Blog I: Una gran confusión habitual: la democracia liberal y el franquismo:http://www.gaceta.es/pio-moa/gran-confusion-habitual-democracia-liberal-franquismo-13082014-2336
#LosMitosDeLaGuerraCivil es probablemente el libro de historia más vendido en los últimos 10 años.Nunca rebatido en ningún punto importante. Reeditado con motivo del 75 aniversario de la guerra civil.
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Cuando Usa decidió atacar a Irak por segunda vez, se dio el caso de que la izquierda y demás se opusieron, mientras que Aznar decidió apoyar a Bush, aunque sin entrar directamente en la contienda… y sin explicar su posición. Ante la marea de demagogia izquierdista, unos pocos intentamos argumentar a favor de la decisión del PP y de la invasión de Irak, sin que el PP hiciera el menor uso del argumentario ofrecido (ese partido carece de ideas, salvo la de que la economía lo es todo, y por ello termina sumándose siempre a las iniciativas y leyes izquierdistas). La propia televisión oficial bajo el gobierno pepero funcionaba como aparato de propaganda de la izquierda. Con típica arrogancia, pensó que, como en el caso del chapapote, la cosa pasaría, se olvidaría y no tendría consecuencias electorales. Y así habría ocurrido, probablemente, de no haber mediado el 11-m, que la izquierda explotó para presentar al PP como culpable de una venganza, decían, por la célebre foto de las Azores. Ante esa acusación, el partido que no había sabido defender su postura cuando la guerra de Irak, quedó políticamente inerme.
Básicamente, mi argumentación era que había tantas razones para intervenir como para no hacerlo, pero ya que nos habíamos metido en la OTAN, debíamos actuar como un aliado fiel. Hoy, a la vista de los resultados, creo que todo fue un inmenso error, sin que por ello los demagogos de izquierda tuvieran la más mínima razón: ellos eran simplemente antiuseños, siempre encantados con las tiranías “progresistas”, como hoy la de Maduro o la de Castro, antaño las de Stalin, Ho Chimin, Mao y similares, incluso la de Jomeini. Estaban al lado de Sadam.
El tremendo error useño nacía a su vez de una extraordinaria arrogancia: creían que su aplastante superioridad técnica iba a garantizar la victoria e incluso una democratización de Irak que atraería a la democracia a los países del entorno a la vez que aseguraría la posición de Israel. Desde luego, la victoria militar fue fácil y rápida. Es un tipo de guerra en que la superioridad material resulta tan apabullante que excluye las virtudes militares tradicionales de valor, heroísmo o patriotismo: todo se limita a una cuestión de profesionalidad, de mayor o menor pericia en el uso de los medios técnicos. Sin embargo, el cálculo ha resultado fallido en Irak, como en Afganistán, como antes en Somalia o en Beirut. Parece que los pueblos tienen su propia dinámica social e histórica, que muchos encuentran el modo de vida occidental menos envidiable de lo que aquí se cree, y que no se los puede democratizar desde el exterior a golpe de misil. La intervención exterior resulta humillante y suscita resentimiento, y una vez la lucha entra en el terreno resbaladizo del enfrentamiento civil, “de calle”, aquella superioridad técnica se diluye.
En suma: los éxitos militares useños se han pagado a un coste altísimo para las poblaciones aparentemente libradas de tal o cual dictador, las cuales han entrado en un remolino de guerra civil y disolución social, siendo los cristianos los grandes perdedores.Y también han supuesto un coste finalmente inasumible para los “vencedores”, que van retirándose vergonzantemente del sangriento embrollo que han montado. El coste de la arrogancia. Así, Usa y la UE o parte de esta, han sido corresponsables de una terrible catástrofe. No contentos con ello, han ayudado a desestabilizar a países del norte de África donde gobernaban dictadores relativamente moderados, laicos y prooccidentales, haciéndose cómplices de asesinatos tan siniestros como el del Gadafi. Con ello, los musulmanes prooccidentales, siempre una minoría, han aprendido algo: que no pueden confiar en semejantes politicastros de Occidente.
Todavía hace muy poco estuvieron a punto de entrometerse en Siria, donde han fomentado una guerra civil terrible so pretexto de expulsar a “un dictador”. Menos mal que Putin les paró los pies a última hora. Pero las consecuencias siguen ahí, expandidas a Irak, donde sus protegidos están cometiendo atrocidades inauditas, mientras el peligro del terrorismo islámico se hace cada vez más presente en los países europeos y en la propia Usa. De nuevo tendrán que intervenir con misiles y bombas, sin arreglar finalmente nada.
Está asimismo la cuestión de la postura española. La gran y casi única hazaña de la política exterior hispana ha sido la neutralidad en las dos guerras mundiales, algo muy conveniente a partir de la posición geopolítica, la historia y los intereses españoles. Esa neutralidad fue rota por completo con la entrada en la OTAN, en condiciones realmente aberrantes: la organización no protege a Ceuta y Melilla, pero sí a la colonia inglesa de Gibraltar. Estos hechos retratan perfectamente la ínfima talla, la hispanofobia profunda, de una casta de politicastros corruptos que venimos sufriendo demasiados años. Uno de los puntos que propuse en el programa de hace unos días se refería precisamente a la OTAN, y no ocultaré que mi posición es favorable a una continuidad de la política de Franco a este respecto: salida de una organización que no tiene verdadera utilidad para nosotros (el único enemigo potencial, Marruecos, tardará muchos años en representar un peligro real, a menos que se le invite, y para ello no necesitamos a la OTAN); y amistad con Usa, pero sin subordinación como la de Aznar con Bush o la de Zapo con Obama.
