Blog I: Poder y sociedad / Propuesta de programa de renovación http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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En su aspecto más elemental, el mundo se presenta a nuestros sentidos como un tiempo y un inmenso espacio parcialmente ocupado por objetos, unos aparentemente estáticos y otros en movimiento. Tanto el espacio como el tiempo podemos medirlos, pero no sabemos qué son, no podemos definirlos. Una forma corriente de definir es situar el objeto en un plano más general y dentro de él acotar las características que le individualizan. Así, situamos al hombre como un animal y definimos lo que le diferencia de los demás animales, como su racionalidad. Pero con el tiempo el espacio no es posible esa operación: ambos contienen el mundo, por así decir, y no son contenidos por nada. Nos sirven para definir otras cosas, ante todo la existencia (decimos que una cosa existe objetivamente cuando podemos situarla en el tiempo y el espacio), pero no son definibles. El hombre, por ejemplo, es un animal racional (otras muchas cosas lo separan de los demás animales) pero su definición debe especificar que existe sobre la superficie terrestre, ha aparecido en un tiempo determinable y previsiblemente desaparecerá en algún momento y forma imposibles de concretar.
El tiempo nos da una especial impresión de misterio. El espacio y sus grandes objetos (montañas, mar, estrellas, etc.) nos parecen permanecer, ser siempre los mismos, confiamos en su realidad; pero el tiempo vuelve evanescente esa realidad que con tanta evidencia se nos presenta. En el espacio podemos y venir mil veces a o desde un lugar, pero en el tiempo no es así, cada movimiento que hagamos es único, pues el tiempo “ni vuelve ni tropieza”, como dijo Quevedo. Llega la noche y la realidad se transforma radicalmente a nuestros sentidos (y a nuestros sentimientos). Del ayer conservamos o creemos conservar una memoria más o menos fiel, nunca demasiado fiel y detallada, podemos investigarlo con ciertas garantías y ampliar nuestro conocimiento de su realidad. Pero los sucesos que conforman el ayer y su mismo marco espacial, han desaparecido, no volveríamos a encontrarlos en su existencia por mucho que quisiéramos: forman un mundo que ya no es (no obstante hay un aspecto del pasado que de alguna manera difícil de pensar, permanece: lo que ha sucedido y como ha sucedido quedan así “para siempre”, es imposible cambiarlo, aunque emocionalmente forcemos nuestra memoria a recordarlo de manera falsa. Pero da igual como lo recordemos, el pasado ya no cambia, y quizá porque ya no cambia entra en una esfera peculiar. En cuanto al futuro, ni siquiera podemos conocerlo ni investigarlo, solo suponer que probablemente se parecerá algo al pasado (Rajoy se pasa el tiempo mirando al futuro, pero no es seguro que vea gran cosa).
Así, la única certeza sólida sería el presente, pero este, a su vez, va disolviéndose continuamente en la no existencia, en la irrealidad. Con una gran dosis de arbitrariedad, podríamos imaginar un espacio estático e incambiado, pero no un tiempo inmóvil o, lo que viene a ser lo mismo, eterno, ya que la eternidad solo puede concebirse como la ausencia de tiempo. Por lo demás tampoco parece posible saber cómo interactúan tiempo y espacio, si la palabra interactuar tiene ahí algún sentido, para presentarnos esa realidad tan evanescente en la que todo llega a ser y deja de ser.
Pero aunque el espacio nos parece más imaginable y en cierto sentido comprensible que el tiempo, tampoco lo es realmente. Un lector de Sonaron gritos y golpes a la puerta comentaba una conversación de la novela sobre el todo y la nada, que serían lo mismo. A esta desconcertante cuestión nos lleva la teoría de la Gran Explosión (Grex, si se acuerdan) o Big Bang. Tendemos a imaginar la nada como un espacio ilimitado sin ningún objeto dentro, pero el espacio y sus objetos forman un todo indivisible, y solo podemos concebir la nada como un punto sin dimensiones espaciales y sin tiempo. Ahora bien, de esa “nada” brotaría el universo, no se sabe por qué. Ello nos lleva a otros problemas derivados: si el universo estaba inicialmente contenido en ese punto, parece que todo lo que compone el cosmos que conocemos, sus sucesos y nuestra misma vida, estaban contenidos en él de algún modo inconcebible, pero forzoso. Ello indicaría que, a pesar de las apariencias, ni el azar ni la libertad serían posibles, y Lutero tendría razón frente a Roma.
No obstante, aunque tendemos a reducir toda explicación compleja a un solo factor último, en este caso la GE o grex, siempre encontramos que los sucesos son resultado de más de un factor. Así, habría que explicar porqué se produjo la GE, qué fue lo que hizo que ese punto adimensional estallara, por decirlo así.
