La matanza de la plaza de toros de Badajoz es por así decir la estrella o la joya de la corona de los alegatos izquierdistas contra los vencedores de la guerra. Un bando capaz de tales crímenes queda automáticamente desacreditado en la conciencia de cualquier persona decente, sean cuales fueren sus otros méritos. Sin embargo se trata de una invención pura y simple. Esto ya ha sido demostrado hace tiempo, pero este sábado, en “Una hora con la Historia”, a partir de las 9,30 de la noche, examinaremos un aspecto menos conocido: cómo se fabricó la leyenda.
Una hora con la Historia, con Méndez Monasterio y un servidor, en Radio Inter, 918 de Onda Media (cobertura nacional) y 93,5 de FM, cobertura Madrid.
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Ud ha criticado duramente las versiones izquierdistas de la guerra civil, pero últimamente parece estarse volviendo contra las de derecha.
R. Sí, es normal, ya he dicho un poco el porqué. Es esencial entender qué fue la guerra civil y por qué se libró. Ya le he dicho que basta observar la composición de partidos del Frente Popular para darse cuenta de lo que se jugaba en ella. O conocer episodios tan reveladores como el del tesoro del yate Vita. No se jugaba la democracia ni “los intereses de los trabajadores”, como siguen pretendiendo innumerables historiadores y políticos, no hace falta citar nombres. Se jugaban cuestiones más básicas, como la supervivencia de la nación española, de la cultura cristiana, etc… Para difuminar esta evidencia y satanizar a los vencedores, la izquierda cifra su análisis y crítica exagerando las atrocidades atribuidas a los nacionales, que en parte existieron, porque en una guerra es inevitable. Y olvida las cometidas por las izquierdas, mucho más sádicas, y perpetradas además entre ellos mismos. Bien, esto hay que repetirlo hasta que entre en las cabezas.
Pero considero todavía más grave, intelectualmente y políticamente el actual “análisis” del PP, tipo García de Cortázar, Pedro J Ramírez o ahora Pedro Corral. Lo examino en la primera parte del libro, La guerra civil y los problemas de la democracia en España. Según estos, la guerra civil se hizo por nada, por grupos de desalmados y locos que de pronto, sin venir a cuento como quien dice, se enzarzaron en una gresca arrastrando a los demás españoles a quienes no les iba ni les venía y simplemente “pasaban por allí”. Esto ya no es un análisis, es pura y simple majadería, muy inferior en valor intelectual a las tesis, falsas, pero con cierto sentido, que atribuían la guerra a la lucha entre “el pueblo” democrático y los fascistas o reaccionarios empeñados en mantener sus privilegios. Pero el nivel de la derecha actualmente es ese, no da más de sí. Corral llega a equiparar una matanza terrorífica y muy real, la de Paracuellos, con la inexistente de Badajoz. Ese es el nivel de altura intelectual y moral de la derecha.
Digo que es esencial entender a qué obedeció la guerra y en qué circunstancias históricas se dio, circunstancias interiores e internacionales. Todo eso ha sido masivamente malinterpretado, o simplemente mentido, debido a prejuicios ideológicos. Pero si queremos extraer alguna experiencia del pasado, aclarar esta cuestión es simplemente vital, porque un pueblo que ignora su pasado se condena a repetir lo peor de él, como dice una frase a la entrada de Auschwitz.
Si le parece, dejamos la guerra civil y pasamos a la parte de la democracia. No digo que ud haya escurrido el bulto, pero en definitiva todo lo que ud viene explicando es ya bastante sabido por sus lectores. Ud empieza por negar que la democracia sea el poder del pueblo.
R. Vamos a ver: los partidos que compiten por gobernar ¿son el pueblo? ¿Lo son todos en conjunto o alguno de ellos? Obviamente no es así. Esos partidos son grupos oligárquicos, y no puede ser de otra manera. ¿A quién va a gobernar el pueblo, si fuera de él no hay sociedad? ¿A los animales? Eso aparte de que el pueblo nunca tiene los mismos intereses, dentro de él hay mucha división, como es natural, ya que no somos animales.
Así que el poder es siempre oligárquico. El mecanismo es este: unos grupos que aspiran a gobernar luchan por ganar opinión pública para lo cual presentan un programa y hacen tales o cuales promesas. El que saca más votos gobierna, en solitario o con otros partidos afines. Normalmente no cumple sus promesas ni su programa, y en cambio realiza actuaciones que no estaban presentes en sus proclamas electorales. Esto es así porque el ganador no obra con un mandato imperativo de sus votantes, no digamos ya de la sociedad o el pueblo en conjunto. Todos los regímenes que han existido y presumiblemente existirán, son oligárquicos, es decir poderes ejercidos por unos pocos. Suele emplearse la palabra oligarquía en un sentido peyorativo, pero yo la empleo en un sentido meramente descriptivo. Observe, además, que las mayoría llamadas absolutas que han conseguido el PSOE y el PP nunca han pasado de un tercio del cuerpo electoral. Desde luego, la democracia no es el poder del pueblo, sino un método, históricamente muy reciente, de selección de las oligarquías que efectivamente ejercen el poder. Podemos seguir llamándole democracia, siempre que tengamos en cuenta que su realidad no corresponde a su significado etimológico.
El tema es demasiado amplio para tratarlo en una entrevista, y ocupa los capítulos a mi juicio más importantes del libro que tratamos, La guerra y os problemas de la democracia en España. Pero el título es equívoco, porque no se trata solo de España: la democracia está en crisis en la UE y también en Usa.
¿Se refiere ud al Brexit y a la victoria de Trump?
R. Me refiero en primer lugar a España. La democracia, para funcionar, exige una sociedad relativamente próspera, con amplia clase media y en la que los odios entre partidos no sean exacerbados. Basta señalar estas condiciones para entender por qué la democracia no funcionó en la república. La república empobreció al país y dio lugar a unos odios brutales y demagógicos.
En principio, el sistema electoral debe funcionar como una selección de los más aptos para el gobierno, por decirlo así, con la ventaja, además, de que al ser el poder del gobierno reducido a unos pocos años, y limitado por la división o autonomía de los poderes legislativo y judicial, los errores y tendencias despóticas pueden ser más fácilmente corregidos que en otro tipo de regímenes. Por eso yo prefiero, en principio, la democracia, contra la conclusión que ud ha sacado apresuradamente. Pero cuando no existe una base media social y cierta moderación de los partidos, sino lo contrario, la política se convierte en demagogia y la competencia entre partidos en una selección de los menos escrupulosos y más fanáticos, de los peores, que expulsan a los buenos.
Suele hablarse de la competencia, comercial o política, como una panacea, como el modo seguro de seleccionar lo mejor, pero puede ser exactamente lo contrario. Esta es una experiencia histórica en España que por desgracia no han tenido en cuenta las actuales izquierdas ni derechas ni separatistas, que no se tuvo en cuenta en la transición, y la tendencia a resucitar odios pasados y falsear la historia es uno de los aspectos más peligrosos de la situación actual. En lo que casi nadie parece reparar. Parece que en España la experiencia histórica pasa en balde: o no se tiene en cuenta ni se analiza, o se examina con tópicos irrisorios. Un país con tantos problemas en el que no existen debates de alguna altura… siempre me quejo de lo mismo, pero es que hay motivos sobrados de queja. En España, además, hay otros muchos problemas que impiden que la democracia funcione sanamente, entre ellos la debilidad del estado de derecho, constantemente vulnerado … Esto que le digo ahora es casi nada en relación al tema, pero como indicativo del libro puede servir.
Pero decía ud que no era solo España
R. Pues sí, lo que ud indicaba de Trump y la UE…
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