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–Pero vamos a lo concreto, de nuevo. ¿Qué imagen quiere dar ud de sí mismo a través de esos recuerdos sueltos y poemas? Porque quien escribe de sí mismo siempre quiere dejar alguna imagen en los demás.
–Buena pregunta. Así es siempre o casi siempre. Incluso sin escribir, en el trato corriente, todo el mundo quiere dar una imagen a los demás, aunque a menudo no resulta la que él quisiera, ja, ja…
–Pero vaya a lo concreto, sin generalizar, si no le importa…
–Verá, cuando repaso mi vida, en lo que puedo descubrir de ella, la sensación es de desconcierto. ¿Qué sentido tiene todo eso, los miedos y aventurillas de la infancia, las ilusiones de la adolescencia, la opción por una ideología, el trabajo posterior de investigación, las peleas intelectuales con unos y con otros…? Sí, ¿qué sentido? Me es imposible decirlo. Podríamos pensar que obramos de un modo u otro porque estamos programados para ello, por emplear esa fea palabra. Al menos en mi caso no puedo decir que haya sido forzado a hacer o dejar de hacer las cosas, salvo excepciones, claro, el entorno siempre te condiciona… Pero siempre he sido libre y no puedo acusar a nadie de mis fallos ni atribuirle mis aciertos, solo que…solo que decidir lo que fueron fallos y aciertos es también muy difícil. Quizá no seamos nosotros los adecuados para decidir sobre eso, puede que nos confundamos mucho al valorar las cosas. Y si no he sido programado por factores exteriores, puedo haberlo sido por otros internos e inconscientes. Así, la mayor libertad es también la mayor falta de libertad. Y siento volver a generalizar, pero la vida en general me resulta desconcertante, la mía y la de todo el mundo, y creo que a cualquiera que lo piense le parecerá lo mismo.
–Luego, no trata de dar una imagen de su persona, que sirva de ejemplo, o de envidia o de lo que sea, para los demás. ¿Cree ud importante ilustrarnos sobre el desconcierto de la vida? Entonces ¿qué interés pueden tener sus recuerdos?
–¿Y qué interés pueden tener los de cualquiera, por mucho que intente presentarse como una persona honrada, o inteligente, o valerosa o lo que sea? ¿Qué puede interesar eso a los demás, que lleva cada uno su vida, con sus preocupaciones, y que bien puede reírse de la pretensión del que habla de sí mismo? Pues bien, creo que el interés radica en dos cosas: por una parte las personas no estamos aisladas, influimos unas sobre otras, lo queramos o no. Fíjese en la popularidad de los programas de cotilleo en la tele, que vienen a ser lo mismo, aunque a un nivel ínfimo. La vida de los demás siempre interesa, al nivel que sea. ¿Y por qué? Porque aun siendo muy diferentes, todos tenemos algo en común. Y una cosa que tenemos en común es precisamente el desconcierto ante la vida. El ser humano puede hacerse preguntas que le es imposible contestar, pero que sin embargo le acucian. En ese hecho, en hacerse preguntas que van más allá de nuestra capacidad para contestarlas, está resumida la condición humana.
– Vuelve usted a teorizar, sin responder concretamente. Y eso me llama la atención porque sus recuerdos tienen muy poco de teóricos, son relatos precisos de hechos de su vida, con solo alguna pequeña observación ocasional filosófica o así.
– Bien, vuelvo a lo anterior, a ver si me explico. Nos hacemos preguntas de esas que llaman metafísicas. ¿Cómo las respondemos, mejor dicho, cómo intentamos responderlas? De dos maneras, con especulación teórica o filosófica y con relatos. De siempre, el hombre ha creado mitos, es decir, relatos, para responder a esas preguntas, respuestas indirectas y sugestivas, no racionales. Los mitos no son racionales, expresan el sentimiento de la vida, y pueden ser muy profundos. El arte, la literatura crean mitos, que son eso, y por eso pueden causar impresiones muy profundas en nuestra psique. Unas memorias o una biografía no son otra cosa, y por eso interesan, en general. Y ya le dije, quien habla de sí mismo, aunque lo haga con intención de mentir o de ocultar cosas, siempre dice más de lo que imagina. o desea
–Es decir, usted ha escrito un libro interesante, no digo que no lo sea, pero ¿lo es a su juicio?
–Será interesante para unos y fastidioso o sin interés para otros, como pasa siempre. Pero le voy a concretar un aspecto, ya que me insiste tanto: los recuerdos de infancia y adolescencia tienen un trasfondo social o histórico claro, aunque he procurado dejarlo en alusiones ligeras, es decir, la vida en el régimen anterior. Me considero afortunado por haber vivido aquella época por una razón: ahora la vida parece infinitamente más trivial: la politiquería charlatanesca e insoportable, los vídeos insoportables que te ponen ante los ojos en cualquier bar donde entres, la música agitada y convulsa por todas partes, los colorines, el ruido, la invasión del inglés, esa especie de puterío omnipresente, esa publicidad que te lo promete todo, esa obsesión por medirlo todo en dinero… Comprendo que una persona relativamente joven, con menos de cincuenta años, se ha criado en ese ambiente y lo ve de lo más natural, porque no tiene otro ambiente con el que compararlo y todo lo que le cuentan de la época anterior le crea sensación de opresión y tristeza. Lo que le cuentan es falso, pero el machaqueo es tan intenso que él no lo puede comprobar, le quitan las ganas de comprobarlo. Es un machaqueo con el que se quieren disimular los males de ahora poniendo como comparación otros mucho peores que achacan al pasado. En mis recuerdos no teorizo sobre estas cosas, claro, simplemente expongo cosas que pasaban y me pasaban, sin más, y quedan como retazos de situaciones que solo de forma implícita reflejan aquella etapa histórica. Solo lo he investigado y tratado en términos generales en libros como Años de hierro o Los mitos del franquismo. Aquí no se trata de eso, pues creo que contaminaría los recuerdos, y ya bastante contaminación ideológica hay por todas partes.
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![Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/41x%2B9j5cNIL.jpg)

