El Siglo de oro (I)

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))P.  En Nueva historia de España usted dedica el mayor espacio al Siglo de oro, mientras que es común dedicarle más a los siglos XIX y XX.

–Es el siglo, en realidad siglo y medio, más importante de la historia de España y también uno de los más importantes de la historia europea y mundial. En cuanto a la historia europea, baste señalar que España fue su principal defensora frente al expansionismo otomano y a su vez la gran exportadora de la cultura europea y del cristianismo  fuera de Europa, a América y al Pacífico: observe estos puntos en los que casi nadie repara. Y por lo que respecta al mundo,  España exploró y descubrió enormes extensiones (y esto también es ciencia); es más, descubrió literalmente el mundo como conjunto y puso en comunicación todos los continentes por primera vez en la historia humana. Fíjese en que nadie ha reparado, que yo sepa, en estas evidencias, que por sí solas ya sitúan al siglo de oro español en una posición extraordinaria, realmente única en la historia, que queda empobrecida por interpretaciones algo romas.

P. Dicho así, casi parece una obviedad. ¿A qué atribuye esa especie de ceguera?

–En España se han hecho muchas cosas y se ha razonado poco sobre ellas. Por otra parte, ha habido en el resto de Europa una animadversión hacia España, materializada en la Leyenda negra. España tuvo que enfrentarse casi simultáneamente no solo a los turcos y a la piratería berberisca, sino también, nacionalmente, a Francia, Inglaterra y al agresivo expansionismo protestante. Y los protestantes fueron grandes maestros de la propaganda. No sé si algún país ha tenido tantos enemigos a la vez,  y tan poderosos. Considere usted que solo Francia estaba mucho más poblada que España y era por naturaleza  mucho más rica en un tiempo en que la riqueza dependía de la agricultura. Y los turcos eran la gran superpotencia de la época. Es cierto que España contó con la ayuda del Sacro Imperio y con las remesas de América. Pero esas remesas eran  mucho menos importantes de lo que se dice, y el Imperio era una estructura ineficiente y minada por el protestantismo.

P. Tal como lo presenta, parece un milagro que España se sostuviese tanto tiempo.

–Se sostuvo y además venciendo en general a sus enemigos y finalmente marcándoles sus límites. Pero el milagro parece más bien que España no fuese un ruinoso país de tercer orden, según lo  “explican” casi todas las historias, incluidas las patrióticas: todo habrían sido políticas y derroches innecesarios en Flandes,  bancarrotas, incultura, falsa unidad nacional, represión de las ideas, pérdida de los únicos  elementos productivos, es decir los judíos y moriscos, y así sucesivamente. Como observa Julián Marías, si tales cosas fueran lo esencial, España no habría pasado de potencia insignificante. En fin, el  ”milagro” dependió en gran medida de una excepcional capacidad organizativa, de la que también se habla muy poco, y es fundamental. Piénsese en lo que significaba mantener en buen orden un imperio transoceánico con los medios de entonces, y frente a la piratería y las asechanzas de ingleses, holandeses y franceses, o el continuo aguijón de los berberiscos.  O piense en los tercios, uno de los cuerpos militares mejor estructurados y más eficientes de la historia. Sin contar la  excelente organización institucional del país desde los Reyes Católicos, avanzada para su época. El estereotipo habla de los españoles como desordenados, pero por entonces eran el país mejor organizado de Europa, y esto permitía utilizar mejor sus energías.

P. El tópico habla de España como la defensora de un catolicismo retrógrado, y de ahí la aversión producida en la Europa ilustrada.

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–España fue la gran defensora del catolicismo, que entonces no era retrógrado, sino muy vivo, y que frenó al protestantismo no solo en lo militar y político, también intelectualmente. Es cierto que con posterioridad al gran logro de Trento el catolicismo español se anquilosó un tanto, pero eso ya forma parte de la decadencia.  Asimismo de aquí salió la orden de los jesuitas con su gran influencia cultural en el mundo. Hay cuatro órdenes religiosas de enorme importancia en la cultura europea: benedictina, dominica, franciscana y jesuita. Dos son de origen italiano y las otras dos de origen español. ¿Por qué casi nunca se habla de estas cosas?

P. No obstante, España quedó pronto atrasada en cuanto a la ciencia y el pensamiento

–Eso es cierto. Ciencia siempre ha habido en las sociedades, como actitud ante el mundo, y lo mismo técnica,  pero el pensamiento científico  aparece en Grecia y reaparece en el siglo XVII, cuando comienza la decadencia española. Esta decadencia es un hecho que requeriría una explicación. Y es más amplia, es cultural. La cultura española anterior, la del Siglo de oro, en arte, literatura y pensamiento, es importantísima. Produce desde la picaresca a la poesía mística, libros excepcionales como el Quijote o la Celestina, una de las grandes pinturas del mundo, arquitectura, urbanismo, el derecho internacional, la Escuela de Salamanca… España extendió las universidades por América y Filipinas… En fin. Podríamos seguir largamente. En Nueva historia de España le dedico unas 250 páginas, incluyendo temas conflictivos como la Inquisición, la expulsión de los judíos y similares. Importa mucho destruir de una vez la leyenda negra, porque es falsa en su mayor parte y  ejerce un efecto depresor sobre los ánimos. Reivindicar el Siglo de oro puede servir para regenerar el país, siempre que no consista en una absurda exaltación retórica o, como pasa con el franquismo, un período muy notable, pero que muchos imaginan recuperable y cosas parecidas. Una cosa es reivindicarlo como una gran época, que puede estimular nuevos esfuerzos, y otra pretender repetirlo a partir de algunas ideas simples o falsas, en condiciones históricas muy diferentes.  

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La Reconquista es un fenómeno  sin equivalente en ningún otro país. No solo es la historia de la lucha contra la invasión musulmana, sino también contra las fortísimas tensiones disgregadoras que ocurrieron en su curso,  lucha que llevó a recomponer, en lo esencial, la nación fundada por Leovigildo y Recaredo, sin cuyo precedente la península habría quedado dividida en cuatro o cinco estados  hostiles entre sí.

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P. Ud ha escrito que en todas las autobiografías y memorias está presente la justificación a menudo mentirosa. Su libro “Adiós a un tiempo” ¿Qué carga de ello tendría?

–La pregunta estaría mejor para De un tiempo y de un país, porque Adiós a un tiempo es mucho menos comprometido. Son relatos diversos, no directamente políticos, un tanto costumbristas, en los que se exponen desde un punto de vista personal ambientes y experiencias de otros tiempos no tan lejanos. Por otra parte, cuando hablamos de biografías y justificaciones, el caso es que el autor siempre cuenta mucho más de lo que imagina, por mucho que intente ocultar o desvirtuar la realidad vivida. Ese “más” lo percibe el lector atento y que conoce el percal, sobre todo en las memorias políticas. Claro, los recuerdos y pequeños relatos de Adiós a un tiempo  se refieren a una época que otros han vivido de muy distinta manera. Quizá yo de manera más movida y menos “normal” que la mayoría,  cosa que me alegra, porque leo o veo cine relacionado con aquel entonces y, sin negar que describen la realidad, lo hacen casi siempre de manera muy parcial y doméstica. A mí me aburre.  Por otra parte, cuando uno ya no es joven, tiende a rememorar su pasado, que a mí me resulta curiosamente extraño.  Un extraño para mí mismo  creo que era el título de algún libro de la guerra mundial. Sería  un título adecuado tanto para Adiós a un tiempo como para el otro.  

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Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

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El gran pecado de la democracia

En España hay dos conceptos usados por políticos y periodistas como palabras mágicas, “democracia” y “Europa”, basadas en cuatro tópicos y sin el menor pensamiento bajo ellos. Este libro aspira a romper esa inercia.

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El hecho de que casi nadie quiera ver la importancia de la tumba de Franco revela por sí solo una sociedad política en descomposición, que puede arrastrar a la misma España. Se parece a otros hechos concomitantes como la complicidad con los separatismos y con la ETA, la indiferencia hacia la invasión por Gibraltar, la colonización cultural por el inglés, disolución progresiva de la soberanía española en la UE y la OTAN, la propia corrupción de políticos y partidos o la utilización del sexo como chantaje, que se miran como parte del folclore sin que apenas reste votos a los partidos; o, peor aún, la desvirtuación de las leyes, de la Constitución, y la imposición de normas liberticidas como las de memoria histórica o las de género. Estos hechos, sostenidos año tras año ante nuestros ojos, apenas han suscitado reacción, ni siquiera denuncia. Y revelan la ausencia de un pensamiento y cultura democrática, junto con una deliberada ignorancia de la historia.

El pueblo, por inmensa mayoría, decidió que la democracia debía hacerse a partir del franquismo y contra una vuelta a algo parecido a la república o el Frente Popular. Es decir, aceptando que el régimen anterior estaba agotado, decidió una democracia franquista,  reconociendo los inmensos logros anteriores. Pero los políticos decidieron que debía hacerse contra el franquismo. Unos frontalmente, los separatistas e izquierdistas;  y otros, los de derecha y democristianos a partir de Suárez,  indirectamente, procurando “olvidar el pasado”, como si este fuera vergonzoso o como si ellos mismos no provinieran de él.  Con ello inauguraban la conversión de la democracia en una política de la farsa permanente, empezando por la falsificación de sus propias biografías. El antifranquismo llevaba implícita la denigración y socavamiento de España, de su unidad e independencia,  de la idea de una comunidad cultural hispánica,  la anulación de la enorme obra realizada por Franco sobre la derrota de un Frente Popular cuya composición ya indicaba claramente su carácter y objetivos.

La cuestión se presenta así: el respeto a Franco y su legado debe ser constitutivo esencial de la democracia. Si se consiente el ultraje a sus restos ya no habrá freno a los desmanes que pueda cometer la tradicional “estupidez y canallería” de los frentes populares, estando como estamos ante el tercero de ellos.  Parece estar habiendo una reacción. Pero para que sea efectiva, para que dé lugar a una regeneración, a la vuelta a la democracia franquista votada en el referéndum de 1976, será preciso que algún partido lo tome como bandera. Es cierto que la falsificación de la historia durante cuarenta años ha surtido sus efectos nefastos, pero también lo es que sus corruptos autores están cada vez más al descubierto y que los argumentos son bien claros y potentes, si se explican adecuadamente a una población en gran parte y de momento embrutecida por unos políticos canallescos. Ese argumentario lo he expuesto en Los mitos del franquismo, para quien quiera servirse de él.

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En una Constitución defectuosa se encuentra la raíz de muchos de los males que hoy sufrimos. Quizá los errores eran inevitables ante una experiencia nueva, pero desde entonces no se han corregido, sino agravado. Y es precisa una reforma a fondo, que los partidos del tercer frente popular intentan imponer como el práctico desguazamiento de España combinado con su disolución en la UE  https://www.youtube.com/watch?v=fpKmfDO683w

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La Reconquista es un fenómeno único en la historia, sin equivalente en otros países. No solo es la historia de la lucha contra la invasión musulmana, sino también contra las fortísimas tensiones disgregadoras que ocurrieron en su curso,  lucha que llevó a recomponer, en lo esencial, la nación fundada por Leovigildo y Recaredo, sin cuyo precedente la península habría quedado dividida en cuatro o cinco estados  hostiles entre sí.

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San Pablo y Marx

Los documentos más antiguos del cristianismo son las cartas de San Pablo. En ellas aparece un Jesús muy distinto –no necesariamente contradictorio– del de los evangelios: no hace milagros ni habla en parábolas ni nace de una virgen, es más abstracto. Lo significativo de él, para Pablo, es su pasión y resurrección al tercer día. La pasión lavaba los pecados de los hombres, y la resurrección probaba el triunfo de la misión divina. Quien creyera eso se salvaría y quien no, se condenaría. La idea de un mesías que es Dios al mismo tiempo y que resucita al tercer día es completamente ajena a la tradición hebrea, por mucho que Pablo citase algunos pasajes bíblicos (siempre hay pasajes a mano, en un sentido u otro).  Y es también ajeno, incluso más, al pensamiento griego. Además declaraba abolida la ley de Moisés, la circuncisión, etc., y el fin de los judíos como pueblo elegido. No es de extrañar que chocase también con los apóstoles directos que, al contrario que Pablo, habían conocido a Jesús – en especial con Santiago, “el hermano del Señor” y Juan, “el discípulo amado”–, pues de hecho aquellos cristianos seguían girando en torno al Templo y para los romanos, no desacertadamente, eran una de las muchas sectas judías existentes.

   El mensaje de San Pablo se dirigía de preferencia a los pobres e ignorantes (también el del Jesús de los evangelios), consciente de que los ilustrados y los ricos era más probable que lo rechazasen. Y lo hacía en la previsión de que el Reino de Dios estaba muy próximo, lo vería la generación de entonces.

 Hay similitudes llamativas con el mensaje de Marx. También él era lo que podríamos llamar un judío renegado que,  como Pablo, según recordaba Lutero, allí por donde iba provocaba tumultos.  Y proponía un “reino” salvífico sui generis a “los pobres e ignorantes”,  al proletariado, cuya emancipación también traería  consigo la emancipación de toda la humanidad.  También él tachaba de ignorantes a los ilustrados y ricos, pues no solo desconocían la Verdad de la historia sino que se negaban a conocerla, cegados por sus intereses de clase. La clase obrera desempeñaría un papel similar al de Jesús: al rebelarse contra las leyes del mundo (capitalista) sufriría opresión y persecuciones, pero finalmente, en un plazo no muy largo, quizá en la misma generación de Marx o poco después, triunfaría, porque las condiciones históricas maduraban rápidamente. Aunque muchos murieran  en el empeño.  No proponía una resurrección, pero la implicación de que la muerte de tantos proletarios revolucionarios no sería en vano, se asemejaba un poco a la idea.

   Naturalmente sería muy exagerado equiparar a Pablo y a Carlos, pero estos paralelismos son muy curiosos y seguramente pesaron, consciente o inconscientemente, en algunas derivas del Vaticano II

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C. H. (XVI)¿Quién no es mejor que su propia biografía?

La Reconquista es un fenómeno  sin equivalente en ningún otro país. No solo es la historia de la lucha contra la invasión musulmana, sino también contra las fortísimas tensiones disgregadoras que ocurrieron en su curso. Lucha que llevó a recomponer, en lo esencial, la nación fundada por Leovigildo y Recaredo, sin cuyo precedente la península habría quedado dividida en cuatro o cinco estados  hostiles entre sí.

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Hay frases geniales como dardos al corazón de la condición humana, así esta, “¿Quién no es mejor que su propia biografía?”, cuyo autor lamento no recordar. Hay siempre un desfase entre cómo uno se ha comportado y cómo le gustaría haberlo hecho, entre lo que uno quisiera ser y lo que es en realidad, con el problema añadido de que la realidad está siendo absorbida continuamente por el tiempo y  solo deja en la memoria un rastro pálido. Otro problema es que un mismo hecho puede y suele ser visto de manera distinta y aun opuesta por los distintos protagonistas o testigos. Eso se percibe en todas las autobiografías y memorias, en las que están presentes tanto la justificación a menudo mentirosa, como el hecho de que el autor siempre cuenta, involuntariamente, más de lo que quisiera para el lector atento. Pude comprobarlo al escribir Los personajes de la república vistos por ellos mismos, al cruzar las memorias de unos y de otros, una método de investigación  historiográfica muy productivo, no seguido por nadie, que yo sepa.  La objetividad es, por tanto, un ejercicio muy difícil y nunca logrado del todo, aunque hay grados.

Pero, en general, lo que expresa la frase es por una parte un sentimiento: “¿Quién no se siente mejor…” y simultáneamente la necesidad de justificarse o de jactarse ante los demás. Las dos cosas son inevitables, porque todos sentimos o mejor, presentimos, que dependemos del juicio ajeno. Hecho evidentísimo cuando somos llevados a juicio por la ley, pero presente en todas las relaciones sociales, en las que, por lo común, procuramos presentarnos “mejor que nuestra biografía”, aunque, por la misma razón más o menos exhibicionista, a veces hacemos alarde de nuestras miserias. Y nos parecen injustos los juicios  condenatorios o despreciativos de los demás.

La frase  separa nuestro yo de nuestra biografía, que a menudo ocultamos o desfiguramos, deliberadamente o  por insuficiencia de atención (nadie conoce a fondo su propia biografía). Y  expone el yo al juicio externo, sea del público o de las personas cercanas.  Nos sometemos, pues, constantemente y de modo apenas consciente, al juicio, es decir, a la opinión moral de otros, que decidiría el bien y el mal con respecto a nosotros mismos. Podríamos decir que en eso radica la moral, en una serie de convenciones sociales a las que difícilmente podemos escapar y a las que la mayoría se conforma, aunque para ello deba mentir sobre su biografía.

Sin embargo cabe la reacción contraria: ¿quién es nadie para juzgarme? Si yo soy miserable, ¿acaso los demás no lo son igualmente? ¿Acaso no mienten en sus pretensiones de moralidad?  ¿Por qué habría de someterme a sus convenciones, sean las de muchos o las de pocos? Solo podría someterme por temor a la fuerza y contra mi libertad, esto es, por cobardía. Esta reflexión señala el problema de la moral: aunque se exprese convencionalmente, su origen ha de ser exterior a la sociedad e impuesto a ella, “las leyes eternas de los dioses”. De otro modo nunca habría motivo suficiente para sujetarse a sus normas. Es decir, para sujetarse en principio, porque en la biografía de cada cual esas normas son vulneradas de muchas formas que luego se intentan justificar.

 En la entrevista sobre mis recuerdos sueltos Adiós a un tiempo, Luis del Pino me supuso satisfecho de mi vida. Le dije que más bien desconcertado. Pero realmente tengo motivos para estar satisfecho, pues muy bien habría podido ser mucho más breve de lo que viene siendo,  y he tenido suerte en bastantes cosas. De lo que no estoy satisfecho es más bien de mí mismo, pues la memoria me recuerda mil fallos y me dice que podría haber estado más a la altura en muchas ocasiones. Así, también podría decirse: “¿quién no es peor que su propia biografía?”. Pero esta pregunta tiene menos valor que la primera, porque sin duda hay mucha gente realmente víctima de la mala suerte, aparte de la que busca en ello una excusa.  

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Una hora con la historia es una empresa cultural que, como todas, no puede mantenerse sin colaboración. O colaboración involuntaria impuesta a todos mediante subvenciones oficiales, o colaboración consciente y voluntaria  de sus oyentes. Se trata de desafiar la historia que intenta imponerse totalitariamente, y que es la base de las políticas que tratan de llevar a España a la extinción. Hoy, el programa se encuentra en situación difícil,  por lo que invitamos a nuestros oyentes y amigos a ampliar dicha colaboración hasta garantizar una base económica que permita la continuidad y acaso nuevas iniciativas.

La cuenta para colaborar es

Tiempo de ideas siglo XXI”, BBVA  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

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*Creo que VOX haría muy mal entrando en el juego de cambalaches entre partidos. Si representa la esperanza de algo es la de terminar con ese corrupto juego político entre tiranos de izquierda, señoritos sinvergüenzas del PP y separatistas. El sistema creado en la transición consiste en eso, se encuentra actualmente en estado avanzado de putrefacción y  es necesario derrumbarlo, no apuntalarlo en cualquier forma.

*He aquí un efecto del pésimo sistema de enseñanza: en España se inventa poco, y aun ese poco suele bautizarse en inglés.

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Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

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Europa (IV) Nuevos enfoques

Como siempre, invito a mis lectores a difundir y debatir los contenidos del blog, si creen que merecen la pena.

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En una Constitución defectuosa se encuentra la raíz de muchos de los males que hoy sufrimos. Quizá los errores eran inevitables ante una experiencia nueva, pero desde entonces no se han corregido, sino agravado. Y es precisa una reforma a fondo, que los partidos del tercer frente popular intentan imponer como el práctico desguazamiento de España combinado con su disolución en la UE  https://www.youtube.com/watch?v=fpKmfDO683w

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P. Ud atribuye el poco éxito de su libro sobre Europa a la paradoja de que todo el mundo es europeísta, pero sabe muy poco de Europa y además no tiene interés en saber. Pero también podría deberse a un enfoque no científico, pues generalmente se entiende por tal un enfoque basado  basado en la economía.

–Si fuera así, habría habido un debate. No, simplemente no hay interés. El intelectual medio español, tomando lo de intelectual en sentido muy amplio, es muy cosmopaleto, quiero decir muy provinciano con pretensiones cosmopolitas. Eso se lleva cultivando mucho tiempo y no va a erradicarse en mucho tiempo. Diría que El País viene a ser el gran órgano de ese cosmopaletismo.

 P. Pero se interpreta que usted niega importancia a la economía.

–No la niego, solo que no la sitúo en el centro de la actividad humana. La economía exige también ideas, no es algo por así decir automático, como en el animal. Ya he explicado cuál es el nudo de mi argumento: la historia de Europa es la historia del desarrollo de la tensión propia del cristianismo entre razón y fe. Se suele decir que entre Jerusalén y Atenas, pero yo creo que la importancia de Jerusalén es relativamente escasa. San Pablo estuvo poco en Jerusalén, fue allí muy mal recibido, casi lo linchan, y no por nada, sino porque, en definitiva su doctrina es en puntos esenciales contraria a la de la Biblia. La economía no proviene directamente de las ideas religiosas, pera estas le influyen, como influyen sobre la política, el arte o la ciencia.

P. Usted hace comenzar la historia de Europa en la II Guerra Púnica. Esto también es una novedad que no suele ser aceptada.

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–La historia europea comienza propiamente entonces, lo mismo que la de España. Antes había una dispersión de pueblos sin ningún rasgo cultural específico que los uniera como “europeos”. Es absurdo comenzar la historia de España en Atapuerca, como si entonces existiera algo parecido a España. Europa como conjunto cultural, es una creación de Roma, tanto del imperio como del cristianismo, y España es una creación particular de ambos.  Si no se ve así, no se escribe de historia, sino de otra cosa.  Las épocas anteriores exigen estudios de otro tipo, no propiamente historiográficos, si exceptuamos Grecia, pero esta es una cultura euroasiática, muy limitada política y geográficamente, que la Europa posterior, empezando por Roma, se apropió.

P. Hay en su libro tros puntos de vista poco aceptables para la historiografía corriente.

–No sé si aceptables o no, me parecen evidentes una vez se examinan. Por ejemplo, el papel de las órdenes religiosas, en especial de los benedictinos, para salvar la civilización en medio de la barbarie, o la temprana división del continente en “tres Europas”, la de las naciones en el arco occidental, la de los imperios centrales y la de los imperios orientales. El arco de las naciones, de España a Escandinavia es el responsable de la expansión mundial de la civilización europea, especialmente por parte de España e Inglaterra. También creo que es bastante nueva la división  que propongo en edades, que va más allá de la mera nomenclatura, el enfoque del papel de España en el despliegue europeo,  la concepción de las ideologías, de las dos guerras mundiales del siglo XX, la propia concepción de la decadencia europea como ligada a unas ideologías prometeicas… Opino que cualquiera que observe la historia con los ojos abiertos tiene que llegar a las mismas o parejas conclusiones…

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La Reconquista es un fenómeno  sin equivalente en ningún otro país. No solo es la historia de la lucha contra la invasión musulmana, sino también contra las fortísimas tensiones disgregadoras que ocurrieron en su curso,  lucha que llevó a recomponer, en lo esencial, la nación fundada por Leovigildo y Recaredo, sin cuyo precedente la península habría quedado dividida en cuatro o cinco estados  hostiles entre sí.

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 Una hora con la historia es una empresa cultural que, como todas, no puede mantenerse sin colaboración. O colaboración involuntaria impuesta a todos mediante subvenciones oficiales, o colaboración consciente y voluntaria  de sus oyentes. Se trata de desafiar la historia que intenta imponerse totalitariamente, y que es la base de las políticas que tratan de llevar a España a la extinción. Hoy, el programa se encuentra en situación difícil,  por lo que invitamos a nuestros oyentes y amigos a ampliar dicha colaboración hasta garantizar una base económica que permita la continuidad y acaso nuevas iniciativas.

La cuenta para colaborar es

Tiempo de ideas siglo XXI”, BBVA  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

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