Espíritu del franquismo /Hacia un estado fallido/Charlatanes: Beevor (XXIII -2): Error como principio

En esta entrada sobre Beevor expongo algunos de sus prejuicios sobre “el país fanático de la Inquisición y los autos de fe” y resumo una larga serie de errores grotescos del autor, tan admirado en su momento por su trivial historia de la guerra de España.

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Recuperar el espíritu del franquismo

El franquismo derrotó a sovietizantes y disgregadores partiendo de una inferioridad material casi desesperada.  Consiguió abstenerse en la guerra mundial, lo que hizo que el país saliera de ella sin el enorme peso de la deuda  moral y política del resto de Europa occidental con los ejércitos useño y soviético. Gracias al franquismo, el país se reconstruyó con sus propias fuerzas, sin deber nada a las finanzas useñas. Se permitió luego desafiar la hostilidad y amenaza  del resto de Europa, conjuntadas la parte tutelada por Usa y la dominada por la URSS. Y derrotó un aislamiento criminal impuesto por unos y otros.  Construyó una sociedad estable, reconciliada y próspera, con gran libertad personal aunque la política estuviera restringida –nunca anulada–, y  con la mejor salud social de Europa. No es exagerado afirmar que rescató al país de dos siglos de decadencia y guerracivilismo y creó un ambiente social de autoconfianza ante cualquier reto.

Observemos ahora las dinámicas seguidas después del referéndum del 76:  constantes prédicas para convencer a los españoles de que deben despreciar su propia historia y cultura, empezando por lo construido en el franquismo; un doble impulso a los separatismos y a la entrega de la soberanía a entidades exteriores; un ejército embebido en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en lengua ajena; promoción de la discordia y  supuestos agravios entre regiones; mitificación de una república y un Frente Popular que llevaron al país a la guerra civil;  mitificación de personajes golpistas como Azaña, u otros que intentaban sovietizar a España, o desarticularla en estaditos impotentes,  manipulables para  potencias extranjeras; imposición de leyes que atentan contra las libertades más elementales… 

   Por muchas razones que hemos expuesto, y por la decisión democrática de diciembre de 1976, que reconocía la legitimidad histórica de aquel régimen, el franquismo no puede volver. Sin embargo, lo que sí puede y debe volver es el espíritu que permitió aquellos inmensos logros al país. Hoy España, como el resto del mundo, se enfrenta  a problemas en parte inéditos, y del espíritu con que se afronten dependerá todo. Al efecto un paso esencial es recuperar la historia contra su falsificación por un nuevo frente popular de totalitarios y separatistas.  Por mi parte lo vengo haciendo desde hace muchos años, pero es preciso que la labor se sistematice y encuentre colaboraciones mucho más amplias.

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Crónica. Hacia un estado fallido

**Los golfos jefes del ejército de tierra felicitan en inglés a los “comrades” useños. Quieren demostrar lo “fiables”, es decir, serviles, que son a otro ejército, que es cualquier cosa menos fiable para nosotros.

**Si fuera mujer, me sentiría gravemente insultada por las tiorras y tiorrillas del gobierno que pretenden representar a la mujer.

**Ustedes, tías del gobierno y feministas en general, son mujeres y no pueden evitarlo por mucho que se quieran sentirse otra cosa. También son particularmente necias. Esto quizá puedan remediarlo, pero no será fácil.

**¡¡Atención!!: el gobierno prepara una ley para movilizar y despojar a todo el país en  el momento en que se considere en crisis. Un paso que quieren decisivo hacia el golpismo bolivariano-separatista

**El fenómeno Ayuso ha distorsionado la política. El PP debería haberse hundido en Madrid y VOX haber salido como el partido más votado. Ahora se abre la posibilidad de que Ayuso rompa con su putrefacto partido o que sea absorbida por él.

**Mi programa con Luis del Pino lo bauticé “involución permanente”. Porque desde Zapatero, la democracia en España no ha cesado de retroceder. Hoy es una democracia fallida en un estado que está ya cerca también de  ser fallido. El elemento principal en esta deriva ha sido el PP, como auxiliar de ella y anulador de cualquier resistencia.

**Muchos analistas y formadores de opinión lloriquean por la deriva del país. Pero no se les ve dispuestos a mover un dedo para  frenarla.

**¿Hace falta defender en Madrid el español?, preguntan algunos.  Sí, contra la colonización por el inglés. De otro modo la oficina de Toni Cantó se convierte en un chiste. Es de esperar que no siga la política de Esperanza Aguirre,  miembro de la Orden del Imperio Británico, el de Gibraltar.

**Dice el nene Egea que solo el PP puede vencer a Sánchez. Como Rajoy a Zapatero: para seguir la misma política. El PP ha sido el gran auxiliar del PSOE y los separatistas.

**Leo: “Los delincuentes no pueden estar en la política”. Casi no hay más que delincuentes en la política.

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**En el Frente Popular solo  hubo un partido realmente inteligente, aunque la inteligencia le viniera de Moscú: el Partido Comunista. Todo lo demás, como decía Marañón, era solo “estupidez y canallería”.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

 Galería de charlatanes (XXIII- 2) Beevor, el error como principio.

El enfoque de la historia según los “intereses de clase” conduce inevitablemente a tomar partido, no por la verdad sino por esos imaginarios intereses. Pues ¿quién no se pondría del lado de los trabajadores oprimidos frente a los explotadores y reaccionarios? Esa falacia, ya lo vimos, lleva a despreciar la libertad y a achacar a los obreros interés en el totalitarismo, convirtiendo la historiografía en propaganda.

En ese sentido, el señor Beevor no defrauda: pese a su promesa de evitar juicios morales, no para de hacerlos contra los reaccionarios y la Iglesia, a quienes caricaturiza con los colores más negros, mientras justifica las peores tropelías de unas izquierdas en su mayoría totalitarias, pero “populares” a su poco crítico juicio. España misma es descrita como país fanáticamente religioso, patria de la Inquisición y de los autos de fe. No está mal. Por ese camino cabría definir a Inglaterra como patria de la Gran Hambruna irlandesa y otras grandes hambrunas, de la  piratería y el tráfico negrero, que tanto pesaron en la formación y prosperidad del país. 

El autor inglés parece ignorar que, con toda su represión, la Inquisición causó unas 2.000 muertes en tres siglos, cifra que la policía política de cualquier dictadura progresista de los siglos XX y XXI alcanza fácilmente en meses o semanas. O que libró a España de la caza de brujas, que en el resto de Europa occidental llevó a la hoguera a más de cien mil personas. Un “detalle” en que habría podido reparar  Beevor, pero que se le ha escapado.

Un aspecto de esta historiografía es su escaso respeto por los datos, tan a menudo engorrosos para la tesis preestablecida. Ya señalé en el artículo anterior la ligereza del libro con las cifras, y podríamos seguir muy largamente. Empieza por atribuir al ejército español en Marruecos 40.000 soldados (eran poco más de la mitad) y al protectorado mismo 50.000 kilómetros cuadrados (eran 27.000), o habla de un  45% de analfabetismo al llegar la República (26%, según fuentes más fiables), o repite los tópicos izquierdistas sobre la enseñanza, sin molestarse en señalar la evolución de los presupuestos al respecto durante la República, etcétera. Ofrece datos sorprendentes, como que la mitad de los soldados carecía de uniforme y muchos no sabían lo que era un fusil. El ejército estaba mal, debido a la reforma de Azaña, que había podado la excesiva floración de mandos pero en lo demás había sido desastrosa; aun así, el desbarajuste no llegaba a tanto, ni remotamente. Por decir algo, el número de fusiles cuadruplicaba el de soldados. En la página 75 estima en 100.000 los soldados españoles, y cuarenta páginas más adelante los eleva a 140.000. O habla de una “Rebelión de los generales”, cuando la mayor parte de ellos quedaron en el lado izquierdista.

Su distribución de las fuerzas entre los dos bandos, en julio de 1936, es muy poco profesional comparada con la de los hermanos Salas Larrazábal. Menciona muy grosso modo la abrumadora superioridad naval y aérea de las izquierdas, que estuvo cerca de asegurarles la victoria, y olvida la industria de guerra, también casi toda en manos del Frente Popular, así como grandes extensiones cerealistas de La Mancha y Aragón. Cita, pero no valora adecuadamente, los recursos financieros, en principio decisivos y también poseídos por las izquierdas. Podría haber citado también el significativo dato de que los milicianos cobraban 10 pesetas diarias, veinte veces más que un soldado enemigo y más del doble que los profesionales de la Legión, pese a lo cual la moral de los nacionales siempre fue superior.

Aún choca más su afirmación de que la enorme ventaja militar, estratégica y económica de las izquierdas quedó sobradamente compensada por la abundante ayuda externa que los sublevados recibieron enseguida: primero, los efectivos de las tribus del Rif; acto seguido, todo el apoyo militar naval y aéreo, logístico y técnico, que le prestaron Hitler y Mussolini; luego el respaldo de las grandes empresas norteamericanas y británicas (…) en tanto que el Portugal de Salazar ofrecía protección para el flanco izquierdo de su ejército y el Vaticano la bendición apostólica.  Sólo un militar muy obcecado por ”intereses de clase” describiría así la situación. Desde el principio los dos bandos buscaron ayuda externa, y el de Franco se mostró más hábil (y mucho menos corrupto), pese a no poder ofrecer oro a cambio, sino tan sólo la esperanza un tanto remota de vencer. Y era en verdad remota, porque su enemigo, además de dicha superioridad, tenía las simpatías de las izquierdas europeas y del Gobierno francés, y aumentó pronto sus cuantiosas reservas financieras con el sistemático desvalijamiento de bienes particulares, del tesoro artístico español y hasta de las alhajas de los pobres depositadas en los montes de piedad (estos detalles no interesan a Beevor; lástima).

En cuanto al puente aéreo sobre el estrecho de Gibraltar, el señor Beevor asegura que no debe exagerarse su importancia. Increíble. Pues fue nada menos que el factor que cambió la fatídica situación de los sublevados, permitiéndoles asentar y extender sus inseguros núcleos en Andalucía, unir las dos zonas de la rebelión y llevar municiones a las desesperadas tropas de Mola. Además, atribuye el puente aéreo, siguiendo el tópico, a los aviones italianos y alemanes. Pero la idea fue de Franco o de su círculo inmediato, y cuando los aviones italianos y alemanes entraron  plenamente en juego había cumplido sus principales objetivos estratégicos con aviones fundamentalmente españoles. El de Beevor sólo puede ser un nuevo análisis “de clase”.

De los bombardeos sobre Madrid sabemos, por cifras de la izquierda, que causaron 312 muertos a lo largo de tres semanas y en una ciudad de un millón de habitantes, pero el lector desprecavido de este libro pensaría en muchos miles, sobre todo niños. Y la batalla de Madrid, de haberla ganado Franco, habría terminado la guerra en cinco meses, pero al quedar en tablas se prolongó dos años y medio más. La causa fue la masiva intervención del demócrata Stalin, que provocó la llegada de tropas italianas y de la Legión Cóndor, así como la formación de ejércitos regulares de hasta un millón de hombres. No aparece aquí el historiador muy amante de la paz.

Cuando llega a Guernica admite que las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300, en lugar de los 1.650 de la propaganda. Algo es algo, aunque ello no le impide afirmar, sin prueba alguna, que el objetivo del ataque fue verificar los efectos del terror aéreo, en que tan expertos han sido los ingleses. Las investigaciones más recientes y detalladas, de Jesús Salas, prueban que los muertos fueron, como máximo, 126. Por supuesto, ni menciona las consecuencias militares del bombardeo, es decir, la traición del PNV a sus aliados, que llevaría a la catástrofe de las izquierdas en Santander. Como no da la menor información relevante sobre el “Pacto de Santoña”, que culminó la traición del PNV: simplemente repite la vieja y desacreditada propaganda peneuvista. Y así sucesivamente, capítulo tras capítulo. Por el señor Beevor no pasa el tiempo, y todo lo que no coincide con sus prejuicios simplemente lo ignora.

Pero donde nuestro clasista autor se ceba es al tratar el terror o el “Gulag” de Franco. Dice muy serio: En los diez últimos años se ha llevado a cabo en España un admirable trabajo de investigación histórica para tratar de establecer el número, la identidad y la condición de las víctimas de la guerra civil (…) En total se tiene constancia de más de 80.000 víctimas, cifra que él eleva a 200.000 pensando en las que presumiblemente –según él– faltan. Obviamente, Beevor no ha leído la crítica rigurosa de Martín Rubio a esos trabajos “admirables”, en su mayoría panfletos partidistas donde entran personas caídas en combate, víctimas del terror entre las propias izquierdas u otras supuestas a partir de rumores. Nuestro autor considera una fuente fiable –y no puede extrañar– a personajes como Espinosa, un comunistoide fanático que ha exigido públicamente la censura inquisitorial contra mis libros. Así ya se puede historiar.

Y a tan admirables panfletos hace Beevor su pequeña contribución. Considera el terror de izquierdas como popular y espontáneo, justificándolo ya de partida y omitiendo el papel determinante de una obsesiva propaganda de odio mantenida año tras año, así como la bien demostrada organización del asesinato masivo desde el Gobierno y los partidos de izquierda. En cambio, atribuye los crímenes a una furia exacerbada que parecía rebosar de un pozo centenario de humillaciones y atropellos, de la desesperación de gentes maceradas en el silencio temeroso y en el odio íntimo que, de pronto, ven desaparecer los viejos tabúes… Con esta literatura desvergonzada nuestro buen historiador continúa, precisamente, aquella propaganda de tan bestiales consecuencias. No extrañará que justifique la mayor matanza de la guerra, la de Paracuellos, como una limpieza de retaguardia, destinada a impedir que los presos ‘fascistas’ fuesen liberados por las tropas de Franco. ¡Quién mandaría a los de Franco pensar en liberar a los presos “fascistas”! Presos con su parte de culpa, claro, por aquel “pozo centenario de humillaciones y atropellos” y demás horrores.

Para conocer la honradez profesional del autor nada mejor que su respuesta a una pregunta en La razón sobre el revisionismo: Es bueno que se mantenga un debate sobre la guerra civil y cómo se formó aquel conflicto. Pero me parece que estos revisionistas hacen un flaco favor porque usan las fuentes de la vieja propaganda franquista (…) No se puede condescender con ciertas polémicas y con fuentes que no tienen crédito Es decir: el debate está bien, siempre que no se dé. Y de paso no puede privarse de una última falsedad hablando de “la vieja propaganda franquista”.  Por lo que respecta a mí, principal bestia negra para estos señores, apenas uso las fuentes franquistas, y sí, muy fundamentalmente, las de la izquierda. Son el señor Beevor y esos admirables investigadores quienes emplean como fuente la vieja propaganda del Frente Popular, cuyo mustio crédito intentan reverdecer. Sospecho que en vano.

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El invierno de 1942 traía a España nuevos amagos de descomposición en el régimen, amenazas anglosajonas y  masónicas a las Canarias e incluso a las Baleares, y actividad comunista. 191 – 1942, panorama invernal en España | Galería de charlatanes – YouTube

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Ante una situación crítica /Cómo prosperó el separatismo / Charlatanes, XXIII: Beevor (1)

La historiografía inglesa sobre la historia de España ha hecho algunos aportes de interés (el olvidado Richard Robinson y su Orígenes de la España de Franco, por ejemplo),  dentro de unos enfoques mayoritariamente disparatados, intencionales o no. El problema ha sido el servilismo y  la ausencia de espíritu crítico en la mayoría de los historiadores españoles, de izquierda y de derecha. En Galería de charlatanes estoy dando algunas muestras. Hoy y mañana, con Beevor.

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Ante una situación crítica 

1. Las mafias del Doctor y  separatistas tienen un proyecto: destruir la herencia del franquismo, destruir la Constitución y la monarquía, acabar con la democracia y la unidad nacional. Se trata de un golpismo permanente que  se va concretando más y más, y exige medidas mucho más allá de la mera denuncia. Esa chusma debe ir a la cárcel.

2. El proyecto viene de muy atrás,  desde la transición, traicionando enseguida el referéndum del 76. Se manifestó en concesiones a los separatismos y a la ETA; en una mitología “europeísta” cuyo contenido real era la denigración, abierta o encubierta, de España y su historia;  en una mitificación grotesca de la república y el Frente Popular; en un antifranquismo ferozmente falsario, visto como el modo indirecto más eficaz de ir consiguiendo los demás objetivos, hasta llegar a imponer leyes liberticidas.  Con Zapatero, el plan se hizo mucho más visible, y sus medidas más audaces, y prosiguió con Rajoy . Ahora,  el Doctor y los separatistas  le están dando los últimos toques. 

3. Incluido en el proyecto está la neutralización del poder judicial, del ejército, la policía y de cualquier institución posiblemente opositora, poniendo a su cabeza a sujetos afectos al gobierno del Doctor. Asimismo, negocian nuevas concesiones a los separatistas en materia judicial y de hacienda que les permitan ganar mayoría para destruir la unidad nacional en Cataluña con algún referéndum o cualquier otra medida golpista.   Todo ello bañado  en una perversión sistemática del lenguaje que presenta como democracia, libertad, concordia o patriotismo  unas medidas que atentan directamente contra esos valores. 

4. En estas derivas han participado los partidos PP y PSOE, que presentándose como partidos nacionales y constitucionales, han corrompido la democracia y socavado con la máxima eficacia la nación y la ley. En unos casos lo han hecho de modo deliberado, en otros por pura inercia nacida de la “falta de formación histórica e ideológica”. La sistemática falsificación de la historia ha desempeñado aquí un papel esencial en la creación de un ambiente propicio a la disgregación. 

5. Otro elemento que debe señalarse es la participación de los sectores dominantes de la Iglesia en este proceso, impulsando los separatismos  e incluso el terrorismo, entre otras hazañas. Su degradación moral y vileza política quedó bien de relieve en su complicidad pasiva en la profanación de la tumba de Franco, el hombre que directamente  salvó a la iglesia del exterminio. 

6. Por supuesto, hay también otros intereses implicados: empresariales, mediáticos  e internacionales. Se está creando una situación de curiosas semejanzas con la invasión napoleónica: unas falsas élites u oligarquías españolas abiertamente contrarias a la propia nación, por motivos entre ideológicos y de interés personal (entre otras cosas, no ponían obstáculo a la pretensión napoleónica de extender Francia hasta el Ebro)

7. El efecto político más importante del discurso del rey en 2017 fue la irrupción de VOX. Este partido debe entender que es hoy la única alternativa antes de un derrumbe del estado, de  imprevisibles consecuencias. Debe entender que el PP ha sido y sigue siendo el mayor obstáculo a cualquier medida contra el proyecto criminal hoy en marcha, y obrar en consecuencia. Sus presiones sobre el PP para que prepare una moción de censura están completamente fuera de lugar, crean una imagen de claudicación. Que el PP se adhiera, si quiere. La moción debe ser la primera de medidas más de fondo. La deriva actual debe frenarse sin otras consideraciones.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

190 – La epopeya del lago Ilmen | Momentos históricos – YouTube

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Cómo prosperó inicialmente el separatismo catalán

Un Una historia chocante y otros libros y artículos he expuesto cómo, contra ciertas tonterías de Ortega y otros, los separatismos vasco y catalán son históricamente muy recientes. Como explica Cambó — su verdadero impulsor práctico junto con Prat de la Riba–, a finales del siglo XIX el “nacionalismo” era cosa de cuatro intelectuales de aldea mirados por la gente como chiflados simpáticos. Y durante la guerra del 98, como explica también Cambó,  los separatistas se sentían como en país ajeno, dado el patriotismo español que cundía en Cataluña.

La situación empezó a cambiar con la derrota frente a Usa, debido a una sensación de descrédito del estado e incapacidad nacional. Pero ese malestar solo habría tenido efectos pasajeros si los “nacionalistas” no lo hubieran explotado para multiplicar sus propagandas con auténtica bellaquería: la rebeldía en Cuba debía mucho  al excesivo proteccionismo de Madrid a los productos catalanes, cuando los cubanos tenían al lado productos useños más baratos y de mejor calidad. Una acción muy importante del separatismo fue la difusión en masa del folleto Nacionalisme  como “libro de cabecera de todos los catalanes”: una selección de ideas de los disparatados libros de Prat de la Riba “para la educación catalana de nuestras generaciones”.

Una de las inmensas lagunas de la intelectualidad española, antes y ahora, ha sido su incapacidad para, no ya analizar, sino simplemente examinar esas ideologías, o el marxismo, que se convirtió en otra plaga. A unos les bastaba la beatería religiosa o seudorreligiosa, y a otros el “europeísmo”

Evidencias desatendidas: e) España es el único país del mundo cuyos gobiernos, sean del PP o del PSOE, han alentado, impulsado y financiado los separatismos. Sin el apoyo de dichos gobiernos, los separatismos no habrían llegado ni de lejos a lo que han llegado. f) A ese  apoyo a los separatismos se ha unido, por parte de esos gobiernos,  la marginación y desaliento a cualquier resistencia a ellos en Cataluña, Vascongadas o Galicia.  g) Los separatistas nunca han mentido, nunca ocultaron su designio de desmembrar España. Los gobiernos PP y PSOE han mentido sistemáticamente a los españoles disimulando la gravedad de tales designios y colaborando con ellos.  

Es ilustrativo que los separatismos vasco y catalán actuaran objetivamente en la guerra a favor de Franco. Muy involuntariamente, desde luego, pero  fueron un factor importante en la derrota del Frente Popular: 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Crónica. Olona patina

**Macarena Olona patina al llamar inútil al gobierno y pretender que el rey nunca defrauda. La inútil, en todo caso,  sería la oposición, que no ha logrado impedir ninguna fechoría del Doctor. Y el  monarca no ha demostrado gran cosa, más bien al contrario, desde su discurso de 2017. Ha demostrado, entre otras cosas, servilismo hacia los “inútiles” del gobierno en la profanación de los restos de quien trajo la monarquía y en los indultos golpistas. No se puede, y es peligroso, negar la evidencia. Otra  cosa es  desviar hacia el rey los ataques, pues harían el juego al Doctor,  que  es quien debe ser blanco de denuncias, protestas y desobediencia civil.

**Un lector extranjero me pregunta cómo es posible que los gobiernos de España actúen tan sistemáticamente contra los intereses, la unidad y la independencia de su propio país. Lo explicó muy bien Julián Marías del PSOE: tiene una idea negativa de la historia de España. Y el PP también. En lugar de tenerla de ellos mismos. Todos quieren a “Europa”, sea lo que sea lo que entienden por tal cosa.

**¿Quiere saber quién fue Franco y por qué llegó la guerra civil? Preste atención a sus enemigos: los personajes y partidos más corruptos, terroristas o proterroristas, sembradores de odios,  disgregadores de España y destructores de la Constitución. Sí, igual que los de entonces.

**Algunos amigos me preguntan por qué no vuelvo a twitter y facebook. Contesto: “¿Me echan de menos? ¿Y por qué no difundís vosotros mismos los contenidos del blog? Más España y más democracia está diseñado para la batalla cultural que tantos rehúyen” 

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Galería de charlatanes (XXIII)  Antony Beevor (1) historiador con “mucha clase”.

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Dos autores ingleses, Raymond Carr y Paul Preston, han condicionado en gran medida la historiografía española, de derecha y de izquierda. Y, por esa inanidad actual de la historiografía española, han sido aceptados acríticamente como grandes maestros, pese a sus enormes disparates de enfoque. Otro que ha suscitado una beata admiración es Antony Beevor, sobre cuya obra La guerra civil española, escribí  dos artículos en su momento (22-9-2005). Como se verá, Beevor no desmerece de Preston y Carr. 

 Del señor Beevor conocía su relato de la batalla de Stalingrado, que, a falta de análisis estratégicos e ideológicos de cierto calado, me pareció un reportaje notable, si bien no podría juzgarlo a fondo, al no ser yo especialista en el tema. En cuanto a su libro actual, explica: La verdad fue la primera víctima de la guerra civil española, un conflicto que (…) ha generado una controversia más intensa y más polémica que cualquier otro conflicto moderno, segunda guerra mundial incluida. El historiador que, desde luego, no puede ser totalmente desapasionado, no debe ir más allá de comprender los sentimientos de los dos bandos, demostrar hipótesis previas y ampliar fronteras de lo que ya sabemos sobre la guerra civil. Los juicios morales deben quedar a la conciencia del lector.

 Declaración notable porque no la cumple en lo más mínimo. Los dos bandos son descritos según tópicos muy envejecidos y aceptados con total credulidad; tampoco queda claro qué hipótesis previas demuestra, y su dependencia de fuentes secundarias, salvo en algunos temas, le impide ampliar ninguna frontera. Los errores de detalle también abundan. La verdad sigue siendo víctima, si bien más del historiador que de la guerra misma.

Los errores de detalle se cuelan inevitablemente en cualquier libro, pero son secundarios, salvo cuando menudean o falsean mucho los sucesos. Harto más decisivos son los errores de enfoque, pues un enfoque distorsionado desvirtúa todo el relato y multiplica los errores de detalle. El distorsionado enfoque de Beevor, como el de Preston y tantos otros, consiste en ese marxismo diluido y ecléctico extendido en muchos medios académicos, y que no mejora al marxismo original. Ignoro si Beevor se dice marxista, supongo que no, pero esa ideología ha tenido tal influjo que ha contaminado hasta la historiografía conservadora.

Así, al explicar la España de principios de siglo, nuestro autor sostiene: Tanto el partido liberal como el conservador representaban, con matices, los intereses de la nobleza, la Iglesia, los terratenientes, la propiedad campesina media y la burguesía administrativa, industrial y financiera, mientras que los minifundistas, pequeños propietarios agrícolas, arrendatarios y las clases medias de las ciudades podían poner sus esperanzas de mejora social en pequeños partidos republicanos y en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) (…) Los jornaleros del campo de Extremadura, Andalucía, La Mancha, y los proletarios industriales de las ciudades, sobre todo de Cataluña, se encuadraban mayoritariamente en la (…) CNT, el sindicato anarquista. Típico “análisis de clase” marxista que tanto hemos conocido y aplicado algunos. Que  Beevor lo reproduzca a estas alturas sin el menor atisbo crítico sólo indica cómo la historiografía puede anquilosarse y degenerar en series de historietas.

Y, ya metidos en harina, el señor Beevor debiera aclararnos también los intereses de las clases medias y obreras, encarnados, afirma él alegremente, en el PSOE y la CNT. ¿Consistirían esos intereses en la abolición de las libertades burguesas y la instauración de dictaduras totalitarias ejercidas por castas omnipotentes en nombre del proletariado (PSOE), o de la emancipación general humana (CNT)? Pues eso perseguían unos y otros. También podría el autor británico meditar sobre enigmas como éste: ¿cómo llegó a haber cuatro partidos “representantes” de los intereses obreros, y que terminaron asesinándose entre ellos? Tras el derrumbe del marxismo y otras ideologías mesiánicas, parece exigible someter a algún examen los dogmas “de clase”, pero el señor Beevor parece estar a sus anchas en ellos, como si nada hubiera pasado. Sobre tan arenosas concepciones construye su historia. No es buen comienzo.

Pero incluso en su terreno el autor revela un conocimiento precario de la realidad española cuando adjudica al PSOE los intereses de “los pequeños propietarios agrícolas” y “las clases medias urbanas”, y atribuye a la CNT la del proletariado urbano y agrario. El PSOE, partido marxista siempre muy radicalizado –excepto durante la dictadura de Primo de Rivera–,  se extendió entre los proletarios de Vascongadas, Asturias y Madrid, sobre todo. Mismo error en la atribución de 700.000 afiliados a la CNT en 1919, cifra propagandística como las de tiempos de la República (de un millón y un millón y medio, tanto para la UGT como para la CNT), manejadas por historiadores poco atentos. Si el señor Beevor se hubiera molestado en contrastarlas con la representación oficial de los congresos generales y otros datos, habría debido reducirlas a la mitad, y aún entonces mirarlas con desconfianza.  Ahora bien, la afiliación real o imaginaria de la CNT o la UGT tampoco significa, insisto, la representación de los “intereses obreros” (la dictadura totalitaria, en tal caso). Como tampoco los liberales y conservadores representaban a la oligarquía que supone el historiador: las libertades son un interés general, y no “de clase”. Obviamente la cuestión de las libertades y la democracia, absolutamente crucial, a mi juicio, para entender el siglo XX español, carece de relevancia o la tiene secundaria en el análisis del señor Beevor. De referirse a su país quizá habría sido más cuidadoso, pero también abunda en la intelectualidad inglesa esa actitud arrogante frente a historias foráneas.

Otro error de enfoque subordinado al anterior aparece en las estadísticas seleccionadas sobre pobreza, analfabetismo, etc., aceptadas también sin crítica y olvidando algo elemental: tales cifras carecen de significado si no se las compara con la situación anterior y con la de otros países europeos de la época, ricos y pobres. Esas comparaciones indican que España se hallaba en posición desventajosa con respecto a los países más ricos de Europa, pero no tan mala en el más amplio círculo de los menos ricos. También le habrían indicado que, bajo la liberal Restauración, España no estaba estancada. Tras las guerras napoleónicas el país había sufrido un retraso creciente con respecto a la dinámica Europa industrial, pero la Restauración permitía, por primera vez desde principios del siglo XIX, un progreso sostenido. 

Al exponer las estadísticas como lo hace, el autor sugiere que los “intereses” oligárquicos eran culpables de ellas, mientras que los partidos obreros o progresistas habrían logrado un crecimiento superior y la erradicación de diversas lacras sociales. Pero si se hubiera molestado en examinar las doctrinas de aquellos partidos “obreros” y demás, habría comprendido que sólo podían traer la convulsión social y tiranías de un tipo u otro. Como ocurrió exactamente. La Restauración no era una democracia plena, pero sus libertades, por su propia existencia, empujaban hacia ella. Y había en el mundo, incluida Europa, muy pocas democracias reconocibles como tales con la perspectiva actual. Por poner un caso, España adoptó el sufragio universal (masculino) bastante  antes que Inglaterra.

La democracia no llegó a completarse, arguye el señor Beevor siguiendo un tópico archisobado, porque la oligarquía no habría emprendido reformas a fondo, por temor a perder sus privilegios. ¿Seguro? Algo de ello hubo, claro, pero ¿acaso las propias libertades políticas traídas, según Beevor, por los privilegiados no constituían un ataque permanente a sus privilegios? ¿Y por qué no examina el despistado historiador la conducta de los partidos del progreso? Pues esos partidos no hacían de sus objetivos totalitarios una referencia vaga, sino que pugnaban por ellos hostigando sin tregua al régimen de libertades, mediante insurrecciones, terrorismo y separatismos.  Como tantos intelectuales menospreciadores de las libertades “burguesas”, el historiador inglés pasa por alto este factor decisivo, que convulsionó al sistema liberal hasta hundirlo. Se trataba de una oposición mesiánica, violenta y contraria a la libertad, de ningún modo partidos razonables y progresistas frustrados por el cerrilismo o por una inexistente tiranía de los liberales. Si al analizar las raíces de la guerra el historiador cae en tales distorsiones y omisiones, es fácil saber de antemano el resto de su relato.  En un próximo artículo examinaré algunas consecuencias del “análisis de clase” beevoriano, por lo demás tan común. 

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(Somatemps)Una novela ambientada en 1967, un año que no es por azar, pues en él muere el Che Guevara, se suicida Violeta Parra, está en su apogeo la guerra de Vietnam… y hay un ambiente especial en España.

Es el año en que entré en la escuela oficial de Periodismo, y recuerdo bien un ambiente estudiantil que fue cambiando pronto y hoy ya es muy distinto. Aparte del contenido de la novela misma, me ha parecido interesante recordarlo, porque se ha olvidado. Había mucha ilusión, también mucho engaño y una agitación minoritaria, aunque intensa, del que se titulaba Sindicato Democrático de Estudiantes, en realidad comunista. Recordar eso hoy tiene el mayor interés, porque muchas cosas se repiten o nacen de entonces. Sin embargo no es una novela política, aunque la política entre con fuerza en el ambiente, como es lógico, sobre todo por parte de un personaje, líder estudiantil comunista, que no es de los cuatro, pero sí hijo del protagonista de la novela anterior “Sonaron gritos y golpes a la puerta”, el cual había estado en la Quinta columna y en la División Azul. Se muestra ahí una quiebra generacional característica.

Cuatro perros verdes

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Modernidad: guerra fría, después histeria / XXII: García de Cortázar y Pero Grullo /Valoraciones

Me escriben lectores de la Galería de charlatanes, perplejos de que esos supuestos intelectuales prestigiosos puedan haber escrito embustes tan groseros. Contesto: “no viven en la mentira, sino de la mentira. Y por eso necesitan leyes soviéticas: para proteger su medio de vida”. 

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Crónica. Guerra fría y luego histeria

**Dice Cantó que “la lengua es un gran motor económico”. Cierto, pero es mucho más que eso, pues el inglés parece ser más “motor” todavía y está desplazando al español en la propia España. Y puestos a eso, también la prostitución es un motor económico. A ver si elaboramos un discurso menos pedestre.

**Evidencias iluminadoras e inadvertidas: c) Los gobiernos PP y PSOE impulsan el aborto masivo y la masiva entrada de inmigrantes. Se entiende, ¿verdad? Pero nunca se dice. d) Los gobiernos PP-PSOE han sido los máximos impulsores de los separatismos. Lo siguen siendo. ¿Por qué casi nadie insiste en ello?

**Un profesor sancionado por decir la evidencia de que solo existen dos sexos. Es la tiranía de los perturbados mentales. El profesor ha anunciado una querella contra las perturbadas que le han sancionado. Esto es lo primero que hay que hacer.

**Es normal que se respete como personas a los homosexuales, como a cualquiera, mientras no delincan. Lo que no es normal es que se los convierta en vacas sagradas y piedra de toque de la moral y la libertad. Pocas cosas hay menos libres que la homosexualidad. “¿Quién, si pudiera optar, la elegiría?”, confesaba uno de ellos.

**¿Cómo es posible que personajillos tan fundamental y agresivamente necios como los del gobierno y los separatistas hayan llegado a dominar al país entero? La gran pregunta.

**A mi juicio, la II Guerra Mundial marcó el fin de la modernidad. ¿Qué vino luego? Primero, la guerra fría, después las ideologías histéricas.

**Parece que se intenta castigar  la actividad “diplomática” separatista,  porque “han gastado demasiado dinero”. El dinero de todos los españoles que les han regalado los gobiernos  corruptos PP y PSOE.

**El sociata, miembro del partido más corrupto de la historia de España y alcalde de no sé dónde, dice que Toni Cantó “va a cobrar 75.000 euros por rascarse los huevos a dos manos”. Es lo que hacen todos los corruptos de los chiringuitos socialistas y  separatistas, aparte de alborotar y matonear. No pueden imaginar que alguien no siga su ejemplo.

**Dice el Doctor en estafas que el referéndum “es absurdo”, “es imposible”. Prueba evidente que lo está preparando con sus socios golpistas.

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Trevijano

“Usted  ha llamado botarate al señor García Trevijano, Me parece intolerable, él fue “uno de los intelectuales más importantes del siglo XX en teoría política y estética…” S.T.D)

 Se lo explico. Ese gran teórico montó la Junta Democrática con “demócratas” como Carrillo, algunos prochinos, socialistas diversos (no del PSOE), carlistas-trotskistas  y diversos donnadies de la política como él mismo. Con esto ya entendemos su “democracia”. Para colmo, fantaseaba que el régimen se derrumbaría prácticamente con un soplo, y acusó a Carrillo de traición por no seguirle la corriente, cuando Carrillo conocía muy bien la realidad, porque había luchado de verdad y no con pequeñas intrigas contra el franquismo. Por eso y por su creencia en teorías políticas mágicas, le llamo botarate. Políticos parecidos abundaron en la república y, por cierto, Azaña los tenía calados. Solo acertaba en que lo de ahora en España no es democracia.. 

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Galería de charlatanes. García de Cortázar, la sensiblería de Pero Grullo

García de Cortázar se convirtió por un tiempo en historiador de cabecera del PP. Uno de sus rasgos fue un antifranquismo tan fiero como impostado, cabe suponer que para congraciarse con la historiografía progre, tan falsaria como matonesca, y que ha concluido en leyes soviéticas contra las libertades democráticas. Es o ha sido jesuita, orden rescatada en España por Franco, cosa que al parecer no le perdona.

El historiador García de Cortázar cae de lleno en el enfoque falsamente sentimental de la guerra.  En su presentación (‘Historia de dos odios’) de la serie sobre la Guerra Civil que va publicando El Mundo, el señor García de Cortázar achaca al franquismo el “mito” de la inevitabilidad de la guerra, lo cual ya empuja a los biempensantes de izquierda a rechazarlo. No recuerdo que los franquistas consideraran la contienda inevitable en ese estilo algo metafísico;  y a Gil-Robles, autor del libro No fue posible la paz, pocos lo llamarían franquista. El planteamiento empuja a “verdades” así: para evitar la guerra, hubiera bastado con que un buen número de españoles no hubiese decidido resolver sus decepciones a cañonazos o revoluciones; hubiese bastado con que un buen número de españoles no hubiera considerado indigno convivir en la misma República y compartir el mismo país. Nadie podrá objetar al aserto, empezando por Pero Grullo. Pero en el mundo real no hubo entonces ese “buen número de españoles”, y quizá el historiador debiera preguntarse precisamente por qué.

    Y cuando, siguiendo esa vía,Cortázar concreta esas “verdades”, cae ya en la falsedad: Hubiera bastado que los conspiradores militares se hubiesen mantenido fieles al juramento de lealtad a la República. Pero si entendemos por república un sistema legal y democrático y no una invocación palabrera, el juramento carecía de valor desde las elecciones fraudulentas de febrero del 36, pues entonces aquella república dejó de existir. El régimen, muy gravemente dañado por el asalto izquierdista de octubre del 34, se derrumbó con rapidez desde dichas elecciones. Y fueron sus políticos de izquierda quienes traicionaron su juramento o promesa de guardar y hacer guardar la ley, rebelándose primero contra un Gobierno legítimo y creando o auspiciando después un violento proceso revolucionario. ¿Se puede escribir la historia olvidando o difuminando hechos tan cruciales?

     No choca menos leer: El socialista Largo Caballero y también Indalecio Prieto pensaron en 1934 que la destrucción de la democracia era irreparable si el fascista Gil Robles llegaba al poder. En absoluto. No tenían el menor interés en la democracia, y sí en una dictadura al estilo soviético. Además, los dos conocían muy bien lo que Besteiro dijo en voz alta: que no existía ningún peligro fascista. Los documentos, que he exhumado, lo prueban irrefutablemente. ¿Puede un historiador prescindir de ellos de esa forma?

    La sentimentalidad continúa: En octubre, la huelga general lanzada por los socialistas recorre Madrid y el País Vasco, asalta Barcelona (…) y en Asturias (…) estalla en insurrección popular. Los rebeldes se alzaban desde la miseria y desde el ingenuo convencimiento de una sociedad sin clases, soñando con sepultar aquella otra sociedad que ignoraba sus padecimientos. Esto es un rosario de falsedades. Los socialistas no lanzaron sólo una huelga, sino una insurrección armada, que fracasó (con muertos en 26 provincias) y triunfó por dos semanas en Asturias. Nada, tampoco, de “insurrección popular”, sino planificada por el PSOE como guerra civil. Y los mineros tenían un trabajo duro, pero eran también los obreros mejor pagados de España. Lejos de “ignorar sus padecimientos”, la sociedad mantenía con subvenciones unas minas muy poco rentables que les daban empleo. Verdadera miseria había en Extremadura o Andalucía, y allí casi nadie siguió los llamamientos a la guerra civil.

   Sigue Cortázar: Las represalias se extienden a toda España (…) Las derechas gritan que la República estaba traicionando a España, mientras la izquierda más radical identifica la insurrección de Asturias con la sublevación de Espartaco, la Comuna de París…. La realidad, hoy bien documentada, es que hubo muy pocas represalias y una amplia represión judicial, que fue la menos dura de las represiones a movimientos parecidos en el resto de Europa. Y las derechas –el grueso de ellas–, lejos de gritar lo que dice Cortázar, defendieron el orden constitucional y lo mantuvieron frente al asalto revolucionario y después. En cambio, la izquierda se glorió de su ataque a la democracia burguesa y lanzó una campaña mendaz sobre atrocidades represivas, que Cortázar acepta sin la menor crítica.

    Más retórica sensiblera: El sueño de Azaña –construir y regir una nación en la que la idea de comunidad civil superase la de la lucha de clases en el corazón de todos los españoles– no consiguió salir del gueto de una minoría ilustrada. Cabe dudar de que la mayoría de los españoles albergara la “lucha de clases” en su corazón: eran ciertos partidos quienes pugnaban por insuflar en ellos el odio “de clase”, en nombre de tal o cual mesianismo. La admiración de García de Cortázar por Azaña le impide ver lo que Azaña mismo explicó: que él estaba empeñado en un “programa de demoliciones”, especialmente contra la Iglesia, a costa de libertades como las de conciencia, asociación y expresión, y que pensaba hacer de “los gruesos batallones populares”, es decir, de los sindicatos extremistas, el instrumento de su plan. Así lo expuso en vísperas de la República, y sus actuaciones respondieron a ese designio hasta el final, si bien resultó él quien sirvió de instrumento a la revolución.

     El mismo estilo encontramos en frases como la pretensión de que Unamuno causó tristeza y horror en el mundo al apoyar a los militares alzados. En realidad causó enorme furia en los partidarios del Frente Popular (que no monopolizaban “el mundo”), y alegría en los contrarios. ¿O no existen los últimos para Cortázar?

    Por resumir y terminar: Los moderados fueron rebasados por la bullanga revolucionaria de la izquierda más exaltada y la nostalgia clerical, militarista y anacrónica de la derecha más conservadora“. El proceso revolucionario resultó muchísimo más que bullanga, y la gran mayoría de la derecha, representada en la CEDA, permaneció afecta a la legalidad hasta casi los últimos momentos del régimen, hasta constatar la inutilidad de sus presiones para que el Gobierno aplicase la ley. En cuanto a los “moderados” (Azaña y los suyos, según Cortázar), colaboraron con el proceso revolucionario ya desde 1933, cuando incurrieron en golpismo al perder las elecciones, y sobre todo cuando volvieron al poder en el 36. La abundante documentación de la izquierda,  aportada en mi libro El derrumbe de la república y la guerra civil, deja el asunto bastante claro, y en todo caso a los documentos no puede oponerse una literatura sensiblera. El peligro y la conculcación de la ley vinieron sobre todo de la izquierda y los separatistas, muy secundariamente de la derecha. Equipararlos supone distorsionar de modo fundamental la visión de la época.

    Obviamente, el señor Cortázar conoce perfectamente los hechos, pero prefiere soslayarlos y refugiarse en generalidades. Y como él, bastantes otros historiadores de derechas. Sospecho que lo hacen por congraciarse con la izquierda, acaso en aras de una reconciliación que nunca llegará por la senda de la falsedad. Al final todo queda en expresión de sentimientos fáciles o en jeremiadas triviales, quejumbrosas y pretendidamente lúcidas sobre el sino de los españoles, cuando no sobre la historia y el género humano en general. En España componen todo un género literario, bastante necio y pesado con su “cainismo” y similares.

   Valga un ejemplo  en Meditaciones en el desierto, un curioso libro de Gaziel saludado con alborozo por la intelectualidad progre porque se refiere al franquismo: La historia es una auténtica y espantosa tragedia. El azaroso resultado, siempre imprevisible, no de una lucha noble y claramente desproporcionada entre el bien y el mal, sino de una vil e inmunda mezcla por encima de la cual se despliegan, como espejitos para cazar alondras, las banderas más deslumbrantes y los lemas más puros, mientras por debajo corren desatados, como víboras y escorpiones, el crimen y la traición (…) Historia es pura zoología“.  Perfecto. Sólo cabe una observación: quien así escribe, ¿se considera la excepción o una parte de ese truculento panorama? ¿Se cree por encima de la historia, como juez de ella, o entra en el catálogo de víboras y escorpiones? Creerse por encima suena a vanidad ridícula, y formar parte de tal “zoo” vuelve muy dudoso el juicio expresado.

 (En LD, 20-10-2005, “Los enfoques sentimentales de la guerra”)

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Difícil valoración

* Me resulta muy difícil valorar su novela “Cuatro perros verdes”, seguramente les pase a muchos más lectores. No solo es muy diferente de la novela anterior, sino de toda la literatura actual, por lo menos la española. Simplemente me ha desconcertado y no entiendo cómo ha podido usted embutir tal cantidad de historias y problemas en tan corto espacio. No sé si es muy buena o muy mala. Camilo D. 

*Finalmente he tenido tiempo para leer “Cuatro perros verdes”,  que realmente me gustó
mucho, creo por su seriedad de tipo “dostoevskyano”, por estar muy bien
escrita y también por su localización en sitios conocidos.  Es aún mas
conversacional que algunas novelas, pero manejas ese lenguaje muy bien. 
Vaya, un artista.  Leerla no fue ningún deber, sino un verdadero placer
que disfruté.   Stanley Payne

Cuatro perros verdes

 

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Evidencias iluminadoras / Juicios literarios / Charlatanes XXI: J. Casanova, golfería mitómana

Entre los lectores del blog hay bastantes estudiantes y profesores de universidad. Quiero insistir en el hecho de que la decadencia de la universidad es la decadencia de todo el país, y que un primer paso para afrontarla es poner en evidencia a quienes han hecho de la estafa intelectual un modo de vida. Divulgar la Galería de charlatanes es una manera de hacerlo. Este blog está concebido como un instrumentos de la lucha cultural a la que renunció la derecha ya en la transición.

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Crónica Evidencias iluminadoras

**Ayuso ha nombrado a Toni Cantó para la oficina del español. Como en Madrid no hay problema separatistas, debe suponerse que obrará contra la colonización cultural por el inglés, un peligro mayor que el uso antiespañol de las lenguas regionales.

**A menudo la evidencia es lo último en verse. He aquí dos en las que casi nadie repara: a) El Frente Popular fue una alianza de sovietizantes, separatistas y golpistas. Esta mera constatación ya permite entender qué fue la guerra. b) Los gobiernos PP y PSOE provocan a Rusia, con la que no tenemos ningún conflicto, y lo hacen por interés de potencias que invaden nuestro territorio en un punto clave. ¿Puede haber algo más revelador?

**Si el Doctor golpista dice que no habrá referéndum es que ya  está en chanchullos con los otros golpistas. No ha dejado de mentir desde que llegó al poder. Por cierto, el del Máster se ha jactado de su buena sintonía con él bajo una “dura” oposición.

**La Arrimadas es tan hipócrita que cree  “más útil” que la moción de censura la presente el del Máster que Abascal. Debe de ser porque tanto ella como el masterero se han entendido tan bien con el Doctor.

**Dice el fulano del Máster que “la guerra civil fue una lucha entre quienes querían democracia sin ley y quienes querían ley sin democracia”. Parece que puede haber democracia sin ley, gran hallazgo de este pensador. Probablemente ganó así el máster.

**Tenemos hoy los mismos problemas de disgregación y totalitarismo que llevaron a la guerra civil. Entonces los sovietizantes y separatistas recurrieron a la guerra civil y fueron derrotados. Luego aprendieron otras mañas: la corrupción y la estafa cultural. Es preciso volver a vencerlos en ese terreno, antes de que nos conduzcan a nuevos desastres.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Dos juicios literarios

(Archipiélago Duda) Grandísima novela,  con personajes con los que uno se encariña hasta el extremo de que experimenta cierta sensación inconfundible de leve nostalgia cuando concluye la lectura, y de algún modo tiene que despedirse de ellos. Creo que esto es lo mejor que se puede decir de una obra de este género, y lo cierto es que desde la niñez, con pocas me ha ocurrido algo semejante. Muchas grandes novelas las he concluido con considerable esfuerzo (…), pero los personajes de Moa están vivos, uno quiere saber qué les ocurrirá (o qué les ha ocurrido, en los casos en los que se pierde su pista, al menos momentáneamente) incluso en el caso del narrador y protagonista, Alberto Roig, que por razones obvias sabemos que tiene que salir con vida de todas sus aventuras. Si no pidiéramos nada más a un libro, este desde luego cumpliría con creces: una magnífica lectura para el verano (Sonaron gritos y golpes a la puerta)

(Posmodernia) Moa como novelista es que no tiene nada de típico ni de tópico ni en las modas. Hay obras originales solo por lo estrafalarias, pero no es el caso de esta (…) Sus personajes tienen vida propia al margen de sus opiniones políticas, que tampoco están acentuadas en casi ninguno. Toda la acción y las discusiones se desenvuelven en una jornada y en un doble ámbito: el de la inquietud política en la universidad de aquel tiempo, con el Sindicato Democrático de Estudiantes; y entre la salida y la puesta del sol, el cual adquiere protagonismo, casi como un personaje más, un hallazgo literario radical (Cuatro perros verdes).

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Galería de charlatanes (XXI) Julián Casanova, golfería mitómana 

Tamaño de Resultado de imágenes de pío moa mitos de la guerra civil.: 120 x 160. Fuente: libros.about.com

 Los charlatanes suelen ser también gritones y amenazantes, y por desgracia no se les ha afrontado con la debida energía. De ahí que hayan llegado a intentar imponer sus falsedades y tergiversaciones por ley ¡¡y en nombre de la democracia!! He puesto ya algunos ejemplos del matonismo de esta chusma que pudre la universidad, y aquí va otro pequeño ejemplo. Este Casanova, como Reig Tapia, tiene que inventarse historietas para disimular su total incapacidad para rebatir mis estudios. El debate libre les horroriza: 

 Escribe el catedrático de izquierda Julián Casanova: “José María Aznar (…) cuando en España arreciaba el debate sobre nuestro pasado traumático de guerra civil y de dictadura, recurrió a Pío Moa, que no es un historiador, para contrarrestar los mitos de los historiadores, a quienes Aznar nunca tuvo necesidad de leer”.

Espero –sin mucha ilusión– que estas frases no retraten la historia que este señor cuenta en la universidad a sus sufridos alumnos. Aznar nunca recurrió a mi modesta persona para contrarrestar nada. Simplemente dijo en una ocasión que pensaba leer en el verano, entre otros, mi libro Los mitos de la guerra civil. Ello bastó para que la izquierda, con típico espíritu stalinista, le acusara –como si fuese una acusación– de tener mi estudio por “libro de cabecera”, y ahora para atribuirle el patrocinio de la obra. La verdad, que Casanova sabe por fuerza, es que Aznar no tuvo nada que ver en el asunto. El libro se vendió espléndidamente desde el primer momento, y a ello contribuyó de modo importante la entrevista que me hizo algo después Carlos Dávila en televisión. La entrevista costó a Dávila las iras totalitarias de las mafias sindicales y partidos de izquierda, y las críticas de directivos puestos por el PP en la televisión, asustados de tanta “audacia”: la audacia de entrevistar a un historiador que exponía los mitos cultivados por la izquierda sobre la guerra civil, y lo hacía con datos y argumentos que jamás, al menos hasta ahora, han podido refutar los mitómanos. Un historiador que proponía un debate racional y en cambio cosechó insultos, amenazas y exigencias expresas de censura y hasta de cárcel.

Aquel episodio puso a cada cual en su sitio: a los sindicatos y partidos de izquierda, a los intelectuales e historiadores de la misma línea, no ya incapaces de tolerar ciertas verdades sobre el tan actual pasado de España, sino demandadores desvergonzados de censura. Quedaron retratadas gentes de una derecha turbia como Javier Tusell, y muchos otros derechistas que no dijeron esta boca es mía ante aquella oleada inquisitorial y antiintelectual. Con su peculiar sentido de la democracia, sólo ellos y sus intelectuales pagados tienen derecho a aparecer en los medios de masas. Si pudieran ahogarían en el más absoluto silencio a sus contradictores. Lo intentan constantemente.

Los mitos no debió nada a Aznar y se vendió masivamente al margen del PP, cosa que ha preocupado en extremo a la izquierda. Pero se vendió por dos razones: porque mucha gente estaba harta de las incoherencias y falsedades de una historiografía que he llamado lisenkiana, de origen marxista; y porque esos historiógrafos han sido incapaces de refutar nada esencial de lo que yo escribí.

Casanova da por hecho, con temeridad impropia de un historiador y muy en la escuela de un propagandista lisenkiano, que Aznar no ha leído sus libros ni los de su cuerda. Ni él ni yo sabemos si los ha leído o no. Pero él supone que el presidente queda descalificado por esa pretendida laguna en sus lecturas, idea con la que no puedo estar de acuerdo: yo sí he leído grandes cantidades de esas literaturas, he dedicado mucho tiempo a someterlas a crítica, y el resultado, a mi juicio, es que su calidad es ínfima. No se trata de una simple opinión, pues he avalado ese juicio con multitud de datos y razones, en bastantes libros, el último Franco para antifranquistas, y también acaba de reeditarse Los orígenes de la guerra civil, cuya lectura cuidadosa recomiendo al señor Casanova. A ver si, por fin, es él capaz de rebatirlos.

Afirma nuestro bravo catedrático que yo no soy historiador, y en parte tiene razón: no soy historiador como él y los suyos. Desde luego.

(En LD, 24-6-2009)

Addenda: cosa típica de estas izquierdas y separatistas es que, debiéndole tanto al PP, que tanto les ha favorecido, mucho Aznar y más aún Rajoy,  le muestran una tirria enfermiza. En 2002, Aznar y su partido de señoritos se permitieron condenar el alzamiento del 18 de julio, que libró a España de la disgregación y la sovietización. Lo cual demuestra que, contra lo que dice Casanova, Aznar sí leyó la bazofia historiográfica de los memoriadores y, lo que es peor, se la tragó entera.

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XVII. Neutralidad, oportunismo o principio / Putrefacción chekista / Charlatanes (XX) Reig Tapia

Por casualidad he accedido a su bitácora, y al leer la crítica a Álvarez  Junco me quedé atónito: ¿cómo es posible que un señor tan premiado, doctor, catedrático y toda la pesca, pueda soltar tales naderías? ¿En qué nivel cultural ha caído el país? Me estoy leyendo toda la “galería” y no salgo de mi asombro y mi fastidio. ¿Cómo es posible que semejantes especímenes copen la vida cultural? ¿Cómo es posible que el país soporte tal cantidad de necedades? Porque he buscado en internet y  no he visto que esa gente haya podido replicar a sus artículos, tan lógicos y elegantes (…). Le felicito por la serie, voy a empezar a difundirla, y le animo a que prosiga... Sacheiro

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Neutralidad (XVII): ¿Oportunismo o principio?

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Para clarificar mejor la cuestión de la neutralidad y la independencia, recurramos a la historia. La Europa actual es, quiérase o no, herencia de las dos guerras mundiales, en especial de la segunda, y España es en eso una excepción. No es la única: también Suecia o Suiza se libraron de sus atrocidades. Sin embargo hay una diferencia: en Suiza y en Suecia, la neutralidad fue hija de un principio de política exterior, no sé si incluso constitucional. En España fue producto de las circunstancias; en la primera, de un cálculo utilitario, y en la segunda de la necesidad de reconstruir el país. Aunque bajo tales enfoques de oportunidad latía un idea poco explícita de diferencia hispana dentro de Europa.

Lo que se plantea es si estas dos afortunadas neutralidades no deberían marcar una permanente línea de política exterior española. Como es sabido, Franco rompió la tradición neutralista aliándose con Usa frente a la URSS. Esta decisión, sin embargo, no tiene por qué marcar la línea general. La posición geopolítica de España la convertía en un bastión invalorable frente a una eventual invasión soviética de Europa ocidenta, al revés que Suiza o Suecia, cuya posición  al respecto era irrelevante.  A cambio de las bases de uso conjunto, España recibió una modesta ayuda económica y militar, pero sobre todo rompió el aislamiento internacional; y  tanto la Europa tutelada  por Usa como la dominada por la URSS, tan hostiles a España, tuvieron tragar con Franco.

Esta situación desapareció con la implosión de la URSS,  por lo que la experiencia histórica de la  neutralidad pudo pasar a  convertirse en un principio básico de la política exterior española. ¿Debió hacerlo? Un detalle: España tiene hoy un ejército dedicado a operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno, que provoca a países con los que no tenemos ningún conflicto y por cuenta de otros que invaden nuestro territorio. El análisis puede comenzar por aquí, para plantearse la evolución europea y mundial desde el final de la guerra fría. Una evolución que no ha respondido a ninguna de las expectativas que se hicieron a la caída de la URSS.

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Personajes de novela

“Lo que siempre me hizo deprimente la novela española de la posguerra hasta acá  son sus personajes cutres o lastimeros o grotescos o desgraciados,  casi siempre muy simples, no  quiero decir tontos, sino poco complicados, en el fondo poco humanos, como clichés.  A veces los salva un poco la trama, el argumento, pero rara vez los salva del todo.  Lo que me ha gustado especialmente  de sus novelas  Sonaron y Cuatro, es que los personajes son inteligentes, complicados y a pesar de las circunstancias son animosos, no son meros reflejos de las circunstancias.  No son muñecos (…)” (Siboney)

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Crónica. Putrefacción de un sistema y democracia chekista

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

**La consecuencia más relevante del discurso del rey en 2017 fue la irrupción pública de VOX, antes rodeado de un eficaz muro de silencio por el PP. Y esto es lo único importante en la política española desde entonces. Lo demás es la misma farsa montada entre PP, PSOE y separatistas.

**Muchos analistas se preocupan por lo que haga o deje de hacer Casado, al que algún lince califica de “gran parlamentario”. El fulano del Máster solo hará lo que sabe hacer: buscar el “diálogo” con separatistas y socialistas. Comparten demasiadas cosas, empezando por la corrupción.

**El doctorado del Doctor y el máster de su ayudante del PP no solo revelan el carácter timador de ambos, sino también  la miseria de la universidad actual. Y  de unas instituciones supuestamente democráticas, incapaces de retirarlos de la vida política.

**Lo intolerable de las tiorras y tiorrillas de la política es que se presenten como representantes de “la mujer”. Como si el Doctor,  el del Master o el Puchimón fueran representantes “del varón”.  Cada día que pasa la política degenera.

**Muchos creen que la profanación de la tumba de Franco o los indultos mafiosos son ya cosas del pasado, sin transcendencia actual. Por el contrario, testimonian la putrefacción de un sistema. Su aparente éxito es como los del emérito antes de tener que largarse “sin Corina”. Estos desmanes criminales siempre termina pagándolos la sociedad, por desgracia, y no siempre los mafiosos.

**El hijo y nieto de Emilia Pardo Bazán fueron asesinados en las chekas socialistas de Madrid. La viuda del hijo regaló a Franco su biblioteca. Ahora los herederos de aquellos chekistas se han hecho a su modo mafioso con el pazo y la biblioteca. A esto lo llaman “democracia” El País y compañía. Tienen razón: la democracia de la cheka.

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Galería de charlatanes (XX): Un bobalicón gracioso: Reig Tapia.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

Quizá no recuerden ustedes a Reig Tapia. Le estoy agradecido porque me dedicó  el Anti Moa, imitando el Anti Dühring de Engels, del que ya hablaré más: un tocho de divertida pedantería asnal,  donde,  gastaba cómicamente  500 páginas de letra pequeña para intentar  convencer al lector ilustrado de que ¡no valía la pena gastar un minuto en leer mis obras! La cosa ya define al hombre. Aproveché para hacerle publicidad en varios artículos sobre la penosa historiografía actual, porque Reig no hizo su titánico esfuerzo solo, sino respaldado por Preston y una buena colección de “especialistas a la lisenka” españoles y extranjeros (Lisenko fue un biólogo ruso que hundió la agricultura soviética aplicándole la “dialéctica materialista”, un poco al modo como estos historiadores hunden la historia).  Mis respuestas no debieron de gustar al buen Reig, que replicó al inevitable estilo chekista, acusándome de confidente de la policía con la “prueba” de que algún mindundi se lo contó. Como si yo le acusara de pederasta porque alguien me lo había dicho. Ese es el nivel. Pero lo más gracioso es este reto: yo debía enseñar mi hoja de servicios judicial y policial, “¿por qué no lo hace?”, pregunta el amigo. Hombre Reig, procure no exhibir tanto su bobaliconería. Esa hoja tendría que enseñarla usted, que es quien cuenta esa historieta chekista. En fin, subamos un poco el nivel.

Nos asegura nuestro buen ciudadano Reig Tapia, en nombre del gremio de los historiadores progres: “Ser leído es un privilegio del que hay que hacerse dignos”. Muy bien. A continuación se contradice un tanto (no parecen importarle mucho las contradicciones, quizá por aquello del materialismo dialéctico), y agrega: “Si son pocos o muchos los lectores que por esa vía alcancemos (…) no nos produce la menor inquietud”. No osaré yo dudar de las numerosas virtudes que han llevado al señor Reig a la cátedra, pero salta a la vista que ni la coherencia ni la sinceridad se encuentran entre ellas. Lo comprobaremos a cada paso.

Así, nos informa unas líneas más abajo de que la  historia progre es, simplemente, inatacable, y el “revisionismo” no tiene ninguna oportunidad frente a ella: “Aún tratará de entablar alguna que otra ‘batallita’ mediática tan absurda ya como inútil siempre”. Entonces, ¿por qué se molesta él en escribir medio millar de páginas con la ayuda y el estímulo de tantos pomposos cátedros y profesionales de la cosa (el librote, confiesa, es “más deudor de muchos colegas y amigos” de que de él mismo)? ¿Por hacerse digno del privilegio de ser leído, aunque tampoco sienta la menor inquietud si casi nadie lo lee?

También cabe preguntar: ¿y por qué resulta “inútil y absurdo” el propósito “revisionista”? Aquí, Reig, responde con más sinceridad. Dicho propósito, nos aclara, “no tiene nada que hacer ante la Historia”. Notificados quedamos. Mas, como buen marxista, Reig precisa algo más tangible, más material, que los algo volátiles y cambiantes juicios de doña Clío. Los “revisionistas”añade, tampoco tienen nada que hacer “ante resoluciones políticas como la acordada el 31 de marzo de 2006 por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa para que el 18 de julio se declare día oficial de condena de la dictadura franquista”. ¡Ajá! Cualquier demócrata (pero ¿qué es la democracia “formal” para un marxista de pro?) sospechará de un Consejo autonombrado “de Europa” que se extralimita en sus funciones y usufructúa, como observó Ortega de otros extralimitados, “una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre”. El mal aconsejado Consejo pontificaba, además, a sugerencia del gobierno de Zapo el Rojo, resuelto a establecer por ley que los estalinistas, los demás marxistas, los racistas, anarquistas y golpistas republicanos o catalanistas… ¡luchaban por la libertad en los años 30! Nuestro digno cátedro opina, muy a la marxista, que la verdad de la historia debe imponerla el poder político… progre. Para eso está.

Bien cierto es que a Reig, como al gremio en conjunto, nunca les preocupó la veracidad histórica, según revela su forma de “debatir”. Su método consiste en fijar etiquetas denigratorias siguiendo la vieja y a menudo eficaz receta de la Comintern (no perdamos de vista las raíces marxistas –y a menudo el tronco y las ramas– de estos señores. Ya hablaremos de ello): “Los camaradas y los miembros de las organizaciones amigas deben continuamente avergonzar, desacreditar y degradar a nuestros críticos. Cuando los obstruccionistas se vuelvan demasiado irritantes hay que etiquetarlos como fascistas o nazis. Esta asociación de ideas, después de las suficientes repeticiones, acabará siendo una realidad en la conciencia de la gente”. Por ello su “debate” se centra en calificar insistentemente a los críticos de “franquistas” o “neofranquistas”, en igualar la revisión de la guerra civil a la negación de la Shoah, y trucos de ese científico jaez.

Ya abunda en esa táctica el prólogo de Preston, uno de los más distinguidos falsarios –no es una etiqueta, lo he demostrado amplia y concretamente– de la historiografía progre. Tras soltarnos algunas trolas sobre el “movimiento popular que reclamaba la recuperación de lo que ha venido a llamarse memoria histórica” (ni recuperación de ninguna memoria, sino de las viejas propagandas, ni movimiento popular, sino montaje político bien engrasado con fondos públicos), ataca a Stanley Payne por haber osado apartarse del coro denigratorio y reclamar los fueros de la democracia y el debate intelectual honesto. Nos cuenta Preston con singular caradura: “Nos ha extrañado el hecho de que el profesor Payne diga que el otrora terrorista ha sido víctima de ‘persistentes exigencias’ para que sea ‘silenciado’ o ‘ignorado’, afirmación que difícilmente cuadra con la libertad con que parece que el señor Moa vende cientos de miles de libros o con la frecuencia de sus apariciones en los medios de comunicación”. Ciertamente, señor Preston, usted y todo el gremio, y muchos políticos y poderosos medios de comunicación, han fracasado hasta ahora en su empeño inquisitorial de censurarme (lo del “otrora terrorista” sigue esa línea). Pero suena algo fuerte presentar ese fracaso como un mérito de ustedes.

Redondeando la jugada, termina el progre británico con una insidia típica: “si el profesor Payne se resiste a elogiar a Franco directamente, quizá se está permitiendo hacerlo indirectamente a través de las obras de Pío Moa”. De nuevo la táctica intimidatoria, inquisitorial, de la Comintern: nada de discutir si lo que dicen Payne o Moa es cierto, “hay que etiquetarlos como fascistas”.

A continuación dedica otro largo párrafo a César Vidal, ironizando sobre su abundante producción de libros. Lo que no señala en ningún momento es si las obras de Vidal sobre las brigadas internacionales, las checas, Paracuellos, etc., contienen algún error fundamental. Total para qué, ¿verdad? La cuestión es muy otra.

¿Cuál es la cuestión, para estos caballeros? Ningún misterio. Se trata de mantener a toda costa una industria, en el doble sentido de la palabra, que les ha dado jugosas ganancias durante cuarenta años,  la industria de la guerra civil y la república, montada ya bajo el franquismo: libros, congresos, artículos, reparto de puestos y prebendas, presencia constante en los medios de masas, fama, poder en la enseñanza y fuera de ella, abundante acceso a los fondos públicos… Y “erradicación” de cuantos rechazaran aquellas versiones del pasado que nuestro bravo Reig cree resueltas y santificadas definitivamente por el Consejo de Europa. En fin, un filón inagotable, pues siempre surgía alguna nueva idea, algún aniversario, algún personaje, sobre los que montar grandes campañas mediáticas y subvencionadas: cuando no era Azaña eran las brigadas internacionales, o la represión franquista, o Companys, o los niños de la guerra…  Solo les ha faltado homenajear directamente a las chekas.

Y todo ese emporio de dinero, poder, fama y prestigio ¿va a venirse abajo de pronto, por obra de unos cuantos tipos al margen de las estructuras oficiales, que tienen la desvergüenza de vender muchos libros sin explotar al erario? Tal posibilidad estremece de indignación a Reig. Y no le falta razón. Si los “revisionistas” somos veraces, ellos no pueden serlo, y viceversa. Las divergencias de enfoques, métodos y conclusiones son tan de raíz como las que llevaron a la caída del muro de Berlín. La industria, pues, está en peligro, ya da señales de ruina y, al final, el método de la Comintern termina volviéndose contra quienes lo emplean. En cambio sigue en pie la exigencia de Payne: el debate debe realizarse “en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales”.

La siguiente observación la he hecho otras veces, pero he de reiterarla ante la incesante repetición del ataque: la etiqueta de franquista cuadra mucho más a estos señores que a mí, pues gran parte de ellos hicieron su carrera en el funcionariado franquista y desde familias del régimen, mientras yo luchaba contra este. El mismo profesor Reig, un caso entre tantos, es hijo de quien fuera director del NODO. Cosas de la vida.

(En LD, 1-11-2006  “La industria de la Guerra Civil”)

Addenda: Pese a su interés por la “memoria histórica”, estos memoriadores sufren alzheimer ante sus carreras  franquistas: Viñas como funcionario de cierta confianza, Juliá como clérigo distinguido, Reig como lo dicho, pues la posición de su padre seguro que le facilitó algunas cosas… Y así tantos

Cuatro perros verdes

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