O. Jayam 22: Adán y Prometeo / El “espíritu” de España / El crimen erótico

Adán y Prometeo

Ya que las preguntas de Omar Jayam carecen de respuesta racional, la psique humana trata de superar la angustia implícita explicándolas con ayuda de la imaginación. Vale la pena examinar las dos respuestas más próximas culturalmente a nosotros, la griega y la judía, adoptada por el cristianismo. La condición humana es descrita por su origen,  obviamente un origen fuera de las capacidades del propio hombre, el cual no puede crearse a sí mismo, sino que es creado por una fuerza externa, “divina”. En el mito del Génesis,  Dios lo crea con arcilla y lo sitúa en un paraíso sin mal, y por tanto sin bien, es decir, sin moral una situación de inocencia primaria. Se trata de una situación puramente imaginaria que sirve de contraste ilustrativo sobre  la situación real del hombre, sometido al bien y al mal y a la libertad. Esta situación es imaginada como una caída, pues anteriormente Adán y Eva vivían en inocencia perfecta, igual que los animales. La advertencia de Dios es: si coméis de esa fruta, moriréis. También por contraste es imaginada una situación previa en la que no morirían,  con lo que, nuevamente, la moral sería innecesaria. ¿Qué quiere decir realmente? Lo que consigue el hombre es, no la muerte, sino la consciencia de la muerte, que nuevamente lo diferencia del animal. Las consecuencias de su posición real quedan claras: el varón se encargará de conseguir trabajosamente el alimento,  “con el sudor de su frente”, lo que implica la técnica,  y  la mujer “parirá con dolor”, mostrando el carácter de la diferenciación más profunda de los sexos, uno centrado en la nutrición y el otro en la procreación.   

Lo importante reside en la tentación. ¿Por qué Adán y Eva, hechos de arcilla, comen de aquella fruta “desobedeciendo” a Dios? Porque piensan convertirse en dioses,  emanciparse de su creador, deberse solo a sí mismos (esta viene a ser la intención de las ideologías, dicho sea de paso). En el mito judío, Dios es el espíritu y la arcilla la tierra, y la caída se presenta como la ilusoria rebelión vanidosa de la tierra (la serpiente que se arrastra por ella sin lograr elevarse)  contra el espíritu, de los impulsos corporales y terrenales contra las exigencias divinas plasmadas en la moral. La condición humana se presenta como una continua tensión entre ambas inclinaciones presentes en su ser. El hombre es un ser caído: caído en la condición moral, de la que no puede escapar pero que no consigue controlar.

En el caso de Prometeo, la lógica interna es bastante paralela. El hombre es creado también de tierra, pero no  directamente por algún dios, sino por un titán, él mismo hijo de la tierra en rebeldía contra los dioses. Prometeo enseña a los hombres  a burlarse de los dioses, es decir, del espíritu, negándoles los honores debidos, por lo que Zeus les negó a su vez la técnica (el fuego),  que Prometeo consigue devolverles mediante un robo. El castigo de Prometeo (del hombre) es acorde con su elección: la imposibilidad de elevarse espiritualmente, simbolizada por su encadenamiento a la roca, “a la trivialidad” en terminología de Paul Diel. La técnica le ayuda a satisfacer las necesidades y deseos corporales pero el rechazo del espíritu le condena a una vida roma y sin sentido, con una moral invertida.

 La cuestión de la moral aparece de otra forma. Prometeo,  “el previsor”, “la razón”, tiene un hermano, Epimeteo, “el que piensa después”. Con él se expresa una doble característica del ser humano: la necesidad de prever y la imposibilidad de hacerlo más allá de un corto plazo, incluso para los más sagaces. Prometeo no puede impedir que su hermano (su otra cara u otro yo), se deje seducir por Pandora, mujer sin alma e irónicamente llamada “dadora de todo”, símbolo de los deseos terrestres, cuya consecuencia son todos los males, dejando en su lugar solo la esperanza. Prometeo  promete un bien sin mal, quizá la inocencia a través de la técnica, lo que se revela ilusorio. Advierte a su hermano contra los dones de Zeus, pero Pandora, como la roca,  es la consecuencia lógica de su elección. Zeus simboliza aquí la legalidad de la vida.  

Los dos mitos definen al hombre como desgarrado entre los deseos “materiales”, “terrenales”,  y los “espirituales”, concretados estos en la moral,  y que en difícil equilibrio actúan sobre la psique humana y la definen.  La cuestión del espíritu y la materia ha dominado gran parte del pensamiento occidental. Los movimientos gnósticos se han obsesionado con el espíritu, como el bien, contra la materia como el mal, pero hay otro gnosticismo contrario, y también iniciático: el de la materia (la técnica) como el bien,  contra el espíritu como el mal;  presente en la masonería y más en general en las ideologías.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

El espíritu de España

Tal como usted lo describe en Nueva historia de España, los logros del Siglo de oro son verdaderamente asombrosos. ¿Cómo explica entonces que haya prevalecido una visión negativa?

En parte es fácil de explicar. España representó entonces a Europa y al cristianismo occidental, que era católico, contra el islam otomano, los protestantes, Francia e Inglaterra. Entonces se inventó también la propaganda moderna, en la que la verdad y la falsedad no se distinguen, y la inventaron los enemigos de España.

Me refiero a que aquí mismo se haya extendido de tal manera esa visión negativa.

La cosa viene de antiguo, de la pérdida de la hegemonía y comienzo de la decadencia, que produjo  una reacción de autocrítica obsesiva que ya denunciaba Quevedo. ¿Cómo era que España estaba siendo vencida ¡incluso por los portugueses ya separados, y de modo especialmente sangriento!? Si los éxitos anteriores se explicaban por una especie de predilección divina, cabría pensar que Dios había pasado su predilección a los enemigos de España. Si dejamos aparte la cuestión divina, el fracaso conduce muchas veces a suponer que el contrario es superior también en un sentido moral, y que los anteriores logros valían en realidad poco. Lo  mismo ocurrió con el “desastre” del 98.

   Pero en su libro, usted admite que en el siglo XVIII se superó aquella decadencia.

 Se superó en un sentido material, el país siguió siendo una de las grandes potencias  y se modernizó en muchos sentidos, pero en gran medida se hizo contra la época anterior. Incluso Julián Marías ha sido un gran admirador del XVIII español,  sobre todo de Carlos III, que cometió graves errores.  Pese a muchos avances,  política y culturalmente España se vio sometida a cierta satelización por Francia. Esto significa mucho, porque el nuevo espíritu era  más bien francés, y Francia  había sido el mayor y más peligroso enemigo de España, si acaso después del Imperio otomano, y había soportado una infinidad de derrotas por parte de España, cosa que no olvidaba. El XVIII fue ya un siglo de denigración implícita o explícita de la anterior época española. No fue todo negativo, ni mucho menos, pero el menosprecio de lo anterior era y es hoy bien visible, incluso entre los que podíamos llama españolistas.

¿Hay, pues, un espíritu español y un espíritu francés?

Sí, claro, se aprecia muy bien a simple vista. Voltaire y los enciclopeditas lo señalaban, sintiéndose vencedores de él. La cuestión es que España decayó profundamente a partir de la Guerra de los Treinta Años, que estuvo muy cerca de desintegrar a la propia España. Cataluña estuvo cerca de pasar a  Francia y Portugal se separó e infligió a las tropas españolas algún desastre peor que el de Rocroi. Fue una crisis de grandes dimensiones, que había de crear un sentimiento de frustración e inferioridad.

Y, según usted, ese espíritu podría recuperarse.

De hecho hubo un intento de recuperarlo en el franquismo, creo que con una interpretación parcial,  insuficiente,  de lo que había sido el “siglo de oro”, demasiado militar y eclesiástica, a menudo retórica y grandilocuente pero sin verdadero análisis. Igual que la Reconquista, interpretada también en un plano excesivamente religioso. Desde ese punto de vista, la Reconquista habría concluido con la toma de Granada. Pero desde el punto de vista político no había concluido en absoluto. Quedaba Navarra, todavía en la órbita francesa, y consolidar la unión de Aragón y buscar la de Portugal, que finalmente no se logró, y creo que ya no es un objetivo razonable, como recuerdo en La Reconquista y España.  Pues no debe olvidarse que, políticamente, el ideal de la Reconquista era el reino hispanogodo de Toledo. Desde el punto de vista de Roma, bastaba con la expulsión del islam, aunque España quedase dividida en unos cuantos reinos poco amigos entre sí, pero cristianos.  No obstante, el intento del franquismo me parece que fue magnífico en líneas generales, necesita ser más estudiado, pues solo lo ha sido por sus enemigos. Y ese espíritu se abandonó progresivamente en la transición, que supuso una nueva oleada de leyenda negra.  En Nueva historia de España dejo planteados estos problemas.

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El crimen erótico

Me llegaron por amazon sus dos novelas hace días. Empecé con “El erótico crimen del Ateneo”  y quiero comentarle.  Cuando lea “Sonaron gritos y golpes a la puerta “se lo comentaré también. Cuando va a Amazon, uno trata de orientarse por las valoraciones de la gente, y estuve a punto de dejarlo, porque solo hay tres valoraciones y dos son muy negativas. Por probar… y me di cuenta de que esos dos comentarios venían de gente sin el menor sentido del humor. No sé si me he reído más en la parte de la novela o en la de las peleíllas entre los nacionalistas gallegos y demás. Tiene usted un humor muy gallego, una ironía que entre castellanos y catalanes no se encuentra, y seguro que las valoraciones desfavorables vienen de por ahí. También es un humor muy distinto del andaluz,  que se basa en la exageración. Con su ironía va usted al meollo de las cuestiones… (Pelícano)

El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Pío Moa, Ul-Sih Moh]https://www.amazon.es/El-er%C3%B3tico-crimen-del-Ateneo-ebook/dp/B07GD83ZN8

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Coronavirus: manifiesto / Democracia (II) Toda oligarquía es de partidos / La gran época de España

**Mi amigo J. J. Calaza me envía este manifiesto contra el confinamiento por el coronavirus: https://contraelconfinamientodelapoblacion.wordpress.com/

**Si el Coletas está en el gobierno es porque el Doctor lo quiere. Y si lo quiere es porque comparte con él lo esencial de un proyecto político (venezolano y antifranquista, esto es, antidemocrático). Pero muchos piden al Doctor que se vuelva “bueno” y prescinda del Coletas.

**¿Por qué el antifranquismo es radicalmente antidemocrático? ¿Cuesta mucho entenderlo?

**¿Por qué el antifranquismo es esencialmente antiespañol? Tampoco debe ser difícil entenderlo.

**Dice el Coletas que hay que imponer más restricciones “por el interés general”. El interés general del Coletas.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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  Democracia (II) Toda oligarquía es de partidos

Como decíamos, el poder es connatural a todas las sociedades humanas, aunque puede adoptar muchas formas. Desde Aristóteles, esas formas suelen entenderse como tres:  monarquía, aristocracia y democracia, con sus respectivas degeneraciones. Sin embargo esa división resulta poco útil. Todo poder es ejercido necesariamente por unos pocos (oligarquías), al margen de la bondad o habilidad de sus miembros; generalmente a su cabeza se encuentra una sola persona, llámese rey, presidente o de cualquier otro modo y en ese sentido es también monárquico; y debe contar con la aquiescencia, obtenida por diversos medios, del pueblo,  de al menos una parte significativa de él, y en ese sentido es también democrático. Es decir, en todas formas de poder encontramos los tres elementos, pero el fundamental es siempre el oligárquico: ningún monarca puede gobernar sin la oligarquía, ni el pueblo puede ser gobernado sin ella.

 La palabra “pueblo”  atañe en principio a toda la población de un país,  al margen de posiciones  sociales. Pero a efectos de la política podemos dividirlo sumariamente entre la oligarquía que manda (más o menos) y el pueblo que obedece (también más o menos). Sin embargo, ni una ni otro son homogéneos, sino que en su seno bullen numerosas tendencias diversas u opuestas.

   Por lo que respecta a la oligarquía, nunca conforma un grupo social unánime, sino que en su seno las divisiones suelen ser muy agudas.  La historia da testimonio de las luchas por el poder, muy a menudo sangrientas,  entre sectores oligárquicos o partidos. Numerosos monarcas y sus fieles han sido destituidos o asesinados por facciones contrarias.  En algunas épocas y regímenes el poder ha sido una profesión de muy alto riesgo, pensemos en la decadencia de Roma o en los reinos bárbaros posteriores. Ese riesgo, sin embargo, nunca disuadió a unos u otros partidos de tratar de conseguirlo por cualquier medio, incluida la guerra civil.

  Las oligarquías se justifican apelando  al interés general,  suponiéndose que gobiernan en beneficio del pueblo; pero más allá de las invocaciones generales como servicio a la justicia, el orden o la libertad,  resulta muy controvertible en qué consistan en concreto dichos servicios. Y sea cual sea el grado en que realmente se correspondan con la práctica, bajo esas invocaciones circulan siempre intereses muy diversos, de grupo o partido, de riqueza y de mando particular, incluso meramente personales por vanidad de “pasar a la historia”, etc. La historia de cualquier país resulta bien ilustrativa al respecto.

No obstante, es cierto que algunos partidos  han servido mejor que otros al interés general –aunque este solo existe en forma mayoritaria: siempre habrá otros intereses minoritarios que lo desafían y pueden no obstante alcanzar el mando–. La historia refleja, asimismo un esfuerzo permanente, teórico y práctico, por conseguir formas de poder que armonicen de algún modo la libertad y el orden, y permitan una estabilidad social que evite los efectos más destructivos de la lucha por el poder.

 Así pues, podemos considerar tres principios: a) el poder es connatural a todas las sociedades humanas, por lo que la idea utópica de suprimirlo solo produce las tiranías más completas.  b) El poder es ejercido  siempre por una oligarquía, casi siempre con un “monarca” a la cabeza, y teóricamente al servicio del pueblo, el “demos”.  c) Las oligarquías nunca son homogéneas, se dividen siempre en partidos que pugnan, con diversos medios, por imponerse a otros, lo cual refleja la dificultad de definir el bien común, salvo de modo general y un tanto abstracto.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

 La gran época de España

Esta pregunta la habrá oído más de una vez: ¿Por qué ha escrito Nueva historia de España, algo a lo que solo se atreven historiadores de mucho fuste, y en qué sentido es nueva?

Bueno, realmente se han atrevido historiadores de muy poco fuste, ese no es un problema. Me propuse escribirla frente a lo que percibía de tiempo atrás como distorsiones fundamentales, herencia en parte de la leyenda negra, en parte de una respuesta a ella bastante pobre.  Me llamaba la atención especialmente el poco aprecio, incluso de los digamos españolistas, por la época más brillante de nuestro pasado, del que siempre destacan las tachas y fallos, sin apenas percibir aquello que la hizo precisamente grande, increíblemente grande.

Más o menos lo que decía Menéndez Pelayo…

No exactamente. Menéndez Pelayo confundía demasiado la religión con la política, entre otras cosas. Su desafío a los “gárrulos sofistas”  era muy necesaria, y casi profética sobre las consecuencias de sus “demoliciones” como pretendía Azaña, y que dieron lugar a la guerra civil. Pero su visión alternativa era por eso deficiente, en mi opinión, y un tanto plomiza. Presentaba a España como un hecho puramente religioso, especie de emanación de la Iglesia en el que la política quedaba como una adherencia secundaria. Por otra parte los “gárrulos sofistas” no han desaparecido, al contrario, hoy dominan la universidad. Por eso me propuse escribir el libro.

Pero esa visión, la de Menéndez Pelayo,  fue la del franquismo, que usted defiende.

No lo fue. Fue si usted quiere, la más oficial sobre todo en los años 40 y 50, aunque no muy seguida en la práctica, no muy productiva tampoco.  Pasó como con la cultura en general: había una cultura franquista, en algunos aspectos muy meritoria, pero muy distinta de la cultura “en” el franquismo, que fue mucho más amplia, variada  y en conjunto más meritoria.  Había una gran confusión. Por ejemplo, en la polémica sobre Ortega y Unamuno, los falangistas discrepaban de la postura menendezpelayista de sus opositores, que pretendían desterrar de la nueva cultura  a dichos pensadores y otros muchos escritores. Es curioso también que la Falange aceptase de Ortega una guía tan disparatada como su España invertebrada. Confusión muy considerable.

Sin embargo, la idea de Menéndez Pelayo sigue prevaleciendo entre gran parte de los grupos que se consideran herederos del franquismo, incluso si aceptan los cambios de la Iglesia desde los años 60. No puede usted negar la verdad de su definición de España como “evangelizadora de medio mundo, espada de Roma, luz de Trento, martillo de herejes, cuna de San Ignacio”. Esta es una verdad histórica.

Es parte de la verdad, pero proponerla  como modelo a imitar, ya en su época, principios de siglo XX,  resultaba absurdo. No guardaba la menor relación con lo que había llegado a ser España. Por supuesto, el franquismo no se propuso ser la espada de Roma ni la luz de ningún Trento. En realidad, su intervención en el Vaticano II fue más bien lastimosa, y tampoco su crítica a los “herejes”, desde el separatismo al marxismo, resultó muy aguda.

¿Cómo lo plantea usted entonces?

España tuvo dos siglos increíblemente productivos, más teniendo en cuenta que no era el país más rico ni poblado de Europa, aunque sí el que prestaba mayor atención a la enseñanza superior y el mejor organizado en muchos aspectos. Estos dos aspectos, la enseñanza superior y la organización,  casi nunca aparecen en las historias al uso, sean de una tendencia u otra. Aquella España defendió  a Europa del islam turco, defendió al catolicismo frenando  el expansionismo protestante, al tiempo que contendía con Francia, Inglaterra y Holanda, protagonizó el despliegue naval más decisivo en la historia humana, descubriendo América, cruzando los océanos más vastos y dando la vuelta al planeta, realizó  conquistas inverosímiles, generó un gran pensamiento y un arte y literatura originales y de gran altura, revolucionó el arte de la guerra,  evangelizó  y civilizó América y Filipinas, construyó en América las ciudades más bellas de las que aún dispone el continente, fundó universidades allí y en Filipinas, desarrolló el derecho internacional… Todo esto, aquí muy resumido, es sencillamente impresionante.

Pero tenía sus puntos negros: las quiebras presupuestarias, la pobreza…

El esfuerzo fue gigantesco, pero la pobreza era común a todo el continente, y más difícil de soportar en países húmedos y fríos. Quiebras también las tuvieron los demás. Lo que importa es el balance.  En fin, todo eso lo despachaban los regeneracionistas con lo de “anormal”, “enfermo” “descarriado vagar” y memeces por el estilo. Y por esas memeces se guía gran parte de la historia que se fabrica hoy. ¿Y quiénes eran los regeneracionistas que se echaban encima la labor titánica de fundar otra nación como si esta nunca hubiera existido? Pues no tenían nada de titanes ni de héroes. Ante todo  procuraban “arreglarse la vida” mediante alguna oposición que les incorporase al funcionariado de la “necrocracia” para verter impunemente sus prédicas desde esa posición segura y aprovechando las libertades del régimen de la Restauración. Respondían más bien al tipo del “señorito” frívolo y desconocedor de los rigores de la vida, aficionado a juzgar arbitrariamente de todo en sus tertulias de café. Lo cual desmiente asimismo lo de la “herencia temperamental” tan cara a Sánchez Albornoz. Hay que admitir que los españoles, como los demás pueblos, cambian mucho en su carácter o temperamento de unas épocas a otras.

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1 de abril de 1939: ganaron los buenos / La “anormalidad” de España.

Ganaron los buenos

Hace 81 años el célebre y sobrio parte de Franco dio por terminada la  guerra civil. ¿Qué puede decirse de ella a estas alturas? Por lo menos lo siguiente:

1. Que la contienda enfrentó por una parte a quienes querían implantar  en España un régimen soviético y/o disgregarla en estaditos  manejables por otras potencias, y por otra a quienes no estaban dispuestos a consentirlo.

2. Que en ella no se jugó la democracia sino la unidad de la nación, la cultura y familia cristianas, la libertad personal y  la propiedad privada, defendidas por los nacionales y atacadas por el Frente Popular, pacto de totalitarios y separatistas.

3. Que la democracia quedaba fuera de cuestión. En el Frente Popular, unos, los más fuertes, aspiraban a implantar un régimen de tipo soviético; otros, despotismos separatistas;  y unos terceros les hacían el juego voluntaria o involuntariamente. Los nacionales, después del caos republicano y las elecciones fraudulentas del 36, no creían que la democracia pudiera contener el alud revolucionario-separatista, y buscaron otras salidas. En 1930, Franco todavía recomendaba la democracia y se resistió a rebelarse mientras hubiera esperanza de reconducir un régimen cada vez más epiléptico.

4. El Frente Popular se presentó como defensor de la república, cuya legalidad había asaltado en 1934, planeando la guerra civil,  y había acabado de destruir desde las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, aplastando sangrienta y  tiránicamente la libertad. La falsedad de la reivindicación izquierdo-separatista, masivamente difundida, es la causa de que aún hoy la guerra civil siga sin ser asimilada por la sociedad española. Es también la causa por la que he escrito recientemente Por qué el Frente Popular perdió la guerra.

5. La guerra fue un suceso doloroso, pero en ella ganó la causa más justa. Que volvió a justificarse al ganar también la paz, reconstruyendo la nación frente a mil dificultades y hostilidades exteriores, manifiestas en un aislamiento criminal;   y dejando una herencia de reconciliación y prosperidad, con una sociedad muy superior  en todos los sentidos a la de miserias y odios republicanos causantes de la guerra. Esta es su doble legitimidad, de origen y de ejercicio. Precisamente el Frente Popular desacreditó la idea de la democracia para muchos años. Y no es casual que los partidos que se consideran herederos de él,  nuevamente totalitarios y separatistas, estén destruyendo la democracia decidida en 1976 a partir de la legitimidad del franquismo.

6. La mentira sobre la guerra y el franquismo, sostenida por los herederos del Frente Popular con el auxilio de una derecha abyecta y sin ideas, capaz de identificar democracia con antifranquismo,  es la causa profunda de que la sociedad no logre aprender de la experiencia y tienda repetir lo peor de su pasado, como decía Santayana de los pueblos que olvidan su historia.

7. En este aniversario es preciso que todos recordemos qué fue realmente aquella contienda, quiénes la planearon y provocaron, por qué la perdieron, por qué el pueblo decidió una democratización en orden partiendo de la herencia franquista, y por qué esa decisión ha venido siendo saboteada utilizando la falsedad histórica para transformar el régimen, introduciendo leyes totalitarias como las de “memoria histórica”, de género y similares.

8. Como dirigente máximo en la guerra y la paz –que dura aún hoy, cada vez más amenazada por golpismos y leyes liberticidas–, y por la categoría de sus logros, el general Franco entra en la historia de España con la talla del mayor estadista que ha producido el país  en varios siglos. La reciente profanación de su tumba por los delincuentes que hoy gobiernan la nación deberá ser revertida en su momento. Una sociedad incapaz de respetar a quienes la liberaron de la tiranía y la disgregación se condenaría a sí misma. Restablecer la verdad es una necesidad absoluta para garantizar la permanencia de España y curar una democracia hoy enferma y en gran parte fallida. 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilUNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias entran en crisis. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k

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La “anormalidad” de España.

Usted descarta el carlismo como solución general en España. Sin embargo fue uno de los ingredientes fundamentales del franquismo y en la guerra civil

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Sí, fue uno de ellos pero ni de lejos el principal. El franquismo no fue un régimen de partido único, sino de cuatro partidos o “familias”, y en general poco tuvo que ver con el carlismo; y  la evolución posterior de este  ratificó su incapacidad como alternativa a la democracia liberal. Es difícil definir con precisión ese movimiento. Por una parte quería volver a la sociedad estamental y de privilegios, regida por la nobleza y el clero con un rey sacralizado, cosa que interpretaba como el orden social querido por Dios. Querían mantener el antiguo régimen, que en España imitaba a la monarquía absolutista  francesa desde comienzos del XVIII, es decir, no era demasiado tradicional español. Y  por otra parte parecía querer ir más allá, a la época de la Reconquista, con los viejos fueros y demás. Por ello detestaban al liberalismo, que preconizaba la unión nacional bajo las mismas leyes, con igualdad ante la ley y  abolición de los privilegios. A pesar de que les ayudaba la mediocridad, corrupción y crímenes de los liberales, no eran una alternativa, desde luego. Y perdieron las guerras en buena medida por la ineptitud e intrigas de la corte del “sacro” pretendiente.  Esto también lo explico en Nueva historia de España, perdone que insista.

Pero el liberalismo ha fracasado a su vez. En el XIX trajo inestabilidad, los pronunciamientos militares, en el XX fue incapaz de contener las tendencias revolucionarias, contribuyó, usted mismo lo dice, al caos republicano y a la guerra civil. Ahora mismo, muchos políticos que han ayudado al proceso de descomposición política actual se consideran liberales. Los democristianos también lo son…

Tal como han ido las cosas, son dos movimientos fracasados en España, el carlismo en el siglo XIX y el liberalismo en el XX. Sin embargo del liberalismo hay elementos irrenunciables como la unidad nacional, los derechos políticos, la igualdad ante la ley. Tanto es así que nadie se atreve a declararse en contra, lo aceptaba hasta Torrente Ballester cuando era ideólogo de la Falange. Bueno, excepto en lo de la unidad nacional,  contra la que parecen estar casi todos, herencia del regeneracionismo.

¿El regeneracionismo estaba contra la unidad nacional?

No estaba contra la unidad, pero favorecía los factores que podían destruirla, empezando por su denigración de la historia. La idea de que España tenía una historia “anormal” implica, naturalmente, que otros países la tendrían “normal”. En concreto la tendría normal “Europa”, mientras que España, ya en la Reconquista habría mostrado síntomas de enfermedad, que en gran parte de manifestarían en una “tendencia congénita a la guerra civil”, al “cainismo”, a la “persecución del pensamiento libre”, luego materializada en la Inquisición, etc. En contraste supuesto con “Europa”, es decir, con la Europa occidental, o más propiamente Francia e Inglaterra, que constituían el horizonte fundamental de  los europeístas, y sobre las cuales demostraban no conocer más que tópicos ni tener deseos de ir más allá. Era una doble ignorancia o más bien distorsión: de España y de Europa. No se puede construir sobre arenas tan movedizas. Era la aceptación de la leyenda negra combinada con un patriotismo a su modo: como españoles, los regeneracionistas se sentían ultrajados por el atraso de España con respecto a Francia e Inglaterra. Lo malo es que creían poder superar ese atraso rápidamente con fórmulas mágicas, básicamente con la destrucción del régimen liberal de la Restauración. ¡El caso es que casi todos se proclamaban liberales! En Por qué el Frente Popular perdió la guerra examino esta peculiaridad del liberalismo español, siempre enfrentado internamente  a muerte, o casi.  Los liberales como enemigos del liberalismo, podríamos decir, exagerando no demasiado.

Aun así, las líneas generales eran correctas: querían una democracia de libertades.

Algunos querían un dictador, un “cirujano de hierro”.  Paradójicamente, España fue probablemente el país o uno de los países  internamente más estables de Europa durante más de tres siglos y el que aún hoy  mantiene unas fronteras más estables; y constructor de un imperio también más pacífico, estable y duradero que cualquier otro europeo; y la Inquisición fue un tribunal mucho más garantista que cualquier otro de Europa, mucho  menos sanguinario que las diversas inquisiciones protestantes, y coincidió con la época cultural e intelectualmente más importante de la historia de España.  Las guerras civiles, el “cainismo” y el estancamiento intelectual han sido en España, más bien, una herencia de la Revolución francesa a través de la invasión napoleónica. Recordar y examinar estas cosas, a contracorriente de la mayor parte de la historiografía al uso, es parte de lo que he hecho en Nueva historia de España.

Pero usted tampoco ofrece una alternativa.

Eso tienen que hacerlo los políticos. Pero cualquier alternativa pasa por el saneamiento, digámoslo así, del pasado. En Nueva historia he expuesto cómo en todas las sociedades existen tendencias integradoras y disgregadoras en difícil  equilibrio. Ahora bien, si partimos de la idea de un pasado negativo de España, las tendencias disgregadoras prevalecerán, como está ocurriendo. Hay dos puntos sobre los que incidir: la gran época de España, siglos XVI-XVII, y el franquismo.  Más allá de clarificarlos en lo posible,   ¿podemos extraer de ellos ideas que nos sirvan para el presente? Lo primero es, precisamente, restablecer la verdad o acercarnos lo más posible a ella desde la consciencia de que lo que hoy prevalece es la falsedad, y de que esta nos está causando grandes males.  

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“Una historia enferma” / Una obra maestra del espionaje y la pericia naval

**El Doctor, el Coletas, el Torra y otros cuantos deben ir a la cárcel, si no queremos que conviertan en cárcel al país

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“Una historia enferma”

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Usted es probablemente el único que ha cargado contra el movimiento regeneracionista, que sin embargo ha sido aceptado por tirios y troyanos como un noble intento de regenerar una España tísica y que ha movido a muchas de las personalidades políticas a intelectuales españolas más valiosas del siglo XX.

 En primer lugar, España no estaba tan tísica: se estaba recuperando de un siglo XIX desastroso, aunque no todo en él fuera malo. El problema es que los regeneracionistas encontraban que España había tenido una historia enferma o anormal, como decía Ortega, un pensador importante pero que en cuestiones políticas e históricas desbarraba con gran autoridad.   Y, al contrario, solían ver en el siglo XIX, ¡precisamente!  una época “vital”,  de buen espíritu, aunque terminara frustrado por la Restauración.

El mundo al revés, según usted. ¿Lo bueno era lo anterior al siglo XIX? ¿Lo malo era la europeización?

Empecemos por lo último. En Nueva historia de España, en los libros sobre la Reconquista y Europa, he intentado responder a esas cuestiones, que generalmente se plantean desde una distorsión de la historia de España y una ignorancia básica de la europea. España es directamente hija de Escipión y de Leovigildo, si se quiere personificar así; es decir, es parte de Europa desde los orígenes. Quiero decir de Europa occidental, porque hay tres Europas bastante distintas.  Con la invasión islámica pudo haber ingresado en el Magreb, pero la Reconquista hizo volver la península a Europa.  Ha participado, con rasgos propios, como las demás naciones, en los grandes movimientos culturales, desde el monástico o el románico hasta las ideologías salidas de la Ilustración, en las que estamos.

Lo que se entendía en el regeneracionismo por europeización consistía esencialmente en cosas como el impulso a la ciencia, la secularización social, la democracia, la alfabetización… Eso se entendía y no otra cosa, nadie en su sano juicio se opondría.

Claro que nadie se opondría, pero…

Sí se oponía una corriente que en definitiva quería volver al Antiguo Régimen, a la España católica martillo de herejes, a la desconfianza del pensamiento y la ciencia, “de cerrado y sacristía, de Frascuelo y de María, de charanga y pandereta, como bien resumía Antonio Machado.

 Esa oposición fue común a toda Europa. Es claro que el Antiguo Régimen había cumplido su misión, si lo queremos ver así,  no tenía futuro  desde finales del siglo XVIII. Pero empezó a ser demolido mediante una orgía de sangre y terror en la Revolución francesa y luego en las guerras  napoleónicas, que en España fueron especialmente catastróficas. Es natural que suscitaran una oposición, aunque luego las ventajas del nuevo régimen, el liberal esencialmente, fueran imponiéndose con mayores o menores dificultades. En España igual que en la mayoría de las naciones. 

  Pero en España siguieron predominando las viejas capas dominantes, no hubo una verdadera revolución.

Oigo esa historia a menudo:  ¡Siempre es la reacción, la derecha, la que manda, pase lo que pase,  ya desde Recaredo o desde los comuneros! ¡A ver cuándo le toca al pueblo, a sus verdaderos representantes! Esa simpleza  está en la base de las demagogias del PSOE o del republicanismo de izquierda del siglo XX. Pero es lo contrario. La “derecha” si así queremos llamarla,  el Antiguo Régimen, fue derrotado en el siglo XIX por la izquierda, que eran precisamente los liberales, y lo fue en guerras, especialmente la primera, que equivalía a una verdadera revolución. A continuación se copiaron mejor o peor las instituciones francesas o inglesas.  Los mayores problemas del siglo XIX no fueron entre liberales y carlistas, sino entre liberales moderados y exaltados. El liberalismo funcionó bastante mal, España quedó como potencia casi insignificante en Europa –no en África– y para arreglarlo surgieron en el siglo XX nuevos movimientos revolucionarios, que conducían al totalitarismo y a la guerra civil, y que vuelven a amenazar lo logrado, mucho o poco, con el liberalismo, fundamentalmente las libertades políticas y la propia unidad nacional.  Hay que tener cuidado con esos “análisis” tan frecuentes, que más que simplificaciones son simplezas de las que ya tenemos experiencia.

Usted pretende, en resumen embellecer un estado de cosas anterior a la Revolución francesa…

Yo no embellezco nada. El Antiguo Régimen es lo que hubo durante siglos, probablemente sus raíces están en el modo como cayó Roma y la imposición de reinos bárbaros germánicos. Pero reducir a eso toda la historia es absurdo. ¿Qué vamos a decir, que toda la historia desde entonces ha sido un error o un crimen hasta que hemos dado con la receta definitiva? Ni ha sido un error ni hemos dado con una receta definitiva. Baste recordar que desde la Segunda Guerra Mundial, Europa  ha pasado a segundo término en los terrenos político, militar y cultural en el mundo. Europa, y con ella España,  han evolucionado a través de movimientos culturales y políticos de gran calado. En unos países les ha ido mejor, en otros peor, es lo normal. ¿Por qué en España ha funcionado  mal, hablando en general, el liberalismo? Es una cuestión interesante, que abordo de modo indirecto en Nueva historia de España, pero que vendría bien tratarse de modo directo, partiendo del hecho de que el carlismo estaba condenado. 

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Una obra maestra del espionaje y la pericia naval.

En agosto de 1780 los ingleses prepararon un extraordinario convoy con todo tipo de provisiones, armas, soldados  y una enorme suma de dinero destinados a la India y sobre todo a sofocar la guerra de independencia de lo que sería Usa. Se trataba de 52  barcos de carga (armados pero con débil potencia de fuego), escoltados por un solo navío de línea y dos fragatas. La debilidad de la escolta para una carga tan valiosa, se debía a que el año anterior una flota franco española bajo mando francés, después de haber desbaratado a una flota inglesa,  había tenido ocasión de desembarcar en Inglaterra, en cuya costa sur de desató el terror. Pese a los apremios del jefe español Luis de Córdova, el superior francés, Guillouet, vaciló, a los pocos días se desató una peste en los navíos y la escuadra tuvo que volver a Francia.  Sin embargo el gobierno inglés quedó tan alarmado que prefirió dedicar el grueso de su armada a la protección de la isla.  Por esa razón, el gran convoy iba poco protegido, y para no ser detectado se le dio orden de navegar lejos de la costa y de las rutas habituales.

   El espionaje español en Inglaterra consiguió enterarse en líneas generales y pudo advertir  a España.  Así una flota hispanofrancesa al mando, esta de vez, de Luis de Córdova y  de José de Mazarredo, partió en búsqueda de los ingleses, perdidos en la gran extensión del mar. El convoy fue localizado el 9 de agosto  en inmediatamente se dio la orden de ataque. La escolta inglesa, al constatar la superioridad de la flota enemiga (27 navíos de línea españoles y 9 franceses), se dio a la fuga dejando a su suerte el valioso cargamento; los demás barcos trataron de huir a su vez, dispersándose. Sin embargo fueron todos (52) capturados sin resistencia, salvo los tres de protección, que fueron los primeros en desaparecer. El botín fue uno de los mayores, si no el mayor, de la historia naval: armas, municiones, vestimenta y otros pertrechos, y  un millón de libras esterlinas, suma extraordinaria para la época, además de 3.000 prisioneros. Fue el mayor desastre logístico de la historia inglesa  y causó otro desastre financiero, hundiendo la Bolsa de Londres.

   Importa señalar además otra consecuencia: la fuerza inglesa en Usa quedó inevitablemente debilitada, lo que hubo de influir en su capitulación al año siguiente en  Yorktown, después de una batalla que fue poco más que una escaramuza. Por su parte, Bernardo de Gálvez había expulsado a los ingleses de Florida y bloqueado su  paso  por el Misisipi, impidiéndoles atacar a los insurrectos por el oeste.

Fue sin duda una operación maestra del espionaje y de la pericia de la marina española, y quizá  el último de sus grandes éxitos. Veinticinco años más tarde, en Trafalgar, se acabó aquella trayectoria, la más importante de la historia naval humana. Y con la invasión francesa el país pasaría a potencia de segunda o tercera clase.

Estaría bien un documental o serie de ellos que relatasen la historia naval española desde, por ejemplo,  la Guerra de los Cien Años hasta Trafalgar. A ver si alguien tiene la iniciativa.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilUNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias entran en crisis. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k

 

 

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Coronavirus, UE y guerra psicológica / Jayam 21: en un cementerio / El origen de España /Buena novela

Coronavirus, UE y guerra psicológica.

El coste  económico del coronavirus va a ser tan enorme, que Draghi ha propuesto un plan que, en resumen, consiste en mantener las empresas y el empleo con medidas avaladas por el estado, a cuyo fin los estados deben incrementar enormemente su deuda pública; y que esas medidas deben tomarse en colaboración por todos los países de la UE (que no “europeos”, como se dice con cierta perversión del lenguaje). Las deudas públicas en la UE son ya gigantescas, se estiman en hasta el 85% del PIB conjunto. No hacerlo, advierte Draghi, puede llevarse por delante a la propia UE. No lo ven tan claro los países del norte, muy reacios  a aumentar sus primas de riesgo a costa de rebajar las de los países del sur, y partidarios de que cada país se haga responsable de sus políticas económicas. Es de suponer que se llegará a algún compromiso, porque los peligros alcanzarán a todos. 

En cuanto al tópico de  que la Unión Europea garantiza la prosperidad común no pasa de ser un mito. Inglaterra se ha salido sin ningún problema importante, y España crecía más y más sólidamente cuando no solo no estaba en la CEE, sino que esta la había rechazado explícitamente.  Además, política y militarmente la UE ha estado y previsiblemente siga estándolo, bajo la tutela de Usa, y no se vislumbra cómo podría ser de otro modo. Por mi parte siempre he sido escéptico, no con respecto a Europa sino a la UE, y no con respecto a sus países originarios, a quienes probablemente les ha ido muy bien, sino con respecto a España, que quizá tenga menos necesidad de ella de lo que se pretende. Muchos dicen que con políticos como los que tenemos, es preferible someternos a la tutela de Bruselas, pero han sido esos políticos quienes nos han metido en la UE (lo que ellos llaman “entrar en Europa”) y los más interesados en seguir ahí.

El virus está ocasionando asimismo una guerra de bulos e informaciones distorsionadas  que se achacan a Rusia y a  China. En el caso ruso, se trata de una táctica propia de un país de escaso poder real –fuera del nuclear–, que se siente hostigada (¡hasta por España!). En el caso chino, el origen de la enfermedad en su territorio, que, aparte de los perjuicios económicos, la vuelve psicológica y políticamente vulnerable en la rivalidad con Usa,  trata de echar a esta la culpa. La UE y Usa se muestran preocupadas por la difusión intencionada de tales bulos, y piensan contraatacar. Al respecto, vale señalar que no es una táctica específica china o rusa, pues Usa la ha empleado muy abundantemente cuando le convenía, y los españoles tenemos buena experiencia de ello. Es cierto que, si en una situación extrema, tuviéramos que elegir entre Usa y Rusia o China, deberíamos inclinarnos por Usa. Pero lo mejor es mantenernos al margen y ayudar a que esa situación extrema no se produzca. Cosa hoy por hoy difícil, ya que ello exigiría la desaparición  de los partidos que han gobernado o desgobernado  el país desde hace muchos años.  

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En un cementerio

Dice Omar Jayam: Buscar la paz en el mundo es un absurdo / Creer en el reposo eterno también lo es / Una vez muerto, breve será tu anhelo / Renacerás en la hierba que todos pisan, o en la flor que se marchita al sol.

Los cementerios dan buena prueba de ello. En otro tiempo eran frecuentes los epitafios, Lerroux los coleccionaba, algunos muy pintorescos, no recuerdo ninguno ahora. Lo cuenta en sus memorias, las más interesantes y entretenidas de los políticos españoles de la época  (no  confundir con La pequeña historia). Me han contado alguno gracioso, seguramente apócrifo: “Aquí yace Fulano. Hizo el bien e hizo el mal. El bien lo hizo mal, el mal lo hizo bien”.  O, en otra versión, “hizo el mal para los buenos y el bien para los malos”: lo equívoco del bien y el mal, a cuyo pleno conocimiento no accedieron Adán y Eva, quizá por no haber comido bastante del fruto. Esperaban convertirse en dioses y entraron en los tormentos de la moral y la muerte.

Los pequeños cementerios de aldea son especialmente sugestivos: bajo los soles y las lluvias se van corrompiendo los cuerpos hasta no quedar más que restos óseos. Esto lo sabemos  sin necesidad de abrir ninguna tumba. Las lápidas nos informan también de los nombres, la edad alcanzada por los fallecidos y algún detalle más, a menudo alguna lamentación y expresión de esperanza en el más allá. Pero estos detalles son en cierto modo irrelevantes porque corresponden por igual a todos. En un solo muerto se resume la suerte final de los demás, así como el destino de quienes ahora podemos mirar los sepulcros. como una vasta literatura no ha cesado de recordarnos.

Sin embargo, cada nombre en cada lápida se refiere a algo que no podemos conocer: a una vida llena de avatares, incluso si el fallecido es muy joven: sus trabajos, sus ideas y creencias, sus amores y sus odios, sus miedos, sus humillaciones y alegrías…, en fin, los sucesos que componen la vida humana, y que atañendo a todos son distintos en cada cual.  La historia de sus cuerpos es sencilla: creció con los años hasta estabilizarse,  tuvo tales o cuales enfermedades, pasó una etapa de lozanía y fue decayendo hasta el golpe definitivo. Pero su vida difiere enormemente de la evolución corporal, prueba una vez más de  la diferencia profunda entre el cuerpo y el yo, pese a su estrecha unión. El cuerpo permanece pero los elementos biográficos se desvanecen, de hecho se desvanecen continuamente, como humo. ¿En qué medio se desvanecen? Adónde van? Es imposible demostrar que el yo (para el caso el alma) se separe del cuerpo y no perezca con él, pero no resulta difícil ni especialmente absurdo imaginar que el yo perviva de algún modo al margen del cuerpo. Examinando un cadáver, la ciencia puede extraer numerosos datos sobre su vida física, su evolución corporal, daños sufridos, fortalezas o debilidades… pero no parece posible que saque de ahí ninguna conclusión sobre la peripecia vital de esa persona. En cierto sentido esta sobrevive en el recuerdo de sus deudos o amigos, y así lo expresan a menudo las lápidas, pero es una supervivencia enormemente parcial y efímera, cada vez más confusa.

  Hay algo más misterioso: la lápida nos informa de alguien que ha sido real, cuyas ignotas vivencias han sido parte de lo que llamamos realidad, y sin embargo esta se ha disuelto por completo. ¿En qué se ha disuelto? ¿Es real la realidad?  Y si  en trance de muerte la propia persona tratase de recordar con precisión su vida, captar la realidad de ella,  fracasaría inevitablemente. Su memoria retendría, retiene siempre, fragmentos generalmente ligados a impresiones emocionales, y no sería capaz de determinar con claridad si el bien y el mal que hubiera hecho pudiera ser objetivamente apreciable, por otros o por él mismo. Además,  ¿quién podría apreciarlo o juzgarlo? Solo aquella voluntad por la que cada persona ha vivido, y que, según Jayam, se ha complacido en poblar de trampas y amenazas su trayectoria encaminada a la fosa.  

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Orígenes de España

Al escribir Nueva historia de España me planteé, lógicamente, por dónde empezar. Es obvio que los arévacos, o los galaicos o los autrigones, etc., no eran españoles,  se habrían sorprendido mucho si se lo hubieran dicho. No podíamos empezar por ahí.

Pero genéticamente sí eran muy semejantes entre ellos y con los españoles actuales, según indican los mapas genéticos europeos que circulan en la red.

Sí, pero genéticamente creo que somos muy parecidos a los de la zona más occidental de Europa, y no los incluimos en la historia de España. De paso quedaba excluida la racionalización de Sánchez Albornoz sobre España como una especie de saco al que iban a parar todo tipo de invasiones o migraciones,  con las mezclas consiguientes. Al parecer, la población española es genéticamente más homogénea que la francesa o la italiana, por ejemplo. También parece claro que esas migraciones procedieron sobre todo de Europa y el Mediterráneo, y solo en pequeña medida de África, es decir, que estas o las orientales dejaron poco rastro genético. En todo caso, desde el punto de vista histórico-cultural tienen poca relevancia.

Prácticamente todas las historias de España empiezan por los pobladores más antiguos, los íberos y los celtas o anteriores, ahora con  Atapuerca.

Creo que es un gran error que distorsiona de entrada la cuestión. En realidad hay que plantear  la historia real desde la invasión romana, y concretamente desde la II Guerra Púnica.  La he llamado “la guerra del destino”, no solo para España, para toda Europa. Es preciso entender ese punto crucial. Antes, los “españoles” formaban grupos humanos muy diversos, con lenguas diferentes y sin ninguna unidad aparte de ese fondo genético. Entonces comenzó un proceso muy distinto.

Ningún estudio, que yo sepa, da a esa guerra la importancia que usted le da. Usted tendría que explicarlo.

Sí, y es sorprendente que no se la considere así, porque desenfoca de entrada la historia real. Y lo explico abundantemente en Nueva historia, si usted quiere leerla. De haber vencido Cartago, la historia y la cultura habrían sido muy distintas, porque a partir de ahí es cuando Roma se va convirtiendo en el poder dominante en torno al Mediterráneo. Pero, en fin, el planteamiento es muy sencillo: basta exponer cuáles son los rasgos más distintivos de la sociedad española actual y preguntarse por su origen. Rasgos como la lengua, la religión, numerosas costumbres, incluyendo culinarias, el derecho, la autoconsideración como españoles…Todo eso viene de Roma. De ahí la transcendencia decisiva de aquella guerra.

 No obstante,  Hispania romana no era una entidad políticamente independiente. Y si hablamos de esa herencia, también es compartida por Francia e Italia, por ejemplo, con lo que volveríamos de otra manera a lo que usted decía sobre la relación genética con la parte más occidental de Europa.

Sí, bajo el Imperio Romano,  Hispania  se integraba en el Imperio, no era una entidad política propia, más que de un modo muy genérico. Pero luego viene el hecho decisivo del derrumbe de Roma y el caos político subsiguiente. Pues bien, de aquel caos surgen procesos  muy diferenciados en España,  Francia o Italia. En España se va creando una conciencia política y un estado propio, es decir, una nación, a partir de Leovigildo. Y lo mismo, aunque de otro modo, ocurre en Francia. En Italia, en cambio, el caos se eterniza en contiendas entre grupos bárbaros y con los bizantinos. Algo parecido ocurre en Inglaterra entre  los reinos germánicos, pero con una diferencia crucial: en España, Francia e Italia se conserva la cultura latina, que pronto va absorbiendo a los bárbaros, mientras que en Inglaterra sucede al revés, la base latina desaparece prácticamente.

Américo Castro sostiene que ni los hispanos de tiempos de Roma ni los visigodos pueden ser considerado propiamente españoles.

La Reconquista Y España (Historia)

Es uno de los muchos absurdos que circulan. Por lo visto los hispanos y los godos, que comparten lo esencial de nuestra cultura no eran españoles, pero los andalusíes y judíos, que no compartían ningún rasgo cultural esencial con la parte cristiana de la Reconquista,  sí eran españoles. Y  además los mejores culturalmente hablando. El disparate no puede ser más revelador: con él  la Reconquista deja de existir para convertirse en una guerra civil en la que ganaron los peores. Como con Franco, casualmente.  Sin duda Sánchez Albornoz tenía mucha más razón, si excluimos alguna de sus ideas como la ya vista, o la “herencia temperamental”. Lo de Castro es una serie de disparates construidos sobre un disparate de base. Como dije, cuando se plantea mal el origen de España, las distorsiones y contraevidencias se suceden. Sin embargo, Castro ha tenido más influencia que Sánchez Albornoz en muy amplios círculos españoles y extranjeros.

Pues ya es curioso que esas ideas circulen tanto,  aunque usted las llame disparates.  ¿No ha tratado usted de explicar por qué?

En Nueva historia creo que queda aclarado implícitamente. Se trata de una herencia de la leyenda negra, basada en las calumnias de un monje perturbado y en la propaganda de las potencias enemigas de España en los siglos XVI y XVII sobre todo. Entre todos han configurado la leyenda de que aquellos siglos españoles son aborrecibles, y por tanto hay que buscar algunos elementos más satisfactorios, en particular los árabes y judíos, que fueron expulsados. Es decir, la historia de España habría sido una “enfermedad” y su imperio “un sudario” extendido sobre el planeta, como decía algún botarate. De esa miseria  había que salvar  los elementos que supuestamente habían bregado contra esa “enfermedad”, desde los andalusíes a los comuneros y tales o cuales intelectuales secundarios. En la desastrosa historia de España siempre ganaban los malos, desde Recaredo, como decía Gaziel. El problema se agravó mucho desde la derrota del 98 ante Usa, de la que se quiso sacar la conclusión de una inferioridad de España permanente durante siglos,  y soluciones como la disgregación del país o el llamado europeísmo, que por cierto se complementaban. Podríamos decir que Nueva historia y Europa, una aproximación a su historia, son libros complementarios.

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Una buena novela

Señor Moa, leo en Amazon esta crítica a su novela Sonaron gritos y golpes a la puerta, y antes de encargarla me gustaría saber su respuesta. C. G. :

La novela esta ambientada en cuatro momentos de la Historia de España diferenciados, hasta el punto que podrían leerse por separado. El primero corresponde a los primeros años de la república y por tanto previos a la guerra civil. El segundo la propia guerra civil. El tercero esta ambientado en los avatares de un grupo de falangistas en la división azul y por ultimo los años del 45 al 50 ya en la España de la postguerra y la persecución del maquis. La novela esta bien ambientada y desde mi punto de vista mejora en su segunda parte. En algún momento se habla sobre la influencia del Opus Dei en la España de 1945. En mi opinión creo que se exagera su influencia en ese momento y especialmente en la enseñanza. Si bien es cierto que creció con el tiempo, nada vez que ver la influencia del Opus en el año 45 con lo que seria después a partir de la segunda mitad de los 60.Con una visión absolutamente parcial, es muy beligerante con las persecuciones que se hicieron contra la iglesia en España, sin duda ciertas, pero demasiado silente con momentos históricamente probados como Guernica, Badajoz, Malaga y por supuesto la postguerra. No hay ni una sola critica al comportamiento de una de las partes y desde luego es mas que complaciente con ella. Por el contrario no puede ser mas prolija en las descripciones sobre la maldad “roja”. Creo no obstante que si la novela se lee sin prejuicios y se es capaz de leerla desposeyendola de su clara parcialidad, es una buena novela. He leído una critica que la califica como una de las grandes novelas del siglo xx. El juicio con todo mi respeto me parece totalmente inapropiado y desde luego mas que desmesurado.

Es claro que el crítico toma la novela por un libro de historia, y desgraciadamente demuestra no tener ni idea de ella al citar  en el sentido en que lo hace  Guernica, Badajoz, Málaga y la posguerra. Tendría que haber leído previamente Los mitos de la Guerra civil para librarse de tópicos falsos. Por cierto que la influencia del Opus Dei – no recuerdo que la mencione en la novela– creció  rápidamente desde 1939, particularmente en el CSIC. En cuanto a los años previos a la guerra civil, no los trata la obra. El que, a pesar de sus prejuicios, la novela le parezca “buena”, hay que tomarla como una concesión involuntaria.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)https://www.amazon.es/Sonaron-gritos-golpes-puerta-Historica-ebook/dp/B007UQCJNI

 

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