VOX y la trampa que se cierra / Lo nuevo en “La Reconquista y España”

* Han estado muy en su punto los abucheos del “orgullo” a los cantamañanas de C´s  que quieren hacerse los amigos de la mariconería (con permiso de la ministra) y de sus odios.

* VOX no puede admitir en Madrid ni en ningún lado que las pandillas del PP y C´s lo traten como un felpudo. Ya cayó en la trampa de intentar hacerse “respetable” para los mafiosos. Si ahora permite que estos le ninguneen, la trampa se cerrará sobre VOX, que perderá toda respetabilidad. Debe ser muy consciente de ello.

 

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 La Reconquista fue un largo y complicado proceso político-militar:  un país cristiano y latino con cierta impronta germánica previamente destruido por una invasión musulmana, logró reconstituirse en la mayor parte de la península ibérica. Fue también un proceso único, sin ejemplos en la historia de otros países que faciliten su comprensión al compararlos.  He procurado dejar en claro estos elementos, que a menudo quedan nebulosos o confusos en otros estudios.

 1.-  Según muchos  autores, no habría existido tal nación hispanogótica,  por tanto tampoco reconquista,  sino la formación de reinos peninsulares  cristianos y finalmente de España, sin relación con el reino-nación hispanogodo anterior. La propia España resultaría culturalmente de la mezcla de elementos cristianos, musulmanes y judíos. En el libro expongo las contradicciones, realmente absurdas,  a que conduce esta versión.

2.- La invasión islámica ha sido negada por unos autores o difuminada por otros como un proceso mayormente pacífico y facilitado por el odio de la población a un estado hispanogodo ajeno y opresivo.  En el libro expongo cómo debe entenderse la  invasión en el contexto de una expansión islámica yijadista arrolladora  desde India hasta el sur de Francia, contexto generalmente desatendido en las explicaciones corrientes. Su éxito en España se explica suficientemente por ese impulso combinado con las divisiones dentro del estado hispanogodo, debilitado además  por sequías y pestes.

3.- La Reconquista tuvo un esencial componente religioso y de civilización, pero por lo común los estudios sobre la Reconquista apenas prestan atención al fundamento religioso, dándolo por sabido o por secundario. Ello constituye un grave defecto historiográfico que da pulgar, por ejemplo, a la acuñación de conceptos absurdos como el de “la España islámica”, incluso en autores en otros aspectos excelentes. Por eso he  dedicado algunos capítulos a exponer los rasgos básicos del cristianismo y del islam, con atención al componente yijadista del segundo. 

4.- Muy a menudo se insiste en la superioridad cultural de Al Ándalus sobre España. Por eso he distinguido la cultura de élite (arte, pensamiento, ciencia…) de la cultura popular. En la primera, la superioridad islámica duró algunos siglos, para estancarse y ser superada por la cristiana y española según se desarrollaban las universidades. En cuanto a la cultura popular (costumbres, artes y técnicas menores, derecho, posición de la mujer, etc.) no cabe hablar de superioridad de Al Ándalus en ningún momento.

5.- Creo que ninguna otra historia ha mostrado el carácter despótico y propiamente extranjero del gobierno andalusí, bien explícito en  la descomposición del califato omeya en taifas: pese a que para entonces la mayoría de la población de Al Ándalus ya se había islamizado (población muladí), prácticamente ninguna taifa fue gobernada por muladíes, sino por los componentes del ejército, fueran árabes, bereberes o eslavos. En Al Ándalus eran inimaginables fenómenos como las Cortes o la primera declaración de derechos.

6.- Es muy raro que en las exposiciones generales sobre la Reconquista se trate la tensión entre el elemento político y el religioso, pero la hubo y tuvo gran importancia, por ejemplo en la constitución de Portugal al margen del resto de España. Esto relativiza una concepción muy extendida que identifica excesivamente a España con el catolicismo, dando a esa identificación un valor positivo o negativo, según autores.

7.- Así como la invasión de España entra en un vasto contexto de expansión guerrera islámica, la Reconquista lo hace también en un contexto europeo que crea dos españas iniciales, la cantábrica y la pirenaica, y origina luego numerosas tensiones con repercusiones políticas  entre la cultura original de España y la traída de Francia e Italia. Estos elementos tampoco entran en la mayoría de las historias al respecto.  

8.- Las cambiantes circunstancias políticas y militares crearon varios reinos peninsulares. Todos se consideraban cristianos –lo que los emparentaba con el resto de Europa occidental–, y españoles –lo que los identificaba por encima de sus diferencias y querellas políticas–. Sin embargo el resultado más “normal” habría sido  que los intereses particularistas hubieran primado dibujando una península semejante a la balcánica, dividida entre cuatro y más reinos que habrían derivado en nuevas naciones. El caso de Portugal sería en principio el modelo.  Pero Portugal fue la excepción, un hecho que debe ser planteado y explicado.  Entre las tendencias disgregadoras y las integradoras  existentes en toda sociedad humana, la mayor fuerza de las segundas en este caso no suele ser bien explicada (o siquiera planteada) en la mayoría de las historias.

9.- Otro punto importante es la posición hegemónica que fue alcanzando Castilla en todos los terrenos. Según Ortega, “Castilla hizo a España y la deshizo”, replicada por Sánchez Albornoz con “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, frases ambas  tan sonoras como evidentemente  falsas. El hecho real es que Castilla, sin estar en el origen de la Reconquista y siendo durante largo tiempo un factor más de disgregación que de integración, adquiere tras su reunificación con León, un impulso político, militar y, lo que importa más, cultural, superior al de los demás reinos. En el libro trato de explicar el fenómeno por la mayor libertad personal en Castilla y por  la mayor fuerza adquirida por sus universidades.

10.- Al desarrollarse la Reconquista en un proceso tan largo, las transformaciones sociales, económicas  y demográficas, aunque por naturaleza muy lentas,  fueron también intensas. Lógicamente, la sociedad  previa a la invasión islámica y la resultante de la Reconquista, habían cambiado grandemente. También es preciso constatar –como problema–  cómo la España final cobró una fuerza expansiva extraordinaria, tanto que en poco tiempo se convirtió en primera potencia europea y con un impulso navegador y descubridor  sin precedentes en la historia humana. En las historias corrientes esto no suele plantearse.

   Creo que estas razones bastan para, sin falsa modestia, proponer La Reconquista y España como la mejor obra de síntesis sobre el tema escrita hasta ahora. Lo cual  no quiere decir que no contenga errores de detalle (siempre se cuelan) o que con ella quede solventado cualquier problema al respecto. Por el contrario, supone la elevación de la problemática a un nivel superior, que otros desarrollarán si quieren, y a un necesario debate que supere falsos problemas sobre la invasión, las “tres culturas”, la “consustancialidad religiosa”, la “formación de España”, etc.

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 Iniciativas. Propongo a quienes tenga medios e interés un documental con el título: “Madrid, capital de España o colonia inglesa?”. Se trataría de recoger la vasta presencia del inglés como lengua estimada superior por todas partes, en carteles, banderas británicas en ropas, mochilas y colegios “bilingües”, etc.  Creo que la mera exposición de estas realidades haría innecesarios muchos discursos.

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Los años dorados del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=pzfMPUSWdII

 

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Mariconería sagrada (con permiso de la ministra)

 Una de las grandes tonterías beatas sobre la guerra civil es que “no hubo buenos y malos”. Eso depende. Para quienes desean disgregar o disolver a España, o ven el comunismo como algo deseable, los buenos fueron indudablemente los componentes del Frente Popular. Pero los que desean la conservación de España, la libertad personal, la propiedad privada, los buenos fueron los que finalmente vencieron. Claro que hubo buenos y malos. ¡Y tanto! Y debe recordarse más cuando el país está siendo empujado a un nuevo totalitarismo, precisamente por los políticos y partidos que se consideran herederos del Frente Popular.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)Los Mitos Del Franquismo (Historia)Mitos de la Guerra civil, los (Bolsillo (la Esfera))

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No voy a discutir el indudable derecho de los homosexuales a sentir orgullo por sus prácticas particulares. La homosexualidad –la sexualidad estéril– como tantas otras cosas, existe, existió y presumiblemente existirá siempre, otra cosa es que sea buena  o  equiparable a la sexualidad normal, pero tampoco me opongo a su derecho a creerlo. Opino que la sexualidad es algo personal, y que su exhibición la convierte en algo proclive al chiste, por así decir. Lo digo porque un argumento que usan los homosexistas  es que a quién le importa con quién se acuestan o lo que “coman”. Cierto, no debería importarle a nadie, pero ellos están siempre ostentándolo y jactándose de ello, mientras quieren prohibir a los demás opinar siquiera al respecto.

Pero, en fin, lo que no es en modo alguno tolerable es el homosexismo o conversión de una digamos peculiaridad sexual en política.  Y en política que intentan imponernos a todos como un dogma; que nos obliguen a pagar sus jolgorios; que de pronto la veneración de sus dogmas se convierta en piedra de toque de la moral política y social, y de que nos amenacen con penas judiciales por “odio”. La sacralización, vamos, de la sexualidad estéril. No es solo que ellos rezumen odio hacia cualquier discrepancia o discrepante, como he podido comprobar por mí mismo. Es que estamos llegando a la sacralización de una sexualidad cuyo rasgo definitorio es la esterilidad. A un totalitarismo que no se contenta con prohibir el pensamiento disconforme sino que pretende regular hasta los sentimientos de la gente normal.

  El homosexismo es una ideología totalitaria y en ese sentido criminal, pero que pretende sacralizarse.  Hoy no pueden hacerse chistes al respecto, salvo en la intimidad , ni emplear términos populares como “maricón” o “tortillera” que “ofendan su sensibilidad”. Hay miles de chistes con la sexualidad normal, los cuernos, el puterío, muchos dichos y actos, libros y escritos altamente ofensivos y a menudo calumniosos contra la iglesia, el franquismo, las ideas liberales, los políticos, etc.; cosa por otra parte normal– si dejamos aparte las calumnias– en una sociedad democrática. Pero hemos llegado a esta situación grotescamente tiránica por la que los homosexistas y sus amigos pretenden dictar la ley, el pensamiento y los sentimientos de la gente, algo sin precedentes históricos. Lo más asombroso es que lo van consiguiendo, sin apenas resistencia, y hoy la UE puede definirse como un gobierno general LGTBI de casi toda Europa (salvo Polonia, Hungría y, ya fuera de su alcance, Rusia. Por lo visto eso es el progreso, aunque no se especifica hacia dónde.

   Digamos, en fin, que el homosexismo va unido y reforzado con otras políticas: el feminismo histérico (mi ensayo al respecto,, primero de crítica al feminismo en España, lo titulé, no por casualidad, “la sociedad homosexual”, aunque no tratara directamente de esta), el abortismo, el socavamiento de la familia, un perverso y por su naturaleza totalitario adoctrinamiento desde la infancia, un anticristianismo de base (por lo menos hasta Pancho I de la Pampa,  que parece muy comprensivo con todas esas cosas). También, curiosamente con los intentos de disgregar España o disolverla: todos esos partidos son ardientemente homosexistas y compiten por desfilar en los festejos del “orgullo” y obligarnos a pagárselos.  VOX debería articular un discurso poderoso de conjunto y no meras quejas, contra todo eso. Y exponerlo de manera tenaz y consistente.

   Incidentalmente, hace años sostuve una polémica sobre estas cuestiones en Libertad Digital con César Vidal, Jiménez Losantos, José María Marco y algunos más. Creo que gané el debate por goleada, y eso no me benefició finalmente. En todo caso pueden encontrarlos los textos tecleando juntos los respectivos nombres. La polémica empezó por este artículo: 

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/soy-homofobo-naturalmente-asesinatos-en-masa-6642/  

Desgraciadamente la polémica no ha servido de nada: los contrarios a los LGTBI han resultado ser muy “mariquitas” y no han sabido hacer nada práctico

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Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por  un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas”  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

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Em Adiós a un tiempo:

https://www.libertaddigital.com/opinion/fin-de-semana/bublichki-1276231494.html

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

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Miseria de la historiografía española (II) Joseph Pérez

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))Hace pocos años Joseph Pérez  publicó hace siete años un libro “Para entender la historia de España”. Así quiere entenderla él (lo comenté en su momento):

Joseph Pérez, sospecho que como respuesta indirecta a mi Nueva historia de España, ha publicado un libro de altos propósitos no sé si muy logrados: Entender la historia de España. En sus propias palabras, ¿Puede hablarse, en rigor, de España antes de la invasión árabe de 711? Tengo mis dudas (en realidad no tiene ninguna: lo niega). En 711 la Península Ibérica queda dividida entre dos civilizaciones: moros y cristianos. Estos acaban venciendo en 1492, pero siguen divididos en distintas comunidades políticas que acaban configurando tres coronas (…) Los Austrias inauguran una nueva era que termina con los tratados de Westfalia (1648), era de hegemonía en Europa y en el mundo, era de gloria, si se quiere (no me parece que Pérez lo quiera demasiado), pero ¿para quién y para qué? La que ocupa entonces el primer puesto en Europa no es precisamente España, sino la dinastía reinante. Manuel Azaña lo vio claramente; tal vez, como buen conocedor de la historia de Francia, se haya acordado de lo que (…) aprendían los alumnos franceses en la escuela (…) Francia se enfrentó, no tanto con España, sino con la Casa de Austria. La hegemonía era cosa de la dinastía, pero a los españoles les costó caro: les impidió desarrollar sus intereses propios como nación. La llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, cambia muchas cosas. Aparentemente, España pierde territorios, pero territorios que no eran hispánicos (Flandes, Italia); en cambio conserva las posesiones peninsulares y el imperio de América, lo que la convierte en la tercera potencia de Europa, después de Inglaterra y Francia; en contra de lo que se escribe a veces, la España del siglo XVIII no es una nación decadente. La decadencia y la marginación son posteriores, son consecuencia de la Guerra de Independencia, de las guerras civiles del siglo XIX y de la emancipación del imperio colonial. Entonces sí es cierto que España pasa a ser una nación de segunda categoría (…) La recuperación viene mucho más tarde, a mediados del siglo XX y se confirma después de la muerte de Franco. Con una economía renovada, una sociedad moderna y un régimen político semejante al de las demás democracias, España se reincorpora a Europa; vuelve a ser una de las grandes potencias, con todos los inconvenientes que ello supone en el mundo de hoy. Estos van a ser los ejes principales de mi reflexión (…) siguiendo a mi manera (…) la pauta de mi maestro Perre Vilar: importa menos dar a conocer que dar a entender lo que ha pasado”.

Tiene interés explicitar qué quería “dar a entender” su maestro  Pierre Vilar: trataba de divulgar una visión marxista (es decir, lisenkiana, como he explicado en otras ocasiones) de la historia. Me temo que ninguno de los asertos de Pérez resiste una crítica algo rigurosa, o bien deben ser muy matizados como iremos viendo.

España no existe “en rigor” antes de la invasión musulmana (aunque el reino hispanogodo se llamara España) . ¿Aparece España gracias a la invasión árabe?  Tampoco, solo hay “dos civilizaciones” (una de las cuales hablaba continuamente de España y el reino perdido, pero eso carece de importancia). ¿Aparece España, por fin, al expulsar a la otra “civilización”? Pues tampoco, sigue habiendo tres coronas. ¿Y con los Austrias? Pues tampoco todavía, porque lo que hay es una dinastía extranjera que no pasa de perjudicar a España impidiéndole desarrollar sus propios intereses nacionales (intereses de una nación que sigue sin existir).  ¿Cuándo aparece España, por fin? Aparece después de la Paz de Westfalia, propiamente con los Borbones y obviamente gracias a Francia. (Azaña vio bien todas estas cosas, dice incidentalmente. Quizá por ello llevó al país a la  guerra civil).  Y aparece como tercera potencia europea porque conserva un gran imperio (que viene  de cuando  los Austrias se dedicaban a perjudicar los intereses de una nación “n rigor” inexistente ).  Al surgir España como nación en la historia, sufre  algunas pérdidas territoriales en Europa, pero como no eran hispánicas, no pasa nada en ese aspecto. No hay decadencia en el siglo XVIII,  aunque en la práctica España quede como  satélite político y cultural de Francia. Luego, sí, en el siglo XIX encontramos una decadencia real, que se prolonga hasta que la muerte de Franco permite a España volver a ser una “gran potencia” (aunque más satelizada cultural y políticamente que nunca).

   Bien, Joseph Pérez tiene los siguientes títulos y premios: Príncipe de Asturias (donde empezó la Reconquista que según él no existió) Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las letras (en Alcalá nació  Cervantes, un agente de la antinacional dinastía de los Austrias) Gran cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (un rey en una España inexistente), Comendador de la Orden de Isabel la Católica (que seguía sin ser española “en rigor”). Y otras cuantas distinciones más.  La oficiosidad y la miseria de la universidad y las instituciones supuestamente culturales españolas. ¿No saldremos de ahí?

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Hace siete años:                                              Dice Esperanza Aguirre que hay que ser patriota sin duda ni complejos. Y ella lo es, claro: patriota… anglosajona. Empeñada en meternos inconstitucionalmente el inglés como segundo idioma desde la infancia y colaboradora en su imposición como primer idioma en la cultura superior (y no solo). Un patriotismo lacayo. He dicho, e insistiré aquí, en que la amenaza para nuestra lengua y cultura no viene tanto de las pequeñas fechorías de los separatistas como del entusiasmo de los políticos en general por desplazar el español a favor del inglés a todos los niveles. Uno se asombra de la penetración del inglés en cualquier ámbito público y no se asombra menos de la falta de denuncia y resistencia hacia tal fenómeno, indicio de un pueblo estéril y estragado, es de esperar que no por completo. Insistiré más en ello, porque la confusión al respecto es enorme.
Y le dice García Margallo a Hillary Clinton, “¡España ha vuelto!”. Inconscientemente uno espera la continuación: “… a ponerse a sus órdenes”. Este Margallo, que insiste en la recuperación de Gibraltar, quiere al mismo tiempo hacer desaparecer a España como nación independiente convirtiendo a la UE en federación entregando “grandes toneladas de soberanía. El mayor peligro para España viene ahora mismo de la derecha con su “patriotismo” impostado y contradictorio.

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Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por  un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas”  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

 

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Sobre España

Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por  un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas”  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

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*No me extrañaría que en unas nuevas elecciones el PSOE aumentara su ventaja. Ha sido un gran error que los otros partidos se hayan centrado en echarle, pues dejan la impresión de no tener otro programa que ese. Y si después la cosa va acompañada de estos vergonzosos enredos para repartirse los puestos, el error aumenta con el desagrado y hartazgo de la gente. Parecen quedar olvidados todos los principios

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Espero que mis amables lectores hagan lo que esté en su mano por difundirlo. Lo brindo a los embriones de partidos o movimientos como el de la reconversión,  que aspiren a sustituir la agotada y corrupta casta política actual:

1.- Proclamamos que España es una nación, es decir, una comunidad cultural básicamente homogénea con un estado propio, conformada como país europeo desde el siglo VI, con tal impronta que le fue posible invertir su conversión en país africano- oriental tras la invasión musulmana. Y que siempre ha sido y debe seguir siendo independiente. Por lo cual no aceptamos las políticas tendentes a disgregarla en varios estados minúsculos, atrapados por la discordia,  el resentimiento y la falsificación de la historia,  insignificantes en el contexto internacional y objeto de  las maniobras e intrigas de otras potencias;  pues no en otra cosa consiste el programa de los separatismos. Tampoco aceptamos la disolución de España, privándola de su soberanía o de partes importantes de ella, en aras de un “europeísmo” sin asiento en la experiencia ni en la realidad histórica y cultural de España ni de Europa.

2.- Desde hace varias décadas asistimos a un ataque simultáneo a la nación desde los secesionismos, respondidos a menudo con la huida hacia adelante de unos “europeísmos” compuestos de tópicos infundados. Ambas tendencias, lejos de oponerse, se conjuntan en un empeño suicida, pues desde el plan de  acabar con la historia de España dejándola en una muy improbable provincia de “Europa”, es imposible criticar a las fuerzas disgregadoras. Europeísmos y separatismos desprecian a la España real,  cuya densidad histórica ha bastado hasta hoy para sostener a la nación frente a una ofensiva continuada sin que durante decenios se le haya opuesto ninguna fuerza política organizada.

3.-  Los separatismos han sido la cruz más pesada en estos años, sobre todo porque los ha impulsado un brutal terrorismo con cientos de víctimas mortales. Terrorismo ayudado por la incapacidad de los gobiernos, salvo una breve temporada, para defender la  ley y proteger a los ciudadanos. Gracias al terrorismo creció el PNV como falso antídoto “democrático”,  protegido y financiado en la Transición desde Madrid, mientras los separatistas catalanes seguían detrás con exigencias siempre renovadas. El balance histórico reciente de los separatismos incluye cerca de un millar de asesinatos, el  fomento del odio a España y una cultura de la mentira, el fanatismo y la corrupción institucionalizada –esta última poco diferente, por cierto, de la del resto del país –. Un balance tan a la vista apenas precisa mayor comentario. Por tanto es hora de decir que ese camino ha llegado a su fin, que la  convivencia de los españoles en paz y libertad no puede continuar pudriéndose indefinidamente, y que los políticos y partidos que nos han llevado a esta situación deben ser relevados.

4.- A su vez, los partidarios de disolver la nación parten de una mística o beatería “europeísta” cuyo rasgo más definitorio es la ignorancia sobre Europa y el desprecio o la falta de confianza en España. Al respecto cabe recordar que:

a)      La Unión Europea es un designio no democrático que viene desarrollándose sobre hechos consumados por unas burocracias ajenas o con muy escaso control popular, que imponen, por ejemplo, nuevos referéndums cuando alguno les ha salido contrario; y  los gobiernos más partidarios, como el español, han vulnerado la Constitución, que señala taxativamente que la soberanía reside en el pueblo y no en ellos.

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b)      La pretensión de que la Unión Europea ha mantenido la paz en el continente es falsa. Esta fue mantenida desde 1945, en Europa occidental, por el paraguas militar de Usa. Las tres últimas grandes guerras europeas nacieron de la rivalidad entre Alemania por un lado y  Francia e Inglaterra por otro, y por lo que hace a España, permaneció felizmente neutral en todas ellas, para beneficio no solo de nuestro país, sino del resto de Europa. Esa neutralidad indica el mejor camino para nuestro país, desgraciadamente interrumpido, y hoy  España se encuentra en la UE, igual que en la OTAN, en calidad de aliado-lacayo, debido a la presencia en su territorio de Gibraltar, colonia militar de un supuesto aliado.

c)      Por lo demás, diversas potencias europeas libraron después de 1945 costosísimas y crueles guerras coloniales, casi todas perdidas. La aún reciente de Yugoslavia se produjo en parte por injerencias de países de la UE, que luego no supieron atajarla. Lo mismo ha ocurrido con genocidios como el de  Ruanda, y ahora vemos a la UE  impulsando el integrismo islámico en el norte de África y Siria. La UE no se compone de países inmaculados, y podría llevarnos a conflictos muy contrarios a nuestros intereses.

d)      Tampoco es real la idea de que debamos nuestra democracia a la CEE-UE. Por el contrario, esos países sí deben su democracia a la intervención bélica de Usa, mientras que la nuestra ha venido del desarrollo interno y autónomo del país, después de que este, en 1934-39, estuviera muy cerca de hundirse en una revolución totalitaria.

e)      La suposición de una Europa igual para todos es de una inocencia pueril, y solo expresa el deseo de acabar con nuestra soberanía por parte de muchos políticos, ajenos al interés más profundo de la nación. Los líderes franceses, alemanes, ingleses  y otros tienen una idea muy distinta sobre los intereses de sus países, y es obvio que, por su potencia económica, demográfica y política, son los que realmente marcan los derroteros de la UE. Que tantos  políticos españoles estén dispuestos a pisotear nuestra soberanía, a la que deben servir y no vender, revela la abyección y la farsa  en que ha caído la política española y la urgencia de un nuevo partido o movimiento político que permita salir de ella.

f)       La  justificación máxima de esos políticos consiste en que, como Esaú en el relato bíblico, a cambio de la cesión de la independencia obtendremos buenos platos de lentejas. Pero Esaú no es ningún buen ejemplo: quien sacrifica sus derechos y libertad  por una ventaja material suele perder ambas. El mismo argumento ha sido empleado con relación al euro. Según sus partidarios, no se sabe si más ignorantes u sinvergüenzas, la nueva moneda nos aseguraba una prosperidad sostenida y sin fin, un crecimiento firme, pensiones garantizadas, etc.  El inmenso y manifiesto engaño no ha incitado a tan malos dirigentes a admitir sus errores y retirarse de la  circulación: por el contrario, ahí siguen tan ufanos hablando de superar una crisis que ellos han causado con su demagogia, mediante nuevas cesiones de independencia. Es claro que la libertad y la dignidad nacionales  cuentan poco para ellos al lado de sus privilegios y afán de poder.

g)      También suele presentarse la entrada en la CEE-UE como el inicio del desarrollo español, cuando durante casi quince años antes de entrar en ella, España crecía a un ritmo superior al de cualquier otro país europeo, de manera más sana que nunca después, y con pleno empleo. Precisamente la entrada en la CEE-UE, que nuestros ignaros políticos llaman “entrada en Europa” (España siempre ha estado en Europa), ha marcado una economía a trompicones, con índices de paro inauditos,  habiéndose destruido gran parte de nuestro tejido industrial para desembocar finalmente en una extendida corrupción y medidas desastrosas que hoy sufrimos duramente.  Y aún dicen los partidos que fuera de la  UE no hay salvación, pese a que países tan próspero como Noruega o Suiza se mantienen fuera, varios de los más ricos han rechazado el euro, e Inglaterra, siempre más consciente de sus intereses, mantiene un pie dentro y otro fuera.

h)      La UE acarrea además otro coste no mencionado, pero cada día más inquietante: el desplazamiento de la cultura y la lengua españolas por la cultura e idioma anglosajones. Cada día el inglés invade más el espacio público, los “europeístas” tratan sin disimulo de cooficializarlo enseñándolo en el mismo plano que el español y no como idioma extranjero, ponderándolo como la lengua de la ciencia, la música, la milicia, la moda, el pensamiento… en fin de todas las actividades culturales superiores, para las que, en la práctica, se niega valor a nuestro idioma.

Basten estos puntos, desdeñados por nuestros políticos, para demostrar que el balance de nuestra integración en la UE  no es bueno: hemos perdido independencia y libertad, económicamente nos hallamos en una crisis profunda de salida muy incierta,  reducidos a la posición de  aliado-lacayo, y con una verdadera invasión del inglés. Por tanto, es hora de hacer cuentas y dejarse de beaterías inspiradas por la ignorancia sobre Europa y el desprecio hacia España, y adoptar otra política, que podría consistir en defender la vuelta al nivel de  la CEE o incluso nuestra salida del euro o de la UE. Estas, desde luego,  resultarían muy costosas en una primera etapa-– sin olvidar que nuestra salida del euro podría venir forzada desde el exterior–; pero de ningún modo sería el apocalipsis con que nos amenazan quienes nos han llevado al desastre actual. Otros países han pasado por experiencias semejantes y han conseguido remontar el bache, recuperando al mismo tiempo su soberanía. La beatería europeísta puede resultar todavía más destructiva que el fanatismo disgregador y en todo caso lo complementa.

(Esta entrada estaba en este blog el 26 de julio de 1012. Ya ven, como si nada)

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Miseria de la historiografía española (I)

1. La ley de memoria histórica es una imposición del poder (un poder por demás corrupto) al estilo norcoreano, una ley totalitaria por la cual se impone a la población una versión de la historia y se amenaza implícitamente con perseguir cualquier discrepancia. Amenaza manifiesta hoy en las censuras y denigración a quienes defendemos la libertad  de investigación, expresión y enseñanza, pero que quiere hacerse más directa mediante multas y cárcel. Debería provocar una verdadera revuelta de los historiadores, y en general de los universitarios, pero no ha sido así, sino más bien al contrario.

2. Esa ley es además falsaria en un sentido estrictamente histórico: parte de la idea de quienes combatían al franquismo, es decir,  un frente popular formado por stalinistas, socialistas radicales, separatistas y republicanos golpistas contra la propia república, todos ellos tutelados directamente por Stalin, representaban la libertad, el progreso y la democracia. Y lo mismo quienes después lucharon contra el franquismo, es decir los comunistas y la ETA. La pretensión es tan grotesca que debería bastar para que cualquier historiador que se pretendiese serio la denunciase incesantemente como  el fraude y la estafa desvergonzada que realmente es.

3. Esa ley es además extremadamente inmoral, porque presenta como “víctimas del franquismo” a los chekistas y otros sujetos  de izquierda y separatistas juzgados y ejecutadas por crímenes a menudo  espeluznantes. Al no distinguir entre posibles inocentes y evidentes culpables, los autores de la ley se identifican con los culpables, elevándolos al nivel de los inocentes. Es una ley chekista sin atenuantes, que define a sus autores.

4. Esa ley ha dado lugar a permanentes campañas de propaganda,  de falsificación de los hechos, inflación de víctimas (de una sola parte) y envenenamiento de la opinión pública con unos odios que, precisamente, rompieron la convivencia en la república, conduciendo a la guerra civil. Campañas que, como en los regímenes totalitarios, obligan a pagar a  todos los ciudadanos, un abuso y corrupción más, bien definitorios.

5. Los historiadores españoles no solo no han rechazado tamaños insultos y graves daños a la  libertad de investigación, expresión  y cátedra, a la honestidad intelectual y a la democracia, sino que, en su mayoría, han participado en los desmanes o han callado u ofrecido una resistencia insignificante. Este hecho es suficiente para valorar el espíritu académico y democrático predominante entre el “gremio” de los  historiadores actuales.  

6. Creo que quien con más insistencia ha denunciado estos tremendos desmanes he sido yo, viéndome por ello sometido a una auténtica censura en los medios universitarios y de difusión, censura proveniente incluso de académicos o grupos disconformes con dicha ley pero que se convierten en la práctica en cómplices, por miedo –el miedo acompaña siempre a las medidas totalitarias– ,o por espíritu de “gremio”, más parecido al de mafia.

7. Uno de los resultados de tales fechorías es la proliferación de libros y “estudios” de pura propaganda ideológica y política presentados como historiografía seria. “Estudios” muchas veces subvencionados. En realidad son la escuela del historiador stalinista Tuñón de Lara, complicada a menudo con  influencias más o menos socialdemócratas de origen anglosajón y que no mejoran gran cosa la anterior, aunque resulten menos energuménicos y en apariencia moderados. Véase un ejemplo en la influencia de Raymond Carr,  loada por  Juan Pablo Fusi:

Bajo la dirección última de Carr trabajamos en el Centro de Estudios Ibéricos los que creo que podemos considerarnos sus discípulos: Romero Maura, José Varela Ortega, Shlomo Ben Ami, yo mismo, Paul Preston (que hacia 1970 estaba ya en la Universidad de Reading, con Hugh Thomas), Leandro Prados, Antonio Gómez Mendoza (ambos, como historiadores económicos, muy vinculados al tiempo a Patrick O´Brien y Max Hartwell) y Charles Powell. Pero también se vincularon al Centro, en muy distinta capacidad, don Ramón Carande, Olegario González de Cardedal, Lucas Beltrán, Santos Juliá, José María Maravall, Joan María Esteban, Isaac y Aviva Aviv, Susana Tavera, Jaime García Lombardero, Joan Artells, Tomás Jiménez Araya, Laura Rodríguez, Frances Lannon, Fernando Maravall. Aun sin relación directa con el Centro, Martin Blinkhorn, Sebastian Balfour y Joseph Harrison fueron de alguna forma discípulos de Carr. También lo fueron Ezequiel Gallo, Malcolm Deas y Adrian Lyttelton, tres grandes historiadores, como ya ha quedado dicho.

   Para entender la cuestión de Carr: http://revista.libertaddigital.com/raymond-carr-y-la-diversidad-de-espana-1276234297.html 

 Por supuesto ni los tuñonianos ni los carreños han elevado su voz contra la ley de memoria histórica y, como insisto, ya solo eso nos da una clave para valorarlos académica, política y moralmente. Esta farsa debe terminar. Y no terminará si no se denuncia incansablemente, aprovechando la libertad de expresión todavía existente, aun si cada vez más restringida.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)Los Mitos Del Franquismo (Historia)Mitos de la Guerra civil, los (Bolsillo (la Esfera))

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Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por  un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas”  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

 

 

 

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