Aquilino Duque sobre Sonaron gritos y golpes a la puerta: Una novela dantesca (vinamarina.blogspot.com)
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El rey, comprometido.
Lejos de querer estar en el poder a cualquier precio –como suponen los simples–, aunque también, el Doctor y los suyos tienen un proyecto y quieren llevarlo a su fin. Ese proyecto es derrotar a Franco, lo cual suena de entrada a chifladura. Pero no lo es tanto: por Franco hay que entender también su herencia: la paz, la reconciliación, la prosperidad y la libertad basadas en la unidad nacional.
Y en el paquete entra la monarquía. Cualquiera que no esté ciego percibe el progreso de la maniobra. ZP hizo firmar a Juan Carlos una ley sovietizante, anticonstitucional, para deslegitimar al franquismo y al referéndum del 76, y de paso a la monarquía, claro está. Y de Juan Carlos hemos aprendido lo suficiente para comprender que la firmó porque él estaba en otros asuntos. El segundo gran golpe a la monarquía fue la profanación de la tumba de Franco por el gobierno representativo de la corrupción, los separatismos y el odio a España. Esta vez, cogidos en la trampa del antifranquismo, los monárquicos y la Iglesia aceptaron la injuria criminal, exhibiéndose de paso la corrupción de la justicia. Desde entonces, o desde antes, no han cesado las humillaciones a Felipe VI, sin que la “oposición” protestase en ningún momento.
Ahora nos encontramos ante un nuevo delito del Doctor y su banda: unos indultos fraudulentos, como todo lo que hacen, que atentan contra las leyes y, más aún contra la integridad nacional. Unos indultos, directamente entre golpistas, pues en sí mismo son golpismo. Y Ayuso ha destapado el frasco de las esencias, o por mejor decir de las fetideces, diciendo, no que el rey es cómplice, sino que quieren hacerle cómplice. ¿Los firmará el rey? Si lo hace, colaborará en un acto contra la Constitución y contra España. Si no lo hace, forzará una crisis constitucional de extrema gravedad. Y eso es probablemente lo que necesita un país en que el pisoteo de la Constitución ha sido norma de los gobiernos, fueran PP o PSOE, auxiliados por un Tribunal Constitucional satélite de ellos.
Ante el referéndum golpista, Felipe VI adoptó la defensa de España que modificó radicalmente la política española, tan hedionda desde hace tantos años, y dio esperanzas al pueblo español de que aquella deriva podía ser contenida. Si ahora firma los indultos, romperá también su actitud ante el golpismo y propinará a la monarquía un golpe que puede ser el último o el penúltimo. Los estafadores del gobierno, conociendo bien tanto lo que se juega como la inmensa cobardía moral del PP, han obligado al del Máster y compañía a atacar a Ayuso por mezclar al rey en el asunto, como si no fuera la partida del Doctor quien lo ha hecho. Y es grave que en VOX hayan salido voces en apoyo del fulano del Máster.
Pero el problema es más simple: ¿quieren ustedes evitar la intervención del rey? Movilicen todas las fuerzas sociales para hacer naufragar el proyecto antes de que se plantee la firma. Algo que el PP no tiene la menor intención de hacer.
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Historia triste
La última vez que la vi fue poco antes de que se volviese a La Coruña, con sus familiares. Había escrito unos cuentos que no llegué a leer y que le habían ganado un premio, lo cual no es importante, porque hay muchos, la cuestión es que recibió reseñas elogiosas en varios periódicos influyentes. “Empiezas bien una carrera literaria, le dije, pocos comienzan tan bien”, le dije. Era una escritora algo tardía, más cerca de los cuarenta que de los treinta. No la vi muy animada. Me comentó, con cierto asco, que cierto crítico de El País le había propuesto echar un polvo, vamos, no se los dijo así, le había hablado de hacer el amor, que “es algo maravilloso”, y tratado de convencerla. Él había puesto muy bien sus cuentos, en particular uno de ellos. Mi amiga era bastante guapa y de buena apariencia, aunque no se la veía ya muy lozana. Estaba indignada. “¡Qué gentuza anda por esos medios literarios!”. Me había burlado un poco: “Pues por la foto, no está tan mal el gachó, debe andar por los cuarenta años”. “No lo tomes a broma, es asqueroso”. Puede decirse que era hija del 68, y he notado muchas veces el hastío y cabreo de algunas de ellas con su pasado “liberado”. Como otros que he conocido, no se sentía contenta con su pasado, y ya entrando en la madurez sentía haber perdido algo, no sabía bien qué, algo vacío e imposible de llenar. Un disgusto consigo misma y con el mundo en general, y aunque no tenía nada de vieja, ahora que entraba en la madurez le angustiaba la situación. “Hay algo que no he conseguido, y lo peor es que tampoco sé qué es…” Cambió de tema: “Un amigo mío ha pillado el sida y por él he conocido a otros así. No puedes soportarlo, es horroroso: se deshacen en vida, se pudren en vida, física y mentalmente. Quise animarlo, pronto de descubrirá una vacuna o un tratamiento, le dije. “¿Y qué carajo me importa a mí eso? Soy joven y voy a morir antes de que salga alguna cura, se está muriendo gente importante, que puede pagar lo que sea. ¿Y por qué? ¿Me ha castigado Dios? Eso me decía un beato gilipollas, no así de crudo, pero por ahí… ¿Y eso por qué? ¿Por hacer algo que él ha puesto en mi naturaleza? Además, ¿qué ha pasado para que a Dios le haya dado ahora por castigarnos? Durante años y años los maricones hemos vivido normalmente, sin más enfermedades que las de todo el mundo… Le mandé a la mierda al beato, ¿y ha de ser el castigo la muerte…?”. No dije nada a la chica, porque, claro, si no ha sido Dios, ¿a quién protestar? Solo dejé que se desahogase, después de todo, ella no tenía sida ni probablemente lo tendría, pues no era drogadicta, pero su angustia me angustió también. Creo que no volvió a escribir, y años después pregunté por ella a un amigo que la había tratado más. “La pobre, está recluida en un psiquiátrico… Es una lástima, qué quieres que te diga”.
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Galería de charlatanes. (VI) Santos Juliá y los “pobres”.
Fueron interesantes los ditirambos dedicados a Santos Juliá cuando falleció, hace casi dos años, y tanto desde la izquierda como desde la derecha, de marxistas o de Feijoo. Interesantes porque denotan el grado de farsa de nuestra clase política e intelectual, que encubre una ignorancia cultivada asiduamente durante muchos años. Juliá fue clérigo, y destacado, por cierto, antes de volverse apologista del PSOE. Una frase suya: “El Valle de los Caídos solo podrá ser hermoso cuando sea un lugar en ruinas”.
Para ser historiador, a Santos Juliá le falla mucho la memoria, empezando por la de su pasado clerical, que nunca menciona pese a ser un dato importante para entender su trayectoria, y aun más relevante cuando muestra tan poco interés en señalarlo, pues nos ayuda a entender algunas de sus actitudes intelectuales. Juliá, afectado por la crisis posconciliar, se pasó a la izquierda hasta convertirse en historiador oficioso del PSOE y biógrafo de Azaña, siempre con su curiosa desmemoria, que le lleva a omitir datos significativos. Quizá por esta deficiencia, y no por mala intención, vaya usted a saber, ensalza a personajes como Prieto, o pinta un Azaña inconciliable con los propios diarios del personaje.
Recientemente ha escrito contra la beatificación de numerosos mártires cristianos víctimas del Frente Popular, muchos de ellos directamente de los socialistas. Y lo ha hecho apoyándose en palabras del intelectual católico francés Maritain: “Es un sacrilegio horrible masacrar a sacerdotes –aunque fueran fascistas, son ministros de Cristo– por odio a la religión; y es un sacrilegio igualmente horrible masacrar a los pobres –aunque fueran marxistas, son cuerpo de Cristo– en nombre de la religión”. Pero un historiador con no más que un mediano sentido crítico no puede oponer a sacerdotes y 2pobres” como hace Maritain. Los sacerdotes eran asesinados por el mero hecho de ser sacerdotes, pero, ¿de dónde saca Maritain que los pobres sufrían matanzas por el hecho de serlo?
Esto es una sandez muy propia de la propaganda estalinista, y su falsedad salta a la vista no ya de un historiador, sino de cualquier persona con sentido común. Ello aparte, los muertos por el terror de los nacionales durante la guerra ascendieron a unos 70.000, según los cálculos más solventes de Martín Rubio: ¿tan poco pobres había en España? Como sabe todo el mundo, cayó entonces gente acomodada, de clase media y “pobres”, pero ninguno de estos últimos lo fue por su posición social, sino por considerárseles enemigos políticos, por venganzas personales, etc. Lo mismo vale para el terror del Frente Popular (unas 60.000 víctimas, más proporcionalmente que sus contrarios, al haberse ejercido sobre un territorio menor), que sacrificó igualmente a gran número de pobres –obreros y campesinos– desafectos.
Un historiador serio debe tener en cuenta otro detalle que Juliá también olvida, y que ayuda a explicar la evidente falsificación del intelectual francés: la preocupación por su país no dejaba de pesar en sus juicios, y él estaba alarmado por la influencia que pudieran lograr en España los alemanes e italianos en detrimento de los intereses franceses, y por ello trataba de convencer al Vaticano de que Franco era un títere de Hitler. Pudo tratarse de una mentira inconsciente, pero desde luego faltaba a la verdad, y escondía que, por el contrario, el Frente Popular sí fue dominado por Stalin de modo decisivo desde el envío a Rusia del oro español.
Casualmente, nuestro historiador no se pregunta por las causas de aquellos horrores, nada excepcionales en el siglo XX. Por poner un ejemplo, en Leningrado, una sola ciudad, murió el triple de gente que en toda la guerra española y en el mismo tiempo. Por poner otro, la guerra ruso-finlandesa igualó en solo tres meses el total de caídos en España entre los frentes y la retaguardia. Sin embargo, la cuestión de las causas de la guerra es la decisiva y definitoria para entender los sucesos.
Pues bien, Juliá y otros muchos profesionales a la lisenka mantienen la tesis de que los nacionales se sublevaron contra la democracia y el progreso de los “pobres”, causando así la guerra y las atrocidades consiguientes. Una tesis en resuelta oposición a la evidencia misma: el Frente Popular se componía de los mayores enemigos concebibles de la democracia, y de ellos jamás sacaron los pobres otro beneficio que lo que Besteiro llamaba “envenenamiento de las conciencias”. Fue el Frente Popular quien destruyó la legalidad republicana, arruinando las bases de la convivencia y ocasionando la guerra civil, que el PSOE venía intentando desde finales de 1933. Hay que insistir sin tregua en este dato perfectamente documentado, porque los lisenkos insisten con increíble pertinacia en difundir la propaganda estalinista como “memoria histórica”.
Queda esto: los Santos Juliá desvirtúan la espeluznante persecución religiosa con argumentos especiosos, han pretendido durante años que la Iglesia pidiera perdón a sus torturadores y ahora se oponen a que honre a sus mártires. ¡Imaginemos que en Alemania se hiciese hoy algo semejante con los judíos! El envenenamiento de las conciencias prosigue, con las mismas falsedades de los años 30. Juliá y compañía no revelan el menor sentimiento por lo que entonces hizo el Frente Popular, y uno queda con la sospecha de que repetirían, si hubiera ocasión. Después de todo siguen demostrando una vocación en verdad fanática por defender a “los pobres”.
(En LD, 24-10-2007: Santos Juliá defiende a “los pobres”)
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Una hora con la historia: La guerra de Europa se vuelve mundial. El fracaso de Hitler en la batalla de Moscú a los cinco-seis meses de invadir la URSS se debió en parte a que Japón no atacó a Stalin desde el este. En cambio atacó a Usa en Pearl Harbor, y Hitler declaró también la guerra a Usa. La guerra europea se volvió mundial. La alianza soviético–anglosajona iba a funcionar muy bien, pese a las desconfianzas, mientras que la del Eje Roma-Berlín-Tokio nunca funcionaría. Una de las muchas paradojas de la contienda fue que el ultrarracista “ario” Hitler apoyara la política japonesa de expulsar de Asia al hombre blanco.
188 – Cuando la guerra europea se volvió mundial | El PP quiere los indultos – YouTube
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