Albiac, o la incoherencia
En una columna que le rechazó Pedro J decía Albiac: “No argumento a favor de la guerra. Ni en contra. Sé, desde la lectura de los clásicos, que el oficio del filósofo consiste en no alegrarse ni entristecerse, ni regocijarse ni enojarse; solo entender. A ello me atengo” (p. 361).
No obstante, uno podría dudar de tal ataraxia cuando la invoca a continuación de una intensa apelación a una guerra contra la yijad o más ampliamente, contra el empuje islámico y que viene a decir: “o los matamos o nos matan”. Argumento radical, acertado o no. Y no es una excepción: las afirmaciones, condenas y elogios que prodiga en el libro sorprenden por un carácter casi siempre exagerado, arbitrario e incoherente, que al final deja impresión de cierto infantilismo. Expondré varios ejemplos. El franquismo es para él un mal absoluto, modelo de opresión sin salida ni excusa…, ni necesidad de demostración. Para el propio Franco recuerda la maldición de Neruda: Que la sangre caiga sobre ti como la lluvia / y que un agonizante río de ojos cortados / te resbale y recorra mirándote sin término (342). Exalta sin freno a Neruda, sin dignarse recordar su conocida oda a Stalin, el mayor genocida del siglo XX, viene a decir él mismo en algún momento.
Albiac no ofrece el menor argumento para su condena al franquismo, pero sí un dato: el destino de su padre, condenado a muerte al final de la guerra civil: No creo que le sorprendiese. Ningún militar fiel a la República podía esperar otra cosa que el paredón. ¿De veras? Nos gustaría saber cuántos militares “fieles a la república” fueron ejecutados. No tengo ahora las cifras, pero lo fueron pocos y nunca por ser fieles a la república. Pues los militares del Frente Popular defendían a unos partidos que, justamente, habían destruido la república en dos golpes sucesivos: el de octubre de 1934 y el de febrero-abril de 1936; y los principales de aquellos partidos se proponían, unos sovietizar el país, y otros disgregarlo en pequeños estados. Creo que un filósofo no debería obviar estos datos, aunque debe perdonársele en parte: la roma historiografía de derecha sigue llamando republicanos a los del FP. Por increíble que suene, tantos años e investigaciones después.
Pero resulta que el padre de Albiac no fue ejecutado. Su sentencia –como la de tantos otros– fue conmutada por prisión perpetua (30 años). Y también como tantos otros, estaba libre a los cinco años, y pudo casarse. Después, dice Albiac, vivió de diversos trabajos, pasando estrecheces, como ocurría a tantos otros compatriotas, hubieran estado en un bando u otro; y como, por lo demás, ocurría en los demás países de Europa, pese a las ventajas que tuvieron para reconstruirse. Es normal que aquellas estrecheces le dejaran cierto resentimiento, pero una persona ecuánime no puede juzgar a un régimen o un país por su mera experiencia personal. Basta consultar, decía yo antes, memorias como las de Vizcaíno Casas para atisbar una vida muy diferente. Albiac aduce que su padre se salvó por un error en la sentencia, de lo que decide apoyar una definición muy socorrida: “El franquismo fue una dictadura atemperada por la incompetencia”. Hombre, haber durado 40 años contra enemigos internos y externos tan supuestamente competentes no deja de ser un desafío a tal definición filosófica.
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La fuerza de los loquinarios y botarates
En 1931 una caterva de loquinarios y botarates (Azaña) de advenedizos sin ningún mérito (Lerroux), de estúpidos y canallas (Marañón), derrocó con la mayor facilidad a la monarquía. La causa evidente de su éxito radica en que los monárquicos no eran mejores , pero más al fondo se hallaba esta: la monarquía no se sentía legítima ella misma. Y no solo por su incapacidad intelectual para replicar con éxito a las críticas, sino, más aún, por haber traicionado a quien la había salvado en 1923 –con aplauso casi general– cuando ya se hallaba al borde del abismo.
Los herederos de aquella caterva han emprendido un camino más sinuoso: si deslegitimamos al franquismo deslegitimaremos también a la monarquía. Para ello han tenido que recurrir a una ley totalitaria, que ha sido aceptada por los llamados monárquicos, empezando por el PP, huero también de lo que Ortega llamaba pouvoir spirituel. Juan Carlos firmó una ley que le deslegitimaba, y su hijo otra peor. Como en 1929-31, los monárquicos traicionaron a quien lo debían todo. Y fueron cómplices, con su pasividad, del ultraje más feroz no solo a la tumba de aquel hombre, sino a la historia y a la democracia. Es evidente que, como en 1931, la monarquía actual duda de su legitimidad. Y acepta los más canallescos envites contra la democracia, haciéndose cómplice de ellos. El problema no es para ella, es para España.


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¿Qué es Occidente?
Un discurso que trabaja con conceptos falsos es inevitablemente falso, cosa que ocurre casi sistemáticamente en política. Hoy en el mundo se están conformando bloques opuestos, que se intentan presentar como “Occidente contra Asia o bloque euroasiático” o bien como “democracias contra autocracias”, en suma, como un Occidente democrático enfrentado a una Asia autocrática. La dinámica de tales falseamientos conduce directamente a la guerra, que ya ha estallado por Ucrania y amenaza hacerlo por Formosa.
Pero, ¿qué es Occidente? ¿Qué es Asia? El primero se presenta como un conjunto de países básicamente la UE y potencias anglosajonas capitaneados por Usa. Y homogeneizadas por la democracia, la cual tratarían de expandir por el mundo entero, y homogeneizándose a su vez progresivamente en lengua inglesa y cultura anglosajona. Caída la URSS, ese parecía el destino general de la humanidad, dado que, además, el poder militar de Usa superaba al de los demás países del mundo juntos, y unido al del resto de Occidente se volvía absolutamente irresistible ante cualquier disidencia… O eso parecía. De ahí una serie de guerras en nombre de la democracia, aunque Occidente no ha vacilado en apoyar muy diversas tiranías. Guerras que han causado innumerables víctimas, sufrimientos y destrucción de países enteros, sin que de ninguna de las cuales haya emergido victorioso el llamado Occidente. A pesar de su superioridad material y técnica, nunca antes lograda por potencia alguna en la historia. Ello relativiza mucho sus pretensiones democráticas, convirtiendo la democracia en una especie de palabra mágica que justificaría cualquier agresión y destrucción social.
La última y más peligrosa agresión se ha centrado en Rusia, con Ucrania como país agente. El problema es que aquí no puede invocarse el falso pretexto de armas de destrucción masiva como en Irak, porque esas armas existen realmente por los dos lados y tienen capacidad de aniquilar la civilización en todo el planeta. Esto hace el conflicto en Ucrania tremendamente peligroso para toda la humanidad. Y no debe olvidarse que, como en los anteriores, han sido los países occidentales, Usa e Inglaterra en primer lugar, quienes lo ha emprendido, y siempre en nombre de la democracia.
Dentro de Occidente no es la misma la posición de Usa (secundada por Inglaterra especialmente) que la de la UE, esta en inevitable posición subalterna, en gran parte satelizada y poco satisfecha, debido al desenlace de la II Guerra Mundial. Pero ¿qué decir de otro enorme conjunto, el hispánico? ¿Es parte de Occidente o no? Para Usa y sus aliados no es parte, o solo de manera muy secundaria y un tanto despreciable. Es un conjunto de países con gran fuerza demográfica, pero insignificantes política y militarmente, y con escasa energía cultural propia. Sin embargo comparte los rasgos principales, históricos, culturales y en gran parte políticos, con los que quiere distinguirse Occidente. La cuestión que se nos plantea es: ¿puede ese conjunto hoy por hoy amorfo y desarticulado llegar a representar un papel significativo e independiente en el mundo? ¿Cómo podría llegar a hacerlo, suponiendo que fuera posible?
En cuanto al Asia, carece por completo de unas bases culturales e históricas de homogeneidad comparable a Occidente, a pesar de su extraordinario poder económico y demográfico y también creciente militar. China, India o el Asia islámica son mucho más diferentes entre sí que Usa de Alemania, Francia o Argentina. Y Rusia, aunque se proclame euroasiática es mucho más europea que asiática. El bloque euroasiático solo podría funcionar, está haciéndolo ya, con cierta unidad frente a un Occidente que ya ha demostrado ser muy peligroso, pero es por fuerza una unidad poco profunda.
En cuanto a España, no voy a insistir en la peculiaridad de su posición e intereses con respecto, especialmente, al mundo anglosajón dominante en Occidente. El discurso político nacional y global de España debe ser propio y neutral, so pena de desaparecer incluso como nación. Y ello tiene importancia inmensa ante unos conflictos mundiales que se van delineando como un apocalipsis.


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