¿Qué cambiará el coronavirus?/ Portugal-España (y V): ¿Dictadura o revolución? / Enfoque de la Guerra de Independencia Previsiones y paradojas

¿Qué cambiará el coronavirus?

Especulan muchos sobre los cambios que traerán consigo las medidas contra la peste actual. Unos creen que provocará un profundo cambio económico, social y político planetario; otros prevén transformaciones de fondo, pero no tanto, y  hay quienes creen que la vida volverá poco a poco a la “normalidad”, es decir, a una situación muy parecida a la actual. Pocos tienen en cuenta la posible radicalización de la gente ante el semiderrumbe económico que afectará a muchos países, entre ellos España, uno de cuyos puntales económicos, el turismo, quedará tremendamente afectado, al menos por un año. Oigo decir que la economía expulsará al Doctor, como expulsó al ZP. Eso no es forzosamente así. Además, la crisis económica  también impulsó a Podemos, la radicalización ultraizquierdista del PSOE y los separatismos, no debe perderse de vista.

Quizá el precedente de la Peste Negra en el siglo XIV nos dé alguna orientación:

 ”Una calamidad tan exterminad0ra hubo de tener efectos ideológicos y económicos profundos. Aún más que cuando la Gran Hambruna europea, creció la desconfianza hacia los poderes seculares y el Papado, incapaz este de explicar la razón de tan terrible castigo; se popularizaron las “danzas macabras” o de la muerte y cundieron movimientos heréticos, místicos y reformistas. Se agilizó la promoción social y surgió una nueva capa nobiliaria. Las oligarquías, por compensar la reducción de sus ingresos, impusieron mayores cargas a los campesinos, ocasionando revueltas. La caída de la mano de obra estimuló la innovación técnica; también la guerra, con el empleo de armas de fuego. Se ha supuesto que los marcos políticos y culturales saltaron, causando una reestructuración social y cultural, preludio del Humanismo (que solo ocurrió en Italia) y hasta del Renacimiento, pero la ruptura no debe exagerarse. Las instituciones, desde la Iglesia a los estados y las relaciones señoriales, aun quebrantadas, resistieron, y Europa permaneció católica.

   Tampoco cesaron las guerras, que se hicieron más amplias y violentas. Así entre las ricas ciudades de la Liga Hanseática y Dinamarca, entre eslavos y la Orden Teutónica, de franceses y otros contra los turcos, que ya habían puesto pie en los Balcanes y Bulgaria, dejando a Constantinopla casi encerrada . La contienda más dura y larga fue la de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, con repercusión sobre España”

(de Nueva historia de España)

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Portugal y España: ¿Dictadura o revolución?

Como detalla José Luís Andrade en sus dos libros citados, el gran dilema político, tanto en España como en Portugal desde el último tercio del siglo XIX se centraba entre una supuesta democracia convulsa y revolucionaria, y una dictadura, originariamente militar. En los dos países los movimientos revolucionarios autodenominados democráticos trajeron un gran desorden, violencias, peleas internas y charlatanería basadas en una idea de que la democracia era el poder del pueblo, y que el pueblo lo constituían o representaban cada una de las facciones enfrentadas.  Quizá nadie acertó a expresarlo mejor que Azaña, indignado con los suyos: “política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín sin ninguna idea alta”. En la I República lo había  expresado más concisamente su primer presidente, Figueras: “Estoy hasta los cojones de todos nosotros”. En Portugal, la república de 1910 vino a ser algo parecido, en particular con el Partido Democrático, la “dictadura de la calle”, las milicias Formiga Branca y la intervención subversiva de carbonarios y masones. El asesinato de Sidonio Pais rompió una posible corrección de las demagogias, que a continuación empeoraron.

Todo lo cual se complicó, después del triunfo bolchevique en Rusia, con movimientos dichos “obreros” aún más radicalizados e inspirados en el marxismo o el anarquismo, ambas doctrinas de la guerra civil por naturaleza. El resultado en Portugal fue el golpe militar de 1926,  en el cual impuso cierto orden financiero Oliveira Salazar, que  seis años después, ya como jefe del gobierno, puso en pie el Estado Novo, que desde luego  garantizó una época de mucha mayor estabilidad, aunque siempre tuvo que enfrentarse al golpismo revolucionario. La evolución en España tuvo bastantes semejanzas: el régimen liberal de la Restauración llegó a un callejón sin salida en 1923, bajo la presión del terrorismo anarquista, de unos separatismos en pleno auge, de las huelgas revolucionarias  y de los desastres en la guerra de Marruecos. La solución fue el golpe militar de Primo de Rivera, acogido  con satisfacción por casi todo el mundo, y que con gran rapidez curó los tres males de la Restauración, verdaderos cánceres: el terrorismo, la guerra de Marruecos y las audacias separatistas, al tiempo que el país vivió los seis años de mayor prosperidad desde la invasión napoleónica. Y todo ello con amplias libertades personales y políticas y hasta con la colaboración del PSOE, que hasta entonces había sido precisamente uno de aquellos cánceres. Los resultados del Estado Novo  no fueron tan brillantes, pero sí más duraderos.

   En la caída de Primo de Rivera tuvieron gran peso la acción del rey, que le había apoyado al principio, y la actitud de unos intelectuales que antes habían querido meter a España en la I Guerra Mundial y que, seducidos por un concepto abstracto de libertad o democracia, despreciaban los grandes logros de la blanda dictadura de Primo de Rivera y se ponían nuevamente en plan revolucionario, ilusionados con una república o concepto de ella tan “humoso” como su europeísmo. 

   En su libro, Ditadura ou revoluçao? A verdadeira história do dilema ibérico nos anos decisivos de 1926-1936 José Luís Andrade va explicando con lujo de detalles esta evolución en los dos países. La II República española resultó un caos que Azaña pretendió extender al vecino país apoyando conspiraciones y violencias contra el salazarismo, con la idea de llegar a una unión política, un episodio poco conocido del gran público. En estas  conspiraciones actuaron como intermediarios el industrial Horacio Echevarrieta y el escritor mejicano Martín Luis Guzmán. El primero,  afecto a Prieto, también colaboró en el alijo de armas del Turquesa en preparación de la guerra civil planeada por el PSOE en 1934. Guzmán, admirador y colaborador de Pancho Villa, exiliado luego, fue el hombre de mano de Azaña en otros asuntos, como el intento de formar un grupo periodístico afecto al jefe republicano español.  

Hay dos diferencias importantes en la evolución de los dos países: en Portugal no cuajaron los racismos que dieron forma a los separatismos españoles, y allí, una vez derrocada la monarquía, esta dejó de ser una cuestión política de importancia. Como dijo el ideólogo del PSOE Araquistáin, “En el siglo XX, cuando una monarquía cae, ya no vuelve”. España sería la excepción, por obra de Franco. El cual, no obstante, tomó buena nota de la experiencia de Primo de rivera y luego de Mussolini: mientras él viviera, ningún rey conspiraría contra él. Fue sin duda uno de sus aciertos políticos.

   Queda también la cuestión de por qué los liberales y demócratas en los dos países han sido tan demagogos, inoperantes y violentos. Probablemente viene ello de un error intelectual de fondo sobre el poder y la democracia,  que sería muy útil analizar.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

El marco y enfoque de la Guerra de Independencia

Desde luego, el nombre de aquella guerra ya indica cierta confusión, porque España no ganó, sino que defendió su muy vieja independencia, y su resultado fue precisamente una pérdida considerable de ella, al quedar el país excesivamente  supeditado a Inglaterra , luego también a Francia, por obra de unas “élites” que demostraron tener muy poco de tales, si por tal concepto entendemos minorías selectas en el poder. Los ingleses intervinieron en aquella contienda, que para ellos es la “guerra peninsular”, atribuyéndose el papel principal, con los propios españoles como auxiliares, a menudo anárquicos y contraproducentes. Esta versión es apoyada hoy no solo por historiadores anglómanos de la escuela de R. Carr, sino que también ha calado en medios militares, donde la anglomanía se ha extendido mucho. 

Creo que para enfocar debidamente aquel conflicto pueden ser útiles los puntos siguientes:

1. En España, al revés que en el resto de Europa, hubo una poderosa reacción popular contra la invasión francesa.
2. La reacción popular se manifestó en un nuevo tipo de guerra, la de guerrillas, que en su tiempo impresionó a todo el continente,  y en el hecho de que el ejército continuara luchando una y otra vez, pese a las derrotas.
3. La lucha de los españoles impidió a los franceses dominar el territorio y coordinarse adecuadamente, lo que a su vez permitió a Wellington mantenerse en Lisboa hasta que las condiciones generales mejorasen
4. La mejora definitiva llegó cuando Napoleón fue derrotado en Rusia. La importancia de esa derrota, no por indirecta dejó de resultar decisiva para España. 
5. Los ingleses fueron unos aliados muy poco fiables: aparte de sus desmanes, al mismo tiempo que ayudaban en España  tramaban todo tipo de maniobras para destruir el Imperio español y reducir a la nación a una posición subordinada.
6. Era natural que Wellington mandase a los portugueses, después de todo Portugal no dejaba de ser un satélite inglés, que debía ser protegido. Solo el notable servilismo de  Cádiz hizo que le otorgaran el mando supremo, lo que satelizó España a Londres, situación que en buena medida persistiría después de la guerra. La “ayuda” inglesa derivó a  la pérdida del imperio y la  continua injerencia inglesa en la política española.
7. De haber limitado al ejército angloportugués a un papel auxiliar en España, sin dar a Wellington el protagonismo máximo, el desenlace habría sido el mismo, sobre todo después de Rusia.
8. Cabría añadir que el doble servilismo de los afrancesados y de los anglómanos decidió para España su siglo de mayor decadencia.

En fin, este es el marco estratégico general que da sentido a aquella guerra. Por supuesto, en su desarrollo, como siempre pasa, ocurrieron mil avatares diversos y contradictorios. Pero si olvidamos la situación de conjunto todo se convierte en un galimatías de hechos confusos y demasiado opinables. Como cuando olvidamos el carácter del Frente Popular al estudiar la guerra civil, como vienen haciendo casi todos los historiadores y he tratado de aclarar en Por qué el Frente popular perdió la guerra.

  Cabe añadir la importancia de la guerra de guerrillas, que hoy se intenta desprestigiar o poner en muy segundo plano. Las guerrillas obligan al ejército enemigo a aumentar constantemente sus tropas y dispersarse en operaciones infructuosas en su mayoría, moviéndose a menudo a ciegas y obligándose a mantener grandes efectivos de guarnición. Esto fue lo que convirtió a España en un “infierno” para los franceses y permitió a los ingleses esperar hasta el momento propicio. La experiencia sea repetido en el siglo XX: es lo que obligó a los useños a salir desastrosamente de Vietnam, dejando de paso Camboya y Laos. Es lo que obligó a los franceses a retirarse catastróficamente de Argelia. Claro que no siempre triunfan las guerrillas. En España el maquis fracasó. En Grecia también, pero obligó a Inglaterra a tirar la toalla, teniendo que intervenir Usa con muchas más fuerzas.

   Puede decirse que el sistema de guerrillas, tan aplicado posteriormente por fuerzas menores contra fuerzas mayores, fue una invención española de la Guerra de Independencia, una contribución al arte militar, y así fue apreciado en toda Europa y teorizado incluso por Gneisenau.  Hoy todos los ejércitos tienen unidades de operaciones especiales, infiltración, etc., que son una imitación o desarrollo particular  de las guerrillas españolas de entonces.

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Previsiones y paradojas

La I guerra mundial se libró fundamentalmente entre potencias liberales y parlamentarias. Y fue característicamente económica. Curiosamente, estaba muy extendida la idea de que una guerra tal sería imposible, porque las economías y la propiedad industrial y financiera estaban muy entrelazadas entre las distintas potencias, de modo que  todos saldrían perjudicados de la contienda. Quienes la preveían eran los marxistas, que en eso acertaron, como en la II Guerra Mundial, aunque esta tuvo un carácter completamente distinto de la Primera. Otra paradoja: la socialdemocracia, que había denunciado las guerras como operaciones de los capitalistas, se unió en todas partes a sus gobiernos burgueses, salvo los bolcheviques. Y otra paradoja más: Lenin llamó a convertir la guerra imperialista en guerra civil. Y gracias a eso pudo hacer su revolución… mediante la ayuda del imperialismo alemán.

   Es así cómo se percibe la debilidad previsora del ser humano y la fragilidad de las buenas intenciones, como venimos tratando en los comentarios a Omar Jayam.  Ello aparte, de vez en cuando surge lo imprevisible, como ahora con el virus.

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Jayam 27 Moral, valor y sentido / Bondades de la Inquisición / Afrodita y Hera en la guerra de Troya

Moral, valor y sentido.

Estos tres conceptos son distintos, pero a cierto nivel resultan sinónimos y forman el núcleo del pensamiento humano, que trata de desentrañarlos. El sentido de la vida, y por tanto su valor,  resulta incomprensible, como indica Jayam. Puede encontrarse un atisbo de sentido en las conductas concretas, que en un plano trivial o utilitario permiten distinguir aceptablemente lo que “tiene sentido” de lo que no lo tiene, de lo que está bien (hecho) de lo que está mal, lo que es “razonable” de lo que no lo es: por ejemplo en el manejo del dinero o en la higiene, o en mil actividades cotidianas.  Podemos inferir  de ahí que entonces el conjunto de la vida humana debe tener también un sentido o valor  inteligible, pero eso es una inferencia sin base: la cuestión del sentido o valor general de la vida se hurta a nuestra razón y pone en duda las  que nos parecen certezas parciales y cotidianas. Por lo demás, basta considerar la vida social, con su  constante y  divergente enjuiciamiento de los actos de unas personas por otras,  para darse cuenta de que tampoco es tanta la seguridad en los juicios o valoraciones más triviales o utilitarios.

La moral trata, precisamente, de introducir un orden en el desconcierto de la vida humana, decidiendo qué comportamientos son aceptables y cuáles no, atribuyendo valor y sentido a unos y descartando otros. La costumbre concreta unas normas al respecto, que tradicionalmente se aceptaban sin mucha crítica. Y se aceptaban porque su origen se atribuía a la divinidad, un ente que decide lo que está bien y lo que está mal por encima de las interpretaciones y deseos particulares.  Pero las ideologías, al descartar la idea de Dios,  hacen del hombre el centro de todo, y por tanto le atribuyen también la invención de la moral. Con lo  entramos en un terrenos pantanoso, porque “el Hombre” no existe, sino una multitud de ellos, cada uno de los cuales con sus ideas, intereses, angustias y destino, en el cual lo único común e igualitario es la muerte. ¿Cómo podría imponerse entonces una moral para todos que no fuera despótica o engañosa en función de unos intereses particulares o de grupo? O bien nadie tendría por qué obedecer a nadie.

Este problema, bien visible en las elaboraciones éticas  de las ideologías, como ya señalamos, aparece  con el protestantismo, aunque está implícito en las discusiones escolásticas: si cada uno está autorizado a interpretar las Escrituras según crea entenderlas, entonces las Escrituras pierden todo valor como fuente de moral. Una conclusión implícita pero que por lo común no se ha explicitado, imponiéndose en la práctica, a veces con sumo despotismo (Calvino, por ejemplo),  diversas interpretaciones en forma de sectas, que impedían un concepto unitario de la moral. La imposición del protestantismo como opuesto al catolicismo resultó además sumamente violenta, a veces también entre las distintas sectas. De ahí surgió la idea de tolerancia, como un medio de  evitar esas persecuciones para reforzar la oposición común al “papismo”. La unidad resulta a menudo no tanto de una comunidad de intereses e ideas como de una común oposición a otras.

El interesante libro de Monod El azar y la necesidad, expone el problema con bastante claridad, aunque de otro modo:  que la moral, los valores, son una invención humana, no estaría comprobado solo por razonamientos ideológicos, sino, de modo inapelable,  por la misma ciencia. Pero “entonces, ¿quién define el crimen? ¿Quién el bien y el mal? Todos los sistemas tradicionales colocan la ética y los valores fuera del alcance del Hombre. Los valores no le pertenecen: ellos se imponen y es él quien les pertenece. Él sabe ahora que ellos son solo suyos y, al ser en fin el dueño, le parece que se disuelven en el vacío indiferente del universo.Es entonces cuando el hombre moderno  (…) calibra el poder de destrucción de la ciencia  no solo de los cuerpos sino de la misma alma”. 

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Bondades de la Inquisición

Al mencionar los logros del siglo de oro español en Nueva historia de España,  usted olvida los elementos negativos, en particular la Inquisición.

No olvido los elementos negativos, digo que comparados con los contrarios dan un balance sencillamente admirable,  asombroso, así que empecemos por recordar las grandes proezas hispanas de la época: España fue el principal defensor de Europa frente a los otomanos y de la Iglesia católica frente a los protestantes, marcando a ambos los límites de su agresivo expansionismo. Barcos españoles descubrieron no solo América, sino el inmenso Pacífico  y muchas de sus islas, y dieron la primera vuelta al mundo. El inmenso esfuerzo de descubrimientos y conquistas creó el primer imperio transoceánico, extendió el catolicismo,   las universidades y el derecho,  y comunicó por mar a todos los continentes habitados, creando nuevas líneas comerciales nunca antes existentes. Fundó las ciudades más hermosas de América, salvó a Italia de los turcos y los franceses, mantuvo a Francia y Bélgica en el catolicismo, creó el derecho internacional, revolucionó el arte de la guerra, desarrolló un gran pensamiento, una gran literatura y un gran arte… Estas cosas las recuerdo en Nueva historia de España, y hay que recordarlas porque no las verá usted en casi ninguna otra historia general. Por el contrario, apenas hablarán más que de las suspensiones de pagos (“bancarrotas”) causadas por tanto esfuerzo, de genocidios imaginarios, afirmarán que la intervención de España en Europa fue arbitraria y contraproducente, hablarán largo y tendido de la Inquisición… Pero aun si la Inquisición hubiera sido negativa, habría sido un asunto menor en comparación con el balance que le he indicado, y que podría ampliarse bastante.

Por consiguiente, usted no cree siquiera que la Inquisición fuera un hecho negativo

Prácticamente todas las críticas que sean hecho a la Inquisición son falsas o desenfocadas. Si España pudo realizar aquel esfuerzo, realmente titánico para un país que no era el más rico y poblado, se debió en gran parte a mantenerse interiormente estable, sin guerras civiles ni grandes disturbios, que en cambio abundaron  en los otros estados europeos. La Inquisición contribuyó sin duda a esa paz interior. Aunque se dirigió sobre todo contra los conversos, considerados un posible factor de problemas internos, aseguró también que los focos protestantes fueran sofocados apenas surgidos, porque propiciaban la guerra, como en otros países. Esto debe destacarse, porque si España no hubiera combatido al protestantismo en el exterior, habría tenido que hacerlo en el interior y sufrido las mismas guerras civiles que Francia o Alemania o Países Bajos. En toda Europa se aplicó la misma política de persecución religiosa, solo que la de los protestantes y anglicanos resultó mucho más sangrienta y brutal que la de España. La Inquisición fue el tribunal, religioso o civil,  más garantista existente entonces en Europa, el que menos empleaba la tortura, y el que causó menos muertes.  Eso está claro, por fin, para todo el que quiera documentarse, como lo expongo en Nueva historia. Pero aquí pasa como con la matanza de Badajoz: es inútil, para los fanáticos, contrastar la leyenda con los datos reales. El otro día Paco Vázquez criticaba la ley de memoria histórica como stalinista, que lo es, pero venía a decir que si unos tienen Paracuellos, los otros tienen Badajoz. Así nunca salimos del atolladero. La Inquisición es el gran argumento de protestantes y de quienes se siguen considerando enemigos de España, también dentro de ella. No pueden renunciar al cuento, pues de otro modo se sienten perdidos.

Todo eso puede ser cierto, pero lo evidente es que la Inquisición paralizó el pensamiento español.

Otra enorme tontería. Nunca se pensó y publicó más y mejor  en España que en aquella época. En cambio de los que sueltan esa tontería no puede decirse que piensen gran cosa…

Uno podría decir que usted recomendaría la Inquisición para la actualidad 

Claro, lo mismo que recomendaría la vuelta a los galeones, los arcabuces, al régimen nobiliario o a la reconquista de América. ¿Qué le parece?  

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Afrodita y Hera en la guerra de Troya

En la guerra de Troya, Afrodita defendía a los troyanos y Hera a los aqueos. Ello tiene una relación profunda con el motivo de la contienda. Afrodita es propiamente la diosa del goce sexual y Hera la del amor conyugal. El conflicto surge porque Helena, casada con Menelao, sucumbe a los encantos físicos de Paris, a quien, demasiado tarde, termina despreciando como un chisgarabís sin valor. Los aqueos, por lo mismo, defenderían los valores de la fidelidad conyugal. Sin embargo la sutileza y realismo de La Ilíada no hace una historia de buenos y malos, sino que todos están sujetos a las mismas tentaciones, las cuales traen consigo todo tipo de consecuencias. El troyano Héctor aparece como el héroe firme, fiel a su esposa y valeroso en la defensa de su pueblo, no obstante lo cual cae presa de pánico ante la furia de Aquiles. A su vez, el jefe aqueo Agamenón pagará su infidelidad (vuelve con Casandra como “querida”) y el sacrificio de su hija, con su asesinato por su mujer y el amante de ella.

   La Ilíada es sin duda una de las obras magnas de la literatura universal, por la finura psicológica con que retrata a sus personajes y sus acciones. Con ella empieza la gran cultura griega. Se ha dicho que es un canto a la guerra, lo cual es inexacto. Es más bien un canto al valor ante la guerra, la cual sucede por obra del destino, puesto que en principio nadie la desea, pero una y otra vez ocurre. Ante el destino, que no pueden eludir,  los hombres deben reaccionar según sus cualidades. La guerra es pintada sin sentimentalismo, con sus horrores y terrores, y,  como exhorta  Sarpedón  a Glauco (más o menos)  “Amigo, si escapando de esta lucha pudiésemos vivir para siempre, no me batiría en primera línea ni te animaría a ello. Pero puesto que los espíritus de la muerte nos rodean siempre y no podemos escapar de ellos, vayamos al combate y ganemos gloria para nosotros o proporcionémosla a otros”.

 

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Parar los pies al Doctor / Democracia (VI) Democracia orgánica (y 2) /

**Es preciso parar los pies al Doctor y su banda de estafadores. O van ellos a la cárcel o convierten el país en una cárcel bolivariana.

**Juan Carlos firmó una ley totalitaria que deslegitimaba la monarquía por venir del franquismo. Ahora Felipe VI tiene la oportunidad de deslegitimar a los deslegitimadores.

**La cultura democrática de nuestros políticos, periodistas e historiadores es tan nula, con excepciones, que creen que el sistema no se altera por la inclusión de leyes totalitarias o el premio político a la ETA por sus asesinatos, destruyendo el estado de derecho.

**Actualmente hay un solo partido que se opone a las leyes liberticidas de la izquierda y los separatistas: VOX. Eso significa que es el único partido democrático.

**Al seguir la política totalitaria de Zapatero, Rajoy inauguró algo nuevo en la historia: la democracia de partido único.

**Cuando Aznar condenó como criminales a quienes habían salvado a España de la disgregación y la tiranía, abrió paso a la demolición de la democracia.

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Democracia orgánica (y 2)

La democracia orgánica, que opone a los “artificiales” partidos los ámbitos “naturales” de la familia, el municipio y el sindicato”, tiene sin embargo serias dificultades. Podríamos decir que lo artificial es precisamente lo propiamente humano, aunque, como al término “cultural” se le ha dado a menudo el significado de arbitrario y cambiante a voluntad.  En esta concepción de la democracia, el poder se divide en dos estratos, uno limitado al nivel sindical y municipal, que a duras penas podrían tratar los intereses generales de la nación,  y otro nivel superior para el conjunto nacional, que en realidad queda autónomo y de casi imposible control para los ciudadanos. Por otra parte no impide conflictos internos a todos los niveles, como observaba el sociólogo Juan Linz. Este tipo de democracia permitiría en principio una mayor eficacia en cuanto a logros prácticos  para la sociedad, evitando las querellas y obstrucciones de partido, pero al mismo tiempo, y por ello mismo,  debería restringir, incluso drásticamente, las libertades políticas, a fin de impedir obstrucciones juzgadas perturbadoras. Por otra parte la oligarquía o élite más especializada en la política sería quien decidiera qué corporaciones tendrían derecho a representación, sobre todo cuando intentase crearse alguna corporación nueva debido a la evolución espontánea de la sociedad.

   La democracia orgánica franquista, pues, aspiraba a armonizar dos fuerzas: la de la masa mayormente ignorante –excepto de sus intereses más particulares (municipales, familiares o sindicales)– pero afectada por el poder y con algo que decir sobre él; y la minoría más experta y con más amplia visión, pero inclinada a la demagogia por la necesidad de ganar los votos de los insipientes, manipulándolos de un modo u otro. El problema es real y nunca resuelto del todo en ningún sistema. Lo observamos asimismo de otro modo: es probable –lo percibimos bien en la actualidad– que la mayoría de los políticos no sepa realmente mucho más que el votante medio, y que sus pretensiones de servir al interés general enmascaren la intención de aprovechar el poder para intereses mucho menos generales. Es una tendencia existente en todo régimen concebible y que no elimina el “organicismo”. 

   Y si los supuestos sapientes de la oligarquía llevan al país a una crisis grave (ayer comentábamos a los sabios intelectuales que querían meter a España en la I Guerra mundial), que recae sobre las espaldas del votante medio, ¿qué puede hacer este? ¿Y cómo puede imponerse su responsabilidad a los oligarcas? La democracia liberal ofrece el medio de cambiar de gobierno en nuevas elecciones, aunque no siempre funcione: en España el gobierno de Zapatero fue cambiado por el de Rajoy… que ha continuado la política del primero (también en economía, después de criticar duramente los recortes y subidas de impuestos emprendida por el gobierno socialista). Pues, al parecer, su sapiencia no le daba para otro camino. El resultado ha sido una profundización de la crisis política, con transformación del régimen y donde los más irresponsables demagogos amenazan gravemente lo que resta de democracia.

   Definiendo la esencia de la democracia como consentimiento popular, es obvio que el franquismo dispuso de un consentimiento muy mayoritario hasta el final, derivado fundamentalmente del fracaso de la democracia republicana; pero es más que dudoso que ese consentimiento brotara del sistema de democracia orgánica, que nunca preocupó y en la que nunca participó  más que a una mínima parte de la población. Probablemente había otras fuentes de tal consentimiento, en particular tres:  el prestigio y adhesión a Franco (la misma oposición le mostraba un respeto supersticioso, dando por sentado que nunca lograría derrocarlo ni cambiar nada esencial mientras viviera); la sensación de que el régimen representaba efectivamente la unidad nacional frente a injerencias externas o presiones balcanizantes; y el hecho real de la reconstrucción  del país en su primera etapa y de extraordinario desarrollo económico en la segunda. Había un elemento más, negativo: el recuerdo de la república y del Frente Popular, disuasorio para la gran mayoría. Porque los mecanismos prácticos de la democracia orgánica, insisto, nunca despertaron interés en la población. Y aquellas tres fuentes del consentimiento definían al régimen precisamente como excepcional en la medida en que alcanzaba sus objetivos.

De todas formas, un estudio a fondo del sistema franquista está por hacer, incluyendo su carácter cuatripartidista, generalmente inconfesado, y la gran libertad personal que permitía. El hecho histórico es que, funcionó lo bastante bien para enfrentarse a muchos más problemas que las democracias liberales posteriores a la II Guerra Mundial y superarlos de forma a menudo brillante. Ello difícilmente puede atribuirse a la “democracia orgánica”, como hemos indicado. Pero seguramente hay muchos aspectos de aquel régimen unilizables para salir de la actual degradación de la democracia 

(En La guerra civil y los problemas de la democracia en España)

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Blog, mayo 2012

Día 14: Rajoy o la miseria. Otro partido (III) / Por qué crece el separatismo: https://www.piomoa.es/?p=291 

17: Gibraltar y la ETA / Tenaza contra España. https://www.piomoa.es/?p=299

20: Cultura (II) Animal racional, moral o religioso? / Excursiones arqueológicas: https://www.piomoa.es/?p=304

24: El Valle de los Caídos, síntesis y símbolo de nuestra historia reciente: https://www.piomoa.es/?p=304 

28: Carta abierta a un mamarracho (I): https://www.piomoa.es/?p=336

 

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Portugal y España (IV) España y la I Guerra mundial / ¿Decadencia de la democracia?

España ante la I Guerra Mundial

Ante la intervención portuguesa en la I Guerra Mundial, un indignado Pessoa escribió: “¿Qué demonios de independencia nacional tiene un desdichado país que es internacionalmente un feudo de Inglaterra y nacionalmente un feudo del antiportugués Afonso Costa (…) un  Portugal donde internacionalmente solo se puede ser inglés; donde nacionalmente solo se puede ser francés?”. Una situación no demasiado disímil de la de España en el siglo XIX y parte del XX.

Por lo que se refiere a España, su gobierno no cayó en el tremendo error de intervenir, pero no faltaron vacilaciones y presiones para que lo hiciera. Cabe recordar un manifiesto de intelectuales que hoy nos sorprende como una exhibición de necedad: “No sería bien que, en esta coyuntura máxima de la historia del mundo, la historia de España se desarticulase del curso de los tiempos, quedando de lado, a modo de roca estéril, insensible a las inquietudes del porvenir y a los dictados de la razón y de la ética. No sería bien que en estos momentos de gravedad profunda (…),  España, por el apocamiento de los políticos responsables, apareciera como una nación sin eco en las entrañas del mundo (…)  Estamos ciertos de cumplir un deber de españoles y de hombres declarando que participamos, con plenitud de corazón y de juicio, en el conflicto que trastorna al mundo. Nos hacemos solidarios de la causa de los aliados, en cuanto representa los ideales de la justicia, coincidiendo con los más hondos e ineludibles intereses políticos de la nación”.

El manifiesto, advertían, “Habrá visto la luz en los principales periódicos ingleses, italianos, suizos y americanos del Norte y del Sur. Gracias a este claro y vivo resplandor, los pueblos todos del mundo advertirán que España conserva aún aceite en su lámpara. Era ya urgente que nuestra Patria se retrajese de la sombra letárgica y asomase su faz familiar sobre las contiendas de los hombres”. ¿Qué había bajo esa orgía de estratosférica grandilocuencia sentimental? El intento de que España mandase a cientos de miles de hombres a servir de carne de cañón a potencias como Inglaterra, que,  por no citar más, humillaba permanentemente a España en Gibraltar; o Francia, cuya amistad y solidaridad con España era proverbial;  por no hablar de la autocracia rusa, cuyo zar bien caro iba a pagar su fidelidad a las anteriores. Esas “pequeñeces” no perturbaban la sublime palabrería de aquellos intelectuales, que alegremente dogmatizaban sobre “los más hondos intereses de la nación”.

 No menos llamativo era la forma como se presentaban: “Levantamos la voz para pronunciar nuestra palabra, con modestia y sobriedad, como españoles y como hombres (…) Sin más representación que nuestras vidas calladas, consagradas a las puras actividades del espíritu, sentimos que, para servir a la Patria y ser ciudadano honrado y de provecho, es fuerza ser hombre honrado y de provecho para todos los pueblos”. Nada menos. Con toda “modestia y sobriedad” incitaban a llevar a la muerte a masas de personas “por los ideales de la justicia, de la razón y de la ética”. ¿Se podía pedir más? Aunque ellos no irían a las trincheras, pues su labor se ceñía, obviamente,  a “las puras actividades del espíritu”.

Y ahora es preciso fijarse en los firmantes,  entre quienes destacaban, entre otros, Ortega y Gasset, Unamuno, Américo Castro, Marañón, Menéndez Pidal,   Gumersindo de Azcárate, Fernando de los Ríos,  Azaña, Luis Araquistaín, “Azorín”, Antonio Machado, Maeztu, Pérez Galdós, Palacio Valdés, Valle-Inclán, o Pérez de Ayala y diversos artistas. Casi diríamos que lo más florido de la intelectualidad española de entonces, la cual,  si algo demostró era, por un lado, su disposición a sacrificar cuantos hombres fuera necesario en pro de “la razón, la justicia y la ética” y por otro su absoluta incapacidad de análisis político e histórico. Muchos de ellos, por esas mismas carencias, contribuirían a traer una república demencial en camino a la guerra civil: unos se arrepentirían, otros no. Estos hechos deben mover a mucha reflexión sobre el pasado y el presente del país, y sobre la pueril vanidad “modesta” de tantos intelectuales. Y sobre la falsa crítica corriente a la democracia donde, dicen, mandarían los más ignorantes.

Puede compararse esa grandilocuencia vacua con las declaraciones de Eduardo Dato, el mejor estadista de la época en España, que cita Andrade:  “El Gobierno mantendrá la más rigurosa neutralidad. Ese es el interés de la nación y el papel que le reserva la eventualidad  de ser, si las oportunidades lo favoreciesen, la mediadora de la paz. Por su neutralidad y por el prestigio mundial de que goza su rey, España puede ser llamada mañana a enarbolar la bandera blanca entre los ejércitos que se combaten”.  Al revés que los intelectuales, Dato ofrecía al rey un análisis realista de la situación: la entrada de España en la guerra exacerbaría las tensiones sociales  hasta posiblemente un punto de ruptura, la nación se arruinaría, se atizaría la guerra civil y quedaría en evidencia la escasez de recursos y fuerzas para mantener toda la campaña:  “Si ya Marruecos supone un gran esfuerzo y no consigue llegar al corazón del pueblo, ¿cómo podríamos emprender otra campaña de mayores riesgos y de gastos iniciales fabulosos?”. Se habló de que España no habría participado “por impotencia”, pero otros países muchos más “impotentes” sí participaron.

Este era un análisis muy lógico, “racional, justo y ético”, yendo a la realidad. Pero había, como insinué más arriba, razones históricas más generales y de más peso para afirmar la neutralidad, como las habría en la II Guerra Mundial. Y que cabría resumir así: en aquellas guerras no se perdía nada al país, y el bando aliado se componía, salvo la lejana Rusia, de enemigos tradicionales de España, a quienes esta debía gran parte de su decadencia e insignificancia internacional, que los intelectuales del manifiesto pensaban superar… sirviendo a tales “aliados y amigos”. España nunca estuvo “tibetanizada” como decía Ortega, pero siempre fue diferente, a veces para mal, a veces para bien, como en aquella ocasión.

Hubo, pese a todo, un momento en que Romanones estuvo muy cerca de involucrar a España mediante un hecho consumado, aprovechando las vacaciones parlamentarias. Y en la huelga revolucionaria izquierdista de 1917 muchos sospecharon el intento de hacer lo mismo.

Alfonso XIII hizo caso a Dato, afortunadamente. A quien abandonaría sin embargo en 1917, después de que este desarbolase todas las peligrosísimas maniobras revolucionarias del momento. Uno de los graves errores que terminarían costándole el trono.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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¿Decadencia de la democracia?

Algunos se preguntan: ¿cómo es posible que España haya llegado a ser gobernada por una banda de estafadores? Y se responden: “por la democracia”. Parece como si en siglos pasados los países no cayesen con cierta frecuencia bajo reyes u oligarquías brutales y estafadoras. Por otra parte, unos gobiernos que introducen leyes totalitarias son, por definición, antidemócratas. Excepto VOX, único partido que se opone a tales leyes, ninguno de los demás es democrático.

   El modo como la democracia ha ido degenerando a la situación actual lo he analizado muchas veces y no lo haré ahora. Baste decir que su origen está en la identificación de democracia con antifranquismo. El antifranquismo siempre fue el peor y más peligroso  enemigo de la democracia, desde la guerra civil. Por lo demás, cualquier régimen puede degenerar, eso ya lo vieron los griegos, que además supusieron que ocurría cíclicamente. Sin embargo no tiene por qué ser una fatalidad cíclica.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

 

 

 

 

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Jayam 26: El problema del bien y el mal / Sonambulismo / “Prettyboy” y un gobierno de progreso

Omar Jayam (26) El problema del bien y el mal

Consideremos el bien y el mal en los animales: para la oveja el bien es librarse de las fauces del lobo, y para el lobo devorar a la oveja; y a la inversa con el mal. Sin embargo no existe ahí moral alguna, pues cada uno busca inocentemente su propio bien,  y su proyección sobre el futuro se limita a las ocasiones que se les presentan.  No obstante, por encima de los avatares de uno y otra  existe una norma, justicia o legalidad que podemos equiparar a una moral, que les permite sobrevivir imponiendo  un equilibrio: si el lobo devorase a todas las ovejas se quedaría sin alimento y moriría, y lo mismo pasaría con las ovejas si, libres de cualquier traba, se reprodujesen hasta comer toda la hierba disponible. No es que el lobo se proponga matar solo un número de ovejas o las ovejas abstenerse de proliferar demasiado: eso les viene impuesto diríamos por una legalidad exterior (el equilibrio ecológico en términos corrientes) que procura un bien general por encima de los impulsos y  dificultades (males) de unos y otros para alimentarse o reproducirse sin freno.

En el plano humano las cosas cambian notablemente, y el relato de la Biblia lo expresa de modo inmejorable:  al comer la fruta del bien y el mal, el hombre pierde la inocencia animal e introduce en sí mismo tanto el bien como el mal, es decir, se convierte en un ser moral. Además, la consciencia de la muerte como única certeza absoluta, aunque no pueda saber el cómo y el cuándo de ella,  le proporciona una visión general, por ilusoria que sea, sobre el conjunto de su  vida, que le impone algún tipo de proyecto vital. El bien y el mal le acompañarán ya en adelante en todas sus acciones, él será al mismo tiempo el lobo y la oveja. La serpiente tentó a Eva y Adán con la idea de hacerse como dioses, es decir, capaces de entender el destino, por tanto el bien y el mal. Pueden percibir los dos aspectos y sentirlos interiormente,  a menudo de forma desgarradora, pero no lograrán jamás entenderlos. La serpiente, símbolo a su vez  del mal, se ha burlado de ellos.

¿Sería lo más sabio, entonces,  desentenderse del asunto y resignarse a la vida según se presente, sin pretender ningún juicio moral sobre ella? Esa es la receta de Jayam, que él mismo traiciona, pues está claramente obsesionado con el problema. La vuelta atrás a la inocencia animal se ha perdido irremediablemente. Y nadie puede dejar de preocuparse por el bien y el mal, porque ese dilema acucia el sentimiento, la acción y el pensamiento humanos, desde el nivel más inmediato y prosaico  de tomar cualquier decisión vulgar  hasta la especulación filosófica que de un modo u otro gira  sobre ese “pecado original”. El hombre busca su bien en cada caso, aunque se ve burlado muy a menudo, y busca la felicidad como una plenitud duradera del bien, que siempre se revela imposible, pues el mal se presenta como un complemento, al modo de derecha e izquierda. Como decía Tolstoi, el hombre necesita decisiones positivas, afirmaciones precisas que guíen su acción, y sin embargo se ve arrojado “al océano eternamente cambiante e infinito del bien y el mal”.  Creo que es una buena descripción de la condición humana.

  El ser humano siente en sí mismo la presencia de la contradicción, y trata de zafarse de ella con el sentimiento y la razón, pero es en vano.  Ello no significa que sea totalmente impotente o incapaz de tomar “decisiones positivas”, aunque estas puedan ser malas o buenas, cosa que a menudo solo sabrá por las consecuencias posteriores. Prometeo y Epimeteo son la misma cosa: se puede prever, pero no demasiado. El bien y el mal se transforman inesperadamente el uno en el otro,  en un “océano cambiante”. Ello puede llevar a la desesperación, pero el esfuerzo por encontrar o hacer orden en el caos no deja de tener su recompensa parcial. Desde el principio de la humanidad, la costumbre establecida de modo impersonal en las sociedades, proporciona unas seguridades de conducta  que ahorran a cada individuo gran parte del tormento de  la búsqueda de orientación en la vida.  Moral significa costumbre, y la costumbre resulta de largos tiempos de experiencias sociales y particulares, y de especulaciones de algunos individuos que los demás aceptan. Con todo, las seguridades de la costumbre  son  incompletas y cambiantes a su vez. De ahí que la moral implícita parezca requerir como explicación la presencia de una fuerza exterior y superior, la divinidad, presente con unas u otras formas en todas las sociedades

El punto clave a considerar es este: ¿está el hombre sometido, al igual que el lobo y la oveja, a una legalidad o moral superior y no arbitraria, sin la cual no podría existir la vida pero que escapa a  su consciencia? La incapacidad de la consciencia y de la conciencia para entender esa legalidad, lo puede llevar, sobre todo si la vida se le vuelve adversa, a la idea del sinsentido, del “ruido y la furia”, convicción realmente suicida, por lo que muy pocas personas llegan a ser consecuentes con ella, aunque en un momento u otro a muchos les parezca así. Salvo esa interpretación, se plantea la cuestión:  ¿crea o inventa el hombre  su moral, o bien ella le viene impuesta de igual modo que al lobo y la oveja? La variedad de normas morales inclina a creer que se trata de invenciones adoptadas convencionalmente aquí y allá, pero la misma existencia de ellas, con todas sus variedades, indica otra cosa. Parece claro que la moral le viene impuesta de igual modo que su propia existencia y su propio cuerpo, aunque esa imposición le permita cierta autonomía, en gran medida atormentada. 

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Sonambulismo

 He comprado por Amazon sus memorias de “Adiós a un tiempo” y pienso hacerlo con su novela de Rusia. Alguna vez le he leído que usted no estaba satisfecho ni insatisfecho con su vida, sino solo desconcertado.  Entiendo que eso tiene  que ver con las discusiones últimas sobre el sonambulismo. Entiendo también que por sonambulismo no entiende usted lo que su nombre indica, un actuar dormido, sino más bien que en su acción y conducta el ser humano está solo a medias despierto. 

Eso es. Me desconcierta porque no consigo ver a qué atenerme, salvo lo más trivial. Cuando empecé la serie de “recuerdos sueltos” en Libertad digital, lo hice más bien como una distracción, por alejarme un poco de la pesadez del comentario político. Luego, según avanzaba me iban interesando más. Porque hablaban de un mundo ya muy distinto del actual. Hoy, los jóvenes y maduros, incluso muchos viejos, han perdido la memoria hasta de lo que han vivido. A través de los medios y los móviles están tan bombardeados con una masa tal de informaciones, embustes, diversiones, pornografía, chismorreos de famosos, etc., que pierden el sentido hasta de su propio pasado, del que tienen, si acaso, una idea distorsionada por la propaganda política.  Obviamente esos recuerdos sueltos no son unas memorias propiamente hablando, son pinceladas o imágenes personales nada sistemáticas pero que pueden hacer saltar algún chispazo de memoria, como cuando uno escucha una canción vieja que tenía olvidada y le trae de pronto, casi violentamente,  sensaciones antiguas. 

Eso es muy cierto. Esos recuerdos suyos son muy subjetivos y los veo demasiado variados sin un claro hilo conductor. Desde los terrores y gamberradas infantiles hasta su forma de llegar al comunismo… Lo he encontrado demasiado disparejo. Sus poesías me parecieron interesantes, pero como poeta no es usted lo mismo que como historiador.

Supongo que son verdad las dos cosas. Pero dígame, ¿hay en la vida una lógica, un hilo conductor? Si digo que me desconcierta es porque no lo encuentro. A los cincuenta años empecé mi carrera, digámoslo así, como historiador. A esa edad casi todo el mundo da su vida por concluida en cuanto a que no piensa hacer nada distinto o salirse del cauce de su actividad anterior, con vistas a la jubilación. Para mí fue completamente nuevo y tuve una suerte que no esperaba.  Nunca había pensado en ser historiador ni novelista, nunca se me había pasado por la imaginación. Antes me pasé muchos años sin saber bien qué hacer, no diré que en la pobreza pero sí casi. ¿Era yo el mismo de cuando me había dejado seducir por el comunismo? Esa fue otra gran ruptura personal…  He vivido más o menos tiempo con distintas mujeres y salvo la última lo veo como fracasos vitales a pesar de mi buena suerte, pues todas se portaron mucho mejor que yo. Y en suma, ¿en qué medida todo eso me define, es decir, responde a mi voluntad o a mis proyectos o a mis actos? Yo diría que en una medida escasa. Creo además que lo mismo ocurre con la mayoría, en unos más que en otros, aunque  la carrera de la vida de tanta gente parece predeterminada por  los proyectos  profesionales y sentimentales concebidos en la adolescencia o la juventud. Pero ni aun en los más predeterminados ha dejado de ofrecerles la vida sobresaltos y rupturas.  Adiós a un tiempo quiere decir también eso: un tiempo personal que se ha esfumado, y en el que se refleja también, parcialmente, claro, un tiempo social. 

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Pío Moa]

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Un gobierno al servicio de ciudadanas y ciudadanos

Me ha hecho usted dos preguntas y como portavoza del gobierno voy a contestar a esas dos preguntas acerca del deplorable suceso del Prettyboy, porque me parecen dos preguntas importantes y todas las ciudadanas y ciudadanos  tienen derecho a conocer lo que piensa el gobierno, un gobierno irrenunciablemente  de progreso, muy consciente de su deber de  explicar la situación a las ciudadanas y ciudadanos, y ustedes, las periodistas y periodistas son el medio, y aprovecho para felicitarles por su excelente labor, tan necesaria en una democracia avanzada  como la que nos hemos dado las ciudadanas y ciudadanos de este país, quiero decir su labor tan  inestimable para el público en general,  que siempre espera de todos y todas nosotras y nosotros  la mayor eficacia en las respectivas labores.  Así que paso a contestar a esas dos preguntas. Ante todo quiero decirles que el gobierno siente, como toda la ciudadanía, la mayor preocupación por el horroroso asesinato del juez, un juez progresista con muchos años de servicios a la causa de la libertad, el europeísmo  y el progreso, un juez bien conocido por su honradez y buen humor,  un juez intelectual,  que, como recordarán, estuvo en el gobierno anterior de nuestro partido, donde realizó una gran labor que agradecemos, para volver luego a la judicatura con todos los honores y prestigios. Y lo primero que ha hecho el gobierno, naturalmente  ha sido informar del horrible suceso a su marido y a sus familiares más próximos, con el mayor sentimiento y descartando los bulos que hacen correr personas irresponsables y malintencionadas de extrema derecha. Un gobierno de progreso sabe bien hasta qué punto es indispensable la información veraz a la ciudadanía. Les puedo asegurar que el gobierno está muy encima de este terrible crimen y que espera localizar pronto al asesino o asesinos, la policía está volcada en su trabajo, tenemos una de las policías mejores del mundo y quiero aprovechar sus preguntas para felicitar igualmente a nuestras y nuestros  honradas y valerosos policías, auténticos héroes y heroínas que defienden nuestra seguridad aun a riesgo de sus vidas. Hemos involucrado asimismo a los servicios de inteligencia, por si detrás del crimen del Prettyboy  se encontraran oscuras manos exteriores o terroristas. La jefa de los servicios de inteligencia nos  ha confirmado que existen elementos muy sospechosos en esa dirección, incluso, aunque no quiero precipitarme y afirmar nada concreto, aunque todo se sabrá en su momento, se piensa en un cura retrógrado y homófobo que últimamente estaba hablando mucho de pederastia, y ya saben ustedes a qué me refiero, precisamente un cura criticando esas cosas…, que está en su derecho, por supuesto, pero de progresista no tiene nada, perdonen que lo diga así de claro. Quiero felicitar a las agentes y a los agentes de inteligencia y de servicios especiales, que siempre se han destacado por su abnegación, así como a ustedes, los periodistas, por su labor informativa  tan esencial para el buen funcionamiento de una sociedad de ideas avanzadas. Afortunadamente tenemos un presidente que además de doctor es hombre sereno, feminista y siempre lleno de ideas ante sucesos como el que desgraciadamente estamos viviendo, cuyo drama intrínseco podría volverse más lamentable por las posibilidades de turbia explotación política por la extrema derecha. El presidente y todo el gobierno somos muy conscientes de ese grave peligro, y puedo adelantarles que afrontaremos con la máxima decisión, y castigaremos con arreglo a la ley cualquier expresión  de homofobia o de odio, porque nuestra opción es de progreso, lo repito porque hay quienes nos calumnian infundadamente,  y no claudicaremos ante ninguna presión ni campaña manipuladora. Sus preguntas, ya le digo, me alegro mucho de que me las haya hecho… ¿En qué consistían?  Pero creo que más o menos las he contestado. A ver, otra pregunta…    

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Blog abril-mayo 2012

Día 25: Europeísmo e internacionalismo en la crisis española / El caso Repsol YPF según Roberto Centeno: https://www.piomoa.es/?p=237

 26: Rajoy parece imitar a Zapatero / Alcance histórico de la guerra civil: https://www.piomoa.es/?p=249 

Mayo, día 2: ¿Quiénes son las víctimas? / Significación histórica del franquismo: https://www.piomoa.es/?p=259 

5: Enfermedad de nuestra democracia / Hace falta otro partido (I): https://www.piomoa.es/?p=286 

10: Otro partido II) / Sobre la cultura:  https://www.piomoa.es/?p=286 

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