En Nueva historia de España he tratado con alguna amplitud el significado histórico de Lutero en relación con España.
Lutero se nos presenta, políticamente, como un personaje ávido de sangre y fuego, deseoso de “lavarse las manos con la sangre” de los papistas; animando a los nobles alemanes a ganar la salvación asesinando por todos los medios a los campesinos sublevados contra la dura servidumbre que sufrían; jactándose de las guerras civiles que promovía, etc. Y no se quedaban en palabras Conviene recordar las exhortaciones al asesinato y al incendio también por parte de los hugonotes u otros calvinistas.
El asunto se agravaba por cuanto Europa sufría entonces el acoso del Imperio otomano, la lucha contra el cual recaía ante todo sobre España. Por ello, para España la rebelión luterana constituía un doble crimen. Y por ello España tuvo que luchar en varios frentes: contra los turcos, contra sus aliados, en especial Francia, contra los promotores de guerras en la retaguardia europea y contra la piratería en el Atlántico y el Mediterráneo. Las propagandas protestante y francesa han presentado los hechos exactamente al revés, lo que no es de extrañar, pero sus versiones han sido aceptadas más o menos por gran parte de los historiadores y políticos españoles, lo que revela la calidad de sus universidades.
Según los protestantes, Lutero representaba la libertad de pensamiento, o “la libertad” en general, frente al “oscurantismo”, la tiranía y la violencia achacadas a España. En realidad, Lutero reaccionaba contra la razón, lema del Renacimiento que entonces se extendía por Europa a partir de Italia. El protestantismo fue esencialmente oscurantista. Sus prédicas no solo debilitaban materialmente a Europa, sino que socavaban el cristianismo desde sus cimientos. Como decía Carlos V, “Si este hermano está en lo cierto, entonces toda la historia anterior de la cristiandad habría sido un enorme error”. Lo suyo no fue una reforma, sino una reinvención del cristianismo, una auténtica revolución.
La libre interpretación de la Biblia (libre, excepto la de la tradición de la Iglesia, que debía ser prohibida) conducía directamente a la disgregación interna de la cristiandad. El mismo Lutero lamentaría sus consecuencias, porque su propia interpretación era puesta en tela de juicio. Sus seguidores se disgregaron en numerosas sectas hostiles entre sí. Tuvieron la enorme suerte de gozar del escudo español frente a Constantinopla –con la que flirteaban– pues de otro modo habrían experimentado directamente las caricias de los jenízaros.
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P. Tal como ud se expresa a menudo, diríase que no hay ahora más historiador importante en España que usted mismo.
–Bueno, digamos que el silenciamiento y boicot que sufren mis libros justifica hasta cierto punto una reacción que puede parecer excesiva. Para empezar, yo hablo de los temas que trato, y sin duda hay también en ellos historiadores importantes. Pienso en Luis Suárez, Ricardo de la Cierva, Cuenca Toribio, los hermanos Salas Larrazábal, etc. Pero por alguna razón mis libros han suscitado una verdadera furia, seguida de ninguneo absoluto, de casi todo el llamado “gremio” intelectual, y ya lo de gremio indica mucho. Incluidos bastantes que están de acuerdo con mis tesis pero no se atreven o no quieren exteriorizarlo. O bien las adoptan más o menos, pero evitando citarme. A mí me parece que eso define a una universidad enferma. No hay debate, y sin debate no hay vida intelectual.
P. Sobre la guerra civil son bastantes los que le reconocen acierto en sus tesis o algunas de ellas, aunque sea con la boca chica. O claramente, como Stanley Payne y varios otros, pues usted ha investigado el tema a fondo. Pero con la reconquista es más dudoso que le puedan reconocer ese acierto.
–Muy bien: si no lo reconocen que lo digan y expliquen por qué lo dicen. Yo estoy dispuesto a debatir en serio. Pero el ambiente que predomina es una mezcla de pedantería, mediocridad y miedo. No debaten porque tienen miedo a que sus carreras y posición salgan perjudicadas, esa es la lamentable realidad. Por cierto, me preguntaba una amiga por qué creo que los políticos españoles son tan mediocres y ruines. Creo que tiene mucho que ver en ello la baja calidad de nuestra universidad desde hace mucho. Casi todos los políticos salen de la universidad.
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