En “Una hora con la Historia”: El falso páramo cultural del franquismo y el auténtico de la actualidad: https://www.youtube.com/watch?v=7XFEXMGmiw8
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El mayor peligro para VOX es el de quedar como un PP menor y con matices. Esto es lo que le está ocurriendo en las actuales elecciones, una vez cayó en la trampa de exigir respeto para entrar en el club y poner por encima de todo la expulsión del Doctor o de Carmena. Como decían muchos comentaristas, el programa de VOX para la autonomía y el ayuntamiento de Madrid es casi idéntico al del PP. Y sin embargo VOX ha tenido la oportunidad de diferenciarse netamente con tres exigencias básicas:
*Eliminación de la ley de memoria histórica por antidemocrática, sectaria, falsaria y fomentadora de odios
*Eliminación del bilingüismo en la enseñanza. La Constitución no hace de España un país bilingüe con predominio del inglés. No al desplazamiento del español. El inglés debe estudiarse como lengua extranjera.
*Eliminación de todas las subvenciones a la ideología de género, orgullos gay y similares.
Con estos tres puntos (puede haber más), que pueden explicarse fácilmente, VOX se manifestaría como una verdadera alternativa y no como un partido más, algo más radical aquí y allá. Y, no menos importante, daría a voz a un número de ciudadanos que están hartos de las políticas de PP, PSOE y C´s. Ciudadanos marginados y reprimidos sistemáticamente por los demás partidos. ¿Son muchos o pocos ciudadanos? Quizá de momento sean pocos, debido a tantos años de manipulación antiespañola, pero si las cosas se explican bien, son susceptibles de aumentar mucho. VOX se encuentra en una encrucijada. Sus votos son los de la gente que detesta la actual política. En las últimas elecciones perdió un millón de votos, justamente por haber rebajado la intensidad de su mensaje.

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Lo que el mundo debe a Usa.
–Usted ha dicho que España no debe nada a Usa, pero debe admitir que una gran parte de las comodidades y avances técnicos de que disfrutamos los españoles vienen de allá. ¿No es eso una deuda real?
–Sí, lo es. Desde finales de la II Guerra Mundial, Usa ha sido puntera en casi todo, y solo podemos mirar en nuestro entorno, el cambio enorme que han producido los ordenadores, internet, los móviles, etc., para darnos cuenta. Todo eso ha venido fundamentalmente de allá. Se puede decir que en ese terreno todo el mundo está en deuda con Usa, indudablemente. También puede decirse que si tenemos ordenadores es porque somos capaces de pagarlos, pero, en definitiva, en estas cosas la idea es lo esencial, y las idea vinieron de allí. Pero yo hablo de otro plano, otro tipo de deudas: en el terreno político, militar y económico.
–Pero en el terreno político, usted defiende la democracia. Y no puede negar que se trata también de un invento useño.
– Defiendo la democracia a condición de que se reelabore la idea y se analice su evolución histórica. La democracia como “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” es useña, pero no es real. El pueblo no puede gobernar, sino que es gobernado necesariamente, y la misma idea de pueblo debe reelaborarse. La representación del pueblo en el poder, que se parece más a la idea de democracia, es más antigua que Usa, está en la Escuela de Salamanca y antes todavía en los comienzos del parlamentarismo, que ocurren en España, concretamente en León. Claro que no era una representación “del pueblo”, sino de unos sectores de él, la burguesía, pero la idea ya estaba ahí. En La guerra civil y los problemas de la democracia he esbozado algunas líneas de pensamiento, que obviamente deben desarrollarse, pero hoy España es un país intelectualmente plano, la democracia es solo una palabra mágica y el intento de debatir no tiene respuesta.
–Pero usted defiende al mismo tiempo al franquismo, que obviamente no era democrático, sino que incluso se proclamaba antidemocrático. Aunque hablase de “democracia orgánica”.
–Todo eso son problemas a estudiar. Creo quela única democracia posible es la liberal. Pero si esta se quiere aplicar radicalmente, termina disgregando la sociedad, devolviéndola al “estado de naturaleza”, que nunca existió en la historia pero que ese liberalismo radical haría posible, pues no habría ningún criterio por encima del interés individual. Ahora bien, ¿por qué en Usa la democracia ha funcionado tan bien que ha convertido al país en el primero del mundo en casi todos los terrenos? Porque hay otros factores ideológicos y psicológicos cohesionadores que impiden que las tendencias disgregadoras se impongan hasta el fin. Uno de esos factores es el patriotismo o nacionalismo, muy fuerte allí, también lo es el mito del “gobierno del pueblo”, que habla del “pueblo”, no del “individuo”. Factores como esos mantienen la cohesión social a pesar de que las tendencias e ideologías disgregadoras son también allí muy fuertes; y son además sanas si se mantienen en ciertos límites. Pero exportada a sociedades más débilmente cohesionadas, la democracia liberal puede tener efectos devastadores. Los tuvo en España y eso motivó la guerra civil y el franquismo, que salvó lo más básico: la nación, la Iglesia (que también fue un factor de cohesión, pero creo que ya apenas lo es), la propiedad privada, la familia tradicional. Fue preciso poner coto por la fuerza a las fuerzas disgregadoras que habían llevado al país a la guerra, pero al mismo tiempo el franquismo, al conseguir la mayor cohesión y estabilidad social, el abandono de los odios, ha permitido volver a la democracia… aunque nuevamente se están volviendo muy peligrosos los elementos de disolución social. He intentado analizarlo en varios libros.
–Según se entiende, usted cree que el liberalismo extremo tiende a disolver la sociedad. Pero los peligros que usted miso denuncia son más bien los totalitarismos, las ideas y partidos antidemocráticos.
–Sí, una cosa no se opone a la otra. La dinámica liberal, en ausencia de cualquier freno, disuelve la sociedad por la idea del individuo soberano. Pero el individuo no es soberano, vive en sociedad y depende mucho de la sociedad, que limita y condiciona su libertad necesariamente. Además, psicológicamente el individuo tiende a agruparse de mil maneras y a muchos niveles, y a reaccionar contra la libertad de otros, que puede considerar lesiva, asociándose incluso en grandes masas. Aunque parece contradictorio, el totalitarismo es el otro polo del individualismo liberal. Esto ya lo previó Tocqueville, y la historia le ha dado la razón. En mi libro sobre Europa enfoco el siglo XX europeo como la crisis del liberalismo a raíz de la Primera Guerra Mundial. Creo que es un punto clave. En este blog procuraré ir desarrollando estas ideas.



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Manifiesto contra la ley de memoria histórica.
La ley de memoria histórica pretende imponer a la sociedad una versión partidista del pasado español y por ese mero hecho adquiere carácter antidemocrático y totalitario, compatible solo con regímenes del tipo de Corea del Norte, la Cuba castrista o China. Constituye en sí misma una seria amenaza para las libertades de expresión, investigación y cátedra garantizadas por la Constitución.
El tema central de dicha ley es una valoración negativa del régimen anterior a la democracia y de su principal figura, Francisco Franco. Quizá es demasiado pronto para tener una perspectiva histórica ecuánime sobre ambos, pero no debe ocultarse que las valoraciones hoy predominantes y a menudo subvencionadas, proceden de puntos de vista y propagandas elaborados y sostenidos por el antiguo Partido Comunista –única oposición real al régimen de Franco, que no tuvo ninguna oposición democrática significativa– y por los partidos separatistas. No debe olvidarse tampoco que el comunismo ha impuesto, allí donde se ha establecido, la privación de las libertades más básicas junto con hasta cien millones de víctimas. Estos meros datos permiten calibrar la solvencia de sus críticas y valoraciones, que en cualquier caso no deben convertirse bajo ningún pretexto en dogmas impuestos.
Hemos podido comprobar en estos años los efectos de dicha ley, con la que recientemente ha querido darse un paso más persiguiendo con multas y cárcel a los discrepantes, algo nuevamente propio de regímenes como los mencionados más arriba. Efectos como la utilización propagandística y emocional de las víctimas de un solo bando y sin discriminar entre inocentes y culpables de crímenes; exigencias de censura en los medios contra la libertad de expresión; típico adoctrinamiento ideológico totalitario en las escuelas; incentivación de odios sociales reminiscentes de los que desgarraron a la república, manifiestos en ataques cada vez más frecuentes a locales, iglesias y sentimientos religiosos de la mayoría de la población; incremento de agresiones, incluso ya algún asesinato; escalada de despotismos e ilegalidades separatistas y ultraizquierdistas y, en general perturbaciones crecientes de la convivencia cívica en paz y en libertad.
Por todo ello, los abajo firmante exigimos la urgente derogación de una ley tiránica incompatible con la libertad y la igualdad de todos los españoles. Es hora de acabar con esta peligrosa anomalía, hija de una propaganda totalitaria y que perturba seriamente la democracia.
Propongo este breve manifiesto, que puede ser firmado por gran número de personas reconocidas, para recoger firmas cuanto antes. Creo que VOX puede hacerlo suyo. Es necesario que partidos y políticos y periodistas se retraten de una vez en relación con una ley totalitaria que amenaza a toda la sociedad.
La ley de memoria histórica la defienden fraudulentamente haciendo una analogía con las que en Alemania prohíben dudar del holocausto o negarlo. Con ello intentan cerrar la boca a cualquier discrepancia. La pretensión es asombrosa, porque lo único ocurrido en España parecido al holocausto, es decir, un genocidio, ha sido una de las mayores persecuciones religiosas de la historia, de un sadismo inconcebible. Y los autores de la memoria histórica se identifican política o ideológicamente con los autores de aquel genocidio, por el que nunca han demostrado el menor sentimiento de culpa. Por lo demás, Alemania nunca ha sido el modelo máximo de democracia en Europa, y en otros países con más tradición en ese sentido sí está permitido dudar del holocausto o negarlo (otra cosa es que los argumentos o datos de los negacionistas sean convincentes historiográficamente, claro está).
Para trazar un paralelo entre el nazismo y la España de Franco, los autores de la memoria histórica utilizan una campaña permanente de supuestas informaciones sobre asesinatos masivos atribuidos al franquismo, cuyos restos en unas 2.000 fosas comunes afectarían a 130.000-150.000 personas. Se habla de casi tantas fosas comunes como en Camboya, un nuevo dato interesante, porque en Camboya los crímenes los realizaron los comunistas, con quienes muestran cierta identificación los autores de la memoria histórica al presentar a los comunistas españoles como demócratas.
El fraude se aprecia a simple vista: el promedio de víctimas en esas fosas sería de unas 70. Este número nunca se alcanzó en ninguna exhumación, pese a que, lógicamente, muchas tendrían que estar muy por encima de tal número. Se afirma asimismo que entre 2007 y 2011 se habrían recuperado “cerca 6.000 restos” en 370 exhumaciones, lo que da una media bastante inferior a los 20 por fosa. En los 19 años que llevan de campaña se afirma (aunque las cifras varían según las fuentes, desde luego) haber exhumado en 740 fosas a unas 9.000 “víctimas del franquismo y la guerra civil”, lo que da una media de 13 personas escasas por tumba. Importa señalar el confusionismo intencionado entre “víctimas del franquismo” y de “la guerra civil”, cosas muy diferentes. Pues con toda certeza entre las supuestas víctimas se encuentran caídos en combate y enterrados apresuradamente por los dos bandos, como también víctimas de persecuciones y represalias entre los partidos del Frente Popular, que fueron ciertamente cruentas. Está claro que buscan algún “Paracuellos” de izquierda, y afirmaron haberlo encontrado una vez en Granada, dándole máxima publicidad, pero que resultaron huesos de perros y cabras.
No existe ningún informe fidedigno de estas actividades extremadamente partidistas y falsarias (pues no solo no tienen en cuanta las víctimas contrarias, sino que quieren hacer pasar por demócrata al Frente Popular, compuesto de totalitarios marxistas, separatistas, anarquistas y golpistas. Según informaba el periódico digital La Paseata el 12 de febrero de 2018, solo el 30% de las subvenciones dedicadas a la memoria se dedicaron a abrir fosas, y el 70% a actividades de propaganda. La brutal izquierda española siempre fue experta en estas campañas, que fueron una de las causas que condujeron a la guerra civil.
La campaña se ha mantenido gracias sobre todo al PP, que nunca ha cumplido su evidente deber democrático de exigir información fidedigna o de investigar por su cuenta ese inmenso fraude. Y ello a pesar de que algunos, como yo mismo, hemos proporcionado elementos muy suficientes para promover dicha investigación. Pero el PP ha tenido a bien contribuir al silencio y la marginación de la verdad. Como decía Cicerón, la verdad no se corrompe solo por la mentira sino también por el silencio. Con ello, el PP se ha convertido en el mayor cómplice de una maniobra que no solo atenta contra la verdad histórica, sino contra la monarquía y la Iglesia, cuya supervivencia se debe precisamente al régimen demonizado por los farsantes y falsario de una memoria totalitaria. Porque lo más significativo de todo ello es que para llevar a cabo estas campañas han necesitado vulnerar la Constitución, la democracia y las libertades básicas. Y no podía ser de otro modo, porque la democracia viene justamente del franquismo, que al derrotar a un frente popular totalitario-separatista, construyó una sociedad próspera y libre de los viejos odios, que hoy intentan resucitar los partidos delincuentes de la memoria histórica, o cómplices de ella
El 22 de junio de 2011 publiqué en Libertad Digital el artículo de más abajo. Los datos estadísticos están extraídos del nada franquista estudio Estadísticas históricas de España, coordinado por A. Carreras y X. Tafunell. Cabría añadir otros, como el aumento de la estatura media, indicio de mejor alimentación, etc. pero creo que los ofrecidos son bastante contundentes.
Hay que añadir: el enviado soviético al Comité de No intervención, Iván Maiski, trataba de impresionar al inglés, lord Plymouth, con las amenazas que una Alemania instalada en España haría pesar sobre el Imperio británico. Plymouth le contestó: “No hay tal problema. El país quedará destrozado en la guerra y para reconstruirse necesitará dinero, y los únicos que podremos prestárselo somos nosotros. E impondremos nuestras condiciones”.
No hubo ayuda ni tampoco condiciones, sino una hostilidad e intento de aislamiento para provocar una hambruna en España. Intento que fue igualmente derrotado. España es el único país de Europa occidental que se reconstruyó con sus propias fuerzas, sin deber nada a nadie y lo hizo con auténtica brillantez, dadas las circunstancias tan adversas que hubo de afrontar, no solo el aislamiento sino también la guerrilla comunista o maquis. Nunca en varios siglos tuvieron los españoles más razones para confiar en sí mismos.
Una última observación: dada la ínfima calidad intelectual y sectarismo de nuestra universidad, de la que salen deformados tantos políticos y periodistas, los mitos más evidentemente falsos se mantienen como si no estuvieran refutados, envenenando así la propia convivencia social. Mientras quienes conocen la realidad se callan casi todos, por timoratería o cobardía moral ante el matonismo de los profesionales del mito.
Uno de los éxitos más indiscutibles del franquismo fue el económico. Durante más de una década España fue el país europeo de más rápido crecimiento, acercándose con rapidez a la media de las economías más opulentas del continente, al punto de que muchos economistas calculaban que en una década más superaría a Italia e Inglaterra.
Esto, por sí solo, constituye un éxito histórico sin precedentes ni consecuentes, pues no se repitió. “Sí –admiten de mala gana los antifranquistas viscerales–, pero ¿y qué me dice de los años 40 y 50, de autarquía, hambre y miseria, en que apenas se logró volver a las cifras del republicano 1935? Aquellos fueron años realmente perdidos”.
Esto de los “años perdidos” se ha instalado como un tópico irrefutable en un país de tópicos (como tantos otros, por lo demás). Aun si tuvieran razón, deberían reconocer la capacidad de corregirse del franquismo. Pero es que además hubo menos pérdida de la pretendida.
Ante todo, no debe compararse esa época con 1935 –el mejor año, económicamente hablando, de la república–, y menos si la comparación viene de la izquierda, que considera ese año como parte del “nefasto Bienio Negro”. La comparación debe establecerse con la primera mitad de 1936, dominada por el Frente Popular y en la cual la economía se hundió, pura y simplemente. O con las exitosas medidas adoptadas por la izquierda durante la guerra, que destrozaron el aparato económico en su zona y llevaron el hambre a extremos que no se repetirían.
Precisamente uno de los problemas más difíciles de la posguerra, causa en buena medida de un repunte del hambre, fue el de rehacer y asimilar la desbaratada economía de la zona frentepopulista. Un problema no muy disímil del que debió afrontar la Alemania reunificada con relación a la Alemania Oriental, pero en circunstancias mucho más arduas, por no decir dramáticas.
Dejando esta breve consideración metodológica, veamos las cifras. Los años 1940 y, sobre todo, 1941 fueron los más duros de la posguerra, porque al problema arriba mencionado se sumó el de la guerra europea, cuya inmediata repercusión fue la restricción al comercio español impuesta por Inglaterra. Ello mantenía nuestra economía a medio gas y aumentaba la miseria. A pesar de lo cual la situación mejoró con bastante rapidez, y en pocos años el hambre, medida por el índice de muertos, había vuelto a las cifras de la república.
Este fue sin duda un logro importante, ante unas tremendas adversidades. Al terminar la guerra mundial, en 1945, otros muchos índices habían superado ya a los de 1935. Así, el número de escuelas superaba en más de diez mil el del máximo año de la república (19.500 para niños, 19.000 para niñas y 14.500 mixtas), y lo mismo la proporción entre alumnos y maestros; y para 1950 habían aumentado mucho más. Se duplicó el número de alumnos de enseñanza media con respecto a la república, mientras que el de universitarios había subido en casi un 40%. La mortalidad infantil, una de las más altas de Europa, descendió en un 41%, y la esperanza de vida al nacer pasó de los 50 años de la república a los 62 de esa “década de hambre y miseria”.
También crecieron la producción y el consumo de energía eléctrica y cemento, y otros índices significativos. Y ello a pesar de ingentes dificultades, porque la neutralidad de España fue recompensada con una política de aislamiento que buscaba deliberadamente provocar la máxima pobreza para empujar al pueblo a sublevarse contra Franco. Sin contar el maquis, intento comunista de volver a la guerra civil, hoy tan ensalzado por tantos cretinos o malintencionados.
A menudo oímos: “En todo caso, el crecimiento de Italia, Francia, Alemania o Inglaterra fue muy superior después de la guerra mundial”. Cierto, pero en 1947 esos países estaban en situación desastrosa, y para rehacerse y evitar el peligro revolucionario recibieron los cuantiosos créditos del Plan Marshall, negados a España, y no sufrieron nada parecido al aislamiento, sino todo lo contrario.
Pero vayamos a los datos más generales. Ni en los 40 ni mucho menos en los 50 permaneció España estancada económicamente, como a menudo se lee –y como sí lo estuvo en gran medida bajo la república–. Lo curioso son las grandes discrepancias en las cifras ofrecidas por los diversos economistas. Según Prados de la Escosura, la tasa anual de crecimiento durante los años 40 fue del 1,1%; P. Schwartz la eleva al 1,4, Carreras al 1,7, Alcalde Inchausti al 2 y Naredo al 3,8. Dados ciertos indicadores como los mencionados arriba, parecen probables las cifras más altas, y partiendo de ellas Fernández de la Mora (hijo) cree que ya en los años 40 se superó la renta media del mejor año republicano. Las discrepancias son más fuertes todavía en lo referente a los años 50: Prados estima un crecimiento anual del 4,4%; Schwartz da un 5,6, Alcaide un 7,16, el Consejo de Economía Nacional (CEN) un 7,24 y Fernández de la Mora un 4,6. A partir de 1954, no obstante, la unificación de criterios del CEN y los estudios detallados del Banco de Bilbao, casi coincidentes, reducen las diferencias de cálculo.
Hacia 1953 desapareció el racionamiento (como en Inglaterra, por ejemplo), y dejaron de cuantificarse los muertos por hambre porque dejó de haberlos, por primera vez en nuestra historia. En esa década el analfabetismo casi desapareció entre los jóvenes, y la esperanza de vida media se situó en los 69,9 años, al nivel de los países más avanzados de la época.
No hubo nada, por tanto, de “años perdidos” en lo económico (ni en la cultura ni en otros muchos aspectos). A menudo se los descalifica como “años de autarquía”. Pero el balance de aquella autarquía no es, como vemos, tan malo. Se trataba de una mezcla de lo que Velarde Fuertes llama “economía castiza” –muy proteccionista, resumida en el arancel Cambó, abolido a principios de los 60– y de las imposiciones del aislamiento internacional. Era hacer de la necesidad virtud. Y sacarle el máximo partido, que, como vemos, no fue tan malo, dadas las circunstancias.
Como pasa con todas las recetas económicas, la de los años 40 y 50, llamada “autarquía” –que en gran parte fue hacer de necesidad virtud ante la hostilidad exterior– terminó agotándose. Franco tuvo la suficiente flexibilidad para no empeñarse en una política económica ya sin perspectivas, y el cambio generó la época de mayor crecimiento económico de España antes o después
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En “Una hora con la Historia”: El falso páramo cultural del franquismo y el auténtico de la actualidad: https://www.youtube.com/watch?v=7XFEXMGmiw8
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** Carlos Caballero Jurado: El autor de Sonaron gritos y golpes a la puerta retrata magníficamente la relación existente entre la Guerra Civil y la División Azul (…) La DA, por lo excepcional de su historia, se presta inmejorablemente a sacarle “jugo literario”. Son demasiados ya los autores que escogen el escenario de la DA para narrarnos historias más o menos rocambolescas, casi siempre con desconocimiento de su historia y vicisitudes. Moa ha corregido tan peligrosa inclinación y nos ofrece un relato históricamente impecable: no inventa a capricho hechos o circunstancias , sino que acomoda sus personajes a lo que fue en realidad la campaña, con descripciones de extraordinario realismo (…). No como Soldados de Salamina, de Cercas, cuya presunta base histórica es insostenible (…) Pero Moa no trata de engañar a nadie ya que califica esta obra como creación literaria. Eso le da derecho a construir sus personajes con libertad, dotándoles de unos perfiles psicológicos, de unas historias personales, de unas trayectorias biográficas fruto de su creatividad (…) Como todas las novelas, tiene diferentes “niveles” de lectura. Hay problemas psicológicos, vivenciales que mueven a los personajes, incluyendo las relaciones sentimentales. Hay análisis ideológicos, donde se retrata el debate entre las concepciones políticas que agitaron el siglo XX (…) Hay novelas que se te caen de las manos al poco de empezarlas, Desde luego, este no es el caso”.
**Stanley Payne: … La novela me interesó mucho por la capacidad que tiene para recrear ambientes. En esto, lo mejor no es España sino Rusia. Además a veces el lenguaje es muy vivo y las conversaciones por eso buenas, aunque también hay altibajos.
Es tal vez más un relato histórico que novela pura. Un error, me parece, es que empiezas con edades demasiado jóvenes para los principales, así que el lector no entiende por qué pueden ser tan independientes y complicados. Habría sido mejor empezar con 18 años para Carmen y 20 para los hombres…
** Ángel Maestro: La condición de historiador asoma desde el comienzo (…) con tipos muy representativos como el asesino del padre del protagonista (…) El estilo de Moa prescinde de todo barroquismo. Más se asemeja a un estilo barojiano que a un Blasco Ibáñez, por poner dos ejemplos (…) En absoluto personajes librescos sino vivos, inmersos en ambas medidas de heroismo y de vileza, y también seres con reacciones normales ayunas de tales méritos y deméritos. (…) Utiliza una técnica de bisturí que pone al desnudo todo lo que la terrible lucha en el frente del Este tuvo de más deleznable (…) La tercera parte refleja las intrigas en un Madrid finalizada la guerra mundial y la ilusión de cómo los Aliados acabarían con el régimen de Franco, trayendo la proyectada venganza implacable contra los defensores del mismo. (…) Los componentes de las partidas, los agentes camuflados del aparato del Partido Comunista, las contrapartidas, etc. , confieren a esta tercera parte un ritmo vivaz, siempre en el estilo naturalista sin artificiosidades. La novela (…) despierta desde las primeras páginas el afán y la curiosidad infatigable por conocer el desarrollo y desenlace de la misma. Al finalizar el lector se encontrará además con un hecho totalmente inesperado, pleno de sorpresa y casi de estupefacción.

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(Blog, 18 de junio de 2012)
El hecho de que los responsables políticos de la actual ruina se vayan “de rositas”, sonrientes y triunfantes, parece sugerir que la economía no tiene que ver con la política: “Es una crisis internacional”, arguyen, que a España le ha tocado como a otros países. Además, ¿quién sabe, en definitiva, como funciona la economía? Si se supiera con un buen grado de certeza, no habría tantos economistas y tantas escuelas de economía, análisis y propuestas diferentes para remediar la crisis. Casi nadie previó los resultados de un período de euforia, porque es muy difícil predecir y la mayoría de las predicciones se equivocan. Por tanto, ¿qué culpa tienen los políticos si las cosas han ido mal? La gente los eligió, luego dejó de elegirlos, y eso es todo. Por otra parte, ¡a ver quién era el guapo que en el período de euforia hacía ajustes y recortes! La gente los echaría rápidamente del poder a favor de quien le hiciera promesas más bonitas.
Algo hay de eso, pero no es todo, pues según tal punto de vista, los políticos serían irresponsables, es decir, por encima (o debajo) de la moral. Los mismos que ahora dicen eso podían decir hace poco que en definitiva la política es ante todo la gestión de la economía. Sobre esa base, los gobernantes tendrían que ser ante todo economistas… aunque en economía hay muchas escuelas y recetas. Al margen de ello, Zapatero prometía el oro y el moro (pleno empleo, superación de Alemania, etc.) contra los avisos de personas más expertas. Cuando la crisis llegó como un puñetazo, la agravó con sus medidas y declaraciones. ¿No tuvo responsabilidad por ello? Siempre hubo avisos de que el país iba por mal camino, pero los políticos eligieron la vía del fraude para mantenerse en el poder y, por supuesto, tienen grave culpa por sus efectos. Insistamos: la entrada en el euro se pintó como la seguridad de una economía en crecimiento estable e indefinido, la seguridad de las pensiones, etc., etc., al parecer sin otra contrapartida que los ajustes hechos por Aznar para sanear la economía. Esto fue mucho más que un error, fue un engaño puro y simple, no porque los políticos supieran realmente lo que iba a ocurrir, sino porque prescindieron de cualquier análisis con cierta perspectiva general y sacrificaron ilegalmente gran parte de la independencia de España. Claro que la Constitución, precisamente por estar mal hecha, ha sido pisoteada desde el principio por unos y otros. El interés nacional, que en ningún caso puede consistir en sacrificar la soberanía, no fue tenido en cuenta por nuestros desdichados políticos.
Un amigo me decía hace unos días: “o hablamos de interés nacional o hablamos de economía”, dando a entender que son cosas distintas cuando no opuestas. “Si hablas de economía sin tener en cuenta el interés nacional –le respondí– no estás hablando de nada, solo de abstracciones vacías”. Las naciones son una realidad histórica y muy actual, por más que muchos teorizantes lleven dos siglos afirmando que están obsoletas y que lo que cuenta es “la humanidad”, “el proletariado”, “Europa”, “la globalización” o cualquier otra abstracción. España es una comunidad de cultura con un estado, asediada insidiosa y tenazmente por todos los frentes, y cuando hablamos de economía aquí nos referimos a la española, precisamente y a las políticas para fomentar su prosperidad sin atentar contra el interés nacional. El interés nacional ha sido invocado a menudo para hacer demagogia económica, pero la demagogia consiste en España, desde hace muchos años, en lo contrario: en pretender que la economía, el bienestar material de los españoles, se opone precisamente al interés nacional, y que los problemas propios de una nación desaparecen al ampliarlos al nivel europeo. Que vendiendo la soberanía por un plato de lentejas, las lentejas serían ya infinitas y cada vez más sabrosas. Que la alternativa solo podía ser la miseria y la inflación, “la máquina de tirar billetes”. Y sofismas baratos por el estilo.
Y todo esto es un problema político y, por supuesto, moral. La moral siempre ha predicado la autonomía del individuo –extensible a la comunidad nacional–, la prudencia, el autorrespeto para respetar a los demás, la existencia de valores generales por encima del interés inmediato y la inconveniencia de adorar al becerro de oro. Cada una de estas prédicas ha sido sistemáticamente desoída por nuestros dirigentes, y la gente o demasiada gente, seducida, se ha comportado con el hedonismo pedestre y ostentoso de los nuevos ricos, endeudándose sin tasa mientras los partidos le decían que eso era bueno, es más, que era “lo bueno”, nada de qué preocuparse. Aparentemente, la crisis consiste en que nos hemos endeudado excesivamente, sacrificando no ya el derecho de primogenitura al plato de lentejas sino el mismo interés económico a largo plazo al beneficio inmediato.
Decía que el eje de la sociedad humana no es la economía, sino la moral y finalmente la religión. Dejaremos esta por ahora para ceñirnos al evidentísimo componente moral de la crisis, del que seguramente hay algunas lecciones que sacar, empezando por la responsabilidad exigible a los dirigentes, si hemos de vivir en un sistema civilizado.
Hay otros aspectos relacionados con la moral. En un diálogo de los pastores de Porriño se proponían ideas para generar empleo: fomentar el juego, fomentar la prostitución y fomentar la delincuencia. Considerada la economía al margen de la moral, las tres “salidas” pueden funcionar y de hecho funcionan en muchos países.