Galería de antifranquistas ilustres en “Una hora con la Historia”: https://www.youtube.com/watch?v=-fn3bGUQrSg
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Pese a las grandes hazañas, si quiere llamarlas así, de los españoles en los siglos XVI y XVII, el esfuerzo fiscal y los gastos excesivos sumieron al país en la pobreza.
–El esfuerzo fiscal fue común a las potencias enemigas de España, que estuvieron también al borde del colapso en varias ocasiones. En todo caso, eso es secundario. Todo ocurre en el tiempo y todos los imperios terminan desmoronándose. A España le tocó enfrentarse sucesiva o simultáneamente con otomanos, franceses, ingleses y protestantes, y luchar no en dos sino en tres o más frentes. Y lo más notable es que no era la potencia más rica ni la más poblada. Francia sola era mucho más rica y poblada que España, cosa natural cuando la economía dependía sobre todo de la agricultura: Francia tiene más lluvias, mejores suelos y menos montañas, y lo mismo puede decirse de los demás. Esta inferioridad solo pudo compensarse con una superioridad cualitativa: además de un especial espíritu combativo, España tenía una organización militar superior a la de sus adversarios y una gran habilidad diplomática. Eso en el terreno militar. También en el político y administrativo, el esfuerzo de organización de un imperio transoceánico sin precedentes en la historia humana, exigió una extraordinaria capacidad de organización y numeroso personal muy especializado, que surgía sobre todo de la enseñanza superior, que era por entonces la más nutrida de Europa. A estos factores casi nadie les da su debido valor, pero son los que explican muchas cosas. No solo fue el valor y la audacia, aunque también. O el espíritu católico, pues también era católica Italia, que política y militarmente representaba muy poco, o Francia.
Pero usted no menciona precisamente otro de los grandes éxitos de España, la evangelización de gran parte de América y de Filipinas.
Sí lo menciono, igual que la contención de protestantes y turcos. Pero la evangelización fue posible por la conquista. Y la contención del protestantismo y del islam no habría sido posible sin esos esfuerzos políticos y militares. Si usted quiere poner las cosas al revés, que fue el espíritu evangélico el que permitió los éxitos militares, creo que yerra. Porque en sí misma, una guerra no es demasiado evangélica, y por otra parte, insisto, no era menos católicas Italia o Francia. Pero es cierto que el catolicismo tiñó de modo especial las empresas de España y también su cultura, como lo es que dichas empresas y cultura no se explican por el catolicismo, o no solo por él. de otro modo no habría sobrevenido la decadencia.
Como fuere, la edad de oro ocurrió hace mucho tiempo, y no hay perspectivas de que resurja. ¿No es una pérdida de tiempo preocuparse mucho de ella?
–No creo que lo sea, porque si España es hoy un país económicamente boyante pero cultural y políticamente trivial, casi insignificante, se debe en gran medida a la estéril y esterilizante versión negrolegendaria de aquella época, a su influjo tan extendido.
¿Quiere decir que superando la leyenda negra España volvería a un siglo de oro?
–No, por supuesto. La superación de la leyenda es condición necesaria pero no suficiente. Además, se intenta superar a menudo con una retórica vacua, grandilocuente y patriotera, o con una apreciación errónea o torcida del catolicismo en relación con la política. Creo que el asunto merece más análisis, y Nueva historia de España va en esa dirección. Por decirlo de manera simple: he propuesto aquí la importancia de la enseñanza, sobre todo la superior, en el desarrollo de una cultura. España no puede pensar hoy en convertirse en una superpotencia política o militar, pero en el terreno cultural podría ganar muchos puntos. El atraso de España se deja explicar con bastante sencillez: aquí apenas se desarrollaron la ciencia y la técnica. Sin embargo, eso es fácilmente superable. Basta con que la sociedad y el estado se tracen un programa ambicioso y de gran alcance. Que puede y debe hacerse precisamente en conjunto con el resto de países hispanohablantes, mientras que volver a la unidad política resulta inviable. Claro está, hay cosas que el estado no puede impulsar: puede impulsar la ciencia y la técnica, pero no el pensamiento y el arte, que se desarrollan al margen de la política.
Pero usted sostiene que la explicación más íntima o más profunda de la historia se encuentra en la religión.
–Así lo creo y he tratado de explicarlo, también en mi libro sobre Europa en relación con el cristianismo. Aplicándolo de manera muy simple, podríamos decir que el desarrollo cultural de los países protestantes a partir del siglo XVII demostraría la superioridad del protestantismo sobre el catolicismo. De hecho así lo afirman muchos. Pero creo que el asunto requiere análisis algo más finos.
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La verdad inquietante



