**Blog I Por qué se produjo la guerra civil, qué defendía cada bando, por qué ganaron los nacionales:http://www.gaceta.es/pio-moa/18-julio-guerra-civil-ganaron-los-nacionales-17072015-1748
**Este domingo hablaremos en “Cita con la Historia” de la edad de apogeo de Europa, coincidente grosso modo con la llamada edad contemporánea concluida con la II Guerra Mundial, que marca el declive europeo. Aunque los temas a tratar son demasiado numerosos, distinguiremos dos: a) la revolución industrial, nacida en Inglaterra y que proporcionará a ella y a varios países europeos más un poderío técnico, político y militar absolutamente incontrastable por otras culturas o civilizaciones, permitiendo una expansión por todos los continentes; y b) los desarrollos ideológicos que modificarán profundamente el semblante cultural de la propia Europa. Este último aspecto lo dejaremos para otra sesión posterior.
** El llamamiento que hemos hecho para sostener “Cita con la Historia” mediante micromecenazgo está dando frutos, si bien todavía insuficientes para un respaldo hasta final de año. Agradecemos a nuestros mecenas sus contribuciones y hacemos un llamamiento a otros muchos a añadirse. Por la salud intelectual de España. La cuenta es: BBVA “tiempo de ideas Siglo XXI” y sus números son: ES09 0182 1364 33 0201543346
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Podríamos definir al mito como resultado de la impresión psíquica de una fuerza misteriosa que fundamenta la vida de los individuos, la vida de la especie humana y el propio mundo. No se trata, por tanto, de una fantasía, sino de un dato de la realidad interpretada con lenguaje simbólico. Y podríamos definir la fe como la creencia en que esa fuerza es esencialmente benévola, a pesar de que gran parte de sus manifestaciones –lo que llamamos el mal—parecen indicar lo contrario. De hecho, si nos remontamos a los mitos griegos, buena parte de sus temas son el fracaso. Casi todos los héroes fracasan en su lucha y en su esfuerzo moral, y su historia está plagada de crímenes o errores culpables. Algo semejante encontramos en la Biblia, aparte de las observaciones ya vistas en torno a ritos y creencias en general terroríficas.
Observamos que en la actualidad se intentan crear otros mitos eliminado el lado terrorífico, el mal y la culpa, esta considerada simplemente como una especie de innecesaria y superable desviación psíquica. Lo expresa muy bien, por ejemplo, la tan divulgada canción-programa de John Lennon Imagine: un mundo feliz donde el mal, simbolizado precisamente por las creencias religiosas, habría desaparecido. La idea es relativamente vieja: la utopía según la cual el mal consiste simplemente en la ignorancia, concepción presente en las ideologías. La ignorancia y la impotencia fundarían las religiones, las cuales, en definitiva, constituirían la esencia del mal. El conocimiento, la ciencia, vendrían a sustituirlas para bien de la humanidad. Ya hemos visto que esa idea, presentada de forma directa o indirecta como la apoteosis del Hombre, constituye una religión sustitutiva: atribuye al ser humano propiedades divinas, y, precisamente por ello, priva de valor a la vida humana.
Pero queda la cuestión: ¿se opone el mito a la ciencia o, por el contrario, es aquel la raíz misma de esta? Aun cuando el origen de la literatura y el arte en general pueden encontrarse sin dificultad aparente en el mito, parece ocurrir lo contrario con la ciencia y la razón, y la mayoría de la gente así lo afirmaría.
Frente a ese modo de ver las cosas encontramos una experiencia histórica, quizá no determinante pero evidente: encontramos las raíces de la ciencia en las castas religiosas que, libres de la lucha más inmediata por la subsistencia, podían dedicar su tiempo libre a actividades tales como la observación del firmamento, la experimentación con drogas medicinales o las matemáticas. Probablemente de ellas nace la misma escritura, que otros atribuyen a actividades mercantiles (los templos solían ser también centros de comercio) Yendo más atrás, algo semejante puede decirse de los chamanes y brujos, entre quienes las creencias supersticiosas –la magia no deja de ser un constructo racional, basados en la analogía (“tal como esto, lo otro”)– no estaban exentas de investigaciones, aunque fueran primarias, sobre hierbas, remedios u observaciones astrológicas.
La motivación más inmediata sería la preocupación por la salud y, más allá, el destino humano, a partir del mito. Es decir, las mismas mentes que elaboraban los mitos investigaban, a partir de ellos, sobre los problemas que darían lugar a la astronomía, la medicina, la química, etc. No debe excluirse que hubiera en ello una veta, más o menos acentuada, de puro interés particular o de grupo por mantener una posición social; pero no es este el factor realmente importante y fructífero a la larga.
Podría alegarse, sin embargo, que aunque hubiera un elemento científico en todas aquellas actividades, estas solo habrían fructificado en ciencia propiamente dicha cuando se hubieran liberado de las adherencias míticas, de las influencias religiosas o supersticiosas. Lo cual requiere mayor consideración.
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Entrevista sobre Los mitos del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=JzZt1Zt77lE … …

