Entre la Divinidad y la Necesidad
Creo que los tres ejemplos de Jayam, Russell y el cristianismo son suficientes para orientarnos sobre el fondo de la cuestión: la reacción frente al destino humano. Este se presenta como un sentimiento radical que incluso en personas muy toscas aflora en circunstancias especiales, y que exige una solución para no volverse autodestructivo. Como la razón no puede proporcionar esa solución, la misma se busca con la imaginación. Esta procede por analogías: así como, una vez “embarcados” en la vida por una fuerza superior, obramos con sentido para sobrevivir mientras dura el “embarque”, así ha de haber obrado con sentido la fuerza o voluntad que nos ha traído a la vida sin pedirnos permiso. Omar Jayam lo expresa en varios de sus versos, como en estos dos: Quien me trajo a este mundo sabe sin duda / donde me arrojará después / Nada ni nadie puede cambiar su decisión / Bebe, amigo, ¿por qué he de esforzarme en cambiar lo irreversible?; o bien El dedo del destino solo / escribió una palabra antes de irse /Ni la inteligencia ni el amor ni la compasión harán que se retracte / No hay lágrimas bastantes para poder borrarla.
A esa fuerza o voluntad que nos crea y nos mata, como a su vez ha creado y presumiblemente aniquilará la vida y el cosmos, la ha llamado “la Necesidad” una gran corriente filosófica: una fuerza que exigiría sumisión como único modo de lograr el equilibrio psíquico, la felicidad o al menos imperturbabilidad ante los avatares e incertidumbres de la vida. Una fuerza que no se deja persuadir ni conmover, ante la que se rebelaba Dostoievski, citado por Lev Shestof (Atenas y Jerusalén) que tratamos en el blog hace cosa de año y medio. La Necesidad es indiferente a nuestros yoes y deseos.
Rebelarse contra esa voluntad absolutamente superior a nosotros y cuyos designios sobrepasan a nuestra razón, solo conduce a la locura. Por tanto la sumisión, o si se prefiere aceptación, ante una fuerza que nos sobrepasa radicalmente, es condición absoluta para mantener el equilibrio y afrontar la vida. El problema está en considerar indiferente, benévola o malévola hacia el ser humano esa fuerza o voluntad. Considerarla indiferente, como hacen Jayam o Russell, aunque de maneras muy distintas, anula el sentido de la vida, por tanto la moral (el estoicismo pretendía sujetar la conducta a las leyes del cosmos, que ciertamente no conocía), y beber para olvidarlo resulta una solución insegura. Considerarla benévola es la propuesta del judaísmo y del cristianismo: Dios es accesible a los ruegos humanos y da sentido a la vida en forma del bien y el mal; el bien sería la intención divina, el mal lo harían los propios hombres a sí mismos, por locura al desobedecer sus mandatos (así viene a decirlo La Odisea). Pero por lo mismo cabría considerar un dios malvado hacia el género humano, a la vista del mal que percibimos en nuestra vida y en el mundo, y que cuesta demasiado relacionar con virtudes o vicios, méritos o deméritos. Y de la imposibilidad de discernir claramente aquellos mandatos divinos.
La reacción imaginativa más natural de la psique para calmar la angustia ante el destino, es el mito, presente en todas las culturas y generadora de ellas. El mito implica la fe en la bondad esencial de la divinidad. La visión de Jayam o de Russell aboca inevitablemente al absurdo o la desesperación. Sin embargo este no es un criterio firme que nos acerque a la verdad. Si la vida se parece al sueño, o está hecho de su materia, quizá la verdad de ella sea una pesadilla, como siempre sospecharon muchos.
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El incidente de Unamuno y Millán Astray:
Clarificador artículo de Arnaud Imatz sobre la película de Amenábar Mientras dure la guerra. https://latribunadelpaisvasco.com/art/12624/la-ficcion-propagandistica-del-cineasta-amenabar
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UNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias vacilan. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k
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Humor y caricatura
–Estamos dando muchas vueltas y no aclaramos cuál sería el criterio para definir la calidad literaria. A lo mejor ni vale la pena plantearse el asunto.
–¿Por qué no? Tú dices que los comentarios a El erótico crimen solo pueden venir de dos cretinos. ¿Por qué? Ellos tendrán su criterio. Es todo tan subjetivo…
–A mí el que me gusta es Jesús Maestro con sus análisis científicos.
–Lo dirás en broma
–¡Y yo qué sé! Él debe de tener un criterio, aunque nunca consigo captarlo claramente.
–Su criterio es que El Quijote es la cima máxima de la literatura universal, y que la literatura española en general supera con mucho a cualquiera otra existente. Lo afirma con mucha seguridad, pero no lo demuestra, claro, eso es imposible.
–Según él, la literatura francesa es una mierda, exceptuando Gargantúa y Pantagruel. Un criterio científico, ¿por qué no?
–Dejemos la cosa. Tú has escrito dos novelas muy distintas y piensas sacar pronto otra, según dices. Así que tú debes tener algún criterio, sea el que sea.
–Ya lo he dicho: un texto literario es grande en la medida en que se aproxima al mito. Para mí, el elogio mayor a Sonaron gritos me lo escribió algún lector en el blog no recuerdo ahora cuándo: que la novela parecía un mito griego, como de la casa de Atreo, por los crímenes familiares o algo por el estilo. Se refería al doble parricidio y a las consecuencias trágicas de dos enamoramientos, celos y tal. Pero ¿cuándo podemos juzgar que una novela se parece a un mito? Eso es más complicado.
–Para mí, lo primero que tiene que ser una novela es entretenida. Yo esas novelas de tesis, con una historia preconcebida para sostener una idea social o religiosa o política, no las soporto. Para ser entretenida debe dejarse de esas historias. Debe dejarse de mitos y centrarse en la vida real, ser creíbles los personajes, que podamos reconocernos en la acción. Eso no es necesariamente trivial.
–Bien, vale, una literatura demasiado cerebral resulta bastante jodida…
–¿No te parecen reales los personajes de Sonaron gritos?

–Me parecen excesivos. Meterse en tres guerras una detrás de otra me parece irreal o una afición de locos. Creo que con la primera parte habría sido suficiente.
–Hubo algunos, pocos pero no demasiado raros, que lucharon en la guerra civil, en Rusia y contra el maquis. Una cosa es que los personajes sean creíbles y otra que sean corrientes. Don Quijote no es un personaje corriente, pero es muy creíble, nos habla de nosotros mismos.
–Puede ser, pero la crítica a los personajes del Erótico crimen sí es correcta, no cuadran como creíbles ni como corrientes.
–Esa novela es de humor, y el humor funciona casi siempre con caricaturas. ¿Y cómo que no son corrientes? Yo los he visto como los personajes políticos y progres que ahora ves por todas partes.
–La caricatura vale en el humor, es como los dibujos caricaturescos, que a través de cuatro rasgos dibujan un personaje reconocible. Si no se le reconoce, no es buena, ¿no es eso? Yo creo que se reconoce bien. Lo de todo un presidente de Ateneo teniendo que actuar de prostituta china por la falta de subvenciones para el proyecto, es algo que no he visto en ninguna novela de humor. Ahí Luis se ha lucido. ¡Y, coño, si allí está toda la ideología que nos están metiendo a espuertas! ¿Cómo puedes decir que no es creíble?
–No lo es. Es una exageración excesiva, y hasta diría que repugnante. Ningún intelectual ni político actuaría nunca así, por progresista que lo pintéis. Eso es simple mala leche. ¿Y el cuento del Ripollet en Vigo? Tú eres de Vigo, ¿no? ¿acaso el tráfico es así allí?
–Qué quieres que te diga… Ripollet lo ve por sus ojos de separatista catalán que considera que el resto de España les roba… ¿Qué dice el psiquiatra?
Un detective catalán penetra en el sórdido mundo de la intelectualidad organizada madrileña. Una novela negra como la vida misma: https://www.amazon.es/El-er%C3%B3tico-crimen-del-Ateneo-ebook/dp/B07GD83ZN8

![El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/51t3W6tzgWL.jpg)