*Dice Emilio Campmany que la república fue tan ilegítima como el régimen de Franco. Como sigamos así, toda la historia de España habrá sido “ilegítima”. La república extrajo su legitimidad de un golpe de estado, pero no lo dio ella, propiamente, sino la monarquía contra sí misma. Luego el Frente Popular, salido indirectamente de una sublevación armada y luego de unas elecciones fraudulentas, constituyó un golpe de estado contra la república. En ese sentido fue un nuevo régimen, ilegítimo. En cuanto al franquismo, fue una rebelión contra la tiranía brutal y caótica del Frente Popular. Esa rebelión fue plenamente legítima. Y la brillante ejecutoria del régimen acabó de legitimarla.
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Cuando De Gaulle expulsó las bases militares useñas de Francia, después de constatar que los useños le negaban información sobre el tipo de material acumulado en ellas, los useños preguntaron retóricamente si también iba a expulsar las tumbas de los soldados anglosajones muertos por liberar a Francia. De Gaulle no estaba seguro de que la invasión de Normandía estuviera destinada a liberar a Francia y nunca participó en las ceremonias conmemorativas. La razón de su escepticismo estaba en que el mando anglosajón no permitió la participación, aunque fuera simbólica, de tropas francesas en el desembarco, y que él tuvo que bregar duramente para evitar que Francia quedase sometida al mando militar anglosajón. Por su parte, los anglosajones podían considerar que la colaboración con los nazis en Francia había superado mucho a la resistencia, y desdeñaban un tanto a De Gaulle y los suyos.
El objetivo militar del desembarco era doble: crear un tercer frente a los alemanes, en vista del semifracaso del avance por Italia, y evitar que los soviéticos ocuparan toda Alemania e incluso llegaran al canal de la Mancha. Stalin entendía que la política de los anglosajones consistía en demorar el desembarco a fin de que soviéticos se desangrasen y debilitasen al máximo antes de intervenir en fuerza. Había visto con gran desconfianza el ataque por Italia, ya que evidentemente perseguía llegar a Alemania, y quizá a Polonia, antes que el ejército soviético. Por ello presionaba por un desembarco en Francia, donde los anglosajones dudaban ante la fortaleza de la “muralla del Atlántico” y después de la desgraciada expedición a Dieppe, donde fuerzas alemanas muy inferiores habían desbaratado un ensayo de desembarco a considerable escala.
Pero, por otra parte, el tercer frente desde el oeste urgía cada vez más ante las victorias soviéticas, que por una parte eran temidas por los anglosajones, pero por otra permitían el desembarco contra fuerzas alemanas mucho menores que las implicadas en el frente oriental. El éxito de la operación se debió al menos en alguna parte, a un espía doble español, Juan Pujol, que, según parece, logró despistar a los alemanes sobre el lugar donde se produciría el desembarco.
En fin, por las propias culpas de los europeos, la liberación de la parte occidental del continente coincidió con la sumisión de la parte oriental a un totalitarismo no menor que el nazi, y en conjunto supuso también la entrada de Europa en una decadencia profunda. Culpas de las que podemos sentirnos libres los españoles, como en cierto modo venía a reconocer Ortega a su vuelta a España en 1946.
Aunque, gracias al franquismo, España no participó en aquella guerra, el desembarco tuvo también consecuencias indirectas para ella. Hasta algún tiempo antes, los anglosajones tenían muchas razones para felicitarse y hasta bendecir a Franco por su neutralidad, que les había evitado el corte del Mediterráneo occidental en momentos de agobio extremo, y les había permitido la Operación Torch en el norte de África. Pero a partir de entonces las campañas de chantajes y amenazas contra España se multiplicaron, muchos creían próxima la invasión de España por los vencedores de Alemania, y los derrotados en la guerra civil se creían a punto de poder volver a imponerse. Nada de esto ocurrió, pero es otra historia. Lo importante del caso creo que queda resumida en una pequeña discusión en twitter, el año pasado:
John Müller, bajo una foto de un cementerio de guerra: “Hoy es 6 de junio y esta es una playa llena de cruces de héroes que dieron su vida por la libertad de Europa”.
Respuesta mía: “Digámoslo todo: por la libertad de media Europa y con la ayuda inestimable de Stalin. La otra mitad quedó en poder de la URSS. Y, según parece, el desembarco mató a más civiles franceses que a soldados alemanes. Y aquella guerra no e asunto nuestro”
John Müller: El desembarco mató, sobre todo, a jóvenes norteamericanos. Y la libertad siempre es asunto mío.
Respuesta: “Creo que el desembarco mató a más civiles franceses que a soldados alemanes o jóvenes useños. Y la libertad es asunto de todos. Menos mal que España quedó al margen de las atrocidades de unos y otros en la SGM. Y que no debe nada a Usa ni a Stalin”.
España es el único país de Europa libre de la inmensa carga militar, política, moral emocional (y económica) del resto de Europa occidental. Pero casi nadie quiere darse cuenta de ello.
En el aniversario de 2004 escribí en LD un artículo: Borrell, el sanguinario
Borrell, que, contra lo que algunos esperaban, se está mostrando como un habilidoso trilero de la política, y cuya relación con las corruptelas del PSOE debiera ser más destacada, porque la corrupción –intelectual y económica, la segunda efecto de la primera– no es meramente un episodio en la historia reciente del PSOE, sino un rasgo que ha acompañado a este partido prácticamente siempre, está demostrando su carácter sanguinario, un poco en la tradición de Negrín. Con motivo del aniversario del desembarco en Normandía, acaba de acusar a Usa de no haber invadido España y haber dejado a Franco en el poder.
¿Qué habría supuesto la invasión de España por entonces? Para empezar, un nuevo río de sangre. Muchos miles de españoles, y también de useños, habrían caído, y a continuación se habrían desatado las venganzas y probablemente se habría reavivado la guerra civil. En la misma Francia liberada por Usa nadie pudo evitar, si es que lo quiso, una oleada de represalias, con un mínimo de 10.000 asesinatos en la sombra, muy posiblemente el doble, y a pesar de que la resistencia a los nazis había sido escasa. En España habría sido mucho peor, porque las izquierdas ansiaban la revancha. Y no sólo habrían asesinado a mansalva a las derechas, como lo habían hecho durante la guerra civil, sino que, también como durante la guerra civil, se habrían asesinado entre ellas. Anarquistas, comunistas, socialistas y republicanos se odiaban con verdadera saña, como suelen olvidar muchos “historiadores”, no digamos ya los políticos que parlotean de aquellos tiempos.
Pero la nueva marea de sangre que, indudablemente, habría inundado España, no parece asustar a Borrell, quizá porque piensa que les habría tocado sufrirla a otros y habría beneficiado a gente como él. También puede argüir que habría sido un sacrificio aceptable en pro de la democracia. Pero nuevamente falla. Por una de esas falsificaciones alucinantes, pero de circulación común, hija de la propaganda soviética, en España la democracia habría sido defendida por los comunistas, los socialistas, y los anarquistas, en unión con unos republicanos que habían intentado golpes de estado contra un gobierno de centro derecha salido de las urnas. Y todos ellos bajo la tutela de Stalin, el gran padre de las libertades. Sólo exponer con claridad esta evidencia ya demuestra el absurdo de la pretensión. Pues bien, a toda esa gente no la habría convertido en demócrata, desde luego, el cambio de la tutela soviética por la tutela useña, a la que aspiran tan a destiempo. En rigor, fueron esos partidos los que planearon la guerra civil en 1934 y los que volvieron a provocarla en 1936. Y en 1944, después de perderla, no habían rectificado sus posturas básicas en lo más mínimo. Ellos habían hecho imposible la democracia en España para muchos años, y ellos habían traído a Franco, el último en sublevarse contra una república arruinada desde muy pronto por la demagogia y la violencia de las propias izquierdas.
Pero hay otra razón por la que Franco resultaba una alternativa mucho más aceptable que ellos. En 1944 las mentes lúcidas ya preveían la lucha entre las democracias y el totalitarismo soviético, pese a la aparente luna de miel entre ambos. Franco se lo había advertido a Churchill, por entonces empeñado en no verlo. En esa contienda general, si había alguien en quien no podría confiar Usa era precisamente en el conglomerado de “demócratas” españoles perdedores de la guerra civil. Todos ellos habían demostrado su predisposición a amalgamarse entre sí al servicio de la política soviética. Algunos expertos en la manipulación histórica insisten en que antes de la guerra no existía en España el peligro comunista, porque el partido de ese nombre era pequeño. Cierto, pero dicho peligro venía del PSOE, que era prácticamente comunista y era muy grande: el partido principal de la izquierda.
Hay, pues, muchas diferencias entre el Irak de ahora y la España de entonces. Usa lo va a tener muy difícil, si es que lo logra, democratizar Irak, pero ésta no es la principal razón de su intervención allí, pues, de serlo, Bush tendría que andar embarcado en una guerra perenne y desesperada contra las tiranías de todo el mundo, que superan en número a las democracias y predominan en la ONU, tan querida del PSOE cuando le conviene. Desde ese punto de vista, Sadam era un tirano como tantos, aun si muy sanguinario (eso para Borrell carece de importancia, seguramente). Su peligro radicaba en su carácter especialmente agresivo en una zona de vital interés para Occidente –no sólo para Usa–, una zona que es preciso estabilizar, y democratizar en lo posible, si no queremos sufrir muy graves consecuencias. En cambio, la España de 1944 iba a constituir, no una amenaza para Occidente, sino precisamente un aliado fiable en la lucha contra el enemigo absolutamente principal, el comunismo. Y ese papel de aliado fiable no lo podrían desempeñar entonces unos partidos como el PSOE, el partido que más directa y completamente había entregado el Frente Popular en manos de Stalin y que aún hoy tiende a culpar a Usa, y no a la URSS, por la guerra fría.
Estas consideraciones nos llevan a otra: ¿ha cambiado el PSOE lo bastante desde aquella época? Ahí lo tenemos favoreciendo al terrorismo, abandonando a los iraquíes, reverenciando a Marruecos, de donde han venido los atentados del 11-M, y dando mil satisfacciones –partido generoso– a quienes negocian con la ETA. El PSOE ha vuelto a convertirse en un peligro para la democracia, dentro y fuera de España. Esta cruda pero insoslayable verdad no debiera ser perdida de vista en ningún momento.
(Omito unos párrafos del artículo referente a la guerra de Irak, que hoy no suscribiría. Pero obsérvese esto en la distancia: el fracaso en la democratización de Irak ha hecho de la zona un factor de inestabilidad y terrorismo, contra lo que se pretendía).
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Cómo derrotó España el criminal aislamiento decretado al terminar la guerra mundial por regímenes comunistas, democracias y dictaduras diversas: https://www.youtube.com/watch?v=dJuWZeoFYPQ



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