“Delito” de odio
Una de las peores manifestaciones del totalitarismo en que se va convirtiendo la democracia es el llamado delito de odio. Por el cual una serie de bergantes a su vez cargados de sus odios particulares y que se dicen representantes del pueblo, pretenden dictar hasta nuestros sentimientos. Nunca estuvo tan amenazada, no ya la libertad política, sino la libertad personal que hace del hombre lo que es. De siempre se ha considerado obvio que la democracia exige la limitación del poder, pero mediante lo que llaman “representación popular”, el poder se está ampliando de un modo que nunca conocieron las peores tiranías. Ejemplos de ello son las leyes de memoria histórica o las de género, e incluso más gravemente aún las referentes a los sentimientos, como estas del odio.
Tales aberraciones vienen ocurriendo desde hace quince años con total impunidad y sin que casi nadie, aparentemente, se dé cuenta o quiera darse cuenta de lo que significa ni proteste con la energía indispensable. En España y cada vez más en el resto de Europa, la democracia es simplemente una palabra que puede usarse en cualquier sentido y por parte de cualquiera, y con la que se pueden hacer mil juegos malabares políticos. Los partidos alcanzan el poder manipulando a la opinión pública mediante unos medios de masas cada vez más corruptos y corruptores. Sus políticos se dicen representantes cuando los ciudadanos no conocen a la inmensa mayoría de ellos, los cuales representan realmente a la cúpula de su propio partido, a la que deben su posición, y que por ello están perfectamente dispuestos a aprobar las leyes más demenciales. Es claro que estas aberraciones exigen un replanteamiento en profundidad del pensamiento político y sobre la democracia en particular.
Por qué este libro es un torpedo La guerra civil se produjo por la destrucción de la legalidad republicana a cargo de un conglomerado de partidos totalitarios y separatistas, destacadamente del PSOE y la ERC. Con la victoria de los nacionales se inauguró la etapa más larga de paz interior, libertad (salvo para los causantes de la guerra) y progreso material que ha vivido España en siglos. Esa etapa está seriamente amenazada hoy por el régimen zapaterista, impuesto en 2004 mediante una nueva alianza de hecho entre el PSOE, grupos comunistoides y separatistas, oficiando el PP de auxiliar de todos ellos.
Terminada hace ochenta años, aquella guerra continúa perturbando seriamente la política actual. No la guerra misma, sino la interpretación de ella impuesta por el nuevo frente popular, con la complicidad del PP. Es una interpretación tan fraudulenta y a favor de los asesinos y chekistas de entonces, que nunca podría sostenerse en un debate libre, precisando por tanto imponerse finalmente por una ley que cabría calificar sin exagerar como “la Ley de la Cheka” o “ley de los asesinos”.
Han tenido que obrar de este modo, mostrando bajo la careta democrática su auténtico rostro de déspotas guerracivilistas porque desde finales del siglo pasado se venían revisando las enormes mentiras en que se basaba su versión de la historia, generada por una universidad degradada. En esa falsedad histórica han querido fundamentar un cambio del régimen decidido por votación popular en 1976,. Decidido , “de la ley a la ley¨, es decir, desde la legitimidad del régimen que derrotó al Frente Popular a una democracia normal, una vez superadas la miseria, odios y caos generados y explotados por dicho Frente en los años treinta. El cambio o cambiazo tomó forma precisa a partir de los atentados del 11-m, imponiéndose un nuevo régimen, frentepopulista de hecho. Régimen que cabe llamar zapaterista, cuyas leyes totalitarias están bien a la vista de quien no quiera cerrar los ojos, y cuyo discurso general se basa, precisamente, en su versión falsaria de la guerra civil.
En la revisión imprescindible de esa inmensa patraña fueron importantes varios de mis libros, en particular Los orígenes de la Guerra Civil y Los mitos de la Guerra Civil, que cambiaron radicalmente la perspectiva por entonces dominante y tuvieron un extraordinario éxito de ventas. Estos libros y otros debieron haber anulado la deriva antinacional y antidemocrática de socialistas y separatistas. Debieron generar un nuevo discurso político acorde con la realidad histórica y que permitiera recuperar la convivencia en paz y en libertad, cada vez más alterada por todos ellos con sus ilegalidades, también por medio del terrorismo. No se recuperó la decisión popular de 1976 porque el PP ha sido sistemáticamente cómplice en la falsificación de la historia y, por tanto, en las derivas cada vez más dañinas que partían de ella.
Con este nuevo libro, Por qué el Frente Popular perdió la guerra. Causas y consecuencias históricas, he querido cerrar este ciclo en unos momentos en que el régimen zapaterista se muestra a los ojos de todos con sus gravísimos peligros. Frente a los necios que hablan de “mirar al futuro” sin aprender del pasado, he querido aportar a la imprescindible recuperación de la historia, y con ella de la libertad y la continuidad de la nación y la democracia.
https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2019-11-24/entrevista-a-pio-moa-143540.html 




