Del “páramo” a la ciénaga (y III): Lírica, épica y terroria

Memoria, ficción y poesía

Aquilino Duque dedica uno de sus capítulos a Luis Rosales, que titula “lecciones de hidalguía” con el subtítulo “La rehumanización del arte”, que transforma  los hijos de la ira  de Dámaso Alonso en hijos del amor. “Me decía (Rosales) que si los españoles somos hijos de algo es gracias a Cervantes y a Velázquez. Ahora bien, el hidalgo tuvo su contrario, o su complementario, en el “hijo de puta”, el “hideputa”, el pícaro. La Historia de España es una pugna entre el hidalgo y el pícaro, y esa historia no es la misma si la cuenta Don Quijote que si la cuenta Guzmán de Alfarache”. Estas cosas ocurren en todas las sociedades, creo yo, aunque en España se den con rasgos propios. En la literatura europea, quizá más acentuadamente desde la I Guerra Mundial, hay una tendencia  a “la exaltación del mal”  a sumergirse “en el pozo negro de los instintos”, aunque en la literatura española  no alcanza la tradición francesa de la poesía (y prosa) maldita. No obstante y en un plano político, la exaltación del mal se percibe en canalladas actuales como la ley de memoria histórica y en la literatura pornopolítica correspondiente.

Me temo que estos breves comentarios no harán justicia a la riqueza de sugerencias e ideas del libro de Aquilino, pero quizá despierten interés por leerlo, y de paso a autores sometidos al ostracismo por quienes les son muy inferiores.

Expondré, en fin, una pequeña teoría general: la cultura, y en especial el arte,  refleja en su raíz  el sentimiento ante el mundo, la vida y la sociedad a los que todos hemos sido arrojados (o, si se prefiere, invitados) por un breve periodo de tiempo y sin que nuestra voluntad o nuestro poder tengan algo que ver en ello. Es decir, sentimos, antes de razonarlo, un poder o voluntad o fuerza  inmensamente superiores a nosotros, que nos trae a, y nos expulsa  de,  lo que llamamos realidad o existencia. Aunque esa fuerza nos haya concedido cierta dosis de voluntad y poder  para bandearnos en el período de vida concedido. Y de ese sentimiento, nacido de la impresión de aquella fuerza en nuestra psique,  procede, ya digo, la cultura. Impresión profunda en algunas personas y diluida en la gran mayoría, pero arraigada en el núcleo de la condición humana.

El sentimiento de esa impresión primordial y ancestral no es único, sino vario y contradictorio. La contemplación del mundo  nos produce  admiración o maravilla por su inmensidad y variedad, y al factor que introduce en él orden y sentido tendemos a identificarlo con el amor, del que la atracción entre los sexos sería su manifestación más típica, reducida al nivel humano. En sentido muy amplio, en ese sentimiento encuentra la lírica su venero.

Por otra parte, la vida se nos presenta como un continuo esfuerzo, como lucha permanente, dentro de la sociedad y dentro del mundo. Lucha no solo por sobrevivir sino incluso contra el destino final e ineluctable, y creo que ahí puede encontrarse  el sentido de la épica: la vida como desafío, que encuentra en los héroes su modelo. Tanto la lírica como la épica expresan una confianza fundamental en el destino humano, aunque en formas contrarias.

Hay otra impresión en nuestra psique y es el de terror causado por la inmensidad anonadante de ese poder y la imposibilidad de descubrir sus designios. Terror expresado literariamente ante la frecuente hegemonía de lo que consideramos el mal y que desborda tanto nuestra capacidad de comprensión y nuestros “buenos sentimientos”. Para ese género de literatura y arte propongo, de forma provisional, el concepto de “terroria”, aunque seguramente se puede encontrar otro mejor sonante.

Esta triple impresión y el sentimiento correspondiente de admiración y amor, de lucha y de terror, se manifiesta en las religiones  y el pensamiento, siempre con cierto grado de mezcla, pero con predominio de uno u otro. Está claro que Aquilino prefiere la lírica, en la cual ha destacado, en poesía y novela. El Pascual Duarte o La Colmena serían ejemplos del tercer sentimiento, de “terroria”, del hombre como víctima impotente de un mal prevaleciente en la sociedad como reflejo quizá de un mal cósmico.  Rosales refleja el primer sentimiento de admiración y amor. En cambio hay en la España del siglo XX muy pocos ejemplos de épica, no consigo pensar en alguno destacado, incluso en su versión menor de literatura de aventuras. El Poema del ángel y la bestia, de Pemán, tiene un aire místico y religioso más bien que épico. En general, lo religioso echa a perder un tanto lo épico.

   Por esa preferencia de Aquilino me extrañó algo su elogiosa reseña de mi novela Sonaron gritos y golpes a la puerta, que solo muy limitadamente entraría en la lírica. Esta novela entra más bien en la épica, y termina en un triunfo del mal (http://vinamarina.blogspot.com/2012/07/una-novela-dantesca.html ) Me gustaría saber si Aquilino ha leído El enamorado de la Osa Mayor y qué le ha parecido.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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En Una hora con la Historia , esta semana: Franco Hitler y Mussolini. Una comparación  historiográficamente muy ilustrativa a partir de un capítulo de Los mitos del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=Dm9qIm7KB8M

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*Una hora con la Historia es un programa diseñado directamente contra la tiránica ley de memoria histórica, la leyenda negra y otras tendencias culturales y políticas que atentan contra la libertad y socavan la nación española. Con motivo del cambio de emisora, el programa se encuentra en serias dificultades económicas, fácilmente subsanables si un número suficiente de sus seguidores aporta mensualmente una pequeña cantidad. Las aportaciones mayoritarias están entre 5 y 50 euros mensuales, pero en número excesivamente  bajo, lo que hace difícil la subsistencia del programa, que requeriría 3.000 euros al mes para manejarse con cierta holgura,   y casi nunca los ha conseguido. Si usted es consciente de que está contribuyendo involuntariamente, a través de sus impuestos,  a la batalla cultural de izquierda y separatistas, podrá hacerlo también de manera voluntaria a este, tanto en lo económico como en su difusión en las redes. La cuenta para contribuir es: BBVA, “Tiempo de ideas”, ES09 0182 1364 3302 0154 3346 

 

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¿Hay algún partido constitucional? / Del páramo a la ciénaga (II) Literatura de la berza.

*Si España ha llegado al golpe de estado permanente se debe a la complicidad de los gobiernos de PSOE y PP. Por lo cual ninguno de ellos es constitucional. Si VOX se proclama constitucional, debe señalar que esos otros no lo son, o se equiparará a ellos ante la opinión pública.

*Ni la ley de memoria histórica, ni las de género, ni la financiación de las ilegalidades separatistas ni la entrega de soberanía a la burocracia LGTBI y multiculturalista de Bruselas son actos constitucionales. Si  VOX defiende la Constitución, debe señalarlo con claridad, para no confundirse con PP, PSOE y C´s

*El multiculturalismo consiste en varios procesos: fomento del aborto y de la inmigración; ataque al cristianismo y a las culturas y soberanías nacionales; progresiva imposición de una cultura “europea” LGTBI y  basada en el inglés.

*Cuando un partido español se proclama europeísta está diciendo en realidad que desprecia la cultura e idioma españoles tanto como ignora la realidad histórica de Europa. Y que desea imponer en España una sociedad de “memoria histórica” y LGTBI. 

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Memoria, ficción y poesía

Como señala Aquilino Duque, no hubo, ni siquiera en el primer franquismo, una literatura exclusiva ideológicamente o impuesta y subvencionada desde el estado como existe actualmente. Y había una pluralidad más que notable: novela y poesía católica, falangista, “de la berza”, tremendista, surrealista…

Tiene interés la literatura de la berza o del compromiso social, especie de realismo socialista de tono menor en aquellos tiempos del páramo. En él participaron mejor o peor Sánchez FerlosioAldecoa,  Blas de Otero, Fernández Santos y tantos más. Era una literatura marxistoide y antifranquista, cuya cabeza más visible,  Gabriel Celaya, nos recuerda Duque,  ”era  un poeta militante ; militante declarado de un partido político clandestino, cuyas consignas –y no era el único– obedecía a pies juntillas. Esa militancia era el secreto de Polichinela y esa clandestinidad era perfectamente compatible con la ubicuidad. No había revista literaria en la que su nombre no figurara por activa a por pasiva; no había poeta novel  que, en prosa o verso, no le dirigiera una cartita…”. Tanto es así que en 1957, en plena oscuridad del páramo, Celaya, con toda su evidente carga antifranquista a cuestas, recibió el Premio de la Crítica. Quizá no sobre recordar que Buero Vallejo, condenado a muerte en 1939 por reorganizar el Partido Comunista, ganaba el Premio Lope de Vega en 1949.

 ”Si el franquismo –señala el autor– tuvo alguna vez poetas oficiales, uno de ellos fue Luis Rosales, como lo fueron Ridruejo y Panero y Vivanco y Foxá y Zubiaurre, poetas que desde fechas bien tempranas procuraron tender la mano a la España peregrina, que empezó por recibirlos a tomatazos y luego se fue dejando querer según veía que el franquismo iba para largo. Tan para largo iba que empezó a aburrir a los que habían sido sus poetas oficiales. Pero esta es otra historia”.

De la literatura católica, escribe  Duque, “La vida nueva de Pedrito de Andía (1952) como más tarde La puerta de paja (1953) y Bearn (1956) vino a avivar la polémica lanzada en aquellos años, entre otros por Aranguren, de la “novela católica” . En el fondo de esa polémica latía un fuerte deseo de asimilación e imitación de la novela católica que en ultrapuertos cultivaban escritores como Mauriac o Bernanos o, más lejos y más tarde, Graham Greene o Heinrich Böll. Se trataba de un catolicismo conflictivo el de todos esos autores que al lector, si era creyente, solo tenía que sumirle en un mar de perplejidades”, aunque la versión española resultaba mucho menos conflictiva o problemática´, y quizá por eso se la ha considerado también de tono menor a pesar de sus evidentes méritos literarios. Porque se oponía también a la literatura “tremendista” inaugurada con el Pascual Duarte y que parecía tratar de oscurecer aún más los lados oscuros de la vida. No obstante, es la obra que, con Cela, ha sido en general más apreciada y hasta premiada con el Nobel. Pero esta es también otra historia

  En fin, durante la guerra civil parece que la mayoría de los poetas se identificó con el Frente Popular, como la mayoría de los pensadores lo hizo con el bando nacional. El libro de Aquilino Duque no es propiamente un estudio, sino una remembranza vivaz de la literatura de aquellos tiempos, y esas memorias, cuando se escriben con talento, como es el caso, suelen resultar más interesantes y sugestivas que los estudios académicos, tan a menudo plomizos e ideológicamente lastrados. Saltando un poco del libro, cabe señalar que en los años 40 escribían en España una nómina de autores  de una calidad imposible de encontrar hoy, cuando el páramo está tan superado . Aparte de los mencionados por Duque, bien numerosos, y por señalar unos pocos, Zubiri, Ortega, D´Ors, Julián Marías, Laín Entralgo, Tovar,  Menéndez Pidal, Baroja,  Carmen Laforet, Miguel Delibes, Carmen Laforet, Ana María Matute (por cierto, nunca había habido tal número de mujeres escritoras)… En fin, el páramo.

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En Una hora con la Historia , esta semana: Franco Hitler y Mussolini. Una comparación  historiográficamente muy ilustrativa a partir de un capítulo de Los mitos del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=Dm9qIm7KB8M

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Del “páramo” a la ciénaga (I)

*Si VOX se proclama constitucionalista, debe insistir en que los demás no lo son (lo cual es cierto). Se otro modo se confundirá con los que han destrozado la ley y se siguen diciendo partidarios de ella.

*Creo que el episodio de Fernando Paz no hará ganar muchos votos a VOX y le hará perder entusiasmo entre bastantes seguidores. Pues el partido parece doblegarse a presiones “políticamente correctas” contra las que se había alzado.

**Cuando oigo a un político o periodista decir que hay que olvidar el pasado y mirar al futuro, ya sé que estoy ante un estafador o ante un memo. Ambas “élites” abundantísimas en la derecha.

***España dejó de ser un país serio y renunció a su soberanía cuando Leopoldo Calvo Sotelo anunció la apertura de la verja de Gibraltar y Felipe González la llevó a cabo. Se trataba de anular una histórica victoria diplomática de Franco, es decir, de España y exhibir un servilismo abyecto hacia la potencia que invade nuestro país.

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A Aquilino Duque –no hace falta presentarlo–, como a mí y a tantos más que conocimos otros tiempos, no le resulta grato el ambiente político e intelectual “invertido en todas las acepciones del término” que se ha ido adensando en los últimos decenios en España. Por esa razón y otras literarias  acaba de publicar Memoria, ficción y poesía, rescatando a partir de su experiencia  directa o indirecta a diversos autores de la época del “páramo”, así  definida por los mandarines de “la ciénaga”, cuyos máximos valores parecen consistir en un antifranquismo tan matonesco como de pura pose, generador de nutrida mediocridad.

   Eso del páramo es también una descripción muy querida por la historiografía inglesa. Así un estudioso allí muy loado, Jeremy Treglown, comentaba que al ocuparse de la cultura bajo el franquismo le decían otros, con irrisión, que cabía en un sello de correos o algo por el estilo. Los esfuerzos del buen Treglown por sacarles de su error me temo que más bien contribuían a él. Le dediqué cuatro entradas en este blog en 2014 (https://www.piomoa.es/?p=2686 y anteriores).  

    El libro de Duque  no es un estudio como  el que sería preciso  a partir del famoso artículo de Julián Marías sobre “la vegetación del páramo”, un trabajo que está por hacer, pues solo lo han abordado algunos tratadistas de izquierda doblados  y tullidos bajo el peso de su gran mochila de prejuicios. Duque trata de hacer justicia, desde la razón poética y “la vida vivida”, con escritores sistemáticamente postergados por los que han querido destacar rebajando a quienes, en definitiva, les son superiores: así a Pemán, a W. Fernández Flórez, Vivente Risco, los hermanos Villalonga o Rafael Sánchez Mazas, González-Ruano, Luis Rosales, Foxá, Panero, los mismos Dionisio Ridruejo  o  Julián Marías, también sepultados por la arrogante necedad de la progresía antifranquista de después de Franco. Sepultados pero no del todo.

 Para Aquilino Duque, y no es el único,  “del mismo modo que Platero y yo (1914) me sigue pareciendo el mejor libro de prosa de la primera mitad del siglo XX, creo que el mejor de la segunda mitad es El bosque animado (1943)”, de Fernández Flórez. En estas valoraciones cada uno pensará lo que quiera, pero lo que no admite duda es la calidad realmente muy elevada de obras sobre las que Duque se extiende y de las que apenas  tienen hoy idea no ya el vulgo y los jóvenes educados (mal) por El País, también  los mayores olvidadizos  o poco informados (como en estos asuntos, yo mismo).

   En Memoria, ficción y poesía entran con los citados escritores bastantes más poco conocidos o mal conocidos del público interesado en la literatura, sometidos al juicio perspicaz, pero nunca acre,  de quien ha dedicado su vida a la literatura y ha trabado conocimiento y a menudo amistad con autores de todos los pelajes políticos, en España y en el extranjero. 

Al terminar la guerra civil se produjo una escisión entre los intelectuales exiliados y los “franquistas”, es decir, los que escribían cómodamente en el nuevo régimen, se identificaran con él o no. Fueron los falangistas los primeros en tratar de recoser la sutura con la revista Escorial, en la que escribieron muchos de los mejores dentro de España, y cuya mano tendida rechazaron altivamente los exiliados que  se habían identificado con un Frente Popular decididamente criminal. Aquilino Duque comparte la posición integradora y comprensiva de la Falange de entonces, en una época en que  han vuelto las intransigencias.

El intento de Escorial es interesante asimismo por cuanto los falangistas chocaron con la  tendencia nacionalcatólica, que daba por zanjados todos los problemas de España remitiéndose a Menéndez Pelayo.  Sin embargo el régimen fue lo bastante liberal para permitir, no solo ambas corrientes de pensamiento y sus polémicas, sino otras muchas que compusieron un panorama cultural sumamente rico y variado desde el mismo fin de la guerra. 

Y como el tema da para mucho más, seguiré tratándolo a partir de este libro, tan de agradecer en un tiempo en que se publica tanto y tan poco de interés.

Memoria, ficción y poesía (Literatura)

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En Una hora con la Historia , esta semana: Franco Hitler y Mussolini. Una comparación  historiográficamente muy ilustrativa a partir de un capítulo de Los mitos del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=Dm9qIm7KB8M

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*Una hora con la Historia es un programa diseñado directamente contra la tiránica ley de memoria histórica, la leyenda negra y otras tendencias culturales y políticas que atentan contra la libertad y socavan la nación española. Con motivo del cambio de emisora, el programa se encuentra en serias dificultades económicas, fácilmente subsanables si un número suficiente de sus seguidores aporta mensualmente una pequeña cantidad. Las aportaciones mayoritarias están entre 5 y 50 euros mensuales, pero en número excesivamente  bajo, lo que hace difícil la subsistencia del programa, que requeriría 3.000 euros al mes para manejarse con cierta holgura,   y casi nunca los ha conseguido. Si usted es consciente de que está contribuyendo involuntariamente, a través de sus impuestos,  a la batalla cultural de izquierda y separatistas, podrá hacerlo también de manera voluntaria a este, tanto en lo económico como en su difusión en las redes. La cuenta para contribuir es: BBVA, “Tiempo de ideas”, ES09 0182 1364 3302 0154 3346 

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Cuándo dejó España de ser un país serio / Animal racional, moral o religioso

*Inglaterra sigue siendo un país bastante serio. Votó contra la sumisión  a la cada vez más totalitaria burocracia de Bruselas. Cosa que lamentan enormemente los españoletes  cosmopaletos.

*La confusión política en España es tan grande que muchos que se dicen patriotas desean fervientemente seguir sujetos a las mafias y gobiernos LGTBI de la UE.

*España dejó de ser un país serio y renunció a su soberanía cuando Leopoldo Calvo Sotelo anunció la apertura de la verja de Gibraltar y Felipe González la llevó a cabo. Se trataba de anular una histórica victoria diplomática de Franco, es decir, de España y exhibir un servilismo abyecto hacia la potencia que invade nuestro país.

*Es un error culpar a Inglaterra por la invasión de nuestro territorio. Londres defiende sus intereses. Son los infames gobiernos salidos de la transición quienes traicionan los de España. Los mismos gobiernos corruptos y financiadores de los separatismos.

*Cuando oigo a un político o periodista decir que hay que olvidar el pasado y mirar al futuro, ya sé que estoy ante un estafador o ante un memo. Ambas “élites” abundantísimas en la derecha.

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Decía que la cultura tenía contenido religioso, moral, político y económico, cada aspecto muy interrelacionado. Obviamente, ahí entra también el arte. Pero importa saber si cada uno de esos aspectos es básicamente autónomo y simultáneo, o hay alguno más fundamental que de algún modo impulse a los demás. Ello tiene relación con la definición del hombre.  Siguiendo a Aristóteles, el hombre suele definirse como “animal racional” o, sobre la misma idea, como “animal técnico”. Las definiciones suelen hacerse situando lo definido en un ámbito más amplio (en este caso la animalidad) y señalando el rasgo o rasgos que lo diferencian dentro de ese ámbito. Dentro de los animales, al hombre le caracterizaría la razón. Esta podría definirse como la capacidad para la especulación guiada por la lógica, sea para alcanzar principios generales, para ordenar la experiencia o para definir fines y medios de la acción práctica. La razón está relacionada, por tanto, con las capacidades de sentir, imaginar, prever y calcular.

Ahora bien, la razón está naturalmente subordinada a la moral, que baña toda la actividad humana y la distingue de los animales aún más radicalmente que la razón. En los animales superiores percibimos cierta capacidad de razón práctica en algunas de sus reacciones, pero su conducta se guía por el instinto, subsistente pero muy debilitado en el hombre. Este solo puede subsistir en sociedades muy diferentes de las animales, lo que comporta relaciones muy varias y complicadas, a menudo conflictivas y de contenido esencialmente moral, sin las cuales no podría organizarse para sobrevivir. Se supone que los productos de la razón, al menos a su nivel más alto, no deben contradecir  la moral aceptada, aunque vemos constantemente cómo existe oposición entre ambas. Hay una profunda racionalidad en doctrinas como el marxismo, el fascismo, el nazismo, pero si hoy tendemos a descartar tales doctrinas lo hacemos ante todo por consideraciones morales  que van más allá del utilitarismo y que se apoyan en la experiencia, la principal de ellas es la oposición entre dichas doctrinas y lo que consideramos bienestar y libertad humanos. El mito del Génesis alude probablemente al paso del instinto a la esfera de la moral, que constituye al hombre por encima de la técnica o de la razón, no solo de la instrumental.

Una esfera que, por otra parte, dista de ser tranquilizadora, porque  los principios morales son difíciles de definir, a menudo cambian de aspecto, son traicionados o surgen ideas contrarias que pretenden justificarse por su valor moral. Gran parte del esfuerzo intelectual del hombre se ha desarrollado en la búsqueda de principios que permitan una conducta clara y precisa, sin las variaciones y choques que encontramos en la realidad, una aspiración que nunca llega a su fin. Un ejemplo elaborado de esos principios son los Diez Mandamientos, mandatos imperativos, por tanto no racionales,  atribuidos a Dios… y constantemente vulnerados por su pueblo elegido, que solía considerar como “perros” a los gentiles.

Con el desarrollo de la ciencia y del racionalismo, se han hecho grandes esfuerzos por establecer una moral racional e incluso científica, pero no han tenido éxito hasta ahora, ni parece probable que lo tengan. El “mandamiento de Dios” tiene sin duda más autoridad que el de algunos hombres, sean estos muchos o pocos, y la moral no puede decidirse por una decisión “democrática” de mayorías.

La moral, por lo tanto, depende de la religión. Por ello, si definiésemos al hombre como el animal religioso, quizá estaríamos más acertados que definiéndolo como animal racional o incluso animal moral. La religión, por primaria que sea, ha sido lo primero en las sociedades y ello indica, precisamente, que es un factor más fundamental y constitutivo que los desarrollos posteriores de la razón.  Claro que esto exige una fundamentación más detenida y un mayor análisis de la irreligiosidad aparente de las actuales sociedades europeas.

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Origen del mito

 A menudo se ha interpretado la religión como una invención humana más o menos arbitraria, incluso como una neurosis o enfermedad provocada por el miedo, la ignorancia,  el interés de dominación de clase u otras causas. Pero, de acuerdo con lo anteriormente expuesto, la realidad es la inversa: la psique no crea la religión, sino que la evidencia intuitiva de lo que llamamos divinidad, provoca o genera la religión en la psique. Claro indicio de ello es la presencia de la religión en todas las culturas  –aunque en algunas la idea de la divinidad sea difusa y actualmente, sobre todo en Occidente, esté en boga el llamado ateísmo, que, como veremos, viene a ser otra forma de religiosidad–. Para este ensayo no tiene no  tiene mayor importancia la historia de las religiones desde sus primeras manifestaciones como espíritus buenos y malos, sino que intento contemplarla a partir de su  última evolución –al menos por ahora—en el monoteísmo cristiano.

   No obstante surge la pregunta de por qué la religiosidad ha dado lugar a manifestaciones tan variadas y disímiles, incluso  contrarias en muchos aspectos, y a evoluciones históricas desde el animismo.  La causa puede encontrarse en la imposibilidad humana de conocer, con sus medios racionales, la voluntad, designio, plan o como queramos llamarlo, del poder  creador de sentido del que dependemos y depende el cosmos. Las religiones pueden describirse como intentos de conocer ese designio a partir de las limitaciones humanas. La divinidad no habla al hombre como una persona a otra, y su mensaje desborda los contenidos utilitarios o de cualquier otro tipo más o menos controlables por los humanos: se presenta como un enigma insondable. Aunque no por completo: aquel designio está implícito en la propia existencia del hombre, en las capacidades de que ha sido dotado y que, según él siente, le hacen participar en alguna medida de la naturaleza divina. Con todo, la intuición  de un poder absolutamente superior, incontrastable por encima de nuestras vidas y del mundo, causa en la psique un sentimiento profundo, angustioso,  a la vez de adoración y de terror, cuyo producto espontáneo es el mito. El mito puede  entenderse como representación del designio divino sobre el cosmos y la vida, como una revelación cuya finalidad  consiste en calmar la natural angustia humana ante su propio destino.

   El mito viene a ser así la manifestación fundamental de la religiosidad, y aquí lo empleo en ese sentido, prescindiendo de otra acepción de la palabra como superchería.  Los mitos son creados por personas especialmente intuitivas a quienes se considera colectivamente inspiradas por la divinidad. De algunas de esas personas, fundadoras de religiones, tenemos constancia histórica,  de la mayoría no, y a lo largo del tiempo los mitos han ido evolucionando por acumulación y reinterpretación a cargo de personajes menores. Dado el carácter de su inspiración o revelación, el mito no puede expresarse en el  lenguaje más o menos racional usado para las actividades cotidianas, sino que debe recurrir a símbolos, esto es, analogías, metáforas o alegorías a partir del lenguaje corriente.  Freud pasa por ser el descubridor de ese lenguaje corriente, que intentó sistematizar  a partir de manifestaciones psíquicas enfermizas, interpretándolo erróneamente. Según él, y muchos otros, la ciencia llegaría a sustituir a la religión, indicando que la humanidad se había mantenido y evolucionado  de forma enfermiza  o básicamente equivocada hasta la aparición del pensamiento científico. Idea poco coherente, a menos que supongamos a la religión, al mismo tiempo, como un dato poco relevante en la práctica a lo largo de la historia, es decir, poco influyente en la vida social, algo así como una ganga molesta pero  poco determinante para el sostenimiento de la sociedad. Lo cual tampoco suena muy convincente, dada la importancia concedida por los pueblos a la religión. Pero este es un tema secundario por el momento.

   Una vez aceptado por una colectividad, el mito cobra una extraordinaria fuerza sentimental (precisamente por  calmar la angustia), se convierte en una fuente de integración social y, trataremos de sostener, de acuerdo con P. Diel, en el núcleo creativo de las culturas. No empleo aquí, obviamente, el concepto de mito en el mismo sentido que cuando hablo de los mitos del franquismo o  de la guerra civil, por ejemplo, a los que podríamos llamar seudomitos, mitoides  o con otra palabra. Y sin embargo, estos seudomitos comparten con los mitos el impacto sentimental y el carácter generador. Piénsese sin más, en el apasionamiento político y la abundante literatura, cine, ensayo, pintura, historiografía,  etc., que han producido incluso los relatos más burdamente tergiversados sobre nuestro pasado reciente. Asombrosamente, cada año que pasa, la lucha contra Franco se vuelve más enconada, inventiva, frenética e intransigente, buscando la victoria total, la rendición sin condiciones de un personaje que en la historia real venció siempre.

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*¿Pudo la Grex comenzar / sin recibir una orden?

*En los ojos huecos de la calavera /acechaba todavía/ la serpiente

*Muy lejos de aquí se ríe la estrella /que devorará al planeta

*Si Dios no hay / ni sentido a nuestra vida / ¿de qué y a quién te lamentas?

*Condenas un genocidio/ maldices al asesino / ¿Y qué? ¿Eres tú el juez?

*¿Acaso no ven las estrellas / que unos lobos devoran a un asno?

*La cancerosa dijo al enfermero:/ Ya he vivido bastante / Ninguna queja.

*Nuestra razón adora /la ley inexorable / Y el azar asiente con sarcasmo

*Elevas la mirada a las estrellas / para olvidar las miserias de la vida /Pero ellas también las contemplan.

 

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