En Una hora con la Historia, el sábado pasado tratamos de la culminación de la Reconquista como victoria sobre el islam, reintegración de Navarra, victoria también sobre las tendencias dispersivas o “balcanizantes” y comienzo del Siglo de oro. https://www.youtube.com/watch?v=VAWMIAjKE78. Sugiero por lo demás que el libro así como el de Europa, puede ser un buen regalo por estas fiestas.
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Posiblemente nadie haya descrito más concisamente la condición humana que Omar Jayam en uno de sus cuartetos: Vine al mundo sin mi consentimiento/ Desde entonces la vida no ha dejado de asombrarme/ me iré sin desearlo y sin saber/ la causa de mi llegada, mi estancia y mi partida. La incertidumbre ahí expresada es radical e insuperable. Solo queda una cosa cierta, la muerte, pero aun de ella ignoramos el cuándo y el cómo. Esta incertidumbre subyace a toda la vida y es angustiosa. La reacción más frecuente consiste en alejarla de la mente, aunque incluso en las personas más triviales o más serenas, la angustia vuelve a la superficie ocasionalmente. Para Jayam, hombre escéptico, era permanente: “Solo Alá sabe esas cosas, pero no nos las comunica. Sus designios son impenetrables”. Afortunadamente queda el consuelo del vino y las mujeres, que diría Manolo Escobar.
Pero, a pesar de esa ignorancia, vivimos –unos mejor que otros , algunos de forma muy desdichada– y podemos desenvolvernos en los problemas cotidianos con cierta seguridad — siempre muy relativa–. Pero incluso en este campo, en el que buscamos la certeza, encontramos esto:
–Estamos hablando aquí, nos vemos, sabemos que existimos y nos creemos necesarios. Pero piensa en esto: si nuestros padres no se hubieran conocido en el momento en que se conocieron, o se hubieran emparejado con otros, nosotros no existiríamos, no habría posibilidad de que estuviéramos aquí discutiendo o desbarrando, y en nuestro lugar habría otras personas, quién sabe quiénes. ¿Cuál es nuestra necesidad para el mundo?
–Muy bien. Pero de todas las cosas que en principio pudieron haber sucedido, solo ha sucedido una en cada caso. ¿Por qué? No lo sabemos, pero esa ha sucedido. Y para que haya sucedido tienen que haberse descartado muchos otros sucesos que habrían sido perfectamente posibles… pero que no han sido.
–¿Adónde queréis llegar con todo eso? Vais a volverme loco hasta a mí.
–No. Él viene a decir que nuestra existencia y hasta lo que pensamos, es fruto de la pura casualidad sin el menor sentido. Y yo quiero decirle que el sentido está implícito en el hecho de que existamos.
–¿Y cuál es ese sentido, en definitiva? ¿Por qué no lo explicitas?
En el rubai de Jayam entran varios elementos: el yo, la vida y la muerte, y cada uno de ellos exige un desarrollo.
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El PP es la peor desgracia ocurrida al país desde la Transición. Su papel ha sido siempre la de auxiliar ideológico y político de los separatistas y la izquierda. “Hay alguien más despreciable que el verdugo: el ayudante del verdugo”.

Las fuerzas que forman los frentes populares son muy diversas y a menudo opuestas, pero una y otra vez vienen siendo capaces de unirse, ya desde la huelga revolucionaria de 1917, contra el que consideran el enemigo común. Y ese enemigo común siempre fue España. Unos aspiran directamente a disgregarla o balcanizarla en nuevas naciones en construcción; otros tratan de disolverla en un imaginario ente superior “europeo” que intentan también ir construyendo; los hay que se declaran patriotas pero desdeñan el enorme cúmulo de cultura generado durante siglos y sustituirlo por unas ideas y recetas que por lo común no pasan de tópicos y simplezas que llaman “progresistas”.
El origen de esas fuerzas se encuentra en el “Desastre del 98″:La marcha del conflicto y la pronta rendición despertaron siempre sospechas de traición del gobierno. Este había encomendado la defensa de Cuba a un almirante que no ocultó su derrotismo desde el primer momento, lamentando la tarea impuesta; y en tierra a un general poco prestigioso; y cundieron rumores de arreglos masónicos en la fácil derrota: eran masones tanto MaKinley como el gobernante español Sagasta, y también los jefes rebeldes en Cuba y Filipinas. Por otra parte Cánovas fue asesinado por un anarquista con relaciones masónicas (al propio MacKinley le asesinaría tres años después otro anarquista, cabe suponer que sin tales implicaciones).
Como resultado de “la espléndida guerrita”, Usa estableció un protectorado sobre Cuba y se adueñó de Puerto Rico, Filipinas y la estratégica isla de Guam. El caso de Filipinas fue el más dramático: los insurgentes creían que los useños iban a ayudarles, pero en lugar de ello invadieron el país en una guerra extremadamente brutal y hasta genocida, que pudo costar hasta un millón de vidas a los filipinos.
Los efectos morales para España fueron demoledores. Los militares se sentían chivos expiatorios de los manejos e incoherencias de los políticos, el descrédito del gobierno se amplió arbitrariamente a la propia nación, y al calor de ese descrédito cobraron impulso los separatismos, el regeneracionismo, el socialismo y el anarquismo. En relación más o menos lejana con el conflicto surgió la “generación del 98” (Baroja, Azorín, Unamuno, Maeztu, Valle-Inclán, hermanos Machado y otros), de tendencias bastante diversas: literariamente muy valiosa, políticamente mucho menos, y marcada por cierto pesimismo hacia el país.
Creo que no se ha analizado el fondo del fenómeno. En Usa se entendió aquel triunfo tan poco costoso como prueba de superioridad de la dinámica raza anglosajona sobre la decadente latina, y esa explicación fue asumida en la propia España, creando una atmósfera de autodesconfianza y desánimo, y una revisión hipercrítica de la historia del país, interiorizando la Leyenda negra a base de retórica sarcástica sin el menor análisis real. A su vez, los separatistas se disociaron más de los “inferiores” hispanos en una bufa solidaridad “racial” con los vencedores. Sabino Arana felicitó públicamente al gobierno de McKinley el grupo de Prat pintó a España como un barco en pleno naufragio del que era preciso alejarse lo antes posible, para no ser arrastrados. El efecto peor de la derrota consistió precisamente en una oleada de hispanofobia abierta, junto con un extendido escepticismo sobre las potencialidades del país, que con altibajos se manifiesta hasta hoy mismo, como hemos ido viendo. Y que están en la raíz de las convulsiones y trastornos españoles del siglo XX.
El autodescrédito se hizo general. El jefe del Partido Conservador, Francisco Silvela diagnosticó una España “sin pulso”, muerta, y lo mismo creyeron o quisieron creer los separatistas y demás. Muchos esperaron una reacción como la revolución de la Commune en Francia, generada por la derrota del país frente a Prusia y reprimida muy sangrientamente, pero no ocurrió nada parecido. Y pronto quedó claro que España sobrevivía, superaba bastante bien la prueba y continuaba su marcha histórica por encima de infortunios y malos agüeros. En pocos años se recuperó el poder naval, la industrialización continuó, si bien lastrada por un excesivo proteccionismo; también progresó la urbanización del país; el analfabetismo disminuyó, la enseñanza superior mejoró, con más atención a la ciencia y la técnica. Todo ello a un ritmo lento, pero sostenido, junto con el mayor florecimiento cultural desde la invasión napoleónica.
No obstante, las ideas y movimientos hispanófobos, acompañados de terrorismo e intentonas revolucionarias, aumentaron hasta llevar al régimen liberal y al propio país a un punto crítico un cuarto de siglo más tarde, ocasionando la dictadura de Primo de Rivera y luego la república y la guerra civil. Situación repetida en la actualidad.




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