Dos batallas decisivas / Todo al revés / La Transición no fue así

Una hora con la historia: (1) 196 – España se libra definitivamente de la guerra | Empresas navales españolas – YouTube : En el otoño de 1942, tanto aliados como alemanes compartieron el interés por la neutralidad española.

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Lepanto y Lisboa, batallas decisivas

Con motivo del 450 aniversario de la batalla de Lepanto han salido algunos libros, leo que uno suelta la tontería típica de que lo que ganó la batalla fue “la técnica: arcabuces y galeras”; otro,  multidisciplinar y multinacional, calificado de “definitivo”. Siento gran desconfianza hacia ese tipo de libros, que normalmente embrollan los asuntos mezclando toda clase de elementos esenciales, secundarios y anecdóticos, según el enfoque de cada cual. Afirma que la batalla no fue decisiva porque el poderío turco quedó en pie, o se dice que la victoria cristiana animaría a España para el intento de la “invencible”. Hay también un prurito por disolver la participación española, que sin duda fue la principal. En Nueva historia de España traté la cuestión, y no veo por el resumen leído que haya nada significativo que añadir. Y en 2017 volví a tratarla en  el blog, relacionándola con la batalla de Lisboa, también decisiva, pero tan olvidada como hace pocos años lo estaba  la de Cartagena de Indias. El artículo era este:

Creo que ud buscará en vano referencias a la batalla de Lisboa en 1589. Sin embargo fue para España una de las batallas decisivas de su historia. Allí culminó la gran expedición inglesa, con parte holandesa, llamada “Contraarmada” o “Invencible inglesa”, que perseguía acabar de destruir la flota española, dañada después de la “invencible”, ocupar las Azores y rebelar a Portugal contra España. A tal efecto Isabel de Inglaterra promovió una armada más numerosa  que la española del año anterior, entre 150 y 200 embarcaciones con 27.000 soldados y marineros. El objetivo estratégico esencial era la secesión portuguesa, por lo que la pronta renuncia a atacar los puertos en que se reparaban los barcos españoles tuvo al respecto poca relevancia.

  El momento culminante de la magna empresa fue el ataque a Lisboa. Allí los ingleses fueron rechazados con tan graves pérdidas, que ya no pudieron pensar en las Azores, clave de las comunicaciones españolas con las Indias. Los españoles tuvieron, entre La Coruña y Lisboa, unas 900 bajas mortales, en gran parte civiles, mientras que los ingleses perdieron entre 13.000 y 15.000 hombres, la mayoría por enfermedad y un porcentaje considerable por combates, en los que perdieron también numerosos barcos. Otros muchos desertaron. Solo les quedaron útiles unos 2.000 hombres y 20 naves. La gran armada española había fracasado el año anterior por las tormentas sin ser derrotada  por lo hombres, pero la contraarmada inglesa fue una derrota en toda regla, ocasionada por sus contrarios.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

   ¿Por qué fue tan decisiva esta batalla? Para entenderlo  basta pensar en lo que habría supuesto el éxito inglés: España no solo habría perdido Portugal, sino que esta, con su  flota y su imperio, se habría convertido en un estado hostil y prácticamente vasallo de Inglaterra. Además, la flota inglesa, ayudada por la holandesa y la portuguesa, se habría enseñoreado del Atlántico, haciendo prácticamente imposible la comunicación entre España y América. Simplemente la potencia española se habría hundido, con repercusiones tremendas en Flandes, Francia y el Mediterráneo. Habría significado el colapso español con la mayor probabilidad.

   ¿Fue esta batalla comparable a la de Lepanto, ocurrida dieciocho años antes? Lepanto fue, más propiamente que Lisboa, un choque naval con enorme número de bajas y destrucción de naves, y su repercusión histórica fue más amplia. De haber perdido la flota cristiana, los turcos se habrían apoderado definitivamente del Mediterráneo, donde eran hegemónicos desde hacía tiempo, e Italia y España habrían corrido un peligro inminente. De modo que  Lisboa salvó a España, pero Lepanto, comparable a Salamina, salvó también a Italia y más indirectamente al resto de Europa (aunque Francia colaboraba con los turcos e Inglaterra y los protestantes los animaban constantemente contra España). A pesar de lo cual, el Imperio otomano consiguió rehacerse parcialmente,  tomar La Goleta y avanzar por tierra hasta Marruecos, mientras que la defección de Venecia hizo imposible a España una explotación más a fondo de la victoria. Ello,  más la incesante piratería berberisca, obligaban a España a mantener una constante y costosa vigilancia en el Mediterráneo; pero la hegemonía naval turca quedó definitivamente rota.

    Una diferencia de interés entre ambas batallas es que el Imperio turco constituía  una verdadera superpotencia de la época, mientras que Inglaterra era un país pobre (suele calcularse que un tercio de la población vivían en la miseria, tras la expropiación de los monasterios y muchas tierras comunales). Pero estratégicamente contaba con grandes ventajas: no tenía que hacer frente a otros enemigos, como España,  que estaba rodeada de ellos y debía mantener la lucha en tres frentes. Por tanto, podía concentrarse en el mar, al tiempo que apoyaba a, y se apoyaba en, todos los enemigos de España, fueran franceses, holandeses, protestantes en general o turcos. Por tanto Inglaterra no era un enemigo desdeñable.

   En fin, ustedes se preguntarán como un suceso histórico de tal transcendencia como la batalla de Lisboa no figura en los libros de historia españoles o solo como una referencia secundaria. Cuando publiqué Nueva historia de España le dediqué alguna atención, aunque menos de la que merece. Para mi sorpresa, hablando con profesores de historia, no conocían el hecho más allá del episodio anecdótico de María Pita o del fracaso inglés en Lisboa, al que no daban la relevancia histórica debida, y que no relacionaban con una empresa de la magnitud de la “Contraarmada”. Ni Fernández Álvarez, ni Ruiz Domènec  ni Domínguez Ortiz la mencionan siquiera en sus historia generales de España. Ni siquiera Ricardo de la Cierva, y lo señalo porque como historiador es muy superior a sus numerosos detractores.

   ¿A qué se debe un hecho tan extraordinario?  He dicho en varias ocasiones que, salvo excepciones, la historiografía española suele ser muy detallista pero con pobre visión de conjunto y escasa agudeza de análisis (recientemente hemos tenido un ejemplo en un libro sobre el fraude en las elecciones del 36, muy detallado en algunos aspectos, pero sin verdadero análisis de sus consecuencias generales, que incluso trata de eludir) . Y por otra parte, así como los ingleses tienden a disimular u olvidar sus fracasos, los más torpes de los españoles (y son muchísimos) gustan más bien regodearse en los fracasos de su país y menospreciar sus éxitos.

    Como se recordará, algo parecido ocurría hasta hace cosa de quince años  con otra batalla decisiva, la de Cartagena de Indias y Blas de Lezo, un héroe comparable a Nelson. Creo que fui uno de los primeros en recordarlo, en Libertad Digital, y hoy día es bastante conocido e incluso se ha dedicado una pequeña estatua en Madrid a Blas de Lezo. Espero que pronto ocurra otro tanto con la tan decisiva batalla de Lisboa, muy mal analizada en su alcance histórico y hoy conocida casi solo por los especialistas.

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Todo se había vuelto al revés

Entre 1967, año de la novela “Cuatro perros verdes”, y 1976 se había producido la crisis cultural que había vuelto las cosas del revés. Los chavales de la novela de Pío Moa conservan el tesoro casi intacto de esa ingenuidad optimista… Pío ha conseguido retratarlos con profundidad y precisión. (F. Bellón) Nunca he leído una novela que combine de tal manera el humor, el amor, el crimen y una angustia filosófica dividida entre cuatro jóvenes muy distintos, que se asoman a la vida en una jornada inesperada (Isadora)  Cuatro aventuras de temáticas bien diferentes donde aparecen temas como el primer amor, el crimen, el recuerdo de la amada muerta o el terrorismo (J. Navascués) Los profesionales seguimos ciertos criterios para valorar una obra literaria: personajes, tema central, arquetipo, lenguaje, estilo… Simplemente recomendar su lectura, la va a disfrutar. (JZ -Alemania)

El próximo sábado, de 11,30 a 14.oo, en la feria del Libro, firmaré en la caseta 221, de Editorial Actas, Cuatro perros verdes, Por qué el Frente Popular perdió la guerra y otros. En la caseta 47 , de “La esfera de los libros” pueden encontrar  ejemplares de Sonaron gritos y golpes a la puerta, anterior a Cuatro perros verdes. Son dos novelas de juventud, una como recuerdos de un tiempo de guerras escritos por alguien ya anciano, y la otra como cuatro estudiantes que se enfrentan a la vida en unas circunstancias radicalmente distintas de las anteriores, pero con las que guardan una evidente relación. La idea de la trilogía consiste en novelar unos tiempos de la historia de España. La tercera novela transcurrirá en la época actual. Las dos anteriores son muy distintas en su concepción, y la tercera lo será aún más.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil Cuatro perros verdes

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 La transición no fue así

Es muy frecuente argumentar contra la ley de memoria histórica invocando un supuesto dulce acuerdo en la transición entre los partidos para reconciliarse  y, sin olvidar  el pasado inmediato,  renunciar a echarse  los muertos unos a otros. Tal historia es del todo falsa, aunque tenga cierta virtud o efecto en la crítica a una ley tan miserable, de tipo tan reveladoramente soviético.

La gran cuestión de entonces fue simple: ¿iba la democracia a partir del franquismo o enlazaría con un Frente Popular sovietizante y disgregador? En la realidad, la transición partió del franquismo por dos vías: la política de las personalidades franquistas, empezando por el rey,  Fernández Miranda o  Suárez;  y  la social de  la nueva sociedad creada en los 40 años de aquel régimen. Y por ello la rechazó un antifranquismo que nunca había sido democrático, unido  finalmente en torno al PCE y el PSOE en una “Platajunta”  tan democrática como cabe suponer atendiendo a sus componentes. Estos suponían que el pueblo español odiaba a un régimen que le había librado de la sovietización y la disgregación, de la guerra mundial y de la miseria republicana: ¡creían que la gente añoraba la “democracia” de las chekas,  los expolios y los incendios!

La transición se planteó como una evolución “de la ley a la ley”, reconociendo implícita pero indudablemente la legitimidad histórica del franquismo. Y así fue aprobada democráticamente  y por mayoría aplastante, en el referéndum de 1976, que casi todo el mundo pretende olvidar.  Pues bien, contra el referéndum se alzó aquella oposición “democrática” nostálgica de una república demente o de un frente popular criminal, y trató de impedirlo mediante una huelga general política, que fracasó por completo, y luego con el boicot, que casi nadie siguió: la transición desde el franquismo, de la ley a la ley fue más votada que la posterior Constitución. 

Tales fracasos demostraron la debilidad de aquel embrión de nuevo frente popular, obligándole a una mayor prudencia. Pero pronto sus partidos  percibieron el punto débil de una derecha que, por falta de nervio histórico y en definitiva democrático, ¡quería olvidar y hacer olvidar su procedencia!  Y bien pronto supieron explotar tal flaqueza, y lo hicieron precisamente arrojándole a la cara los muertos de la guerra, reales e inventados. La demonización del franquismo, obsesiva y calumniosa, prosiguió impunemente año tras año, sin más resistencia que la de unos pocos francotiradores, hasta llegar a la situación actual. Y el “olvido” de la derecha se convirtió en escupitajos sobre las tumbas de sus padres y abuelos desde que Aznar decidió condenarlos oficialmente. Luego, con Zapatero, se conformó un nuevo frente popular de hecho, el de la “memoria a la soviética”.

Y esta es la historia real. La transición se hizo sobre una reconciliación popular alcanzada muchos años atrás, en rigor  ya en los años 40,  tan fructíferos contra toda la leyenda “memoriadora”.  Y quedó bien de  relieve en el referéndum innombrable.  Hubo, en cambio, una falsa reconciliación  de aquellos partidos. Que, como toda falsedad histórica, no podía dar buenos frutos.

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Franquismo contra Franco / Patriotismo inglés en España / El Gran Debate sobre la conquista (I)

El próximo sábado, de 11,30 a 14.oo, en la feria del Libro, firmaré en la caseta 221, de Editorial Actas, Cuatro perros verdes, Por qué el Frente Popular perdió la guerra y otros. En la caseta 47 , de “La esfera de los libros” pueden encontrar  ejemplares de Sonaron gritos y golpes a la puerta, anterior a Cuatro perros verdes. Son dos novelas de juventud, una como recuerdos de un tiempo de guerras escritos por alguien ya anciano, y la otra como cuatro estudiantes que se enfrentan a la vida en unas circunstancias radicalmente distintas de las anteriores, pero con las que guardan una evidente relación. La idea de la trilogía consiste en novelar unos tiempos de la historia de España. La tercera novela transcurrirá en la época actual. Las dos anteriores son muy distintas en su concepción, y la tercera lo será aún más.

Cuatro perros verdes

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Franquismo contra Franco

Franco no era, desde luego un intelectual, pero tenía clara conciencia del alcance histórico de su obra, que quiso simbolizar en el Valle de los Caídos, un logrado monumento de máximo valor artístico, que armoniza la grandiosidad, la solemnidad y una armonía de conjunto única, superior a la de cualquier monumento del siglo XX en cualquier parte del mundo. Por eso, precisamente, desata los odios de la hez de la política española, la misma que en la república y la guerra se dedicó a quemar y saquear obras de arte de todo género, junto con bibliotecas y edificios históricos.

Ante la infame oleada de calumnias alzada en España por quienes se consideran herederos del Frente Popular, es decir, los separatistas, terroristas y totalitarios, muchos han querido salvaguardar la memoria de aquel régimen, pero a menudo lo han hecho de tal modo que trivializan su razón histórica y abren un amplio flanco al ataque contrario. Un argumento muy empleado es el de “los pantanos”, es decir, el argumento económico, que señala una verdad, pero no va al fondo de la cuestión. Otros plantean el franquismo como una marcha sui generis a la democracia liberal, cuando el régimen se desarrolló largo tiempo en pugna con ella, desde que las democracias, los soviéticos y diversas dictaduras decidieron aislar y hambrear a España, para hacerlo caer. Hay quienes expresan una gratitud servil e inmotivada a Usa o Inglaterra. En fin, la guerra se habría librado,  y el régimen justificado como el modo de dar a la “problemática” España la solución “europea”, al modo orteguiano. Cabe preguntarse si para eso habría hecho falta la guerra y el franquismo.

El sentido real de la guerra y el franquismo fue la continuidad histórica de España frente a la disgregación o la sovietización que amenazaban en la república y se hicieron inminentes con el Frente Popular.  Esa continuidad hacía posibles diversas alternativas políticas, pero su pérdida solo podía generar la pérdida de la independencia  y el enfrentamiento civil permanente. El mayor éxito del franquismo, después de haber ganado la guerra, fue haber mantenido a España al margen de la guerra mundial, pues, optara por el bando que optara, la intervención habría redundado en la satelización y sumisión del país a unos o a otros, como ocurrió con el resto de Europa, y la vuelta al caos republicano. Este éxito, que diferenciaba a España de casi todo el resto de Europa, parece que no podía ser perdonado, y de ahí un aislamiento criminal, que también terminó siendo derrotado, otro éxito crucial de Franco. El país se reconstruyó con grandes dificultades impuestas desde el exterior, pero lo hizo con sus propias fuerzas, al revés que los demás países europeos, otro hecho “imperdonable” para estos.

El franquismo fue un intento logrado de romper con las derivas surgidas de la  invasión napoleónicas, y de enlazar con la gran época de España. ¿Fue al final un intento fallido? En gran medida sí. En mi opinión una causa fue la excesiva identificación ideológica entre Dios y el César, hasta que los representantes de Dios, es decir, Roma, decidieron acabar con el equívoco, dejando al régimen sin su principal sostén intelectual e ideológico. ¿Podría haber sido de otro modo? Muy difícilmente. Digamos que ese fue el fallo estructural que terminó privando de futuro al franquismo, a pesar de sus grandes éxitos. Los cuales conviene recordar y valorar, de todos modos, porque fueron únicos desde la invasión napoleónica e incluso desde  antes. Y que conviene analizar, porque seguramente hay algo aprovechable en  ellos.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Crónica Patriotismo inglés en España

**La diputada de VOX  Carla Toscano se exhibe en camiseta con letrero: “Truth is the new hate speech”. Al parecer no sabe expresar la idea en español, o cree que el español no sirve para expresar ideas, o que en España el inglés debe cooficializarse como lengua superior.

**Critican algunos el organismo de defensa del español creado por Ayuso en Madrid, porque en Madrid no hay el menor problema con idiomas regionales. Olvidan que lo hay con el inglés, del que España sufre una auténtica colonización fomentada por sus políticos.

**Dicen algunos que Ayuso es una infiltrada de VOX en el PP. Desde luego, a Casado, Almeida  y compañía no les gusta nada. Ellos están  por el “diálogo” (como llaman al chanchullo) permanente con separatistas, proetarras, etc.

**Dice Ayuso que es mujer y por tanto puede hacer dos cosas a la vez. Pero parece que no podrá  actuar  al mismo tiempo en el cierre de  la convención de su partido y  en Usa, en  gira para “promocionar a Madrid”.  Y ha puesto como modelo a Esperanza Aguirre, la patriota inglesa.

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El Gran Debate sobre la conquista (I) 

En 1547, año de Mühlberg y de la muerte de Cortés, Las Casas publicó sus “Treinta proposiciones muy jurídicas” en las que negaba toda legitimidad a la conquista del nuevo mundo. Muerto Vitoria el año anterior, la pertinacia del fraile, que disponía de buenos agarres en la Corte, hizo que el rey Carlos I convocase un debate sobre la conveniencia o no de proseguir la empresa americana. De ahí la  Controversia de Valladolid, uno de los grandes debates del mundo occidental por su alcance no solo político  sino filosófico sobre la condición humana. Duraría dos años, y sus figuras principales, aunque no únicas, fueron el propio Las Casas y y el sacerdote humanista  Juan Ginés de Sepúlveda. De entrada, Sepúlveda partía con la desventaja de no haber estado nunca en las Indias, lo que le daba menos crédito de principio. Las Casas sí conocía de largo tiempo aquel nuevo mundo, aunque lo que contaba de él salía más bien de su peculiar fantasía.

Los dos eran andaluces y dominicos, sus ideas eran contrarias y también sus personalidades. Las Casas, de origen noble, había sido conquistador y encomendero antes de entrar en religión, como habían hecho otros conquistadores; luego había renunciado a la encomienda para volverse con furia contra los españoles, en supuesta defensa de unos indios imaginarios. Sepúlveda, de familia humilde, había hecho una brillante carrera intelectual y eclesiástica en España e Italia, donde participó en la polémica de Erasmo contra Lutero (De fato et libero arbitrio contra Lutherum), y diferenciándose de Erasmo, defendía la religiosidad ritual, externa y no solo la interior. Tradujo a Aristóteles y alcanzó renombre internacional como teólogo, filósofo e historiador. Carlos I lo nombró su capellán, cronista y preceptor del príncipe heredero, el futuro Felipe II.

Las Casas sostenía que los “estados” indios eran no ya comparables, sino moralmente superiores a los europeos, pues “muchas y aun todas las repúblicas (europeas)  fueron muy más perversas, irracionales (…) y en muchas virtudes muy menos morigeradas y ordenadas. Pero nosotros mismos, en nuestros antecesores, fuimos muy peores así en la irracionalidad y confusa policía como en vicios y costumbres brutales”. ¿Podía castigarse al idólatra? Quizá, pero  ni el rey ni el papa tenían autoridad para ello, ni  tampoco para considerarlos herejes, pues los indios no habían sido antes conocidos, ni súbditos del rey ni sometidos al fuero eclesiástico. Además, no podía irse contra un pueblo, como si todo él fuera delincuente. Por tanto España carecía de títulos para estar allí, salvo con misioneros. La argumentación tenía dos partes: la de principio, que excluía cualquier derecho de España a la conquista y aun a tener presencia en el nuevo mundo, salvo la misional y sin ejercer fuerza alguna; y la comparación moral entre los españoles y los indios, radicalmente favorable a estos.

Sepúlveda replicó citando de la Biblia cómo los judíos habían recibido la Tierra de Promisión, a cuyos pobladores anteriores había castigado Dios por su idolatría y sacrificios humanos; e invocó la frase del Evangelio de Lucas: “Vete por los caminos y obliga a la gente a entrar, de modo que mi casa se llene”: obligar puede incluir la fuerza; San Agustín cree lícito apartar a los paganos de la idolatría, aun coactivamente; San Pablo daba poder a la Iglesia para predicar por encima de los poderes temporales… Argumentaba también con ideas humanistas y con Aristóteles, según el cual las culturas superiores tienen derecho a someter a las inferiores: los indios no eran en principio  mejores o peores que los demás, pero sus culturas bárbaras y contrarias a la ley natural los convertían en esclavos por naturaleza, y la conquista, sin la cual no sería posible cristianizarlos, debía considerarse un acto de amor y muy conveniente para ellos, al abrirles paso a un nivel cultural más elevado. Especificó su concepto de esclavitud: “No digo que a estos bárbaros se les haya de despojar de sus posesiones y bienes, ni reducir a servidumbre, sino que se deben someter al imperio [autoridad] de los cristianos”. La conversión debía hacerse de manera persuasiva, y si esta fallaba podían los españoles ocupar sus tierras, destituir a sus jefes y poner otros. Por todo ello era justa, en principio, la guerra contra ellos.

La argumentación de Las Casas eran en gran medida contradictoria y no muy cristiana, como venía a poner de relieve su contradictor. La superioridad moral de los indios implicaba su escasa necesidad de bautizarse, y hasta cabría pensar que fueran los misioneros quienes se convirtieran a sus religiones, dadas las excelencias de estas. Para convencer a los nativos, el  misionero tendrían que engañarles presentándoles a los españoles de España, a quienes no conocerían aquellos, como justos y benévolos gracias a su religión, cuando Las Casas estaba convencido de que eran unos viciosos criminales.

Sepúlveda solo podía tener  conocimientos parciales y superficiales de las Indias, por lo que argumentaba en un plano más bien abstracto. Pero Las Casas sabía sin duda que el imperio azteca se había formado invadiendo y conquistando territorios y pueblos ajenos, como ocurría con los incas. De hecho, ambos imperios habían comenzado a formarse solo unos dos siglos antes, derrocando a otros anteriores o sometiendo a tribus salvajes. Los incas habían saltado de dominar unos 800.000 kilómetros cuadrados a mediados del siglo XV, hasta ocupar unos dos millones menos de un siglo después, en vísperas de la llegada de Pizarro. El azteca había sido remodelado cien años antes de Cortés por un estadista llamado Tlacaelel, que modificó la religión, destruyó las crónicas anteriores y rehízo una historia de los aztecas o mexicas como pueblo invencible. ¿Por qué habría que reservar  el derecho de conquista en exclusiva a  incas y aztecas, por el hecho de ser nativos, y negarlo a los españoles? Los propios indios que habían sufrido las “guerras floridas” y las matanzas de los imperios inca y azteca, podían no estar muy de acuerdo con las tesis de Las Casas, a juzgar por su apoyo a los españoles y la rapidez y entusiasmo con que acogieron la evangelización. Caso más oscuro es el de la civilización de los mayas de Yucatán y Guatemala, que por razones poco claras había colapsado hacia el siglo IX, cuando los españoles se hallaban en plena Reconquista.

De haberse impuesto las tesis de Las Casas — y no estuvieron lejos de ello–, la historia de América habría sido muy diferente: en principio los imperios y tribus indias, con su dispersión y luchas, y su fragmentación idiomática y cultural, habrían seguido como estaban, pues resulta muy difícil que hubieran renunciado a sus ideas del mundo y costumbres solo por la predicación, suponiendo que permitieran esta. Su evolución técnica y en otros aspectos habría sido también mucho más lenta. Pero cuando otros estados europeos como Inglaterra, Francia u Holanda estuvieran en condiciones de imitar a España, lo que demoraría apenas un siglo, habrían invadido a su vez el territorio, seguramente sin muchas preocupaciones por la situación de los indios y sus derechos. Como  así ocurriría en la realidad: los indígenas prácticamente desaparecieron o fueron reducidos a reservas según avanzaba la invasión inglesa más al norte de la América española, bastante tiempo después. Obviamente, nadie hablaría español en América, entre otras consecuencias, y España habría tenido muchas más dificultades en oponerse a los otomanos, los protestantes y Francia.

El Gran Debate caía en equívocos, pues Sepúlveda defendía la superioridad del cristianismo, que su contrario negaba de raíz, aunque implícitamente. Pero la superioridad cristiana argüida por Sepúlveda se exponía a ser interpretada de modo favorable a las tesis de Las Casas, pues la referencia a la Tierra Prometida a los judíos incluía el exterminio de los pobladores anteriores, según la Biblia, cosa que estaría ocurriendo también en las Indias, según Las Casas. Y el recurso a Aristóteles, un pagano, justificaría la esclavización de los indios. Sepúlveda no pretendía el exterminio ni la esclavización, pero el trato más piadoso que proponía no era muy congruente con aquellas premisas argumentales. Algo similar pasaba con Las Casas:  hablaba de una evangelización que sus propios argumentos hacían por lo menos innecesaria. 

Cabría resumir que tanto Las Casas como Sepúlveda querían la evangelización de los indios, pero partiendo de concepciones opuestas, que de un modo u otro negaban la evangelización o podían utilizarse para negarla.

 

 

 

 

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Pulsiones suicidas / Premios literarios/ ¿Quién delinque? / Agentes de Gibraltar

  Este domingo, 12 , de 7 a 9 de la tarde, en la feria del libro de Madrid, caseta 47 de La esfera de los libros, firmaré Sonaron gritos y golpes a la puerta, La Segunda República española, Los mitos del franquismo y otras obras . En la 221, de Editorial Actas, podrán encontrar Por qué el Frente Popular perdió la guerra y la novela Cuatro perros verdes, y en la caseta 275 de Ediciones encuentro, la trilogía sobre la república y la guerra, La Guerra Civil y los problemas de la democracia, y otras obras mías.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Pulsiones suicidas en el mundo occidental

Parece simbólica la coincidencia casi exacta entre el aniversario del atentado de  las torres gemelas que motivó la invasión de Afganistán, con la victoria final de los talibanes, veinte años después. ¿Simboliza esta derrota histórica la muerte no lejana del que llamamos mundo occidental? ¡Veinte años de esfuerzos, sangre, alardes tecnológicos  y billones de dólares derrochados  en vano  por Usa y sus aliados, también por la satelizada España! Para los yijadistas, una gran  inyección de entusiasmo: Alá está con ellos. Incluso los regímenes islámicos más o menos moderados lo entienden como una victoria propia sobre los “cristianos”. Cuando cayó la URSS, el sistema occidental, tutelado por Usa, debía imponerse forzosamente y a plazo no muy largo en el mundo entero.  Treinta años después Usa y sus aliados han fracasado en Irak, en Libia y en Siria, dejando un rastro sangriento e inútil, y el caso de Afganistán ha sido la puntilla. Entre tanto Rusia ha recobrado cierta fuerza, aunque muy lejos del atractivo mesiánico de la URSS; pero China, sobre todo, ha surgido como una superpotencia que se atreve a retar, aun si por ahora en voz baja, a Usa, y que quiere participar de la victoria talibán. En una generación se han venido abajo los sueños suscitados por la caída del muro de Berlín, y al marxismo le han sucedido el islamismo y China como enemigos quizá incluso  más peligrosos del mundo occidental.

En Afganistán, una inmensa superioridad técnica no ha servido para vencer a unos desharrapados, lo que  vuelve más humillante la derrota.  Y aún más grave, los valores que consideramos occidentales, como la libertad personal y la democracia,  están a su vez en crisis, como revelan las derivas políticas en Usa y la UE. Vemos impulsos suicidas en la mezcla de nihilismo e histeria tan extendida  en estas sociedades.   Como si hubiera un hartazgo de civilización. Lo talibanes, más ampliamente el islam y el híbrido capitalista-comunista de China, reflejan hoy muy bien a los bárbaros que destruyeron a Roma, y cabe  recordar el poema de Kavafis Esperando a los bárbaros. Estos no acababan de llegar   y alguien declara que no existían: ¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?/ Esa gente, al fin y al cabo, era una solución. Pero  están ahí, fuera y dentro del sistema, vistos por muchos como solución a un vacío. No me parece probable que vaya a ocurrir la catástrofe, pero el panorama incita a la reflexión.  Los bárbaros, en definitiva, creen en algo, al parecer intensamente;  en occidente, la gran contienda de las ideologías que fue la II Guerra Mundial ha ido vaciando de creencias a las naciones, sin que se vislumbre una vuelta a la religión cristiana a la que los musulmanes suponen haber infligido una gran derrota;  y esta es otra faceta del problema.

Dejo de lado a la “fracción lunática” que afirma que el atentado de las torres gemelas lo perpetró la CIA, y que lo ocurrido en Afganistán estaba perfectamente calculado por misteriosas “élites” para sus oscuros designios satánicos. Aunque esas chifladuras son también parte de la situación.

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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Premios literarios 

 “Aquilino Duque pertenece a la Generación del 50. Impresiona comprobar, por cierto, la de premios Príncipe de Asturias de las Letras o Premios Cervantes que se han repartido entre los miembros de su Generación: Caballero Bonald, Claudio Rodríguez, Francisco Umbral, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Francisco Nieva, Marsé, Goytisolo, Brines, Valente, Gamoneda… Y cito los que me sé de memoria. ¿Cómo es posible que siendo  Duque más brillante, más divertido, más culto y sabio, mejor escritor y más alto poeta que la mayoría de ellos no haya ganado ninguno? De esto trataba en parte un artículo titulado ¿Es excéntrico Aquilino Duque? (…), de Cesar Romero publicado hace meses en la Tribuna, en que se argumentaba que su «imagen pública es la de un escritor al margen, díscolo (…). Bien mirado, es un escritor excéntrico sólo por estar en la periferia de la intelectualidad española, lejos de quieres administran canonjías y otorgan escrituras de posteridad (…) Con su carácter polemista y su políglota cultura ha escrito espléndidos ensayos, con hondura» (Jaime García Máiquez)

Me pregunto qué diría Baroja de esa pléyade de galardonados con el Asturias y el Cervantes

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¿Quién delinque en las falsas denuncias? 

Una falsa denuncia es delito, pero las leyes liberticidas de la izquierda y el PP lo promueven. Y este es el delito mayor. El “maricón” masoquista que ha hecho una denuncia así, no deja de ser un pobre infeliz. El delito, que debería llevar ante la justicia –lo que quede de ella– ha sido la utilización de la falsa denuncia para crispar a la sociedad y  atacar a VOX, única esperanza para salir de la ciénaga política actual. Esa utilización mafiosa sí es un grave delito de alcance muy superior al puramente personal en otro caso. Obsérvese, aparte de ello, la histeria social creada por estos canallas a lo largo de  varios años. Y el ataque a la libertad de todos: se sienten con derecho a prescribir a los ciudadanos no ya lo que deben pensar, sino lo que deben sentir. El odio nunca puede ser delito. Y precisamente si alguien ha cargado de odio a la sociedad ha sido esa gente. Odio a la iglesia, a los muertos que afirmaron la continuidad histórica de España, a España en general, a  quienes rechazan la degradación de la sexualidad…

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Agentes de Gibraltar

Se puede considerar con seguridad que  ningún agente del MI 6 británico ha perjudicado a España más que Preston, que a base de vender basura ha convencido y  calentado a la izquierda para  elaborar leyes  históoricas que usted mejor que nadie conoce. Ni siquiera agentes de Londres como C. Powell (que recomendaba en cierto tweet veladamente votar a la izquierda, ha tenido tanta influencia en la clase política y universitaria española. Hay gente tan hispanófoba que se hace hispanista, como  son estos casos y el de Helen Graham, y seguramente han servido muy bien a los intereses británicos, es decir, de Gibraltar. Y encima Preston es catalanista, como hispanófobo. Es increíble, pero cierto, pero sin la colaboración de la clase universitaria izquierdista no hubiese tenido tanto éxito. Cuando yo estudiaba historia en 1976,  teníamos tres lecciones: bienio social azañista, frente popular y alzamiento nacional. Parecía algo asado sin posib, como las guerras napoleónicas: error, error, error  El relajamiento en los 80 fue fatal. Fue usted el único que alertaba de este peligro de forma categórica. Finalmente le hago saber  que el ayuntamiento de Las Rozas  se empieza a britanizar. Si abre la página verá una sección llamada “smart city”. Cosas del PP, supongo”. Fredi Fastian

Digamos que en la promoción de Preston no ha trabajado solamente la izquierda, sino el PP en competencia con ella. Recuerden  el fervor del ABC de Ansón por el panfleto de  ese  charlatán contra Franco. Creían así ganar puntos como “demócratas”,   escupiendo sobre las tumbas de sus padres y abuelos. En general, la iniciativa política interna corresponde al PSOE y el PP sigue. Pero en materia de satelización y colonización cultural, suele ser el PP quien toma la iniciativa.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

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En Una hora con la historia tratamos esta semana de la situación interna creada en España en verano-otoño de 1942 por la evolución de la guerra mundial, con peligro de desgarramiento interno del régimen, manifiesto entre otras cosas en el célebre enfrentamiento de Begoña entre falangistas y carlistas: 195 – 1942, España en la encrucijada | Programa 300 x 100 – YouTube

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Baroja y la Edad de Plata / Visión dantesca

Baroja y la Edad de Plata (tertulia)

–¿Por qué ese interés en Baroja, a quien hoy día no lee casi nadie? Yo creo que es verdad lo que decía Pla de sus novelas, que no tienen pies ni cabeza.

–A mí me gustaban cuando era adolescente. Ahora no sé. Pero sigo creyendo que en conjunto es el mejor novelista español del XX, el más original. Hoy me interesan sobre todo sus memorias, creo que nadie las ha escrito con un título tan poético y expresivo. Aunque muchos de sus juicios sean arbitrarios, casi siempre tienen agudeza. Y me interesan los ambientes que describe, tan lejanos de la “Edad de plata” que dice Mainer.

–Al margen de los juicios de Baroja, esa edad fue de plata  si la comparamos con la cultura española desde Calderón de la Barca. Salió una floración de novelistas, poetas, pensadores, pintores, músicos, ensayistas,  varias generaciones seguidas… A lo mejor, si lo quieres comparar con lo que se hacía en Alemania, Francia o Inglaterra, no parece gran cosa, pero con lo que se venía haciendo en España desde, pongamos, mediados del XVII, fue un auténtico renacimiento.  

–Las memorias de Baroja no son valiosas como juicio cultural general, y menos aún como juicio político, este ni siquiera lo intenta. Son valiosas como descripción de los ambientes intelectuales de la época, la intrahistoria como si dijéramos. En alguna ocasión diagnostica: “El pequeño mundo de la literatura española ha sido de una estupidez y una mezquindad rara”. Lo era y lo sigue siendo, ahora más modernizado por la industria.

–Pero tienes que admitir que, con todas esas ruindades y miserias, el fruto ha sido muy apreciable, lo llames de plata o de cualquier otro modo.

–Bueno, ya sabemos que las flores no lucen bien si no tienen debajo bastante estiércol. 

–Sí, es posible. Pero, hablando de pensamiento político, tan importante en una época como aquella, en que todo se ponía en cuestión. Ya he dicho que ni el marxismo, ni el liberalismo ni el catolicismo político ni el fascismo, si queremos llamar así a la Falange,  ninguno de ellos cuenta, entonces o ahora, con pensadores relevantes. Me parece una verdad palmaria. 

–Bueno, podemos verlo así, pero ¿a qué se debe? ¿Es que los españoles somos negados para el pensamiento?

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– Hablo  sobre todo de pensamiento político. No  creo que seamos negados, pero el pensamiento necesita constante confrontación, sea dura o suave, y eso depende de la existencia de una universidad o unas instituciones adecuadas, y exige una tradición. Los principales pensadores y ensayistas liberales, como Ortega, apenas soltaron más que disparates, contribuyeron a destrozar el régimen también liberal de la Restauración y a traer aquella república demente.  Azaña mismo se sentía liberal. No existía esa tradición de confrontación intelectual,  cada uno decía lo que le parecía, y el argumento máximo es “porque lo digo yo”, “porque a mí me gusta”, “porque me interesa”, más burletas y gracietas infantiles. Y eso continúa, acentuado, en el posfranquismo. En el franquismo hubo algunos debates quizá no muy profundos, pero interesantes, entre falangistas y nacionalcatólicos, por ejemplo. Desde la transición, incluso desde antes, no hay nada. 

–Cierto, Baroja cae también en eso. Muchas veces termina un esbozo de argumento con un “eso no me interesaba”.  También llama la atención el aldeanismo de todos ellos. En España y en el resto de Europa se cocían tremendas fuerzas sociales e ideológicas, estaba todo en crisis, y sin embargo nada de eso se refleja o analiza en los autores de esa edad. 

–A eso me refería en parte, precisamente. A ese provincianismo: solo están ocupados en lo que pasa en España, e incluso eso lo abordan con cuatro tópicos y ocurrencias, no se enteran de lo que transcurre ante sus ojos, no prevén las consecuencias de sus propuestas. Ya hablaré de esa diferencia esencial entre las memorias de Baroja, de Cela y  tantos otros, y  las de Koestler, por ejemplo. Creo que es aleccionador. Con los marxistas, fascistas, católicos políticos y demás, ocurre lo mismo.

–Por lo que vienes diciendo, eso tiene muy mal remedio. Según tú, nuestra democracia ha fallado, como en el pasado, y eso augura quizá una nueva guerra civil.   

–Lo de la guerra civil me parece muy improbable, pero sería una frivolidad darla por imposible. Pero en lo que estamos: observad lo vanos que han sido mis esfuerzos por emprender un debate racional sobre la guerra civil y el franquismo. Son temas políticos e históricos de máxima relevancia en España, porque en gran parte estamos en las mismas que en la preguerra.

–Leyendo tu galería de charlatanes, no me extraña. Los pobres tienen que acudir a las faldas del gobierno en busca de protección, con la ley esa de memoria democrática y tal. 

–Pues eso. Os leo una opinión de Eduardo Mendoza sobre Pío Baroja, el cual, obviamente y como tantos,  se sentía mucho más a gusto en la España de Franco que en la anterior. Escribe Mendoza sobre “El reconocimiento  casi doloroso de que en medio del naufragio que supuso la guerra civil, el exilio y la represión, los tibios y los cobardes optaron por la sumisión y el exilio interior, como Baroja o Josep Pla”. Esta frase encierra una falsedad tremenda, pero atención a lo más gracioso, la conclusión de Mendoza: resulta que  esos supuestos  cobardes y tibios “fueron auténticas tablas de salvación, y, en ese sentido, más útiles que quienes optaron o se vieron obligados a adoptar posturas más radicales”. Esta sucesión de ilogismos, expuestos en Revista de libros, una publicación que quiere  condensar el nivel intelectual del país, retrata a la perfección ese nivel, bastante inferior al de tiempos de Baroja. 

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Visión dantesca en tres grandes cantos 

 Luis del Pino: “Sonaron gritos y golpes a la puerta” es, sobre todo, una novela hermosa: resulta imposible no pensar, una vez acabada, en algunos de los personajes que la jalonan, y en el significado y el propósito de sus vidas. Y de las nuestras”. Carlos López Díaz, ensayista:  “Hay que decir que se trata de una grandísima novela, hábilmente escrita, con personajes con los que uno se encariña hasta el extremo de que experimenta cierta sensación inconfundible de leve nostalgia cuando concluye la lectura, y de algún modo tiene que despedirse de ellos”. Luis Segura, escritor:  “Una de las mejores obras de ficción, si no la mejor, de lo que llevamos de siglo XXI español”. Aquilino Duque:  “Al lector familiarizado con Moa no puede sorprenderle el documentado conocimiento de una época; lo que sí le sorprende es su inventiva. Eso le permite enfocar la tragedia española y mundial (…) con una visión dantesca en tres grandes cantos”.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

 El próximo domingo, 12 , de 7 a 9 de la tarde, en la feria del libro de Madrid, caseta 47 de La esfera de los libros, firmaré Sonaron gritos y golpes a la puerta, La Segunda República española, Los mitos del franquismo y otras obras . En la 221, de Editorial Actas, podrán encontrar Por qué el Frente Popular perdió la guerra y la novela Cuatro perros verdes, y en la caseta 275 de Ediciones encuentro, la trilogía sobre la república y la guerra, La Guerra Civil y los problemas de la democracia, y otras obras mías.

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En Una hora con la historia tratamos esta semana de la situación interna creada en España en verano-otoño de 1942 por la evolución de la guerra mundial, con peligro de desgarramiento interno del régimen, manifiesto entre otras cosas en el célebre enfrentamiento de Begoña entre falangistas y carlistas: 195 – 1942, España en la encrucijada | Programa 300 x 100 – YouTube

 

 

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Injerencias y jueces / Baroja opina / El 2º frente popular / ¿Liberales contra España?

 El próximo sábado, 18 por la mañana, en la feria del libro de Madrid, firmaré Por qué el Frente Popular perdió la guerra y Cuatro perros verdes (y otros) en la caseta 221, de Editorial Actas.  El de Sonaron gritos y golpes, y el de La Segunda  república, o Los mitos del franquismo  en la caseta de La esfera de los libros, número 47 (firmaré allí este domingo tarde) En la de Encuentro, 275, podrán encontrar mi trilogía sobre la república y la guerra, o La guerra civil y los problemas de la democracia

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En Una hora con la historia tratamos esta semana de la situación interna creada en España en verano-otoño de 1942 por la evolución de la guerra mundial, con peligro de desgarramiento interno del régimen, manifiesto entre otras cosas en el célebre enfrentamiento de Begoña entre falangistas y carlistas: 195 – 1942, España en la encrucijada | Programa 300 x 100 – YouTube

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Crónica: injerencias rusas y jueces.

**En la farsa generalizada que es la política española, el penúltimo pequeño episodio es la escandalera sobre la “conexión”  entre Rusia y el separatismo catalán. ¡Hasta la propia UE está muy alarmada.  Leemos: “La UE está investigando la injerencia rusa en el separatismo catalán”. Hombre,  ¿y por qué no tendrán derecho los separatistas a chanchullear con los rusos como lo hacen con nuestros “aliados” de la UE desde sus “embajadas”?  Y puestos  eso, si a la UE le preocupa el separatismo catalán, ¿por qué no investiga a los gobiernos PP y PSOE que tanto han ayudado y siguen ayudando a ese separatismo y  a los demás? Por otra parte, los gobiernos PP y PSOE han mandado aviones y blindados a las inmediaciones de la frontera rusa, en una clara provocación. Esa frontera queda muy lejos de España, que no tiene con Rusia ningún conflicto, como sí lo tiene con los “aliados” de la UE y de la OTAN, que mantienen o  aceptan la invasión de nuestro país por Gibraltar y consideran de hecho ciudades marroquíes a Ceuta y Melilla.  Son los gobiernos del PP y del PSOE los mayores promotores de los separatismos, de la colonia de Gibraltar y de las provocaciones a Rusia por cuenta ajena, y se declaran “grandes amigos” de Marruecos. Creo que nunca habían hecho caer tan bajo  a España unos gobiernos por lo demás tan corruptos.

**Parece que algunos jueces están poniendo trabas al gobierno del doctorado portero de discoteca. Ojalá esa resistencia vaya adelante, aunque no hay que fiarse. Recuerden que hace poco avalaron o aceptaron sin rechistar el gravísimo delito de la profanación de la tumba de Franco, o la promoción de una delincuente a ministro de justicia y luego a jefa de los fiscales… Es una larga historia. Recuerden que ya el socialista Alfonso Guerra decidió la muerte (por asfixia progresiva) de Montesquieu, es decir, de la independencia judicial, auténtico golpe contra la democracia al que se sumó el PP y que los jueces aceptaron tal cual. Jiménez Losantos ha expuesto algo de eso, que nadie quiere comentar.  Eran todos “jueces para la democracia”, una democracia  liberticida.  Dicen algunos que no se debe judicializar la política. Cuando los  gobernantes son delincuentes, la judicialización es la última barrera.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Baroja opina sobre otros escritores

Blasco Ibáñez, evidentemente, es un buen novelista; sabe componer, escribe claro; pero para mí es aburrido; es un  conjunto de perfecciones vulgares y mostrencas que a mí me ahoga. Tiene las opiniones de todo el mundo, los gusto de todo el mundo. Yo, a la larga, no lo puedo soportar. Azorían está muy bien, pero es muy poco novelista. No le gusta el misterio ni lo dramático, huye de todo ello, y parece que su ideal es lo estático y ls desilusión de la vida ante una luz clara. Felipe Trigo es lo contrario en malo; quiere encontrar misterios en la peinadora, en el comisionista, en el estudiante, en el café de una ciudad de provincia, y se arma unos conflictos sentimentales y sensuales absurdos. Pérez de Ayala y Gabriel Miró son escritores atildados; pero hay en ellos, para el público corriente, mucho de enjuagarse con el estilo, mucho recrearse en la palabra, cosa que a la mayoría no nos interesa profundamente El gusto por la literatura de Valle-Inclán lo comprendo en cierta clase de público, el de Unamuno lo comprendo menos. El público de Valle-Inclán es el que ha sido entusiasta del modernismo, del decadentismo, de los diabólico. Barbey D´Aurevilly, D´Annuncio, Oscar Wilde, un poco Baudelaire, princesas, marquesas, palacios, salones, títulos, perfumes, estatuas, todo un poco falso.; pero esta admiración ha existido siempre. Ahora,, el público de Unamuno ya no lo comprendo. Sus novelas son pesadas deliberadamente, no tienen interés psicológico, al menos general, ni dramático ni folletinesco. Muchas veces parece que están escritas para molestar al lector, y no solo al lector amanerado y rutinario, sino a todos  Yo no tengo ninguna antipatía personal contra Unamuno; pero cuando intento leer sus libros , pienso que son como una venganza contra algo que no  sé lo que es.

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El fracaso del segundo frente popular

El Frente popular que derribó a la república en las elecciones fraudulentas del 36 e impuso un régimen de terror, se componía de separatistas y sovietizantes (PSOE y PCE) (los auxiliares golpistas como Azaña, y los anarquistas fueron pronto neutralizados)  Cuando comenzó la transición después de Franco, se dio un fenómeno parecido: se formó una llamada –por irrisión– Junta Democrática en torno al Partido comunista de Carrillo, único con cierta existencia real entonces; y poco después una Plataforma también llamada “democrática”, cómo no, en torno al PSOE (este partido, en la práctica inexistente pero que cobró forma enseguida gracias a un diluvio de dineros, alemanes y de otras procedencias, incluso de la derechista UCD). Ambos grupos de “demócratas” pronto entendieron que debían juntar esfuerzos en lo que popularmente se llamó “Platajunta”, embrión de un segundo frente popular. Su objetivo era destruir la herencia del franquismo  y saltar por encima de cuarenta años fructíferos para enlazar con la supuesta legitimidad del primer frente popular.

Durante el año 1976, aprovechando las amplísimas libertades de hecho, no cesaron de agitar con vistas a lo que se llamó la ruptura, y después del verano se sintieron con ánimos para echar un pulso al programa diseñado por Torcuato Fernández Miranda, consistente en lo esencial en organizar la democracia a partir de la legitimidad histórica del franquismo, esto es, “de la ley a la ley”. Intentaron una huelga general que fracasó por completo, y luego un boicot al referéndum de diciembre de aquel año, cosechando un fracaso aún mayor. El legado del franquismo era muy mayoritariamente respetado por la gran mayoría de la población,  que no quería aventuras al respecto. Este segundo frente popular fue así derrotado pacíficamente y en embrión, y la táctica y la estrategia debieron cambiar, pero esa es otra historia. 

Para entender la historia desde la transición es indispensable conocer la del primer Frente Popular, el que llevó a la guerra:

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil 

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¿Liberales contra España? 

Señor Moa, ¿ha leído  usted la reseña entusiasta que hace en Libertad Digital Carmelo Jordá sobre el libro de un liberal chiflado (que los hay, y no pocos, usted les ha dado lo suyo a algunos como César Vidal o Vilches), titulado “Cristóforo”? Vista la reseña, no leeré el libro que está claro que es un ataque directo a España y los Reyes Católicos por  no ser lo bastante comerciantes. “Defensa encendida de la libertad individual y del comercio”, asegura Jordá y  cita del chiflado una mística del dinero: “La naturaleza del comercio opera de una manera tan prodigiosa que nos negamos a creer que sea producto del libre albedrío y nos parece que todo debe estar manejado por el supremo hacedor”. En fin, “Cristóforo” y los judíos representan el bien, la libertad y la riqueza, y los Reyes Católicos y España todo lo contrario. Haciéndose el  comprensivo, el tal Carmelo “explica”: “No se puede juzgar a los españoles de hoy por lo que hicieran nuestros antepasados de hace más de cinco siglos, pero en cualquier caso me parece muy interesante todo aquello que contribuya a que se conozca más una página de nuestra historia que no es para sentirse orgullosos”.  La sandez del comentario clama al cielo. Como usted ha señalado, Colón pudo quizá nacer en Génova, pero era español por elección, por naturalización, igual que Magallanes o Vespucio. ¿Cómo es que elegían ser españoles? Y luego  la historia del bendito, del místico comercio: ¿el comercio de esclavos, que tanta prosperidad dio a Inglaterra, Holanda y Francia, el comercio del opio, que hizo de Inglaterra la gran potencia narcotraficante del siglo XIX…? No comprendo cómo en un órgano tan proespañol como Libertad Digital se cuelan estas porquerías irracionales. Me gustaría que usted lo comentara” Marcos Silens

Coincida uno o no con diversos argumentos y conclusiones, uno solo puede sentir admiración por el ingente escuerzo intelectual y moral de los pensadores liberales ingleses, pero no puede decirse lo mismo de los españoles. Estos nunca pasaron de vulgarizadores y distorsionadores de ideas ajenas, una de ellas esa adoración del comercio como si estuviera al margen de la fruta del árbol del bien y del mal. Usted ha señalado el tráfico de esclavos o el del opio, realizados en nombre de la libertad de comercio, podía haber citado cómo la “nefasta” corona española prohibió a Colón esclavizar a los indios, como era su propósito inicial. Y podía haber citado las grandes hambrunas (millones de muertos en Bengala , un millón en Irlanda), también en nombre de la libertad de comercio. Pero vayamos a la actualidad: tres de las actividades comerciales que más dinero mueven en el mundo son la prostitución, el narcotráfico y el tráfico de armas. Aparte de otros muchos  comercios nefastos, como el negocio del aborto, etc. Como puede verse, hay comercios buenos y malos. Uno de esos liberales “a la española” podría decir decir que para regularlos está la ley, pero las leyes cambian, y la prostitución y el aborto están de hecho fomentados en los países occidentales. Por otra parte, esa clase de liberales solo puede condenar tales comercios traicionando sus propios principios y, puestos a ello, traicionando  los mismísimos designios del  “supremo hacedor”. La estupidez no tiene fronteras ideológicas. 

Y si de algo no podemos sentirnos orgullosos es de la historia del liberalismo español, muchas de cuyas taras provienen precisamente de su seminulidad intelectual. Por desgracia, la Guerra de independencia dejó la sociedad dividida entre unos descerebrados que querían volver al Antiguo régimen, y otros descerebrados, estos liberales, que organizaron del peor modo posible (sobre la leyenda negra) las independencias americanas. En España  ya empezaron a pelearse entre sí en el Trienio famoso, y cuando ganaron la guerra civil se dedicaron a intrigar unos contra otros y al golpismo de los pronunciamientos. Su vacío intelectual llevó a un sexenio convulso y una demente I República. Luego vino el liberalismo más aceptable de la Restauración, pero este encontró su mayor enemigo en otros liberales, que la privaron de sostén ideológico mediante mil lucubraciones en el fondo simplonas, uno de cuyos tópicos era precisamente la leyenda negra, como en ese libro que me ha dicho. Aquellos liberales “rebeldes” desde el funcionariado y “regeneradores” del país tuvieron la mayor influencia en la llegada de una II República casi tan demencial como la primera, y que desembocó en la guerra civil. Como  dijo uno de ellos, Gregorio Marañón, al contemplar el desastre, “no merecemos perdón”.  Baroja decía que no conocían su propio país, y es cierto, pretendían entenderlo a base de cuatro abstracciones simploides. Podríamos añadir cosas como la destrucción del patrimonio histórico-artístico español por la desamortización de Mendizábal, como siempre chapucera aparte de otras cosas. Segunda gran destrucción después de  invasión napoleónica, la tercera fue la del Frente Popular. ¡Claro, no era nada grave destruir los recuerdos y la memoria de una historia de la que  no podíamos “sentirnos orgullosos”! ¿Orgullosos de haber descubierto no solo América sino el planeta, que hicieron entrar a la humanidad en una nueva era,  y tantas otras “nimiedades”? ¿Qué eran al lado de la libertad de comercio?  Todo esto tiene un enorme trasfondo que está por analizar, y si de algo es imposible sentirse orgulloso es de la historia del liberalismo español.

Sí, ha habido en España una corriente liberal fuertemente hispanófoba, que ha causado enormes daños históricos. El liberalismo, en general, ha hecho no obstante  aportaciones irrenunciables, pero en España necesita urgentemente una sana autocrítica. 

 

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