Vivir y filosofar
Como decía, es posible entender los poemas de Jayam como producto de una persona ociosa cuya buena posición le permite dedicarse a especulaciones inquietantes, pero vanas en el fondo, ajenas a las preocupaciones de la gente “de a pie”. Esta interpretación torpe recuerda el proverbio chino “cuando el sabio señala a la luna, el necio mira el dedo”. Desde el auge del pensamiento marxista, la “explicación” de las ideas y tomas de postura apelando a la posición social de quien las expone se ha vuelto frecuentísima. En realidad ocurre de siempre, y al respecto se acuñó la frase clásica “Primum vivere, deinde philosophari”: ante todo tener las necesidades básicas cubiertas (lo que se entiende por “vivir”), y después dedicarse a filosofar, una ocupación quizá interesante, pero prescindible: podemos seguir viviendo tal cual sin necesidad de preguntarnos por qué. Sepamos o no sepamos ese porqué, la evidencia es que aquí estamos y a ello hemos de atenernos.
Claro que esto seria reducir la vida humana al nivel animal, siendo lo propiamente humano –el “philosophari”– un aditamento innecesario. Si acaso podríamos considerar la técnica como la verdadera y práctica diferencia del humano con el animal, idea (el “mamífero técnico”) que recorre gran parte del pensamiento anglosajón, hoy muy extendido. Y eso precisamente significaría la peculiaridad de la cultura europea con respecto a las demás, a las que ha aventajado técnicamente de manera decisiva, a partir del siglo XIX (aunque desde 1945 haya perdido esa primacía). Tal es la idea de Díez del Corral en su ensayo El rapto de Europa, compartida por una variedad de ideologías incluyendo la nacionalsocialista.
Pero en realidad el ser humano depende de la filosofía, dicho en sentido amplio, para subsistir. Lo expresa Jayam en el penúltimo verso del rubai que venimos comentando: ”Me iré sin desearlo”. Aunque algunos se suicidan, la inmensa mayoría se va del mundo contra su voluntad, dejando en su entorno inmediato un sentimiento compartido en lamentaciones, tanto por el dolor de la pérdida de una persona querida como por la premonición de que lo mismo espera a quienes la querían. Y ese simple hecho, inasequible a la razón pero sentido profundamente, a veces como una angustia insoportable, condiciona la vida humana, que ya no se presenta como una sucesión de actos como los de un animal, sino como un conjunto que obliga a “philosophari”. Y, por supuesto, influye también en la propia razón técnica, que intenta asegurar en lo posible la vida humana contra la muerte. Lo propio del ser humano es su necesidad de “filosofar” para vivir.
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Franquismo y nuevos problemas
Usted no se contenta con afirmar que aclarar la verdad sobre Franco es un deber por sí decir, de justicia histórica, sino que sostiene que es imprescindible para regenerar la democracia y mantener la unidad de España. Sin embargo para la mayoría de la gente, en especial los jóvenes, la cuestión del franquismo se presenta como algo parecido a la prehistoria. Los problemas son otros y a casi nadie le interesa aquel pasado.
–Cuando yo era joven, en pleno franquismo, sabíamos poquísimo sobre la guerra civil, porque no se explicaba en la enseñanza, y esa guerra y la república se nos presentaban también como prehistoria. Sentíamos que vivíamos en otro mundo. La atención de la inmensa mayoría se centraba en los asuntos y problemas personales, profesionales, en las diversiones, la televisión, etc. Solo un ínfima minoría teníamos interés por la política y la historia. Pero fíjese en lo que terminó ocurriendo: la versión de la guerra civil fue la de la izquierda y separatistas, y la mitificación de la república y del Frente Popular sigue teniendo hasta el día de hoy, y diría que cada vez más, una repercusión del mayor alcance sobre la sociedad y como inspiración de la política.
La versión de Preston y tantos otros es que el franquismo vivió en permanente evocación y presencia de la guerra civil, sobre la represión de los contrarios.
–No era así en absoluto, salvo los gritos rituales de los diarios hablados y alguna simbología más. Y, visto en retrospectiva, no podía ser de otro modo: el franquismo no tenía un discurso homogéneo sobre la guerra y el pasado, pues se componía de cuatro partidos con versiones diferentes, y la iglesia fue, sobre todo desde mediados de los 60, la más partidaria de desvirtuar aquellos sucesos como una “penosa guerra fratricida” que mejor no recordar, y en la que poco a poco los buenos pasaban a ser los vencidos. Aquel vacío lo ocupó con gran éxito el marxismo en la universidad.
Pero usted admitirá que hoy existe una multitud de problemas que antes no existían, de carácter universal y no solo nacional, por lo que no podemos vivir echando la vida atrás. Piense solo en el feminismo, el multiculturalismo, el calentamiento global… Además, estamos en Europa y eso nos influye decisivamente.

–En cuanto a Europa, siempre estuvimos en ella y siempre hubo una interinfluencia. Un fallo de gran parte de la historiografía española es que precisamente se presenta como si esa relación apenas existiese, pero si usted echa un vistazo a mi Nueva historia de España o al más reciente Por qué el Frente Popular perdió la guerra, verá que doy precisamente gran importancia a esa relación y expongo constantemente cómo se produjo en sus pros y sus contras. Lo mismo cuando examino la Reconquista, la mayoría de los estudios españoles sobre la cual flojean mucho en ese aspecto.
Bien, aun así, los desafíos actuales, con los cambios acelerados técnicos y culturales, y las preocupaciones de nuestra época, son muy distintos de los de los años 30. ¿De qué nos sirve dar vueltas a un pasado que para la mayoría queda muy lejano y con poco interés?
La cuestión se reduce a esto: ante esos desafíos, ¿debemos actuar como nación, es decir como producto político y cultural de muchas generaciones de esfuerzos, o debemos reducir todo eso a una “leyenda negra” y echarlo por la borda para disolvernos en una especie de “magma universal” dirigido por no se sabe quiénes (en parte sí se sabe). Desde la II Guerra Mundial, todos se empeñan en hablar en nombre de la Humanidad, convertida en una especie de dios que se ha revelado a unos pocos (que por lo demás no se ponen de acuerdo sobre cual sería el interés y el culto debido a esa divinidad). Todos los problemas que usted dice, y otros más, son importantes, unos no existían en los años treinta, otros sí, aunque con otros condicionantes e ideologías. Pero en mi opinión debemos, es más, no tenemos otro remedio que abordarlos desde nuestra posición nacional, porque hoy por hoy y por mucho tiempo la humanidad se compone de naciones y grupos heterogéneos. El franquismo significó históricamente la continuidad de España como nación y como cultura. Hoy, todo eso está en crisis, como lo estuvo con la República y más aún con el Frente Popular. ¿Debemos aceptar la disgregación y disolución política y cultural de España, o debemos defenderla para poder afrontar cualesquiera problemas se presenten? Esta es la cuestión de fondo.
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Proyección de Israel
Orfebre: Yo no doy la razón a nadie, solo pregunto. Y tienes razón en que nos hemos desviado de un asunto sin resolverlo, así que volvamos al comienzo: por qué habría decidido Dios optar en exclusiva por unas tribus beduinas seminómadas para revelarse. Admite que esto plantea dos problemas serios: la exclusión de los demás pueblos, como si no fueran dignos de tal atención, y la propia elección de los hebreos. ¿Qué tenían estos de particular?
Mecánico: te lo plantearé de otra forma: Israel es un país minúsculo, el río Jordán es insignificante comparado con otros ríos; la tierra de Israel es poco fértil, su clima es poco agradable, tampoco está diferenciado claramente como podría ser una isla o una península, sino que siempre ha sido tierra de paso de diversas culturas e imperios, y de confrontación entre ellos, y la población judía siempre fue y sigue siendo muy escasa comparada con la del entorno. Ahora, piensa en esto: los accidentes de esa tierra han tenido un influjo espiritual en el mundo como los de ninguna otra tierra. Piensa en la encina de Mambré, el pozo de Beerseba, el monte Tabor, el mismo río Jordán, Jericó, Belén, no digamos Jerusalén… Y los muchos sucesos reales o míticos allí sucedidos y que han tenido un influjo tan universal como hechos espirituales simbólicos… ¿No es esto llamativo? ¿Por qué ninguna otra tierra en el mundo ha tenido tal proyección espiritual?
O. Eso es verdad, y es muy llamativo y digno de considerar, aunque no tan universal. Es verdad para la cultura occidental, y lo es a través del cristianismo, que ha hecho suya la Biblia. Pero no responde a mi pregunta. Hay, además, otro problema: Yavé prometió a los judíos aquella tierra, es más, creo recordar que en algún momento se la prometió desde el Mediterráneo hasta el Éufrates, pero nunca fue fiel a su promesa: ordenó a los judíos desplazar, esto es, exterminar, a la población de Canaán, pero los judíos nunca lograron ocupar todo Canaán ni exterminar a todos sus habitantes. La propia Biblia demuestra que siguieron viviendo muchos y contaminando además con su religión a los judíos, lo que exigía periódicas purificaciones sangrientas. Gran parte de los judíos fueron además desterrados, primero por los asirios si mal no recuerdo, luego por los babilonios y finalmente por los romanos. En la Biblia, Yavé siempre se está quejando de las infidelidades de los judíos, pero él, a su vez, nunca acaba de cumplir su promesa. Por otra parte, ¿qué es la Revelación en concreto? ¿En qué consiste?
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