Contra la ley de memoria histórica y por la regeneración democrática /ch5 Malestar en la cultura

Franco como militar y estadista, comparado con otros militares y políticos  europeos de su tiempo: https://www.youtube.com/watch?v=_Mi6AJNI5jk

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Contra una ley totalitaria y por la regeneración democrática

La exhumación de los restos de Franco  se presenta como un acto de democracia, pero el mero hecho de que  se justifique en una llamada ley de memoria histórica radicalmente antidemocrática, revela por sí solo la realidad política e histórica del designio. Dicha ley pretende imponer a la sociedad una versión partidista del pasado español, pretensión solo compatible con regímenes del tipo de Corea del Norte, la Cuba castrista o la Venezuela de Maduro. Constituye una ofensiva contra las libertades de opinión, expresión, investigación y cátedra garantizadas por la Constitución. Ofensiva que el actual gobierno, presidido por un Doctor ficticio, pretende completar con persecución penal a cuantos discrepen de sus extraños conceptos de la democracia y la historia.

El contenido de esa ley es una valoración negativa del régimen anterior y de su principal figura, Francisco Franco. Quizá sea demasiado pronto para tener una perspectiva histórica ecuánime sobre Franco y su tiempo, pero no debe ocultarse que las valoraciones de la ley proceden sobre todo de propagandas del antiguo Partido Comunista –el mayor enemigo del franquismo y  única oposición real a él, que no la tuvo democrática significativa– y de grupos separatistas. Tampoco debe olvidarse que el comunismo ha perpetrado crímenes monstruosos y aplastado las libertades  más básicas. Y lo hizo, cabe recordar, en nombre de un peculiar concepto de democracia, llamada “socialista” o “popular”. Estos datos permiten calibrar la solvencia de sus valoraciones, que ahora intentan implantarse como dogmas desde el poder. Intentan imponer un viejo totalitarismo so pretexto de “combatir” a un régimen finado hace cuarenta años, y que ya es parte de la historia de España

Hemos podido comprobar en estos años efectos de dicha ley tales como la utilización manipuladora y emocional de las víctimas de un solo bando y el ensalzamiento de auténticos asesinos como defensores de la libertad; el impulso a los despotismos, ilegalidades y golpismo separatistas; exigencias de censura en los medios contra la libertad de expresión; adoctrinamiento ideológico totalitario en las escuelas; incentivación de odios sociales reminiscentes de los que desgarraron la república, manifiestos en ofensas y ataques a locales, iglesias y sentimientos religiosos de gran parte de la población; justificación de los crímenes de ETA e incremento de agresiones, asaltos, incluso ya algún asesinato ultraizquierdista; y, en general una perturbación creciente del ambiente social y político.

   Desde hace años se oyen en la sociedad clamores de regeneración democrática frente a evidentes abusos y degradación política, condensados precisamente en la citada ley. Por todo ello, y en nombre de la necesaria regeneración, los abajo firmantes exigimos la urgente derogación de una ley tiránica,  incompatible con la libertad y la igualdad de todos los españoles. Es preciso acabar con esta peligrosa anomalía, hija de una propaganda totalitaria y falseadora de la historia,  que amenaza gravemente la convivencia cívica en paz y en libertad.

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El malestar en la cultura según Freud y Marx

Por cultura entendemos simplemente la sociedad humana, para diferenciarla de las sociedades animales. El individuo, más propiamente la persona, depende de la sociedad en un porcentaje abrumadoramente alto de su actividad y posibilidades de supervivencia. La propia reproducción es un acto social, aunque se limite a dos personas de distinto sexo; y la alimentación depende mucho más de las posibilidades que ofrece la sociedad. La consciencia de la muerte introduce en la psique humana una angustia esencial, que exige su apaciguamiento para poder dedicar las energías a las exigencias de la vida corriente. Las ideas y creencias que permiten a las personas ese apaciguamiento y que existen en todas las sociedades como religiosidad, también se las suministra la sociedad a la persona, aunque lógicamente partan de unas pocas personas que las crean.

    Pero aunque la sociedad, la cultura, es la garantía de supervivencia y la actividad de las personas, es incapaz de colmar los deseos de estas, y ello por dos razones: porque el ser humano puede multiplicar sus deseos imaginativamente, más allá de su posibilidad de realización y porque los propios deseos son casi siempre contradictorios, obligando a sacrificios más o menos dolorosos. La capacidad de multiplicar los deseos hace que estos choque con los de otras personas, lo que obliga a establecer normas sociales que en mayor o menor medida perjudican a unos u otros. De ahí la frustración, compañera constante de la vida humana, generadora de un  malestar fácil percibir en cualquier cultura y causa del carácter más o menos inestable y violento en ellas, como testifica la historia.

     Es interesante ver cómo Freud y Marx  abordaron este problema, sobre todo porque la combinación, tosca o refinada de ambos es uno de los ejes de la cultura occidental desde casi principios del siglo XX.

    Freud partía de su experiencia en el tratamiento de las neurosis, que atribuía a frustración sexual. En su obra El malestar en la cultura trataba de demostrar que la neurosis, presente en diversos grados en todos los individuos, era el coste inevitable de la convivencia organizada en la sociedad, ya que la plena libertad sexual provocaría algo así como la guerra de todos contra todos. Partiendo de ahí sugirió el mito primigenio del asesinato del padre, quizá a partir de las sociedades animales en que un macho dominante monopoliza a las hembras. En el caso humano, el padre primigenio impondría el orden social monopolizando a todas las mujeres, por lo que los frustrados hijos lo asesinarían, y de ahí provendría la culpa y por tanto la moral. Viene a ser un nuevo mito del pecado original, del que derivarían las dolorosas restricciones que los hijos no habrían tenido más remedio que acordar entre ellos.

    Claro está que podía llegarse a la conclusión opuesta combinando el freudismo con la teoría marxista del capitalismo: si no era posible el pleno cumplimiento de los deseos sexuales se debía a un obstáculo histórico y derribable, el capitalismo.

    No obstante, Marx tampoco pensaba en términos de “libertad sexual”, sino que atribuía el malestar en la cultura a la desigualdad económica traducida en clases sociales, explotación y opresión de la mayoría por algunas minorías valiéndose del aparato del estado y del ilusionismo religioso. Situación histórica hecha inevitable en el pasado por la escasez productiva y el bajo desarrollo técnico, pero que sería superada finalmente por la rebelión de los explotados contra los explotadores una vez la capacidad técnica permitía que hubiera producción para satisfacer las necesidades de todos.

    Simplificando al máximo, Freud atribuía el malestar a las exigencias del sexo, y Freud a las del estómago. Hay un pasaje interesante en la Odisea hablando “del insaciable y funesto vientre, causante de tantos males y por el que se arman las naves de muchos bancos que surcan el estéril mar y van a causar daños a los enemigos”.

 

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2ª carta a unos jueces infames / El Dios judío y el cristiano.

En el Día del Caudillo recomiendo la difusión del texto de la entrada anterior: Franco como estadista: https://www.piomoa.es/?p=11316 

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Para difundir al máximo:

En su bestial y prevaricadora sentencia hay una observación que les retrata a ustedes: osan decir que “Franco  fue el jefe de Estado surgido de la Guerra Civil” y encabezó un régimen político caracterizado “por negar la separación de poderes y el pluralismo político y social fuera del Movimiento Nacional”.

Parece como si ustedes y el Estafador de la Moncloa, jefe de un partido colaborador de los separatismos y de la ETA, pretendieran defender la democracia sobre la base de una ley  norcoreana, vulnerando el estado de derecho,  los derechos de las personas y la más elemental realidad histórica. El mero hecho de que para profanar la tumba de Franco hayan debido ustedes recurrir a una ley radicalmente antidemocrática y totalitaria ya revela por sí solo la realidad política e histórica implicada en la fechoría. En eso debe consistir su “democracia”.

  La realidad es que la guerra civil surgió de un asalto armado al poder por el partido del Estafador aliado con el separatismo catalán, con pretensiones de implantar un régimen de tipo soviético y disgregar a España. Asalto  seguido año y medio más tarde por el fraude electoral –verdadero golpe de estado– de  un Frente Popular compuesto de totalitarios, separatistas y golpistas, continuado por una completa destrucción del estado de derecho entre cientos de crímenes e incendios y  culminada en el asesinato del jefe de la oposición. Ustedes y su ley de “memoria”  no se identifican con ninguna democracia, sino con aquel régimen criminal. El partido del Estafador, apenas vuelto al poder en 1982, aparte de imponer una corrupción generalizada, la colaboración con la ETA y un terrorismo de estado, proclamó la muerte de Montesquieu, es decir, de la separación de poderes, atrocidad que acaban de  ratificar ustedes con su inicua sentencia.

El franquismo fue un régimen de excepción y excepcionalmente fructífero, necesario para recuperar a España del crimen, el caos, la disgregación y la miseria creados  por aquel Frente Popular. Con el cual se identifican, insisto, tanto el Estafador como ustedes, los separatistas y su infame ley llamada de memoria histórica y que, como todo en ustedes, es una estafa. El franquismo tuvo que reconstruir un país material, política y moralmente devastado. Y lo hizo sin la menor oposición democrática, porque nadie quería volver a una “democracia” como la afortunadamente derrotada en 1939. Y reconstruyó al país con una población pronto reconciliada, y con tal éxito que  dejó a España próspera, culta,  y sin más odios que los de algunas pequeñas minorías irreconciliables comunistoides, separatistas  y terroristas. Dejó por primera vez un país apto para una democracia libre de las viejas convulsiones guerracivilistas a las que ustedes quieren llevarnos nuevamente con sus estafas  “democráticas”.

   Ustedes han elegido servir al Estafador y no al estado de derecho, haciendo el máximo daño al país. Su responsabilidad es gigantesca. Y la historia demuestra que estas fechorías no salen gratis.

Quién fue Franco entre los estadistas y militares del siglo XX: https://www.youtube.com/watch?v=_Mi6AJNI5jk

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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El Dios judío y el cristiano.

Solo una breve aproximación: el Dios judío es extremadamente abstracto por un lado y extremadamente personal por otro. No admite representación ni siquiera nombre propio, pero al mismo tiempo  habla con gran frecuencia a los jefes de su pueblo elegido, se queja de la conducta de su pueblo, amenaza con terribles castigos y a veces los cumple o bien se vuelve atrás. El Dios cristiano es “uno y trino”,  puede y suele representarse de mil maneras y su intervención directa y personal en los asuntos humanos se cumple con la misión de Jesús. Seguramente los judíos de aquel tiempo percibieron claramente que Jesús representaba una doctrina muy distinta.

   Hay otro aspecto interesante: los judíos tienen un relato de la creación del mundo, pero no de su destrucción, tan importante en otras creencias como en las germánicas. Creo que solo en Daniel se expresa algo sobre los últimos días, al mismo tiempo contradictorio con la promesa de felicidad eterna en la tierra para el pueblo elegido.  La idea de otro mundo es también vaga. En cambio en Jesús y en San Pablo la idea de un próximo fin de los tiempos es esencial, aunque después haya sido preciso reinterpretarla en un sentido temporalmente más largo y difuso. El Apocalipsis llegará como el triunfo definitivo de Dios que premiará a los buenos y condenará a los malos, pero ya en otro mundo.  Se supone que la tierra quedaría destruida entre caída de estrellas y catástrofes cósmicas.

Cuando se quiere definir la cultura europea se suelen señalar dos raíces fundamentales: la fe de origen judaico y la razón de origen griego. Sin embargo es inexacto, pues fue la fe cristiana la que recuperó y se incorporó la razón griega como otro elemento esencial, que daría lugar a un dinamismo íntimo, reflejado en la historia, que he intentado resumir en mi libro sobre Europa.

Hay otro aspecto llamativo: tanto la cultura judía como la griega eran tremendamente particularistas, y el propio Jesús se expresa casi siempre como judío, aunque tenga algunos gestos más abiertos a los no judíos. Fue San Pablo, ciudadano romano, quien cambió el particularismo a un universalismo, y esa es una clara influencia de Roma. Así, podemos distinguir tres raíces principales en el cristianismo, simbolizables en tres ciudades: Jerusalén, Atenas y Roma. La historia demuestra que entre las tres raíces nunca hubo una gran armonía sino una tensión a veces violenta, y es probablemente de esa tensión de donde surgió la extraordinaria agitación creativa de Europa.  

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Quién fue Franco (I) Como estadista

Es preciso aprovechar con el mayor esfuerzo la última maniobra de los liberticidas antifranquistas para divulgar al máximo el conocimiento de lo que España debe a Franco y su régimen (entre otras cosas la oportunidad de una democracia no demagógica ni convulsa como la de la república a la que pretenden involucionar el Estafador, los separatistas y los jueces de la bestial sentencia)

(De Los mitos del franquismo) Los Mitos Del Franquismo (Historia)

En su faceta de político también descuella Franco por  la magnitud de los obstáculos y  enemigos que afrontó y venció, y por el balance de sus acciones. De cualquier modo que se valoren, permanecen hechos evidentes: triunfó en la reconstrucción del país en muy arduas circunstancias, bajo la casi fatal atracción de la guerra mundial, sufriendo luego el maquis y el aislamiento, y siempre con la hostilidad euroccidental, los auxilios externos a la subversión comunista y terrorista y, en la última etapa, la defección de la Iglesia. Tales pruebas ni siquiera habría osado arrostrarlas un líder corriente, al igual que no habría aceptado continuar la lucha después del desastroso comienzo de la guerra civil.  Salta a la vista su gran superioridad  sobre los políticos republicanos: Azaña ha sido encomiado hasta las nubes  –con perfecta falta de sentido crítico– como contrafigura del Caudillo, pero realmente fue uno de los principales causantes de la ruina de la democracia o lo que tuvo de democracia la república. Hoy recibe menos incienso[1]. Y siendo el republicano de izquierda más lúcido, sus devastadores juicios sobre sus correligionarios clarifican mejor que muchos estudios la realidad de aquella república. De los políticos anteriores solo puede aproximarse a Franco el fundador del régimen de la Restauración,  Cánovas, que superó los peores males del siglo XIX y aseguró una estabilidad y  progreso modestos pero continuados. En el confuso y violento siglo XIX es difícil encontrar políticos de gran talla,  aunque hubiera algunos respetables. 

   No sobra la comparación con otros estadistas de la Europa de posguerra. Hay bastante consenso en señalar como los más sobresalientes a Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi, Clement Attlee  y Charles  De Gaulle, justamente celebrados por haber reconstruido, traído prosperidad y en varios casos democratizado sus países. Pero estos, pese a sus méritos, poco habrían alcanzado sin el cuantioso auxilio económico y  el paraguas atómico de Usa frente al bloque soviético: tutela amistosa pero también humillante para unos países antaño dominadores. Franco, en cambio, sufrió hostigamiento político y medidas de intención brutal contra la economía española,  y obró con una dosis mayor de soberanía e independencia con respecto a Usa.

   Dentro de las condiciones dichas, el laborista Attlee, primer ministro entre 1945 y 1951, impulsó el estado de bienestar en Reino Unido  y aplicó una vasta política de nacionalizaciones (hasta el 20% de la industria) y racionamiento. Política con algún parecido a la de España por entonces, si bien más exitosa, tanto por partir de un nivel técnico e industrial superior como por haber sido el máximo beneficiario de la ayuda useña y no soportar hostilidad exterior.  El democristiano Adenauer ensayó desde 1949 una economía mucho más liberal y  eficaz que la inglesa, promovida por su ministro Ludwig Erhard. El “milagro alemán” de los años 50 convertiría al país en la mayor potencia económica europea. En menor  grado cabe atribuir algo parecido al también democristiano De Gasperi en Italia. De Gaulle tuvo que abandonar el poder en 1946 para recuperarlo doce años más tarde mediante un semigolpe de estado bajo amenaza de guerra civil por las disensiones derivadas de la guerra de Argelia. Fundó la V República francesa, que sigue en pie, y trató de sacudirse la protección useña y convertir a Francia en el poder directivo de la CEE, con vistas a  hacer de esta una superpotencia independiente, equivalente a Usa y a la URSS. Con tal programa estrechó lazos con Alemania, rechazó la adhesión de Inglaterra, por considerarla el caballo de Troya de Washington, se dotó de armamento nuclear, expulsó las bases useñas y salió del aparato militar de la OTAN. Su gran designio falló parcialmente porque su país carecía de base suficiente para sostenerlo. Francia disfrutó de prosperidad bajo su mandato, lo cual no impidió que cayera al borde del caos y el enfrentamiento civil en la “revolución de mayo del 68”. Al año siguiente De Gaulle dimitió al no sentirse respaldado por una mayoría de compatriotas.

   Conflicto mayor para Holanda, Inglaterra, Francia, Bélgica y Portugal durante las dos-tres décadas siguientes a la guerra fue la pérdida de sus imperios coloniales, casi siempre desairada y a veces funesta.  Attlee hubo de abandonar la India entre violentos desplazamientos, semejantes en número a los de alemanes al terminar la guerra mundial, con un balance de hasta  un millón de muertos;  también salió de Palestina bajo los golpes recibidos de los independentistas  israelíes; y fracasó en sus programas de desarrollo de las colonias africanas, así como en su intervención en la guerra civil griega. Bastante peor le fue a Francia, vencida en la costosa guerra de Indochina y luego desgarrada internamente por la de Argelia, que llevó al colapso a la IV República. Luego De Gaulle aceptó la derrota y una retirada sumamente penosa para los colonos franceses y los argelinos colaboradores, masacrados a menudo. Argelia había sido considerada parte de Francia, y no una colonia. Italia fue despojada de sus colonias por los vencedores de la guerra mundial. Holanda salió malparada de Indonesia, y Bélgica del Congo;  Portugal retuvo sus colonias más tiempo, pero en ellas se fraguó el golpe militar de 1974. La política descolonizadora española acarreó muchos menos costes  y, salvo incidentes menores, transcurrió con bastante más orden que las anteriores.

   No suena absurdo, entonces, comparar a Franco con los estadistas más descollantes de su tiempo, incluso por encima de ellos si ponderamos los retos encarados. Cuando falleció, en 1975,  el nivel de los gobernantes europeos  había descendido. Francia estaba presidida por Giscard d´Estaing, político corrupto y protector de la ETA, que pretendía orientar la transición  española (y así  lo aceptó en parte Juan Carlos, dándole trato privilegiado en la ceremonia de su coronación).  El inglés Harold Wilson, laborista como Attlee,  reforzaba las medidas socializantes,  mientras el desempleo crecía con rapidez y proseguía la guerra civil larvada en el Ulster. En Alemania el socialdemócrata Helmut Schmidt propulsaba una mayor integración económica y política de la CEE, así como la Ostpolitik de Willy Brandt, su predecesor en la cancillería hasta 1974, cuando dimitió por el caso Guillaume, un alto asesor  personal suyo que espiaba para Alemania Oriental. La Ostpolitik daba por consolidados indefinidamente los sistemas comunistas y, por “realismo”,  procuraba avenirse con ellos. En la transición española, la socialdemocracia alemana apostaría por revitalizar el PSOE. A Italia, sumida en una honda crisis económica y política, la gobernaba el democristiano Aldo Moro, partidario de vastos acuerdos,  incluso de un gobierno “solidario” de concentración con el Partido Comunista. Tres años después lo asesinarían las Brigadas Rojas.

Cuestión aparte en  estas comparaciones es la de la democracia. El gobierno de Franco no provino de elecciones, como sí lo fueron los demás;  y tampoco pretendió otra cosa, de acuerdo con su crítica al sistema demoliberal. Así, cabría entender al franquismo como un residuo de la crisis  de los años 20 y 30, cuando el liberalismo, incapaz de superar la crisis económica y de contener el auge comunista, dio paso a gobiernos fascistas o autoritarios. Después, solo la intervención militar useña  permitió imponer, reponer o salvar, y luego proteger, a las democracias  en Europa. Es decir, ni esos países ni sus gobernantes debían sus democracias a sí mismos, sino a un poder militar exterior, que por otra parte contribuyó a la pérdida harto calamitosa de sus imperios coloniales. En cuanto a España,  habiéndose zafado de las convulsiones del resto del continente y no deber nada a Usa, no tenía por qué seguir el mismo camino. Aquí, la república había sido una democracia un tanto deforme y destruida por la subversión izquierdo-separatista, experiencia concluyente en opinión de los nacionales: la democracia liberal, funcionara mejor o peor en otros países, no servía para España.  

   Franco y muchos más creían preciso, por tanto, ensayar un tipo de convivencia social superadora del liberalismo y el comunismo. Algunos de los suyos, en cambio, entendían el franquismo como una situación anormal y transitoria,  necesaria ante una crisis histórica profunda, pero que antes o después debería volver a una “normalidad” democrática. Así venían a pensar los generales y políticos partidarios de Don Juan, por ejemplo. Pero Franco atribuía a aquel tipo de monarquía los males pasados, cuya vuelta haría estériles los sacrificios de la guerra. El alzamiento de 1936 no se había hecho por la monarquía ni por la democracia, sino por un concepto más amplio y básico de la nación española, de la cultura y de la libertad personal. Finalmente, habían sido él y los suyos quienes habían  derrotado a la revolución y sorteado la guerra mundial, y no estaban dispuestos a que unos “espabilados” serviles a gobiernos ajenos les arrebatasen el fruto de la victoria.

   Por lo demás, los  nacionales rechazaban enérgicamente el supuesto derecho de cualquier país extranjero a dictar a España su forma de gobierno. Este rechazo podría  usarse para justificar  una tiranía impuesta por el terror, pero ese no fue ciertamente el caso. Aparte expresiones de descontento comunes a todos los países y sistemas (piove, porco Governo!), el sustento popular a Franco se expresó de muchos modos, también en la impotencia contraria para movilizar al pueblo; y no sufrió prisión demócrata alguno. Datos que conviene repetir, por lo reveladores y tan a menudo negados.

   Pese a no proceder de elecciones populares, el Caudillo estaba seguro de la legitimidad de su régimen, refrendado en varios referéndums y que, al igual que las democracias, procedía de una guerra. Suele distinguirse entre legitimidad de origen y de ejercicio, y habiendo sido él y los suyos — no los casi inexistentes demócratas ni los muy minoritarios monárquicos—quienes habían salvado a la sociedad de la revolución, la legitimidad de origen parecía clara (a menos que se estimara normal y democrático al Frente Popular, idea demostrativa de la calidad del criterio democrático de quienes la sostienen). Luego, los vencedores habían reconstruido y llevado el país al mayor  bienestar material y social en al menos dos siglos, lo que le otorgaba máxima legitimidad de ejercicio. Mas, paradójicamente, sus éxitos iban creando condiciones para una evolución hacia la antes denigrada democracia liberal, mientras el franquismo se vaciaba ideológicamente.

   Esta evolución última debió de ser muy dolorosa para Franco, y es difícil decir si terminó por aceptarla. Testimonios como el de Vernon Walters, sugieren que daba por hecha una democratización, al menos parcial, lo que parece corroborado por  la nula alusión al Movimiento en su testamento político. No obstante, José Utrera Molina, que fue ministro de la Vivienda y secretario general del Movimiento, le expuso su impresión de que Juan Carlos pensaba romper la continuidad del régimen: “Franco cambió súbitamente de expresión (…) y con notorio enfado exclamó:  “Eso no es cierto, y es muy grave lo que usted me dice (…) Sé que cuando yo muera todo será distinto, pero existen juramentos que obligan y principios que han de permanecer (…) España no podrá regresar a la fragmentación y a la discordia”[1].

En su testamento insiste sobre todo en la unidad nacional.

En cuanto a su personalidad, Franco se autoconsideraba orientado por la providencia y lo que suele llamarse “un esclavo del deber”, que él describía con la expresión “cuando yo era persona”, refiriéndose a su vida anterior al gobierno, cuando se sentía libre de tal carga. Sus distracciones eran la caza, la pesca, el cine y la pintura (sus cuadros suelen estimarse “correctos”), y escribió algunos textos profesionales (El ABC de la batalla defensiva o  reglamentos de la Legión), el guión de la película Raza, en la que trata de expresar la evolución política de España hasta la guerra civil, o el Diario de una bandera  sobre sus experiencias en Marruecos. Fue muy austero y marido fiel en su vida particular, según todo indica. Con el tiempo se hizo más taciturno. En el apéndice de opiniones sobre él encontraremos los juicios más contrapuestos sobre su figura.

 


[1] J. Utrera Molina, Sin cambiar de bandera, Barcelona  1990, p 208-9


[1]  Como referencia, mis libros Los orígenes de la Guerra Civil y Los personajes de la República vistos por ellos mismos creo que han destruido el mito definitivamente, a juzgar por la ausencia de réplica.

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Aquilino Duque sobre Franco: https://vinamarina.blogspot.com/2019/09/franco.html

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¿Prevaricaron los jueces de la sentencia bestial? / Manifiesto contra la Ley de Estafa Histórica

Para difundir al máximo.  Creo que VOX ganaría muchos votos adoptando una postura firme y bien explicada ante la población, y distinguiéndose de paso de la patulea antinacional y antidemocrática. Es una de esas cuestiones y ocasiones que hacen imprescindible dar la talla.

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Llamo bestial a la sentencia última de unos cuantos jueces del Tribunal Supremo porque creo que es preciso cierto grado de bestialidad psicológica para profanar tumbas y ultrajar restos humanos, como pretende el gobierno, y avalar tal pretensión, ya que de eso se trata.

   Por otra parte la prevaricación  consiste en dictar sentencias a sabiendas de que son injustas y contrarias a la ley. En la carta abierta a esos jueces recordé que la sentencia no solo vulnera técnicamente los derechos de la familia y de la jurisdicción de la abadía, y de las leyes al respecto, cosa que saben perfectamente los jueces,  sino que los vulnera al servicio del gobierno de un sujeto estafador, obsesionado con profanar la tumba de un gran  personaje histórico. Parece bastante claro que la sentencia es ilegal, convirtiendo a dichos jueces en un tribunal político al servicio de las obsesiones del citado estafador, su gobierno y los partidos separatistas que le siguen y apoyan. Parece bastante claro asimismo que esos jueces no ignoran nada de todo ello. Por tanto, se trataría de una clara prevaricación.

   El delito aumenta porque se ha realizado en nombre de una ley tiránica y antidemocrática de falsificación sistemática de la historia desde el poder, agravada por su exaltación del crimen, al querer hacer pasar por víctimas en defensa de la libertad a los numerosos asesinos y torturadores del Frente Popular que, abandonados por sus jefes, fueron capturados, juzgados y fusilados por  el bando nacional.  Esa ley  ataca además las libertades de opinión, expresión, investigación y cátedra y se trata, por tanto, de una ley radicalmente anticonstitucional, pese a lo cual ha venido funcionando con sus autores (PSOE, comunistas y separatistas) y luego con el PP. Este hecho no refrenda ni justifica dicha ley  sino que, por el contrario, degrada más profundamente la democracia, de cuya regeneración vienen hablando los políticos desde hace muchos años sin hacer nada al respecto, sino al contrario.  Es cierto que en este caso los jueces pueden argumentar que se limitan a cumplir una ley  que ellos no han hecho, pero al hacerlo sin protestas y con aparente entusiasmo contribuyen a la tiranía.

   Si estos jueces han prevaricado, como parece evidente, deberían ser acusados. Yo no sé ante quiénes, ya que están en el Tribunal Supremo, pero algún grupo o partido debería tomar la iniciativa. Porque aparte de la cuestión puramente legal, se trata de una sentencia puramente política, que ataca la raíz de la democracia, la monarquía y la unidad nacional decididas en referéndum de 1976, y también en la Constitución.

Utilizar la ley contra la libertad y la democracia es en sí misma una tremenda aberración que tiene en España un precedente: el Frente Popular salido de unas elecciones fraudulentas y que en pocos meses demolió la legalidad republicana que decía defender.  Las leyes justas son el medio de impedir que las discrepancias e intereses  naturales en toda sociedad degeneren en choques violentos.  El crimen sistemático del Frente Popular, conglomerado de totalitarios y separatistas,  fue el origen de la guerra civil, cuyo espíritu  parece querer reavivar esta sentencia.

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Manifiesto contra  una ley tiránica y antidemocrática:

La llamada ley de memoria histórica pretende imponer a la sociedad una versión partidista del pasado español y por ese mero hecho adquiere carácter antidemocrático y totalitario, compatible solo con regímenes del tipo de Corea del Norte, la Cuba castrista o China. Constituye en sí misma una seria amenaza para las libertades de expresión, investigación y cátedra garantizadas por la Constitución.

El tema central de dicha ley es una valoración negativa del régimen anterior a la democracia y de su principal figura, Francisco Franco. Quizá es demasiado pronto para tener una perspectiva histórica ecuánime sobre ambos, pero no debe ocultarse que las valoraciones hoy predominantes y a menudo subvencionadas,  proceden de puntos de vista y propagandas elaborados y sostenidos por el antiguo Partido Comunista –única oposición real al régimen de Franco, que no tuvo ninguna oposición democrática significativa– y por los partidos separatistas. No debe olvidarse tampoco que el comunismo ha impuesto, allí donde se ha establecido, la privación de las libertades más básicas junto con hasta cien millones de víctimas. Estos meros datos permiten calibrar la solvencia de sus críticas y valoraciones, que en cualquier caso no deben convertirse bajo ningún pretexto en dogmas impuestos.

Hemos podido comprobar en estos años los efectos de dicha ley, con la que recientemente ha querido darse un paso más persiguiendo con multas y cárcel a los discrepantes, algo nuevamente propio de regímenes como los mencionados más arriba. Efectos como la utilización propagandística y emocional de las víctimas de un solo bando y sin discriminar entre inocentes y culpables de crímenes; exigencias de censura en los medios contra la libertad de expresión; típico adoctrinamiento ideológico totalitario en las escuelas; incentivación de odios sociales reminiscentes de los que desgarraron a la república, manifiestos en ataques cada vez más frecuentes a locales, iglesias y sentimientos religiosos de la mayoría de la población; incremento de agresiones, incluso ya algún asesinato; escalada de  despotismos e ilegalidades separatistas y ultraizquierdistas y, en general perturbaciones crecientes de la convivencia cívica en paz y en libertad.

   Por todo ello, los abajo firmante exigimos la urgente derogación de una ley tiránica  incompatible con la libertad y la igualdad de todos los españoles. Es hora de acabar con esta peligrosa anomalía, hija de una propaganda totalitaria y  que perturba seriamente la democracia.

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Cómo y por qué se desintegró el franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=cU815eYcapY

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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El triunfo de la ruptura / La democracia cristiana, el verdadero mal

No olviden difundir la carta a los jueces. Hay que insistir en ella una y otra vez, como en la publicidad, hasta que entre en la mollera de la gente: https://www.piomoa.es/?p=11254

(Afortunadamente el acceso al blog quedó resuelto a las dos o tres horas. Misterios de la informática)

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**Mientras el régimen de la Transición se viene abajo, los políticos y analistas se dedican al chismorreo sobre políticos y partidos.

**El PSOE destruyó lo que tenía de democrática la república. Actualmente destruye lo que queda de democrático en el régimen del 78.

**En la república, el PSOE tropezó con la oposición de la derechista CEDA. Lo nuevo históricamente es que en la actualidad ha contado con la complicidad del derechista PP.

 **¿Cómo calificar la conducta de Osoro y compañía ante la profanación de la tumba del hombre que salvó a la Iglesia del exterminio?  Creo que la palabra fariseísmo se queda corta. “Raza de víboras”, decía Jesucristo.

 **Los monárquicos trajeron la república despreciando a sus propios votantes y dando un verdadero golpe de estado a favor de la república. Hoy siguen la misma conducta.

 **El Doctor es el clásico ignorante chulo que encubre su miseria moral con una gran dosis de jeta y tópicos vulgares.

 ** El respeto que tributan al Doctor Estafas el PP y el PSOE es el mismo respeto que merecen estos.

 **Desde Cataluña vive España en golpe de estado permanente. Ese golpe no lo dan propiamente los separatistas, sino los gobiernos de PSOE y PP.

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Cómo y por qué se descompuso el franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=cU815eYcapY

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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Usted lleva años en campaña casi permanente contra la ley de memoria histórica. Sin embargo ha tenido muy poco eco. ¿A qué lo atribuye?

–Hay una razón obvia. Se trata de una ley intolerable en una democracia, pero la conciencia o sensibilidad democrática apenas existen en los partidos, políticos y medios de manipulación masas. A menudo se identifica democracia con antifranquismo, lo que es una auténtica aberración. Eso es algo que solo poco a poco puede cambiar. No obstante, VOX está adoptando otra actitud y eso es esperanzador. Llevo denunciando doce o trece años esa ley, que se impuso en paralelo con el rescate de la ETA por Zapatero y un nuevo empuje a los separatismos. Incluso traté de impulsar un movimiento por la Constitución, contra tales desmanes, pero no funcionó: se apuntaron muy pocos,  y varios de esos pocos estaban contra la Constitución y por una especie de continuidad del franquismo, es decir, de un franquismo imaginario, mitificado, idea francamente estúpida. La Constitución es la ley que, con todos sus numerosos defectos, si se respeta en sus principios esenciales, mantiene a la sociedad en paz, y puede ir corrigiéndose. Pero en realidad a casi nadie le importa la Constitución. Empezando por el Tribunal Constitucional, que podría llamarse mejor anticonstitucional. Y los “partidos constitucionalistas”, máximos promotores de todo lo que ha convertido la política en una farsa. Ese sigue siendo el panorama, con la excepción de VOX, aunque por ahora es más una esperanza que un hecho.

 Pero una iniciativa así requiere un liderazgo y una respetabilidad, y usted mismo ha dicho que no tiene madera de líder, aparte de que muchos no le conceden respetabilidad por su pasado.

 –En lo de la respetabilidad, creo que ningún político actual la merece, solo hay que repasar sus corrupciones, y no me refiero solo ni principalmente a las económicas. De la democracia, lo único que entienden es el reparto de poder y dinero entre ellos, a base de engañar al votante. Todos han participado en leyes totalitarias y casi todos han apoyado a los separatistas y contribuido a la disgregación de España. Y el nivel intelectual y moral del periodismo en su inmensa mayoría es ínfimo. ¿Son respetables esas gentes? En cuanto a lo del liderazgo, tiene usted razón. Un líder tiene que ser muy  entusiasta y paciente  con los continuas tonterías, personalismos e intereses encontrados que surgen en cualquier grupo o partido. Y yo no tengo esa paciencia ni ese entusiasmo u optimismo. Me limito a analizar la historia y la actualidad, si quiere verlo así, y denunciar los desafueros que sufrimos y proponer algunas posibles  soluciones,  por si antes o después sirve de algo. Tenemos una sociedad harto embrutecida por tantos años de falsedad sistemática, y yo trato de contribuir a cambiarlo.

 – Su falta de respetabilidad se refiere precisamente a su pasado terrorista, que en definitiva ningún o casi ningún otro político o intelectual tiene.

 –Bueno, nosotros tratábamos de desarrollar una lucha armada contra una supuesta tiranía fascista. Como no cuajó, se quedó en terrorismo. Pero aquí hubo personas como Mario Onaindía y otros ex terroristas de la ETA que fueron admitidos y pudieron hacer política con el PSOE o en la derecha. Y Carrillo, el mayor terrorista, ya antes de la guerra,  recibió homenajes y satisfacciones de estos “demócratas”. Yo no quiero que me admita esa hipócrita casta política de PSOE o PP, que tanto  ha colaborado con la ETA; ni una casta intelectual que no lo ha denunciado y ha aceptado la ley de memoria histórica. Esa gente cumple el papel del “ayudante del verdugo”, que según un viejo  dicho es más despreciable que el verdugo.  No tengo que ver con esos antifranquistas y demócratas de pandereta y me alegro de ello, aunque tenga un coste y también peligros. Estoy dispuesto a debatir cualquier cuestión, ellos no, porque saben que lo suyo es puro embuste. Es normal que no me admitan.

 ¿Todo el mundo está equivocado menos usted?

 –Todos podemos equivocarnos, y de hecho nos equivocamos mucho. Pero aquí no se trata tanto de errores como de intereses. Y el gran problema desde la transición no han sido los separatistas ni el PSOE, ha sido la derecha. Una derecha de inspiración principalmente democristiana posconciliar. Aquellos fulanos salidos del franquismo trataban por todos los medios de olvidar su pasado y unirse, con la mentira o con el silencio, a la campaña permanente y tenaz con que los rupturistas querían resarcirse de su triple derrota. Porque Franco no solo les derrotó en la guerra y en la paz, también los derrotó  después de muerto en el referéndum “de la ley a la ley” de 1976. Se lo diré de otro modo: cuando Rajoy estaba en la oposición me harté de señalar que no ejercía de oposición sino de cómplice, y que una democracia no puede funcionar sin una verdadera oposición. Después, en el poder hizo lo que todos sabemos. Pues bien, en los asuntos principales, ni la UCD ni Aznar se opusieron a los rupturistas. Y la ruptura llegó por fin con Zapatero y quiere coronarla el estafador, simbólica y políticamente, con la ayuda, como siempre, de una derecha infame. Por desgracia no surgió en la transición una oposición razonable, porque la llamada extrema derecha, que veía los peligros, no tenía otra solución, ya digo, que reivindicar un franquismo que en el fondo nunca habían entendido, o un catolicismo igualmente imaginario, todo ello con ademanes más o menos apocalípticos. Por eso no han significado nada en política y se han ido disgregando y peleando entre ellos.

 En otras palabras: no hay salida

 –Salida siempre la hay, buena o mala. La que se vislumbra es pésima, pero también es posible una reacción. Creo que empieza a haberla, espero que no sea tarde.

 

 

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