Errores corregibles de VOX / Santos Juliá.

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

Galería de antifranquistas. No pueden imaginar ustedes su catadura moral: https://www.youtube.com/watch?v=-fn3bGUQrSg

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Ya he hablado bastante sobre la profanación del Valle de los Caídos y de los restos de Franco y su alcance histórico. Hasta el más idiota puede ver de qué se trata simplemente atendiendo a los profanadores: los totalitarios, los separatistas, los ladrones que han venido corrompiendo la democracia todos estos años. Es hora de hacer de la regeneración democrática la grande y necesaria consigna, que incluye la abolición de la ley norcoreana y la vuelta de Franco al lugar que le corresponde. Ahora el PP, C´s y compañía harán todo lo posible para que el asunto quede zanjado, pero debe ser lo contrario, el comienzo de una larga campaña en contra  y VOX debería tomarlo en cuenta.

   VOX tiene la gran oportunidad de levantar la bandera contra la profanación, dando cauce al descontento difuso e impotente de muchos, y poniendo en la picota a PP y C´s. Es importante, también,  utilizar la criminalísima historia del PSOE, incluyendo sus complicidades con los separatistas y con Stalin, para plantear condenas generales, que pondrán en la picota a los demás partidos.

Observo cierta flojera en VOX, demasiado preocupado por desmentir lo de la “extrema derecha” en lugar de acusar de enemigos de España y de la democracia a los demás, que sí lo son. Su convocatoria en Colón muestra poca energía en la segunda y tercera consigna: “orden constitucional” y “convivencia nacional”. Realmente lo del orden constitucional en lo que tiene de positivo, la unidad nacional, ya queda expresado en la primera consigna. Pero es una consigna equívoca, pues la Constitución también promueve las autonomías sin límite de competencias. Me parece que es una peligrosa caída  en la indefinición, pues tanto PP como C´s se proclaman “constitucionalistas”, lo que sugiere la nefasta unión con ellos, como un apéndice de hecho. La consigna REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA es cien veces más potente y clara, justa y urgente, y diferencia más claramente a VOX de los demás.

En cuanto a la “convivencia nacional” vuelve a ser redundante. Queda implícita en la unidad de España. ¿Y convivencia con quiénes? ¿Con los separatistas? ¿Con los profanadores de tumbas? Hoy por hoy ellos han vuelto imposible esa convivencia, que tene un toque “buenista” algo alarmante. La consigna RESPETO A LA HISTORIA, que he propuesto en este blog, ataca más directamente a los profanadores y totalitarios  y tiene muchísimo más alcance político.

Estos errores son bastante lógicos en un partido que empieza. Pero si no se corrigen desde el principio,  se asientan y tenderían a convertir a VOX en algo parecido a PP y C´s. Y para eso ya están estos.

************Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

La realidad del PP ha vuelto a ponerse de manifiesto con los elogios patrioteros del siniestro proseparatista Feijoo a Santos Juliá. El cagapoquito (que diría Cela) Casado, también es un gran admirador de Juliá. Un partido de señoritos incultos, peseteros, corruptos y tan embusteros como los socialistas.

  A  Juliá le molestaba especialmente que se recordarse haber sido sacerdote (nunca lo pone en sus biografías) y se jactaba de familia antifranquista, lo que no le impidió hacer carrera en el franquismo. En algún momento se convirtió al socialismo, la ideología más guerracivilista y criminal que hayan padecido los españoles desde 1917 hasta ahora. Y de acuerdo con tales ideas “escribió la historia”. Por supuesto, ese “demócrata” era muy partidario, como Tusell y otros “moderados”, de censurar mis libros y condenarme a muerte civil, lo que en alguna medida han logrado, con ayuda del PP.

   En fin, les dejo unos  enlaces en los que podrán calibrar la talla moral e intelectual del personaje. No tenía intención de hablar de él ahora que ha fallecido, pero los ditirambos de los profesionales del embuste, como les llamaba Julián Marías, exigen alguna respuesta:  

Santos Juliá defiende a “los pobres”: https://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/santos-julia-defiende-a-los-pobres-40052/

Fabulaciones de Santos Juliá: https://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/fabulaciones-de-santos-julia-y-2-26609/ 

Santos Juliá va enterándose: https://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/santos-julia-va-enterandose-55404/

La tradición de Santos Juliá y compañía: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/la-tradicion-de-santos-julia-y-compania-3183/2.html

 

 

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Un crimen del mayor alcance histórico

Desde que el Doctor y la Arpía Marimacho anunciaron su propósito de profanar  los restos de Franco y el Valle de los Caídos, señalé que estábamos ante una batalla política de máximo alcance, pues afectaba a la historia, a la monarquía, a la Iglesia, a la democracia y al estado de derecho. Por desgracia, casi nadie entendió o quiso entender esta evidencia, ni siquiera los que la comprendieron parcialmente. Como nadie acaba de entender que si tenemos democracia se debe al franquismo, no solo a la sociedad pacífica y próspera creada por él, sino a la decisión popular abrumadora de construirla desde los logros del franquismo y contra  los demagogos descerebrados que quería retrotraer al país al criminal Frente Popular. Y que lo van logrando gracias a una derecha radicalmente infame.

El gran problema en España es la falsificación de la democracia por el Himalaya de falsedades, que decía Besteiro, y que resurgió como un vendaval poco después de la victoria póstuma de Franco en el referéndum del 76. Un vendaval de embustes desatado por la izquierda y los separatistas, al que ha colaborado un PP cuyo concepto de la democracia consiste en un reparto corrupto  de poder y dinero con los separatistas y los totalitarios. Al que han colaborado y colaboran la farisaica jerarquía eclesiástica y los monárquicos del ABC desde Ansón, demostrando  una inmoralidad profunda y completa ausencia de sentido del  estado y de la historia. Y al que han colaborado involuntariamente, con griterío vacuo,  franquistas nostálgicos que nunca entendieron lo que había sido el franquismo, ni el papel de la Iglesia, culturalmente inanes sin otro  pensamiento político, si así puede llamársele, que la denostación de una masonería a la que atribuyen poderes mágicos.

Y esta es la situación desde la que hay que partir. La profanación se está haciendo mediante la ocupación militar de la abadía (la Guardia Civil es un cuerpo militar) y basándose en la ley norcoreana de memoria histórica. Y ha sido posible porque cuarenta años de cultura del embuste embrutecen a mucha gente y desconciertan a la mayoría. Pero la guerra, pues esa profanación es una declaración de guerra, no ha hecho más que empezar, de momento en el terreno político a fin de que no llegue a otros terrenos.

El PSOE comenzó su subida al poder en la democracia con un doble delito: la anulación de la victoria política de España en relación con Gibraltar para convertir la colonia en un foco de corrupción masiva sobre el resto de España;  y poco después con el gigantesco robo de Rumasa, madre de mil corrupciones, la peor de ellas la del Tribunal Constitucional que prevaricó escandalosamente por primera vez.  No en vano decretó el PSOE la muerte de Montesquieu, verdadero golpe de estado si bien se mira. Y el proceso criminal ha culminado, de momento,  con la actual profanación de todo lo profanable valiéndose de una ley totalitaria y de  un Tribunal supremo al servicio del Doctor y la Marimacho. Corrupción (intelectual, política y económica), es la palabra que mejor define la historia del PSOE y sus efectos sociales, verdadera plaga bíblica que ha caído sobre España desde su primera insurrección en 1917.

Hoy es  preciso derogar la ley norcoreana o bolivariana, lo cual exige, además de su denuncia directa e incesante, el restablecimiento de la verdad histórica, una tarea que, según la habilidad, la energía y el apoyo con que se lleve a cabo, puede ser a largo o a medio plazo. Esa tarea es urgente e imprescindible, y convoco a ella a cuantos sientan a España y la democracia, aun si de momento son tan pocos como se ha demostrado en relación con este penúltimo crimen de un partido de historia criminal.

 

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¿Puede VOX superar al PP, incluso ganar las elecciones?

La situación a la que ha llegado  España, en golpe de estado permanente, creciente crispación y polarización social debe ser afrontada con tres líneas básicas o consignas: Unidad de España, Regeneración democrática y Respeto a la historia.

La Unidad de España está cada vez más en peligro  y la causa es clara: las políticas colaboracionistas de PP y de PSOE con los separatismos. Debe subrayarse que los separatismos, además de pretender disgregar España en una porción de estaditos impotentes y hostiles entre sí, juguete de políticas de otras potencias, son radicalmente antidemocráticos. Se fundan en un racismo, que antaño pregonaban y tras  la derrota del nazismo ya no osa decir su nombre. Este dato clave es sistemáticamente oscurecido por unos y otros, pero  sin sus absurdas pretensiones de superioridad sobre los demás españoles, esos separatismos quedarían sin sustancia y se desharían. Los despotismos de esos separatistas contra quienes no seguían sus directrices han sido apoyados y financiados sistemáticamente por el PP y el PSOE hasta llevarnos a la grave crisis actual, en golpe de estado permanente contra España, la democracia y la Constitución.

  Por ello  la defensa de la unidad de España debe ir unida a una Regeneración democrática en profundidad. La crisis separatista va unida a la imposición de leyes de tipo norcoreano o bolivariano como las de memoria histórica o de género, a “la muerte de Montesquieu” o socavamiento de la división de poderes, bien clara en las recientes sentencias sobre los golpistas y sobre el ultraje a la tumba de Franco o en la propia colaboración de los gobiernos de PP y PSOE con los racismos separatistas o la corrupción rampante de los partidos. La regeneración democrática es una exigencia que viene ya de la primera época del gobierno socialista, pero fue traicionada desde el principio por el PP. A la vista de sus consecuencias, se vuelve de extremada necesidad.

El Respeto a nuestra historia debe manifestarse de modo general contra la pervivencia de la Leyenda Negra en las mentes de los actuales partidos, que han contagiado a gran parte de la opinión pública. Y de modo más inmediato contra actos como el ultraje a la tumba de Franco. El ultraje se realiza  en nombre de la democracia, pero solo puede apoyarse en una ley totalitaria de tipo norcoreano como la de memoria histórica y en el debilitamiento, práctica anulación, de la división de poderes. Y proviene de un gobernante falsario desde su mismo título académico, trepado al poder con el soporte de los separatistas. Su democratismo es tan fraudulento como el doctorado del individuo hoy en el poder. La profanación y ultraje es, precisamente, un ataque extremadamente brutal  a la historia y a la democracia.

  Franco representa una época histórica que no puede juzgarse desde el partidismo, y menos de partidos separatistas, de historia criminal como el PSOE, o comunistas, que en los años 30 hicieron imposible la convivencia en paz y en libertad y parecen empeñados de volver a hacerlo. Del franquismo provienen, guste o no, la monarquía, la conservación de la cultura cristiana, la prosperidad que ingresó a España en el club de los países ricos del mundo, y la propia democracia, que no podía funcionar en la república debido a la miseria, las demagogias y los odios exacerbados, que ahora intentan revivir algunos desalmados o descerebrados .

   Creo que con este triple argumentario, muy claramente expuesto, VOX puede desbancar al PP, denunciando su colaboracionismo con separatistas y PSOE y proponiendo una salía positiva. Puede incluso ganar las elecciones. Es decisivo atenerse al triple tronco sin desviarse a asuntos secundarios. Se trata de defender un programa positivo más allá de la simple oposición al Doctor, cuya derrota electoral no serviría de nada en manos de un partido como el PP. Por eso estas elecciones son históricas. Abascal, que en conjunto lo está haciendo muy bien, ha cometido un error, no grave pero error, al restarles importancia,  y al centrar su denuncia de los separatismos en el tema judicial, que no debe abandonarse pero poniendo a esa gente contra las cuerdas recordando su racismo frente a sus pretensiones de “voto democrático”. También Hitler llegó al poder con el voto democrático. El enemigo real de VOX es el PP, que usurpa un terreno que no le corresponde, que bajo consignas hipócritas de España mantiene la política de siempre y fomenta los separatismos en las regiones donde gobierna, y  que aspira a lo que siempre ha sido su orientación: repartirse el poder y los dineros con sus amigotes, los de la historia criminal y  los racistas antiespañoles. Que ha sido la barrera más efectiva que ha impedido hasta ahora una política en defensa de España y la libertad.

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ch6 La angustia esencial en la condicion humana/ El espíritu de España

Dice usted que la explicación profunda de la historia está en la religión y no en la técnica y la economía, porque el hombre precisa de la fe para sostenerse en un mundo misterioso que le desborda. ¿Qué quiere decir con eso, en concreto?

La historia política es muy viva, muy cambiante y dramática, en cambio la religión es muy lenta, puede mantenerse con escasos cambios durante cientos y hasta miles de años. También la economía puede seguir esencialmente igual durante muchos siglos, por lo que hallamos ahí un contraste interesante: ¿puede lo que apenas cambia explicar lo que cambia constantemente?

¿Puede?

Sí, claro. La historia, y el mundo en general, se nos presentan  como un caos de sucesos e impresiones, y la mente busca una explicación, que llamamos profunda,  a ese caos superficial. Lo buscamos  en movimientos de largo plazo, igual que intentamos explicar las acciones a menudo inconexas o incoherentes de las personas por lo que llamamos “su carácter” o “su temperamento”, que apenas varían. Sobre esa base podemos entender mejor sus actos y tendencias.

Pero, ¿por qué la gente precisa una fe para sostenerse? La gran mayoría se sostiene, es decir, vive con naturalidad sin pensar mucho en religiones ni en fe.

Volvamos a Omar Jayam, creo que nadie ha explicado mejor y más concisamente que él el carácter misterioso de la condición humana. Ha expresado de modo totalmente racional lo que casi siempre, a la gran mayoría, se les presenta como un sentimiento vago, que surge en tal o cual momento, generalmente relacionado con la muerte. Lo que expone Jayam racionalmente son los límites de la razón, la imposibilidad de la razón para penetrar en el fondo de nuestra propia condición, en un misterio que sobrepasa todas nuestras capacidades:  ¿por qué y para qué está aquí cada uno de nosotros o la propia humanidad? Esto desborda de paso la explicación económica de la historia. Naturalmente, necesitamos comer, y sin ello nos morimos, pero la visión economicista no dice que necesitemos comer para vivir, sino que inevitablemente vivimos para comer. Para comer más y mejor. El prometeísmo nos dice en definitiva eso, que vivimos para comer, la religiosidad nos plantea para qué vivimos.

Si la cuestión de por qué y para qué vivimos es un misterio inaccesible a nuestra razón, ¿qué capacidad explicativa puede tener? ¿Y por qué debería importarnos?

Veamos, esa imposibilidad es causa de una angustia esencial: ¿qué sentido tiene nuestra vida? A esa pregunta no podemos contestar racionalmente, y sin embargo nos atenaza y es preciso darle una salida. Esa solución son  los mitos y los ritos, es decir, las religiones, que nos explican el origen y fin del mundo y el papel del hombre en él. Obviamente, son explicaciones imaginativas, basadas en analogías, que exigen la fe porque no pueden reducirse a algo como “estudio para ser ingeniero”, o “evito el alcohol por razones de salud” . Las religiones calman esa angustia esencial, esa es su función, y al calmarla permiten al hombre dedicarse a los afanes de la vida, disfrutar de ella, mejor o peor, o soportar sus frustraciones y sufrimientos sin desesperarse. Por eso todos los pueblos han concedido enorme importancia a la religión como el eje de su moral, y más ampliamente de su cultura.

Sin embargo está claro que las religiones no son verdaderas. Muchas han existido y se han extinguido, dicen cosas diferentes y nadie creería hoy  en sus viejos mitos.

Decir que no son verdaderas es aplicar la razón a algo que la desborda, eso ocurre también con el arte. Son verdaderas, por así decir, en la medida en que consiguen aplacar la angustia dando impresión de sentido a las actividades humanas y a la propia muerte. Y aunque racionalmente no puedan justificarse, creo que la razón puede, por así decir, pulimentarlas. Esto ya ocurrió en Grecia, que sometió los mitos a crítica, en buena medida incomprendiéndolos. La razón trató de sustituirlos por la búsqueda del sustrato necesario de la vida, por la Necesidad. Pero la necesidad tiene el inconveniente de su total indiferencia a los deseos, preocupaciones y libertad de los humanos. Es inapelable y el hombre solo puede tratar de adaptarse a ella o quitarse de en medio. A los dioses se les puede implorar, confiarse a ellos, pedirles cosas… En la Biblia, los profetas piden a Dios clemencia cuando este decide castigar a los judíos, o se le pide buena suerte en las empresas de los creyentes. Las calamidades podían interpretarse como resultado de faltar a la fe o de ofender a la divinidad, y todo ello calmaba la angustia, nunca por completo, desde luego, pero sí en grado suficiente.  En cambio el concepto de necesidad no permite imploración, es un Dios por completo indiferente a la inquietud humana. Esta diferencia es muy importante. Modernamente se ha querido sustituir la religión por la ciencia, pero ya hemos visto cómo la ciencia no aplaca la angustia, sino que la exacerba sin remedio.  

   Usted no cree en el esquema de Comte. Ni tampoco explica las grandes diferencias entre unas religiones y otras.

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Galería de antifranquistas ilustres en “Una hora con la Historia”: https://www.youtube.com/watch?v=-fn3bGUQrSg

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El espíritu de España

Si hablamos del Siglo de oro y lo comparamos con las generaciones actuales, cabe recordar un comentario de Vicens Vives sobre la existencia histórica, difícilmente explicable, de generaciones de tremendo empuje creativo y de otras opacas y anodinas. Indudablemente, en las críticas habituales a aquellos tiempos cabe percibir cierta envidia de los anodinos e incapaces  hacia los creativos, digámoslo así. El espíritu del Siglo de oro era muy distinto del de los españoles actuales. Esto viene planteando muchos problemas el principal de ellos es el por qué se produjo la decadencia, por qué cambió el espíritu. Es fácil entender que en la segunda mitad del siglo XVII, España no solo va siendo derrotada militar y políticamente, sino que también pierde originalidad e impulso cultural, hay cierta sensación de agotamiento, que ya expresaba agudamente  Quevedo en su célebre soneto “Miré los muros de la patria mía”.

   Así, pocos años después de la Paz de Westfalia,  la impresión que daba España era de una decadencia tan profunda que Luis XIV trató de satelizarla;  y no menos significativas son las palabras con que el tratadista católico Fénelon se lo desaconsejaba: “De España no tenéis más que el peso, como un peso muerto: os abruma y os agotará”.  “Es una nación no menos envidiosa y suspicaz que imbécil y envilecida (…) Los españoles no harán nada bueno y os harán sucumbir con ellos”. Es cierto que España resurgió como gran potencia militar,  capaz de derrotar todos los intentos ingleses de destruir su imperio (si bien no logró recobrar Gibraltar), pero políticamente pasó a una posición auxiliar de Francia. Y culturalmente  su retraso podría resumirse en tres puntos: anquilosamiento de la universidad, expulsión de los jesuitas y ausencia de una academia de ciencias.

El hecho es que cuando, un siglo después de la Guerra de Sucesión, Napoleón emprende la conquista de España, lo hace convencido de atacar a un país en profundo atraso y  declive, lo cual  era cierto en lo referente a sus oligarquías políticas e intelectuales. En cuanto a la población, se equivocó: demostró no ser decadente, sino muy vital; pero también incapaz de producir una cultura y organización superior. A la derrota de Napoleón no le sucedió un resurgimiento del país sino su época de mayor decaimiento, que se prolonga hasta la actualidad, con la excepción parcial de “la era de Franco”.

Diversos tratadistas han explicado la decadencia por el abandono del “espíritu español”, sustituido por el afrancesamiento primero y luego por el caos entre afrancesado y anglisizados del XIX. Pero la cuestión es: ¿podía haber sido de otro modo? ¿Estaba agotado el espíritu del Siglo de oro y ya había dado de sí todo lo que podía? ¿O se había practicado una especie de traición a él y cabría recobrarlo de algún modo? Ya he señalado la dificultad de abordar el problema desde el catolicismo.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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20 de noviembre. Errores de Franco

Un 20 de noviembre, hace 44 años, fallecía Franco, el mejor gobernante que ha tenido España desde Felipe II, y con cierta semejanza con este, ya que tuvo que bregar con una oposición exterior amplísima, y como él consiguió vencerla o tenerla a raya. Es el mejor, y también el mayor estadista de Europa occidental por sus logros, que repetiré brevemente: venció en una muy difícil guerra civil contra totalitarios y comunistas, salvando a España de la disgregación y la tiranía, cosa que merece la gratitud también del resto de los europeos, a quienes evitó verse entre dos regímenes comunistas; libró a España de la guerra mundial, otra proeza que merecerá eterna gratitud; venció una peligrosa guerra de guerrillas comunista; inició el período de paz más largo que haya vivido España en siglos, y que continúa a pesar del empeño de algunos desalmados en destruirá; venció a un criminal aislamiento impuesto por regímenes soviéticos, democráticos y dictaduras varias; reconcilió a los españoles haciéndoles olvidar los odios locos que destrozaron la república, y dejó un país próspero y con la mejor salud social de Europa. Gracias a todo ello, la democracia pudo venir por la propia evolución interna de España y no impuesta por el ejército useño e indirectamente por el soviético; es ahora, tantos años después de muertos Franco y el franquismo,  cuando la libertad y el estado de derecho y la misma paz e integridad nacional se ven amenazados por un conglomerado de partidos supuestamente nacionales y separatistas.

Comparado con este conjunto de logros y hazañas, palidece cualquier otro estadista español desde hace siglos, y también los europeos contemporáneos de Franco, como he explicado en otros momentos. Un amigo me preguntaba haciéndose el irónico: “¿Cometió algún error Franco, según tú?”. Ciertamente tuvo errores y seguramente cometió injusticias. Esto es inevitable. Pero comparando los errores con los aciertos, estos pesan más,  incomparablemente más.  No obstante, tuvo un error de gran calado y fue la excesiva identificación de su régimen con la Iglesia, declarándose católico y tratando de cumplir todas las exigencias de los obispos. Era inevitable, porque él se sentía muy católico, porque identificaba la propia historia de España con el catolicismo, cosa francamente excesiva y no muy cristiana (“Al César lo que  es del César, etc.”), porque la Iglesia fue durante más de dos décadas un importante apoyo internacional, y porque los cuatro partidos del franquismo solo se identificaban en declararse católicos.  Coincidían también en un espíritu patriótico,  algo menos los católicos políticos, cosa natural, y no debe olvidarse que desde pronto sufrió el régimen las maniobras e intrigas  de la parte antiespañola del clero vasco y catalán, que pretendían resucitar los separatismos.  Como es sabido, tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia, antes tan favorable a la confesionalidad, declaró la separación de la Iglesia y el estado, lo que podría haber sido positivo si no hubiera acompañado esa separación de una solapada hostilidad y corrosión al régimen que la había salvado del exterminio y a la propia idea de España, al colaborar con separatistas y comunistas. Aun así, el franquismo no se derrumbó como podía haber ocurrido y provocado una nueva catástrofe, sino que Franco supo mantenerlo, liberalizándolo progresivamente y encauzándolo a una transición hacia una democracia no convulsa, decidida finalmente por un referéndum en condiciones que suponían una victoria póstuma del propio Franco.

Ahora los delincuentes que se identifican con los demagogos y chekistas del Frente Popular quieren lograr una peligrosa revancha a sus derrotas  ultrajando los restos del gran estadista. Por desgracia, varios decenios del “Himalaya de falsedades” y calumnias  en que son tan expertos los aludidos delincuentes, auxiliados por el indecente PP, han creado una enorme confusión y falsificación de la memoria histórica, que han impedido la movilización necesaria para impedir el crimen. Pero el combate no ha hecho más que empezar, y debe centrarse desde ahora mismo en la abolición de la ley norcoreana de falsedad histórica, sobre la que ya están ocupando militarmente el Valle de los Caídos y profanando la tumba. Esa ley debe ser derogada, Franco devuelto al lugar que le corresponde, y los delincuentes castigados. Es la labor en la que debemos volcar los mayores esfuerzos quienes sintamos a España y la democracia y mantengamos conciencia de la historia.

 

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