¿Quiénes son los enemigos de Franco? / Una Europa prometeica.

Nuevamente la cuenta de Una hora con la historia está en mínimos. Desde el principio nos  hemos movido en esa circunstancia, sin lograr de los oyentes una colaboración suficiente para estabilizar el programa,  que financieramente se mantiene a saltos, con algunas aportaciones extraordinarias. El objetivo ideal sería que 300 oyentes aportasen 20 euros al mes, lo que nos permitiría abordar otra iniciativas. En ello seguimos, pero este mes está resultando el más bajo desde el comienzo. Creo que es un programa único en el panorama español y así lo aprecian muchos oyentes.  

La cuenta para colaborar es

Tiempo de ideas siglo XXI”, BBVA  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

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P. Su idea de una democracia franquista choca a mucha gente como un oxímoron.

–Choca porque el franquismo no fue democrático, y porque suele tenerse la democracia como una palabra mágica, al margen de la historia real. Pero la democracia, si no quiere autodestruirse, que es uno de sus peligros como pasó en la república, exige ciertas condiciones, las cuales se crearon precisamente en el franquismo.  Es una evidencia que no acaba de entrar en muchas cabezas, sean de izquierda o de derecha. Franco salvó literalmente a la nación de ser descuartizada,  a la sociedad de caer en una tiranía totalitaria y al estado de supeditarse a la URSS. Son méritos políticos e históricos de alcande muy fuera de lo común. Y realmente es por eso por lo que muchos lo odian, pues los antifranquistas jamás han significado nada parecido a la libertad y la democracia.  En relación con el plan de ultraje a los restos de Franco por el Doctor y sus tiorras se han retratado los demás partidos, se han retratado en su absoluta abyección.

P. ¿Hay algún partido que pueda mantener esa tesis y con capacidad para ganar elecciones?

–De momento no. ¿Por qué? Por la misma razón que la Iglesia,  a la que Franco salvó del exterminio, o monarquía que volvió gracias a él, se callana miserablemente. Y por la ausencia de un pensamiento o cultura democráticos en España. La derecha, el grueso de ella desde Suárez, carece de cualquier principio más allá del interés de partido por ganar votos y poder, y repartirlo con la izquierda y los separatistas. Y el sector derechista minoritario mantenía ideas antidemocráticas a pesar de que no tenía más remedio que participar en el sistema de las elecciones, con lo que quedaba doblemente desacreditada. Esta parte se ha ido hundiendo a ella misma, por esa razón. Ni una parte ni otra han entendido qué fue realmente aquel régimen, y por eso la marea de calumnias y falsedades sobre Franco y su régimen apenas han chocado con resistencia eficaz.

P. ¿Ve usted a VOX capaz de invertir esa tendencia?

–VOX es una esperanza,  y yo creo que si se declarase abiertamente partidario de la continuidad de los elementos básicos del franquismo, y supiese explicarlo bien, ganaría muchos puntos. De hecho, su defensa de la nación española choca directamente con toda la demagogia del tercer frente popular, que desde la transición se ha manifestado en un doble proceso de disgregación separatista y de satelización a la UE y a la OTAN. Oponerse a esos procesos es precisamente la política que recomendaba Franco ante todo.

P. Uno tiene la sensación de que en VOX  hay esa idea de fondo, pero temor a exponerla.

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–Bueno, hay que ser realista: cuarenta años de embustes sin apenas oposición han hecho su efecto, y no es fácil ni rápido cambiar la opinión mayoritaria. Creo que hoy por hoy sería más apropiado crear asociaciones , por ejemplo, una asociación informal de miles de personas que combatieran la oleada de calumnias y explicaran la realidad histórica a la gente. Sobre ese trabajo no me extrañaría que con el tiempo hasta el PSOE se declarase pro democracia franquista. Bromas aparte, es la tarea a realizar. He explicado ampliamente esta cuestión en artículos y en libros como Los mitos del franquismo.

P. ¿Habrá que esperar otros cuarenta años de contraembustes para clarificar la situación?

Ni mucho menos. Mucha gente ya entiende intuitivamente que Franco no pudo ser tan malo, y que son los partidos y políticos más corruptos y antiespañoles los que lo odian más. Pero el cambio no será inmediato. El gran problema aquí no es la oposición del frente de izquierda y separatistas, sino  esa mezcla de pasividad, lloriqueo, gracietas y  ocurrencias que predominan en lo que podríamos llamar sector patriótico. Un ejemplo: ¿por qué entre los miles de personas que escuchan Una hora con la Historia no hay más de 80 que colaboren con el programa, o lo difundan con empeño en las redes sociales?  ¿O por qué Los mitos del franquismo ha tenido una difusión muy moderada pese a que supone el desmantelamiento del argumentario antifranquista, que es también antidemocrático? Para mí es un misterio. Quizá se deba a que la derecha no quiere complicarse la cabeza con estudios de fondo y prefiere cuatro simplezas  o el cultivo de nostalgias más sentimentales que realmente políticas. Supongo que se irá superando eso.

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Europa

P. En su libro sobre Europa, un capítulo se titula: “De la religión divinal a la religión prometeica”. Eso es algo realmente curioso. ¿Qué quiere decir, realmente?

–Ya lo trataré más. A mi juicio es una concepción que refleja la profundidad de los mitos, o al menos de algunos. En el mito de Prometeo, este es castigado encadenado a una roca. La roca simboliza, según P. Diel, la trivialidad, la ausencia de elevación, y es la propia elección de Prometeo, que se burlaba de los dioses y confiaba en la técnica como mensaje a los humanos. Tiene algo que ver con lo que decíamos de la decadencia de Europa, que ha perdido su fuerza espiritual aunque económicamente le ha ido muy bien, en conjunto…

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La suma escasez de bibliografía y de debate sobre Europa contrasta llamativamente con el ultraeuropeísmo de políticos, partidos, intelectuales y periodistas. No hay mejor modo que exponer ese contraste para entender el ínfimo nivel intelectual del país actualmente.

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En una Constitución defectuosa se encuentran muchos de los males que hoy sufrimos. Quizá los errores eran inevitables ante una experiencia nueva, pero desde entonces no se han corregido, sino agravado. Y es precisa una reforma a fondo, que los partidos del tercer frente popular intentan imponer como el práctico desguazamiento de España combinado con su disolución en la UE  https://www.youtube.com/watch?v=fpKmfDO683w

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La Reconquista es un fenómeno único en la historia de cualquier país. No solo es la historia de la lucha contra la invasión musulmana, sino también contra las fortísimas tensiones disgregadoras que ocurrieron en su curso,  lucha que llevó a recomponer, en lo esencial, la nación fundada por Leovigildo y Recaredo, sin cuyo precedente la península habría quedado dividida en cuatro o cinco estados  hostiles entre sí.

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Democracia franquista contra demagogia antifranquista.

*Cuánta justicia poética hay en el hecho de que el infame partido de “la economía lo es todo” haya caído precisamente por su corrupción… ¡y a manos de aquellos a quienes tanto ha beneficiado!

*El problema de Gibraltar está mucho más en Madrid que en Londres. En los miserables partidos desde el de Leopoldo Calvo Sotelo

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Que los corruptos y corruptores, “doctores”,  separatistas, vendedores de soberanía seguramente con negocios en Gibraltar, tiranos totalitarios de la memoria histórica y leyes de género… quieran ultrajar los restos de Franco, es lo más natural del mundo. Franco representaba exactamente lo contrario de ellos, y los venció durante cuarenta años. El rencor de esa gentuza solo lo iguala su corrupción intelectual económica y también sexual. Franco se rebeló contra un régimen salido de elecciones fraudulentas y que trataba de disgregar España,  supeditar sus trozos a la URSS y arrasar la cultura cristiana. Básicamente fue ese el contenido de la guerra civil que la demagogia, el “Himalaya de falsedades”, ha logrado presentar a muchos como alzamiento contra la libertad y la democracia.

Así que debe hablarse, una vez más, de lo que supuesto en la historia aquel hombre y su régimen.  El triunfo de Franco trajo consigo otras muchas  cosas: la victoria sobre el maquis (intento de volver a la guerra civil); reconstrucción del país con las propias fuerzas, sin deudas con Usa (al revés que el resto de Europa); la resistencia y victoria frente a un aislamiento criminal que intentaba crear en España una gran hambruna; independencia en la política exterior de España e hincapié en las relaciones culturales con los países de habla hispana; las cifras de crecimiento económico más altas que ha habido en el país antes o después; la eliminación del analfabetismo y una magnífica salud social; una gran clase media, una de las mayores esperanzas de vida al nacer del mundo,  y el olvido de los odios que destrozaron a la república, nuevamente cultivados por la demagogia de los malditos. Estos y otros logros transcendentales se alcanzaron en un régimen nada tiránico, sin destruir la libertad personal y solo restringiendo –que no anulando por completo– las libertades políticas a los totalitarios y separatistas vencidos en la guerra civil.

 El franquismo no tuvo oposición democrática, sino comunista o terrorista. Por lo tanto una democracia que no se autodestruyera como la II República  no podía venir de la oposición, sino del propio franquismo, como así fue y así lo decidió un referéndum que los demagogos quieren olvidar.  Y hoy, después de otros cuarenta años de antifranquismo profesado por todos los partidos y especialmente por una derecha extremadamente envilecida, vemos cómo el separatismo impone al país un golpe de estado permanente, la Constitución no se cumple y se imponen leyes tiránicas que dividen a la población, la corrupción  –también sexual– campa entre la casta política, se homenajea a asesinos… Este y no otro, es el fruto de la brutal demagogia antifranquista.

   La democracia solo puede salvarse si se hace franquista en este sentido preciso: el de continuidad de lo mejor que hizo aquel régimen: garantía de la unidad nacional, garantía de la independencia del país, política cultural en relación con Hispanoamérica y respeto tanto al franquismo y al pasado español en general, como a la cultura cristiana.

   Son muchos, miles, los que se dan cuenta más o menos de estas cosas, pero prefieren quejarse a hacer algo. Y hacer algo, hoy, significa ante todo ganar a una opinión pública engañada a veces fanatizada por una demagogia que ya va durando demasiado. Y la defensa y divulgación de la verdad histórica es fundamental en esta empresa.

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En una Constitución defectuosa se encuentran muchos de los males que hoy sufrimos. Quizá los errores eran inevitables ante una experiencia nueva, pero desde entonces no se han corregido, sino agravado. Y es precisa una reforma a fondo, que los partidos del tercer frente popular intentan imponer como el práctico desguazamiento de España combinado con su disolución en la UE  https://www.youtube.com/watch?v=fpKmfDO683w

 

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Decadencia europea (III) ¿Callejón sin salida?

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P. De todas maneras podría argüirse que la decadencia de Europa no deja de ser “dulce”: económicamente jamás ha disfrutado de un nivel de riqueza semejante.

–Es cierto. El mayor de su historia y del mundo después de Usa. De acuerdo con la visión “económica” de la historia, propia del marxismo y de parte del liberalismo, y según la cual el mundo de las ideas, la religión y la política no hacen más que reflejar secundariamente la realidad económica,  no habría habido tal decadencia, sino un  esplendor sin precedentes,  que continúa hoy. Ello no impide que después de la SGM Europa haya perdido sus imperios coloniales, sufriendo dolorosas derrotas de pueblos considerados atrasados. Y que política y militarmente la parte occidental haya caído bajo la tutela de Usa y la centro-oriental bajo dominio soviético, hoy superado. Y que en pensamiento,  en ciencia y en arte  haya perdido la iniciativa anterior…  Pero quizá todas esas cosas tengan poca importancia frente al bienestar material o que, como sugería Fukuyama, no quede ya mucho que pensar. La ciencia y la técnica se desarrollan por sí mismas, el arte divierte y distrae a la gente de manera masiva…  La gente vive materialmente mejor que nunca, y lo demás es secundario, depende de ello. Yo creo, sin embargo, que las ideas del mundo y de la condición humana son lo esencial. Por poner un ejemplo, Japón llegó a superar algunos años la renta per cápita de Usa, y sin embargo su potencia e influencia culturales en cualquier terreno son insignificantes comparadas con las de Usa.

P. Pero Europa ha seguido produciendo ciencia, arte y pensamiento, y sigue siendo muy influyente en todos esos aspectos, aunque ya no domine el mundo y viva bajo tutela useña.

–Creo que ahí está el problema. En la guerra de las tres ideologías, una resultó aplastada y en la confrontación entre las otras dos, se hundió, al menos materialmente, la marxista. Digo materialmente porque el marxismo sigue influyendo mucho en el campo intelectual, incluso en esa concepción de la economía. Por otra parte el pensamiento liberal llega a cierto tope al hacer depender la moral y el valor de las ideas de su aceptación social, aceptación que se consigue mediante la publicidad y la manipulación, ya que las ideas parten necesariamente de minorías ínfimas que tienen a obrar como oligarquías. Así la ONU ha ido convirtiéndose en un gigantesco aparato de dominación ideológica, por ejemplo. Y luego está la antinomia de una razón con pretensiones universalistas, que por una parte  nunca consigue su objetivo y por otra niega la libertad por su propia coherencia…, y el existencialismo que termina negando la razón en función de una libertad tan ilimitada como falta de sentido. Da la impresión de que el pensamiento europeo ha llegado a un agotamiento y no cesa de dar vueltas a la noria de un pozo seco. Y de hecho, la realidad política y social está degenerando hacia formas novedosas y extremas de totalitarismo.

P. Usted no puede negar que si hay unos países donde más se practican la libertades democráticas son precisamente los de la Unión europea.

–Veámoslo de otro modo: en el 68 suele datarse una revolución tildada de revuelta de unos jóvenes privilegiados que nunca habían vivido tan bien,  contra sus padres que se habían deslomado por rehacer la economía destrozada en la guerra mundial y por dar a sus hijos un mayor nivel de consumo. Y esto en parte es verdad. Pero había de fondo una profunda insatisfacción con una sociedad precisamente economicista, cuyos objetivos se cifraban en un consumo material sin fin. Con todo, la alternativa no ha resultado buena. La revuelta se hizo bajo una mezcla ideológica de freudismo, marxismo y existencialismo, que ha ido abocando a nuevas formas totalitarias… en nombre de la libertad. Hay fotos de Sartre y su amiga Simone en la China de Mao, o con Fidel Castro, o apoyando a los más marxistas del 68. Suena a paradoja, pero no lo es: lo hacían libremente, sin la menor coacción. Lo hacían existencialistamente. Y hoy vivimos en una sociedad más vigilada que nunca, controlada por unas oligarquías cada vez más opacas, que imponen tiranías como la LGTBI e intentan controlar hasta los sentimientos… Y lo hacen en nombre de la libertad y de los derechos humanos. Creo que estos fenómenos resumen bastante bien el laberinto o callejón sin salida a que está llegando el pensamiento y la realidad europeas. En el fondo está el conflicto-tensión entre razón y fe, vuelto antagonismo desde la Ilustración o en sentido contrario con Lutero.

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Este sábado, en Una hora con la Historia trataremos la segunda parte de la Constitución de 1978. En la del sábado pasado, el ignorado y no muy ejemplar ni democrático proceso como se elaboró la Constitución: https://www.youtube.com/watch?v=eVcokWrLTz8

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C. H. (XV) El hombre fuera de sí / Decadencia europea (II)

El hecho de que el hombre se pregunte por su propia condición implica dos cosas: que no la conoce;  y que es capaz de situarse psíquicamente fuera de sí para hacerse la pregunta como si la hiciera a otro, e indagar sobre ella. Ambas cosas, la ignorancia de su propia condición y la salida  fuera de sí para tratar de conocerla resultan realmente sorprendentes una vez expresadas. Un animal, que sepamos, es incapaz de preguntarse sobre sí mismo. Y este es precisamente el primer rasgo de la condición humana, la capacidad para salirse de sí y plantearse no solamente qué es el mundo sino también qué es él mismo.  Estas preguntas se presentan más como un sentimiento que como una elaboración intelectual. Son preguntas previas a la razón, la cual solo entra en funcionamiento a consecuencia de ellas. El sentimiento de la propia ignorancia obliga al hombre a salir de sí y empuja las demás capacidades humanas

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En Una hora con la Historia: el ignorado y no muy ejemplar ni democrático proceso como se elaboró la Constitución: https://www.youtube.com/watch?v=eVcokWrLTz8

la reconquista y españa-pio moa-9788491643050europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449la transicion de cristal: franquismo y democracia-pio moa-9788492654451

P. No obstante, también cabría sostener que la decadencia de Europa supone su mayor triunfo, por cuanto las ideas morales, políticas, económicas, etc. elaboradas allí a lo largo de siglos se han expandido por el mundo entero.

 –Se puede mirar así, pero es engañoso. Es la impresión de que la historia ha llegado a su culminación, impresión que ya tenían los romanos con su ciudad eterna,  sus leyes y su elaborada civilización, a la que tanto debemos. La división de Cellarius en edades antigua, media y moderna responde a esa misma idea, y cada dos por tres oímos hablar de la “modernidad”  en el mismo sentido. Al ser humano le acucia conocer el sentido de su historia, pero este siempre se le escapa.  Mi ensayo sobre Europa comienza de este modo: La historia se nos presenta algo así como un inmenso puente de comienzo y fundamento inciertos, que va construyéndose con las vidas de una miríada de personas y avanza en el vacío en dirección imposible de conocer. Es una analogía como podría hacerse otra, pero me parece evidente, no precisa demostración. Lo cual no implica que la inquietud por conocer ese sentido sea inútil. Aunque no lleguemos al objetivo, el esfuerzo nos permite ir aprendiendo otras muchas cosas,  tal como marchar hacia el horizonte nos permite descubrir nuevos paisajes, aunque el horizonte nunca lo alcancemos. Y si prescindimos de la marcha hacia el horizonte nos estancaremos en un paisaje determinado, ciertamente muy estrecho. Vivimos en el tiempo, y el tiempo no se somete a nuestra razón. El pasado lo conocemos muy parcialmente, el presente nos atosiga con mil exigencias que nos vienen impuestas, y el futuro  se mantiene oculto.

P. Según usted, no sería posible invertir la actual decadencia mediante una vuelta al cristianismo

–Yo no he dicho eso. Solo he dicho que por ahora no le veo la traza. Aparte de que el cristianismo no ha desaparecido, solo ha perdido gran parte de su influencia.  A mí lo que me asombra es la potencia de una doctrina que, analizada, está llena de contradicciones y de exigencias imposibles. Imposibles, al menos, para la gran masa de los humanos. De ella, del cristianismo, ha surgido toda la civilización europea, incluso las creencias que lo atacan. Y creo que el secreto de esa potencia creativa radica en la tensión entre fe y razón, que ha seguido dando lugar a mil cuestiones y tendencias, incluido el marxismo, el existencialismo, cualquiera de la ideologías que han querido abolir la fe y paradójicamente han construido fes nuevas y, por lo que se ve, no muy satisfactorias.

 P. ¿Podría decirse que usted rechaza las interpretaciones más comunes de la historia, básicamente económicas, hoy predominantes?

–Bueno, el libro no es de filosofía, es de historia, pero una historia que dé a la religión y a las ideas un papel secundario, casi de adorno de la economía y la técnica, no es historia real. En el libro voy examinando también, en líneas generales, claro, las evoluciones económicas, de estructura social, políticas o militares. Pero ¿cuál o cuáles de esas condiciones determinan el movimiento general de la historia? ¿Son las ideas, en primer lugar las religiosas y filosóficas, o es la economía o la “voluntad de poder” político-militar?  Creo que son las ideas. Todas las culturas dan la máxima importancia a la religión, a un tiempo como generadora cultural y estabilizadora social. La religión es la fe. Vea el hundimiento de la URSS y el aparente triunfo absoluto de la democracia liberal representada por Usa. La democracia liberal se ha convertido a su vez en una verdadera fe, que ha movido pensamiento político, intereses económicos y acciones militares. Las invasiones y agresiones a diversos países islámicos,  las provocaciones a Rusia, la rivalidad creciente con China, la promoción de las inmigraciones masivas, del aborto masivo, etc., nacen directamente  de esa fe mesiánica, que choca con otras fes. Teóricamente, la aplastante superioridad económica, técnica y  militar  de Usa y sus aliados de la UE debería haberse impuesto rápidamente sobre países materialmente muy inferiores. Sin embargo Usa y la UE van dándose cuenta de que se están metiendo en avisperos muy peligrosos,  de los que están saliendo bastante malparados. No voy a desarrollar ahora el asunto, pero creo que en la historia las ideas –la fe en primer lugar es una idea– son el elemento principal. 

 

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La decadencia de Europa (I)

Me dice un amigo: “¿Por qué no aprovechas la proximidad de las fiestas de Navidad y Reyes para promocionar tus libros como regalos?” Lo hago, pero casi nadie se da por enterado. Ya he dicho lo que pasaba con el de Europa, cuyos ejemplares van a ser pronto destruidos.

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P. En su libro sobre Europa, ud define cada época o edad con un nombre: Formación, Supervivencia, Afianzamiento, Expansión, Apogeo y Decadencia, que vienen a equivaler a Antigua,  Media (alta y baja), Moderna y Contemporánea.  

–La clasificación usada tradicionalmente, desde finales del XVII, es manejable pero ridícula. Todas las edades son antiguas, medias, modernas y contemporáneas en relación con las anteriores y las posteriores. La idea era que con la Edad Moderna el hombre alcanzaba la cúspide de la historia. Luego tuvo que venir la Contemporánea, una denominación especialmente estúpida, como si después ya no hubiera historia. Además se utiliza esa clasificación para la historia en general, no solo la de Europa, y así se nos dice que en tal país asiático o africano “viven en la edad media” y cosas por el estilo. Mi propuesta es más racional y significativa, tiene más sentido. La nomenclatura, de todas formas no es lo más importante, solo una parte menor de otros  reenfoques que propongo.

P.  Su propuesta parece marcar un gran ciclo hasta una  decadencia, que según usted, comienza en la II Guerra Mundial. ¿A qué sería debida la decadencia?

–En el siglo XX se producen dos grandes choques en Europa, la I y la II guerras mundiales, y ya después de la primera se hablaba mucho de decadencia, y no solo Spengler. La primera se produjo entre grandes potencias imperiales de corte liberal o democratizante, con alguna excepción, y marcó una crisis profunda del liberalismo, que generó por una parte la revolución soviética y por otra los fascismos. La segunda contienda ya fue “la de las tres ideologías”, demoliberal, marxista y  nacionalsocialista o más ampliamente fascista. Esa guerra marca una decadencia evidente, basta comparar el peso cultural, político y militar de Europa (propiamente de unos pocos países europeos) en el mundo, con su peso actual. Europa ha perdido su iniciativa y potencia cultural retenida durante ocho siglos.. La decadencia es palmaria, no precisa demostración, la iniciativa en todos los terrenos ha pasado a Usa y por un tiempo, secundariamente, a la URSS. No  sabemos si  se producirá en Europa un movimiento regenerador. La civilización europea ha evolucionado a través de movimientos culturales que se sucedían cuando se agotaba el anterior. Pero por ahora, no se ve traza de esa regeneración… en un mundo enormemente distinto del anterior a esa guerra, donde se ha esfumado todo posible retorno de la hegemonía política y militar de Europa (es decir, de algunas potencias europeas).

P. Ud ha descrito aquella guerra como “de las tres ideologías” nacidas, aunque no simultáneamente, de la Ilustración. ¿Podría encontrarse ahí, en ese choque, la causa de la decadencia? 

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En España hay dos conceptos usados por políticos y periodistas como palabras mágicas, “democracia” y “Europa”, basadas en cuatro tópicos y sin el menor pensamiento bajo ellos. Este libro aspira a romper esa inercia.

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–Podría, pero no es tan simple. ¿A qué se debe la decadencia? No a la guerra en sí, pues ha habido otras relativamente tan devastadoras y sin ese resultado. Se debe a sus características ideológicas. Viene a significar el agotamiento de las ideas alumbradas por la Ilustración, es decir, de las ideologías. De las tres ideologías, una, la nazi fue derrotada de forma aplastante, y en esa derrota se ha visto también su fracaso como concepción del mundo, como opción cultural. Quedaron la ideología demoliberal y la marxista, y después de un período de guerra fría, la marxista se hundió por sí sola, de modo que la demoliberal pareció imponerse ya decisivamente, como la culminación de la modernidad y de la historia. Es decir, la historia, a través de mil luchas y encontronazos, había llegado a su apogeo, después del cual solo habría contiendas menores en una marcha general a la universalización pacífica del sistema. Esto coincidía bastante con la visión un tanto mesiánica de Usa. Sin embargo todo se ha complicando mucho desde el fin de la URSS. Creo que revisitar intelectualmente la II Guerra Mundial podría ayudar a entender el proceso posterior. Es lo que propongo en el libro

P. Esa decadencia, en su libro ¿podría entenderse como resultado final de la  Ilustración, debido a la sustitución del cristianismo por el culto a la razón? ¿Sería la solución una vuelta al cristianismo?

–No creo posible  esa vuelta. La civilización europea se formó  por una serie de movimientos en los que las órdenes religiosas tuvieron un papel decisivo hasta el siglo XVI. Así el movimiento benedictino nacido en Italia en la edad de Supervivencia, el Románico y el Gótico impulsados desde Borgoña y más ampliamente Francia, con protagonismo  creciente de franciscanos y dominicos, etc. Los monjes tuvieron un papel decisivo en la conformación de la cultura europea,  esto es algo en lo que se debería profundizar. Y siguieron teniendo un papel, aunque decreciente, hasta hoy.  El cristianismo ha evolucionado en medio de una fuerte tensión entre razón y fe, “entre Atenas y Jerusalén”, como creo que no se ha dado en otras religiones. Esa tensión, creciente a lo largo de la llamada edad media, abocaría al Renacimiento, que en parte fue continuidad y en parte ruptura con la época anterior.  En el Renacimiento, la razón se impuso considerablemente sobre la fe,  dando lugar a la reacción protestante de la fe contra la razón, y también a la defensa del catolicismo, en la que España tuvo un papel decisivo. Pero la crisis más profunda del cristianismo se produce con la Ilustración del siglo XVIII, que podemos interpretar como una rebelión de la razón contra la fe.

p. ¿Por qué no cree posible una vuelta al cristianismo como salida a la decadencia, si esta proviene de las ideologías surgidas del culto a la razón?

–En primer lugar, porque la Iglesia y más ampliamente el cristianismo, sufre una considerable decadencia desde el siglo XVIII y desde entonces no ha sido capaz de regenerarse al modo de otras épocas. Al contrario, se ha visto desbordado por las ideologías, a las que ha acompañado una eclosión de la ciencia, el pensamiento, la técnica y un arte “laico” sin precedentes en ninguna época o civilización anterior. Y con un aumento de la libertad personal, la información, la alfabetización, etc. Claro está que esas ventajas han venido acompañadas de grandes daños, choques bélicos, despotismos, genocidios y abusos de todo tipo; pero en conjunto parece mayor el beneficio que el perjuicio. Y en segundo lugar porque la Iglesia no ha encontrado hasta ahora el discurso, el argumentario capaz de orientar un renacimiento cultural.  No digo que no pueda, digo que no ha sido así en estos dos o tres siglos. En el siglo XX vimos cierto impulso en Europa cuando la Iglesia fundó sindicatos y partidos o movimientos católicos de cierta importancia, pero finalmente resultaron un fracaso. Más que orientar, la Iglesia se ha venido orientando por las ideologías, cosa que es bien visible después del Vaticano II, parcialmente corregido por Juan Pablo II y Ratzinger, para profundizarse más con el papa actual. Y las reacciones no presentan nada nuevo, pretenden una vuelta atrás, por una parte, y no son productivas o significativas culturalmente. De momento al menos, es así. Ni en el ámbito cristiano ni en el laico se perciben movimientos renovadores capaces de invertir la decadencia mencionada.

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En Una hora con la Historia: el ignorado y no muy ejemplar ni democrático proceso como se elaboró la Constitución: https://www.youtube.com/watch?v=eVcokWrLTz8

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