Jeremy Treglown (II) Un par de bellaquerías

Blog I. El enfoque marxista sigue en pie:http://www.gaceta.es/pio-moa/enfoque-marxista-sigue-pie-17102014-2159 

**Horarios corregidos del seminario sobre “El separatismo catalán, teoría y práctica”: En Centro Riojano de Madrid, Serrano 25. Cuatro sesiones, días 23, jueves; 25 sábado; 29,  miércoles; y 31, viernes Todos los días a las 19,30, menos el sábado, a las 10,30. Inscripción, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento, semejanzas y diferencias con el  separatismo vasco, y comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora.  Información: 915 766 766

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Parece que, aparte de Franco un balance histórico que, según Treglown “exasperó a sus opositores” — y  al propio Treglown, lo que no es de extrañar, dada la cantidad de embustes sobre Franco en circulación desde hace décadas–,  nuestro profesor ha leído  De un tiempo y de un país, mis memorias de la época de la OMLE (Organización de Marxistas-Leninistas Españoles), más tarde PCE (r)-GRAPO. Desgraciadamente le ha pasado como con el libro anterior, sea por  mala  comprensión lectora en español o por otras causas. Así, trata de ilustrarnos:  Algo parecido sucede con una misión a Bilbao donde se suponía que Moa  iba a formar enlaces con ETA, pero donde descubrió que los miembros de esta organización eran insólitamente difíciles de encontrar. En situaciones como esta no sería extraño que hubiera sospechas de que se trataba de un espía de la policía, pensamiento que, una vez que penetra en la mente, es difícil de desterrar”. Al leerlo no pude menos de exclamar: “¡pero qué bellaco!”.  Una bellaquería repetida recientemente por  un caradura como César Vidal y una locuela como Pilar Urbano (http://www.gaceta.es/pio-moa/cesar-vidal-pilar-urbano-golfos-30042014-2035). Y  obedece, con toda evidencia, a lo de siempre: la incapacidad de refutar mis libros conduce a los ataques personales más infames. Así están las cosas.

   Aparte de eso es obvio, una vez más, que Treglown entiende  muy mal lo que lee. Yo fui a Bilbao, como después a Vigo, no para enlazar con la ETA sino para reorganizar los núcleos de la OMLE allí, donde había quedado casi desmantelada. Y a eso, y no a tratar con la ETA, dediqué mi esfuerzo, como puede comprobar quien lea la historia con honestidad y un mínimo de comprensión lectora (tampoco hace falta demasiada, porque creo que escribo con mucha claridad ).  ¡Y este es un intelectual de prestigio en Inglaterra, cuyo libro entiende como “muy perspicaz” el dudosamente perspicaz Muñoz Molina!

   Siguiendo con su bellaquería, escribe Treglown: “Moa explica  que su conversión al franquismo llegó entre los acontecimientos descritos y su tarea de escribirlos. Uno se pregunta por qué necesitó tanto tiempo para darse cuenta de que las acciones de la OMLE y su sucesora, los GRAPO (…) se parecían al tipo de conducta que veían mal en el otro bando”.  Ante todo, yo nunca me he convertido al franquismo ni pienso que un régimen como aquel, aunque haya sido necesario históricamente,  deba volver. La frase de Treglown es una majadería entre muchas. A lo que me he “convertido” es  a la investigación de la realidad histórica, con datos y argumentos que ni don Jeremy ni ningún otro en España han podido desmentir (ya vemos los “argumentos” que utilizan). En segundo lugar, las acciones del GRAPO  no tenían que ver con la conducta del franquismo: el 90% o más del terrorismo en aquella época y en la democracia, como en la república,  tuvo carácter  izquierdista o separatista. En tercer lugar, en España ha cambiado “de camisa” casi todo el mundo de la política y la intelectualidad, basta consultar las hemerotecas para comprobarlo. Pero casi nadie ha explicado el por qué de sus cambios. Yo sí lo he hecho, en De un tiempo y de un país y en otros escritos. Por lo demás, gran número de antiguos comunistas (Koestler es caso típico) precisaron un largo período de reflexión para romper con una doctrina tan absorbente. Una doctrina  que ha disfrutado siempre, además, de gran número de “compañeros de viaje”, bastante más repugnantes, si es cierta la frase de Marx :“Hay alguien más despreciable que el verdugo: el ayudante del verdugo”. Y en España e Inglaterra ha habido y hay muchos de esos ayudantes.

   Con respecto a De un tiempo y de un país ha ocurrido un hecho revelador. La izquierda en general, en España, veneraba a la ETA y celebraba sus asesinatos (como veneraba a Castro o a la URSS, según puso de manifiesto el episodio Solzhenitsin). Pero el GRAPO empezó demasiado tarde, cuando aquella oposición (comunista la única real) vislumbraba la legalidad. Entonces los atentados del GRAPO la asustaron tanto, por temor a que los franquistas les echaran la culpa de ellos, que inventaron la patraña de que se trataba de una organización de “extrema derecha” o infiltrada por la policía. Cuando quienes sí estaban infiltrados eran el PCE, el PSOE y tutti quanti. Pues bien, el libro, que clarifica plenamente esa cuestión y unas cuantas cuestiones más, fue acogido con el silencio. ¡Si sabrían ellos de qué se trataba!

   A Treglown, De un tiempo…le parece “soso” y “cómico”. Está en su derecho, y más siendo tan perspicaz como demuestra a cada paso, porque los gustos son muy personales. En cambio al mismo Preston le pareció muy interesante en su momento (ahora quizá diría otra cosa). El libro no está descatalogado, pero en general hay que encargarlo en librerías o a la Editorial Encuentro

   Hay algo en lo que acierta Treglown: “La OMLE estaba frustrada  por encontrar tan poco favor popular”.  Así era. Solo que esa frustración acompañaba a toda la oposición antifranquista. La única que podía presumir de cierta influencia popular, muy limitada pero muy superior a los demás, era el PCE. Mas para ello llevaba actuando desde el mismo final de la guerra civil, primero mediante el terrorismo del maquis y después infiltrándose en los sindicatos franquistas y en la universidad. En esta obtendría los mejores resultados, cuya influencia perdura, también en patochadas como las de Treglown.

   Y dejaremos aquí la parte digamos personal,  para entrar en la próxima entrega en las pintorescas ideas de don Jeremy sobre el franquismo.

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Un golfete metido a historiador: Jeremy Treglown (I)

Blog I.  Los engaños de la pasión: http://www.gaceta.es/pio-moa/los-enganos-pasion-15102014-1204

****Seminario: “El separatismo catalán, teoría y práctica”. En Centro Riojano de Madrid. Cuatro sesiones, días 17 y 23 por la tarde, a las 19,30, y días 18 y  25 (sábados), a las 10,30 de la mañana. Matrícula, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento y su comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora. No puede afrontarse debidamente un problema si no se lo entiende bien.  Inscripciones: 915 766 766

** En el programa de Radio Inter “Cita con la Historia”, próximo domingo de 4 a 5 de la tarde, hablaremos de Azaña, Alcalá-Zamora y las elecciones del Frente Popular. Una cuestión clave para explicar la guerra civil

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Hace tiempo que apenas leo novedades sobre la guerra civil, la república o el franquismo. La razón es que, aunque se trata de temas inagotables en detalles y aspectos, desde hace tiempo están bien aclaradas  las cuestiones básicas: los orígenes de la guerra, el carácter del Frente Popular y de las elecciones del 36, las razones de la rebelión de Franco y las causas que defendía cada bando en la contienda, las razones de que Franco ganase y triunfase siempre sobre todos sus enemigos políticos y militares o crease una sociedad nueva, apta en principio para una democracia no convulsa, etc. Todo ello está hoy básicamente claro para quien quiera enterarse, aunque ello no evita que tenga aún mucho camino que abrir para calar en la universidad y en una opinión pública deformada por una falsificación masiva. 

   Pero hace unas semanas Miguel Platón me indicó que había hojeado en una librería un libro de un tal Jeremy Treglown en que me aludía dando una de cal y otra de arena. En fin, ayer hojeé a mi vez el libro  en cuestión, y comprobé que  el bueno de Treglown no me aludía, sino que me atacaba a fondo, o al menos lo intentaba.  Así que dedicaré algún esfuerzo a aclarar las cosas a Treglown o a quien sienta interés por estas cuestiones, empezando por el ataque personal que me dedica.

   Según Treglown, mis “afirmaciones” son “tan peligrosas como faltas de inteligencia”. ¿Peligrosas para quién? Evidentemente para quienes piensan y escriben como Treglown. Pero ¿cómo pueden ser peligrosas si carecen de inteligencia? Solo puede deberse, me temo, a que la inteligencia de Treglown y compañía deben ser todavía menores. Y realmente nuestro amigo no demuestra mucha, como veremos, aunque sus tiradas también pueden ser efecto de mala comprensión lectora en español, y hasta sospecho que a veces de mala fe.  Así que veamos.

   Me describe el autor como “un avezado propagandista (…) Parte de su impacto se debe  al ardid bien ensayado  de presentarse como el personaje aislado que batalla contra el poder de las instituciones”. Lo único cierto ahí es que batallo contra numerosas ideas cuya falsedad he demostrado, sin que la recíproca se haya dado hasta ahora; y que la respuesta ha sido el intento aislarme, nunca del todo conseguido. Yo siempre me he ofrecido a debatir, pero la oferta ha sido rechazada casi siempre,con pretextos infantiles. Comprendo que a gran número de intelectuales que han hecho su carrera y su prestigio con versiones o enfoques que se han demostrado falsos, les cueste mucho reconocerlo, ya que ello exigiría una honestidad intelectual por desgracia harto escasa en estos medios. En cambio defienden sus posiciones  funcionariales u otras con uñas y dientes, es decir, con métodos poco honrados, procurando crear el vacío y el silencio a mi  alrededor. Cosa que en parte está a su alcance, pues predominan en la universidad y en los medios; pero tampoco en la medida  que les gustaría.  No solo Stanley Payne, también Seco Serrano, Cuenca Toribio, Ricardo de la Cierva, David Gress, Rob Stradling, Jesús Salas Larrazábal, Andrés-Gallego, Bullón de Mendoza y otros historiadores han apreciado o citado mis libros. Y aunque me han vetado en la mayoría de los medios, todavía dispongo de algunos, aunque menores, y de las redes sociales. Que tratan de aislarme es cierto; que el apoyo que recibo es escaso, también. Pero no que lo consigan del todo. Y presentar el hecho indudable como un ardid, según  toscamente supone ese autor, revela una dosis considerable de desvergüenza.

   Treglown afirma  que mi aislamiento no deja de ser una pose, porque  pocos autores han puesto tanta resistencia  a las entrevistas o a tomar parte en acontecimientos  en los que los humanistas  profesionales  presentan y explican sus obras nuevas”. ¿Ven como nuestro crítico cae en la golfería? La resistencia no es mía, sino de esos “humanistas profesionales” a invitarme o a entrevistarme. Y es fácil saber por qué, teniendo en cuenta que nunca han logrado rebatir ningún punto sustancial de mis obras. Por supuesto, tampoco lo hace Treglown, que en lugar de intentarlo se lanza a estos ataques personales y menos inteligentes de lo que él piensa. Dice también que mis obras no se encuentran en inglés, lo que es cierto. Porque en Inglaterra y en Usa, los ambientes universitarios están inmersos en versiones digamos progre-izquierdistas por lo que se refiere a España y más aún que aquí. Y los mandamases  intelectuales saben aplicar la censura desde su prepotencia.  La situación allí, por lo que se refiere a estas cuestiones, es todavía más totalitaria que en España, y la ausencia de traducción de algunos libros míos es precisamente una prueba de ello. Por cierto,  Los mitos de la Guerra Civil  iba a salir en francés, anunciada por la prestigiosa editorial Tallandier. Pero después del anuncio no hubo producto. Al parecer encontraron el libro demasiado  peligroso para sus sensibles lectores.  En Inglaterra se precaven todavía más eficazmente contra el  peligro que tanto preocupa a Treglown.

    Para este profesor, mi argumentación (se refiere a Franco, un balance histórico ), se basa en tres puntos, dos de los cuales acepta y el tercero rechaza:  “que el estalinismo fue una tiranía espantosa”;  ”que el estalinismo actuó  despiadadamente en ciertos sectores del movimiento español”; y  que “ese elemento  (estalinista)  fue la causa de la guerra civil”. Lo último le parece falso, al menos en parte porque, dice, “la mayoría de los historiadores estarán en contra del indignante desprecio de  Moa por las causas sociales y económicas  del descontento contemporáneo”. Lo del desprecio lo inventa él; pero la cosa tiene mayor alcance teórico. La situación social y económica no fue en absoluto la causa de la guerra. Esa situación había sido mucho peor en España en otras épocas y no había generado guerra civil; y también era mucho peor en gran parte de Europa, sin ocasionar tales contiendas. Pues no son las condiciones sociales, sino cómo piensan y actúan en ellas los políticos y  partidos influyentes,  los que pueden llevar al extremo bélico los conflictos naturales en toda sociedad.  Treglown cita de mi libro por él comentado:  “El pensamiento conservador, como el religioso, acepta  la presencia de la injusticia, la insuficiencia y el malestar  de la vida como parte de la condición humana“, implicando que el pensamiento revolucionario o “progre” no lo acepta, lo cual parece bien a Treglown.  Por eso la demagogia izquierdista siempre ha invocado esas “causas” socioeconómicas; pero la causa real de la guerra radicó en que las izquierdas  y separatistas aspiraban al poder, creían que su poder abriría el camino a una sociedad  “sin injusticia, insuficiencia y malestar”, y que estaban dispuestos a quebrantar todas las normas de convivencia llamadas “burguesas” para alcanzar su objetivo.  Por lo demás, la experiencia bien conocida –aunque parece que no para Treglown–  revela que el poder de esas izquerdas revolucionarias, si algo ha conseguido es extremar la injusticia, la insuficiencia y el malestar. En España, sus dos primeros años republicanos fueron tan desastrosos que el pueblo votó muy mayoritariamente a las derechas en 1933; y en los cinco meses previos a la guerra, el Frente Popular, con su demagogia y tiranía, hundió literalmente la economía española, además de la legalidad republicana. 

   Y yo tampoco digo que el elemento  stalinista fuera el determinante de la guerra, sino que lo fueron el elemento revolucionario (socialista, comunista y anarquista) y el elemento golpista (Azaña, Companys, etc.). Otro ejemplo de mala lectura de mis tesis: “Moa hace concesiones importantes. Por ejemplo, pese a las afirmaciones en contra de los nacionales, acepta que en España no hubo una revolución de la izquierda”. Lo que yo digo es que hubo un asalto revolucionario al poder en octubre del 34; que hubo un proceso revolucionario muy violento a partir de febrero del 36; y que hubo una revolución extremadamente sanguinaria durante la guerra civil. No me explico cómo puede haber entendido otra cosa. Y  si relaciono el terror  de los nacionales con el de las izquierdas me acusa de caer “en un ejercicio de ojo por ojo”, cuando simplemente expongo la evidencia del terror rojo, disimulado o justificado por los autores de su cuerda, y sin el cual no puede entenderse nada.  Ya que el terror rojo  empezó a ejercerse apenas llegada la república y causó cientos de víctimas antes de ser replicado por el terror de los nacionales. Sigue: “Defender casos perdidos es la especialidad de Moa. ¿Antisemitismo de los nacionales? ¿Y qué del abandono de los refugiados  judíos por los aliados?”  El hecho indiscutible es que Franco salvó a miles de judíos, y que los Aliados no hicieron gran cosa por ellos, como si no creyeran el Holocausto, del que  el Caudillo no sabía nada. Había antisemitismo en los nacionales, pero más retórico que práctico.  Continúa en la misma línea: “Dictadura? El disidente ruso Solzhenitsin dijo que a los ciudadanos soviéticos de hoy les asombrarían las libertades de que disfrutaban los españoles. (A Moa  no parece molestarle que la observación de Solzhenitsin date de 1976, es decir, después de la muerte de Franco)”. El franquismo duró  por lo menos hasta junio de 1977, o si se prefiere, hasta la Constitución de 1978. Y las libertades que explicaba Solzhenitsin eran perfectamente comunes en España desde muchos años antes. Y las señalaba también Kolakowski viviendo Franco, contra la beatería “antifascista” de unos laboristas cantamañanas. Ello aparte,  y pese a lo que cree el oportunista Treglown, defender la evidencia histórica nunca es un “caso perdido”, por más que el embuste parezca tener fuerza aplastante, como ocurre hoy por hoy.

   Seguiré con un par más de entregas, y ya se verá que el calificativo  de golfete que dedico a Treglown, que puede sonar maleducado o gratuitamente ofensivo, resulta merecido.    

 

 

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Reseña de Ángel Maestro

Blog I: El nacionalismo es bueno y necesario. http://www.gaceta.es/pio-moa/nacionalismo-bueno-necesario-13102014-1200

******Seminario: “El separatismo catalán, teoría y práctica”. En Centro Riojano de Madrid. Cuatro sesiones, días 17 y 23 por la tarde, a las 19,30, y días 18 y  25 (sábados), a las 10,30 de la mañana. Matrícula, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento y su comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora. No puede afrontarse debidamente un problema si no se lo entiende bien.  Inscripciones: 915 766 766

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MOA, Pío. Sonaron gritos y golpes a la puerta. Novela histórica. Editorial La Esfera de los Libros. Madrid 2012. 651 páginas.

Ángel Maestro

No es esta la primera vez en la que Pío Moa se adentra en el campo literario de la novela; ya lo hizo hace algunos años con El erótico crimen del Ateneo, dentro del género de la novela negra, pero sí es la primera vez que aborda la novela histórica. Moa, frente a la histeria y animadversión de sus detractores, ha renovado sustancialmente  los estudios relativos siglo a la II República y la Guerra Civil,  rebatiendo la ignorancia y más a menudo la actitud torticera de la dictadura de lo políticamente correcto.

Uno de los tópicos sostenidos por sus detractores, generalmente esgrimiendo descalificaciones plenas de subjetivismo y no en base a rigor científico alguno, es el de acusarle de no ser historiador, oficialmente titulado como tal,  lo que no hace mucho Stanley Paine descalificaba cual si la descripción de la Historia y la investigación sobre la misma, necesitase un a modo de carnet o documento que confiriese legitimidad de ejercicio. Algo grotesco a la luz de  historiadores allende nuestras fronteras y no contaminados por esa dictadura del pensamiento dominante. La fuerza inexorable de los hechos ha demostrado que la revolución en la historiografía moderna traída por Moa ha marcado un antes y un después en el tratamiento e investigación de los estudios relativos a la II República y la Guerra Civil.

Tal condición de historiador, mal que les pese a sus detractores, asoma desde el comienzo de esta extensa novela de más de seiscientas páginas ya desde “La catástrofe”,  primera de las tres partes en que se divide el libro, señalándose desde su mismo comienzo una envoltura en su precisa y muy exacta descripción de tipos y ambientes, reflejando con esa precisión de historiador, recogiendo en toda su crueldad el feroz ambiente, asesinatos con saña y torturas en la Barcelona de 1936, tras la crudelísima represión desarrollada por el Frente Popular, con tipos muy representativos como el asesino del padre del protagonista. Y dentro de esa amalgama que fue dicho Frente, las luchas intestinas entre anarquistas, comunistas del PC “ortodoxo” y stalinista, miembros del POUM, nacionalistas, etc, así como las incipientes fuerzas nacionales clandestinas en un comienzo de organización tras la derrota del Alzamiento en Barcelona.

El estilo de Moa novelista está ausente de todo barroquismo así como de brillantez literaria descriptiva y en esas exposiciones de personajes y situaciones, el factor humano, político, religioso, más se asemeja a un estilo barojiano que a un Blasco Ibáñez, por poner dos ejemplos bien diferenciados .El batiburrillo de voces destempladas entre el clamor de las masas revolucionarias exigiendo y realizando la represión total de la burguesía, militares, crueldad especial hacia los religiosos queda nítidamente gráfico sin concesiones literarias. Los avatares de Alberto, personaje central de la novela, así como de otros actores principales, Carmen, Paco, conjugan con precisión la esencia humana, religiosa, política, etc. de dichos personajes con la realidad misma de sus circunstancias.

En la segunda parte se describe pormenorizadamente la gestación y desarrollo de la División Azul. A través del protagonista vemos los hechos que sucedieron desde la famosa convocatoria de Serrano Suñer con el grito equívoco de :” ¡Rusia es culpable!”, cuando la culpable era la Unión Soviética, y no la sufrida Rusia. En dicha segunda parte titulada “El hielo y el fuego“ – cada parte aún con su innegable ilación de la trama central podría representar de por sí una novela- y ya en la postguerra española aunada en las circunstancias con la II Guerra Mundial, se relata el hecho histórico de la División Azul valiéndose de los personajes centrales y de otros que asoman ofreciendo ejemplos totalmente repletos de humanidad bien sean de heroísmo o de cobardía; en absoluto personajes librescos sino reales, intuyendo el lector que puede tratarse de personajes vivos inmersos en ambas medidas de heroísmo y de vileza, y también de seres con reacciones normales ayunas de tales méritos y deméritos. Moa utiliza una técnica de bisturí que pone al desnudo todo lo que la terrible lucha en el frente del Este tuvo de más deleznable.

El  título de dicha segunda parte responde plenamente a una situación totalmente real: el hielo cuyo papel fue tan decisivo en la campaña de Rusia, y donde los miembros de la División Azul hubieron de soportar las crudelísimas temperaturas del invierno ruso. El fuego, con los más feroces combates de cualquier escenario de la contienda, la ferocidad de la lucha entre la Alemania nacional socialista y la Unión Soviética en la que la ferocidad y los combates más despiadados enfrentaron a dos totalitarismos. Los protagonistas reflejan transparentemente  la conducta de los expedicionarios españoles, esforzados en su lucha contra el sistema marxista-leninista, pero comprensivos con las penalidades y sufrimientos del pueblo ruso, despertando la censura  racista nacional socialista que al considerar “untermenschen”-subhombres – a la población eslava sentaban gran parte de su futura derrota, y aprovechada por la habilidad de un despiadado y cruel, pero inteligente  Stalin para utilizar la defensa de la Patria en lugar de los dogmas leninistas.

La tercera parte  titulada “De todos los misterios” refleja las intrigas ocurrentes en un Madrid finalizada la guerra mundial y la ilusión vana y basada en fantasías a menudo delirantes de cómo los Aliados  acabarían con el régimen de Franco, trayendo la proyectada venganza implacable contra los defensores del mismo.

Moa buen conocedor de esas historias, relata vivamente a los conspiradores monárquicos de salón como a los añorantes republicanos, confiando ambos en la intervención especialmente inglesa para acabar con el dictador, compendio de todos los males sin mezcla de bien alguno ,para traer unos  una ilusoria monarquía de un hipotético Juan III o restaurar la finiquitada II República. También las intrigas más teóricas que reales  por su falta de efectos prácticos ,de generales como Aranda. Más la verdadera oposición, pero aún sin suponer un peligro letal para el régimen , era de  forma muy destacada la ejercida por el partido comunista. La acertada , dura y precisa reacción del régimen, con evidente apoyo popular, cual el caso de la invasión por el maquis del Valle de Arán ,puso de manifiesto la ausencia de respaldo popular, de movilización y concienciación de las masas, en la lengua de madera leninista, a las iniciativas de derribar a Franco y su régimen e involucrarse en una nueva guerra civil.

La infiltración del maquis en zonas rurales y montañosas de difícil acceso y el levantamiento de partidas guerrilleras, más bien de bandolerismo puro, con atracos, secuestros, “ejecutando” a cargos rurales, a sacerdotes y en general a afectos al régimen con el objeto de sembrar el terror y lanzar la propaganda mediante difusión clandestina de noticias y rumores, y la magnificación de los mismos en emisoras y medios extranjeros, presentando lo que eran hechos aislados y muy concretos como si de un levantamiento de masas se tratase. Alberto, el protagonista, accede a colaborar con uno de los Servicios de Información del Gobierno, concretamente  el de Falange para llevar a buen término una delicada operación en Galicia en la que sin interés material alguno, característica básica  del personaje desde el asesinato de su padre y dispersión de su familia en 1936, diez años antes. Personas reales como el jefe del Servicio de Información mencionado se mezclan en una continua acción con miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil, arriesgando su vida el protagonista en ocasiones muy peligrosas, hasta llevar a cabo con éxito las operaciones planteadas. Los componentes de las partidas, los agentes camuflados del aparato del partido comunista, las contrapartidas, etc., confieren a esta tercera parte un ritmo de acción vivaz     , siempre dentro del estilo naturalista sin artificiosidades peculiar de la novela. La figura del protagonista, plena de humanidad representa un contrapunto a la maldad y a la miseria de personajes y situaciones.

Si al leer una obra histórica o de pensamiento no influye en el juicio sobre la misma la amenidad, la situación cambia radicalmente al tratarse de una novela. La novela debe despertar interés desde su comienzo y conseguir que el lector si no se apasione, al menos se interese por los avatares del protagonista y de los personajes que en ella intervienes; Si así no ocurriese el interés por la novela hace que ese se arrumbe y la obra haya fracasado en lo que debe constituir la piedra angular de la misma. La novela de Moa de tan largo título y de considerable extensión, despierta desde esas primeras páginas el afán y la curiosidad infatigable por conocer el desarrollo y desenlace de la misma. Al finalizar la misma el lector se encontrará además con un hecho totalmente inesperado, pleno de sorpresa y casi de estupefacción.

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http://www.gaceta.es/pio-moa/angel-maestro-05102014-1837

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El hombre, el átomo y Jallidakis

Blog I: Defender el franquismo: http://www.gaceta.es/pio-moa/defender-franquismo-09102014-1912

**Seminario: “El separatismo catalán, teoría y práctica”. En Centro Riojano de Madrid. Cuatro sesiones, días 17 y 23 por la tarde, a las 19,30, y días 18 y  25 (sábados), a las 10,30 de la mañana. Matrícula, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento y su comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora. No puede afrontarse debidamente un problema si no se lo entiende bien.  Inscripciones: 915 766 766

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PATRICIO. Pero dejemos, ¡oh Mauricio! Esas disquisiciones sobre sexo y razón, que ya resultan enojosas y tiempo habrá de volver sobre ellas, si los dioses nos lo permiten.


FELICIO.- No te falta razón, amigo Patricio. Tanto más cuanto que quería hablaros de un descubrimiento científico que he hecho hace poco… Pero no sé si hacerlo, tan deprimente resulta para el sentimiento acientífico que generalmente nos domina…


MAURICIO.- Somos todos hombres curtidos y bregados, buen Felicio, lo sabes bien, desde que, estando todos en la cárcel por motivos variopintos que no hace falta explicarte, decidimos que, según saliéramos, recompondríamos un círculo de amistad y enjundiosos y  elevados diálogos, dedicándonos al pastoreo en este feraz y por todos motivos  privilegiadísimo pueblo de Porriño. Puedes hablar, pues, sin temor.


FELICIO.- Bien, muchachos, vosotros veréis…He llegado a la conclusión, no muy estimulante, de que el hombre no es, hablando científicamente y en fin de cuentas, otra  cosa que un amasijo de átomos. El hombre, e incluso la mujer.


PATRICIO.- ¡Caramba Felicio! Es una conclusión por así decir de gran densidad. Pero un poco antigua,  y no quiero con mi observación quitarte el menor mérito. Incluso la Biblia lo dice a su modo: barro somos. O polvo, en fin.


FELICIO.- No te llevaré la contraria, ¡oh Patricio!,  sin duda aciertas,  como casi siempre. Pero reflexiona sobre las consecuencias de tal hecho, en las que pocas veces, si alguna, suele repararse. Consecuencias que nos presentan la historia, la moral,  la vida en suma, de modo harto diferente de aquel al que estamos habituados. ¿Qué es la vida, qué es la persona sino una continua composición y descomposición de átomos? En último extremo un ser humano no difiere de un pedrusco, y me atrevo a aventurar que Stalin fue muy consciente de ello. Mató a mucha gente, se le acusa, pero ¿qué hizo, en suma, sino acelerar  un proceso de todas formas ineludible, que también acabaría con él? Científicamente, la cosa no tiene mayor alcance.


MAURICIO.- Pero, Felicio, estoy seguro de que  casi nadie siente ganas de que le aceleren el proceso, como elegantemente has denominado la cosa. A ti mismo, ¿acaso te gustaría que un Stalin, o simplemente un hampón, pretendiera desordenar de cualquier manera tus átomos? Apuesto a que protestarías, e incluso tomarías medidas más enérgicas, como huir.


FELICIO.- Apuesta ganada de antemano, amigo mío, lo confieso. Pero que lo confiese abiertamente no impide que me percate de que mi actitud en ese extremo resulta ajena a la ciencia. Es más, debes admitir que ni siquiera es una actitud racional, tú que tanto presumes de rendir un culto a la diosa Razón tan extremado que no piensas echar un polvo mientras no aclares racionalmente no sé qué… ¿Somos acaso dueños de  los átomos que nos componen? Reconoce que no,  que ellos se comportan como les da la gana. Sin pedirnos permiso nos han compuesto, y sin la menor preocupación por nuestros sentimientos nos descompondrán un día, quieran las musas que tarde en llegar. Así pues, en definitiva, difiere mucho el que un hombre se muera o lo maten de que una piedra se rompa en pedazos?


APARICIO.- ¡Ah, eso me recuerda a la canción de nuestro gran amigo Jallidakis, séale la tierra leve! I petra:  “La piedra es la muerte, la piedra es mi vida…” (
http://www.youtube.com/watch?v=mTCGMPa_uv8)


SIMPLICIO.- Así mirado, la verdad es que da mucho que pensar. Yo siempre estoy por la ciencia, siempre me pareció mucho más progresista…


FELICIO.- Observad, además, que no solo a los átomos les da por descomponernos cuando lo consideran oportuno, sin por eso descomponerse ellos, pues son casi eternos y ni sufren ni padecen. Es que antes, incluso, otros muchos factores acaban con nuestra salud. No solo lo que llamamos un asesino, o un accidente… Incluso algo tan miserable como un virus, o una bacteria, puede ocasionarnos la muerte, en medio de horrendos y prolongados dolores. De ahí yo deduzco que nuestras leyes deben progresar y aceptar los hechos, en otras palabras, legalizar lo que, con término emocional y acientífico llamamos asesinato: se condena al asesino, pero ¿acaso se condena a un virus o a un cáncer? Y sin embargo, ¿no resulta mucho más digna la acción mortífera de un hermano nuestro, de un semejante, que la de una despreciable peste, un microbio cualquiera? Aparte de que el microbio acaba contigo porque sí, por las buenas, sin ninguna intención particular, mientras que el asesino opera a un nivel mucho más elevado, con intenciones humanas, con proyecto, con una ilusión o ideal, por quedarse con tu dinero, pongamos por caso. Eso está a un nivel intelectual y moral muy superior al de un virus o… o al de unos elefantes en estampida que te aplastaran bajo sus pesadas patas. Creo que junto a la ciencia debe prevalecer esta diferenciación moral, y la ley debe adaptarse, tal como lo ha hecho ya en relación con el aborto. O somos científicos o volvemos al mundo de la magia y la superstición.


PATRICIO.- Yo creo, Felicio, que, siendo solo media mañana, ya has empinado el codo en demasía…


FELICIO.- ¿Crees? No me extraña. Incapaz de rebatirme con hechos y razones de peso, has de refugiarte en la creencia, en la fe…


MAURICIO.- Una cosa me preocupa, Felicio: ¿por qué a los átomos les da por formar cuerpos en lugar de mantenerse dispersos por ahí, o en una acumulación gigantesca e informe? ¿Por qué no se sueltan de nuestros cuerpos para desperdigarse y mezclarse con el aire y la tierra, pongamos por caso? ¿Por qué, en definitiva, les ha dado por separarse del resto y unirse disciplinadamente entre sí, repartirse tareas, como si dijéramos, para formarnos? ¿Tienes respuesta a eso? 

PATRICIO.- Te veo muy callado, Fabricio. Tú, que presumes de tu superioridad intelectual a falta de otras superioridades, ¿no tienes nada que decir sobre estos asuntos?

FABRICIO.- Pues ya ves, nunca me los había planteado. Pero diré que estoy de acuerdo en parte con Felicio, si bien encuentro varios problemas en su argumentación, por lo demás brillante.

MAURICIO.- Somos todo orejas, camarada.

FABRICIO.- Obviamente, es verdad lo del aborto. El problema no está en si un embrión es una vida humana, sino si es una acumulación de átomos. Puesto que lo es, la solución viene por sí sola. Lo mismo en cuanto a la legalización del asesinato. Si liquidamos el embrión, ¿por qué no aceptar el asesinato entre personas adultas y responsables? Pero los políticos son inconsecuentes, dan una de cal y otra de arena, y así van las cosas. Fijaos: se han hecho miles de leyes contra el asesinato, y sin embargo continúa habiendo asesinatos. ¿Por qué? Porque es algo que está en la naturaleza, nos guste o no. Y las leyes no pueden ir contra la naturaleza. El asesinato, como los demás fenómenos naturales y sociales –que estos son parte también de los naturales– tiene la dignidad eminente de existir, de ser un hecho, una realidad. Y las leyes deben hacer legal lo que es real… Lo demás es poner puertas al campo, perderse en contradicciones, olvidar la ciencia, en resumen, naderías.

FELICIO.- ¡Pero qué cabeza privilegiada tienes, pequeño jorobeta! ¡Yo diría que el cerebro no te ocupa solo el cráneo, sino también la chepa!

FABRICIO.- No obstante, Felicio, y a pesar de que yo he empleado también la palabra dignidad, de lo que me acuso al instante, esas calificaciones que tú empleabas para poner moralmente un asesinato por encima de la acción letal de un virus, por ejemplo, me parecen impropias. La cuestión reside en los átomos, como muy bien has dicho, y ahí es ocioso hablar de dignidad, de valores y simplezas por el estilo, que la ciencia, lógicamente no toma en cuenta. ¿Acaso los virus no se componen a su vez de átomos? Todo es igual, en definitiva, y la moral no es más que una construcción mental ilusoria, tal como los fantasmas, los unicornios y cosas por el estilo… ¡Salicio! ¿No puedes hacer callar a tus ovejas? Con tanto balido se me desordenan los razonamientos.

APARICIO.- Es que están contentas de poder comer a gusto, ahora que ya Salicio no puede tocar la zambomba, y es normal que manifiesten su alegría a su manera.

SALICIO.- ¡Tranquilo, gran hombre, que ya las alejo! ¡Que le desordenan los razonamientos, dice, y no suelta más que chorradas!

FABRICIO.- Es evidente, mis queridos camaradas y amigos, que los átomos tienen su propia dinámica, su propia lógica y razón de ser y actuar, y, que, conociendo esas cosas, llegaríamos a entender la naturaleza y la vida mucho mejor. Está claro que, esencialmente, un burro y un ser humano son la misma cosa, y si no, mirad a Salicio…Pero es que también es la misma cosa un saco de serrín o un pedazo de granito: todo son, todo somos átomos. No obstante, hay algunas diferencias secundarias a tomar en consideración: los átomos están organizados de distinto modo en una persona y en un peñasco, incluso una casa podría considerarla un peñasco organizado de otro modo… Además, nosotros diferimos de la piedra en otra cosa: constantemente absorbemos átomos del entorno y devolvemos átomos al entorno, de un modo extraño, porque a pesar de ello seguimos teniendo la misma figura, en lugar de cambiar y confundirnos con el medio…

PATRICIO.- Observa también, ilustre Fabricio, que cuando hablamos expulsamos átomos, en realidad hablar equivale a expeler átomos. Es más, nuestros pensamientos, ¿qué son más que movimientos de átomos, o quizá de electrones, no estoy muy seguro…?

FELICIO.- Lo cual vuelve a corroborar mi argumento.

APARICIO.- Luego, ¿qué sentido tiene lo que decimos y pensamos, Felicio?

FELICIO.- ¿Qué sentido va a tener? Ninguno. ¡Pero qué poco espíritu científico hay en tu mollera, amigo Aparicio! El sentido es algo tan subjetivo, tan arbitrario y tan caprichoso como la dignidad, el valor, todas esas cosas, ¿No coincides conmigo, Fabricio?

MAURICIO.- Pero, Fabricio, ¿conoces tú esas cosas, el dinamismo de los átomos y tal y tal, que nos aclararía el por qué de la vida, o del mundo, pongamos por caso? ¿Puedes responder a la pregunta que hacía antes, a saber, por qué a los átomos les da por formar cuerpos y mantenerlos más o menos estables, en lugar de dispersarse por ahí mezclándose con otros átomos?

FABRICIO.- Quizá la ciencia no está todavía en condiciones de contestar esas cuestiones, pero yo aventuro que se trata de una combinación de la fuerza electromagnética y de la temperatura. Añádeles la fuerza de la gravedad, si quieres.

APARICIO.- ¡Rediez!

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(y II) Polémica sobre Ortega y el “páramo cultural” franquista.

  Blog I: El pecado de nuestra democracia:http://www.gaceta.es/pio-moa/pecado-democracia-07102014-1240

** **Seminario: “El separatismo catalán, teoría y práctica”. En Centro Riojano de Madrid. Cuatro sesiones, días 17 y 23 por la tarde, a las 19,30, y días 18 y  25 (sábados), a las 10,30 de la mañana. Matrícula, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento y su comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora. No puede afrontarse debidamente un problema si no se lo entiende bien.

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Contra Ortega no solo militaba el sector integrista del franquismo, sino también, y de forma más implacable, el antifranquista, que intentó condenarlo, como a otros, a una especie de ostracismo cultural. En este caso fracasaron, porque la notoriedad del filósofo era demasiado grande. Esa actitud arraiga en el mito de que los intelectuales se habrían exiliado masivamente por aversión al franquismo, y que los pocos que habían quedado o vuelto se habrían refugiado en un “exilio interior” o demostrado bajeza moral al colaborar con “el fascismo”. El exilio interior es otro mito, pues sus componentes, al igual que Ortega, trabajaron, publicaron y ganaron distinciones y premios, como Blas de Otero, Gabriel Celaya, Buero Vallejo y tantos otros. La realidad es que el franquismo fue notablemente liberal en relación con la cultura, en gran medida porque carecía de una ideología refinada más allá de algunos principios básicos que permitían notable flexibilidad. El Instituto de Estudios Políticos, fundado con la misión de elaborar un fundamento doctrinal más sistemático al régimen, publicaría trabajos muy valiosos pero sin cumplir nunca dicha misión, como pondría de relieve Serrano Súñer.

   Por consiguiente, quedaba la acusación de bajeza moral, recogida en 2002 por Gregorio Morán en su libro  El maestro en el erial. El maestro Ortega había entrado en el “erial” de la cultura en la España  franquista y había realizado vilezas como ofrecerse a escribir  discursos al Caudillo, o cobrar su sueldo de catedrático sin dar clases en la universidad, etc.  Pero la brillante labor de Ortega en un ambiente que se lo permitía con pocas o ninguna trabas, no puede tacharse de bajeza, y el “erial” no pasa de ser pura fantasía.  Baste un repaso de colaboradores en la revista de Falange Escorial para comprobarlo: Vicente Aleixandre (futuro premio Nobel),  Azorín, Cela,  Pío Baroja, Dámaso Alonso, Eugenio d´Ors,  Julián Marías,  Menéndez Pidal, Ramón Carande, Gerardo Diego, Álvaro Cunqueiro,  J. M Cossío, Julio Caro Baroja,  Melchor Fernández Almagro, Emilio García Gómez, Ramón Gómez de la Serna, Paul Claudel,  Romano Guardini, Manuel Machado, José Antonio  Maravall, Blas de Otero, Luis Rosales, Julio Palacios. Joaquín Rodrigo, Sánchez Mazas, Federico Sopeña, Gonzalo Torrente Ballester, Fr. Justo Pérez de Urbel, Luis Felipe Vivanco, Xavier Zubiri  Calvo Serer…  Cabe preguntarse qué publicación actual lograría un elenco intelectual de escritores nuevos y viejos, de tan variada ocupación y tal fuste.

    Porque, desde luego, Ortega no fue el único ni mucho menos que volvió del exilio o la emigración. También volvieron y trabajaron Menéndez Pidal, otra figura cumbre de la historiografía y filología españolas, Josep Pla, el escritor catalán más destacado del siglo XX, Gregorio Marañón, Pérez de Ayala, Azorín, D´Ors, Juan Gil Albert, Sebastián Miranda, Rosa Chacel, Arturo Duperier,  José María Sert, Américo Castro, entre otros;  la mayoría en los años 40 o 50, otros posteriormente. Más ocasionalmente volvieron  Severo Ochoa, Jorge Guillén,  Francisco Ayala, etc. Algunos podrían haber vuelto sin ningún problema, como Sánchez Albornoz,  Madariaga o Juan Ramón Jiménez,  pero por razones ideológicas u otras, prefirieron quedar en los países donde se habían afincado. La mitología pretende, además, que solo hubo un exilio intelectual, cuando hubo realmente dos: el primero, probablemente el de mayor calidad, fue el de aquellos que huían de las izquierdas y en el que cabría incluir también a aquellos republicanos izquierdistas que, por miedo a ser incluso asesinados por los “suyos”, procuraron ponerse a salvo de la revolución, sirviéndola al mismo tiempo con cargos en el extranjero, como lamentaba Azaña el 17 de junio del 37 en sus diarios (fue también el caso de Juan Ramón Jiménez)[1]. El segundo exilio incluyó a los más comprometidos con el Frente Popular, y su creatividad fue, desde luego, inferior a la de los que permanecieron o volvieron a España.

    Especial relevancia tiene el caso de Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, pues se les consideraba  “los padres espirituales de la República”, por haber firmado el influyente manifiesto en su favor, en 1931. El desengaño de los tres, primero con la república y después con el Frente Popular, fue definitivo. Pérez de Ayala describirá así a sus líderes: “Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a los pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Lo que nunca pude concebir es que hubiesen sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza” Ortega fustigaba a los intelectuales extranjeros que, sin tener la menor idea clara de España,  apoyaban alegremente al Frente Popular. Marañón es todavía más explícito: «¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez (…) Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado? (…). Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos». Hay en él una amarga autocrítica: “No tenemos derecho a quejarnos de la dictadura, pues la hemos hecho necesaria por nuestra ayuda estúpida a la barbarie roja».

   No hubo, desde luego, un páramo cultural; muy al contrario. Ya Julián Marías se indignó en 1977 ante la patraña en su conocido artículo “La vegetación del páramo”, donde cita las numerosas e importantes obras de posguerra, tanto de los grandes autores de Generación del 98 y de las dos siguiente como de los valores jóvenes surgidos entonces: Menéndez Pidal, Azorín,  Baroja  Ortega,  Zubiri, Morente, Dámaso Alonso,  Aleixandre, Mihura, , Marañón,  Cela, Celaya,  Rosales,  Ridruejo, Leopoldo Panero, Buero, Laín, Maravall Carmen Laforet, Aldecoa, Blas de Otero, Gironella,  Torrente Ballester, Díez del Corral, Rof Carballo, Aranguren, Tovar  y tantos más[2].

   Veinte años más tarde, Marías insistiría en otro artículo: “¿Por qué mienten?”, al constatar la lozanía de la falsedad:  “Baroja decía con humor que los españoles discuten sobre cuestiones de hecho.  Muchos hacen ahora algo mejor: ni siquiera discuten, sino que hacen caso omiso de los hechos (…) Cada vez que se habla de lo que ha sido la realidad cultural de España después de la guerra civil, se acumulan las mentiras más evidentes, más contrarias a la irrefragable realidad (…) Los jóvenes (…) mienten, diríamos, en nombre de otros. Su motivo principal es la ignorancia: no saben nada, aceptan pasivamente lo que les han dicho y lo repiten. Hay un curioso grupo, formado por los que empezaron a actuar hacia 1956 -fecha muy significativa-. Tuvieron, ya desde entonces, la voluntad de dar por nulo todo lo que se había hecho antes (…) para dar la impresión de que con ellos, y sólo con ellos, se iniciaba una resistencia a las presiones oficiales y un intento de independencia. Finalmente, los decididamente mayores, los que vivieron y escribieron en ese ya lejano periodo, con frecuencia se pliegan a las presiones dominantes”. Hay que decir que la independencia frente a las presiones oficiales u oficiosas fue a menudo más fácil en el franquismo que en la actualidad, cuando el disidente puede sufrir una verdadera muerte civil.

    Laín también negó el famoso páramo, pero, arrepentido de su  pasado tan próximo a las ideologías del Eje, cayó en la trampa de justificar a aquellos autores afirmando que repudiaban el franquismo. Esto es cierto en unos casos y falso en otros, pero en la medida en que es cierto solo testimonia la actitud notablemente liberal del régimen hacia ellos. Los hubo franquistas hasta el final, antifranquistas, incluso comunistas reconocidos,  y una mayoría de tibios o indiferentes; pero todos se expresaron en libros, cine u otras artes con escasas trabas de la censura. Es instructiva la evolución política de bastantes. Algunos (Celaya, Blas de Otero, Haro Tecglen, Sastre…) pasaron de la Falange al comunismo o a la socialdemocracia (Ridruejo), o se hicieron más o menos liberales (Torrente Ballester, Tovar, Laín, Aranguren, Cela, etc.). El llamativo fenómeno lo estudió César Alonso de los Ríos[3]. Algo similar  pasó con Calvo Serer y otros vinculados al integrismo católico. Muchos prosperaron  como funcionarios del régimen hasta descubrir en sí mismos a duros antifranquistas… después de Franco.

   Dato curioso en esta evolución fue la simpatía  de gran parte de ellos, sin ser comunistas, hacia  el sistema soviético. Así se puso de relieve cuando Solzhenitsin expuso en la televisión, en Madrid, las diferencias, realmente abismales, entre el totalitarismo de la URSS y el régimen español: la réplica casi general hacia el gran escritor ruso fue una andanada de insultos que llegaban a lamentar su salida del GULAG. Y no eran solo comunistas o comunistoides los que así hablaban, sino personas que pasaban por liberales, como Juan Benet,  Cela, Jiménez de Parga y otros.  Diríase, y no es una ironía, que aquellos injuriantes encontraban la dictadura española demasiado floja y deseaban una más férrea, de tipo soviético. La Cuba de Castro era, por cierto, muy popular entre ellos.

   Aun cuando las evoluciones en política  son habituales,  casi nadie explicó la razón de las suyas. Por el contrario, a partir de la transición o algo antes,  numerosos políticos y escritores dieron en maquillar o tergiversar su biografía de forma descarada. Un fenómeno sociológica y psicológicamente significativo, y no demasiado edificante desde el punto de vista moral o intelectual cuando ya no había peligro,  como en la guerra, de ser perseguido o fusilado por discrepar de la “verdad” oficial.

   Fueron los exiliados quienes inventaron el páramo cultural franquista, dando a entender que ellos eran los únicos intelectuales de valía, mientras que en España solo quedarían curas y militares supuestamente ignaros y brutos. Y en la transición recobró fuerza el tópico, de la mano de la izquierda y separatistas, a cuya vanguardia se situó el diario El País, dirigido por J. L. Cebrián, y  más tarde toda la empresa correspondiente, PRISA.  El diario derechista ABC también se sumó, inventando su director, el juanista Ansón,  la frase “generación del silencio” para la de los años 40 y 50. Con la mayor desfachatez, Ansón se ha presentado como perseguido por el régimen, cuando hizo en él toda su carrera, con numerosos premios, y el gobierno le encomendó –cargo político– la formación de los periodistas en la Escuela Oficial de Periodismo. Decía Marías que “mentir descalifica a quien lo hace”, pero los descalificados, en este caso, han gozado de una influencia y salud económica excepcionales. 

   La postura de los inventores del “páramo” recuerda a la de los integristas contrarios a Ortega y a cualquier influencia ajena al catolicismo tradicional. Y con el mismo problema: actitud tan injusta o absurda podría justificarse en cierto modo si ellos estuviesen alumbrando a su vez una cultura de tal brillo que eclipsara a la anterior… lo que no ocurría en ninguno de los dos casos.  El País aspiró, en efecto, a convertirse en núcleo y foco intelectual de gran altura. ¿Lo consiguió?  Numerosos autores han colaborado o sido propulsados por ese periódico, pero no se encuentran entre ellos nombres como los de Zubiri, Cela, Delibes, Buero… o, en fin, los que colaboraban en Escorial.  Sin afirmar  ni mucho menos que todo su empeño sea desdeñable, no  me parece injusto señalar que el balance, después de tantos años, es mediocre, más basado en un supuesto progresismo autojustificativo y en un cosmopolitismo algo afectado o provinciano que en verdaderos valores. Acompañado, además, de un sectarismo vulgar y una política de tierra quemada hacia los discrepantes.  

   No menos ilustrativo para el tema aquí tratado es la formación y evolución del grupo PRISA, encarnadas por así decir en su fundador y empresario, Jesús Polanco, y por el director ideológico Cebrián. El empresario empezó su fortuna editorial haciendo uso de información privilegiada en círculos aledaños al poder, cinco años del fallecimiento del Caudillo. Desde entonces  ha ido multiplicando sus empresas hasta convertirse en el grupo mediático más poderoso  –y temido– de España,  con métodos que han sido denunciados  en ocasiones como fraudulentos o abusivos, alguno de ellos condenado por los jueces en sentencia no cumplida. En cuanto al ideólogo, es hijo de un falangista y  alto cargo del régimen, director del diario Arriba, lo cual facilitó su carrera en la prensa, como redactor jefe y subdirector  en Pueblo, órgano de los sindicatos verticales,  después en Informaciones. Contribuyó también, en 1963, a la fundación de la revista Cuadernos para el Diálogo, el diálogo entre católicos y marxistas que, según el dicho, hizo a muchos católicos marxistas y a ningún marxista católico. En esa revista salieron algunos de los ataques más furibundos contra Solzhenitsin. Un año antes de la muerte de Franco  ascendió a director de los servicios informativos de la televisión estatal,  el principal órgano de propaganda del “fascismo” según la izquierda.

   Como director de El País ha sido el mayor impulsor  del antifranquismo radical, de la ley de memoria  histórica, del abortismo y los separatismos, y justificador de las políticas del PSOE, calificando de “sindicato del crimen” a los periodistas que sacaban a la luz las corrupciones de ese partido. Todo ello en nombre de la democracia. No viene aquí al caso analizar el trasfondo ideológico de ese periódico y su inspirador. Obviamente, Cebrián nunca ha explicado razonablemente las llamativas piruetas de su evolución político-intelectual, su curioso talento desenvolverse por las alturas tanto en un régimen “fascista” como en otro más o menos democrático.

    Es realmente difícil crear algo sólido y fructífero  sobre la mentira hacia los demás y hacia sí mismo, “la constante mentira”  que lamentaba Marañón. Sospecho que hoy, cuando la cultura española va convirtiéndose en un remedo de la anglosajona, podría hablarse de páramo con bastante más justificación que antaño.

      

 


[1] Azaña,  Memorias de guerra, Barcelona 1978. P. 81-2 “Del Gobierno que yo presidí en febrero del año pasado, ¿sabe cuántos ministros quedaron en España? Dos (…) De los embajadores “políticos”  que yo nombré solo uno (…) Los demás, se quedaron en Francia (…) En París hay doce ex consejeros de la Generalidad (…) Gassol se fue después porque temía ser asesinado (…) Domingo está en México, Zulueta en Bogotá…

[2] En Años de hierro he tratado la evolución cultural española año tras año entre 1939 y 1945. Mucho más notable de lo que la caricatura posterior ha pretendido.

[3] C. Alonso de los Ríos, Yo tenía un camarada,El pasado franquista de los maestros de la izquierda, Madrid, 2007

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