SULPICIO.- Vamos a ver, Mauricio, perdonad el inciso, admito que tu razonamiento en pro del vicio solitario es irreprochable, y que merecías forrarte a subvenciones con el actual gobierno igualador de Karajolandia, pero debes admitir que no va a ser así, porque el gobierno no es consecuente con sus propios principios, como decía Matías Crevillente: predica la oración, pero no reza, valga la metáfora.
MAURICIO.- Muy cierto, oh Sulpicio, pero yo, con mis vacas y ovejas tengo bastante, y no necesito subvenciones como los artistas del cazo, digo de la ceja. A menos que me alcance la crisis, toquemos madera. Aquí, en las floridas campiñas de Porriño, en tabernas acogedoras como esta de Picio, me siento autosuficiente y no preciso que me paguen mis ideas, por lo general brillantes.
SULPICIO.- Eso es muy cierto, pero no implica que el mérito lo tengas, y un mérito no recompensado no deja de ser una injusticia social. Te diré más: el español medio tampoco te hará el menor caso. Lógicamente debería haber una inmensa recogida de firmas para que el gobierno llevara una política consecuente e igualitaria en pro de la masturbación, y saliera en las televisiones públicas practicando la cosa…pero no lo conseguirás. Porque estarás de acuerdo conmigo en que el español medio, obviamente, es un julay. Dejando aparte las excepciones obligadas, por supuesto. Y a los de Porriño, claro está.
PATRICIO.- ¿Y qué entiendes por julay, bravo Sulpicio?
SULPICIO.- ¡Pardiez, Patricio, hombre de letras! ¿No sabes qué es un julay? Julay es una palabra del caló carcelario, vale decir, y designa un individuo entre ingenuo, tonto y mindundi, tiene algo que ver con primavera, un tío primavera es también un ingenuo, aunque julay tiene una carga más despectiva. Pero tienes razón en preguntar: yo le doy un sentido algo distinto. Para mí, un julay es una persona incapaz de razonar.
PICIO.- ¿De razonar incapaz el español es?
SULPICIO.- Te pondré un ejemplo: estás hablando de un asunto general, y el julay te sale con algo particular suyo. Digamos que comentas que hay crisis y cuatro millones y pico de parados, y el julay te salta con que él no ve la crisis por ningún lado, porque en las fiestas de su barrio, el otro día, había que ver la de gambas que consumía la gente. O le planteas pongamos por caso, el valor de una obra de cine, o de literatura, y zanja la discusión diciendo que a él le gusta, o que no le gusta, como si su gusto particular y no razonado fuera la última palabra sobre el tema. Les expones cualquier asunto medianamente complejo y te salen con cualquier cuestión anecdótica e insignificante. O es incapaz de ver la consecuencia más simple de una idea o de una toma de posición: le basta con que esa idea se la presenten como buena, bonita y barata, o todo lo contrario, y ya no entiende ni quiere entender más. ¿Te das cuenta de por qué a Zapo le ha sido tan fácil convertir a España en Karajolandia?
PATRICIO.- Bueno, bueno, gente así hay en todas partes, en Francia, sin ir más lejos, los diputados ladrones, que eran casi todos, se autoindultaron de sus ilegalidades en el Parlamento, arguyendo que para eso representaban la soberanía popular. Y los franceses tan tranquilos, ya ves, sólo arman bulla si les amenazan con algún recorte en los sueldos o cosa así.
FABRICIO.- ¿Y qué me dices de los useños? ¿No se han dejado seducir por un charlatán barato como Obama? Aquello parece ya Chorrilandia…
PATRICIO.- Además, por mucho que la masturbación sea más racional, según afirmas…
MAURICIO.- Según demuestro…
PATRICIO.- Además, digo, el ser humano es racional, pero animal, así que hay que tener en cuenta las dos cosas, el instinto y todo eso.
MAURICIO.- ¡Por eso, Patricio, por eso! La vida humana es una lucha permanente entre el animal y el racional, y en esa lucha prevalece uno o prevalece la otra. Yo, que soy hombre de progreso –y a quien le pique, que se rasque–, defiendo a la otra. La razón, ¡qué haríamos sin la razón!
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FABRICIO.- Pero Mauricio, loco de la vida, eso de que no follarás hasta que no sepas el porqué y el para qué, es la cosa más idiota que he oído. Tú estás vivo, ¿sabes acaso por qué y para qué estas vivo? No lo sabes, ¿verdad? ¿Y vas a dejar de vivir hasta que lo sepas? Y ahora todos empezamos a tener sueño, por la hora y por el vino, ¿sabes acaso por qué y para qué vas a dormir? Simplemente vas a rendirte al sueño, ¿o piensas mantenerte en vela hasta que soluciones el enigma? Te volverías aún más chiflado de lo que estás.
MAURICIO.- La naturaleza nos presenta en efecto, ¡oh eximio asamantecas!, muchos enigmas, no uno solo. Y es propio del hombre sabio y razonable irlos aclarando uno a uno, sin pretender resolver todos a la vez. Así que por alguno hay que empezar.
SULPICIO.- ¡Picio, maldita sea! ¡Deja de hurgarte las narices mientras nos sirves las raciones, que vamos a tomar la mitad de ellas con mocos, y encima nos los cobras!
PICIO.- ¡Coño! Mira tú al señorito con tanta limpieza. Sabrás, ignaro, y lo digo para todos, que los mocos tienen propiedades antisépticas, vienen a ser como unos antibióticos caseros, según han demostrado los doctos en el asunto, así que…
PATRICIO.- ¡Será posible tío tan guarro!. Y, hombre, por una vez ha dejado de hablar en ese plan que llama poético, cambiando el orden de las palabras sin ton ni son, que no hay quien le entienda…
SALICIO.- ¡Pues tú debes callar, poetastro, que cada vez que hablas riegas la mesa de salivillas! Estoy por decir que la mitad del vino que bebemos procede de la boca de Patricio.
MAURICIO.- ¡Venga, pardiez, dejaos de menudencias, o vamos a terminar a hostias! Los mocos y la saliva de estos dos vates solo pueden contagiaros su talento poético, y ya me veo a todos hablando en verso. ¡Al tema, al tema! Hablaba Patricio del amor platónico para demostrar que el placer físico no es nada…
PATRICIO.- Quiero decir que lo del placer no explica todo, porque si así fuere, nadie podría enamorarse, el amor no existiría propiamente, solo las ganas de… Todos conocemos el caso de un ilustre porriñés que, con cuarenta años, mujer y tres hijos, los dejó porque va y se enamora de una tía veinte años más joven, y se larga con ella, ¿Cómo explicáis eso?
MAURICIO.- ¿Intentas convencerme de que todo el asunto es de lo más irrazonable? Lo del placer físico introduce al menos un toque de racionalidad, muy relativo, desde luego, pero algo es. No tan racional como la masturbación, que por lo menos no causa daños a terceros, ni siquiera a segundos. Pero contribuye a explicar, a dar algo de sentido a la cosa. En cambio eso que convencionalmente suele llamarse amor me parece el colmo del absurdo. Y, como has visto, tiene las peores consecuencias.
SALICIO.- Quiere decir, Mauricio, que a la gente, por lo menos a algunos de nosotros, no sé si muy especiales o qué, no nos da lo mismo una que otra, y cuando encontramos a una moza determinada…, ¿entiendes?, nada más nos importa en el mundo, así que si fuera solo cuestión de placer, nos daría igual una u otra.
FABRICIO.- Según lo que yo veo, hay tipos muy exclusivistas, que se vuelven locos por una sola tía, y otros, al contrario, les da igual con tal de que tengan lo que tienen… Pero yo me voy, me entra el irrazonable sueño, Mauricio. La tempestad ha amainado, ya no repiquetea con furia la lluvia en los cristales ni se oye el apagado mugir del viento. Así que me retiro a mi choza.
PATRICIO.- Creo que todos nos largamos. Picio, ¿cuánto se debe?
PICIO.- Debía cobraros el doble, por vuestras intemperancias. Pero hoy, mira, estoy contento, así que paga la casa.
