**Blog I: Urcullu sigue colaborando con la ETA y contra España: http://www.gaceta.es/pio-moa/urcullu-sigue-colaborando-eta-ycontra-espana-06062015-1248
**Hoy, en “Cita con la Historia” trataremos las relaciones entre el franquismo y los Aliados anglosajones en la II Guerra Mundial. Las relaciones con Alemania han sido examinadas (y a menudo falseadas) en muchas ocasiones. Las contrarias han sido menos tratadas.
Volvemos a insistir en la dependencia del programa con respecto a sus oyentes. Si estos no hacen algo más por difundirlo y por apoyarlo económicamente, es muy posible que desaparezca después del verano. Y eso no debe ocurrir de ningún modo. Gracias a todos, los que ya contribuyen y los que lo harán. La cuenta para apoyarlo es BBVA, ES09 0182 1364 33 0201543346
** Por cierto, estuve el jueves en la Feria del libro de Zaragoza, firmando Los mitos del franquismo. Eché en falta a doña Asun, Zgzna, que hace tiempo no aparece tampoco por el blog
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El feroz encanto de los utopismos.
La clave del atractivo de las ideologías del siglo XX está en la abolición del mal. El marxismo, por ejemplo, demuestra “científicamente” que el mal no es un hecho connatural a la condición humana, sino un dato histórico, derivado de la escasez, causante a su vez de sociedades en las que unos seres humanos explotan a otros. Una vez eliminada la escasez, avance cuya posibilidad se demuestra por el despliegue de fuerzas productivas del capitalismo, y eliminado a su vez el capitalismo, que mantiene innecesariamente el mal, el ser humano entraría en un mundo en que desarrollaría positivamente todas sus potencialidades “se realizaría” plenamente, y en que el mal desaparecería. Naturalmente, al desaparecer el mal desaparecería a su vez el bien, pues cada uno existe en función del otro. En otras palabras, desaparecería la moral, por innecesaria, y con ella, por la misma razón, la libertad.
Con más o menos pretensiones científicas o racionalistas, otras ideologías han creído encontrar la raíz del mal en cualquier factor: en el estado, la religión, el “patriarcado”, la (mala) educación infantil, el imperialismo, la pobreza, la inferioridad o la impureza racial, la destrucción ecológica o diversas combinaciones de unos y otros… Cada uno de esos hallazgos presenta un satisfactorio futuro ideal, muy movilizador contra los obstáculos actuales que impiden acceder a él, obstáculos identificables a menudo como simple “atraso”. Así, alcanzar la beatífica sociedad sin moral exige un período intermedio de lucha, cuando el mal, tan difícil de discernir, a menudo tan inseparable del bien, se condensa con máxima concreción y significado: se trata de aquellos individuos y grupos empeñados en mantener a toda costa la maléfica situación heredada del pasado. Esos grupos y fuerzas deben ser aniquilados por las buenas o por las malas. El bien, perfectamente concreto y discernible a su vez, consiste precisamente en esa aniquilación. Aquellas personas opuestas al brillante porvenir dejan de ser propiamente seres humanos para transformarse en meros obstáculos.
Esta “realización” del ser humano resulta paradójica. El Génesis y otros relatos míticos explican en su lenguaje figurado el paso de la inocencia instintiva del animal al reino del bien y el mal, de la moral, basada en la libertad, con sus pesadas cargas. Rasgo fundante de la naturaleza humana y permanentemente expuesto en su historia. Así, el final de la historia consistiría en la vuelta a la animalidad: la moral –como la libertad y la religión que tradicionalmente la han sustentado– se habría vuelto inútil en un tiempo de abundancia y placer generalizados, en que los actos de cada cual perderían cualquier valoración. La experiencia hasta ahora demuestra que los pasos dados han traído incontables sufrimientos, pero se persiste en la misma línea. Tampoco faltan quienes, hundidos en el pesimismo sobre la imposibilidad de alcanzar tal fin, sobre la inevitabilidad de la carga moral, proponen el suicidio indoloro de la especie humana. La cual en todo caso quedaría también anulada por el triunfo de alguna utopía.
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Desde luego, que personajillos como Carmena, Colau o Iglesias alcancen tal relevancia en la política española, prueba la putrefacción del sistema, pues sus demagogias nacen de modo natural de las fechorías del reparto del poder entre PP, PSOE y separatistas.
Pero dentro de ello, Carmena ha hecho una promesa positiva: eliminar el insultante cambio de nombre del metro Sol, en Madrid, que la administración de Annie Bottle ha transformado en Vodafone Sol. Lo ha hecho, por supuesto, a cambio de dinero, y como si los nombres históricos que dan carácter a la ciudad fueran propiedad suya. No cabe duda de que, de no resultar demasiado escandaloso, habrían rebautizado el museo del Prado como “British Airways El Prado”, el Palacio de Oriente como “Jazztel Palacio de Oriente”. Para estás derechas, “la pasta”, en especial la que revierte a sus bolsillos, es el argumento final y definitivo. Carecen de la más mínima sensibilidad cultural, a menos que esta “rinda beneficios”, y por lo demás dejan el mundo de la cultura a la izquierda. Por dinero, no por otra cosa, también sodomizan a Madrid: http://www.gaceta.es/pio-moa/pp-sodomiza-madrid-i-06072014-0957

