Crónica Prostituciones
**Desde hace muchos años, el PP ha seguido las políticas del PSOE y separatistas. Por eso lo que más preocupa a todos ellos es el surgimiento de VOX. Y por eso VOX es lo único importante hoy en la política española.
**Perdidos en la palabrería y el chismorreo políticos, hemos llegado a no percibir hechos tan graves como el golpe de estado permanente en que vive el país, la invasión por una colonia extranjera, la satelización política y militar a intereses ajenos, entre ellos los de esa potencia, unas leyes que atentan contra las libertades o la igualdad jurídica, la colonización cultural por el inglés, el fomento del aborto masivo simultáneo con la inmigración masiva… Estas cosas no parecen preocupar a casi nadie.
**De todos los ataques a la democracia, el más grave queda condensado en las leyes chekistas de memoria. Están hechas por una mezcla de partidos corruptos y separatistas, y no solo atacan las libertades, sino también la verdad histórica. Un país que reniega de su historia condena su porvenir.
**Que un Pollo Doctor ligado familiarmente al negocio de la prostitución homosexual defenestre a otro compañero político por ser un putero, hay que reconocer que tiene una extraña gracia. Así es la política hoy en España.
** Lo que temen realmente el Pollo Carvajal y el Pollo Doctor es la extradición a Usa, que podría acabar con Zapatero entre rejas como agente de la narcotiranía de Maduro y ex jefe de gobierno delincuente España. De ahí los manejos de los jueces antiMontesquieu.
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¿Épica y tragedia cristianas?
La épica y la tragedia no encajan bien en el espíritu cristiano. Los griegos encuentran que la vida humana está regida por dioses, pero que es imposible conocer esa voluntad, por lo que la imaginan similar a la humana, sometida a azares, caprichos e impulsos irracionales e imprevisibles. Este es el fondo de la tragedia, en que las acciones humanas tienen efectos imprevisibles. Y el fondo de la épica: el valor de la vida consiste en arrostrar lo que tiene de imprevisible y doloroso, hasta el fin. Así obra Antígona, haciendo del amor el fundamento de su moral. Podría ser una santa cristiana, si no fuera porque Creonte representa otro fundamento moral, y es imposible decidir quién tiene razón. La Ilíada y La Odisea presentan situaciones semejantes: Tersites se revuelve contra los jefes y llama a la tropa, que muy poco gana con la guerra, a volverse atrás. Odiseo lo castiga y humilla, porque siembra la anarquía. ¿Quién está equivocado? Los dos tienen razón a su modo. Surge la posibilidad de terminar la lucha con un combate singular entre Menelao y Alejandro (Paris). Alejandro es un gran arquero pero inferior con la lanza a Menelao, y es vencido, pero lo salva Afrodita. Las figuras de Afrodita, patrona por así decir de Alejandro, y Hera, patrona de Héctor y ambas símbolos sexuales, es muy significativa en otro episodio, y los mismos dioses pelean entre sí. Odiseo da muerte a todos los pretendientes, incluso a los que se han mostrado más comprensivos con él, porque hay algo por encima de la voluntad o la buena intención que pudiera haber tenido…
En la tragedia, bajo los actos que llevan al desastre corre la culpa, la hibris, el exceso que irrita a los dioses y provoca el castigo. Pero el hombre nunca llega a saber bien cuando o cuánto se excede ni cómo reaccionarán los dioses. El cristianismo, en cambio, como el judaísmo, rechaza esas ambigüedades, la voluntad divina ha de estar perfectamente clara, al menos en principio. El martirio, forma más elevada del sufrimiento por esa voluntad, no es propiamente épico ni trágico, ya que en él está implícita la salvación en otro mundo. Antígona, desde luego, no tiene ese consuelo. Tampoco lo tendría claramente siendo judía, ya que en el judaísmo el otro mundo queda difuminado. Se dirá que existe la tragedia y la épica en la cultura europea cristiana, pero si recurrimos a Shakespeare, por ejemplo, su teatro tiene mucho más de pagano que de cristiano, y la épica europea decae y adopta un tono poco convincente. Esa decadencia se percibe también en la Eneida, un poema sumamente artificioso, sin la fuerza y verdad de las obras griegas.
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Tiempo y espacio anulados
Pero hombre, ¿no te das cuenta de la trampa? Como a la velocidad de la luz la masa se vuelve infinita, signifique eso lo que se quiera, los fotones tendrían que adquirir esa masa. Como no es así, la solución es fácil: decimos que los fotones no tienen masa, y todo arreglado. ¿Pero cómo no van a tener masa los fotones? ¿No son corpúsculo y onda? Si son corpúsculos tendrán masa, por poca que sea, y además la luz es desviada por la gravedad. Por algo será, ¿no? Y si no tienen masa, ¿por qué no pueden ir a mucha más velocidad todavía? Que no, hombre que no, no seas crédulo, que te tragas cada una… Aparte de que lo que yo te decía es, a ver si me entiendes, si a la velocidad de la luz se anula el tiempo, se anulará también el espacio, por eso te decía que si te montas en un rayo de luz, hipotéticamente, ya me entiendes, entonces estarás simultáneamente en todo el universo, o, alternativamente, todo el universo se reduciría a un punto. Es que no te enteras, muchacho.
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El tiempo extraño (1).
Encuentro en un estante algo polvoriento la Historia de la Antigua Grecia, de V. V. Struve, una interpretación que por materialista se dice científica. Y he aquí que de pronto me traslada al tiempo, hace 44 años, en que la leí estando en Alicante, después del fracaso de la Operación Cromo.
Al comenzar la transición, la Operación Cromo (OC), que combinó dos secuestros de personalidades, un choque sangriento con la policía e intentos de huelga general, tuvo al gobierno en la cuerda floja durante dos meses. Bromeando, decíamos que los ministros iban a tener que pasar a la clandestinidad. La más asustada era la oposición que llamábamos domesticada, pedigüeña de legalización y amnistía a la, según decían, brutal tiranía franquista, pues temía le achacasen la OC y la dejasen fuera del anunciado juego democrático: por ello clamaban que el PCE (r)-Grapo era un montaje de la policía franquista: ellos, comunistas, socialistas y separatistas, se habían civilizado, se habían vuelto pacíficos, conciliadores y legalistas, nada que ver con aquel “extraño GRAPO”. Lo he tratado en De un tiempo y de un país y no insistiré ahora.
El derrumbe de la OC, en parte por azar y en parte porque se creó el equívoco entre los jefes del Grapo de haber sido delatados unos por los otros, arrastró a gran parte del partido, hasta hacer creer que de este solo quedarían restos dispersos y en fuga. A pesar de todo, Cerdán, el jefe del Grapo, se portó bien y no “cantó” el piso desde el que la comisión política había dirigido la operación, y que era el mío. Se salvó así parte de la dirección y de las organizaciones locales. Acosados por la policía, que intentaba rematar su trabajo, nos reunimos el resto de la comisión para decidir cómo actuar. Una parte debía ocuparse de reorganizar el partido y otra ponerse a salvo para continuar la lucha si la primera caía también. El problema ya había surgido unos años antes, cuando unas caídas en Cádiz, Sevilla y Córdoba se habían propagado a Madrid, poniendo en peligro a todo el partido, que de aquella se llamaba OMLE (Organización de Marxistas-Leninistas Españoles). Entonces Arenas, el secretario general, y Cerdán se trasladaron a París, y para restablecer el aparato del partido en el interior quedamos Delgado de Codes, Sánchez Casas y yo, que fui a Madrid desde Bilbao, donde había trabajado en los astilleros.
Ahora, tras la OC, Arenas, el pequeño Stalin que surge espontáneamente en grupos de este tipo, propuso que nos trasladásemos a Argel, aprovechando los contactos con los servicios secretos argelinos. Yo me opuse en redondo, porque la comunicación desde allí era mucho más difícil que desde París, corríamos el riesgo de aislarnos psicológicamente de la realidad española –a decir verdad, ya lo estábamos sin necesidad de emigrar– y sobre todo me repelía la tutela de espías argelinos, por “progresistas” que fueran. Propuse irnos a Barcelona, una gran ciudad en la que era fácil moverse, en la que la vigilancia policial era mucho menor que en Madrid y que estaba mucho más cerca de la frontera.
Por fin, quedamos en una solución intermedia: nos trasladaríamos a Alicante, ciudad turística prácticamente sin agitación clandestina de ningún grupo y muy escasa presencia policial: allí no nos buscarían. Fui con mi compañera para explorar el terreno. Encontramos pronto un apartamento en la Albufereta, nos lo alquiló un holandés sin más papeles que los billetes del pago. Al poco vinieron Arenas y Brotons, con sus respectivas compañeras, que se buscaron otros pisos, quedando el nuestro como centro de reunión. Yo me ocuparía de la reorganización del partido, Brotons del Grapo en sustitución de Cerdán, y Arenas de jefe superior y propaganda. Algo después llegó Balmón Castells, que había salido de la cárcel por un error administrativo (esta cosas suceden, aunque muy raras).
Yo tenía entonces 29 años, y los otros algunos más, así que éramos jóvenes. Pero lo que me trajo a la mente la historia de Struve no fue tanto la política como el ambiente por así decir encantado en que vivimos cuatro meses, los más extraños y seguramente decisivos de mi vida.
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