Quién fue Franco y quiénes los antifranquistas

Quién fue Franco

 De Francisco Franco se puede afirmar con certeza lo siquiente:

  1. Se educó, civil y militarmente, en el régimen liberal de la Restauración (1875-1923), e hizo una brillante carrera militar en Marruecos.

  2. En 1930 se declaró partidario de una democracia ordenada en contraposición con su hermano Ramón, golpista republicano.

  3. Preocupado por las violentas derivas de una caótica democracia republicana, defendió no obstante al régimen contra el alzamiento armado del PSOE y la Esquerra, en octubre de 1934, a cuya derrota contribuyó. Y no intentó ningún contragolpe.

  4. Aunque de preferencias monárquicas, aceptó y respetó la legalidad republicana más que cualquier político, en especial los de izquierda y separatistas, que conspiraron contra ella y realizaron golpes de estado. Y no participó en ningún golpe o proyecto de golpe de la derecha.

  5. En 1936 no se alzó contra la república, sino contra un frente popular que precisamente acababa de destruir el régimen tras unas elecciones fraudulentas. Después de haber fracasado en su insurrección de 1934.

  6. Mantuvo durante la guerra civil plena independencia política y militar ante Hitler y Mussolini, pese a disponer de muy escasos recursos financieros y comprar su ayuda a crédito.

  7. No perdió ninguna batalla, aunque fracasara inicialmente ante Madrid; y ganó la guerra. partiendo de una inferioridad de recursos que a casi cualquier otro le habría inducido a abandonar ya al principio. Y derrotó después a una peligrosa guerrilla comunista (el maquis) Esto puede decirse de muy pocos generales del siglo XX en cualquier país.

  8. No solo no se supeditó a Hitler y Mussolini durante la guerra civil, sino que evitó a España la mundial, y nadie más que él podría haberlo hecho, pese a las presiones de Hitler, sorteando también las amenazas y chantajes de los Aliados cuando estos iban ganando.

  9. Para entonces había llegado a dos conclusiones generales. a) que la democracia era inviable en un país como la España republicana, empobrecida, de grandes desigualdades sociales, repleta de odios políticos y con partidos exclusivistas y sin visión del interés general. Y b) que después de la durísima prueba de la república, el frente popular y la guerra, el país necesitaba un largo período para reponerse, superar la miseria y los odios que hacían imposible una convivencia en paz y en libertad. Y que ese período debía corresponder a una dictadura en la que no existieran partidos.

  10. No obstante, el franquismo no correspondió del todo a esa concepción. De hecho era un régimen de cuatro partidos, llamados “familias”: carlistas, falangistas, monárquicos y los más decisivos católicos políticos ligados al episcopado. Franco arbitraba entre ellos para impedir que sus fuertes diferencias se hicieran antagónicas.

  11. El franquismo nunca tuvo verdadera oposición democrática, sino totalitaria, es decir, comunista y/o terrorista. Los presos políticos fueron muy pocos a partir de los años 50.

  12. Franco y su régimen resistieron un aislamiento delictivo decretado contra el país, pese a no haber participado en la guerra mundial, por las potencias vencedoras (soviéticos y anglosajones principalmente). Y en las más difíciles circunstancias reconstruyeron el país con éxito notable. Sin la deuda política del resto de Europa occidental con los ejércitos useño y soviético, ni con el Plan Marshall.

  13. Dejó al morir un país más próspero que nunca antes, libre de los odios que habían destrozado a la república, lo que permitió el paso a una democracia en principio no convulsa y con una monarquía reinstaurada por él.

En resumen, cabe afirmar que durante cuarenta años venció a todos sus enemigos, interiores y exteriores, a menudo muy poderosos y de gran peligrosidad. Todo esto es la evidencia misma y sin embargo, por ello mismo resulta inadmisible para quienes se empeñan en derrotarlo “por ley” varias décadas después de fallecido. Así, nos enteran de que fue militarmente inepto o mediocre, un dictador políticamente tan incapaz como brutal, sin verdadera inteligencia suplida por una astucia aldeana o “gallega”…, con la que al parecer superaba todos los obstáculos y derrotaba a todos sus adversarios. ¡Cuántos historiadores o seudohistoriadores trazan semejante retrato! Ahora, ¿pintan con él a Franco o a sí mismos?

Un problema particular, al margen del anterior, es el del carácter de su régimen. ¿Fue una dictadura? Se lo puede conceptuar así, por carecer de elecciones generales de partidos, por la restricción de las libertades para los partidos que habían perdido la guerra después de haberla organizado y provocado, y por los poderes excepcionales asumidos por Franco. Sin embargo hay dictaduras y dictaduras, como hay democracias y democracias. Las democracias no funcionan bien, y puede llegar a autodestruirse, en sociedades muy desiguales, pobres y plagadas de partidismos irreconciliables, como fue precisamente la II República. Y en el mundo actual abundan las democracias formales, pero caóticas y corruptas, hacia las que viene derivando la española actual. La dictadura de Franco no fue tiránica, sino progresivamente liberalizadora, reconstituyó literalmente a la sociedad española y la dejó preparada para una convivencia en paz y libertad, que es a lo que aspiran en general las democracias reales. Fue un régimen legitimado por las circunstancias históricas y también democráticamente por el referéndum de diciembre de 1976, cuyo olvido sistemático ha llevado a la democracia actual a bambolearse perdiendo sus raíces históricas a merced de cualquier usurpación. Plantear la cuestión de otro modo nos lleva a absurdos como una democracia con leyes tiránicas como las de memoria, al gusto de etarras, comunistas separatistas o socialistas...

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J. Pérez y otros enemigos de la hegemonía española (y de España, por lo demás)

J. Pérez y otros enemigos de la hegemonía española (y a España, en suma)

Joseph Pérez, sospecho que como respuesta indirecta a mi Nueva historia de España, ha publicado un libro  (2003) titulado nada menos que  Entender la historia de España. En sus propias palabras, ¿Puede hablarse, en rigor, de España antes de la invasión árabe de 711? Tengo mis dudas (en realidad no tiene ninguna: lo niega). (…)  Los Austrias inauguran una nueva era que termina con los tratados de Westfalia (1648), era de hegemonía en Europa y en el mundo, era de gloria, si se quiere (no me parece que Pérez lo quiera demasiado), pero ¿para quién y para qué? La que ocupa entonces el primer puesto en Europa no es precisamente España, sino la dinastía reinante. Manuel Azaña lo vio claramente; tal vez, como buen conocedor de la historia de Francia, se haya acordado de lo que (…) aprendían los alumnos franceses en la escuela (…) Francia se enfrentó, no tanto con España, sino con la Casa de Austria. La hegemonía era cosa de la dinastía, pero a los españoles les costó caro: les impidió desarrollar sus intereses propios como nación.. Estos van a ser los ejes principales de mi reflexión (…) siguiendo a mi manera (…) la pauta de mi maestro Pierre Vilar: importa menos dar a conocer que dar a entender lo que ha pasado”.

  En mi blog Más España y más democracia,  dediqué al libro nueve entradas entre febrero y abril de 2012, que pueden encontrarse fácilmente en Internet. Aquí interesa ahora la pintoresca visión que ofrece de la hegemonía española, que al parecer no solo no tuvo nada que ver con España, sino que en realidad la perjudicó, porque fue hegemonía de la Casa de Austria, la cual habría impedido a los españoles desarrollarse como nación. La idea, debe reconocerse, es incluso superada por Kamen, pero entra en la misma, digamos, psicología. Por lo que se refiere a España, la Casa de Austria era también Trastámara, y Carlos I fue rey de España antes de ser emperador de Alemania, y, aunque criado en Flandes,  se españolizó a fondo, valorando a España como la base de su poder, al lado de un Sacro Imperio disfuncional e interiormente dividido.  Y sus sucesores en España fueron netamente españoles en todos los aspectos. 

¿Y qué intereses defendió la Casa de Austria? Vino a ser una alianza entre España y la parte católica del Sacro Imperio, que, con España como principal potencia, defendió a Europa y la cristiandad frente al asalto del Imperio otomano, con el cual se alió Francia precisamente contra España. A eso llama Pérez intereses particulares de los Austrias. Y defendió el catolicismo, es decir el cristianismo tradicional en Europa, contra el asalto de la revolución protestante, salvaguardando los principios de la responsabilidad moral, el valor de las conductas y la religión al margen de las políticas nacionales, contra su negación por el protestantismo. En lo cual tuvo que combatir también a una Francia que, aun siendo católica, se aliaba con los protestantes para socavar a España y al Sacro Imperio. ¿En qué sentido perjudicaban esos intereses a una España que se puso precisamente en cabeza de ellos por absoluto interés propio? Pérez alucina.

Y por lo que respecta a los intereses particulares hispanos fue con los Habsburgo-Trastámara o “Austrias” con los que  España descubrió el mundo como conjunto, inaugurando una nueva era en la historia humana;, con los que conquistó y organizó el primer imperio transoceánico de la historia, al que dotó de magníficas obras públicas, nuevas y bellas ciudades, escuelas y universidades, etc. ¿Perjudicó todo esto a España? ¿Le perjudicó el haber creado una cultura propia, original y potente en aquel siglo y medio con la dinastía de los Austrias? 

Pero es preciso fijarse ante todo en esto: España, no el Sacro Imperio, no Francia, Inglaterra o cualquier otro país, fue el que, con sus exploraciones marítimas, las más audaces y destacadas de la historia, abre precisamente una nueva era histórica. Tanto Pérez como Kamen y cien pequeños profesores de historia más, desdeñan el  “detalle”, o ni siquiera se percatan de él.

Para la mentalidad predominante en las actuales corrientes historiográficas, es la riqueza el elemento explicativo decisivo en la historia; una mentalidad en cierto modo de “nuevo rico”. España, por razones de clima y orografía principalmente, no era tan rica como Francia, Países Bajos o parte de Alemania, aunque podía equipararse a Inglaterra. Era también menos poblado que ellos. Pero no fue ninguno de esos ricos países, al parecer más avanzados e integrados, el que construyó las flotas que por primera vez en la historia humana cruzaron los grandes océanos Atlántico y Pacífico, dieron la vuelta al mundo y conquistaron y colonizaron vastas tierras, las civilizaron y abrieron  a –entre otras cosas–  el comercio. Al contrario, durante más de un siglo esos países parasitaron más bien el esfuerzo hispano mediante la piratería o aliándose con otomanos o protestantes. Y sus intentos de imitar a España para establecer colonias fracasaron una y otra vez. Su mayor logro fue comercial, y de no muy buen recuerdo: el tráfico negrero. Tampoco fue ninguno de esos países el que organizó un ejército como el de los tercios, pequeño pero revolucionario en concepción, y tan efectivo que durante un siglo y medio tuvieron que sufrir dolorosamente sus victorias aquellos tan ricos y avanzados.

Hay algo desconcertante para esa mentalidad y es que, en efecto, la hegemonía española, sus logros sin precedentes, fueron conseguidos contra países mas ricos y poblados, a menudo contra todos juntos,  por uno al que  Kamen y muchos otros describen como “pobre, poco poblado y aislado de Europa”;  y, según Pérez, frustrado en sus intereses nacionales por  “la Casa de Austria” (que en España fue tan netamente nacional como es inglesa y no alemana la actual dinastía de Inglaterra). En mi libro reciente Hegemonía española y comienzo de la Era Europea analizo precisamente esa forzada paradoja. La verdad es que España era el país política y administrativamente mejor organizado del continente, lo que le permitía sacar más provecho de unos recursos en principio más escasos, y mantener una esencial paz interior frente a las frecuentes revueltas en países rivales. Y con una dinastía –hispana, desde luego–  mucho menos despótica que las de Francia o Inglaterra. No todo es cuestión de dinero o técnica, hay otros factores más espirituales, poco apreciados por esas escuelas, que los entienden  en todo caso como una espumilla de la economía.

Y no deja de ser asombroso el empeño de tantos, varios siglos después, por derrotar la hegemonía hispana. Recuerda un poco al intento de derrotar a Franco  casi medio siglo después de su muerte.

Tiene interés explicitar qué quería “dar a entender” Pierre Vilar: trataba de divulgar una visión marxista (es decir, lisenkiana, como he explicado en otras ocasiones) de la historia. Y  ninguno de los asertos de Pérez sobre la historia de España, desde la romanización, el reino hispanogodo o la Reconquista (que, naturalmente, niega) resiste un análisis medianamente riguroso  En cuanto a Azaña, no creo que conociera gran cosa la historia de Francia, y lo que conocía de España queda reflejado en su dictamen de un  Imperio español “de frailes y mendigos, aliñado con miseria y superstición”  Es precisa una necedad muy especial  para  soltar tales frases. Y no extrañará demasiado que un personaje así haya contribuido como lo hizo a la catástrofe de su país.

Joseph Pérez fue un hispanista francés que ha recogido los mayores laureles en España: miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid, Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, comendador de la Orden de Isabel la Católica, premio Príncipe de Asturias 2014… La razón de tales distinciones es que con sus estudios desmintió la leyenda negra (¡!) Le dediqué en Mas España y más democracia, una serie de artículos bastante larga.

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Ls novelas mienten / Dúo de timadores / La roca de Prometeo

Las novelas mienten

–Verdaderamente, si no fuera por eso que llamáis terror sagrado, Sonaron gritos podría quedar como una novela de aventuras, bastante de amor, mucho de guerra, algo de costumbrismo…

–Yo creo que si me hubiera propuesto combinar esos factores, no lo habría logrado, habrían quedado como pegotes, pero salió sin apenas planeación, un poco por su cuenta. 

–Bueno, eso nos importa poco. Lo que hay es lo que realmente  te salió. El terror sale en mucha literatura, de ahora y de siempre, pero casi siempre como terror convencional, o terror animal contagioso ante peligros inminentes de muerte, o por la maldad o la locura de los “malos”. Y contra lo que dices, también el terror sagrado asoma en Cuatro perros, esas discusiones de tono metafísico, esas burlas, mismo bajo la desesperación de Moncho por la arbitrariedad divina, o la lucha inútil de Arsenio contra su homosexualidad,  y la satisfacción por su crimen, pues en todo eso  lo que asoma, para mí, es el pánico ante lo que no puedes entender.

–¿Una venganza por eso de la arbitrariedad divina? La venganza consiste en destruirse uno mismo. “Me has hecho con esas ilusiones y me las has quitado, mejor, me las has hecho fracasar. Pues al carajo todo”. 

–Pero, a decir verdad, Dios no aparece en ninguna de las dos novelas.

–No, no tienen nada de relatos piadosos. La cosa, según la veis, me recuerda algo de Lerroux en sus memorias: discutían de la existencia de Dios en la redacción de un periódico, y  un poeta, jorobado, sacó una navaja y la clavó en la mesa soltando una blasfemia brutal contra quien le habría creado con un cuerpo miserable, y al mismo tiempo con un alma ambiciosa y altiva. La anécdota está muy bien contada.   

–El contraste entre las ilusiones y los proyectos de la adolescencia y la marcha real de la vida está en muchas obras. Me parece un tema fundamental, solo que en  Cuatro perros no puede aparecer, porque solo pasa un día.

–Sí, se ha tratado mucho, los proyectos de juventud y tal, proyecto de vida… Eso lo trataban mucho algunos filósofos en los años treinta. Pero casi nunca hay ese contraste, muy poca gente se hace proyectos, ni siquiera pequeños proyectos, en realidad se va acoplando a como salgan las cosas. El proyecto de casi todo el mundo es simplemente ganarse la vida a como vaya saliendo, y disfrutar de lo que se pueda. Eso no suena muy novelable, pero las novelas mienten, ya se sabe, dramatizan  lo vulgar y corriente. 

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Dúo de timadores

**Pujoliño y Dotor compiten por quién estafa mejor a la gente. La técnica la tienen bien aprendida: disfrazar las corrupciones, los desmanes y fechorías con palabras que suenen bien: por ejemplo, Pujoliño llama “bilingüismo cordial” a la exclusión progresiva del español de la vida oficial en Galicia. O dice que el PSOE es un partido mayoritariamente honrado. Claro, como el PP. 

**El antifranquismo necesita mentir constantemente, porque vive de la mentira.

**El antifranquismo es el virus que está destrozando la democracia y la unidad nacional

**El antifranquismo reúne a asesinos etarras, corruptos socialistas, déspotas separatistas, comunistas y señoritos cutremangantes del PP.  Lo mejor de la sociedad, todos socios contra Franco.

**El antifranquismo no odia a Franco a pesar de haber mantenido la unidad de España, haberle evitado la guerra mundial, haber superado los odios y miseria republicanos,  y haber dejado una sociedad reconciliada, próspera, con buena salud social, sin la deuda histórica, moral y política, del resto de Europa con los ejércitos useño y soviético… Lo odia precisamente por todo eso.

**Como en el Frente Popular, del que se considera heredero, el  antifranquismo lleva en sí todos los gérmenes de los odios y la guerra civil. 

**Ningún abortista fue abortado. Quizá, en el fondo, lo lamentan.

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La roca de Prometeo.

Una de las definiciones del ser humano (animal racional, animal político, etc.) es la de animal técnico. Es más, puede intentar entenderse la historia humana como un desarrollo, por lo demás muy evidente, de su técnica. Esto queda claramente contemplado en el mito de Prometeo,  figuración precisamente del animal técnico. La técnica permitiría al hombre burlarse de los dioses e igualarles. En el mito, Zeus condena a Prometeo a ser encadenado a una gran roca, donde le visita un águila para roerle el hígado, día tras día.

Creo que nadie ha interpretado el mito mejor que Paul Diel. La roca simboliza la trivialidad y opacidad de la vida, y es la consecuencia de la técnica opuesta al espíritu. Prometeo tiene lo que ha elegido: está encadenado a la trivialidad, y el águila representa el castigo de esta, por su elección.   

Como dice Diel, los mitos tienen una profundidad insondable. Hoy, el hombre ha desarrollado una capacidad técnica que irónicamente le iguala a la divinidad, al permitirle destruirse a sí mismo. Y junto  con las maravillas de la técnica, la vida humana se ha vuelto insoportablemente opaca,  plana,  chabacana… en combinación con la histeria por algún apocalipsis. A salvar el planeta, vamos.  

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Terror sagrado / Grandes problemas rehuidos / Historia complicada

El terror sagrado

De tertulia

– Yo sintetizaría  Sonaron gritos como el itinerario entre dos encuentros. Empieza con un encuentro entre padre e hijo que casi da lugar al asesinato del hijo por el padre, ignorantes ambos de su parentesco;  y termina con otro encuentro entre los dos,   en el cual el hijo reconoce al padre, no así a la inversa, y deliberadamente provoca su muerte, la del padre. El primer encuentro está a punto de volver loco al hijo, y el segundo le causa un choque psíquico que le impone  cambiar de vida.

–La verdad es que no pensé ni planeé nada de eso al escribirla. Salió así, por las buenas. No soy un gran lector de novelas, solo leí muchas en la adolescencia, después pensé que la realidad supera a la ficción. Pero, bueno, no conozco ninguna que se pueda condensar así. ¿Conoces alguna con un tema parecido? De todas formas, lo más importante es lo que llamas  itinerario, los diez años “de hierro”  entre un encuentro y otro. 

–Se puede catalogar como novela de guerra o de aventuras, pero tampoco conozco otra con ese hilo conductor, paterno-filial, tan dramático, ahí entiendo su originalidad.  Lo entiendo como eso que llaman el  terror sagrado, al principio y al final. El terror del que nacen las religiones, el terror ante la impresión del cosmos, de la insignificancia humana, de la muerte. Me ha parecido obvio en la reacción de Alberto tras el segundo encuentro: percibe de golpe el parentesco con su padre precisamente como si hubiera tras ese parentesco una decisión oscura de un poder inalcanzable, ineluctable, contra el que no puedes hacer nada. 

–Puede haber algo de eso. El terror que se advierte en las anotaciones finales del diario de González Ruano, que ya recordé en el blog, por ejemplo, y del que huimos en la vida cotidiana. ¿Y en Perros verdes? ¿Qué te parece?

–En  esa no hay itinerario. Todo pasa en un día, supongo que has querido hacer de un día el símbolo de toda una vida, como que en las andanzas de esa jornada está encerrada toda la vida, la de los cuatro… ¿Terror sagrado? No me suena que ahí asome…

Cuatro perros verdesSonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

Cuatro perros verdes : Moa Rodríguez, Pío: Amazon.es: Libros

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Grandes problemas rehuidos

Hay tres puntos clave de Gran Política que todos los partidos rehúyen sistemáticamente:

a) La colonización  por el inglés, que está esterilizando nuestra cultura y convirtiéndola en un tosco remedo de la anglosajona.

b) La posición internacional de España  en la  confrontación en ciernes entre dos nuevos bloques,  su satelización a uno de ellos,  y la evolución  occidental hacia la ideología LGTBI, presentada como culminación de la libertad.

c) El significado histórico y herencia del franquismo, que están intentando destruir los principales partidos, amenazando la supervivencia de España como nación y democracia.

Cada una de estas tres grandes cuestiones debería ocasionar debates en profundidad, pero la ausencia de ellos revela la turbia decadencia política e intelectual del país. Por por eso mismo importa más traerlos ante la opinión pública, y a eso quiere contribuir este blog.

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Historia complicada 

Escribe Stanley Payne sobre Hegemonía española y comienzo de la Era Europea:

El  aspecto individual que más me ha gustado e impresionado es haber logrado   una perspectiva amplia y de conjunto de una historia tan complicada.  En  este sentido, sobre todo, es una obra singular sobre un tema ampliamente
tratado, pero nunca con tanta coherencia.

La cuestión es precisamente esa: cómo trazar una visión de conjunto evitando los dos peligros: destacar los factores que habían hecho imposible la hegemonía, como hace una bibliografía tan nutrida como absurda; y evitar un enfoque o retórica a la defensiva y patriotera, que generalmente solo percibe determinados aspectos de la cuestión. La hegemonía española tiene que analizarse en cuatro perspectivas: la lucha en Europa contra el islam otomano y sus aliados cristianos; la formación del primer imperio transatlántico en la historia humana, y con él de un vasto ámbito cultural; el esfuerzo intelectual contra el protestantismo y la evangelización del imperio; y  las grandes exploraciones que descubrieron el mundo como conjunto y abrieron una nueva era en la historia humana, en la que España y después otras potencias europeas marcaron la evolución política, militar, intelectual e ideológica. Señalar que esa era termina con la SGM tiene también máximo interés como apertura a otro vasto campo al  análisis historiográfico. Que propongo, espero que no en vano, a historiadores no contaminados por  la penosa universidad que padecemos. 

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Ilusión y experiencia / España y el nuevo (des)orden mundial / Tres puntos para VOX

 Ilusión y experiencia

Ya que estamos en vacaciones, tiempo de novelas, hablaremos más de literatura. Decía que Sonaron gritos y golpes a la puerta transcurría en una época peligrosa, violenta y ardua, y sin ese trasfondo no se entendería el relato. Deliberadamente lo he contrastado  en Cuatro perros verdes con los finales de los 60, una época de paz, prosperidad creciente  y en general optimismo, aunque se reflejara en ciertos ambientes la inquietud europea después de la II Guerra Mundial y la guerra fría: sensación  de fracaso histórico y social a pesar de la riqueza creciente, existencialismos, marxismos, corrosión de la moral sexual…,  que  explotarían en el  “68 francés”. Todo ello llegaba a España un tanto amortiguado, porque el país no había sufrido la guerra mundial y se había ido recuperando  con sus propios medios.  Ortega y Gasset, al volver del exilio en 1946,   había encontrado a España con  una  “sorprendente, casi indecente salud” en contraste con el resto del continente. Aquella salud moral y cultural había ido cediendo a las manías y complejos “europeístas”, pero en 1967, año en que sitúo Cuatro perros verdes,  todavía se manifestaba en las esperanzas y desconciertos juveniles, es decir, de algunos jóvenes. Algo que, puede observarse hoy fácilmente, ya no ocurre. La juventud actual, como toda la sociedad — aunque puede ser una impresión engañosa– deja una impresión plana y gris, sujeta a la roca de Prometeo y sin siquiera el águila que con sus picotazos venga recordarle el mundo del espíritu.

Los personajes en las dos novelas son jóvenes. En  la primera se ven empujados por unas circunstancias brutales, ante las que reaccionan según el carácter de cada uno; en  la segunda, ausentes esas presiones extremas, cada cual  busca su camino y cree, con la ilusión de la poca  experiencia, que lo encontrará y recorrerá  hasta el fin. No obstante, en  algunos se perciben ya  los mínimos gérmenes que terminarán pudriendo   tal ilusión. En español, observaba Julián Marías, la palabra ilusión tiene doble sentido, como lo propio del iluso y como un impulso creativo.

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España y el nuevo (des)orden mundial

Al caer la URSS se creó una situación de aparente triunfo generalizado de la ideología que solemos llamar liberal, concepto que ha tomado tintes poco nítidos. En adelante, como analizó Fukuyama, la política se reduciría  a la gestión de la economía,  de los inagotables deseos materiales de la gente.  En palabras de Putin, Usa e Inglaterra se creyeron la voz de Dios en la tierra, y que sus intereses tenían carácter sagrado. Putin después de un tiempo en que Rusia intentó entrar en las organizaciones occidentales OTAN y UE, recibiendo un despectivo portazo, pensó en desafiar aquella hegemonía angla, fomentando un mundo multipolar, en que las potencias emergentes formaran un contrabloque  que equilibrara los poderes en el mundo. 

El bloque llamado occidental, dirigido por Usa con Inglaterra como segunda al mando, combinaba una superioridad económica y militar tan apabullante que –parecía forzoso– haría que el resto del mundo girase en torno a él.  Como decía Madeleine Albright, jefa por un tiempo de la diplomacia useña,  “tenemos un ejército increíble y debemos usarlo”, y esta ha sido la concepción implícita. Las guerras de Irak y  Afganistán, países política y militarmente  insignificantes,  demostraron que la cosa no era tan fácil, y las siguientes de Libia y Siria, con nuevos métodos, no mejoraron el balance. Solo Serbia, con sus infraestructuras destruidas sin posibilidad de réplica, resultó un éxito real para la OTAN. 

Desde entonces, en solo treinta años, la situación mundial ha cambiado de un modo muy difícil de prever. China se ha convertido en una superpotencia con un concepto de la civilización muy distinto del de Usa, con la que aspira a rivalizar con Usa. Rusia quiere desempeñar un papel propio, pese a su inferioridad económica, que la saque de su humillación anterior. La mezcla de debilidad económica y política  con una enorme extensión y recursos  naturales hacen de Rusia una tentación para otras potencias, que podrían extraer grandes beneficios de su fractura (algo parecido ocurrió con el Imperio español cuando el país quedó exhausto por la invasión napoleónica). El gobierno ruso ha dado especial importancia, por eso al armamento nuclear.

Se irían configurando así dos grandes bloques, el “occidental”, dirigido por Usa-Inglaterra y el “oriental” en el que entrarían Rusia, China, India y algunos más, y que pugnarían por ganarse política y económicamente a los numerosos países “no alineados”, repitiendo en cierto modo las estrategias de la guerra fría. La guerra de Ucrania debe entenderse como una especie de  terremoto surgido del roce entre las dos “placas tectónicas”.  El peligro es el mayor que haya afrontado la humanidad hasta hoy, porque podría concretarse en un choque global  que destruyera la civilización y posiblemente a la propia humanidad. Es la clara conciencia de ese peligro lo que debe evitar la catástrofe. 

Por otra parte, ninguno de los dos bloques es estable. La UE tenderá a desafiar, en parte viene haciéndolo, la hegemonía angla. Y una alianza entre China y Rusia solo puede ser táctica y no estratégica, aparte de que India mira con gran recelo a la superpotencia china. Todos los intentos históricos de establecer “nuevos órdenes” mundiales,  o siquiera regionales de alguna amplitud, han durado muy poco tiempo.

En cuanto a España, su interés más fundamental sería la neutralidad (que también habría evitado la guerra de Ucrania, si el criminal Zelenski no hubiera querido hacer de su país una punta de lanza contra Rusia) Pero la neutralidad de España exigiría que el país se deshiciese de unas oligarquías políticas corruptas y opuestas a los intereses del país en cualquier terreno. Quizá eso sea imposible. Recuerdo lo que decía un judío de origen ruso que llevaba muchos años aquí y casado con una española: “El espíritu ha abandonado a España”. Pero también es verdad, como ocurrió en el siglo XV, que a un largo período de corrupción y decadencia sucedió el de los Reyes Católicos, según he recordado en Hegemonía española y comienzo de la era europea. 

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Tres puntos para VOX

Creo que, en relación con el PP, VOX no debiera olvidar ni por un momento tres puntos esenciales:

1) Para el PP, el enemigo principal no es el PSOE ni los separatistas, sino VOX, que le ha arrebatado gran número de votos, y hasta ahora ha presentado un discurso  muy distinto. El PP no cesará en su política para reducir a VOX a la impotencia o satelizarlo.

2) La táctica del PP con respecto a VOX, viene a ser: debemos aliarnos contra el (supuesto) enemigo mayor, el PSOE. En esa alianza, el PP aporta lo que VOX no puede: amplia organización, larga experiencia de gestión, una gran masa de votos (en principio) garantizados. Por lo tanto, el voto útil será el que vaya al PP. Además, presentará a VOX como un partido un tanto extremista e iluso, argucia que cala en gran parte del electorado.

3) Si el votante no percibe con claridad diferencias de fondo entre PP y VOX,  se inclinará por el primero, como ha pasado en Andalucía, y no entenderá siquiera por qué Abascal ha creado un nuevo partido “debilitando” innecesariamente a la derecha. 

La mayor parte del electorado está simplemente confuso. Muchos se han alejado asqueados del PP por la larga trayectoria de traiciones de este partido, y han ido hacia VOX. Pero si perciben en VOX un PP bis, más radicalizado y gritón, preferirán abstenerse. Y el proceso de destrucción de la herencia del franquismo (unidad nacional, democracia, monarquía…) llegará a su fin o dará pie a un nuevo periodo de violencias.

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