Blog I: ¿A quiénes convienen los separatismos? http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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Por qué la casta política se compone de delincuentes.
En la Transición, y con objeto de asegurar la gobernabilidad del país, se hizo un reparto del poder entre dos partidos presuntamente nacionales, (UCD, luego PP, y PSOE) más los separatistas de derechas en Cataluña y Vascongadas. Separatistas, más que propiamente nacionalistas, pues nunca existieron las naciones vasca y catalana, y por eso se empeñan ahora en “construir” las respectivas “naciones”). Como hemos ido viendo, ese reparto degeneró pronto empeñada en liquidar la independencia judicial y controlar y compartir todos los poderes. Todo ello acompañado de una abrumadora corrupción. He dicho que las tres características de esa casta son, de modo cada vez más acentuado, la corrupción, la incompetencia y la hispanofobia.
Una tara frecuente del análisis político en España ha sido la tendencia a centrarse en la retórica y olvidar los hechos. Así que vamos a ellos. Está en primer lugar extendida corrupción económica. En “La marimorena”, con Carlos Cuesta, rebatí la la demagogia de un lado y otro empeñada en atribuir la corrupción “personas concretas”, y las bellas y fáciles exhortaciones a castigar a los culpables. Resalté lo evidente: los corruptos “concretos” con personas influyentes , muy relevantes y representativas de esos partidos, y no podrían haber realizado sus fechorías sin el conocimiento y la complicidad, al menos pasiva, de las cúpulas partidistas. Además, sin duda una gran parte de los políticos conocían la corrupción y callaron porque ella beneficiaba a partidos e indirectamente a ellos mismos. Lo cual es otra forma de complicidad.
La incompetencia no es delito y no me extenderé en ella, más allá de recordar cómo estos genios han sumido al país en una profunda crisis económica. Pero la crisis es triple: de involución antidemocrática y de cohesión nacional. Y aquí entran muy claros delitos, empezando por la conculcación (pisoteo) de la Constitución, que exige a los partidos un funcionamiento democrático… incumplido por todos. Y mucho más grave ha sido la imposición de medidas antidemocráticas, sobre todo con Zapatero. En particular dos: la colaboración con banda armada, concretamente con la ETA, que permanece con Rajoy; y la ley de memoria histórica, más propiamente de memoria chekista, que pretende ilegitimar la democracia de la Transición, también continuada por Rajoy. Las dos cosas son delitos gravísimos contra la democracia, la unidad nacional y la Constitución. Y han sido propuestas y aceptadas por unas Cortes envilecidas, que no representan realmente a nadie, como no sea a los cabecillas de sus partidos, que los nombran y promueven a cambio de su servilismo. De ello he hablado durante años y no voy a extenderme ahora. Quien quiera, puede verlo fácilmente en Internet. La casta política española se compone, con la excepciones de rigor, de delincuentes. Y, o la democracia se libra de ella o ella acabará de destruir la democracia y la propia nación, tarea ya muy avanzada.
Estos delitos descansan en la hispanofobia, en unos casos furiosa, como la de los separatistas; en otros nacida de una visión negativa de la historia del España, como en el PSOE; y en el PP causada por simple desinterés y frivolidad “pijoprogre”, que les lleva a colaborar con los anteriores. Cuando un ministro de Asuntos Exteriore habla de ceder “grandes toneladas de soberanía”, como si no estuviera él al servicio de la soberanía española, sino al contrario o cuando Rajoy incide en el proceso de disolver a España en la UE, está claro que para esa chusma política la nación española no significa nada, y por tanto se creen autorizados a tratarla como a una finca particular suya. Un denominador común de casi todos esos políticos consiste en la ignorancia de la historia de su propio país o, peor aún, en una sarta de interpretaciones falsas.
¿Cuál es el remedio? Hay tres: A) que el PSOE se hunda definitivamente. No me parece razonable creer en la posibilidad de regenerar ese partido, corrompido hasta la médula, colaborador activo de los separatismos y del terrorismo, y con su propio historial terrorista. El hundimiento del PSOE podría favorecer momentánea y parcialmente a los más extremistas y estrafalarios a su izquierda, pero liberaría a una considerable masa de sus electores moderados, –ignorantes de la verdadera historia de ese partido–. B) Favorecida por el hundimiento del PSOE o incluso sin él, podría tomar cuerpo en el PP una “reconversión” que, denunciando sin medias tintas a los pijoprogres , regenerase realmente el PP o bien lo dividiese, sacando a la luz a los dos partidos que de hecho coexisten bajo las mismas siglas. C) Que los partidos emergentes, junto con las corrientes reformistas en los (todavía) grandes partidos, lleguen a acuerdos para reformar en profundidad el sistema actual, cuya prodredumbre apesta a todo el país.
Hay también la posibilidad de un partido nuevo, con capacidad de plantear esas reformas y convicción y capacidad de convencer de ellas. Pero no se vislumbra claramente.
