¿Quién nos agrede? / En Valencia / Sobre una novela / Democracia como oxímoron

      307 – Franco derrota a los monárquicos e impide la invasión de España | Elecciones en Galicia (youtube.com)

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¿Quién nos agrede?

**Dice Leguina: “No nos gusta nada que el PSOE se meta en la cama con los separatistas”. ¡Hombre! Llevan cuarenta años disputándose con el PP la cama de los separatistas.

**No se repara en esta combinación: los gobiernos PP y PSOE fomentan al mismo tiempo la inmigración masiva y el aborto masivo.

**No se repara en esta combinación: los gobiernos PP y PSOE financian los separatismos y entregan la soberanía nacional a Bruselas y la OTAN, como si fuera propiedad suya.  

**No se repara en esta combinación:  el español común es atacado por abajo, usando las lenguas regionales contra él, y por arriba desplazándolo en favor del inglés.

**No se repara en el dato: no nos agrede Rusia y sí la OTAN, que, con la UE, intenta arrastrarnos a una nueva gran guerra europea.

**¿Por qué no se habla nunca de estas cosas?  El descrédito de España, cultivado durante decenios por prácticamente todos los partidos, ha dado por resultado un par de generaciones  ignorantes de la historia y cultura propias, y con espíritu de lacayo.

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En Valencia

Un amigo francés, Robert Neboit, me escribe:

Estuve algunos días en Valencia y pude observar la comedia del ensayo fallido de instaurar en la ciudad y en su región el uso de catalán/valenciano, usado antaño en el campo.  En el aeropuerto de Valencia los rótulos están en valenciano/español/inglés, en la ciudad los nombres de las calles han pasado del español al “valenciano”. Sólo algunos rótulos han escapado por milagro a la ola de catalano-valencianismo, quizá como recuerdo de la barbaridad castellano-franquista o, peor, como indicio de una resistencia españolista. El “problema” (para los regionalistas) es que en Valencia no se oye hablar el valenciano, no me ocurrió ni una sola vez. No sé si los valencianos dicen que les gustan “la calle de la paz” o “el carrer de la pau” (mi mujer pensaba que significaba en francés la peau…). Sin embargo cuando el catalano-valenciano está demasiado alejado del español no lo usan, así dicen “la calle alta” en vez del nuevo “carrer de dalt”.

He pasado por casualidad cerca de una sede del Partido Popular, sobre la pared había en gran tamaño un eslogan en valenciano, y mucho más pequeño su traducción en español…

Esta insistencia en promover el catalán tiene como resultado mecánico el de reducir el estudio de las lenguas extranjeras a la única lengua inglesa.  Cuando los turistas españoles están en Francia nos hablan casi sólo en inglés. A veces lo confieso tengo la gana de responderles en francés. Pero debo reconocer que los franceses se comportan del mismo modo, y son tan perezosos, el inglés les basta. Hay que reconocer también que en Francia como en España los dirigentes dan el mal ejemplo.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Paco Linares sobre una novela

Nunca hice una crítica literaria, pero la novela-historia escrita por Pío Moa “Sonaron Gritos y Golpes a la Puerta” me ha conmovido con reales, auténticas y veraces sensaciones de todo tipo, epidérmicas y anímicas que deseo compartir. Leer esta novela es como un concierto, contiene tantos matices, tantas notas, que para describirla me obligan a compararla con una sinfonía.

  La primera lectura se me hizo muy corta, tiene muchas tesituras distintas perfectamente acopladas con precisión matemática, el suspense y la aparente improvisación, sólo aparente insisto, me sonaron a una audición de Jazz, todo es correcto, todo parece espontáneo. Pensé en el  inicio  de las primeras páginas en el estilo de Millennium de Stieg Larsson o como Los Pilares de la Tierra de Ken Follett, la terminé con prudente velocidad porque cada paso llamaba a otro como cuando subes una montaña, tenía la impresión de que algo me dejaba atrás.

  La segunda lectura la disfruté bastante más, como un concierto de música clásica, cada situación, cada personaje tiene una tímbrica diferente, a veces “molto agitato”  trepidante, otras “allegro ma non tropo” rápido pero no demasiado, había momentos que dejaba de leer para pensar sobre el contexto descrito o admirar la destreza del autor, Pío Moa. El escenario tiene cientos de fondos, guerra civil española y su correspondiente post conflicto bélico, Barcelona, Madrid, Francia, Alemania,  Rusia, ciudades, campos, aldeas. Cualquier página está llena de contenido, incluso los párrafos “molto espressivo” en una segunda lectura me daban que pensar, ¡qué concierto! no te aburres ni en los “adagio” porque tienen un fondo para la reflexión muy activo. Terminé por entender todo, parece que el autor lo vivió en primera persona.

 Cada personaje tiene su personalidad, su forma de hablar, el lector no tiene que compartir pensamientos, pero los comprende.  Las personas o situaciones,  cada uno de los que aparecen en  “Sonaron Gritos y Golpes a la Puerta” tienen su razón de ser, su propia personalidad,  su forma de pensar y hablar. Con algunos empatizas y me horrorizó observar  cómo se traicionan a sí mismos y a los demás, la descripción es tan real que pienso que igual me podría pasar a mí y me doy miedo. La verdad es que si hablo de un solo protagonista (conste que algún folio he roto por hacerlo) traicionaría la sorpresa del lector, el más bellaco puede llegar a ser el más honesto y generoso, todo depende de la batuta que mueve el director de la orquesta  más  la iniciativa de los profesores que en esta obra tienen su propia parcela de autonomía.

A Pío Moa, las situaciones y los personajes  muchas veces se le escapan, como a un periodista que escribe un diario, se apasiona y se sorprende con lo que él mismo ve, no con lo que ha compuesto. Cuenta una sinfonía que ha dirigido con la partitura de otro. En este torbellino hay brevísimos momentos de paz, como cuando en una tarde ves caer una fina lluvia de otoño sobre la mar en calma. Sin esperarlo, como el rayo,  nos cae un párrafo “molto agitato con fuoco”, trepidantemente ardiente. Subrayo, nunca he hecho una crítica literaria  pero recomiendo a quien no le guste demasiado leer que lo intente con este libro y al que encuentre placer en la lectura, estoy casi seguro que lo pasará bien. Espero que no me suelten gritos ni golpes a la puerta por expresar estas opiniones aunque en el fondo, como he escrito lo que siento, de veras me da igual. Porque digan lo que digan es formidable el contenido y es  fascinante el uso magistral que hace del metrónomo. ¡Solo soy un lector! Pero lo recomiendo, deseo que más gente disfrute de este trabajo, da placer, te hace pensar, enseña y entretiene.

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El término democracia es un oxímoron

Así pues, sin haber sido demócratas, todos competían en democracia. Y en europeísmo, como si España hubiera estado hasta entonces en otro continente físico y cultural. La democracia, en particular, se usaba claramente como palabra mágica y legitimadora, sin más problemas que el de excluir a quien no entrase en el coro, y con la sugerencia de que cada partido o grupo así autodenominado tenía la exclusiva de la marca, lo que creaba una confusión sobre su significado. demócratas auténticos, y no los demás que también reclamaban el título. Hasta se montó una asociación de “Jueces para la democracia”, implicando que los jueces ajenos a ella no serían realmente demócratas. Por lo que conviene echar un vistazo a esos problemas, de los que ya hemos hablado al tratar la dictadura de Primo de Rivera.

La fuerza mágica del concepto deriva de su etimología: poder del pueblo; un perfecto oxímoron o contrasentido, ya que el poder se ejerce necesariamente sobre el pueblo, sin que el pueblo tenga sobre quién ejercerlo. El poder brota naturalmente, por así decir, de toda sociedad humana, desde las naciones a las asociaciones de excursionismo, y no es difícil ver la causa: en todas concurren intereses, ideas, sentimientos, personalismos… diversos y a menudo opuestos, lo que hace preciso un poder capaz de asegurar cierto orden y estabilidad. Una sociedad ácrata solo existiría si todos sus componentes se rigiesen por el instinto, al modo de las hormigas o las abejas.

Por consiguiente, el poder solo puede ser ejercido por un pequeño número de personas, una oligarquía en sentido neutro, ni bueno ni malo en principio, encabezada en general por un jefe (“monarca”, en la terminología heredada de Grecia), y necesitada de un grado suficiente de aquiescencia popular, vagamente asimilable a “democracia”. El poder puede ser más o menos aristocrático, monárquico o democrático, pero siempre y necesariamente es oligárquico. Y siempre se justificó por dos vías complementarias: la legitimidad nacida de un orden bastante –pero nunca por completo– aceptado socialmente, y la fuerza para afirmar ese orden frente a las disparidades y oposiciones siempre existentes en el seno del pueblo. Ni los pueblos ni las oligarquías son homogéneos en intereses, y de ahí las luchas por el poder, que llegan a la violencia desatada en revueltas, guerras civiles y crímenes, como testimonia abundantemente la historia.

Toda oligarquía funciona sobre un doble interés: el de una masa suficiente de población que la acepte, y el de la propia oligarquía en mantener su poder. Intereses nunca en plena concordia y que pueden llegar oponerse. Es una constante la tendencia de la oligarquía a privilegiar sus intereses por encima de los de aquellos a cuya paz y prosperidad sirve en teoría: tendencia al despotismo o tiranía, en suma.

Lo que hoy llamamos democracia es producto, último por ahora, de una larga evolución de pensamiento y práctica contra la tiranía en Europa, con precedentes en el mundo clásico. En España, el pensamiento antitiránico aparece ya en Isidoro de Sevilla, y durante la Reconquista daría lugar al Fuero de León, valorado a menudo como primera declaración de derechos personales, y a las Cortes de León, probablemente la primera institución parlamentaria de Europa. La escuela de Salamanca, de los siglos XVI y XVII, reflexionó en profundidad sobre el mismo problema. El despotismo ilustrado, importado de Francia, buscó racionalizar el poder, más que limitarlo. La reacción contra él fue el liberalismo y la brutal Revolución francesa. La democracia actual viene a ser una evolución del liberalismo, que en principio no admite el sufragio universal pero llega a él –penosamente– por el principio de igualdad ante la ley. Es difícil pensar en una democracia no liberal.

En suma, como ya vimos, llamamos democracia a un sistema de selección de oligarquías (partidos) mediante elecciones periódicas por sufragio universal, en que la autoridad para gobernar proviene, no del pueblo, cosa imposible, sino de la parte del pueblo que ofrezca más votos. Es evidente que no puede haber tales elecciones sin las libertades de expresión y asociación propias del liberalismo, y de garantías contra la falsificación del voto.

La democracia tiene así varias ventajas sobre los métodos anteriores: el criterio de las urnas amortigua el carácter violento y guerracivilista que llegan adquirir las luchas por el poder; al ser periódicas las elecciones, una mala elección puede corregirse en la siguiente; las libertades de expresión facilitan la vigilancia sobre la inclinación a la corrupción y despotismo de los partidos; y los partidos mismos, expuestos a publicidad e investigación, son preferibles a las camarillas y círculos opacos que en todos los regímenes pugnan turbiamente por el poder. Otra barrera contra la tiranía, no dependiente de elecciones, es la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. En la realidad, las propias elecciones desdibujan la separación entre el legislativo y el ejecutivo, con lo que adquiere especial valor la independencia judicial contra los abusos despóticos. En el plano económico, la democracia exige una economía de mercado más o menos libre, y es incompatible con una planificación sistemática desde el estado, que tendería, como ha ocurrido en tiempos aún recientes y amenaza volver, a fundar una sociedad en la que el poder controlaría a la población del modo más completo.

 Desde luego, estas consideraciones no implican que todos los regímenes anteriores a la democracia hayan sido tiránicos o ilegítimos, ni que la democracia haga imposible la tiranía: solo la dificulta, pero puede degenerar en lo que llamaba Tocqueville “despotismo democrático”, un poder tutelar que infantilizaría a las personas hasta “privarlas de los principales atributos de humanidad”, peligro hoy bien a la vista. Y sin llegar al extremo, al hacer del triunfo en votos el criterio básico, la competencia electoral abre la puerta a un duelo de demagogias y promesas incumplibles que degradan y corrompen a la sociedad. O permite que un partido utilice el poder ganado en las urnas para anular las libertades y garantías: el caso del nazismo lo prueba, también el del Frente popular, si bien este partía ya del fraude electoral; pero, de modo menos drástico e inmediato, el proceso destructivo puede adquirir otros ritmos y matices. Además,hay varios sistemas electorales posibles, con resultados representativos distintos, y sin garantizar el principio de “un hombre, un voto”, pues siempre hay votos que revierten más que otros en escaños parlamentarios: hecho bien visible en el sistema español, que permite a los separatistas una representación muy superior a su número de votos, con los efectos políticos conocidos.

La experiencia muestra también que, aun con todas estas precauciones y equilibrios, la democracia se hace inviable cuando los partidos se vuelven antagónicos, de modo que uno o varios adquieran fuerza suficiente, en votos o en armas, para amenazar la libertad o existencia de los demás, como está implícito en los partidos marxistas. En otras palabras, cuando entre los partidos más fuertes deja de ser común no solo el respeto a las urnas y a la independencia judicial, sino una concepción compartida sobre la historia del país y el sentimiento patriótico correspondiente.

Por todas estas razones fracasó la República. La izquierda, los disgregadores y gran parte de la derecha regeneracionista, discrepaban rudamente entre sí, pero algo les unía: el desprecio y aversión al pasado hispano y la repulsa sin matices a sus defensores, a la derecha “cavernícola, oscurantista y retrógrada”, que debía ser extirpada aunque ganase los comicios. Y como los ganó en 1933, la respuesta fue primero la intentona golpista (Azaña y demás), y la insurrección armada meses después. Y puesto que en febrero de 1936 podían volver a ganar los cavernícolas, sus enemigos falsificaron los votos y emprendieron al sistemático desmantelamiento de las instituciones democráticas, poder judicial incluido. Salvo en los separatistas, no dejaba de existir un peculiar patriotismo en los demás, puesto que aspiraban a crear una España radicalmente nueva, rica, progresista, culta y europea. Nobles y acaso gratuitos propósitos, que no reparaban en las drásticas diferencias de designio entre sus partidos –bien visibles en sus persecuciones mutuas durante la guerra civil–, ni en su propios talentos, no muy destacables según tuvieron a bien demostrar.

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Elecciones gallegas / Sucesos y cosas / Revisionismo / Gran prodigio de Alá

Una hora con la historia:   306 – La muerte del maquis | Nueva gran guerra europea (youtube.com)

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Elecciones gallegas.

Técnicamente, en unas elecciones se trata de crear opinión pública, convencer de la propia política al mayor número de personas. Y eso depende en gran medida del control de los medios de masas  y, actualmente y en segundo lugar, del manejo de internet. En ese terreno, VOX ha tenido  insuficiente fuerza en internet (sus seguidores no se han movilizado lo bastante), y en contra a la totalidad de los demás partidos, a la Iglesia (lo de “voto útil” parte del Episcopado ya en la transición), a la práctica totalidad de los medios de masas, que se han volcado mezclando el silenciamiento, la calumnia y el falso  rumor contra ese partido. Estas condiciones hacen muy difícil el éxito electoral, pero al mismo tiempo demuestran el pánico de todos ellos a VOX, la debilidad esencial del conglomerado de la estafa. Contrarrestar a los medios es imposible mientras no se creen o aparezcan otros que marquen la diferencia de fondo y de estilo con los existentes, auténtica basura en su gran mayoría.

 Aparte el aspecto técnico, creo que ha habido también algunos fallos en el discurso de VOX. Oyendo a Abascal, me queda la impresión de unos argumentos bien expuestos, pero algo dispersos y sin bastante energía. El argumento de conseguir alguna representación aquí y allá para “obligar” al PP a cambiar de política es débil. Los enemigos principales y más dañinos para VOX son el PP y los medios de la Iglesia, cuya estrategia es pintar a VOX como algo parecido a ellos, pero innecesario y sin relevancia real, por lo que votarle no solo sería inútil, sino que haría el juego a la izquierda. Este mensaje cala en mucha gente, y es preciso explicar, con tranquilidad y precisión, en qué se diferencia VOX del PP y por qué esas diferencias son cruciales y obligan a denunciar en toda la línea la política del PP.

El activo principal de VOX es el patriotismo y la defensa de la democracia, que son los valores más amenazados por el conglomerado de la estafa. El patriotismo lleva necesariamente a una política exterior de neutralidad, máxime cuando ya nuestros “amigos” de Gibraltar se están preparando para una nueva guerra europea. Y la defensa de la democracia exige aclarar de una vez por todas que ella viene del franquismo y no del antifranquismo; y que antifranquismo es separatismo, liberticidio y guerra. Esta es una tarea pendiente, y cada ve más urgente en VOX. Sin completarla, todo quedará en el aire.

La Segunda Guerra Mundial: Y el fin de la Era Europea (HISTORIA)

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Sucesos y cosas.

El primer recuerdo en Adiós a un tiempo gira en torno a la muerte por la policía de un camarada comunista y otros sucesos como mi venida de Bilbao para rehacer, junto con él y dos más, la organización, que había sido casi desmantelada por la policía; dos excursiones por la provincia de Segovia  con una comida en Sepúlveda, en 1975 y otra, quizá diez años posterior, con visita al cementerio de Segovia;  el conocimiento de aquella muerte en 1979,  cuando yo vivía, apartado de todo aquello pero aún en la clandestinidad, en una buhardilla de Lavapiés; u  otra comida familiar en un restaurante chino de Madrid,  un cuarto de siglo después, que es la que desata los recuerdos.

Al lado de los sucesos están las cosas en que transcurren: los barrios o ciudades, los  restaurantes, el piso en que dormíamos con mil precauciones porque podía haber sido descubierto por la policía, la  buhardilla, la nata de un café irlandés… Todas esas cosas permanecen, son materiales, palpables o fácilmente reproducibles, mientras que los sucesos no lo son: se evaporan en el tiempo como si no hubieran existido, son únicos y los intentos de reproducirlos los falsean. Puesto que han existido  y la memoria nos los reafirma con más o menos fidelidad, deberían tener algo de la materialidad con que existen las cosas, deberían ser hallables en el espacio, pero no es así, han desaparecido y la memoria de ellos los va difuminando y confundiendo. Mencioné entonces la sensación de absurdo, más propiamente de inexplicabilidad,  de todo aquello.

Y están también las personas concretas, mencionadas en el libro pero que ahora omito por no complicar la reflexión.

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Revisionismo

Me avisan de  La esfera de los libros de que El País quiere hablar conmigo para no sé qué. “Dígales que no quiero saber nada de esa gente”, contesto. Era, por lo que me han contado después, para un reportaje sobre “revisionismo”. He tenido alguna experiencia con las manipulaciones de  esa gentuza en TVE. Son lo que llamaba Julián Marías, profesionales de la mentira, es decir, que hay que dejarlos de lado precisamente porque son profesionales, no equivocados. Lógicamente detestan el revisionismo, porque la revisión es una exigencia de la razón y la ciencia, ya lo explicaba Descartes. Los dogmáticos profesionales del fraude histórico no pueden soportar  el revisionismo, es lógico. Antes tenían todo el poder cultural, apoyados por el PP, pero ya no están tan fuertes y lo resienten. Lo mejor es mandarlos directamente a la mierda, en la que se rebozan tan a gusto.No se puede respetar lo que no es respetable, porque se pierde el respeto a lo que merece respeto

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D´un temps que será el nostre, clamaba insensatamente Raimon

De Un Tiempo Y De Un Pais - 1

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Gran prodigio de Alá

Aquellos antifranquismos que, analizados un poco de cerca, podrían muy bien tildarse de bufonadas, se completaban con una supuesta democracia. En la transición, los demócratas habían florecido por doquier, a derecha e izquierda, en partidos y personajes cuyo común denominador consistía en carecer de cualquier historial o pensamiento democráticos, así fuera la UCD, AP o los de la Platajunta. Estos últimos se sentían herederos del Frente Popular, cuando en realidad procedían casi todos, sociológica y familiarmente, de sus vencedores, lo que añadía al ambiente un toque más de comedia.

Y de todos ellos, el partido de pasado más liberticida y antidemocrático, más que el propio PCE, había sido sin duda el PSOE. Ninguno contaba en su haber con proezas comparables a su insurrección del 34 en combinación con la Esquerra, al Frente Popular, el fraude electoral, el asesinato del jefe de la oposición, la entrega del oro a Stalin, el SIM, la destrucción o saqueo sistemático del tesoro histórico del país y de los ahorros de mucha gente, el asunto del Vita... Nadie igualaba esa ejecutoria. Y el paso pacífico de la ley a la ley, del franquismo a un proceso democrático, el PSOE trató también de torpedearlo…¡presentándose como el máximo adalid de la democracia, aparte de otras virtudes ! ¡Hasta despachaba carnets de demócrata a quienes tuviera a bien concederlos, por medio sobre todo de El País! Verdaderamente, del PSOE podría decirse, en otro sentido, lo que un historiador musulmán del Cid: “es uno de los grandes prodigios de Alá”.

No puede entenderse el éxito de tal metamorfosis sin atender a la flojera intelectual de la derecha. Si el PSOE, así como los partidos disgregadores, legitimaban sus pretensiones apelando a la historia aún reciente, a la República, al Frente Popular y la derrota bélica supuestamente injusta, ¿qué podía hacer la derecha, si hasta la Iglesia se había pasado al bando contrario, y el franquismo se pintaba como verdugo de aquellas excelsas libertades republicanas? Los neodemócratas de derecha tenían un problema: o defendían la legitimidad del régimen anterior, o tenían que disimular y procurar que se olvidase su procedencia. Incluso olvidar la historia de España en general. La consigna de la UCD y la monarquía era “Europa y democracia” bálsamo de Fierabrás que curaría todos los males. Si la izquierda falsificaba la historia, y la derecha pretendía borrarla España nacía como si nunca hubiera existido, en la frase regeneracionista de Costa. Unos pocos sí vindicaban el franquismo, pero lo hacían desde la imposibilidad de revivirlo, por lo que apenas tenían recorrido. Aunque en la política práctica la UCD tuvo éxito inicial con las maniobras de Torcuato, se situó a continuación en posición mendicante hacia Europa y acomplejada hacia los herederos del Frente Popular.

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Crimen de estado / Progres y carne de cañón / El PSOE culturiza a España

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 Una hora con la historia:   306 – La muerte del maquis | Nueva gran guerra europea (youtube.com)

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 Un asesinato de estado

** He sostenido la tesis de que la SGM marca el final de una era histórica, la Era Europea,  de cuatro siglos y medio comenzada por los descubrimientos y conquistas hispanas. Desde entonces se han hecho intentos  de revertir  la decadencia mediante una unificación  que convirtiera a Europa en superpotencia capaz de rivalizar con Usa y la URSS. Los problemas de ese designio quedan hoy de relieve con la guerra de Ucrania: se ha empujado a Rusia, que ya no es la URSS,  hacia Asia, hacia China; sin que la Unión Europea haya podido superar su posición de satélite de Usa. El juego es tan peligroso que ya se está hablado por toda la UE de prepararse para una tercera gran guerra europea, que previsiblemente sería la última, no solo para Europa sino para la humanidad.

**Navalni.  Sospecho vivamente que la muerte de Navalni ha sido un asesinato por “razones de estado”. Cuando me hablan de la Rusia actual como un modelo por cuanto rechaza las ideologías lgtbi y similares, respondo cuatro cosas: que para nosotros no puede ser ningún modelo; que los problemas de democracia en Rusia solo los pueden solucionar los rusos; que los gobiernos españoles no están en condiciones de dar lecciones a nadie; y que no tenemos conflictos con Rusia, salvo los que nos impone Gibraltar. Digo Gibraltar como resumen y símbolo de la verdadera posicióninternacional de España.

**El reciente discurso del rey  a los jueces me parece un segundo  aviso a los golpistas, después del de  la Navidad pasada. En efecto, en los jueces recae, en primer grado, hundir el golpismo del gobierno y juzgar a los golpistas. ¿Defenderán esos jueces la ley y la independencia judicial?  Ojalá. Si no lo hacen, pondrán en el mayor peligro a la monarquía, cuyos intereses coinciden en estos momentos con los de España. Un solo reparo: la referencia a “Europa”, siempre vacua en la jerga de los políticos. Incidentalmente, se veía a Felipe VI  algo demacrado. Creo que las últimas noticias familiares lo explican.

**Me invita Luis Valiente  a la presentación de La represión de la posguerra, de Miguel Platón. La presentan Federico Trillo y Pedro Corral, dos insignes peperos según los cuales la guerra fue cosa de unos cuantos locos sanguinarios de un lado y del otro que arrastraron a la gente al desastre. El contenido de la guerra, causada directamente por la destrucción de la República en el doble golpe sucesivo de octubre del 34 y febrero-abril del 36, y fundamentalmente por el doble intento de disgregar y sovietizar a España, no puede decirles nada a las gentes de un partido que se ha distinguido por fomentar los separatismos y ayudar a la falsificación por ley de la historia. De Corral ya hablé un poco en Galería de charlatanesPodría ir a la presentación para señalar estas cosas, pero a estas altura es ya  perder el tiempo.

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La Segunda Guerra Mundial: Y el fin de la Era Europea (HISTORIA)

Los progres y la carne de cañón

**Me manda un amigo una reseña de la novela Castillos de fuego, de un tal Martínez de Pisón, valorada en varios medios como la mejor del año pasado. La reseña empieza: “1939 fue el punto de partida de un período especialmente ominoso para España”. No hace falta leer más. Para el autor y el reseñista, un tal Alberto Mauri, solo puede ser ominoso que millones de españoles no sirvieran de carne de cañón en la II Guerra Mundial, que los españoles de entonces  apoyasen muy mayoritariamente a Franco contra el maquis y los intentos de hambrear a España mediante el aislamiento internacional, y que fueran capaces de reconstruir el país con sus propias fuerzas sin depender del Plan Marshall… ¡Qué bueno habría sido para estos antifranquistas de pega que los españoles hubieran sido masivamente  bombardeados y masacrados, como en el resto de Europa, y que se hubieran rebelado contra quienes los libraban de tales delicias “progresistas”!

Dice el tal Mauri que “La rendición de la República desató una represalia que buscaba la destrucción de los vencidos que sobrevivieron a la Guerra Civil”. A la guerra civil sobrevivió la inmensa mayoría de la población, que no fue destruida en absoluto,  y los quince mil fusilados no lo fueron por ser republicanos, que no lo eran, sino por “cosillas” que describe Miguel Platón en su reciente libro.  Menciona también el cuentista “la eliminación de las pocas transformaciones que, hasta ese momento, España había experimentado en lo social y lo cultural”. Azaña y los Padres Espirituales de la República  describen muy bien esas “transformaciones”. Pisón y Mauri harían bien en leerlos con atención, aunque ya sé que es pedir peras al olmo. En Galería de charlatanes expuse la indignación que me causó la evidencia documental y archivística del envenenamiento de la conciencia  de la gente a base del embuste profesionalizado, de que hablaba Julián Marías.
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Ferrandis sobre la ONU: Organización de Naciones Unidas: antecedentes, origen, actividades tradicionales | José Ramón Ferrandis (joseramonferrandis.es)

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El PSOE culturiza a España

¿Cómo valorar la plétora de autores que han ido surgiendo desde la transición? Aquí entra un doble criterio, el político o ideológico y el puramente intelectual o literario. Basta ver la nómina de los escritores de los años 40 para comprobar, como señala Julián Marías, una pluralidad de fondo y no subvencionada, que dio lugar a la famosa polémica sobre Ortega y Unamuno, arrastrada hasta el Vaticano II, o a obras claramente antirrégimen (La Colmena, la “poesía social”…), a despecho de una censura que no frustró ninguna obra maestra. En cambio, una visión por encima de las nuevas generaciones del posfranquismo da impresión de mayor homogeneidad en plan antifranquista y progresista, cercana al PSOE, como también en el mundillo de los artistas, actores y demás. En unos primeros años el marxismo, la URSS o la Cuba castrista despertaban, incluso en la derecha, un respeto un tanto hueco, al modo del sempiterno europeísmo. Pronto la moda pasó a expresar unción por “la utopía” en plan anarcoide, y al descrédito del “poder”, sin más; y luego otras modas intelectuales sin que produjeran ninguna obra seria.

Se formaron círculos literarios y de pensamiento, los más influyentes el “progresista” o “progre”, simpatizante del PSOE, en torno al diario El País, y el conservador en torno al diario ABC. Los directores de ambos periódicos, respectivamente Cebrián y Ansón, hicieron de sus respectivos periódicos los de mayor tirada e influencia, pese a lo cual, o por eso, se detestaban. Ansón podía acusar a su rival de complicidad con la policía franquista al haberle filtrado grabaciones de encuentros de comunistas españoles en el exterior; y Cebrián contraatacaba identificando a su contrario con el “Sindicato del crimen”, por publicar información sobre las corrupciones del PSOE. A su manera reproducían la vieja querella entre falangistas y monárquicos, ya visible en los años 40.

Pese a la antipatía utua, las carreras de ambos mostraban un paralelismo sorprendente. Los dos se distinguían por un brioso y voluntarioso antifranquismo después de haber gozado de posiciones privilegiadas y haber hecho un currículo notable bajo aquel régimen. Notoria, también su robusta anglofilia. Cebrián había sido subdirector de Pueblo, diario de los sindicatos verticales, después de Informaciones, luego jefe de los servicios informativos de televisión con Arias Navarro, y Fraga había cometido el error de encargarle la dirección de El País. Nunca se molestó en explicar su vistosa evolución política, aunque debió de tener sus razones. Ansón, incondicional de Don Juan, a quien distinguía con el imaginario título de Juan III, triunfó también bajo el Caudillo en altos cargos de ABC y de Blanco y Negro, y como subdirector de la Escuela Oficial de Periodismo, cargo de confianza, pues allí trataba de formar sus periodistas la tiranía aquella. Muerto el dictador, la oposición a él de uno y otro se tornó audaz, casi temeraria. Para mayor paralelismo, los dos llegarían a académicos de la Real Academia de la Lengua, Cebrián en 1996 y Ansón en 1998.

La farsa ¿qué otra cosa, si no? del antifranquismo de los dos diarios –y de muchos más– se convirtió en una cultura sui generis. Las versiones de la historia tienen valor crucial para legitimar una situación política. Las de la izquierda habían exigido la ruptura al empezar la transición, y pese a tener que doblegarse políticamente a la reforma, persistieron en un plano ideológico más profundo, y desacreditar al franquismo resltó una necesaria labor corrosiva, clave a largo plazo. Labor obligada y justificable desde el enfoque de quienes aspiraban a disgregar España o detestaban su pasado, como el PSOE, según observaba Julián Marías. Unos y otros discernían en el franquismo, precisamente, la concreción de aquella historia infame y enferma, a la que habría apuntillado felizmente el Frente Popular de no haber perdido la guerra. Nada objetable, salvo por su demostrada necesidad de falsear los hechos.

El método consistió en identificar al franquismo con los fascismos de antaño y acusarle de haber asesinado a cientos de miles de honrados republicanos por no compartir las ideas de Franco y ansiar la libertad, la democracia y el progreso. La universidad y los medios promovieron a historiadores como Preston, Jackson, Gibson, Malefakis, Pierre Vilar…, y a sus imitadores castizos Juliá, Viñas, Moradiellos, Reig Tapia, Tusell y decenas más, parte de los cuales he reseñado en Galería de charlatanes. La inanidad intelectual alcanzada por ABC resplandece en las loas ditirámbicas de Ansón a la célebre y peculiar biografía de Franco por Preston. Otro, entre muchos, cuando la izquierda emprendió su ofensiva contra el Valle de los Caídos “informando” de su construcción por el trabajo esclavo de 20.000 presos “republicanos”, el diario monárquico no tuvo empacho en reproducir el hallazgo historiográfico. Ni Cebrián ni Ansón parecían notar que al adoptar las historias del PSOE y los separatistas minaban la legitimidad de la transición y de la monarquía.

La tarea aún tropezaba en tiempos de González con una oposición académica considerable, por la obra de historiadores como los hermanos Salas Larrazábal, Ricardo de la Cierva, José Manuel Martínez Bande, Luis Suárez y varios más. Sin embargo esa oposición se fue debilitando al imponerse agresivamente la versión rupturista en la universidad y en los medios, incluidos la mayoría de los de derecha.

Claro que, salvo en sistemas tipo realismo socialista y similares, la corrección política es secundaria en la valoración propiamente intelectual o literaria de la obra de los escritores y artistas. Pero aun siendo secundaria, no deja de ser un lastre. Se ha hecho habitual que una multitud de artistas y escritores adopte posiciones políticas aparatosas y siempre a favor de lo que llaman progresismo, identificable con el PSOE y los secesionismos. Ello resulta en parte de una política de subvenciones, así a un cine de muy baja calidad media , que recauda la mitad de lo que recibe del gobierno. En fin, ¿qué valor cultural tienen las obras de las nuevas estrellas Umbral, Rosa Montero, Millás, Savater, Viñas, Zafón, Javier Marías, Almudena Grandes, Muñoz Molina, Landero, Pombo, J. A. Marina, Félix de Azúa, J. L Abellán, Albiac, Pérez Reverte, Celia Amorós, Esther Tusquets, Pisón y tantos más? Requeriría un estudio aparte, no historiográfico. Quede como pregunta.

 

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La alternativa / Judeofobia / La cultura del PSOE

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Decía Pío Baroja que la vida de los viejos es tan estrecha y limitada que solo les queda recordar.Recordar es volver a vivir, decía una canción, pero los dudo.

Adiós a un tiempo

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Por qué VOX es la alternativa

** Si en Galicia gana el BNG es lo mismo que si ganara el PP o el PSOE.  ¿Qué diferencia hay en sus políticas? Solo les separan las siglas y la rivalidad por cargos y dineros.

**El fondo de la política del PP en Galicia consiste en desplazar progresivamente al español del espacio político y social; e ir rellenando el vacío con el inglés. Lo aplica y explica inmejorablemente el mismo Feijóo. Y una masa de cretinos prefiere no enterarse.

**Dos síntomas siniestros: la masiva manipulación en torno a la guerra de Ucrania. Y la masiva manipulación en torno a VOX.

**A VOX le faltan dos cosas: una política neutralista y la vindicación del franquismo como origen de la democracia. No obstante, defiende la unidad nacional y la democracia, herencias del franquismo, y por eso es la alternativa.

**Aunque no existen indicios de que Rusia se proponga invadir países de la OTAN, se comprende que los países próximos a la frontera rusa deseen estar protegidos por la OTAN, dadas ciertas experiencias históricas. Pero la posición de España es otra.

**Al intentar repetir con Ucrania las aventuras de Irak, Afganistán, Libia o Siria, la OTAN se ha puesto en peligro ella misma. Si pierde, quedará muy desacreditada, y ya no puede esperar ganar salvo extendiendo la guerra a toda Europa. Y este es el mayor peligro.

** A menudo se emplean como sinónimos los conceptos  poder,  gobierno y estado. Creo que conviene distinguirlo: poder es un concepto abstracto que define un fenómeno presente en toda sociedad humana; gobierno es la concreción de ese poder y sus avatares; y estado es el aparato que permite ejercer el gobierno.

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 Una hora con la historia:   306 – La muerte del maquis | Nueva gran guerra europea (youtube.com)

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Judeofobia

 Recibo de vez en cuando correos con el  tópico de la maldad de los judíos, “la Sinagoga de Satanás”, “El Gobierno mundial oculto”, etc.,  que está detrás de todos los males que viene sufriendo la humanidad desde hace al menos veinte siglos. Uno podría preguntarse: ¿se refieren a Einstein, a Maimónides, a Spinoza, a los numerosos premios Nobel y tantos otros personajes de cuyos descubrimientos, inventos, avances en medicina y obras literarias nos beneficiamos todos?  Porque es un poco desconcertante, pero en proporción a su población, el número de judíos destacados en todos los campos de la cultura es impresionante.

Claro está, los judeófobos no se refieren a ellos,  en realidad pasan olímpicamente de ellos. Se refieren a unos individuos en la sombra, conspirando siempre contra la civilización cristiana y en particular la católica, que dominan el mundo mediante el dinero y la manipulación mediática, y orquestan guerras y degradación de las costumbres, en particular las sexuales. Y que, con el nombre de sionismo, han alcanzado el máximo grado de la maldad, fundando un estado mínimo, algo así como la provincia de Badajoz, en una tierra más bien inhóspita (¡con qué poco se conforman) y en cuya sociedad se aprecian los mismos males y tendencias con los que, según sus acusadores,  corrompen al resto de la humanidad.

   Los judeófobos conocen perfectamente esas conspiraciones ocultas, a pesar de lo cual han de confesarse derrotados por ellas, siglo tras siglo. Uno “explicaba” que el Imperio español lo habían destruido los judeoconversos haciéndose con posiciones de poder y títulos nobiliarios porque estos estaban simplemente en venta. Pues si los católicos se dedicaban a vender esos títulos, ¿quiénes eran los corruptos?  Al parecer los conversos eran malvados pero inteligentes, y los católicos buenos pero corruptos y tontos.

¿Cuál es el origen de esa judeofobia? Se entiende por razones religiosas, por no haberse asimilado nunca del todo a las culturas europeas, a las que sin embargo, han contribuido notablemente, y por la tendencia universal a buscar en alguien el culpable de los numerosos males que afligen al hombre desde que comió la fruta del bien y el mal.

   La evidencia es que entre los judíos, como en cualquier pueblo, hay de todo, desde idiotas y conspiradores malvados hasta  genios. Según la Biblia (sagrada también para los cristianos) conquistaron la tierra prometida mediante un brutal genocidio, y he visto en un reportaje a una profesora israelí afirmando que Cisjordania se la dio Dios a Abraham, por lo que los palestinos debían irse de allí. Lo cual me ha recordado a Koestler, también judío: “Lo más asombroso de todo fue descubrir que los judíos ortodoxos  parecían aceptar literalmente la historia de “la raza elegida”. Protestaban ante la discriminación racial y afirmaban inmediatamente su superioridad racial, basada en el trato de Jacob con Dios. Después de haber aprendido a los seis años que Hungría era la pluma del sombrero de Dios, me había vuelto impaciente y realmente alérgico ante toda pretensión de pertenecer a una raza elegida”.  No siendo creyente, no creo que los judíos sean el pueblo elegido de Dios,  tampoco de Satanás.

Esa judeofobia creo que es un intento de achacar a otros la propia ineptitud. Que España lleva mucho tiempo en decadencia es obvio. Y que parte de esa decadencia se muestra en esa judeofobia, también.

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La cultura del  PSOE

Es difícil definir la aportación del PSOE a la cultura. Este partido –como a su modo los separatistas– aspiraba a modelar la sociedad y a los individuos se acuerdo con su ideologías, para lo cual debía dominar la enseñanza. Ideología esencialmente totalitaria, aunque no podía aplicarse más que parcial y lentamente en una sociedad poco propicia a ella. Los rasgos educativos venían a ser una mezcla de marxismo (aunque la lucha de clases había perdido su vieja mística proletaria), ecologismo, feminismo y el europeísmo habitual. Su lógica interna iría conduciendo a la aversión o relegación de la idea de España, a la falsificación de la historia forzada por ley, a la “salvación del planeta” contra el hombre, a la pretensión de inferiorizar jurídicamente al varón, al aborto masivo combinado con una inmigración masiva, al rechazo o indiferencia a la relación entre sexualidad, reproducción y familia, al homosexismo (politización de la homosexualidad), a los “derechos” de los animales, al ataque permanente a la religión y cultura cristianas, al odio a la propia civilización europea, fustigada como meramente colonialista y explotadora, a la ideología lgtbi, etc. Derivas que en la época de González solo se esbozaban, para cobrar cada vez más cuerpo posteriormente.

El PSOE trató de impedir la enseñanza privada, ante todo la religiosa, como había hecho la República, dejando solo una enseñanza pública dominada por el partido desde el poder. No lo consiguió entonces, aunque impuso a la privada y la religiosa normas y contenidos a su avanzado gusto moral, en el que desempeñaba un papel clave su visión de la sexualidad como simple disfrute físico  por cualquier medio y al margen de la reproducción y la familia, un tanto en la estela del “mayo del 68”. Una avanzada de la nueva ética fue la traducción de El libro rojo del cole, en 1979, prohibido pero que marcaba la orientación posterior. Se trataba de un enfoque entre anarquista y marxista (copiaba, pero solo en el nombre, al Libro Rojo de Mao), que proponía la indisciplina escolar, la conducta guiada por el gusto o el capricho tanto en relación con los estudios como con la sexualidad o las drogas, bajo la presunción de que ello liberaba la personalidad y corroía “el sistema”. Esta educación, ampliada con criterios políticos, ecologistas o sobre la historia, se desarrollaría en los sucesivos gobiernos socialistas y separatistas.

La oposición zascandil de los últimos tiempos del franquismo –a la que pertenecían el PSOE y los separatistas– expresaba sus preocupaciones sexuales, entre otras cosas, en peregrinaciones laicas a ver películas pornográficas en Biarritz o en Perpignan. Quizá sean las memorias de la editora y escritora Esther Tusquets las que ofrezcan un cuadro más vívido y sincero de aquel antifranquismo: “En la Barcelona de los sesenta todos éramos muy progres y liberales (…) El sexo era uno de los juguetes preferidos, las llamadas perversiones un refinamiento exquisito (un ilustre escultor brindaba a sus invitados el deleite de ver defecar a su bellísima compañera, en cuclillas, en mitad de la sala) (…) Una ilustra hispanista, por otra parte muy atractiva, me tenía en su lista (pero) vio que yo no le daba facilidades y se dirigió apresurada a Juan Benet, que estaba sentado en el bar tomándose tranquilamente un café y la llevó encantado a su habitación (…) Mi hermano mantuvo charlas escandalosas y divertidas con Luis Berlanga, un tipo inteligente y encantador, en torno a la posibilidad de hacer un libro sobre erotismo. Es curioso hasta qué punto izquierdismo y pornografía, al ser ambos objeto de represión franquista, iban hermanados en la España de los sesenta. Muchos de nosotros asistíamos a un burdo espectáculo porno en una cutre taberna del puerto de Hamburgo o a un sofisticado striptease del Crazy Horse como si participáramos en un acto revolucionario. Y poco faltaba para que, al meterse en el coño la putita portuaria el último objeto que le venía a mano (en una ocasión fueron las gafas de mi padre, lo que a él le enfadó mucho y a nosotros nos provocó un ataque de risa desaforada) o al desprenderse una de las mujeres más bellas del mundo de la última prenda de ropa, nos pusiéramos en pie y entonáramos La Internacional (…) Tras una larga sobremesa donde se habló mucho de sexo y todos nos mostramos partidarios del más absoluto libertinaje y de las más audaces experiencias, un ilustra pintor nos propuso…”. Como dice el dicho, el progreso no tiene enmienda.

Interés mayor tenía para el gobierno el control de la universidad. Ya en la última década de Franco, el activismo agresivo de los comunistas, con abundantes publicaciones legales, había creado un considerable ambiente universitario marxista considerable, cuyos frutos iba a recoger el PSOE sin esfuerzo. Considerable, aun si no dominante por completo, pues se le resistían sordamente y a la defensiva, muchos profesores, en particular los de cierta edad. De modo que el gobierno procedió a una purga burocráticamente disfrazada rebajando en cinco años, a sesenta y cinco, la edad de jubilación forzosa. La medida favorecía igualmente a los separatismos, pues la oposición se debilitaba mucho y podía irse creando una generación joven “a la carta”, por así decir.

La jubilación de los profesores “carcas” se completaba con la promoción de los llamados “penenes” (PNN, profesores no numerarios). Estos eran en su mayoría licenciados jóvenes con escasa experiencia, producto indirecto de la masificación creciente de la universidad en los años 60 y 70, y de la escasez de presupuesto. Es decir, había sido preciso contratar a ese profesorado, con sueldos bajos y sin convertirlos en funcionarios, con la inseguridad profesional consiguiente. Los penenes deseaban convertirse en funcionarios, con mejores sueldos, lo que favorecía la agitación comunista, de modo que desde principios de los años 70 se convirtieron en un elemento francamente subversivo, con huelgas, protestas, aprobados generales y apoyo al estudiantado marxista, minoritario pero muy activo. Por lo tanto, el gobierno del PSOE se valió de ellos para cubrir los huecos dejados por las jubilaciones y extender como nunca un profesorado funcionarial. Indudablemente la calidad de la enseñanza universitaria bajó y se politizó en triunfo, pero al mismo tiempo el PSOE tuvo el acierto de extender más que nunca la enseñanza superior, necesaria para una sociedad en expansión económica a pesar de las crisis. Expansión que al mismo tiempo obstaculizaba la creencia en doctrinas tipo lucha de clases, que casi insensiblemente derivaban a ecologismos, feminismos y separatismos. Si el Frente Popular había sido en esencia una alianza de sovietizantes y separatistas, una vez perdidas o muy debilitadas las ilusiones comunistas, los separatismos iban convirtiéndose en el problema mayor para la continuidad nacional de España.

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Galicia / Europeísmo cañí / La cultura que odia el PSOE

306 – La muerte del maquis | Nueva gran guerra europea (youtube.com)

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Galicia.

Se fingen muy alarmados los golfos de la derecha ante la posibilidad de que en Galicia gobierne el BNG, y achacan tal peligro a VOX. La realidad es que el PP gallego lleva muchos años haciendo, incluso agravando, la misma política que Pujol en Cataluña o el PNV en Vascongadas y que han llevado a esas regiones a un paso de la secesión y al golpismo. Para Feijóo, y así lo ha aclarado,  Galicia no es una región española, sino una nación sin estado que debería entenderse con otras “naciones sin estado” como Cataluña o Vascongadas. Y aplica la exclusión del español común como lengua “impropia” en Galicia, considerándola implícitamente lengua extranjera e impuesta, como han hecho los separatistas en otras regiones. Ese es el fondo de lo que llama hipócritamente “bilingüismo cordial”.  Peor aún, ha expuesto en Barcelona otra gran idea:  “profundizar en el inglés”. Es decir, fomentar el inglés como lengua de comunicación general que desplace paulatinamente al español, tarea en la que también están los gobiernos centrales, sean del PP o del PSOE. Proceso disgregador de la nación española que ya contribuyó a la guerra civil y vuelve a amenazar las bases mismas de la convivencia entre españoles

La cuestión, a estas alturas, no es escandalizarse ante la amenaza, sino movilizarse contra ella, es decir en pro de la única alternativa, VOX. ¿Cómo? PP, PSOE y separatistas han formado un frente de hecho contra VOX y utilizan sin cesar sus poderosos medios de desinformación subvencionados fraudulentamente, con dinero  público, para asfixiar al partido de Abascal con insidias, calumnias, rumores, silenciamientos y encuestas trucadas.  Romper ese  muro de la infamia exige pasar de la indignación a la acción: todo aquel que confíe, aunque sea parcialmente, en VOX debe utilizar todos los medios, desde el contacto personal a las redes sociales para hacer llegar a la gente su mensaje, que Abascal viene explicando convincentemente.

Quien conozca Galicia  sabe que los partidos funcionan allí, más en que otras regiones, como auténticos cacicatos semimafiosos, pero también que es la región en que la gente se fía menos de los políticos, como reflejan las tasas de abstención. Lo cual revela asimismo una buena tasa de inteligencia. Esa población sabe por experiencia lo que puede esperar de PP, PSOE y BNG, indiferentemente. A esa población hay que llegar, ella  puede y debe dar la sorpresa a la triple alianza contra España

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España fue mucho más que el descubrimiento de América

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Europeísmo cañí

**El cine español actual, con pocas excepciones, es basura subvencionada. A la altura del fulano con falso doctorado, relación familiar con la prostitución homosexual y política con los golpistas.

**El PP no es contrario a los separatismos, más bien es su auxiliar. Tampoco es contrario al PSOE: coincide con él en todo, incluida la política proseparatista.

**El PP y el PSOE son los mayores enemigos del campo español. Y de todo lo que une a España.

**El europeísmo español ha sido incapaz, no ya de examinar la historia y la cultura europea, sino de algún simple libro de viajes de algún interés por Europa. Siempre fue un europeísmo cañí, folclórico y acomplejado

**Rusia está ganando en Ucrania, lo que significa que está ganando a la OTAN y la UE. Que no lo pueden consentir, por lo que ya están preparando una tercera gran guerra en Europa. De la que España debe desentenderse, como de las dos anteriores.

**Para España, la OTAN y la UE condensan su significado en Gibraltar.

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Acerca de  mi libro de la SGM, me pregunta un joven si es que la derrota del nazismo supuso la derrota de Europa. No: el fin de la era europea fue resultado del choque entre las tres ideologías.

La Segunda Guerra Mundial: Y el fin de la Era Europea (HISTORIA)

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La cultura que odia el PSOE

El PSOE no se conformaba con sus cien años de honradez, también se proclamaba el partido de la cultura. Y también en este caso contra toda evidencia, baste recordar sus destrucciones y pillajes del patrimonio cultural español. Pero, como pasaba con otras cosas, la historia estaba olvidada, y la jactancia funcionó. Como con la ética, su fervor por la cultura imponía negar tal virtud a otros, ante todo al franquismo, descrito como “páramo cultural”. Cosa por demás lógica, pues ¿qué podía esperarse en ese terreno de un régimen oscurantista, rancio y reaccionario, enemigo natural de la inteligencia, del que había huido al exilio la brillante intelectualidad republicana que no había sido asesinada como García Lorca?

El argumento, esgrimido por socialistas, comunistas, separatistas y bastantes liberales, no tenía vuelta de hoja y creció desde los años 60 en medios universitarios, periodísticos y populares. Se afrentaban especialmente los años 40. El diario monárquico ABC se sumó a la tarea, diagnosticando su director, L. M. Ansón, como “generación del silencio” la de dichos años. Descolló al efecto el diario El País, convertido en órgano oficioso del PSOE, donde podía escribir un tal J. L. Yuste sobre los 40: “Período que si fue oscuro en lo material, aún lo fue más en los aspectos culturales (…) Larga noche de piedra, interminable tiempo de silencio (…) que cubre de tinieblas varios lustros de historia de nuestra cultura”. Tiradas semejantes las hay a miles, ampliando la mugre achacada a aquella década a toda la “era de Franco”. Las excepciones se catalogaban como “exilio interior”.

No obstante, por ilógico e increíble que sonara, algunos dudaban de tales certezas. Uno de ellos, el filósofo Julián Marías, que había sido secretario de Besteiro y sufrido una ligera represión en la posguerra, escribió en 1976 el artículo “La vegetación del páramo”. En él mencionaba una impresionante lista de autores de posguerra, unos nuevos y otros venidos de la época anterior. La lista implicaba que muchos habían vuelto del exilio, al que la mayoría de los intelectuales, afirmaba Gregorio Marañón, había huido del ilustrado Frente Popular y no del brutal franquismo. Demostraba Marías que los principales escritores de la generación del 98 y de las dos siguientes (14 y 27), seguían escribiendo obras notables en España. Así Menéndez Pidal, Baroja, Azorín, Ortega, Marañón, Dámaso Alonso, García Morente, García Gómez, Vicente Aleixandre (futuro premio Nobel), Gerardo Diego, Luis Rosales, Josep Pla, Martín de Riquer y tantos más; aparte de izquierdistas exiliados, que volvieron a ser publicados. Y, sin contar otros artistas (músicos, pintores, etc.), es realmente cuantiosa la nómina de novelistas, pensadores, historiadores, poetas, ensayistas o autores teatrales, que empiezan a publicar en la posguerra: Xavier Zubiri, Carmen Laforet, Cela, Ridruejo, Panero, Celaya Buero, Laín Entralgo, Blas de Otero, Gironella, Torrente Ballester, Miguel Delibes Díez del Corral, Celaya, Rosales, Buero, Maravall, Aldecoa, Zunzunegui, Blas de Otero, Díez del Corral, Rof Carballo, Aranguren, Tovar, Ignacio Agustí, y tantos más.

Dos rasgos indicativos: En esos años empiezan a escribir más mujeres que antes: Laforet, Carmen Conde la mayoría de sus obras, Martín Gaite (desde los 50), Ana María Matute, Mercedes Salisachs, Ángela Figuera… y bastantes más en años posteriores. Y son también años dorados del humorismo, en que siguen escribiendo Fernández Flórez, Julio Camba, Edgar Neville, Jardiel Poncela, y aparecen nuevas firmas: Miguel Mihura, Tono, Álvaro de Laiglesia, Mingote, Noel Clarasó… varios de ellos en torno a la revista La Codorniz.

En 1940 nació la revista de Falange Escorial, en la que colaboraron muchos de los citados y otros, fueran falangistas o no: Aleixandre, Azorín, Cela, Baroja, Dámaso Alonso, Eugenio D´Ors, Julián Marías, Menéndez Pidal, Ramón Carande, Gerardo Diego, Álvaro Cunqueiro, J. M. Cossío, Julio Caro Baroja, Melchor Fernández Almagro, Emilio García Gómez, Ramón Gómez de la Serna, Paul Claudel, Romano Guardini, Manuel Machado, Jose Antonio Maravall, Blas de Otero, Luis Rosales, Julio Palacios, Joaquín Rodrigo, Sánchez Mazas, Federico Sopeña, Torrente Ballester, Pérez de Urbel, Luis Felipe Vivanco, Xavier Zubiri, Calvo Serer… Cabe preguntarse qué publicación actual lograría un elenco de escritores viejos y nuevos de tan variada ocupación y fuste. Escorial quiso abrirse también a los escritores de izquierda exiliados o autoexiliados, pero estos se sentían muy por encima del futuro páramo y lo rechazaron altivamente.

Estos datos no agotan ni mucho menos el panorama del “tiempo de silencio” y “noche de piedra”. Podría sostenerse razonablemente, contra los del “páramo”, que los años 40 fueron harto superiores culturalmente, a lo que ellos mismos representan y revelan con su torpe y engolado sectarismo.

El aludido artículo de Marías no cambió en absoluto el cuento del “erial” franquista, ante cuya obstinación volvió a protestar el filósofo veinte años después con otro artículo: “¿Por qué mienten?”: “Baroja decía con humor que los españoles discuten sobre cuestiones de hecho. Muchos hacen ahora algo mejor: ni siquiera discuten, sino que hacen caso omiso de los hechos (…) Cada vez que se habla de lo que ha sido la realidad cultural de España después de la guerra civil, se acumulan las mentiras más evidentes, más contrarias a la irrefragable realidad (…) Los jóvenes (…) mienten, diríamos, en nombre de los otros. Su motivo principal es la ignorancia: no saben nada, aceptan pasivamente lo que les han dicho y lo repiten. Hay un curioso grupo, formado por los que empezaron a actuar hacia 1956 –fecha muy significativa. Tuvieron, ya entonces, la voluntad de dar por nulo todo lo que se había hecho antes (…) para dar la impresión de que con ellos, y solo con ellos, se iniciaba la resistencia a las presiones oficiales y un intento de independencia. Finalmente, los decididamente mayores, los que vivieron y escribieron en aquel lejano período, con frecuencia se pliegan a las presiones dominantes”.

La llamada (in)cultura de la cancelación se ha aplicado a fondo en el posfranquismo para negar una época comparativamente brillante aplicando a aquellos autores simples frases denigratorias o despectivas desde una más que discutible altura intelectual. Dice Marías que “mentir descalifica a quien lo hace”, pero esos descalificados siguen gozando de poder y salud económica envidiables, lo que tal vez perjudique a la salud intelectual del país.

Un rasgo muy llamativo de aquel tiempo es la evolución ideológica de gran número de autores. Laín Entralgo, uno de los afectados por la “cancelación”, refutaba en un artículo la historieta del “páramo” de los años 40, citando a descollantes intelectuales de entonces. Pero se tendía una trampa a sí mismo al afirmar que aquellos escritores rechazaban el franquismo. Por tanto, o bien el franquismo fue extraordinariamente liberal con los disconformes –lo cual es cierto–, o bien estos no tuvieron escrúpulo en colaborar con el régimen, al menos pasivamente –lo que también es cierto–. El conflicto surgió hacia los años sesenta: en plena liberalización del régimen una multitud de autores se volvió hostil a él, refugiándose, cuentan, en un “exilio interior” puramente imaginario. El propio Laín, afecto a la Alemania nazi en los 40, rechazó, al menos mentalmente, al franquismo conforme este se ablandaba. Lo mismo Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar y bastantes más. Celaya, Blas de Otero, Haro Tecglen Sastre, Sacristán y otros pasaron de la Falange al comunismo sin que literariamente mejorasen mucho; otros a la socialdemocracia, como Ridruejo, uno de los de Munich, o a una disconformidad agria como Delibes, etc., etc., ¿Quizá deseaban una dictadura férrea y despreciaban aquellas blanduras del franquismo aperturista? Quizá. Una vez más debemos remitirnos al lance de Solzhenitsin en TVE.

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