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Sitios de interés
Monarquía y república / El gran proyecto / Charlatanes (XVI) Simplezas de César Vidal
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Ante un plan de disgregación / Novela y profecía / Charlatanes (XV): Viñas, o Antoñita la fantástica
Otoño-invierno de 1941: Hitler fracasa en Moscú y los comunistas en España: 189 – Hitler fracasa en Moscú y los comunistas en España | Indultos mafiosos – YouTube
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Ante un plan de disgregación
**Como dije, el PP, si exceptuamos a Ayuso, está a favor de los indultos. Por supuesto, Casado también lo está, pero ve que el coste político recae sobre el PSOE y quiere explotarlo para abrirse camino a la Moncloa, la gran ambición de este hombre de humo.
**El PP y otros “se oponían” al separatismo amenazando con que Cataluña separada sería inviable económicamente y no sería admitida en “Europa”. No solo eran ambas cosas una estupidez muy propia de ese partido siniestro, sino que revelan claramente que no creían en la unidad de España, considerándola un hecho de mero interés económico.
**No solo está a favor de los indultos el PP, también lo está evidentemente un rey sin fuste, como acaba de demostrar. Es cierto que en 2017 tuvo otra actitud, que pudo ser un golpe real al separatismo (pero que Rajoy convirtió en golpismo permanente). Es obvio que ha cambiado de actitud.
**El rey ha despreciado la historia y continuidad de su país permitiendo sin mover un dedo el gravísimo atentado de la profanación de la tumba de Franco. Posiblemente crean, él y sus cortesanos, que eso “ya pasó”. Se trata de uno de esos hechos históricos que no pasan, que siguen ahí como un fantasma acusador.
**Con los indultos, el rey ha despreciado a su pueblo y a su país en función de lo que cree ser intereses inmediatos de la monarquía. Sigue, sin darse cuenta la trayectoria de su abuelo y bisabuelo. Y la de su padre con la firma de la ley soviética de memoria histórica.
**Los indultos vulneran tan de frente la legalidad, la Constitución y la unidad de España, que solo pueden entenderse como un paso intencionado hacia una próxima disgregación del país. La profanación de la tumba de Franco fue otro hito en el proyecto: recuérdese que Franco simbolizó la unidad y continuidad de España.
**Dentro del proyecto disgregador, no solo están a favor de los indultos el PP o el monarca. También lo está la mayoría de la Triple M, buena (o mala) parte del gran empresariado, los fariseos de la conferencia episcopal y la UE. Una disgregación que en su momento podría muy bien encubrirse bajo el lema: “¿Qué más da, si todos seguimos en Europa?“
**Recuérdese al respecto un fenómeno casi único en el mundo y que ha transcurrido ante los ojos de todos sin que casi nadie quisiera percatarse: hemos tenido unos gobiernos que han promovido la liquidación de la soberanía nacional por un lado y alentado y financiado los separatismos por otro, mientras anulaban cualquier reacción en contra. Hay un precedente histórico en la invasión francesa, cuando la mayor parte de la casta política española se puso al lado de Napoleón y contra el pueblo español
**La reacción contra el proceso actual exige organizar sobre la marcha el evidente descontento e indignación de millones de españoles. VOX parece que va a plantear otra moción de censura, cosa muy importante para informar al pueblo de la situación y para volver a poner en evidencia al PP. Sería una primera medida.
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Novela y profecía
Suelen considerarse entre las más significativas novelas del siglo XX La montaña mágica, de T. Mann, Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido, de Proust, El proceso de Kafka, Viaje al fin de la noche, de Céline, quizá Santuario, de Faulkner… Hay algo común en ellas y es, más suavizado en Proust, un retrato lóbrego del ser humano, pérdida del optimismo humanista asociado al culto a la razón. Expresan de modo profético el agotamiento de la modernidad, culminado posteriormente con la II Guerra Mundial. Desde la segunda mitad del siglo pasado, la literatura ha seguido incidiendo, más medianamente, en sugestiones parecidas o naufragado en la trivialidad de las pequeñas peripecias de personajes vulgares.
La pregunta sería: “después de la modernidad, ¿qué?” Según el “fin de la historia”, de Fukuyama, una nueva sociedad absorbida por los problemas del consumo y del medio ambiente, en la que el arte o la filosofía estarían de más. El agotamiento de la modernidad sería precisamente la consecución de su objetivo profundo. En términos míticos sería el encadenamiento de Prometeo a la roca, el encadenamiento de la humanidad al sinsentido de una existencia banal.
Lo que no se percibe es la salida. ¿Sería la solución una vuelta general a la religión cristiana u otra? No parece que sus ofertas de salvación encuentren mucha demanda, a pesar del desconcierto reinante en la sociedad. Como después de los desastres de la Revolución francesa y las guerras napoleónicas fue imposible volver a la religión y sociedad del antiguo régimen. Y la novela, descendiente del mito, parece haber perdido su capacidad profética, solo remedada en juegos imaginarios de catástrofes apocalípticas, climáticas o similares. Y sin embargo, el hombre sigue siendo el mayor misterio para él mismo.
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Galería de charlatanes (XV): Ángel Viñas o “Antoñita la fantástica”.
Viñas llegó a ser un funcionario franquista de cierta confianza, que oportunamente se descubrió antifranquista hasta la médula. Con ello demostró una notable perspicacia, aunque debe decirse que en esa virtud estuvo muy acompañado desde la transición y poco antes. Lamentablemente, cuando pasó de la mera actitud política al estudio de la historia, la perspicacia se transformó en una indigesta y arbitraria garrulería, también muy común en ámbitos más o menos intelectuales.
Una manifestación de la derrota intelectual de la izquierda es la falta de resuello de sus historiadores, hasta hace poco tan sobrados y despectivos (mi admirado Reig Tapia lleva tiempo extrañamente callado). La casi totalidad de ellos renunciaron desde el primer momento al debate, sustituyéndolo por poses despectivas, censura y argumentos de ese estilo (y han terminado en la ley soviética de memoria histórica para protegerse. Esto lo señalo ahora). Pero queda el pintoresco e incombustible Ángel Viñas, que vuelve una y otra vez a la carga, movido por un fervor ideológico inasequible a los hechos y sustentado en cinco tesis fantásticas: a) que el Frente Popular era la continuación de la república del 14 de abril, b) que el Frente Popular era democrático, c) que la lucha de Franco contra el comunismo (la cruzada) es una falsedad, d) que el PCE durante la guerra estuvo subordinado a Negrín y e) que la democracia actual enlaza con el Frente Popular.
Como hoy únicamente los muy indocumentados o fanáticos ignoran que el Frente Popular no solo no continuó la república, sino que destruyó sistemáticamente su legalidad, y que ni uno solo de los partidos que lo componían era democrático, trataré aquí brevemente las tres últimas fantasías de Viñas.
De siempre la propaganda izquierdista, especialmente la comunista, que ha sido la más efectiva (no hay sino pensar en la escuela del stalinista Tuñón de Lara), ha sacado mucho partido de la insistencia del franquismo en el carácter anticomunista de su lucha: ¿cómo podría ser ello posible, si en julio de 1936 los comunistas formaban un partido pequeño, secundario dentro del Frente Popular? Muy bien, pero entonces había otros partidos comunistas: el PSOE y la CNT-FAI (esta, comunista libertaria). Y quienes habían llevado la república a su peor crisis habían sido, precisamente, los socialistas (Besteiro al margen). El PSOE fue el principal organizador de la insurrección del 34 y base real del Frente Popular hasta la reanudación de la guerra, en el 36. Partido más radical e inmediatista que el PCE, pues este pensaba en una revolución un poco más aplazada. El PSOE fue el que llevó a cabo la mayor parte del terrorismo de la época, las invasiones de fincas, las huelgas salvajes (en esto le superó la CNT), el asesinato de Calvo Sotelo, y participó como el primero en los incendios de iglesias, de centros políticos y periodísticos de la derecha, etc. Todo lo cual realizó bajo la cobertura de los gobiernos de Azaña y Casares.
Para el PSOE, la URSS de Stalin era el modelo a imitar, seguía una política típicamente marxista revolucionaria, y su agitación contribuyó poderosamente a que poco antes de julio del 36 miles de empresas quebraran y fuesen al paro cientos de miles de trabajadores, un modo excelente de favorecer a estos. Fue el PSOE, y no el PCE, el que arrojó luego al régimen en brazos de Stalin, al entregarle en condiciones inauditas el grueso de las reservas de oro del país. Y fue tan entusiasta promotor de chekas como podrían haberlo sido los propios chekistas soviéticos. Comprendo que estos hechos no preocupen a Viñas, pero él debe comprender que otros los consideremos definitorios.
Por consiguiente, cruzada o no cruzada, la lucha de Franco fue, efectivamente, contra el comunismo, sin género de duda. Pero Viñas, siguiendo la clásica propaganda comunista, sostiene que en realidad fue contra “la modernización económica, social y política de la república”. Esas modernizaciones están hoy bien estudiadas: cuando no se trató de simples disparates, se echaron a perder por el absurdo radicalismo y la demagogia que las adornaron. El pueblo tuvo sobrada experiencia de ellas en los dos primeros años de la república y, harto de tanta modernización, votó masivamente a la derecha en 1933. Algo que no perdonaron los izquierdistas, que al volver al poder en 1936, tras elecciones no democráticas, solo supieron aumentar masivamente el desempleo, el hambre, los asesinatos y los incendios, vale la pena repetirlo. Pero a muchos estas cosas siempre les han parecido síntomas de progreso revolucionario.
En cuanto a la idea de que el PCE iba “a remolque de Negrín” y de que era este quien “cortaba el bacalao”, Viñas dice haber encontrado un “informe secreto del PCE a Stalin” que refrenda ese punto de vista. Asegura que se trata de un documento “de hechos, descriptivo”, “no marxista”, que “podría haberlo escrito un militar franquista” (atribuye objetividad a estos militares). No sabe uno si admirar más la ingenuidad de Viñas o su incapacidad para un análisis mínimamente serio. El PCE hubo de rendir cuentas a Stalin, que no en vano era su verdadero jefe, y hacerlo de modo que la culpa por la derrota recayera sobre otros, pues con Stalin no se bromeaba. Así, debía presentarse a Negrín como actuando demasiado por su cuenta, para hacerle compartir la responsabilidad de la catástrofe con el resto de la izquierda, y quedar libre de ella el propio PCE. De un historiador que no sabe situar los documentos en su contexto no pueden esperarse grandes conclusiones.
Viñas parece tener la esperanza de encontrar algún documento que borre los hechos conocidos y demuestre que Franco no ganó la guerra (Preston y muchos otros ya han demostrado que no podía haberla ganado, de tan inepto como era). Yo no creo que Negrín fuera un simple juguete de los comunistas, pero sí el jefe socialista que más se identificaba con ellos y con Stalin, después de que Largo Caballero se volviera antisoviético, tras una dura experiencia. Negrín, principal autor de la entrega del oro a Moscú y de la pérdida de su control, sabía muy bien que, desde ese momento, no podía hacer nada sin la ayuda y el beneplácito soviéticos, de ahí que permaneciera en el poder, en lugar de ser desplazado como Largo Caballero o Prieto. Él fue de la mano con los comunistas porque sabía que no tenía otra opción, él mismo había quemado sus naves con la entrega del oro. ¿O cree Viñas que esa entrega no tuvo consecuencias políticas y bélicas?
Y había otra razón: el PSOE perdió durante la guerra la mayor parte de su fuerza inicial, al dividirse entre caballeristas, prietistas y negrinistas. Negrín no podía contar más que con una fracción minoritaria de su partido, y solo podía apoyarse en el PCE, que ganó en poco tiempo la hegemonía en el Frente Popular, tenía una verdadera estrategia militar y política (los demás partidos carecían de ella) y había tomado el control de la mayor parte del ejército y la policía. Sin el PCE y Stalin, Negrín no era nada, simplemente (ello aparte de que este, tan ensalzado por Viñas, tenía de demócrata lo que Stalin). Pero este análisis elemental se le escapa a nuestro brillante historiador.
¿Y qué decir del “nexo entre la II República y la democracia” actual, que él defiende? Todos sabemos cómo llegó la democracia, mediante una reforma desde el franquismo y por el franquismo, en lugar de la ruptura que proponían los partidos admiradores del Frente Popular. Pero quizá tenga algo de razón nuestro original historiador: si la acelerada involución política a que estamos asistiendo desde el 11-M sigue adelante, puede muy bien ocurrir que volvamos a la democracia que gusta a los Viñas, a los socialistas orgullosos de su revolución del 34, a los comunistas de IU y similares. Esperemos que haya una reacción a tiempo.
(En LD 28-10-2009: Cinco fantasías de Ángel Viñas)

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Grande y doble problema de España / Ayuso tenía razón / Charlatanes (XIV) Joan Cullà, hombre con problemas
Doy por supuesto que la mayoría de los lectores del blog están de acuerdo o al menos interesados en sus contenidos, muchos de los cuales no aparecen en ningún otro blog o publicación. Por ello les invito a difundirlos en las redes o por otros medios, de manera que susciten debate y opinión pública, que es su objetivo real
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XVII. El grande y doble problema de España
Usted dice que la cuestión del franquismo está en la base de los procesos de disgregación y satelización que sufre España desde la transición. ¿Cómo puede ser así cuando los problemas actuales y la situación internacional son tan diferentes de los de aquella época, y cuando ni usted mismo piensa que una vuelta al franquismo sea posible ni deseable, según ha expresado más de una vez?
Veamos: el doble problema de la disgregación y la satelización se agravó muy agudamente en la república, y la guerra provino en última instancia de él. Esa tendencia disgregadora y satelizadora solo puede imponerse contra la propia identidad histórica y cultural de España, contra los que siguen considerándose españoles; es por tanto una tendencia antidemocrática. El franquismo fue precisamente la respuesta a ese problema. Por lo tanto, debe ser reestudiado, porque la experiencia debe servir de algo, y lo que se ha hecho desde hace más de 40 años es mentir y confundirlo todo sistemáticamente, resucitando y empeorando el doble problema. Sin duda la solución en los años 30 correspondió a una situación interna e internacional distinta, pero el fondo del asunto permanece. Por eso propongo ese estudio, que en parte he realizado yo mismo, y una labor de opinión pública aclaratoria y sistemática.
Pero usted no puede acusar a todos los partidos de ser antiespañoles y antidemocráticos. España habría saltado ya por los aires.
Los partidos, casi todos, son antiespañoles en la medida en que tienen una falsa idea de Europa y de España. La desgraciada frase de Ortega “España es el problema y Europa la solución” ha orientado de un modo u otro a todos ellos, ha calado hasta un nivel inconsciente. El problema de España ha sido en gran medida ese europeísmo vacuo que huye de la historia “enferma o anormal” de España, según disparataba Ortega.
Usted mismo reconoce que el franquismo no solucionó la cuestión, porque su ideología, el nacionalcatolicismo, no ha funcionado, y porque, en definitiva, el problema ha resurgido incluso con más fuerza. Además, queramos o no, ¿qué representan las “esencias” o “identidades” españolas en un mundo en rápida evolución, en que las naciones y los estados se están viendo superados por fuerzas económicas e ideológicas superiores? ¿No es luchar contra la marcha de la historia?
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Crónica. Ayuso tenía razón
**Felipe VI ha renunciado a su derecho y ha firmado el indulto a los golpistas. Como insinuó Ayuso, se ha hecho cómplice del delito, y esto no debe disimularse. Fue su padre, el corrupto emérito, quien firmó su propia ilegitimidad con la ley soviética de memoria histórica. Y fueron el propio Alfonso XIII y sus cortesanos los que hundieron la monarquía en 1931, dando paso al caos. Quien olvida la historia, se condena a repetirla.
**Lo más grave de la monarquía en 1931 es que se permitió despreciar a sus propios votantes y sostenedores, que en aquel año era aún mayoría. Con ello se privó de toda legitimidad. También ahora ha traicionado el rey a sus principales sostenedores. Parece una tradición.
**Dice Macarena Olona que el rey no defrauda. Sí ha defraudado el rey, y parece que fue excepción el discurso de 2017. No solo defraudó cuando la criminal profanación de la tumba de Franco. También con su servilismo a la corona inglesa (la de Gibraltar) y otros actos menores. Me temo que el proceso de descomposición que sufre España desde Zapatero va a acelerarse, y la responsabilidad del rey y sus consejeros es evidente.
**Dada la conducta del rey, puede llegar un momento en que la propia opinión monárquica prefiera el caos a la traición. Como en 1931. Parece que la monarquía solo piensa en sí misma y no en España: yerra por los dos lados.
**(“Comino”):”Financial Times’ califica de “encomiable” la decisión del Gobierno de indultar a los presos del procés. Igual de “encomiable” que Gibraltar sea colonia inglesa. Los intereses ingleses encantados de que España marche hacia la desintegración. El Periódico y la Vanguardia encantados también”. Y la Comisión europea. Todos a favor del golpismo y de la desintegración de España
**Son muchos los que insisten, también en VOX, que España debe ser un “aliado fiable” de Usa e Inglaterra. ¿Es que son fiables esos países para España?
**Fíjense en que todas las operaciones de espionaje ilegal contratadas por el PP y diversos grandes empresarios a Villarejo, tenían nombres en inglés. El idioma deseado por los corruptos cosmopaletos: Kitchen, Gipsy, Posy…
**Dice Ayuso que los empresarios catalanes “sufraguen con sus impuestos y dinero el camino a la independencia”. La secesión de cualquier región española no debe ser considerada ni en broma. Y es secesión, no independencia. Todas las regiones participan de la independencia española, aunque los viles gobiernos que padecemos la reduzcan más y más. No debe aceptarse el lenguaje envenenado de los separatistas.
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Fantástico libro sobre la segunda república diciendo muchas verdades, que a día de hoy no se pueden decir por culpa de la mal llamada “MEMORIA HISTÓRICA”. Libro bien documentado, lo mejor desde luego es leer los propios escritos de las personas de formaban parte de aquella época. Sin duda un libro muy recomendable. (Alberto 1903)
Galería de charlatanes (XIV) Joan Cullà, hombre con problemas
Culla es un presunto historiador separatista catalán, que solía escribir en El País. Partidario del referéndum golpista y del expolio del archivo de Salamanca entre otros méritos. Sobre su calidad y rigor historiográfico, he aquí una muestra:
El señor Joan Cullà, historiador, según dice, siente entusiasmo por la República, y le molesta muchísimo que Josep Piqué la haya calificado de etapa muy lamentable (¡alguna vez habría de acertar el señor Piqué!). El señor Cullà es, además, un optimista desbocado sobre sus propias cualidades como argumentador, pues asegura, “La réplica es fácil: ¿fue lamentable la concesión a Cataluña del Estatuto de Autonomía de 1932? ¿Fue lamentable que, en el bienio 1931-33, aquella República tan nefasta construyese más escuelas que la monarquía alfonsina durante las tres décadas anteriores? ¿Fue lamentable dar el voto a las mujeres, intentar la despolitización del ejército, la secularización del Estado, la reforma agraria?”
¡Y tan fácil es la réplica, facilona más bien, por no decir pueril! Así argumenta un profesor universitario, nada menos, en El País. A ver qué le parecen estos otros argumentos al señor Cullà: “¿Fue lamentable el derrocamiento de la autocracia zarista? ¿Fue lamentable que el régimen soviético construyera numerosas escuelas? ¿Fue lamentable que –según decía– dicho régimen acabase con la “explotación capitalista”?” Y así sucesivamente. O, ya más próximos: “¿Fue lamentable que el franquismo instituyese la seguridad social? ¿Fue lamentable que redujese el analfabetismo a porcentajes marginales? ¿Fue lamentable que redujese la población penal a mínimos históricos? ¿Fue lamentable que, al llegar las amnistías de la transición, los presos políticos fueran tan pocos y exclusivamente antidemócratas (comunistas y terroristas)? ¿Fue lamentable que elevara el nivel de renta de los españoles con más rapidez que nunca antes o después?”. Etc.
Y concretando los problemas del señor Cullà: el estatuto de autonomía no resolvió el conflicto creado por los nacionalistas, pues éstos lo vieron sólo como una etapa en un horizonte cada vez más secesionista; y por ello lo conculcaron y utilizaron fraudulentamente para preparar una auténtica guerra civil ya en 1934. Por no hablar de lo que hicieron a partir de julio del 36. Claro que fue lamentable.
¿Fue lamentable la construcción de escuelas en la república? No, claro, pero conviene rebajar la propaganda a las cifras reales: la república construyó muchas menos escuelas que las de los treinta años anteriores, y cerró otras muchas por el “delito” de ser católicas; y resultó muy lamentable que, con pretextos demagógicos, lo poco que se adelantó entonces se echara a perder con la persecución a la enseñanza católica y la liquidación de centros muy prestigiosos, entre ellos lo único parecido a una facultad de ciencias económicas que había en España. Y también debe lamentarse que esa construcción de escuelas fuera acompañada de la quema de otros centros de enseñanza, de importantes bibliotecas, etc. Y es lamentable que el señor Cullà mencione sólo del primer bienio, olvidando que los presupuestos de enseñanza, siempre bajos, aumentaron en el segundo bienio.
¿Y qué decir del voto de las mujeres? Buena parte de la izquierda lo consideró muy lamentable, como es sabido, e incluso se opuso a él con el poderoso argumento “democrático” de que las mujeres votarían mayoritariamente a las derechas, en lo que tal vez acertaron.
En cuanto a la despolitización del ejército, no hubiera sido nada lamentable, pero por desgracia se hizo exactamente lo contrario, como cualquier historiador debiera saber y el historiador Culla, sorprendentemente, ignora.
Lo mismo con respecto a la “secularización del Estado”. Las izquierdas impusieron por rodillo una Constitución no laica, sino anticatólica, es decir, contraria a los sentimientos y creencias de la mayoría de la población, infringiendo de paso diversas libertades básicas, como reconoce el propio Azaña, pero el señor Cullà ignora o finge ignorar.
Y, en fin, la reforma agraria… Algo extraordinariamente lamentable, por su ridícula extensión y por la carga de demagogia y odio con que fue acometida. Fue uno de los grandes fracasos del primer bienio, y la lectura de Azaña al respecto no le haría ningún mal al señor Cullà.
Y ya, puestos en ese plan, ¿fue lamentable la quema de conventos, bibliotecas y escuelas? ¿Fue lamentable la Ley de Defensa de la República que reducía a poca cosa los derechos ciudadanos? ¿Fue lamentable la insurrección, planteada como guerra civil, del PSOE, los nacionalistas catalanes y otros, en 1934? ¿Fueron lamentables las elecciones de febrero del 36, en un clima de violencia e irregularidades? ¿Fue lamentable el proceso revolucionario extremadamente violento abierto por esas elecciones y el anómalo (fraudulento) triunfo del Frente Popular? ¿Fueron lamentables la posterior y arbitraria revisión de actas para reducir a la inoperancia la representación derechista, o la destitución de Alcalá-Zamora, o la liquidación de la independencia del poder judicial?…
Por poner unos cuantos problemas sobre los que el señor Cullà podrá, si le apetece, reflexionar larga y espero que provechosamente.
(En LD 21-7-2006. “Los lamentables problemas de Joan Cullà”)
P.D. No hay ni que decir que el señor Cullà jamás llegó a reflexionar sobre estos — sin duda para él– pequeños detalles.
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Neutralidad (XVI) Globalización y nueva historia /Está por ver / Charlatanes (XIII) Tusell y el descrédito académico
Neutralidad XVI: “globalización” y conflictos: la nueva historia
Tras la implosión de la URSS, el libro de Fukuyama predecía una evolución hacia la democracia liberal en todo el mundo, sin más tensiones que unas resistencias decrecientes a unos impulsos sociales imparables. En teoría las sociedades liberales, modeladas sobre las anglosajonas, combinaban inmejorablemente las libertades individuales y la prosperidad material, y esto las haría atractivas para toda la humanidad. Las nuevas sociedades irían perdiendo sus rasgos nacionales para homogeneizarse sobre unos valores y reglas básicas universales, como pretendía la ideología de la Ilustración. Por si fuera poco, la UE y muy especialmente Usa, gozaban de un poder militar tan completo que nadie podría oponerles una resistencia que no fuera testimonial. El terrorismo daría alguna sorpresa, pero no iría más allá de molestias temporales.
El fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfarán sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas El fin de la historia será un tiempo muy triste. La lucha por el reconocimiento, la voluntad de arriesgar la vida de uno por un fin puramente abstracto, la lucha ideológica mundial que pone de manifiesto bravura, coraje, imaginación e idealismo serán reemplazados por cálculos económicos, la eterna solución de problemas técnicos, las preocupaciones acerca del medio ambiente y la satisfacción de demandas refinadas de los consumidores. En el período post-histórico no habrá arte ni filosofía, simplemente la perpetua vigilancia del museo de la historia humana. Puedo sentir en mí mismo y ver en otros que me rodean una profunda nostalgia por el tiempo en el cual existía la historia. Tal nostalgia de hecho continuará alimentando la competición y el conflicto incluso en el mundo post-histórico por algún tiempo.
Para llegar a esa situación haría falta que el ser humano dejara de serlo, y de eso se habla, precisamente. Pero treinta años después hemos visto un panorama muy distinto. Usa y sus aliados han desatado guerras en países resistentes, en especial musulmanes, aplastando fácilmente a sus ejércitos para verse inmersos en conflictos sin salida, costosos y de los que en definitiva han salido derrotados, causando de paso cientos de miles de muertos y millones de desplazados. Su supremacía militar y técnica, absoluta durante unos años, ha ido relativizándose, y han surgido potencias regionales con ejércitos cada vez más poderosos, como Irán, Pakistán o Turquía, mientras que Rusia ha vuelto a desplegar un poder nuclear comparable al useño; y, sobre todo, China se ha convertido en una nueva superpotencia económica con aspiraciones de influencia mundial y perspectivas militares a tono. No solo ha seguido habiendo guerras, sino que varias las han perdido los superpoderosos mientras se abren posibilidades de otras de mayor amplitud y peligro.
En la nueva historia, el mundo no se ha “globalizado” u homogeneizado en el sentido previsto, sino que se han ido conformando grandes áreas hostiles a Usa y la UE en el ámbito musulmán –que a su vez está penetrando a las sociedades europeas–, en China, posiblemente en India. El Pacífico ha desplazado al Atlántico como principal ámbito comercial y político, lo que acrecienta la decadencia europea. El África subsahariana experimenta cierto desarrollo económico, pero su evolución política e ideológica es enigmática. Y el ámbito hispanoamericano, que prefiere desnaturalizarse en latinoamericano, permanece en un corrupto estancamiento político y cultural, del que surgen ideologías extravagantes y violentas, sin influencia en el resto del mundo.
No menos, incluso más importante, ha sido el proceso de las propias democracias occidentales hacia un totalitarismo de nuevo tipo, manifiesto en leyes que buscan controlar hasta los sentimientos personales, en un nivel de vigilancia y manipulación de la gente jamás visto en la historia, facilitado por medios electrónicos y otros, que dan al poder una dimensión nueva. Y una descomposición de la moral e ideas tradicionales sin que sean sustituidas por otras capaces de generar más consenso que una mezcla de apatía, consumismo obsesivo y hedonismo pedestre. Tocqueville ya previó la posibilidad de esta evolución, que hoy se presenta como pesadilla a cualquier persona alerta.
En medio de este panorama, España sufre tensiones internas como nunca desde la república, acompañadas de satelización política, militar y cultural a otras potencias. Aquí confluyen los efectos de la decadencia europea, con sus nuevos totalitarismos, la creciente agresividad musulmana y el peso, en apariencia muerto, del ámbito cultural creado en el pasado y hoy tan potente demográficamente como insignificante en política o cultura. Todo lo cual nos obliga a preguntarnos cómo superar una inercia que nos arrastra claramente a la desintegración.
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Crónica. Está por ver
**Hay un concepto político-histórico de base que comparten PP, PSOE y separatistas, y es el resumido en el dicho de Ortega: “España es el problema y Europa la solución”. Esta idea, que llevó a la república, volvió a imponerse ya en la última fase del franquismo, para volverse decisiva desde la transición, y está en el fondo de nuestros actuales problemas. Ni Ortega ni sus seguidores ofrecieron nunca un estudio medianamente serio sobre Europa o lo que entendían por tal. Y en cuanto a la historia de España quizá nadie haya escrito más insensateces que Ortega.
** El discurso del rey en 2017 detuvo momentáneamente el golpe de estado, que el PP transformó enseguida en golpismo permanente.
**Macarena Olona dice que el rey nunca defrauda. No defraudó en 2017, pero sí ante la profanación de la tumba de Franco. Ahora está por ver.
**El gobierno de mangantes del Doctor declara a España “país feminista”. Desde luego, mucha histeria en la sociedad sí se advierte. Ellos la han creado.
**VOX pide la reprobación de Yolanda Díaz por sus másteres falsos. ¿No tendría que venir antes el Doctor?
**Dice el Mequetrefe del Máster que el Doctor “tendrá que responder en las urnas” por los indultos. Es la política de siempre del PP: uno ve que están violando a su mujer y sale corriendo a buscar un abogado.
**”Junqueras sale de la cárcel pero no podrá volver a la política hasta 2031″. Este país y su periodismo son el chiste permanente. ¿Cuándo ha dejado el golpista Junqueras de estar en primera línea de la política?
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Otoño-invierno de 1941: Hitler fracasa en Moscú y los comunistas en España: 189 – Hitler fracasa en Moscú y los comunistas en España | Indultos mafiosos – YouTube
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Galería de charlatanes: (XIII) Tusell y el descrédito académico
Javier Tusell fue un historiador democristiano muy afecto a la línea “progresista” de El País, donde solía pontificar contra el franquismo y pedir la censura para los discrepantes. Era afecto al separatismo vasco y catalán, también democristianos, y propenso a justificar al PSOE (por ejemplo presentando como “salvamento” el criminal expolio del Museo del Prado). Su sectarismo le llevó en 1989 a abandonar muy enfadado el jurado del premio Espejo de España, porque se le había concedido a Ricardo de la Cierva.
No me refiero, claro está, a descrédito de toda la historiografía universitaria, sino sólo a la referida a la república y la guerra civil, cuya muy mediocre calidad intelectual y deontológica he podido comprobar fehacientemente, y ahora, por enésima vez, en un artículo de Javier Tusell, en El País, sobre el revisionismo histórico.
Tusell arremete especialmente contra César Vidal, José María Marco y un servidor, e incluye, sin venir mucho a cuento, a Tamames. El problema para Tusell es éste: “En España ha aparecido un revisionismo histórico en los últimos tiempos que siempre ha movido a la duda acerca de si merecía la pena dedicarle alguna atención”. ¿Duda? Ninguna. Tusell y otros de su cuerda le vienen concediendo la máxima atención. No la atención que uno esperaría de personas intelectualmente agudas y de espíritu liberal, sino más bien la de grupillos de poder con aspiraciones a monopolizar el cotarro, asustados por la competencia.
En cuanto a mis libros –los otros aludidos hablarán de lo suyos, si lo estiman oportuno–, las réplicas de Tusell y compañía nunca han pasado de exhortaciones a la censura, a sepultarlos en el silencio. El prestigioso historiador Stanley G. Payne, libre de las conocidas servidumbres de la universidad española, lo ha expuesto con precisión: “Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y, si discrepan, demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales que afronta en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de una suerte de censuras de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática”.
A juicio de Tusell, el nefando revisionista “no parte de preguntas, sino de seguridades o de presunciones. No acude a fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad. Lo hace, sin embargo, con extravagancia, acudiendo a interrogantes inapropiados (…) suele magnificar el dato irrelevante para sus propios fines o tomar la parte por el todo. Huye de matices porque lo suyo es el dualismo maniqueo, la simplificación o la parcialidad”. Espléndida descripción inicial, cuyo único defecto es que no la demuestra en ningún momento. Son acusaciones por las buenas, simplemente.
Por descender de la retórica a los hechos, yo he basado lo fundamental de mi investigación en los archivos del PSOE guardados en la Fundación Pablo Iglesias, en especial el archivo de Largo Caballero, en el Archivo de Salamanca y otros, en el diario de sesiones de las Cortes, en las declaraciones de los políticos en la prensa de la época, en los testimonios de los procesos… Es decir, lo he basado en fuentes indiscutiblemente primarias, como sabe muy bien todo aquel que me haya leído, en especial Los orígenes de la guerra civil, que considero la clave del resto de mi obra. Si Tusell lo ha leído miente al decir lo que dice; y si no lo ha leído parlotea, y en ello se retrata, no precisamente como el intelectual serio por el que pretende pasar.
La duda sobre si ha leído aquello que critica se acrecienta cuando describe así mis trabajos: “Moa empieza, por ejemplo, por considerar que la CEDA no era nazi, para llegar a la conclusión de que la Guerra Civil empezó por culpa de la izquierda en octubre de 1934. Pero, además, presume una conspiración desde comienzos de siglo de izquierdistas y nacionalistas y dice descubrir su capacidad destructiva… ¡en una sociedad secreta!”. Evidentemente, Tusell puede aplicarse a sí mismo lo del “dualismo maniqueo, la simplificación y la parcialidad” que achaca a otros; por no decir sin más que miente. Si algo queda perfectamente nítido a partir de las fuentes primarias del PSOE, que Tusell ignoraba y quiere seguir ignorando, es que en 1934 (70 aniversario este año –2004) dicho partido se propuso, textualmente, organizar la guerra civil para implantar una dictadura proletaria. Sobre ello no puede caber la menor duda a nadie que, simplemente, quiera abrir los ojos. Y no sólo se propuso el PSOE la guerra civil, sino que la llevó a cabo, aunque fracasara, dejando la broma de 1.400 muertos en dos semanas. Y fracasó porque los obreros no le siguieron, salvo en la cuenca minera asturiana, y porque la CEDA, que desde luego era un partido moderado, contra lo pretendido años y años por la propaganda contraria, defendió entonces la legalidad republicana y las libertades. Algo muy parecido a lo del PSOE puede decirse de los nacionalistas catalanes de la Esquerra. ¿Llamaría Tusell a esto “datos irrelevantes y magnificados interesadamente”?
Por otra parte yo no hablo de culpas, pues, sean cuales fueren, debemos darlas ya por zanjadas. Lo que he procurado ante todo es hacer inteligibles los procesos, ideologías y falsos razonamientos que llevaron a la guerra, pues comprenderlos puede ayudarnos a evitar derivas parecidas. En cambio las condenas arbitrarias tan abundantes en los últimos tiempos sólo reabren las viejas heridas y odios, labor en que está empeñada ahora tanta gente, con una desvergüenza e irresponsabilidad que no suscita crítica alguna en intelectuales tan supuestamente escrupulosos como Tusell.
Sobre la “conspiración” y la “sociedad secreta”, o bien Tusell, una vez más, no ha leído mis libros, o bien no ha entendido nada de ellos, pese a concordar todo el mundo en que escribo con claridad. Nunca he creído en las teorías conspiratorias de la historia, pero es evidente que las conspiraciones han existido siempre y han tenido un papel. La “sociedad secreta”, la masonería, supongo, tuvo influencia de sobra comprobada en algunos sucesos y momentos históricos (en las primeras Cortes republicanas, por ejemplo, había más masones que representantes de cualquier partido). Pero una cosa es señalar tales hechos indudables –y no disimularlos, como hacen algunos historiadores–, y otra explicar el desarrollo histórico a través de conspiraciones masónicas, cosa que yo no he hecho en ningún momento.
Tusell, por tanto, necesita falsificar mis tesis (como otros muchos) para atacarlas, probando así la inconsistencia y carácter fraudulento de su crítica. Y aún más fraudulento y contradictorio resulta el hombre cuando justifica su retirada ante un debate intelectual con el patético argumento de que los libros revisionistas “en nada facilitan la convivencia”. Si esto fuera así, y precisamente por su peligro para la convivencia, Tusell y compañía deberían esforzarse en polemizar hasta hacer añicos las tesis de esos libros, máxime cuando gozan de tal difusión. ¡Pero hacen justamente lo contrario! Rehúyen el debate amparándose en exigencias académicas que, como acabamos de comprobar, no cumplen ellos en lo más mínimo. Para colmo, no se les ocurre otra cosa que despreciar a los lectores, a quienes tildan de “público poco propicio a sofisticaciones”. Payne, Seco, Cuenca Toribio y otros más han hecho grandes elogios de mis libros. ¿Serán poco propicios a sofisticaciones? En fin, con tales argumentos entramos en el terreno de la puerilidad, también muy reveladora del “nivel científico” de tales críticos. La convivencia entre los españoles, señor Tusell, debe basarse, entre otras cosas, en la búsqueda y el respeto a la verdad histórica, y no en el recurso a mitos convenientes para algunos grupos de presión.
¿Por qué extiendo al conjunto de la historiografía universitaria el descrédito que, en rigor, sólo corresponde a gente como Tusell? Por dos razones: porque son estas gentes quienes han marcado la pauta, han pontificado y dominado en ese mundillo durante muchos años; y porque otra gente mucho más valiosa ha mantenido una postura acoquinada, asustadiza y hasta reverencial ante los más gritones y descalificadores. El desprestigio de una institución no lo labran sólo los charlatanes prepotentes, sino también, y no menos, las personas de mérito pero escasas de valor moral para enfrentarse a aquellos resueltamente, con la razón pero sin falsos respetos. Si estos últimos tienen en cuenta lo que está en juego, es de esperar que encuentren los bríos necesarios para no inhibirse y disimular ante la superchería.
(En La ilustración liberal, nº 21-2, 2004)
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La novela y la historia / La UE no nos conviene / Charlatanes (XII): Audaz ignorancia de Malefakis.
Novela e historia
“Si sus novelas no son históricas, como dice usted, ¿que pretende con una trilogía que, según también dice, aspira a retratar la evolución de España desde la guerra civil?” Esta pregunta me la han hecho algunas veces.
Depende de lo que se entienda por novela histórica. Desde el momento en que la mayoría de las novelas se sitúan en algún tiempo identificable, incluso futuro, todas resultan “históricas” en ese sentido, y una gran parte de la crítica o análisis literario, no solo marxista, tiende a analizarlas desde ese aspecto sociológico-histórico. Sin embargo, para estudiar una época está la historiografía, con sus elementos ideológicos, sociológicos, económicos, etc. En la que entra también el elemento literario o artístico, aunque sea mediante una simple enumeración de obras de tal o cual período. Lo cual nos permite entender, por ejemplo, que la literatura y artes españolas alcanzan sus cumbres en originalidad y fuerza espiritual en los siglos XVI-XVII, y que luego decaen.
Manteniéndonos en la perspectiva histórica, una descripción o análisis somero de las obras más destacadas de una época nos permite entrever la mentalidad reinante entonces, incluso mejor que una descripción sociológico-histórica. Pero tomemos el ejemplo tópico del Quijote: ¿responde verdaderamente al espíritu o mentalidad de su tiempo? En alguna medida sí. Pero en mayor medida lo representan obras menores, como los libros de caballerías, pastoriles o la picaresca, muy populares entonces, aunque la mayoría de ellos estén olvidados o resulten hoy poco legibles. El Quijote, en cambio, es al mismo tiempo un producto de época, que nos dice bastante sobre ella, y al mismo tiempo un contraste con ella; pero sobre todo tiene un valor permanente, por encima de tiempos y espacios, y hoy podemos valorarlo incluso más que cuando fue escrito, pues las sucesivas interpretaciones, a veces opuestas, nos permiten entenderlo mejor que sus coetáneos. Sus personajes y actos son de época, sin duda, pero van mucho más allá de ella.
Hoy observamos el mismo fenómeno, más acelerado: obras literarias de los años 20, o 50 o, casi ahora mismo, en los años 90, o comienzos del siglo actual, que en su momento obtuvieron gran éxito, con el que reflejaban mentalidades y valoraciones extendidas, caen fácilmente en el olvido como parte de mareas y modas literarias o artísticas mayormente triviales que a su vez quedan “desfasadas” en pocos años. Para un sociólogo o historiador, son fenómenos muy interesantes, pero apenas lo son desde el punto de vista literario.
Ahora bien, la historia puede decir que tal personaje histórico hizo tales o cuales cosas, pero, aun de los políticos actuales, no puede penetrar gran cosa en su psique, pese a su evidente relación con sus actos. Si queremos escribir historia en serio, solo podemos arriesgar algunos apuntes superficiales al respecto, pues la psicología y prejuicios del propio historiador vuelve poco fiables sus juicios sobre los personajes. Incluso sus memorias son testimonios poco fehacientes. Por eso, para cubrir imaginariamente esta laguna, ha cundido tanto la llamada “novela histórica”: un escritor más o menos perspicaz toma a unos personajes históricos y maneja su intimidad psíquica según mejor le suene. Siempre me ha parecido un ejercicio un tanto fraudulento. Pienso en obras de gran éxito como Yo, Claudio: hay infinidad de ellas por el estilo.
Por lo que respecta a mi trilogía, por el momento solo bilogía, podemos considerarla histórica por su claro y acentuado trasfondo epocal, tratado sin concesiones fantásticas. aunque con algunas licencias cronológicas. Pero los personajes y las acciones, tanto en Sonaron gritos como en Cuatro perros verdes, responden a actitudes que se dan siempre, y podemos encontrar en cualquier época. Lo que varía con las modas literarias son los enfoques y la mayor o menor agudeza psicológica, y ninguna de las dos sigue una moda o tendencia de las que se han sucedido desde la posguerra. Por eso digo que no son lo que suele entenderse por novela histórica.
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Crónica. La UE no nos conviene
**El Doctor tiene una personalidad típica de estafador psicopático. No ha cesado de mentir, no ha cesado en sus osadías contra la integridad de España y la libertad. Ha intensificado la línea de Zapatero y Rajoy. Y ha llegado el gran momento de pararlo.
**Hay quien sostiene que el rey es un pelele. En 2017 demostró no serlo. Ahora tiene la mayor ocasión de su vida de volver a demostrarlo. Por el bien de España, de la democracia y de él mismo.
**Dice Abascal que “Sánchez se arrodilla ante el separatismo”. Creo que se equivoca: se abraza a él, es su gran cómplice.
**Dice Ayuso que cree en Casado. Si es sincera, pésimo augurio.
**El del Máster dice que los indultos pretenden que España y el PP dejen de existir. Que el PP deje de existir es condición necesaria para que España continúe.
**El Consejo de Europa” (quiere decir de la UE) contra España y a favor del despotismo separatista. La UE no nos conviene. Fuera de ella fuimos más independientes y nos desarrollamos mejor en todos los sentidos. Dentro de ella nos convertimos en satélites y vamos a nuevos totalitarismos.
**Salir de la UE no es salir de Europa. Ningún país más europeo ahora mismo que Suiza.
**En algo tenía razón Ortega: en que España apenas ha dispuesto de lo que llamaba “minorías selectas”, o simplemente serias políticamente. Esto ha ocurrido desde la invasión francesa, y no desde siempre, como él pretendía. Él mismo era un exponente de esa penuria en lo que se refiere a sus ideas políticas o históricas, demasiado a menudo simples ocurrencias. La excepción que fue el franquismo, no tuvo continuidad por identificarse demasiado con la Iglesia, que le dio la puntilla.
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Galería de charlatanes (XII) La arrogante ignorancia de Malefakis.
Malefakis fue un autor useño famoso por su apreciable obra Reforma agraria y revolución campesina en España. Fuera de eso, no dejó de desbarrar en plan progre. También recomendó la “devolución” de los papeles de Salamanca a los separatistas catalanes, entre otras hazañas. Decisión que amparó el llamado tribunal constitucional.
Algunos autores españoles, anglosajones y franceses han hecho su carrera atacando al franquismo y defendiendo la república –a la que no han logrado distinguir del Frente Popular–, y difícilmente darán marcha atrás, por muchos datos y argumentos que se les opongan. Se comprende: va en ello su prestigio, su propia carrera. Así el señor Malefakis, que, muy optimista, da por superado el “revisionismo” que me achaca. En su defensa de la república admite que aquel régimen “en ocasiones se comportó de forma antidemocrática”. El aserto es ridículo. No fue ni pudo ser “la república” la que se comportó de forma antidemocrática, sino algunos de sus componentes, en concreto los partidos de izquierda, en especial el PSOE, que respondieron a la derrota electoral del 33 con golpismo y guerracivilismo (nimiedades, para Malefakis).
Y menciona algo que yo he demostrado, pero lo interpreta mal: “La revolución de octubre de 1934, en especial, fue catastrófica porque dañó gravemente las credenciales democráticas del régimen y sentó un precedente que los conspiradores militares de 1936 utilizaron para justificar su propia insurrección”. Falsedad flagrante: las –poco firmes– credenciales democráticas del régimen fueron atacadas por la izquierda y defendidas por la derecha que, empezando por Franco, mantuvo la legalidad republicana frente a aquel brutal ataque izquierdista. Y no fue utilizada por la derecha para justificar la rebelión del 36: esto fue una idea de Madariaga, no muy afortunada, como he explicado alguna vez. Malefakis da al asunto el toque neostalinista al justificar así la insurrección socialista-nacionalista catalana: “En 1934, parecía que estaban ganando las fuerzas fascistas, que acababan de destruir la democracia alemana y la austriaca por medios pacíficos y legales”. Nueva falsedad, porque él no ignora que Araquistáin y Largo Caballero sabían perfectamente que no había peligro de fascismo en España. Y que así lo decían de cara al exterior, mientras que en el interior excitaban a las masas hablando de una amenaza inexistente. Porque estaban decididos desde muchos meses antes a destruir la república e implantar un régimen al estilo staliniano, y les venía bien el argumento.
Resume Malefakis:
La República censuró la prensa opositora varias veces, pero también construyó la primera democracia auténtica de España. Primero, con la celebración de elecciones honradas, libres de las prácticas caciquistas que las habían corrompido bajo la monarquía. Segundo, ampliando enormemente el electorado, al hacer de España el primer país de mayoría católica que permitió el sufragio femenino. Tercero, la República acercó el Gobierno al pueblo al darles más dimensión a los Gobiernos regionales. Cuarto, todas las leyes importantes fueron aprobadas por el Parlamento, no impuestas por decretos. Quinto, la República debilitó las fuerzas extraparlamentarias -los círculos cortesanos y el Ejército- que en el pasado habían anulado a menudo las iniciativas democráticas. Desde esta perspectiva (…) la República fue un régimen excepcionalmente democrático.
Para entender lo que fue la república es indispensable recurrir a los diarios de Azaña y a las memorias de sus líderes, que demuelen del modo más completo las falacias de Malefakis. Me permito recomendarle mi estudio Los personajes de la República vistos por ellos mismos. Creo que le ayudará a salir de sus embrollos. Lo más sorprendente es la osadía con que Malefakis exhibe su llamémosla ignorancia: sabe que El País, donde escribe, sigue el ejemplo de la izquierda republicana: censura cualquier réplica. En definitiva, la república fue un régimen viable que llegó sin oposición y fue sistemáticamente destruido por las violencias y demagogias izquierdistas. El Frente Popular, precisamente, le dio la puntilla, pero Malefakis y tutti quanti insisten en presentar sus fechorías, oleada de crímenes, incendios y destrucción de la justicia como “cosas de la democracia”.
En cuanto a la Transición posfranquista, no tuvo nada que ver con la república y provino, aunque le cueste creerlo a Malefakis, de la legitimidad franquista, de ningún modo del rupturismo que quería enlazar con “la república”, como llaman al Frente Popular que la destruyó.
(En LD, 17-6-2011)


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