Un caso de heroísmo: el debate parlamentario entre Dencàs y Companys

(El debate en el Parlament entre Dencàs y Companys es enormemente esclarecedeor, y quizá por ello no aparece en casi ninguna historia de la época. Arrarás se refiere a él brevemente, y muy pocos historiadores más. Me extendí más de lo común en Los orígenes de la guerra civil)

En reacción a la campaña de Companys y los suyos contra Dencàs y Badía para convertirlos en el chivo expiatorio del desastre de la rebelión de octubre del 34, y que indirectamente costaría la vida a los hermanos Badía (http://historia.libertaddigital.com/el-asesinato-de-los-hermanos-badia-1276238379.html), Dencàs consiguió un debate en el Parlament  los días 6 y 7 de junio de 1936, poco antes de recomenzar la guerra civil.

“Companys acusó a Dencàs de que le había telefoneado la noche de aquel 6 de octubre (fecha del alzamiento de los separatistas), “haciéndole saber que “estábamos absolutamente batidos, que estábamos rodeados” y pidiéndole  refuerzos (y que) Dencàs le animó prometiéndole 400 milicianos.

   Alegaría Dencàs que había decidido retener  a los escamots en sus locales para evitar los tiros entre ellos, y esperar al alba, cuando la claridad permitiría evitar las confusiones. Además pensaba reservar aquellas fuerzas para encuadrar  a las masas populares que, según se esperaba, acudirían al amanecer desde fuera de Barcelona. Companys le replicó acremente: “Su Señoría esperaba la mañana para que, entonces, llegasen los elementos de fuera, los cuales, junto con las concentraciones que Su Señoría había preparado, derrotarían a los ejércitos  que estaban emplazados estratégicamente en todas las plazas y en todas las calles de Barcelona”. Dencàs, indignado, le interrumpió: “¡Un centenar! ¡Ciento veinte soldados, señor Presidente” aludiendo a la compañía que hostigaba a la Generalidad [y que, según Companys le tenían “absolutamente batido y rodeado”. El edificio nunca estuvo rodeado] Companys fingió no oírle e insistió impertérrito: “Entonces, cuando hubiera claridad y estuvieran todas las fuerzas emplazadas con los cañones, ametralladoras, etc., bajarían todos los refuerzos del exterior y en un momento derrotarían a aquel ejército establecido de forma estratégica en las plazas y calles de Barcelona (…) Si era así, ¿por qué no me lo dijo cuando le hablé, a las dos y a las cuarto?”

   Culpó a Dencàs de inducirle a engaño por haberle asegurado que las tropas tardarían “cuatro días en alcanzar la Generalidad, aunque fallasen las cuatro quintas partes de las fuerzas y disposiciones que tenían dadas: Presidente, no hace falta más que vuestra orden (…) Pero a las once y media nos tiroteaban el Palacio de la Generalidad”. Lo que Dencàs rebatió: “Dijo usted que que los cuatro días que yo decía que tardaría  en llegar el ejército (…) era el argumento en virtud del cual el Consejo se pronunció  por ir a la acción revolucionaria (…) Lo dije y lo mantengo (…) No lo decía yo, (sino) el comité de técnicos (…) una serie de señores preparados en estas materias que nos habían dicho que en la plaza de la República, en el Palacio de la Generalidad y en el Palacio del Ayuntamiento, enclavados en medio de una serie de callejas (…) cien hombres armados y resueltos harían imposible que una columna se acercara. Esta emplearía cuatro días, cuando menos, en poder cumplir su misión. Y usted sabe perfectamente que yo había dejado en el Palacio de la Generalidad no cien hombres como nos habían aconsejado los técnicos, había dejado allí la totalidad de los mozos de escuadra (…) mandados por un comandante valiente y a vuestras órdenes, que era el comandante Pérez Farràs (…) y que este núcleo selecto, este núcleo heroico, ese núcleo preparado yo lo dejaba en  el Palacio de la Generalidad”. A Companys le defendían, en efecto los 400 policías bien armados más 150 voluntarios, número mucho mayor que el de los sitiadores.

   En su libro sobre aquellos avatares, Dencàs citó una carta de Pérez Farràs: “La Generalidad (…) es un edificio sólido que no se derrumba así como así (…) Yo te aseguro que mientras hubiese vivido, ahí no entra nadie”. Pérez  habría estado dispuesto a resistir a ultranza, lo que “hubiera ocurrido si el Gobierno sale por la puerta de atrás, como yo le propuse; con ellos dentro, imposible, pues la moral era muy distinta”.(…) Companys tenía otras intenciones. Hacia las seis de la madrugada –acusó en el Parlament– “Por primera vez se oyó de labios del señor Dencàs un ¡viva España!, acompañado de aplausos”, lo cual “produjo una sensación muy deplorable (…) Pudo colegirse que todo estaba perdido” (…). Con tal motivo habían llovido sobre Dencàs los peores escarnios. Pero él lo explicó mejor al Parlament:  había dejado que un diputado socialista  radiara a los obreros catalanes un discurso de encendido nacionalismo, así que, “por pura gentileza”, apeló a su turno a los obreros españoles para que juntasen sus armas con las de los asturianos y catalanes. Lo cual “no era una negación de mi separatismo”.

   En torno a aquella hora un desolado Companys había telefoneado a Dencàs para anunciarle que capitulaba y pedirle su opinión. Dencàs afirmará, en 1936,  que la decisión de Companys le había sorprendido: “No sé cuales serán los motivos, los móviles y la justificación  de lo que me dice. Cataluña no nos podrá hacer ningún reproche si creéis honradamente que no hay posibilidad de resistir (…) Yo no sé qué hacer”. Companys le replicó en aquella sesión parlamentaria: “No me niegue Su Señoría un elogio que me conmovió. Su Señoría me dijo: “Señor Presidente, se ha portado usted como un héroe”. ¡No lo niegue, señor Dencás, sea honrado”. Dencàs lo admitió, y remachó el presidente: “Si dijo usted que yo había sido un héroe, es que confirmaba la capitulación”.

   La acerba y esclarecedora disputa entre Dencàs y Companys en el Parlamento catalán, año y medio después de los sucesos, obedecía a que Dencàs y Badía habían sido convertidos en cabeza de turco por aquella calamitosa noche. Sobre ellos se cebaban las burlas y maldiciones, mientras Companys salía glorificado como héroe nacional. Para defenderse  a sí mismo y la memoria del asesinado Badía, Dencàs leyó ante los diputados una carta  del finado, en la que ironizaba: “No cuenta nada el que aquella noche aciaga algunos nos jugáramos la vida. Nuestra obligación, sobre todo la mía, era capitular enseguida, sin luchar como lo hicimos [la verdad es que apenas habían luchado tampoco]. Y tenía la obligación de quedarme escondido en un despacho y sacar bandera blanca en cuanto hubiera oído un par de cañonazos. Di mal ejemplo al ser el único que con un grupo de voluntarios salió a la calle, y ahora lo he de pagar (…) Reconozco que merezco sólo desprecios e insultos, mientras que el apoyo material y moral lo tienen bien ganado aquellos valientes que permanecieron bien escondidos para rendirse a cambio de que les perdonasen la vida. Sí, hace muy bien la gente en ayudar y plañir por esos pobretes…” La lectura de la carta fue interrumpida por la furiosa protesta de los parlamentarios de la Esquerra. (En Los orígenes de la guerra civil española)

   Las mismas interrupciones impidieron a Dencàs terminar de exponer datos reveladores de los preparativos y planes armados de la Generalitat. Companys y los suyos, en efecto, habían sostenido ante los jueces que ellos no habían intentado ningún golpe, solo protegerse “¡de la CNT!”. Un historiador muy peculiar, el benedictino o ex benedictino Hilari Raguer, afirma que la sedición de Companys “no es una acción bélica, sino un gesto político por el cual se suma a las izquierdas españolas”. Con un par, como dicen los castizos.

(Hace cuatro años)

LOS ORIGENES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

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El itinerante corazón de Macià / Un desbarre de César Vidal

Por qué la CIA no mató a Carrero y por qué Carrero no representaba “al franquismo”. https://www.youtube.com/watch?v=2i2MkxBvw5I

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Cuando murió Macià, primer presidente de la Generalidad en la república, le fue extraído el corazón, que según los separatistas, representaba el corazón de Cataluña. Macià tenía mucho de orate, como reconoce implícitamente su amigo Alcalá Zamora. En 1926 organizó una invasión de Cataluña desde Prats de Molló con sus “bravos almogávares”, al objeto de imponer por las armas la secesión de Cataluña. Como es habitual en las grandes empresas separatistas, la invasión quedó en nada cuando un grupo de gendarmes franceses detuvo sin la menor resistencia a los “almogávares”. Después, diversas complicidades masónicas permitieron a Macià convertir el juicio por su astracanada en Francia, en una plataforma de propaganda contra España.

  Los “hechos” de Prats de Molló convirtieron a Macià en motivo de irrisión en Cataluña. Sin embargo, por una reacción sentimental no inhabitual en circunstancias históricas cambiantes, Macià se convirtió en “héroe nacionalista” al llegar la república, como recuerda un asombrado Cambó. Y procedió a nuevas maniobras golpistas sin consecuencias. Macià murió en diciembre de 1933 y en una ceremonia (masónica, según algunos) el corazón le fue arrancado y guardado en una urna. Hacia el final de la guerra civil, Tarradellas se llevó el corazón a Francia, tras advertir a la familia que el cadáver había sido trasladado a un panteón diferente (Collaso Gil) para evitar profanaciones.

  Llegada la transición, el ayuntamiento de Barcelona preparó una gran ceremonia para devolver el corazón a su lugar de origen. Pero he aquí que el cadáver no se hallaba en el panteón, sino en su tumba original, que los nacionales no habían profanado. La sorpresa mayor se produce cuando se encuentra que el corazón no había sido extraído del cuerpo del pobre Macià. El escándalo fue eficazmente tapado y olvidado, pero no puede negarse que representa bastante bien lo que algunos llaman “la cultura del nacionalismo”, propiamente del separatismo.. Como “la misa negra en la cama de Macià”, de la que ya he hablado.

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   Tres antídotos  contra la ley de memoria histórica, demoledora de la democracia y de la historia:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)el derrumbe de la segunda republica pio moa 9788499201849

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Afirma  César Vidal: En no escasa medida, el siglo XIX español fue un desangramiento nacional provocado por el intento –no siempre feliz– de los liberales por crear un estado moderno y la insistencia de la iglesia católica por abortar esa posibilidad

¿De verdad? El poco estimulante siglo XIX español fue un regalo de la invasión napoleónica, de carácter estrictamente contrario a la Iglesia. Hubo una resistencia no solo de gran parte de la Iglesia, sino popular, a unas reformas liberales bienintencionadas aunque sin mucho talento, que el pueblo identificaba con la Revolución y la invasión francesa y sus destrozos. Por desgracia, en la mentalidad popular el liberalismo llegó a España como un acompañamiento de dicha destructiva invasión y en parte también del brutal comportamiento (saqueos, asesinatos, violaciones, destrucción de manufacturas) de los “aliados” protestantes ingleses. Por ello fue una tendencia muy minoritaria que tomó auge apoyándose fundamentalmente en el ejército y en capas minoritarias.  

  Una muy dura guerra civil resolvió el asunto a favor de los liberales (las otras dos guerras carlistas tuvieron mucha menor importancia y las ganaron también los liberales). Por consiguiente, la inestabilidad de la época procedió en parte fundamental de las discordias entre la facción liberal moderada, más fructífera,  y la extremista, ansiosa de imitar a la Revolución francesa y autora de persecuciones y matanzas de religiosos. De ahí provino la plaga de los pronunciamientos, los espadones, las conspiraciones masónicas hasta derivar a una I República desastrosa que estuvo a un paso de destruir la nación española en una triple guerra civil. 

  El antagonismo creado entre amplios sectores de la Iglesia (y del pueblo) y los liberales, entró en vías de arreglo con la Restauración, un liberalismo moderado en relación bastante buena con la Iglesia y con el Vaticano. El “desangramiento” fue así contenido. Había sectores católicos muy reaccionarios, pero minoritarios y sin influencia política, a los que don César trata de dar un protagonismo definitorio, con poco respeto a la verdad.  Y la Restauración se vino abajo precisamente por el surgimiento de mesianismos ateos o ateoides, enemigos frontales de la Iglesia. Mesianismos inspirados, en gran medida, en la propaganda protestante de la Leyenda negra.  

    Creo que don César debiera matizar algo más tanto sus esquemas históricos como su admiración un tanto beata y acrítica por el protestantismo, que, aunque a don César le cueste creerlo, tiene en su haber crímenes y desastres de cierta consideración.  Sin olvidar que hay cierto abuso en  hablar de protestantismo, cuando las doctrinas de Lutero han dado lugar a decenas o cientos de iglesias enfrentadas entre sí, a menudo violentamente y cuyo único común denominador es la aversión a la Iglesia católica, única institución, si no estoy equivocado, que ha permanecido dos mil años superando a menudo crisis extremas frente a mil enemigos. Solo por este hecho debiera ser enfocada esa Iglesia con más precaución y menos “alegría” de la que suelen haber tenido sus muchos enterradores; que han terminado al final enterrados.

(Los dos textos en este blog hace cuatro años)

 

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Los cleros separatistas ante la persecución religiosa

 

Apenas desatada la guerra civil, en octubre de 1934, comenzó la matanza de clérigos, 34 de ellos en Asturias, y tres más en Palencia y Cataluña. En julio de 1936, apenas armadas las masas por el gobierno de Giral, la matanza tomó proporciones gigantescas hasta convertirse, probablemente, en la mayor persecución religiosa de la historia, más mortífera que la de la Revolución francesa o a las de la época romana.

 Acosados como alimañas, unos 7.000 religiosos, más 3.000 laicos, fueron sacrificados a menudo con extrema crueldad, por el mero hecho de sus creencias. Hubo sacerdotes toreados, y a algunos les sacaron los ojos, o les cortaron la lengua o los testículos. Otros fueron arrastrados por tranvías u otros vehículos hasta morir. Once detenidos en una checa de Valencia fueron golpeados y descuartizados con mazas y cuchillos. Un cadáver tenía una cruz incrustada en los maxilares. Algunos fueron arrojados a fieras del zoo madrileño…, y así un largo catálogo de horrores. Los cadáveres solían ser ultrajados, quemados, objeto de burlas, desenterrándose incluso ataúdes de monjas fallecidas años antes, para irrisión pública.

También fueron incendiadas o destrozadas innumerables obras de arte, edificios, pinturas, esculturas, etc., así como bibliotecas antiguas y valiosísimas de monasterios e instituciones educativas (recuérdese que, al instaurarse la República, varias bibliotecas fueron pasto de las llamas a manos de los anticlericales, entre ellas la principal de los jesuitas en Madrid, considerada por muchos como la segunda de España después de la Biblioteca Nacional). Diversos dirigentes izquierdistas hicieron declaraciones felicitándose de la erradicación de la Iglesia en España, y en periódicos republicanos, como el azañista Política, podían leerse verdaderas incitaciones a la destrucción del patrimonio histórico de carácter religioso.

Esta persecución estaba inscrita en el ideario jacobino y revolucionario como algo necesario para alcanzar los fines de emancipación humana a que las izquierdas decían aspirar. A tal punto les parecía urgente aquella “limpieza” que la llevaron a cabo sin atender a su tremendo coste político, pues aquella indisimulable oleada de crímenes y destrucciones impidió al Frente Popular “vender” adecuadamente en el exterior la imagen de democracia y cultura con la que pensaban ganar el respaldo de las democracias. Sólo los regímenes soviético y del PRI mejicano apoyaron, como es sabido, a las izquierdas españolas: ambos habían llevado a cabo sus propias y sangrientas persecuciones religiosas.

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En los libros de historia encontramos a menudo dos tipos de errores: de detalle y de enfoque. También puede decirse de descripción y de análisis. Los de detalle son inevitables, por cuidado que esté el texto, pero no  destruyen este, salvo cuando son demasiados o grotescos. Los de enfoque son los más peligrosos porque echan a perder el conjunto, y son los más frecuentes en las historias de España, desde la leyenda negra, la negación de la Reconquista o la pretensión de un Frente Popular “republicano” y  “legítimo.

la reconquista y españa-pio moa-9788491643050Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Lógicamente –y éste fue otro efecto político de gran alcance–, la Iglesia, en su inmensa mayoría, tomó partido por quienes la salvaban y contra quienes la exterminaban. Con eso contaban los perseguidores, pero no les importó, sobre todo en los primeros y especialmente mortíferos meses de la guerra, cuando estaban seguros de vencer y de poder ajustar cuentas en todo el país a sus enemigos. Sin embargo, hubo excepciones entre los eclesiásticos, como el famoso padre Lobo, colaborador de la propaganda revolucionaria, o sectores importantes del clero vasco y catalán.

En Cataluña se dio el caso curioso de que la Esquerra, pese a su intenso jacobinismo, hiciera lo posible por salvar a los curas… nacionalistas. Un informe al cardenal Gomá, guardado en su archivo y recientemente publicado por José Andrés-Gallego y A. M. Pazos, dice: “Ha llamado poderosamente la atención el hecho de que los sacerdotes militantes del catalanismo hayan salido todos indemnes, mientras sucumbían a centenares sus hermanos”. Cabe dudar de que todos salieran indemnes, pero hubo una operación política para favorecerlos, excluyendo a los curas catalanes no nacionalistas. El propio Vidal i Barraquer pudo librarse, dejando abandonado, al parecer por un malentendido, a su obispo auxiliar, Manuel Borrás, asesinado poco después.

La solidaridad de los clérigos nacionalistas con los demás fue muy escasa. Madariaga cita a una de sus “lumbreras”, acaso el mismo Vidal: “Los revolucionarios han destruido las iglesias, pero el clero había destruido primero a la Iglesia”. Para aquella lumbrera, las víctimas eran las culpables. Pero si tal hizo el clero, ¿por qué habían de masacrarlo –no sólo quemaban iglesias– los revolucionarios, primeros interesados en erradicar la religión? ¿No debieran haberlo felicitado, más bien? Posturas similares continúan hoy, por ejemplo en el fraile ideólogo e historiador Hilari Raguer.

Insolidaridad pareja vemos en el clero nacionalista vasco. Buena parte de él se sentía estrechamente ligado al PNV, en el cual veía un defensor de la religiosidad de los vascos, considerados una especie de nuevo “pueblo elegido”. Quien quizá expresó mejor esa insolidaridad de raíz fue el muy católico Irujo, ministro de Justicia en el Frente Popular, en una propuesta de decreto encaminada a mejorar la imagen exterior de las izquierdas: “La pasión popular, confundiendo la significación de la Iglesia con la conducta de muchos de sus prosélitos, [hizo] imposible en estos últimos tiempos el ejercicio normal del derecho de libertad de conciencia y práctica del culto”. La matanza y destrucción sistemáticas quedaban reducidas, para consumo exterior, a la simple eliminación del derecho al culto, atribuido, además, a una “confusión popular”. Las víctimas, por su “conducta”, habían merecido de algún modo el castigo.

Al revés que los nacionalistas de Álava y Navarra, los de Guipúzcoa y Vizcaya, creyendo a los revolucionarios destinados a vencer, optaron por éstos a cambio de un estatuto de autonomía, que se proponían rebasar aprovechando las circunstancias. Cuando los navarros ocuparon Guipúzcoa, la autoridad militar fusiló a 12 ó 14 sacerdotes nacionalistas por sus actividades políticas. El PNV y el clero adicto hicieron grandes protestas en la prensa extranjera y en el Vaticano, apoyándose en sectores “progresistas”, especialmente franceses, pese al carácter tradicionalmente muy reaccionario y antiliberal del nacionalismo vasco. Franco cortó los fusilamientos, pero el clero peneuvista persistió en su campaña para negarle el carácter de defensor de la Iglesia. En realidad, dicho clero se desentendió por completo de la suerte del clero perseguido, justificando de diversas maneras la persecución.

El proyecto de decreto de Irujo señalaba además: “una parte de la Iglesia católica, concretamente la de Euzkadi, ha sabido en todo momento cumplir su misión religiosa con el máximo respeto al Poder civil (…) Por eso no ha sufrido el más leve roce con sus intereses”. Sin embargo esta parte era tan falsa como la anterior. En la zona bajo autoridad del PNV habían sido asesinados nada menos que 55 sacerdotes que, por no ser nacionalistas, no merecieron la menor atención reivindicativa ni protesta del clero ni de los políticos sabinianos, contra lo ocurrido con los fusilados en Guipúzcoa por los franquistas. Otros cientos de religiosos vascos fueron masacrados en el resto del país ante la misma fundamental indiferencia de los clérigos nacionalistas.

Por supuesto, Irujo hizo aquí y allá algunas gestiones en favor de los perseguidos, y algunas denuncias ocasionales. Por ello ha recibido un reconocimiento algo excesivo, si lo comparamos con su política básica de ocultación de la realidad al exterior, de connivencia de hecho y desde el gobierno con los perseguidores, y de apoyo a la propaganda revolucionaria, todo ello sin asomo de protesta de los religiosos peneuvistas. En realidad, ésta era la moneda de cambio por las vulneraciones del estatuto, como exponía el lehendakari Aguirre ante las protestas de las autoridades izquierdistas: “Euzkadi sirvió con su ejemplo de único argumento en el exterior, invocado tantas veces en la Sociedad de Naciones y por numerosos políticos, incluso comunistas, como la señora Ibárruri en sus mítines de propaganda exterior”. Los servicios prestados por el PNV y su clero al Frente Popular fueron muy estimables, pero las izquierdas creían excesivo el pago que por ellos se tomaban los sabinianos.

Creo que estos precedentes ayudan a entender sucesos actuales.

(En LD, 20-12-2002, hace 17 años)

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¿Permite el interés individual entender al ser humano?

Libros de historia contra la “memoria” histórica, contra la falsedad y el totalitarismo

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Dice lead en uno de sus interesantes comentarios: El mártir y el misionero cristianos, San Bartolomé o la Madre Teresa de Calcuta, no actúan a ciegas, sin perspectiva: su fe, que es la mía, aunque mucho más fuerte en su lógica,  les dice: “recibirás ciento por uno”…en la otra vida, en la que creen más allá de toda duda (eso es la fe); saben, porque así lo creen, que su martirio o su dedicación a los demás será cumplidamente recompensada; cada mártir cristiano ha pronunciado frases inequívocas al respecto en el momento crucial. Al final el hombre es un ser racional. En otras palabras, el hombre actúa siempre por su interés individual, por su conveniencia, y este es el esencial criterio explicativo de la conducta humana, así se trate de comerciantes o de ascetas, de misioneros o de políticos.

   Claro que el interés individual es muy subjetivo y varía de unos individuos a otros, de modo que habría que valorarlo. ¿Cómo? Hay un modo  obvio y sencillo: el dinero. Un buen interés da buen dinero, en términos financieros o cualesquiera otros. Y un mal interés da menos o no lo da. Por supuesto, el interés de Teresa de Calcuta no puede valorarse así, ya que espera la ganancia en la otra vida; pero también cabe decir que responde a una especie de alucinación o en todo caso a una idea irreal y desde luego irracional. Porque en el mundo real que todos conocemos el dinero mide todas las mercancías y los servicios humanos. Es más, la misma Teresa solo podía practicar sus caridades con vistas al premio  de ultratumba si recibía dinero por donaciones o de otro modo. Alguna corriente liberal estaría de acuerdo con todo esto, máxime que entraña, al parecer, la libertad. Esta consistiría, esencialmente, en que el individuo pudiese actuar conforme a su propio interés o conveniencia.

   Así, pues el alfa y omega de la racionalidad humana consistiría en la satisfacción del interés individual, y el modo de medir el valor objetivo de ese interés sería el dinero. Quitando esto último, ya las corrientes hedonistas griegas pensaban lo mismo, con el nombre de “placer”, bien que en algunos casos  el refinamiento del concepto y el temor al dolor conducían a una especie de ascetismo, paradójicamente.

   Se puede objetar, sin embargo, que muchos esfuerzos y conductas no se rigen por ese interés o la esperanza de obtenerlo. Por ejemplo, en la guerra los soldados saben que pueden morir o sufrir  mutilaciones por la patria o por otros intereses no individuales, y que en su gran mayoría no obtendrán ninguna compensación palpable, y menos en dinero (por supuesto, algunos huirán o se pasarán al enemigo si esperan que este venza, pero por lo común no es así). En mi novela, Alberto pregunta a un comunista que se arriesga seriamente en la posguerra, incluso a ser fusilado, por qué lo hace si no sacará ninguna ventaja ni cree que le espere un premio en la otra vida. Pero en la vida corriente se presentan muchas conductas que no tienen que ver con el interés individual, como la crianza de los hijos –un gasto y un esfuerzo muy grandes, sin otra perspectiva  que el abandono del hogar, una vez criados–, ayudas caritativas incluso por ateos, o hasta acciones contrarias a ese interés, como el rechazo a la posibilidad de robar impunemente o de quedarse con un dinero perdido. Muchos, por ejemplo, no piratean libros, discos o películas en internet. Pero creo mayoría a los que, pudiendo hacerlo sin riesgo, lo hacen. Y así  no cabe duda de que las prohibiciones al respecto atentan contra la conveniencia de millones de individuos.

   Aparte de eso, muchos crímenes  (asesinatos) se cometen por dinero (crímenes racionales). Pero otros muchos se cometen sin ese interés, por accesos de cólera, por pasión sexual, por odio más o menos justificable, por motivos ideológicos… Los motivos son muchos, y  juzgar que en todos ellos siempre hay alguna conveniencia particular supone ampliar y retorcer desmedidamente el significado de esa conveniencia o interés.

    En la vida real no todo son amables intercambios mutuamente ventajosos, como en el pequeño comercio, sino que el interés de unos choca frecuentemente con el interés de otros. Para comprobarlo basta considerar la enorme actividad de pleitos judiciales, de abogados, etc., (un puntal de la economía, por otra parte). Por ello, la libertad no puede definirse en función de la conveniencia particular, sino, si acaso,  de la conveniencia colectiva que marca límites a aquella: se supone, y ocurre casi siempre, que el interés colectivo dejará, de todos modos, un espacio mayor o menor a los intereses particulares, que de otro provocarían luchas generalizadas; pero nunca el interés colectivo podrá satisfacer todas las conveniencias particulares, sino que necesariamente las oprimirá en mayor o menor grado. Esas normas chocan a menudo muy dolorosamente con los deseos e intereses individuales, y además son impuestas por élites u oligarquías, aceptadas  más o menos, pero nunca universalmente.

  Otra observación: el propio individuo nunca es más que parcialmente consciente de su interés,  que dentro de él mismo suele chocar con otros intereses, obligándole, a veces muy a disgusto, a priorizar unos sobre otros, o a conducirse de modo confuso y contradictorio. Hay, además, siempre un riesgo, con su factor de azar, en las decisiones adoptadas con vistas a satisfacer un interés. Gran número de empresas se arruinan, incluso en los momentos de mayor prosperidad general. En otro sentido, quien piratea una película apenas corre ningún riesgo, pero quien realiza algo ilegal,  sí lo corre y sin embargo no pocas veces sale  triunfante. Pongamos el caso de Pujol: unos años más y muere en olor de santidad laica; e incluso ahora su castigo será meramente moral, ya que no entrará en la cárcel, y desde un punto de vista racional, ¿qué importancia tiene eso? ¡Que le quiten lo bailado! ¿Y qué decir de Teresa de Calcuta si no existiera una vida posterior? ¿Qué sentido habría tenido su actuación en este?

   Me parece bastante claro que sobre la idea del interés particular no puede fundarse ni la libertad ni la moral. Más bien destruye ambas. Y la noción de individuo merece mayor profundización que la aparente evidencia con que la utilizan algunos liberales y anarquistas. Porque se olvida la verdad profunda simbolizada en el mito del pecado original: el ser humano tiende al mal. No es cierto que el interés de los individuos signifique el bien,  y la sociedad, o el poder o el estado, concentren todo el mal. Aparte de que el estado, etc., nacen de los individuos y están constituidos por individuos.  Al igual que son individuos los comunistas: ¿dejarían de ser individuos, o lo serían de segunda clase,  por no pensar lo mismo que los anarquistas y ciertos liberales?  Creo que el comunismo es detestable, pero su crítica a partir de los intereses particulares me parece inconcluyente.

(Hace cinco años)

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Franquismo y sionismo

¿Usted sostiene, entonces, que Franco era el único que sostenía al régimen?

De ningún modo. Digo que si el régimen subsistió bastantes años después del Vaticano II, que lo vació de contenido,  se debió sobre todo a dos factores: la personalidad de Franco y el éxito económico. Pero el régimen era mucho más que la personalidad de Franco. Era, aparte de un importante entramado político y jurídico que se mantuvo unos años pese a vaciarse de savia ideológica, era  lo que de manera un tanto simplificada se llamó el nacionalcatolicismo, que duró desde 1938 hasta 1965, unos veintisiete años. Es una época que está por estudiarse debidamente. Casi solo lo han hecho sus enemigos, que hablan de “años perdidos” y sandeces parecidas. Pero sus amigos son casi peores, apenas pasan de cuatro tópicos nostálgicos y en gran medida falsos. Hay algunas excepciones parciales, como el reciente libro de Caballero Jurado sobre la División Azul, pero en general la cosa es muy pobre. Por mi parte he hecho un esfuerzo inicial en Los mitos del franquismo, pero debería ser solo un comienzo. El punto de partida es que el Vaticano II hizo inviable al franquismo, pero sus logros anteriores son suficientes para entender que había mucho de válido e importante en él.

Usted ha caracterizado ese catolicismo como asfixiante…

Y lo era, en buena medida, pero eso no lo retrata por completo.  La envidiable salud social del franquismo se debía en parte importante a él. Por otra parte el catolicismo del régimen –no hablo de la jerarquía eclesiástica– era considerablemente liberal. Observe la cultura de aquellos años, en gran medida escapaba a cualquier doctrina, era muy considerablemente libre y productiva. La censura era una molestia pero no  un impedimento. Ninguna obra importante quedó oculta en espera de la democracia. No puedo dedicarme a esa tarea, pero insisto en que está casi todo por estudiar y por aprovechar teórica y prácticamente de aquellos años espléndidos.

¡Vamos ni siquiera la extrema derecha llama espléndidos a aquellos duros años!

No, ya le he dicho que eso que llamamos extrema derecha, por llamarla de algún modo, es muy roma. Fueron años magníficos. ¿Es necesario que le diga por qué? Pues no lo haré. Lea Los mitos del franquismo y se hará una idea.

Cambiando de tema, usted niega la importancia de la masonería, del NOM, del sionismo… Pero Franco mismo alertaba contra esos enemigos de España.

Franco tenía razón… en parte. La masonería es una organización desde luego anticristiana y antiespañola. Pero el problema es de grado, y la historia no puede explicarse por lucubraciones sobre sociedades secretas. Eso es pueril. La masonería existe, le he dedicado un ensayo que he publicado por trozos en el blog. En mi opinión es un fenómeno nefasto, y llama la atención que promueva la democracia siendo ella misma  antidemocrática por constitución. Pero es solo un ingrediente de las evoluciones sociales de los últimos siglos, en algunos momentos importante y en otros no. En España tuvo importancia (contradictoria por otra parte) en la república y muy poca en la evolución desde el franquismo.  La democracia actual, con sus numerosos y peligrosos defectos, se la debemos a la democracia cristiana, indirectamente al Vaticano II. Claro que un conspiranoico te dirá que es que el concilio lo organizaron o manejaron los masones… Por otra parte, todo eso es ridículo. La masonería opera secretamente, pero las ideas que defiende y sus principales acciones son perfectamente públicas, argumentadas y conocidas. Y ahí está la dificultad para los conspiranoicos: son incapaces de oponerles un pensamiento algo refinado y coherente. Creen que con poner la etiqueta de masón a este o el otro ya han dado con el quid profundo de la cuestión.

Y el sionismo…

A mí, el sionismo me parece admirable. Ha resucitado un idioma muerto, ha creado un estado territorialmente mínimo, en una tierra climáticamente poco agradable y poco fértil, ha creado una sociedad culturalmente muy productiva y hasta ahora ha sido capaz de sostenerlo contra una hostilidad brutal del entorno. En cierto sentido se parece al primer franquismo, defendiéndose contra todo el mundo Claro que lo ha hecho con ayudas muy importantes, sobre todo de Usa, pero también contra una gran hostilidad en la misma Usa y en Europa.  Por cierto que durante una etapa, sionismo y nazismo fueron de la mano porque los dos querían que los judíos se fueran de Alemania. Y hasta coincidían en que cada cual creía que su raza respectiva era la superior. Considerarse el pueblo elegido por Dios es algo realmente fuerte. Claro que los sionistas no solían ser creyentes, pero la idea de fondo seguía ahí. Bueno, estoy divagando un poco. He dicho que nuestra política exterior debería parecer algo a la de Suiza, y la interior un poco a la de Israel. 

   En cuanto al Nuevo Orden Mundial, es cosa bastante vieja, una aspiración que viene de la Ilustración, aspiración a una paz universal. En mi opinión, pero habría que argumentarlo mucho más, ese supuesto ideal solo puede conseguirse a costa de la libertad y la propia naturaleza humana, en un sistema como el que pronosticó Tocqueville de “despotismo democrático”. Es preciso oponerle una argumentación sólida. Y creo que de la experiencia del primer franquismo podrían extraerse algunos argumentos.   

 

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