Al marxismo se la ha criticado como un materialismo porque encontraba en la economía la clave de la conducta y de la historia humana. Realmente se trata de una doctrina muy elaborada, movilizadora y muy difícil de rebatir. De hecho ha sido asumida, a un nivel ínfimo, realmente cutre, por la derecha española, es decir, por el PP: la frase del pensador del Marca “La economía lo es todo” condensa toda la llamémosla “filosofía política” del PP. Con Aznar los separatismos crecieron, cada vez más agresivos y antiespañoles, y el PP se dedicó a alimentarlos con competencias y dinero. La izquierda montó campañas de falsificación histórica contra el franquismo y el PP de Aznar (eso venía ya de Suárez) colaboró activamente con ellas. El PP se sumó a todos los ataques contra España, piénsese en el insulto de nombrar “padre de la patria andaluza” a un orate islamizado e imponer una bandera islámica como propia de la región. En definitiva, ¿qué importaban todas esas “menudencias”, al lado de la marcha de la economía? Aznar por lo menos acertó con la ETA e hizo un esbozo de política internacional para España, ambas cosas arruinadas a conciencia por Zapatero, con quien se aceleró el proceso de putrefacción del régimen del 78.
Y con Rajoy ha sido el colmo. Este botarate siguió las políticas de Zapatero y las intensificó. Es asombroso que haya pasado por un político “inteligente”, simplemente porque mostró un desprecio, por otra parte merecido, hacia los periodistas. Con él, la escalada de fechorías contra España y la democracia crecieron sin parar. Pues ¿qué importaba que se siguieran aplicando leyes antidemocráticas, falsarias y antiespañolas como las de memoria histórica? ¿O liberticidas contra el estado de derecho como las de género? ¿O que el español fuera perseguido en varias regiones de España, prácticamente vaciadas de estado común? ¿Que la ETA, rescatada por Zapatero, se convirtiera en una gran fuerza política en Vascongadas y Navarra? ¿Qué importaba la invasión de España por Gibraltar? ¿Qué importaba la colonización cultural por el inglés y la entrega ilegal de soberanía y tantos otros desmanes contra la si la economía iba bien? Es más, parecía que estas últimas cosas ayudaban a la economía… que tampoco mejoraba mucho, solo poco a poco, con costes muy elevados en deuda pública y con el paro y la precariedad más altas de Europa. Por una especie de justicia poética, el necio cayó por la corrupción económica, y nos dejó al mando del país a un delincuente apoyado en los separatistas y con un gobierno de tiorras desquiciadas.
La filosofía política de un partido tiene la mayor importancia. Y la del PP es esa, una especie de marxismo cochambroso, que hace imposible la regeneración. Durante todos estos años ha intentado impedir que surgiera una alternativa decente, patriótica y democrática y al final ha fallado. Por eso el mayor enemigo para el PP es actualmente VOX. Los ingenuos creen que el PP ha rectificado: ni lo ha hecho (para ello necesitaría un muy duro análisis de lo que ha venido haciendo desde hace muchos años), ni lo hará. Solo intentará timar una vez más a los votantes ilusos. Ello no impide que el PP y VOX puedan llegar a acuerdos parciales y concretos como el que ha echado al PSOE del poder en Andalucía. Pero nada sería más erróneo y peligroso para VOX que convertir esos acuerdos en una estrategia general o en una política de “amistad” con un partido más nefasto que el propio frente popular actual. Pues ha seguido la política de este, engañando a mucha gente y bloqueando una alternativa. Ahora que ya el bloqueo se ha roto, buscará el modo de volver a llevarla a la nada. Tiene larga experiencia “política” y mañas de sobra para ello.
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Comentando con García Domínguez andanzas infantiles, quedó clara la gran diferencia entre el mundo que hemos vivido los que ya vamos para viejos, incluso otros más jóvenes, y el actual. Creo que para los niños era bastante preferible aquel. En Vigo teníamos una ventaja adicional: era ya una ciudad importante, sobre la ría y con gran cantidad de descampados, solares y “corredoiras” que llegaban casi hasta el centro, es decir, una ciudad penetrada por el mundo rural y al lado del mar, lo que para los niños era una maravilla. Coincidimos en que “los críos, por instinto, son muy cabrones” (al menos hasta cierto punto), pues no desperdiciábamos ocasión de molestar y hacer trastadas, a veces bastante dañinas. En Adiós a un tiempo he querido rescatar del olvido algunos retazos de unas formas de vida infantil ya desaparecidas. Es curioso cómo estas cosas suscitan cierta simpatía vistas a posteriori; podría pensarse que gracias a que no han tenido consecuencias demasiado graves (aunque cosas como las pedradas en la cabeza podrían haberlo sido), pero sospecho que no es esa la razón: más bien cierta alegría poco confesable causada por la vulneración de las normas
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