En el otoño de 1940 morían, en circunstancias muy diversas, cuatro representantes emblemáticos de la república y el Frente Popular: Besteiro, Companys, Zugazagoitia y Azaña. En ellos se encerraba gran parte de la historia del país entre 1931 y 1940. 180 – La muerte de Azaña, Besteiro y Companys | Memoriadores y república – YouTube
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Las elecciones del Frente Popular
He dicho a menudo que el problema de los “memoriadores” no es que vivan en el error, es que viven DEL error, es decir, de la mentira. Una especie de picaresca, de larga tradición por otra parte. Por esa razón tienen que refugiarse en una ley totalitaria de memoria “histórica”, que ponga a salvo sus embustes contra el debate exigido por la honradez intelectual y por la democracia.
Uno de los temas básicos en que han querido asentar los políticos y memoriadores su legitimidad como herederos del Frente Popular, consiste en afirmar que este ganó unas elecciones democráticas en febrero de 1936. Hace muchos años demostré –y para ello solo hacía falta citar a Azaña y a Alcalá-Zamora, aparte de muchas otras evidencias– que las elecciones no fueron normales, es decir, democráticas. Más recientemente los historiadores Tardío y Villa demostraron que hubo fraudes concretos en dichas elecciones (lo han hecho casi pidiendo excusas por su atrevimiento y poniéndose arrogantes conmigo por haberme adelantado en la cuestión decisiva). Lo he explicado de este modo: las elecciones no fueron democráticas, por lo que probablemente fueron también fraudulentas. Villa y Tardío han demostrado los fraudes, o parte de ellos, lo cual es muy importante, aunque no lo más importante. Por eso algunos memoriadores como Moradiellos, Santos Juliá, Calleja y otros, han querido rebatir a Tardío y Villa en ese punto secundario para insistir en que, aun con fraudes o distorsiones menores, el Frente Popular había ganado las elecciones, con lo que los villanos de la historia serían quienes se rebelaron contra él.
Para entender la cuestión: es como si alguien intenta violar a una mujer. Contra lo que piensan los simplones o malintencionados, el delito permanece aunque la víctima logre deshacerse del delincuente y escapar a tiempo. Tardío y Villa han demostrado que los violadores consiguieron su propósito, pero lo primero y esencial es entender que se trataba de violadores.
Resumiré lo que he explicado ya en El derrumbe de la República (2001, Ed. Encuentro) y en mis últimos dos libros sobre el carácter no democrático de aquellas elecciones


a) Las elecciones fueron convocada de forma ilegítima por el dúo (derechista o centrista, como se prefiera) Alcalá-Zamora- Portela. Portela había prorrogado ilegalmente los presupuestos, por lo que iba a ser enjuiciado por la Diputación Permanente de unas Cortes que ellos habían suspendido arbitrariamente, y para escapar a la acusación tuvieron que disolver las Cortes y convocar elecciones. He expuesto el proceso que desde la insurrección del 34 llevó a esta salida, pero aquí basta con señalar el dato.
b) A las elecciones se presentaron una izquierda unida en el Frente Popular, más, de hecho, los separatistas catalanes. Estos partidos se habían sublevado contra la república en octubre de 1934, con un programa de guerra civil. El Frente popular se proponía “republicanizar” el estado, es decir, depurarlo y transformarlo de modo que la derecha no pudiera gobernar ya más. En su lenguaje pervertido, “republicanizar” consistía en abolir la democracia o lo que quedaba de democracia en la república del 31.
c ) La propaganda del Frente popular fue desde el primer momento de una virulencia calumniadora y un odio realmente feroz, acompañada de violencias físicas, que, junto con el precedente de 1934, presentado como hazaña progresista, no podía presagiar más que lo que efectivamente vino después.
d) La decisión de fraude y violencia quedó bien explícita en las palabras de Largo Caballero y del “moderado” Azaña advirtiendo que de ningún modo admitirían una victoria de la derecha en las urnas. Estos propósitos fueron públicos, demostrando que estaban dispuestos a intentar el golpe y la guerra civil como en 1934.
d) Sobre el transcurso de las elecciones, Azaña confiesa la verdad en carta a su cuñado Rivas-Cherif: “Los gobernadores de Portela huyeron casi todos. Nadie mandaba en ninguna parte y empezaron los motines”. Los gobernadores eran los encargados de velar por el escrutinio, y los motines y algaradas callejera empezaron, efectivamente, apenas se hicieron públicos unos primeros resultados favorables a las izquierdas.
e) El propio Portela huyó literalmente, en un ambiente de inseguridad de los recuentos y de preguerra civil, después de traspasar apresuradamente el poder a Azaña. Las, llamémoslas, irregularidades (violencias e imposiciones) no hicieron más que aumentar en una segunda vuelta, en una “revisión de actas” consistente en el robo de diputados a la derecha y en la repetición de dos elecciones provinciales. El propio Azaña aclaró enseguida que el poder no saldría ya más del Frente Popular.
f) El fraude generalizado concluyó en abril con la expulsión de la presidencia de Alcalá-Zamora, un suceso esperpéntico muy descriptivo de todo el proceso demente del Frente Popular. La izquierda estaba en el poder gracias a que Alcalá-Zamora había disuelto las Cortes unos meses antes, ¡y los mismos beneficiarios de la disolución declaraban que dicha disolución había sido improcedente! Por lo tanto estaban en el poder de modo improcedente. Había en ello cierta justicia poética, pues el derechista Alcalá-Zamora, destituido por sus beneficiarios, había sido el gran destructor del centro derecha y causante de aquellas elecciones nefastas. Las causas las he analizado en mis dos últimos libros.
g) Desde el mismo proceso electoral no cesaron de aumentar las violencia, asesinatos, incendios y arbitrariedades, la independencia judicial quedó abolida y los cuerpos de seguridad fueron infiltrados por delincuentes de izquierda. El asesinato final de Calvo Sotelo por una mezcla de guardias de asalto y milicianos socialistas capitaneados por un guardia civil muestra hasta qué punto la propia policía se había convertido en una terrorista. Pero este es ya otro proceso, aunque paralelo al electoral.
h) Está clara, entonces, la voluntad y manejos del Frente Popular para violar la legalidad republicana y la democracia. Y asimismo que esa voluntad y manejos se vieron coronados por el éxito, y no solo por los fraudes concretos demostrados por Villa y Tardío. Aunque estos, por una rarísima circunstancia, no se hubieran producido, y hubieran ganado sin fraude preciso, el delito era brutal y flagrante.
i) Hay dos equívocos que deben disiparse al analizar estas cuestiones. La izquierda y los separatistas nunca basaron su supuesta legitimidad en aquellas elecciones ni en ningunas otras. La han basado siempre en su presunción de representar “al pueblo” (aunque la mayoría del pueblo no les votara), “a los trabajadores” (aunque les trajeran desempleo, miseria y tiranía, como ocurrió inmediatamente), al “progreso” (aunque fuera hacia el abismo), a la “raza vasca” o “catalana” (aunque solo aportaran violencia y opresión a vascos y catalanes) etc. Esa “legitimidad” farsante y fanática con un fondo de “estupidez y canallería” denunciado por Gregorio Marañón, les hacía sentirse autorizados para sublevarse en guerra civil si ganaba la derecha, o para falsear las elecciones e impulsar el terror una vez ganadas de ese modo.
j) Un segundo equívoco no menos importante: cuando los memoriadores y políticos por el estilo hablan de “democracia”, entienden por ella precisamente lo que aquí he resumido: el liberticidio y el fraude. Se trata de la perversión del lenguaje, que bautiza con palabras biensonantes las peores tropelías. Técnica en que es experto el gobierno actual. Si tenemos esto en cuenta nos evitaremos muchas trampas dialécticas y discusiones inútiles, y la repetición de una historia lúgubre.
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Abrirse a la vida
A) El tema del despertar a la vida o de abrirse a ella en la adolescencia, es de los más sugestivos literariamente O sea, Cuatro perros verdes podrías haberla titulado también como una que recuerdo, La vida sale al encuentro. Nunca la leí, pero se leía mucho cuando yo era joven, sospecho que era algo gazmoña, pero tuvo mucho éxito.
Me suena, sí, hay mucha de esa literatura juvenil, pero no tiene nada que ver con mi novela. Casi toda la literatura juvenil que conozco es un poco tipo Peter Pan, no trata el enfrentamiento con la vida sino que la da por estancada en esa edad, aunque la describa mejor o peor. Sí, es un tema muy sugestivo. Ya os dije que había cometido una ligereza al recomendarla a aquellas chicas como juvenil y optimista. Es juvenil porque trata de esa edad en que se abre la vida, ya dije, pero no es optimista ni pesimista, al menos en mi intención.
C) Ahí está la cosa: ni esa ni la de gritos y golpes la he visto como pesimista. No puede decirse que sean optimistas, tampoco. Realistas, quizá. Es la lucha por una vida que acucia a los chavales pero que no la comprenden.
A) Ni la comprenden, ni la comprendíamos entonces ni la comprendemos luego. Lo que pasa es que nos vamos amoldando a las circunstancias, guardando siempre una insatisfacción con ellas, con la realidad, y nos queda una imagen encantada por aquellas ilusiones. A todos nos pasa algo de eso. La vida es poco comprensible, pero nos empuja. En tus novelas encuentro eso, un impulso vital, creo que la idea es de Bergson, pero no estoy seguro de que se refiera a lo que digo. Sí, impulso vital. Son personajes que aunque quieran dárselas de estar de vuelta de todo, o hastiados, en realidad están llenos de vida, de esa vida que tal vez sea incomprensible, pero que nos acucia, nadie lo puede negar, y que tratamos de entender lo mejor posible, con religión, con comunismo, con existencialismo… Eso es lo que quiero decir. Tú mismo has hablado algo de eso, si no te he entendido mal.


