Blog I: Regeneración nacional: España en el mundo (I) / Qué iba a hacer Rajoy?http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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Racionalidad del liberalismo
Si el nazismo se inspiraba en un racismo presuntamente científico y el marxismo en una concepción económico-histórica también de pretensiones científica, la racionalidad del liberalismo era de otro tipo, aunque tuviera bastante que ver con ideas asimismo más o menos científicas de la economía. Su racionalidad partía de otra clase de supuestos, como que el interés propio beneficiaba a todos si se sometía a ciertas reglas, y que el estado debería interferir lo menos posible en ellas; o que, dada la incapacidad del hombre para alcanzar verdades definitivas, al menos en el terreno de la política, la libertad de expresión, el debate y el examen de la experiencia debían permitir aproximaciones razonables a la verdad y a lo más útil; o que el estado no debía interferir en las convicciones morales y religiosas de los individuos. Una de sus fuentes habían sido las persecuciones entre grupos protestantes, para terminar con las cuales se desarrolló en Inglaterra el concepto de tolerancia política, que sería aplicado con creciente amplitud.
Así como los enfoques marxista y nacionalsocialista llevaban a crear un estado totalitario que impusiese en toda la sociedad los imperativos de la ciencia por encima de las variadas y a menudo absurdas o contraproducentes opiniones y tendencias particulares, el liberalismo procuraba debilitar el papel del estado y apoyar al individuo. La racionalidad del liberalismo se fundaba, por tanto, en especulaciones que no pretendían tener el rigor de la ciencia, lo cual le hacía débil ante los racionalismos ciencistas de sus adversarios. Su punto fuerte consistía en la experiencia histórica del siglo XIX, cuando los regímenes liberales fueron imponiéndose por gran parte de Europa – no sin guerras y revoluciones–, dando lugar a naciones mucho más ricas, poderosas e instruidas que antes en toda la historia, y a una mayor libertad individual. Si tal había sido la experiencia, no había por qué no persistir en ella. Su punto débil, desde 1918 y particularmente en los años 30, consistía en las crisis y depresiones, que los liberales entendían como desgracias pasajeras y sus adversarios como pruebas de un fracaso histórico.
Por supuesto, al igual que en el marxismo y el fascismo, unos principios racionales no daban lugar a unas conclusiones iguales y homogéneas al modo de los teoremas, sino a diversas interpretaciones. En el liberalismo había, pues, varias tendencias, desde las que llegaban a manifestar comprensión hacia el experimento soviético o el nazi, hasta las que jugaban teóricamente con una oposición entre individuo y sociedad, o entre sociedad y estado, llevada a extremos anarquistas. Asimismo, el liberalismo no se mostró, durante largo tiempo, incompatible con el racismo. Sobre la base de las libertades públicas y el papel restringido del estado, el abanico de opciones políticas era amplio. Por otra parte liberalismo y democracia no combinaban demasiado bien, ya que la democracia primaba el peso y el poder de la masa sobre el individuo. En muchos países, los movimientos liberales habían sido impotentes ante las amenazas revolucionarias de tipo comunista o similares –así ocurriría de modo destacado en España–. Y ante el mapa de corrientes opuestas en la Europa de entonces, muchos liberales podían simpatizar con una poderosa Alemania nazi que parase los pies o incluso destruyese a la Unión Soviética –los acontecimientos impondrían que la alianza fuera la contraria, entre demoliberales y soviéticos contra el nazismo–; o desear que ambas se destruyesen bélicamente entre sí.
Asimismo, la realidad de la depresión económica, el descontento de las masas, los progresos de la socialdemocracia y la amenaza revolucionaria, estaban llevando a los gobiernos demoliberales a adoptar políticas de intervencionismo estatal progresivo, contrarias a su tradición.
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Las condiciones para formar un partido son, por orden de importancia y cronológico: programa, liderazgo y organización. Quienes siempre hablan de la “falta de medios” y de la “cerrazón del sistema” solo manifiestan su incapacidad, incluso su tendencia a la corrupción: no tienen programa que valga la pena, ni liderazgo, pero quieren tener medios. Hoy las circunstancias son excelentes para que nazca un partido que ayude a sacar a España del atolladero, apoyándose en una regeneración nacional y democrática. Circunstancias favorables tanto por la crisis política generalizada como por el surgimiento de nuevos métodos. El caso de Grillo en Italia lo ha probado. El asunto es que no salga aquí un Grillo o un Berlusconi, sino una alternativa más razonable: http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/existes-no-salgas-tele-20130305
