Blog I: La aculturación de España / Ensayos polémicos http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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A las pugnas cada vez más agudas entre naciones europeas, agrupadas en las racionalidades ideológicas del momento, se añadía el impacto de la crisis económica originada en Usa. Esta rápidamente se extendió por el mundo en una época de intensa globalización, analizada por teóricos marxistas como la era del capital monopolista de Estado o imperialismo, en la que los intereses económicos estarían muy entremezclados, sin que ello impidiera una constante disputa por los mercados, generadora de guerras. En todo caso, si algo demostró aquella gran depresión fue la interdependencia de las economías de Europa y América.
Con respecto a estas pugnas, y a la misma crisis, España ocupaba una posición marginal –beneficiosa en el caso de la depresión económica, que la afectó en menor medida que a otros países, si bien la agravarían las demagogias izquierdistas–. La insurrección socialista-separatista de octubre del 34 gozó de gran proyección y simpatía entre toda la izquierda europea, que colaboró en la falsaria campaña de denuncias de la represión derechista en Asturias. Pero, por lo demás, ello no alteró la marginalidad de España en el conjunto europeo.
Las cosas cambiarían cuando la guerra se reanudase, y en vasta escala, en 1936. De pronto la atención de todo el continente se centró en los asuntos españoles por dos motivos: porque en ellos se reflejaban con la mayor intensidad los conflictos ideológicos de la época –aunque en España tuvieran numerosas particularidades—y porque, debido precisamente a ello, la contienda española podía ser la chispa que hiciese saltar el orden de un continente sometido a enormes tensiones. Estos dos rasgos determinarían las actitudes de las diferentes potencias en relación con España.
Las democracias, en primer lugar Inglaterra y Francia, deseaban ante todo mantener el statu quo alcanzado por su victoria en la I Guerra Mundial, y por tanto sintieron el conflicto hispano como un peligro que había que contener a toda costa en la frontera de los Pirineos. Las simpatías mayoritarias, sobre todo en Francia, iban hacia el Frente Popular, cuya causa recibió muestras de solidaridad y ayuda militar, pero sin sobrepasar los límites de la prudencia. Se trataba de que los españoles dirimieran sus diferencias entre ellos, sin contagiar a otros países. Claro está que ello obligaba a continuas maniobras, porque una guerra tiene muchas alternativas y resulta muy difícil de manejar, y la postura de Inglaterra no era idéntica a la de Francia; pero la línea fundamental era esa.
Por parte de Italia, y sobre todo de Alemania se trataba justamente de una oportunidad para alterar la situación legada por la guerra mundial, y tomaron partido por los nacionales. De ganar el Frente Popular, España se convertiría en una potencia hostil para ellas, reforzando el poder de Francia e Inglaterra en el continente. Por el contrario, apoyando a los nacionales se ganarían la gratitud y quizá la alianza con un país situado tan estratégicamente a espaldas de Francia y cerrando el Mediterráneo. Franco decepcionó un tanto estas expectativas con motivo de la crisis de Munich en septiembre de 1938, cuando proclamó que en caso de guerra entre las potencias fascistas y democráticas permanecería neutral; pero ello no resultaba demasiado preocupante, porque, si la guerra se desataba, su lógica difícilmente dejaría de arrastrar a España, y solo podría hacerlo al lado de las potencias que la habían ayudado. Fueran cuales fueren los motivos ocasionales y secundarios de la intervención alemana e italiana, el trasfondo estratégico general parece ser ese.
En cuanto a la URSS, convencida de que la contienda “imperialista” mundial estallaría más pronto que tarde, el caso español le ofrecía una ocasión dorada para “profundizar las contradicciones” entre Alemania e Italia por un lado, y Francia e Inglaterra por el otro. Stalin temía sobre todo que la guerra europea estallase entre él y Hitler, y su mayor aspiración consistía en desviarla hacia el oeste: el choque entre la URSS y Alemania tenía gran probabilidad de acabar con la primera, mientras que si ocurría entre democracias y fascismos, la URSS quedaba como árbitro y la revolución se extendería sin duda sobre una Europa devastada. A ese fin respondía la táctica de los frentes populares. Estos tenían un doble objetivo: presionar a los gobiernos democráticos para movilizarlos, incluso militarmente contra Alemania; y por otra parte, robustecer los movimientos comunistas en cada país, manipulando el sentimiento popular y debilitando a esos mismos gobiernos.
Su intervención en España se caracterizó precisamente por esa doble política: utilizar la guerra civil para provocar el choque entre las potencias capitalistas o “imperialistas”, y al mismo tiempo hacerse con el control del país. Según algunos autores (Cattell), las dos políticas se contradecían, y en parte era así. Pero el Kremlin esperaba, con bastante racionalidad, que en Londres y París el miedo a una España aliada o satelizada por Alemania e Italia privara sobre el temor a una España más o menos sovietizada. Por ello, la política comunista en España procuraba no alarmar a las democracias e insistía en la defensa de la “república burguesa”, mientras en los hechos minaba al gobierno izquierdista español asegurándose posiciones decisivas (la fuerza armada y policial, sobre todo) para, en su momento, imponer un régimen sovietizado. La dificultad para la URSS radicaba en que las democracias, en particular Inglaterra, tenían bastante buenas relaciones con Italia y aunque temían a Alemania, la consideraban al mismo tiempo el gran dique frente al expansionismo soviético. Por ello les repugnaba más una España roja que una España supuestamente fascista. Además, como le señaló algo cínicamente el embajador inglés al soviético en el Comité de No Intervención, no había que preocuparse por una España fascista, porque saldría destrozada de la contienda y necesitaría créditos para reconstruirse. Y esos créditos solo podría encontrarlos en Londres, no en Berlín ni en Roma, y estarían sujetos a condiciones satisfactorias para Inglaterra.
Creo que con estos lineamientos generales se entiende la intervención y no intervención de las grandes potencias europeas en nuestra guerra civil, que han dado lugar a tantas interpretaciones.
