Crónica
**Dice la Calvo que gracias al virus volvemos a tener “Estado”. Se refiere al estado liberticida que ella, el Doctor y el Coletas representan. Y añade, virtuosa: “hay que evitar el enfrentamiento por el enfrentamiento”. Evitar el enfrentamiento a los planes bolivarianos de un gobierno de estafadores.
**Dice también la gran promotora del coronavirus: “El PP tiene que elegir: o se deja conducir por VOX o le para los pies”. En realidad el PP siempre se ha conducido ideológicamente por el PSOE, ahora también. ¿Y cómo le pararía los pies? ¿Al modo de Maduro? Eso hoy solo pueden intentarlo la Calvo, el Doctor y el coletas
**Y observa la vicevirus que el PP debe saber que “su adversario político es VOX”. No se preocupe: lo sabe perfectamente. Por eso tiene que hacer malabarismos para volver a lo de siempre, a la colaboración con el PSOE.
**El PP podría perfectamente seguir el modelo de Cortesanas, a eso aspira. Pero por ahora VOX de lo pone difícil. Y VOX no debería olvidar que el PP es su adversario .
**Una vez más, hasta que entre en la mollera de millones: un partido que acepta y practica el rescate de la ETA, la financiación de los separatismos, las leyes de memoria histórica y de género, no es un partido democrático. Hoy por hoy solo lo es VOX.
**El gobierno actual se siente heredero del Frente Popular. De “la mayor aberración que han conocido quizá los siglos” (Besteiro)
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Fuerzas profundas bajo los sucesos
Lo que has expuesto ahora supone una historia fragmentaria e inconexa: tomamos un suceso o una época histórica, lo analizamos, examinamos las interpretaciones que se le han dado y llegamos a conclusiones que nos parecen razonables. Podemos aceptar eso, pero ahí acabaría todo. ¿No hay fuerzas profundas, un hilo conductor entre unos sucesos y otros, entre unas épocas y otras? ¿Una lógica interna o algo así, que nos permita explicar algo más que sucesos concretos? Tú mismo te contradices, porque en tu libro sobre Europa supones que ese hilo conductor existe, y en tu opinión es la religión, ¿no es cierto?
Lo de las fuerzas profundas que darían sentido a la historia viene de muy lejos. Ya expuse algunas de esa fuerzas profundas: la técnica, por ejemplo, que nos ha llevado a una riqueza extraordinaria, y también a la posibilidad de autoexterminarnos. Otra puede ser la urbanización. Seguro que también el clima influye, aunque ese escapa a nuestra acción, al menos hasta ahora y en un futuro previsible. O la tendencia a más población, que puede tener algún límite… Si nos interesamos por la historia es porque nos interesamos por nosotros mismos, y nos interesamos por nosotros mismos porque el hombre es un misterio para el hombre. El mayor misterio, según Sófocles- A él me refiero en Sonaron gritos y golpes a la puerta y, de otro modo, en la próxima Cuatro perros verdes. Queremos buscar claves para entender qué pintamos aquí, por decirlo vulgarmente.
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Bien, y tú supones que has dado con una clave, o mejor dicho, con la clave, que es la religión. ¿Y por qué no la técnica y la economía? Esa es en el fondo la impresión que predomina actualmente. En su libro sobre el Imperio español, Kamen parte de esa idea para concluir que España no aportó gran cosa en ese terreno, por lo que no se puede hablar de decadencia, ya que tampoco se había subido gran cosa antes. Además, esa es la imagen que tienen hoy la mayoría de los historiadores. Generalmente aprecian mucho más el siglo XVIII que los dos anteriores, incluso alguien como Julián Marías, a quien citas bastante, y que ve el modelo especial para nuestra historia en Carlos III.
Sí, es un fallo de Julián Marías, lo he insinuado en Nueva historia de España. Pero nota la diferencia con la clave de la técnica: esta es fácil de observar y de medir, incluso en términos de energía física; en cambio la influencia de la religión es mucho más complicada. Es, digamos, espiritual, no es visible ni cuantificable del mismo modo que las máquinas. Pero considera una de esas batallas que han cambiado el rumbo de la historia, al menos por un período: se la puede describir “científicamente” con los informes de suministro de armamento y número de tropas, en fin, con la organización burocrática, siempre necesaria. Esto es en principio muy accesible. Lo que es menos accesible son, por una parte, los sentimientos, el valor, el miedo, la angustia o la resolución de las personas envueltas en la batalla, ni el cambio de las ideas en el curso de ella por parte de los jefes y por otra parte los azares que siempre ocurren en su curso y que son aprovechados o desperdiciados. Tampoco son claramente accesibles las aspiraciones, ideas e ideologías en juego… Todo esto es más difícil de penetrar y más opinable o interpretable, pero es lo que da sentido al hecho.
De acuerdo: lo de la batalla es extensible, en general, al conflicto político. Y siempre volvemos al principio. Hay en todo ello algo visible, material, cuantificable, pero hay también algo invisible e incuantificable. Bien. Pero constatarlo no nos dice nada de las fuerzas profundas que mueven las sociedades por debajo de los sucesos concretos, de la histoire événementielle. Me refiero a la historia de longue durée que prefiere la escuela francesa de los Annales, tan influyente.
Es el problema permanente. Uno puede escribir una historia militar, digo esta porque parece la más simple, a base de las técnicas y métodos burocráticos de los ejércitos, con sus cambios lentos y que serían el elemento duradero, respecto del cual las batallas o guerras concretas serían simples incidentes, aunque llamativos. Algo así como las cadenas montañosas con sus picos espectaculares, que serían expresiones de las fuerzas internas e invisibles de la corteza terrestre, que las han formado. Hay una historia de tendencias prolongadas, y otra de sucesos parciales y concretos. Se trata de explicar estos por las primeras, lo que nunca se consigue más que a grandes trozos, prácticamente obviedades…
Eso de las fuerzas internas y las cadenas montañosas es un mal ejemplo. Las cadenas montañosas son duraderas, millones de años, mientras que esas fuerzas internas no operan de modo permanente para formar montañas. De vez en cuando nos sorprenden con algún terremoto, una isla que emerge o que desaparece… Casi diríamos que el suceso son esas fuerzas invisibles, mientras que lo duradero son sus productos…
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