¿Quién trajo la república?
¿De quiénes fue obra la república? Creo que la inmensa mayoría de la gente diría que de la izquierda. Pero fue justamente de la derecha: Alcalá-Zamora y Maura organizaron a las dispersas y pequeñas fuerzas republicanas en el Pacto de San Sebastián. El Pacto se propuso traer la república mediante un golpe militar. Este dato fundamental pasa inadvertido en casi todas las historias entre un fárrago de detalles más o menos significativos y en general mal estructurados. Fueron militares de derechas los que facilitaron la conversión de los juicios en un gran montaje de propaganda republicana. Fueron escritores de derecha, como Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, quienes dieron el aval intelectual a la república. Fue Sanjurjo, al ponerse a las órdenes del “Comité revolucionario” presidido por Alcalá-Zamora, el que decidió al Comité a tomar directamente el poder. Y fue el monárquico Romanones quien enredó e impidió políticamente toda resistencia. Estos detalles cruciales casi nunca se han valorado en su significado. Y también fue el derechista Alcalá-Zamora quien terminó destruyendo la república. Sin duda ya entonces carecía la derecha de formación histórica (su mentalidad era regeneracionista-europeísta) y de formación ideológica (solo tenía vagas ideas de las doctrinas que estaban transformando Europa, como el marxismo o los fascismos, y el liberalismo que cabía atribuirle, era más bien vago y algo confuso).


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Celestina, Amadís y humanismo
Cabría preguntarse por la relación entre obras tan emblemáticas como La Celestina y el Amadís de Gaula con el ambiente humanista de la época. Ni una ni otra tienen un componente propiamente cristiano o religioso en general, aunque haya algunas referencias, lógicamente. Esquemáticamente podría señalarse: el humanismo supone un alejamiento, relativo o absoluto, de la idea de Dios, orientando la cuestión a la fe en las capacidades humanas, condensadas en el supuesto de que el hombre puede labrarse su propio destino, moral humanista, y así ocurre en los dos casos: los protagonistas se lo labran, en un caso con pasiones y actos heroicos, y en el otro con pasiones y actos ruines, en los que naufraga incluso Melibea, seducida por la bajeza del ambiente. El humanismo se presenta fundamentalmente como optimista, como en el Amadís, pero La Celestina expone precisamente su lado oscuro y trágico. El lado que se iría desenvolviendo en ideologías y en el tiempo hasta culminar en la II Guerra Mundial.
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Crónica Sin mujeres antes.
**¿Debemos seguir en la UE? Desde aquí venimos denunciando el impulso totalitario de la Unión Europea, en el que unas camarillas burocráticas muy poco elegidas y muy bien pagadas, legislan sin cesara y pretenden controlar hasta los sentimientos de las personas.
**¿Debemos seguir en la UE? Todos los argumentos en favor de la permanencia de España son pura ficción. Habrá que ir exponiéndolos uno a uno. El fraude y la usurpación de representaciones son dos rasgos de la política general en Europa.
**El Doctor y el tal Aragonés optan por el “diálogo”. Como Zapatero con la ETA. El diálogo y la concordia entre golpistas y mafiosos. Cada vez que dialoga, la unidad de España y las libertades se hunden un poco más.
**El Banco de Santander patrocina uno de tantos fraudes con nombre en inglés: “womennow”. Hasta ahora las mujeres no existían. “Madrid, capital europea de las mujeres”. Las mujeres necesitan una capital, en inglés, naturalmente. Madrid, capital del fraude, con la Botín y el Doctor.
**Un gobierno delincuente como el del Doctor debe ser desobedecido. Sus leyes totalitarias deben ser desobedecidas. O nos haremos cómplices de ellas.
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Proyección cósmica de la vida humana
Hace un tiempo comenté algunas diferencias entre “la caída de los dioses” en la mitología nórtica y el apocalipsis cristiano )) Las dos cosas vienen a ser una proyección de la vida humana. Como decía Omar Jayam, (y muchos otros de forma menos sintética), el ser humano se encuentra inmerso en un mundo sin poder saber por qué: fuerzas misteriosas por encima de nuestra consciencia y voluntad, nos traen a la vida, que impone esfuerzos, luchas, dolores, alegrías parciales, para acabar, por las mismas fuerzas misteriosas, en el derrumbe total de la muerte, como fin ineluctable, conocido de antemano y que sin embargo nos impone la lucha. En los dos casos, la idea del juicio final o de la lucha (y derrota) final, vienen a ser una proyección cósmica de la propia vida humana. Tal como el hombre sabe que al final de sus esfuerzos está la muerte, los dioses y héroes germánicos saben que terminarán vencidos por las fuerzas del mal, y sin embargo están obligados a luchar hasta el fin.
La mitología germana impone aceptar ese destino ineluctable, contra el que se rebela el cristianismo: la lucha entre el bien y el mal se produce entro de cada uno, y terminará en un juicio también cósmico: aquellos en quienes el bien haya superado al mal, recibirán el premio de la gloria sin fin, mientras que los contrarios perecerán también sin fin. De este modo, la vida encuentra un sentido, por difícil de entender que sea. ¿Se trata de un fin general inmerecido en la mitología? Aquí la cuestión de los méritos no cuenta, simplemente queda fuera de toda cuestión, es pura autoilusión cobarde: el hombre está forzado a la moral por fuerzas que escapan totalmente a ella. Sospecho que tiene alguna relación con la predestinación protestante, imaginada por Lutero.
Quien haya leído Cuatro perros verdes quizá perciba en esta cuestión no sé si el fondo o una faceta de las discusiones entre Moncho y Santi sobre la libertad que proporciona el nihilismo.