefe real del bando llamado republicano–  y el robo sistemático de bienes nacionales y particulares, que suscitaría luego peleas sórdidas entre sus líderes en el exilio.

  Si hay alguien responsable de la guerra civil, es el partido que ahora intenta arruinar del todo la democracia mediante la violencia del estado combinada con  lo que definió Besteiro como un “Himalaya de falsedades”. Besteiro fue el socialista demócrata que denunció los proyectos del PSOE de empujar al país a un baño de sangre, y que por eso fue aislado y calumniado en su partido. Lo dicho aquí sobre el PSOE no es un panfleto del tipo de los de la memoria histórica, subvencionados con dinero que nos obligan a pagar a todos. Es un resumen de hechos abundantemente investigados y documentados.

   Luego, durante el franquismo, el PSOE no hizo la menor oposición digna de reseña, al revés que los comunistas. Y es ahora, ochenta años después de la guerra y cuarenta de la transición a la democracia, cuando este partido intenta derrotar a aquel régimen a base de derrotar al mismo tiempo la libertad de los españoles e instalar en la sociedad los mismos odios que llevaron a la destrucción de la república.  

  El PSOE se ha venido presentando como partido democrático, cuando la verdad es que solo se ha resignado  a una democracia llegada históricamente desde el franquismo, “de la ley a la ley”. La democracia no debe nada al PSOE, sino que, al revés, ese partido debe todo a una democracia a la que en cambio  ha aportado grandes dosis de corrupción, “comprensión” hacia los separatismos y los crímenes de la ETA,  y leyes siniestras como las de  su fantástica memoria histórica.  Por falta de fuerza ha tenido que aceptar un régimen de libertades,  pero manteniendo su ideología contraria en espera de ocasión, que parece creer llegada ahora.

    Estamos, por tanto, ante un proyecto de ley orientado directamente contra los derechos de los españoles, contra las libertades más elementales y contra la verdad mejor documentada sobre nuestro pasado. Un proyecto hecho, como no podía ser menos, por un partido de historial e ideología radicalmente antidemocráticos.

   Y contra estas derivas nos toca movilizarnos muy en serio a cuantos amamos la libertad, la verdad y a España. Es preciso demostrar a los totalitarios que no somos un pueblo de borregos que se deje embaucar por su turbia charlatanería ni amedrentar por sus amenazas.

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Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M

 

 

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