Blog I. Recuerdos sueltos (22) Cómo dejé a Marx (I). http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-22-deje-marx-i-24082015-0926
**El racismo en el separatismo catalán: https://www.youtube.com/watch?v=ply24nU0NSs
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Hemos visto en las anteriores entradas cómo Companys, máximo héroe y mártir del separatismo catalán, preparó la guerra civil desde finales de 1933, cómo fracasó de forma harto irrisoria en octubre de 1934 –gracias a que la inmensa mayoría de los catalanes permanecieron fieles a la legalidad, bastaron unas pocas compañías de soldados y guardias civiles para acabar con una seria amenaza de guerra civil, convertida en fantochada– y cómo ante los jueces él y los suyos mostraron una conducta que en ningún país del mundo les habría dado el menor prestigio, por decirlo suavemente. Aquellos sucesos debieron haber hundido en el ridículo a ellos y a la causa separatista, y por unos meses así fue. Y sin embargo, Companys saldría del juicio convertido en todo un héroe “nacional”.
¿Cómo pudo ocurrir tal transformación casi mágica? Por obra de una gran campaña de propaganda y por la incapacidad de respuesta de la derecha en el mismo terreno.
Sigo basándome en el relato de El derrumbe de la República, una exposición de los hechos que en vano buscarán en otras versiones históricas sobre aquellos tiempos:
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Así como respecto de Asturias la campaña se centró en la supuesta represión, en Cataluña identificó el espíritu y los intereses catalanes con los presos, y en especial con Companys. Los principales órganos periodísticos del separatismo fueron suspendidos, sin el menor efecto porque de inmediato los reemplazaron por el simple recurso de ponerles otros nombres, fraude tolerado tranquilamente por el gobierno.
Los titulares eran de este género: ”En el banquillo de los acusados, siete hombres de Cataluña. Y en torno al estrado y al banquillo (…) y fuera, el pueblo. Este será el hecho más trascendente desde el 14 de abril”, escribía el 6 de enero La ciutat, diario reemplazante del suspendido La Humanitat. “Lluis Companys, el Presidente de la Generalidad, es el primer luchador de Cataluña” . “Companys y Cataluña. Gómez Hidalgo ha establecido la magnífica ecuación. Companys y Cataluña se encontraron juntos el 6 de octubre. Y no se separarán más”. “Companys es Cataluña. Cataluña es Companys”, insistían los más variados textos propagandísticos. Se promovieron textos como un libro cuyo titulo, Companys-Cataluña, lo decía todo. En su prólogo, el escritor Azorín describía así a los procesados: “Estos hombres son afectuosos, llanos e inteligentes. Han procedido con lealtad y rectitud en el gobierno de su nación. Lo han sacrificado todo por el pueblo (…) Sus pensamientos abarcan a todos los núcleos peninsulares (…) ¡Por Cataluña y por todas los pueblos de España (…) en el acervo de libertad, de justicia y de progreso!”. Companys era retratado, en Madrid y en Barcelona como “un hombre de gobierno”, y exaltado sentimentalmente como persona que lo había “tenido todo”, para caer en inmerecida desgracia. (5)
Que una propaganda masiva, verdadera apología de la rebelión, fuera consentida, y que participaran en ella escritores como Azorín, y que no recibiera respuesta adecuada en el propio terreno propagandístico, revela la escasa consistencia intelectual y política demostrada casi siempre por la derecha, su escaso sentido del estado, de la historia y de los intereses nacionales, que hoy vuelven a “brillar” en relación con los separatismos y el terrorismo etarra, premiado con legalidad, dinero y otras ventajas.
No menos sorprendente es que, a la vista de los hechos, la propaganda tuviera algún efecto: pero lo tuvo, y de gran alcance. Lo que prueba una vez más cómo la realidad puede poco frente a campañas de propaganda bien orquestadas y sin réplica, tal como ha pasado con la ley de memoria histórica y las falsificaciones a las que se ha sumado el PP.
Los siete procesados de la Generalidad fueron condenados a treinta años de prisión, como Sanjurjo, y como él iban a salir pronto en libertad, cumpliéndose el dicho de Cambó, “España es el país de las amnistías”. El 6 de junio La Humanitat, acogía la sentencia “con lágrimas en los ojos” y un titular a toda plana: “TREINTA AÑOS DE PRESIDIO ¡VIVA CATALUÑA!”, acompañado de unas frases en las que Companys supo “estar a la altura”: “El veredicto que nos importa es el que pronuncie en su conciencia íntima el pueblo (…) Ya que nuestros defensores han hablado del juicio de la Historia, declaramos que esperamos tranquilos su veredicto definitivo, con orgullo en el corazón y conciencia limpia”. Frases realmente asombrosas ante los sucesos ocurridos y la completa falta de valor moral demostrada por todo el gobierno de la Generalitat ante los jueces. En cierto sentido, el pueblo ya había pronunciado su fallo al desoír los llamamientos de Companys aquel 6 de octubre, a consecuencia de lo cual se había visto el líder ante los jueces. Pero la Esquerra, con agudo instinto, no tuvo el fallo por inapelable.
Bien es verdad que para heroificar a Companys fue preciso buscar chivos expiatorios que cargaran con todo el ludibrio y descrédito a los que eran acreedores los políticos juzgados, y Companys de modo principalísimo. Los elegidos para tal lamentable papel fueron Dencàs y Badía (los únicos que intentaron algo así como luchar en aquella jornada). Las burlas y desprecios hacia ellos, mezclados con asuntos de faldas, ocasionarían el asesinato de Miguel Badía (Capità Collons) y su hermano y la consiguiente historia folletinesca de venganzas relatada aquí hace unos días.


Al reanudarse la guerra, en julio del 36, las tensiones entre nacionalistas se hicieron aún más feroces. Companys entró en alianza con la CNT, pues no le quedaba otra si quería conservar algo de poder. No era una alianza amistosa, pues Companys intrigaba con los comunistas para, en el momento adecuado, deshacerse de los ácratas. En cambio, los ultraseparatistas pretendían liquidar de una vez a la CNT-FAI e imponer la secesión de Cataluña, buscando el reconocimiento de Francia, Inglaterra y la Alemania nazi (el componente racista en el nacionalismo catalán siempre fue muy fuerte). Al efecto elaboraron, hacia octubre-noviembre, un plan: sus milicias descenderían desde los Pirineos mientras, en Barcelona, fuerzas adictas secuestraban o liquidaban el gobierno de Companys. En el complot participaban, entre otros, el presidente del Parlament, Joan Casanovas, que presuntamente debía sustituir a Companys, y el comisario de Orden Público, Andreu Reverter o Revertés. Así, los hermanos Badia quedarían vengados y la política catalana reorientada. Pero, quizá por indiscreciones o jactancias de los conspiradores, o bien por disputas en torno al botín de los saqueos –frecuentes por aquellos días–, la CNT detuvo a Reverter, el cual, para salvarse, confesó los planes en marcha, exculpándose, o bien amenazó a Companys con descubrir negocios sucios suyos.