González Cuevas, intelectual estudioso y aplicado

Blog I. Recuerdos (32) De cobardía y amor: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-31-cobardia-amor-06092015-0855

**Hoy, en “Cita con la Historia” trataremos los mitos relacionados con la Diada y la irresponsabilidad de tantos políticos y periodistas, aficionados a pontificar sin tener de la historia, incluso la reciente,  más que cuatro ideas tópicas y generalmente falsas. De 4 a 5 de la tarde en Radio Inter.

   Otro programa: ¿Tuvo legitimidad la rebelión del 18 de julio?  https://www.youtube.com/watch?v=LwKjuLHSn8o

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Me remite un amigo de tertulia estas frases de D. Pedro González Cuevas:  Yo mismo he polemizado violentamente con Moa, a quien creo que aplasté desde el punto de vista histórico y metodológico; algo, por cierto, no excesivamente difícil, dado el ínfimo nivel de su producción.

Se nota que el señor González tiene algo de soñador o de crédulo. Quien quiera juzgar sobre sus aplastamientos puede abrir los enlaces que ha colocado D.  manuelp, aunque creo que hubo algún artículo más, pues él empezó la cosa con olímpicas descalificaciones: http://www.nodulo.org/ec/2007/n062p11.htm
http://www.nodulo.org/ec/2007/n063p11.htm
http://www.nodulo.org/ec/2007/n064p13.htm

    En realidad fue una polémica de poco fuste, pues no trató de nada realmente concreto, sino que giró inevitablemente en torno  a la doble pretensión de González de llegar a ser el mentor intelectual de la derecha y a ser reconocido como igual en el mundillo autodenominado académico. Su primera aspiración me temo que es inútil, pues nuestra derecha es especialmente banal e inculta, y satisfecha de tales cualidades. Tengo la impresión de que por ahí no tiene González nada que rascar.

En cuanto al mundillo “académico”, está dominado por la izquierda progre, mayormente  lisenkiana, o por el temor reverencial de la derecha a ella. La izquierda española siempre ha sabido disimular su vacío intelectual (no hay un solo pensador de interés en ella) con una agresividad chulesca  y manejos mafiosos que acoquinan a los académicos de derecha, tampoco unas lumbreras, salvo excepciones. Y me temo que también en esa pretensión lo tiene crudo el señor González, porque él es de derecha  y quiere dar la batalla del revisionismo, aunque sea un revisionismo “académico” que busca hacerse aceptable para la izquierda. Lo cierto es que el mundillo “académico” español es, con no muchas excepciones, de un nivel intelectual  muy bajo, incapaz del menor debate serio,  y no sé si merece la pena a alguien el esfuerzo, a menudo humillante, de hacérsele simpático.

  De González he leído algunos artículos, farragosos pero reveladores de un espíritu estudioso y aplicado; aunque su perspicacia y agudeza crítica brillen un tanto por debajo de esas otras meritorias virtudes. Varios de esos artículos, prescindiendo de su pesadez, no están mal y coinciden en parte con mis tesis. A decir verdad, no sé por qué la ha tomado conmigo, aunque sospecho que se debe a su pintoresca o paranoica idea de que yo “bloqueo” su trabajosa y me temo que vana aspiración a dirigir intelectualmente a la derecha.

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En tuíter:

Dicen que Franco fusiló a los que no pensaban como él. Entonces casi todo el mundo pensaba como él.

El franquismo no tuvo oposición democrática: solo comunista y terrorista.

La legalidad republicana era inviable una vez el Frente Popular la destruyó: no podían volver sus destructores

El Frente Popular quiso entregar a Stalin los destinos del país, enviándole ilegalmente el oro del Banco de España

El Frente Popular buscaba la balcanización de España y una revolución genocida,destruyendo la cultura cristiana

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El “asesinato” del general Balmes

Blog I. Recuerdos (31) Cosas de críos. http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-sueltos-31-cosas-crios-05092015-0914  

**Este domingo, en Cita con la Historia, Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde, trataremos como tema principal el mito de la Diada del separatismo catalán, y comentaremos la ignorancia de la historia por parte de periodistas, intelectuales y formadores de opinión, tomando como ejemplo una tertulia, ya comentada aquí, en que Esperanza Aguirre dijo algún disparate, agravado por otros, a quienes no supieron responder Isabel San Sebastián o Carlos Cuesta. De este modo  el falseamiento del pasado sigue impune su carrera, envenenando e infantilizando  la sociedad española. 

Pueden consultarse las sesiones de Cita con la Historia en www.citaconlahistoria.es

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El general Balmes gobernador militar de Las Palmas puede considerarse el primer muerto de la guerra civil, o más bien de su reanudación en 1936. Se mató al intentar desencasquillar una pistola apoyándola en el vientre  “al estilo moro”, según dicen. Franco, comandante general de las islas, acudió a su entierro, eludiendo así la estrecha vigilancia a que lo sometía el Frente Popular en Santa Cruz de Tenerife. Una vez en Las Palmas declaró la rebelión contra el Frente Popular que había destruido la legalidad republicana y tomó el avión que le llevó a Marruecos.

Este es todo el secreto de la historia. O lo era hasta que en 2011 Ángel Viñas publicó La conspiración del general Franco, afirmando que Balmes había sido asesinado por orden de Franco porque se negaba a sumarse al alzamiento. La tesis no tiene pies ni cabeza, porque Balmes era amigo y hombre de confianza de Franco, quien le había nombrado para encabezar las tropas contra los rebeldes de Asturias en 1934, en sustitución del indeciso general Bosch, pero sobre todo porque Viñas no se apoya en ninguna documentación probatoria, sino solo en la imagen de monstruo de feria que él mismo ha creado sobre Franco. No obstante, su obra fue muy publicitada por la izquierda y la derecha mediáticas, aunque a decir verdad casi nadie la creyó.

Viñas, antiguo funcionario de cierta confianza en el franquismo, que se descubrió a su debido tiempo antifranquista feroz, debutó como historiador con un libro sobre “el oro de Moscú”, apoyado en cierta documentación pero con enfoque desviado, que he tratado en otras ocasiones. Con el envío (ilegal e innecesario)  del oro, el Frente Popular simplemente se ponía por completo en manos de Stalin, una evidencia que escapaba a la perspicacia de Viñas. Desde entonces ha publicado otras obras, cada una más demencial que la anterior y de cuya crítica me he encargado a veces.

Ahora Moisés Domínguez ha publicado En busca del general Balmes, que aún no he leído pero cuya presentación reproduzco:

En   El 16 de Julio de 1936 se produjo en Las Palmas de Gran Canarias la primera muerte de la Guerra Civil Española. Con el presente trabajo el investigador histórico Moisés Domínguez  desvela todos aquellos misterios que rodearon el fallecimiento, en extrañas circunstancias, del General Amado Balmes Alonso y que aún no habían sido  estudiados en profundidad. Salen a la luz documentos que habían dormido el sueño de los justos durante más de 78 años: la autopsia del General, el testimonio del único testigo presente en el momento del disparo, las declaraciones de los Oficiales que estuvieron implicados en el asunto. Todo este acervo documental otorga a la obra, que tiene el lector entre sus manos, un valor histórico cualitativo y cuantitativo sin parangón en la historiografía actual al respecto. 

Constituye, sin duda alguna, la investigación más completa, exhaustiva  y esclarecedora que se ha hecho hasta la fecha sobre la muerte del General Amado Balmes. Se hace un estudio de la trayectoria inequívocamente monárquica del General Balmes antes de su muerte y se demuestra con documentación inédita como participó en los prolegómenos y preparación del alzamiento militar.  Se acompaña el ensaño con las aportaciones de expertos militares en balística, peritaje forense e histórico. En definitiva, un libro que cambiará la percepción adulterada,” por unos y por otros “que tenían los amantes de la historia de la muerte del General Balmes. Una obra escrita sin apasionamientos y basada  en un riguroso estudio científico en el que se han consultado más de una veintena de archivos y registros y donde el autor se ha alejado de las elucubraciones y chismes de cuarto de banderas al uso por una historiografía poco rigurosa con el uso de las fuentes primarias  para centrarse únicamente en documentos contrastados.

Aprecio a Moisés Domínguez por su obra La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda, realizada con Francisco Pilo y y Fernando de la Iglesia, un estudio a fondo , basado en la documentación y atenta a los hechos, que demuestra, entre otros muchos puntos, que el propagandista izquierdista useño Jay Allen,  creador de la leyenda de la matanza en la plaza de toros, no estuvo en Badajoz como pretendía, cosa que ya sospeché en Los mitos de la Guerra Civil; o puntos interesante como la falsedad de la cita atribuida a Yagüe por Whitaker  ”confesando” que había fusilado a miles de  “republicanos” para no dejar enemigos a retaguardia. Frase que no publicó Whitaker en su momento, sino que la “recordó” años después en la revista Foreign Affairs.

Con este precedente  cabe tener confianza en la nueva investigación de Moisés Domínguez, de la que ya hablaré más tarde. Pero, al revés de lo ocurrido con las invenciones de Viñas, es seguro que esta investigación apenas tendrá la menor repercusión mediática, ni de la izquierda, por supuesto, ni de la derecha. Vivimos bajo el imperio de la “mentira profesionalizada” (Julián Marías), o del “Himalaya de falsedades (Besteiro), y todo lo que sea ponerlas en evidencia choca con el muro de complicidad de los poderosos falsarios. Por eso mismo hay que esforzarse más en romper ese muro.

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El PSOE siempre colaboró con los separatismos y la ETA. Hoy, también el PP

Blog I. Recuerdos (30) Tres visitas al Valle de los Caídos: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-30-tres-visitas-valle-los-caidos-04092015-0733

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Un Congreso contra la ley

27 de Septiembre de 2006 – 17:08:34 – Pío Moa – 411 comentarios

La extremada corrupción política que ha permitido a la mayoría parlamentaria aprobar estatutos claramente ilegales, ha dado un paso más con la definición anticonstitucional de España como un “Estado plurinacional”. Con ello pretenden dar estado legal a las necias canallerías de orates como Sabino Arana o Prat de la Riba hace alrededor de un siglo.

Con su habitual y equívoca blandenguería, el PP ha dicho que este radical desmán “demuestra el sometimiento voluntario del PSOE frente a los nacionalistas”. ¿Sometimiento voluntario? Esto se llama colaboración. El PSOE colabora con los separatistas y actúa como la quinta columna del terrorismo nacionalista vasco y del islámico. Al PP, esa actitud le parece “peligrosa”. Peligrosa. ¿También “preocupante”? ¿O quizá “una mala noticia”?

Obviamente esos diputados no dan estado legal a nada, solo a su propia ilegalidad, por así decir. En el Congreso, gimotea el PP “se ha derogado la Constitución”. Pues no. Cuando unos políticos delincuentes atacan la ley, no es la ley la que queda anulada, sino ellos los que quedan fuera de la ley. Y esto debe tener consecuencias. Y el PP debiera advertir que ninguna decisión inconstitucional será aceptada, empezando por los estatutos.

Es la hora de los ciudadanos, debemos insistir, frente a un gobierno y unos partidos antiespañoles y antidemocráticos, situados voluntariamente contra la Constitución.

Viejas y nuevas degeneraciones

25 de Septiembre de 2006 – 19:42:02 – Pío Moa – 354 comentarios

Me permito insistir en ello:

¿Por qué habría de abandonar la ETA las pistolas y las armas, si Zapo le ha demostrado lo muchísimo que con ellas puede ganar?

Zapo y su ilegal gobierno no son “débiles” ante el terrorismo, como dicen algunos débiles. Su talante se llama, precisamente, colaboración política con él. Entre todos ellos se aplican a destruir el estado de derecho y la unidad de España.

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Vi hace tiempo unos carteles de Nuevas Generaciones o Degeneraciones del PP: el espíritu del botellón. Ahora van a hacer nada menos que la “revolución ideológica”, naturalmente “desde el centro”. ¿A qué aspirarán estos revolucionarios? Ningún misterio: “tenemos un mismo proyecto y un mismo objetivo: hacer a Rajoy presidente del Gobierno”. En otro momento creo que llaman “utopía” a su fantástico proyecto. Pero también son prácticos, saben que los jóvenes son un buen “caladero de votos”, así que, a pescar. En fin, “nuestros valores son la libertad, la tolerancia y la solidaridad. No hay más debates”. Tan jóvenes y tienen resueltos todos esos asuntejos. Qué envidia.

Los chicos prometen, se ve a la legua.

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En tuíter:

¿Cómo ayudar a los refugiados? Aplastanto a Estado islámico y a los rebeldes guerracivilistas. ¿Por qué no lo hacen. Huele que apesta

No debe olvidarse que Usa y la UE han apoyado los movimientos islámicos y las guerras civiles consiguientes  so pretexto de la “libertad”.

A día de hoy, las intervenciones en Afganistán Irak y las “primaveras árabes”, en gran parte orquestadas por Usa y la UE han sido un sangriento fracaso. Solo han creado caos y guerra.

.@ianasagasti Las llamadas víctimas del franquismo eran golpistas, totalitarios y a menudo complicados en las chekas.

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La espiritualidad de la materia / Garzón, el inocente

Blog I. Recuerdos sueltos (29) Antonio antelo y Luis Lavaur: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-29-antonio-antelo-luis-lavaur-03092015-0846

**¿Cree ud que la “mentira profesionalizada” sobre el pasado español es un grave peligro para la convivencia democrática actual? ¿Cree ud que es imprescindible  hacer algo contra ella? En tal caso ud debe apoyar el programa de radio ”Cita con la Historia”, dándolo a conocer en las redes sociales y  en su círculo de conocidos, y con una aportación económica. No olvide que la continuidad del programa depende de ud. La cuenta para el micromecenazgo es:   BBVA, ES09 0182 1364 33 0201543346

   Si no le es posible escuchar “Cita con la Historia” en Radio Inter, puede acceder a él por YouTube, podcast o en www.citaconlahistoria.es. Los programas pueden difundirse en las redes sociales, ejemplo: https://www.youtube.com/watch?v=zWzQR-8hu_g

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La espiritualidad de la materia

29 de Septiembre de 2006 – 12:12:16 – Pío Moa – 344 comentarios

La materia tiene todos los rasgos de un ente espiritual. Nadie ha logrado –ni presumiblemente logrará– verla, tocarla, olerla, oírla o gustarla. Lo que se presenta a nuestros sentidos es una inmensa cantidad y variedad de fenómenos y cuerpos, y solo por una abstracción mental, esto es, espiritual, decidimos que ellos son expresiones de “la materia”. ¿Un fantasma?

A su vez, el materialismo, base de algunas ideologías revolucionarias, es una actitud espiritual: el espíritu que se niega a sí mismo en casos extremos, o que se coloca, modestamente, en posición secundaria ante la materia. Este materialismo reduce el espíritu a la consciencia, y finalmente al problema de qué es lo primero y qué lo derivado: la materia o la consciencia. Así expuesta, la cuestión no admite dudas: la consciencia derivaría del mundo material, sería en último extremo una forma peculiar del funcionamiento de la materia, algo así como un espejo de esta, creado por ella misma (aunque deberíamos preguntarnos entonces por qué ese espejo suele ofrecer visiones tan erróneas o deformadas de su objeto: la materia parece algo bromista).

El problema, ya lo ha señalado el camarada Guillermo, tiene que ver con el sentido del mundo. Siendo la materia lo primero, la tarea de la consciencia consistiría en entender la materia cada vez más claramente, prescindiendo de otros espíritus que no sean la consciencia misma y su manía investigatoria. Pero, ¿y si esa investigación nos lleva a concluir que el mundo y la vida carecen de cualquier sentido discernible? Mala suerte, aunque entonces también habría que decidir de dónde viene esa necesidad psicológica del sentido. Si no viene de la materia, ¿de dónde?

El sentido es un problema porque no se nos ofrece con claridad. Al examinar el mundo, lo mismo podemos concebirlo como un todo ordenado a un fin que como una mezcla de orden y caos sin finalidad alguna. Encontramos indicios y hasta pruebas de una cosa y de la otra. Por eso el sentido es asunto de fe.

Pero siendo el materialismo una actitud del espíritu, decía, no puede prescindir del sentido, y por tanto de la fe. Por ejemplo, el ser humano y su consciencia aparecen para un materialista como el resultado de una evolución imprevisible e innecesaria. La consciencia se presenta como resultado de una acumulación gigantesca de cambios genéticos al azar sin finalidad alguna, y posiblemente no existiría en todo el universo más que en la Tierra. Bueno, pues aun así el materialista tendrá que encontrarle algún sentido: la adaptación al medio… aun si el espíritu humano tiende más bien a adaptar el medio a sus deseos sin sentido. Una forma peculiar de fe, en fin.

Garzón, el inocente

28 de Septiembre de 2006 – 14:21:33 – Pío Moa – 565 comentarios

Garzón, el juez (masón, dato nunca irrelevante) que tanto contribuyó a aclarar la trama del GAL (después de que Felipe González frustrase su ambición política) apoya ahora los chanchullos del gobierno con la ETA. “Hay que hablar incluso con el diablo”, afirma con inocencia, en la vieja tónica del PNV. Aunque para ellos la ETA dista muchísimo de ser el diablo; su  diablo es más bien la derecha democrática, la COPE, El Mundo, LD, Jiménez Losantos… a quienes de buena gana silenciarían, cuando no harían lo que propone Luis del Olmo. Con estos no les gusta el diálogo.

Por supuesto, nada se opone a que el partido del GAL y de Filesa, incluso cualquier otro, hable con la ETA, si es por pasar el rato. Pero no se trata de hablar, sino de negociar.

Y Garzón conoce la contrapartida de esos negocios, la oferta del partido del GAL y de Filesa, nunca retractado ni regenerado de sus fechorías, a los terroristas: la liquidación del Pacto Antiterrorista –traicionado mucho antes–, el ataque a las víctimas del terrorismo, la legalización del asesinato, los estatutos balcanizantes, el socavamiento del estado de derecho y de la Constitución. Quedan, es cierto, flecos engorrosos, como la liberación de los héroes del tiro en la nuca, Navarra, la secesión total…

Tal vez esos flecos terminen por arruinar el chanchullo. Pero de poco servirá si la ciudadanía no extrae la lección precisa: el imperio de la ley es la base de la convivencia democrática, y unos políticos que lo atacan sistemáticamente se colocan fuera de ella.

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Las “progresistas” reformas “educativas”

Blog I. Recuerdos (28) “Da pel do demo”, aventuras estrafalarias: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-28-aventura-estrafalaria-02092015-0801  

**En “Cita con la Historia” dedicaremos las cuatro sesiones de este mes a aspectos del separatismo catalán. Puede esucharse en Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde los domingos. También es accesible en podcast, en you tube y en www.citaconlahistoria.es

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Objeción y desobediencia

23 de Julio de 2006 – 13:11:17 – Pío Moa – 325 comentarios

«OBJECIÓN PEDAGÓGICA»

José Luis Hernández Huerta

Una buena parte de los profesores de todos los grados y niveles mejor preparados y con dilatada experiencia docente intuyeron lo que acarrearía la reforma del sistema estatal de enseñanza de 1990. Sin embargo, a ojos de los Padrinos de la Gran Reforma, aquéllos nada tenían que aportar, sus criterios no eran válidos por haber sido fraguados en una escuela tradicional, rancia y autoritaria, motivo por el cual sus voces fueron acalladas. Y los primeros informes internacionales sobre educación provenientes de los países donde desde hacía años se practicaba la nueva educación fueron simplemente ignorados, pues ponían en tela de juicio la idoneidad de ésta. Al tiempo, se puso en marcha una intensa labor propagandística a favor de la Gran Reforma; por la justicia social y el progreso fue la gran consigna lanzada. Sin duda, los Padrinos contaban con amigos y con recursos. Así, la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) nació con enorme alboroto y publicidad en medio del mutismo profesional o crítico más absoluto.

Dieciséis años después se ha demostrado que el esnobismo pedagógico no es un buen guía para acometer las reformas del sistema estatal de enseñanza, que las innovaciones educativas introducidas por la Gran Reforma son absurdas y que ésta no ha hecho otra cosa que extender la red de clientelas y afianzar las ya existentes.

La lógica y la razón llevan a pensar que los desafíos lanzados a la realidad tienen un límite, sobrepasado el cual ésta se clarifica, aparece en todo su esplendor, acabando por imponerse. Sin embargo, por alguna extraña razón, la actualidad de la educación española invita a pensar, si no lo radicalmente opuesto, sí que dicho límite aún no se conoce, ni siquiera se intuye.

La recientemente promulgada Ley Orgánica de Educación (LOE) es claro ejemplo de esto último, en la cual, una vez más, como en otras cuestiones de Estado, han primado, por encima de cualquier otra cosa, el populismo, la demagogia, el clientelismo y los intereses de partido o «tendencia». Parece ser que las alarmantes cifras, reveladoras de la miseria intelectual y espiritual en la que progresivamente se está sumiendo a las jóvenes generaciones, ofrecidas por los últimos informes que hacen referencia al estado del sistema estatal de enseñanza, son poca cosa para la secta pedagógica. La nueva Ley, lejos de solventar los problemas que la han motivado y, hasta cierto punto, legitimado, reincide en los errores de la Gran Reforma, potencia los destrozos que ésta ha provocado e introduce nuevos elementos que la convierten, posiblemente, en el mayor fraude de los últimos tiempos.

Asentadas desde hace tiempo en Europa las democracias liberales, y perdido el impulso inicial de las mismas, era preciso que los gobiernos de los estados miembros tomasen medidas encaminadas a perpetuarlas y refinarlas. Así lo han hecho saber las diferentes comisiones y organismos encargados de dirigir el proceso de unificación de Europa. Tal empeño es loable y necesario, ya que ningún sistema se sostiene por sí mismo, y menos aún el democrático, porque, debido a las amplias posibilidades de libertad que ofrece, requiere de una mayor y mejor preparación de los ciudadanos y de un más alto grado de civilización. En estos planes se ha otorgado a la escuela un papel protagonista, pues las autoridades son conscientes de que, en buena medida, al ser ésta el principal medio de socialización sistemática, el futuro de aquéllas se juega en las aulas. Por ello, para conseguir este objetivo parece apropiado proporcionar una formación sólida en materias de peso a las jóvenes generaciones y fomentar en éstas la responsabilidad, la disciplina y el esfuerzo, que son los pilares sobre los que se sustenta cualquier intento de convivir democráticamente, sin los cuales todo ensayo de libertad está abocado al fracaso.

El actual gobierno español se ha hecho eco de estas recomendaciones, y se ha tomado el asunto muy en serio, convirtiéndolo casi en una cuestión personal. Y decididamente ha adoptado medidas drásticas para garantizar la perdurabilidad del pacto constitucional de 1978. Desafortunadamente, el rumbo tomado ha sido el radicalmente opuesto. Así lo pone de manifiesto la LOE. Algunas de las disciplinas fundamentales han sido relegadas a un segundo plano, y las que aún disfrutan de tal status se han visto reducidas considerablemente, en beneficio de materias de escaso o nulo valor formativo real y de menor trascendencia. Las Humanidades han sido las más afectadas en las nuevas rebajas académicas, a pesar de su relevancia en el porvenir. Quizás la razón para cometer tal imprudencia haya sido que éstas carecen de visible aplicación práctica, que sólo responden a los intereses de una minoría. Nada más alejado de la realidad. Las Humanidades son la quintaesencia del Hombre, lo genuinamente humano, sin las cuales cualquier técnica o avance científico o tecnológico pierde su razón de ser, pues los medios se convierten en fines y éstos en nada; son las herramientas que los individuos requieren para generar pensamiento, para explorar los confines de la libertad, descubrir los límites efectivos de ésta y hacer un uso responsable de la misma; son el abono indispensable para que brote la tan ansiada creatividad y regrese la extrañada genialidad; son la lente de aumento necesaria para mantener una actitud crítica ante la realidad —discernir la verdad de la mentira— y valorar las cosas en su justa medida —estimar la bondad o maldad de algo—; son, en definitiva, el trampolín que permite a los individuos atreverse a utilizar su propia inteligencia. Pero el mayor valor de la Humanidades reside en que son las únicas que posibilitan que el individuo tome conciencia de dónde viene, entienda el presente, se proyecte hacia el futuro y se atreva con éste. Y erradicarlas de los planes de estudio significa ceder ante la comodidad proporcionada por el suicidio asistido.

Para hacer frente a las lagunas formativas generadas por el extrañamiento de las Humanidades en la formación de los muchachos, el gobierno, consciente de los riesgos que entraña tal vacío, ha decidido, a instancias de los adalides de lo politically correct, introducir en los currículos, bajo diversas denominaciones, la materia educación para la ciudadanía, que permitirá, según reza el Preámbulo de la LOE, profundizar en algunos aspectos relativos a nuestra vida en común, contribuyendo a formar a los nuevos ciudadanos. Esta materia se impartirá en la enseñanza primaria y en los dos grados de la media, con la finalidad de ofrecer a todos los estudiantes un espacio de reflexión, análisis y estudio acerca de las características fundamentales y funcionamiento de un régimen democrático, de los principios y derechos establecidos en la Constitución española y en los tratados y las declaraciones universales de los derechos humanos, así como de los valores comunes que constituyen el sustrato de la ciudadanía democrática en un contexto global (Ibid.), prestándose especial atención a la igualdad entre hombres y mujeres (Idem., arts. 18.3, 24.3, 25.4, 33.c).

Obviamente, a primera vista, nadie puede no adherirse a este conglomerado de consignas y dudar de la inocencia con que se ha planteado esta propuesta y de las buenas intenciones que la han alumbrado. Pero la cosa cambia sobremanera cuando se reflexiona someramente sobre el asunto. Esta innovación educativa, además de ser un sutil insulto a los tres mil años de cultura occidental y a la inteligencia de los individuos, representa una seria amenaza para las generaciones futuras, pues se las precipitará, como consecuencia de la suplantación de la filosofía por la educación para la ciudadanía, en un estado de hemiplejía moral y ética seguramente irreversible, ya que básicamente los únicos referentes de que dispondrán, para enjuiciar la bondad o maldad de las cosas, serán la Carta Magna, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros documentos de tipo similar que puedan ir apareciendo. Pero así no es posible comprender el funcionamiento de la Democracia, aprehender lo que ésta verdaderamente significa y estimar su valor real, muy por encima de constituciones, tratados y declaraciones, por muy universales que sean. Y es que estos documentos, a pesar de su inestimable valor y necesidad, son sencillamente la materialización del humanismo griego, del derecho romano, del derecho consuetudinario, de la filosofía del derecho moderna y del pensamiento político contemporáneo, adaptados a las circunstancias del momento; ¿cómo es posible, sin el más mínimo aditamento de estos ingredientes, que una persona juzgue algo si carece de cualquier referente con el que establecer comparación alguna o si desconoce las raíces éticas, cívicas y morales sobre las que se sustenta Occidente y, por ende, España? Tal concepción materialista de la democracia impide siquiera atisbar en la lejanía la utopía perseguida, sobre todo, por la filosofía del derecho moderna, que encierra un pensamiento mucho más rico, más variado, de horizontes más amplios y posibilidades casi infinitas. Una vez más, al perderse esto, los medios se convierten en fines y éstos en nada, y la nada terminará por demoler la civilización, lograda tras largos siglos de encuentros y encontronazos.

Asimismo, conviene recordar, de nuevo, algunos peligros que encierra tal propuesta. En primer lugar, existe la posibilidad de oficializar la idea de democracia, pues las directrices que guiarán la nueva área estarán dictadas por el propio gobierno, por el partido en el poder. En segundo término, se corre el riesgo de propiciar la aparición de dos categorías de ciudadano: de primera clase, que sería la que comulga, defiende y extiende la idea de democracia transmitida en la escuela, y de segunda, que englobaría al resto, que no la comparte. Estas ideas no resultan en absoluto descabelladas si se echa un vistazo a la Historia reciente: recuérdese que tanto en las dictaduras personales como en las denominadas democracias de nuevo cuño –léase repúblicas democráticas socialistas- del siglo XX la formación de nuevos ciudadanos ocupaba un lugar preeminente en los planes revolucionarios y de modernización del territorio geográfico y espiritual bajo su dominio. Quizás pronto se vean en quioscos y librerías, especializadas o no, un nuevo libro rojo, adaptado a nuestras circunstancias, que bien podría titularse Manual básico del buen ciudadano demócrata español del siglo XXI.

Esta medida se complementa con otra genial ocurrencia, que evidencia, entre otras cosas, que aún se confunde, interesadamente, educar para la democracia con educar democráticamente, cuando son cosas diametralmente opuestas. La primera significa preparar a los muchachos para la futura participación social como ciudadanos de pleno derecho y responsables para con los deberes que tendrán. La segunda implica trasplantar el mecanismo social de la democracia a las aulas; así, como sostiene Mercedes Ruiz Paz, el colegio deja de ser una institución que capacita a los chicos para participar en el futuro en una sociedad democrática, y pasa a ser una «democracia en sí misma». Recóndito en la Ley, quizás por vergüenza, el punto número cinco de la Disposición final primera establece que: (…) En los términos que establezcan las Administraciones educativas, las decisiones colectivas que adopten los alumnos, a partir del tercer curso de la educación secundaria obligatoria, con respecto a la asistencia a clase no tendrán la consideración de faltas de conducta ni serán objeto de sanción, cuando éstas hayan sido resultado del ejercicio de reunión y sean comunicadas previamente a la dirección del centro. De este modo, la educación obligatoria se convierte, en buena medida, en algo optativo, siempre y cuando una mayoría que aún no está preparada para ejercer la libertad sin tutelaje decrete que así deba ser, sin más incomodidades que un simple trámite burocrático. De seguir así el asunto, quizás los muchachos gocen en breve del derecho de sindicación y de los privilegios que otorga el ejercicio de liberado sindical, o que como contraprestación a los servicios prestados a la comunidad escolar se les concedan exenciones académicas aún mayores de las que ya disfrutan de por sí.

Tales medidas no han de producir absoluta extrañeza si se atiende al proceso seguido para poner en marcha esta particular y sigilosa Revolución Cultural y Educativa, reflejo de la robusta idea de democracia que se maneja en España. Al igual que durante la Gran Reforma, han prevalecido el sectarismo y la censura por omisión. Recién formado el actual gobierno, se indujo a la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) a un estado de coma irreversible mediante un procedimiento cuanto menos poco apropiado. Todo hacía pensar que la secta pedagógica tenía una nueva y clara idea de lo que debía ser el sistema estatal de enseñanza. Y así se ha demostrado, aunque con dos años de retraso. Muy pronto, el gobierno, guiado por un encomiable afán de diálogo y consenso, abrió un período de debate, durante el cual los diferentes grupos parlamentarios y de presión podrían manifestar su parecer para de este modo enriquecer la propuesta del primero. Para tal fin, los expertos contratados por el Ministerio de Educación y Ciencia se aprestaron para recabar información, y establecieron los cauces e instrumentos necesarios para que todas las voces, sin exclusión, fuesen oídas. Sin embargo, como otras tantas cosas, sin exclusión fue sometido a los procesos del relativismo, y, por ejemplo, algunas facultades de Pedagogía, pertenecientes al sector privado, no fueron invitadas a participar en dicho proceso, quizás debido a que la tarjeta de invitación se extravió por el camino. Fue el primer indicio de que el gobierno sólo estaba dispuesto a entablar diálogo y a negociar con su álter ego y con los grupos parlamentarios que se sentían solidarios con su causa. Los indicios pronto se convirtieron en certezas. Bajo el cínico y populista título Una educación de calidad para todos y entre todos. Propuestas para el debate, apareció el documento base para la reforma, para cuya redacción resultó que se habían omitido en gran medida las propuestas de un sector de la población en absoluto desdeñable. El diálogo se convirtió en monólogo, y el consenso en un pacto al estilo orwelliano. Los argumentos aducidos por las voces discrepantes de los postulados de la pedagogía liberticida fueron demolidos mediante una inteligente y brillante maniobra mediática, en la cual las descalificaciones fueron las sustitutas de las razones y las ocurrencias las de los criterios. Todo lo cual se ha podido ir comprobando fácilmente a través de la prensa, la radio y la televisión y de los sucesivos documentos y borradores de la LOE que han ido apareciendo. Parejo a esto se produjo un consciente apagón mediático generalizado acerca de las cuestiones sustantivas de la educación: en momento alguno la tribuna pública desvió su atención hacia los fundamentos, principios y fines de aquélla, es decir, se eludió la ardua y comprometida, pero imprescindible, tarea de dar razón de ser a la educación. Finalmente, la LOE, en sentido inverso al seguido con la Gran Reforma, ha sido aprobada el pasado 3 de mayo de 2006 con absoluto mutismo en medio de la algarabía montada por la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña y de la embriaguez debida a la euforia provocada por el alto el fuego permanente anunciado por la banda terrorista ETA.

Sin duda, las prácticas aquí reseñadas son sumamente beneficiosas para los grupos políticos y sociales que pugnan por dejar su impronta en las nuevas generaciones. Y es que, mediante este proceder, la propaganda, la demagogia, el populismo y el proselitismo dogmático, sean del signo que fueren y respondan a las clientelas que respondan, hallan el terreno perfectamente dispuesto para colarse en el imaginario colectivo y realizar su función tranquila y pacientemente. En este caso, la secta pedagógica ha sido, una vez más, la gran beneficiaria de lo lucrativo de este asunto.

Ante tal cúmulo de despropósitos, quizás fuese conveniente retomar el ejemplo proporcionado por Lorenzo Milani en su famosa Carta a los jueces. Quizás, en definitiva, sea menester practicar responsable y consecuentemente la objeción pedagógica y la desobediencia educativa.

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