Cuando la clave de todo parecía la crisis económica / Un himno gay

*Un político español, y menos el rey, no debería aceptar títulos u honores de la potencia que invade y coloniza España. Lo contrario exhibe la ignominia más profunda a que los políticos conducen al país.

*Desde el momento en que Inglaterra invade el territorio español, la amistad y alianza con ella es en realidad sumisión servil y perruna.  

*España no tiene conflictos con Rusia, y menos puede todavía darle lecciones de democracia teniendo aquí leyes totalitarias. Pero nuestros gobiernos provocan a ese país por cuenta ajena, bajo mando ajeno y en lengua ajena.

  *Lo más acorde con los intereses y posición de España es la vuelta a la neutralidad. Una neutralidad no hostil a la OTAN, pero sí independiente de ella y sus aventuras.

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 (En este blog, 30 de junio de 2012. Desde entonces la crisis se ha superado parcialmente, pero los problemas de más fondo se han agravado)

Contra lo que suponen los utopistas, no hay, en economía o en cualquier otra actividad humana, ninguna receta  que no tenga contrapartidas negativas y que deje de conducir en un momento u otro a una crisis. Incluso las fórmulas más felices se agotan, entre otras razones porque su éxito modifica las condiciones iniciales en que se aplicó y crea condiciones nuevas que obligan reformar o sustituir la fórmula envejecida. Así, la sociedad española del siglo XVI fue extraordinariamente exitosa, en algunos aspectos la más exitosa del mundo entonces, pero las circunstancias fueron cambiando  y obligando a adoptar nuevas ideas. La decadencia de España en el siglo XVII podría resumirse en el hechizo por fórmulas anticuadas y el horror por las novedades.

A su vez, las crisis, dentro de su penosa negatividad, suelen ofrecer elementos para superarlas. Por lo que respecta a las crisis económicas, ninguna de ellas ha llegado a derrumbar, hasta ahora,  el llamado capitalismo, pese a los agoreros marxistas y otros,  que veían en cada una de ellas el prólogo a la caída del sistema.

En España, la crisis económica viene mezclada con otras dos: una política –ante todo las tendencias disgregadoras hijas de una transición mal desarrollada— y otra moral, manifiesta en el empeño de casi todos los partidos por romper o disolver a España: más “Europa”, pregonan con desvergüenza, al paso que imponen el inglés como lengua privilegiada de cultura y de  presencia casi cooficial en los espacios públicos y la enseñanza—,  y en el ataque  sistemático a la familia y a la cultura cristiana. Viene a ser el agotamiento  del modelo elaborado en la transición, roto por Zapatero.

No existen frente a la compleja crisis fórmulas simples ni de efectos mágicos, pero en su tratamiento debe  encontrarse un eje fundamental de actuación que repercuta en el conjunto o sirva de hilo de Ariadna para resolverlo, ya que es imposible abordar al mismo tiempo todos sus aspectos. Ese eje podría consistir en el adelgazamiento del estado.  Hoy parece evidente que un problema clave del país es la inflación del aparato estatal, cinco veces mayor que  el existente al morir Franco, así como del número de  políticos, en su mayoría ignorantes y demagogos. Esta inflación ha traído, además, una alta dosis de corrupción y parasitismo, siendo quizá el factor que más ha fomentado la triple o cuádruple crisis actual. Se objeta que en otros países europeos el peso del estado y el número de funcionarios es parejo o superior. Cierto, pero ellos tampoco están nada bien económicamente, aparte de que  las condiciones generales e históricas no son iguales. Y no tienen el gravísimo problema de la deslealtad de partidos regionales que usan su poder y los medios del propio estado para socavar la nación.

Creo que en el adelgazamiento y agilización del estado podría estar la vía para ir solucionando la crisis múltiple del país, si un partido fuera capaz de estudiarlo, defenderlo y convencer a la opinión pública. Se trataría, por una parte, de eliminar gran número de empleos públicos y cargos innecesarios o parasitarios, quizá hasta un millón, lo que exigiría un estudio cuidadoso. No estoy seguro de que por cada empleo público eliminado se creen 2,8 en el sector privado, al menos a corto plazo, como dice Roberto Centeno,  pero en todo caso  ese saneamiento disminuiría la necesidad de impuestos y con ello estimularía la inversión privada.  Las políticas actuales, en cambio, crean un círculo vicioso: aumentan la deuda estatal (hasta el punto de que podríamos endeudarnos solo para seguir pagando los intereses, en una espiral suicida) y  al elevar los impuestos atacan la economía y la inversión privadas, con lo que el aumento de los impuestos podría llevar al estado a recaudar menos y necesitar mayor endeudamiento… Sin contar que la credibilidad del gobierno ante los mercados es muy baja, por sus estimaciones poco claras de la verdadera situación económica, lo que repercute en el aumento de los intereses.

Y por otra parte se trataría de una racionalización de los organismos del estado (desde las Cortes a los ayuntamientos), disminuyendo fuertemente el número de sus políticos, así como controlando los sueldos de estos (la actual casta política está radicalmente en contra: http://www.youtube.com/watch?v=nyOtjisVFT0). Otro punto coordinado sería la responsabilización de los políticos por su gestión. Asistimos al espectáculo de que los políticos causantes de la semirruina del país actúan como si no tuvieran la menor responsabilidad al respecto: se van tranquilamente con sueldos, pensiones y prebendas, o siguen haciendo demagogia en los partidos. Este solo hecho provoca la desmoralización ciudadana y tiende a pudrir el sistema.  Los gobiernos anteriores deberían ser juzgados por su promoción  y tratamiento de la crisis económica,  además de por su colaboración con banda armada y similares. Y otros debían ser inhabilitados durante un largo período para ejercer cargos políticos.

Lo cual tendría que completarse con medidas como la clara delimitación de las competencias centrales y regionales, con la recuperación por el estado central de la enseñanza, quizá también de la sanidad; lo primero, sobre todo, en Cataluña y Vascongadas, donde la enseñanza pública se ha convertido en un instrumento de propaganda antiespañola Por consiguiente, un programa de urgencia podría tener como eje y primer punto el adelgazamiento de un estado obeso y enfermo. Un programa de saneamiento político-económico que seguramente repercutiría en todos los demás terrenos: un estado más eficiente en una España más sana y fuerte.

¿Algún partido podría plantear así las cosas? Ver otro blog sobre la “reconversión”.

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Sr. Moa: creo que al Día del Orgullo Gay le falta una cosa: un himno. Sugiero que podría ser  la célebre canción de Violeta Parra “Quiero un hijo guerrillero”, transformada en “Quiero un hijo mariquita, el más preciado laurel”, o algo así. Creo que entre los aficionados a su blog hay uno con buena capacidad versificadora, Katakrok, y él podría componer la letra adecuada. Es una sugerencia. Incluso podría ser “Quiero un padre mariquita y una madre lesbiana”, en fin, ya sabe usted, la inversión de valores (y en valores), el orgullo y tal y tal.  Además, la adaptación mostraría el cambio de ideología en la izquierda, porque antes la izquierda era más homófoba, como le dicen ahora, que la derecha. ¿Por qué se ha vuelto homosexualista, como dice usted? Solo por una cosa: la izquierda odia la cultura occidental que siempre ha llamado capitalismo, y la religión, así que todo lo que vaya contra eso le parece de perlas.  Manuel Rodríguez.

 

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La mayor catástrofe de la historia de España, después de la invasión islámica / Oro de Moscú

*En España todo el mundo es demócrata: ETA, Podemos, golpistas catalanes, racistas PNV, sus cómplices PP y PSOE… Pero no existe pensamiento o cultura democrática, y cada uno la entiende como quiere.

*La llamada democracia española admite leyes de tipo norcoreano como la de memoria histórica o las de género. Y admite las ilegalidades y abusos de los separatistas hasta el golpe de estado permanente. Y pretende dar lecciones a otros, como Rusia.

*La llamada democracia española sateliza políticamente la nación a la potencia que invade su territorio por Gibraltar. Estimula la colonización cultural por el inglés y obliga al ejército a intervenir en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en lengua ajena.

*España tiene una Constitución que ha sido sistemáticamente vulnerada por todos los partidos. No obstante, unos se dicen “constitucionalistas” y otros “anticonstitucionalistas”. Y mucha gente cree la farsa.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

    Para España, la invasión napoleónica fue una catástrofe radical, que iba a condicionar su historia durante más de un siglo. Desde el final de la Reconquista,  y excepto la de Sucesión, ninguna guerra importante se había librado en el interior del país, que se había salvado de contiendas religiosas y civiles y de grandes invasiones mucho mejor que la mayoría de los países europeos. Pero esta costó cientos de miles de muertos, una brutal destrucción de recursos económicos y de un inmenso tesoro histórico-artístico;  y pese al heroísmo desplegado, su inanidad diplomática le impidió obtener cualquier ganancia en el Congreso de Viena, que aspiraba a recomponer el continente después de tantas convulsiones; mientras que el representante francés, Talleyrand, logró para la vencida Francia un trato muy favorable. Además, la guerra causó una división política extrema entre los españoles, que abonaría varias guerras civiles y pronunciamientos militares. Y la destrucción del Imperio español, que había abierto la Edad de Expansión europea: primer imperio transoceánico del mundo, el europeo más antiguo y por entonces el más extenso

    Apenas pasada la breve y poco afortunada alianza con España, Inglaterra  volvió a su vieja aspiración de dominar Hispanoamérica. Fracasada reiteradamente por la fuerza, encontró mejor método  financiando a los independentistas que allí surgían,  a imitación de Usa.  Un agente de Londres, el venezolano Francisco Miranda, que había servido en  el ejército useño y en el francés revolucionario, concibió la idea de unir a toda Hispanoamérica  y Brasil en un imperio hereditario bautizado la Gran Colombia, gobernado por un “inca”, con instituciones más bien liberales. También pensó en una república. Para difundir la idea creó en Londres, en 1798, la Logia de los Caballeros Racionales, sociedad secreta de inspiración masónica.  En 1806 reclutó mercenarios en los barrios bajos de Nueva York  y con apoyo inglés  intentó sublevar a los venezolanos, pero no halló ambiente.  Dos años después volvió a intentarlo en vano.

   La invasión francesa creó también una situación peculiar en Hispanoamérica, donde se formaron juntas que rechazaron  al rey impuesto por Francia y mantuvieron fidelidad a Fernando VII, a quien suponían secuestrado por Napoleón. Miranda y otro criollo independentista, Simón Bolívar, trataron de desviar aquellas juntas hacia la secesión, aprovechando la invasión francesa en España. Bolívar había jurado dedicar su vida a “romper las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.

    En 1810 comenzaron las declaraciones de secesión: en Buenos Aires, Chile, Bogotá, Cartagena de Indias, la del cura Manuel Hidalgo en Méjico… Eran movimientos confusos y  sin respaldo popular, pero el momento estaba bien elegido, cuando  la metrópoli estaba imposibilitada de enviar tropas a América. Por tanto, la resistencia a los independentistas solo podía venir de los propios americanos, como así ocurrió. Incluso cuando España pudo intervenir, cinco años más tarde, la mayoría de sus tropas serían asimismo americanas, dando a la lucha un marcado aire de guerra civil.

   La lucha duró 14 años, en tres etapas: hasta 1815, España apenas pudo enviar refuerzos; desde esa fecha, la derrota napoleónica permitió el envío de tropas; y desde 1819, los independentistas fueron ganando posiciones hasta su victoria final en 1824. En la primera etapa, los secesionistas chocaron con las tropas virreinales y las poblaciones, mayoritariamente proespañolas.  En Méjico el levantamiento fue fácilmente vencido e Hidalgo ejecutado como traidor. Tomó el relevo otro clérigo, Morelos, que resistió hasta 1815, siendo a su vez fusilado. Buenos Aires quedó de hecho independiente: en 1806 y 1807 sus milicias habían vencido a los ingleses sin ayuda de España y la población sentía confianza en sí misma. La rebelión chilena, dirigida por Bernardo O´Higgins, fue contraatacada por las fuerzas virreinales.

   Más complicada resultó la situación en Venezuela, donde en 1811 se proclamó la república independiente y Miranda llegó a Caracas con Bolívar. Hubo alzamientos proespañoles, incluido uno de esclavos negros.  Miranda y Bolívar fueron rechazados. Miranda esperaba en La Guaira un barco inglés para escapar, y Bolívar, para salvar la piel, lo entregó a los españoles después de apresarlo mientras dormía (el desdichado gritaba: “¡Bochinche! ¡Bochinche! ¡Esta gente no es capaz sino de bochinche!”). Miranda fue trasladado a una prisión de Cádiz, donde fallecería cuatro años después, y Bolívar recibió un pasaporte y la gratitud ingenua del defensor del orden, Monteverde, que solo disponía de 230 soldados, pero fuerte apoyo popular. Sin embargo  Bolívar  volvió a la carga, y para  combatir el débil fervor independentista del pueblo y abrir un foso entre los españoles y los demás, decretó en 1813 una guerra de exterminio. Todos los españoles, aun si permanecían neutrales, serían pasados por las armas, salvo que se unieran a la rebelión. Para ahorrar munición, las víctimas serían a menudo acuchilladas.

    Bolívar entró de nuevo en Caracas, en octubre, y proclamó la segunda república. La contienda tomó un tinte racial al rebelarse contra ella “los pardos”, mestizos y mulatos llaneros,  acaudillados por el asturiano José Boves, que devolvió a Bolívar su consigna de “guerra a muerte” y lo obligó a huir a Jamaica en 1814. Ese año terminaba la guerra en España; la rebelión de Morelos y la de Chile periclitaban, pero se asentaba la de Buenos Aires al mando de José de San Martín, militar del ejército español que formó un ejército en regla. En el resto de América solo quedaban dos o tres núcleos insurgentes.

   En 1815 España envió por fin una expedición que terminó con los últimos reductos de Venezuela. Dos años más tarde, el tenaz Bolívar reiniciaba la acción, para ser de nuevo acorralado. En tal aprieto, recibió la ayuda de unos miles de soldados y oficiales ingleses. Entre tanto, San Martín había cruzado los Andes  y vencido a los proespañoles, mientras O´Higgins imponía un despotismo militar ante las querellas entre los rebeldes, y un audaz marino de la armada británica, Cochrane, luchaba a sus órdenes contra España. El Cono sur estaba, pues, independizado. Bolívar cruzó a su vez los Andes  y derrotó a los proespañoles en Boyacá, gracias a los ingleses, según admitió.

   Aprovechando estas guerras, Usa invadió las dos Floridas so pretexto de castigar a los indios seminolas, que acogían a esclavos useños.  Después de ocupadas, ofreció comprarlas en 1819, y Fernando VII aceptó, imposibilitado de defenderlas. A continuación, los seminolas fueron exterminados.  La Doctrina de Monroe, emitida en 1823, entrañaba la decisión useña de predominar en toda América.

   En 1820  se preparó en España una nueva expedición, más numerosa, pero el coronel Riego, masón como los jefes  independentistas, la saboteó  sublevándose en Andalucía. Este golpe decidió prácticamente la contienda. El general Pablo Morillo, que defendía a España en Venezuela,  recibió la orden de pactar con Bolívar, una actitud derrotista.   En Méjico, el general Itúrbide, absolutista y contrario a los rebeldes, se pasó a ellos en 1821, disgustado por el sesgo liberal que tomaba el gobierno en España; algo después se proclamó emperador.  En julio de 1822, San Martín y Bolívar confluyeron en Guayaquil. Bolívar definió a San Martín y a sí mismo como los hombres más grandes de Suramérica. Finalmente, los independentistas se impusieron en la batalla de Ayacucho, un desenlace  que se sospechó preparado por connivencias masónicas. La independencia quedó entonces consumada.

   A España le quedaban las islas de Cuba y Puerto Rico, así como las Filipinas y otros archipiélagos del Pacífico, pero la pérdida de su imperio y de la flota le habían reducido a potencia de tercer orden en Europa.

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El oro de Moscú

La cuestión del oro  de Moscú ha originado muchos desacuerdos entre historiadores, pero hoy son evidentes tres puntos: a) Su entrega fue irregular o ilegal, a menos que se considere legal una operación clandestina a espaldas del presidente Azaña y del resto del gobierno y en contravención de la ley bancaria. De ella se arrepentirían Prieto y Largo Caballero; b) El sistema financiero soviético era opaco, sin garantías ni posibilidad de rescate o devolución del oro. Fue una decisión irreversible; y  c) lo más importante: Stalin se convertía en dueño de los destinos del bando izquierdista-separatista español, al depender de él la entrega de armas. Cosa  que el propio Largo lamentaría interminablemente en sus escritos.

Debe destacarse esta evidencia, oscurecida en la mayoría de las historias: el envío del oro a Rusia fue la medida político-estratégica más importante, con diferencia, que  tomó el Frente Popular. Con ella firmó su dependencia de Stalin  y, de paso, la prolongación de la guerra durante dos años y medio más. El no muy brillante nivel analítico de la mayor parte de la historiografía al respecto se manifiesta en que esta crucial certidumbre casi siempre se pasa por alto en beneficio de interminables discusiones técnico-legalistas, importantes pero en definitiva secundarias.

¿Por qué se envió el oro a Rusia con tal condicionamiento? Largo arguyó que la No Intervención le obligaba a ello, pese a que una parte importante del oro se negoció en Francia y la plata en Usa. En sus Recuerdos afirma que ni en Inglaterra ni en Francia podía confiar el Frente Popular. Pero sí en Stalin, dato revelador. Así, la causa real de la medida estriba con la mayor probabilidad en la simpatía de los socialistas, y Largo el primero por entonces,  hacia el régimen soviético[1].

 Negrín comprometió a Azaña, como presidente nominal de la república (propiamente del Frente Popular) a firmar el decreto reservado que le presentaron: “Se autoriza al Ministro de Hacienda para que en el momento que considere oportuno ordene el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”. Es fácil entender la trampa: Azaña no podía considerar que el lugar más seguro fuera Moscú,  a 4.500 kilómetros de distancia y con difícil comunicación, ajeno a las normas y garantías financieras internacionales y sin posibilidad de vuelta a España. Pues estaba claro que lugar realmente seguro era la base naval de Cartagena, adonde se trasladó el oro en una primera etapa.

A Azaña se le ocultó durante un tiempo el envío a Rusia porque, según Largo Caballero,  “se hallaba entonces en un estado espiritual verdaderamente lamentable”.  Prieto, que terminó informándole, escribe: “Nunca lo había visto tan fuera de sí. Me anunció que iba a dimitir inmediatamente”,  amenaza que, como otras, no cumplió. En sus diarios no dice nada de este asunto, realmente decisivo y que de un modo u otro le comprometía gravemente. Y Prieto, en sus Recuerdos pretende no haber conocido la operación hasta haber coincidido casualmente con su embarque en Cartagena, lo  que es claramente falso. Sí reconoce, en cambio que los responsables de todo ello no fueron los comunistas sino los jefes de su propio partido, el PSOE[2].


[1] En El oro de Moscú, Barcelona, 1979, el economista Á. Viñas, como otros apologistas de Negrín, ha justificado el envío del oro, obviando sus determinantes efectos políticos y estratégicos, y pasando simplemente por alto  las críticas de los propios ministros socialistas implicados (salvo Negrín). P.Martín Aceña, en El oro de Moscú y el oro de Berlín, Madrid 2001, ha destacado la opacidad del régimen financiero soviético. Lo han tratado mejor Ricardo de la Cierva y otros autores. 

[2] Fundación Pablo Iglesias, AFLC SSIII, pp. 467 y ss; I. Prieto, Convulsiones de España, Méjico, 1963, p. 130

 

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La necesaria batalla cultural

Soy homófobo, naturalmente“: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/soy-homofobo-naturalmente-asesinatos-en-masa-6642/  

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Una hora con la Historia entra abiertamente en lo que podríamos llamar “batalla cultural”,  necesaria en toda sociedad algo viva. La ausencia de esa lucha revela por sí sola una sociedad muy decadente, y es lo que venimos comprobando en España, donde el debate se sustituye casi siempre por el insulto o el intento de silenciamiento. Digamos que esta lucha fue ganada desde la transición, y de forma aplastante, por la izquierda y los separatistas, debido a la incomparecencia de la derecha. Desde entonces, tanto el arte, la literatura, el pensamiento o el periodismo han tomado un carácter muy mayoritariamente identificado con los perdedores de  la guerra civil, que de un modo u otro parecen querer revivir, y cuyos rasgos eran la hispanofobia, la cristianofobia y unas concepciones revolucionarias de muy baja calidad intelectual. De ahí la pobreza, la trivialidad y la chabacanería que distinguen a la mayor parte de la cultura española actual, por otra parte cada vez más colonizada por el inglés. Y nos preguntamos si será posible salir de ahí.

   Venimos tratando en el programa cuestiones que, pese a su importancia crucial, han sido desterradas de la vida intelectual y política. Así el problema de nuestra posición en Europa y en general en el mundo, los intereses particulares y las profundas particularidades de España (sí, España es diferente: por poner un caso revelador, no participó en la II Guerra Mundial y no debe su evolución política ni su democracia a la intervención del ejército useño. Dato evidente y clave para orientar nuestra política exterior e interna, pero que no es tenido en cuenta por ningún político, partido ni analista, dato a su vez revelador); hemos tratado asimismo,  y lo seguiremos haciendo, los orígenes históricos de la ideología de género; hemos esbozado la cuestión de los separatismos y la política seguida hacia ellos por los gobiernos centrales; el origen y desvirtuación de la transición posfranquista; la deriva  hacia una democracia fallida; los mesianismos useño y ruso; hemos tratado de popularizar hechos históricos muy mayoritariamente desconocidos en España, como la Contraarmada inglesa. Etc. Creo que basta mencionar estos asuntos para comprobar que se trata de un programa único en España, que ojalá trajera escuela: propiamente lo planteamos como una serie de seminarios informales.

   Sin embargo seguimos semiasfixiados económicamente. En general, la derecha española apenas ha entendido la importancia de este tipo de lucha, uno de cuyos puntos decisivos es precisamente la historia. Pero si no se da la batalla, la situación del país no hará sino empeorar, ya que es en la historia, en la falsificación de ella, donde hunden sus raíces  todos los procesos que hoy sufrimos y  que han desvirtuado por completo la democracia y amenazan la misma subsistencia de España. Procesos como la balcanización o disgregación del país, el rescate y promoción de la ETA cuando ya estaba prácticamente derrotada, la cesión fraudulenta de soberanía, leyes totalitarias como la de memoria histórica o las de género, etc.

Contra todo ello luchamos. La asociación que promueve Una hora con la Historia se llama Taller de Ideas siglo XXI, y este programa debería ser una de las varias actuaciones a realizar, aunque por el momento es la única. Otra es la elaboración de documentales, seminarios, etc., tareas que siguen fuera de nuestro alcance por las mencionadas razones económicas.

   Es casi una tradición que NO apoyen estas empresas culturales  quienes más debieran. Debieran porque están en principio de acuerdo con ellas y  porque tienen recursos sobrados. Muy a menudo ha sido el pueblo el que ha tomado iniciativas frente a la incuria e indiferencia de unas clases rectoras de escasa valía intelectual o moral. Por lo que reiteramos nuestro llamamiento a ellos y a cuantos, en mejor posición económica, entiendan lo que se juega la sociedad. Aunque agradecidos, no es propiamente una petición: quienes tengan conciencia del valor de la batalla cultural, entrarán en ella sin pensárselo dos veces. Quienes carezcan de esa sensibilidad y entiendan la historia y  más en general la cultura como una mera ilustración, seguirán ajenos a este llamamiento, aunque agradecemos también su compañía, que consideramos muy positiva.

   Y nos enfrentamos a otro obstáculo, un círculo vicioso: para conseguir medios, y por tanto apoyo y participación es preciso que el programa sea muy ampliamente conocido, y para que sea bien conocido es preciso disponer de grandes medios. Hoy, la opinión pública se forma principalmente por los medios de masas, empezando por la televisión, y por ello nuestra posición sería desesperada, ya que ellos nos son entre indiferentes y hostiles. Pero hoy las redes sociales están cobrando  relevancia creciente, y es ahí, y no en unos grandes medios silenciadores o manipuladores, donde es posible dar la batalla. De ahí nuestra insistencia en que nuestros oyentes difundan el programa, lo den a conocer: mil o dos mil personas que dedicaran todos los días unos minutos a poner en las redes algún comentario, breve o largo, sobre las sesiones de Una hora, y a enlazarlas a partir de YouTube o de podcast, servirían para romper el círculo vicioso, para romper los muros del gueto en que continuamos.

   Hay algo más: en algunos casos será posible montar centros culturales a partir de tertulias o reuniones periódicas de oyentes para comentar los temas tratados u otros cualesquiera de carácter político-cultural. De simples tertulias han surgido muchas veces iniciativas que llegan a tener gran alcance. Y establecer una red de círculos culturales de nuevo tipo en diversas ciudades significaría crear un verdadero movimiento.

    Reiteramos, pues, de manera inmediata, nuestra apelación para asegurar la continuidad económica del programa. En respuesta al anterior llamamiento hemos recibido un total de 800 euros, entre ellos uno de 300 y otro de 150, que no sabemos si serán aportación mensual o donación especial.  Ello revela que podemos conseguir nuestros objetivos, aunque nos queden algo lejos todavía. Un saludo cordial a todos.

  La cuenta para contribuir a Una hora con la Historia es: BBVA ES09 0182 1364 33 020 1543346

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Cómo derrotó España el criminal aislamiento decretado al terminar la guerra mundial por  regímenes comunistas, democracias y dictaduras diversas: https://www.youtube.com/watch?v=dJuWZeoFYPQ

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Ochenta años después, la guerra civil sigue pesando de modo obsesionante sobre la conciencia histórica de España. Parece como si la guerra continuase no solo en el plano de las ideas e interpretaciones, sino, lo que es más grave, de la política actual, generando actuaciones de los partidos y los gobiernos.  La causa de este hecho, que escandaliza a unos, fascina a algunos y hastía a otros, es fácil de descubrir: aquel conflicto no ha sido aún bien comprendido ni asimilado por la sociedad, pese a la imponente bibliografía que ha generado, no solo en español sino también en otros idiomas. Y no lo ha sido porque las tergiversaciones, enfoques  ilógicos y cargados de emocionalidad  han alcanzado un volumen realmente asombroso: se ha dicho que es quizá el suceso de los años 30  sobre el que más falsedades se han contado.

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División Azul: obra definitiva / Campillo / Gibraltar: aniversario

Ayer presentó Carlos Caballero Jurado La División Azul. De 1941 a la actualidad. Caballero es seguramente al mayor especialista sobre dicha unidad española en Rusia, que ha despertado una bibliografía no solo sorprendentemente muy grande y no solo en español, sino también en inglés (por lo común muy elogiosa, al contrario de las mentiras de la BBC), francés, alemán, polaco, italiano, rumano o ruso. Bibliografía de valor muy desigual pero, lo que resulta más sorprendente, que no cesa de incrementarse. Como dijo el autor, en 1985 apenas existía nada comparado  con lo que se está publicando hoy.

En el apéndice “El debate bibliográfico” señala cómo la DA apenas ha recibido atención durante muchos años en las publicaciones del ejército español,  tanto en el franquismo como después, lo que es muy significativo, aunque más recientemente el general e historiador Salvador Fontenla le ha dedicado importantes trabajos. Este general trabaja también en la identificación de tumbas de divisionarios en Rusia y su traslado a España si lo piden sus familias. En alguna ocasión comentó las facilidades que dan los rusos a su tarea en comparación con la desatención y obstáculos que reciben en España.

Otros dato significativo: en el nuevo museo del ejército en Toledo, la DA apenas recibe atención, mientras que se inventa absurdos como que 100.000 españoles habrían luchado al lado de los Aliados en la guerra mundial. Este es el nivel que quieren imponer los bergantes paniaguados de la memoria histórica. Otro punto que trata el autor es la bibliografía “crítica” en España de tres o cuatro autores cuyas falsedades lindantes con la pura estupidez (porque se descubren por pura lógica) demuele a conciencia. Entre ellas las de un hijo de divisionario, J. Martínez Reverte, ex comunista o comunistoide que prefiere traicionar a su padre mintiendo evidentemente sobre él.

Obras definitivas no existen, pero esta de Caballero puede calificarse así en el sentido de que aporta la información más completa hasta ahora, así como análisis de la época y una amplia revisión crítica de la bibliografía. Quizá flojea en las observaciones sobre la literatura, también muy amplia, generada por la DA. Tiene su lógica, pues no la contempla desde el punto de vista literario, sino de su veracidad histórica.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Campillo

De Antonio López Campillo quiero decir unas palabras, pues fuimos muy amigos en los turbulentos tiempos del Ateneo. De hecho, la idea de un burdel ilustrado con retratos de intelectuales progres adornados con velitas fue suya. Tenía un sentido del humor bastante corrosivo, aunque sin saña.  Era un personaje muy poco común, químico y físico en el CNRS francés, con numerosas publicaciones, que no le sirvieron de nada al volver a España, donde suele apreciarse más la burocracia que el mérito. Aquí dirigió algunos programas de divulgación científica en la televisión y escribió varios libros, que le costaban mucho porque escribir no se le daba bien. Había sido pastor protestante, y guardaba de la época algunas reminiscencias algo venenosas sobre el catolicismo. Luego se había hecho ateo y comunista, después anarquista (¿o fue a la inversa?)  y militado en aquellos grupos más o menos exiliados en Francia (“Hay que reconocer que éramos abnegados. Bueno, algunos”).  Desde que me dediqué a escribir de historia ya lo vi solo de vez en cuando, una vez cenando con él y Arrabal, pues eran amigos. De tarde en tarde lo visité en su casa, donde vivía con su compañera, la ensayista  Evelyne López Campillo. Estaba cada vez más deteriorado, y apenas podía andar debido a una operación de rodilla mal hecha. Y eso le fastidiaba mucho, pues se definía como “peatón” profesional. Le insistí muchas veces en que escribiera sus memorias, pues había tenido una vida interesante y conocido muchos episodios poco corrientes, pero no se animaba.  Cada vez que lo visitaba, con mi mujer, yo me prometía hacerlo con más frecuencia, y al final no cumplía, lo que me avergonzaba y esa vergüenza me hacía aplazar aún más las visitas. Por eso me enteré con un mes de retraso de su fallecimiento. Mi buen amigo.

El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]https://www.amazon.es/dp/B075L82G5B/ref=sr_1_6?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1505330466&sr=1-6&keywords=p%C3%ADo+moa

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Gibraltar hoy

Hoy se cumple el 50 aniversario del cierre de la verja de Gibraltar. Esta fue una segunda victoria política del franquismo después de infligir a Inglaterra la de la ONU. La arrogancia de Londres obligó al gobierno español a esa medida, que convirtió el peñón en una ruina cada vez más costosa, no solo económica, sino también política internacional y moral. ¿Por qué resistió Inglaterra? Porque pensaba que cuando Franco muriese podría presionar a los políticos españoles, a quienes despreciaba, con el señuelo de la “democracia”. Si querían pasar por demócratas tendrían que abrir la verja. Hay que señalar que los países de la futura UE apoyaron la invasión colonial en la ONU y siempre después, hasta hoy. Y tuvieron razón, por desgracia. La clase política de la transición, sobre la que se han vertido loas sin cuento, fue mediocre en extremo, plantó las semillas de los gravísimos  problemas actuales, cometiendo graves errores que no sería capaz de corregir y  estropeando progresivamente  el magnífico legado del régimen de Franco. Una de sus “hazañas”  fue la anulación de la victoria política del franquismo y la conversión de Gibraltar en una verdadera llaga purulenta para España y para la democracia. Fue  el infame anglómano Leopoldo Calvo Sotelo, quien prometió abrir la verja y tomó una medida tan transcendental como meter a España en la ONU, teniendo un gobierno extremadamente precario. Fue Felipe González, otro por el estilo, quien abrió la verja y consumó la entrada en la OTAN, a la que al principio fingió oponerse.

Este manifiesto se dirige a millones de españoles, por lo que invitamos a nuestros lectores y oyentes a difundirlo por todos los medios, con enlace a este blog (https://www.piomoa.es/?p=10249 ). En una segunda etapa pasaremos a recoger firmas. Se trata de crear una plataforma que ponga en primer plano un problema que es de primer plano, pues afecta íntimamente a la política exterior e interior de España. Un problema ocultado o desvirtuado sistemáticamente  por todos los partidos, con la excepción parcial de VOX. Se trata de si ha de continuar el actual proceso de satelización política y cultural a intereses ajenos, acompañado del desguace del propio país, o de reaccionar contra esas políticas nefastas de una vez y con máxima energía

España soporta la única colonia en Europa, una invasión  en el mismo centro neurálgico de su eje defensivo Baleares-Gibraltar-Canarias. El hecho exige una reflexión en profundidad porque los gobiernos españoles, sean del PP o del PSOE, se declaran amigos y aliados de la potencia invasora, caso único en el mundo,  lo que automáticamente convierte a España en un país satélite y sin intereses internacionales propios.

Esta posición, que hoy no toleran países del llamado Tercer Mundo, se manifiesta igualmente en intervenciones militares sucesivas bajo mando ajeno, en idioma ajeno y por intereses ajenos. Recordemos las acciones en Yugoslavia o Kosovo contra un país en proceso de disgregación por fuerzas internas y externas, cuando la propia España sufre hoy, precisamente, fuertes tensiones disgregadoras. O las costosas intervenciones sin salida  en Afganistán, un país absolutamente lejano a nuestros intereses. O en  Libia que dejó al país sumido en una guerra civil y un caos que continúa, con cientos de miles de víctimas y de huidos que han agravado las crisis inmigratorias en Europa y en la misma España.  Etc. O la presencia de aviones y tanques españoles amenazando y provocando por cuenta ajena a Rusia, un país con el que no tenemos ningún conflicto como sí lo tenemos, en cambio con el que invade nuestro territorio y que es la  segunda potencia de la OTAN, en estrecha vinculación con la primera.

Debe recordarse  que en los años 60, España obtuvo en la ONU una gran victoria política sobre Inglaterra, al reconocerse la obligatoriedad de devolver Gibraltar a España. Dada la arrogante negativa de los invasores  a cumplir la resolución,  el gobierno español cerró la frontera con la colonia, aislándola y convirtiéndola en una ruina económica, con coste político y moral añadido y creciente para los ocupantes. Esta política, que habría dado fruto con el tiempo, fue radicalmente invertida por la casta política actual, que anuló aquella victoria, abrió la verja, multiplicó las facilidades a los invasores y convirtió la colonia en un gigantesco emporio de empresas opacas y contrabando masivo, con cuyas ganancias ejerce una auténtica colonización sobre el entorno –al que ha hundido económicamente– y una  corrupción sistemática sobre políticos, periodistas, abogados y jueces no solo en su entorno andaluz sino en toda España. Gibraltar ha albergado reuniones de grupos separatistas españoles y no hay duda sobre la intención de Londres y la colonia de jugar con los problemas internos de España para mantener a toda costa su ilegal, humillante y parasitaria presencia en el peñón y su entorno.

El caso de unas clases políticas que no solo admiten la invasión de su territorio sino que multiplican los gestos de sumisión y zalamerías hacia el ocupante, es quizá único en el mundo. Y no se entiende sin otros rasgos, también únicos,  de esos partidos y gobiernos. Pues ninguna otra nación tolera gobiernos que en lugar de hacer frente a los separatismos disgregadores, los ha alimentado, financiado y promovido durante décadas hasta volverlos extremadamente peligrosos vaciando de estado a dos regiones y creando una situación de golpe de estado permanente desde una de ellas, cuyas autoridades se declaran en abierta rebeldía contra el resto del país. Esos gobiernos, sean de derecha o de izquierda, han incumplido mil veces  los puntos más elementales de la Constitución que garantiza la unidad nacional, y de la democracia, amparando toda clase de ilegalidades, acosos y propagandas contra quienes les resisten. Gobiernos que, declarándose demócratas, han propiciado leyes totalitarias de estilo comunista como la de memoria histórica u ofensivas contra la igualdad de derechos de las personas como las leyes de género. Gobiernos que vienen entregando ilegalmente la soberanía española a una burocracia no representativa con sede en Bruselas.

No estamos, pues, ante un asunto menor, pues se conecta estrechamente con todos los demás problemas de fondo creados por la actual casta política y que no cesan de agravarse. El problema de Gibraltar no tiene solución militar, pero tampoco la necesita. Es indudable que  España tiene todas las bazas, sean económicas, políticas, morales o internacionales. Esas  bazas las han utilizado los gobiernos de PP y PSOE contra los intereses españoles y a favor de los ocupantes; procurando al mismo tiempo que la intolerable y escandalosa situación quede en la ignorancia para la mayoría de la gente o sea considerado por ella como un asunto de poca enjundia.  Gibraltar ilustra la abyección y miseria moral, intelectual y política de una casta política de la que el país debe deshacerse necesariamente y cuanto antes. Y denunciar la cuestión en sus verdaderos alcances y proyecciones, combatir el oscurantismo deliberado hacia la misma, su ocultación a los españoles,  es el primer paso al respecto.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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El desembarco en Normandía y España

*Dice Emilio Campmany que la república fue tan ilegítima como el régimen de Franco. Como sigamos así, toda la historia de España habrá sido “ilegítima”.  La república extrajo su legitimidad de un golpe de estado, pero no lo dio ella, propiamente, sino la monarquía contra sí misma. Luego el Frente Popular, salido indirectamente de una sublevación armada y luego de unas elecciones fraudulentas, constituyó un golpe de estado contra la república. En ese sentido fue un nuevo régimen, ilegítimo. En cuanto al franquismo, fue una rebelión contra la tiranía brutal y caótica del Frente Popular. Esa rebelión fue plenamente legítima. Y la brillante ejecutoria del régimen acabó de legitimarla.

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Cuando De Gaulle expulsó las bases militares useñas de Francia, después de constatar que los useños le negaban información sobre el tipo de material acumulado en ellas, los useños preguntaron retóricamente si también iba a expulsar las tumbas de los soldados anglosajones muertos por liberar a Francia. De Gaulle no estaba seguro de que la invasión de Normandía estuviera destinada a liberar a Francia y nunca participó en las ceremonias conmemorativas. La razón de su escepticismo estaba en que el mando anglosajón no permitió la participación, aunque fuera simbólica, de tropas francesas en el desembarco, y que él tuvo que bregar duramente para evitar que Francia quedase sometida al mando militar anglosajón. Por su parte, los anglosajones podían considerar que la colaboración con los nazis en Francia había superado mucho a la resistencia, y desdeñaban un tanto a De Gaulle y los suyos.

   El objetivo militar del desembarco era doble: crear un tercer frente a los alemanes, en vista del semifracaso del avance por Italia, y evitar que los soviéticos ocuparan toda Alemania e incluso llegaran al canal de la Mancha.  Stalin entendía que la política de los anglosajones consistía en demorar el desembarco a fin de que soviéticos se desangrasen y debilitasen al máximo antes de intervenir en fuerza. Había visto con gran desconfianza el ataque por Italia, ya que evidentemente perseguía llegar a Alemania, y quizá a Polonia, antes que el ejército soviético. Por ello presionaba por un desembarco en Francia, donde los anglosajones dudaban ante la fortaleza de la “muralla del Atlántico” y después de la desgraciada expedición a Dieppe, donde fuerzas alemanas muy inferiores habían desbaratado un ensayo de desembarco a considerable escala.

  Pero, por otra parte, el tercer frente desde el oeste  urgía cada vez más ante las victorias soviéticas, que por una parte eran temidas por los anglosajones, pero por otra permitían el desembarco  contra fuerzas alemanas mucho menores que las implicadas en el frente oriental. El éxito de la operación se debió al menos en alguna parte, a un espía doble español, Juan Pujol, que, según parece,  logró despistar a los alemanes sobre el lugar donde se produciría el desembarco.

En fin, por las propias culpas de los europeos, la liberación de la parte occidental del continente coincidió con la sumisión de la parte oriental a un totalitarismo no menor que el nazi, y en conjunto  supuso también la entrada de Europa en una decadencia profunda. Culpas de las que podemos sentirnos libres los españoles, como en cierto modo venía a reconocer Ortega a su vuelta a España en 1946.

   Aunque, gracias al franquismo, España no participó en aquella guerra, el desembarco tuvo también consecuencias indirectas para ella. Hasta algún tiempo antes, los anglosajones tenían muchas razones para felicitarse y hasta bendecir a Franco por su neutralidad, que les había evitado el corte del Mediterráneo occidental en momentos de agobio extremo, y les había permitido la Operación Torch en el norte de África. Pero a  partir de entonces las campañas de chantajes y amenazas contra España se multiplicaron, muchos creían próxima la invasión de España por los vencedores de Alemania, y  los derrotados en la guerra civil se creían a punto de poder volver a imponerse. Nada de esto ocurrió, pero es otra historia. Lo importante del caso creo que queda resumida en una pequeña discusión en twitter, el año pasado:

   John Müller, bajo una foto de un cementerio de guerra: “Hoy es 6 de junio y esta es una playa llena de cruces de héroes que dieron su vida por la libertad de Europa”.

Respuesta mía: “Digámoslo todo: por la libertad de media Europa y con la ayuda inestimable de Stalin. La otra mitad quedó en poder de la URSS. Y, según parece, el desembarco mató a más civiles franceses que a soldados alemanes. Y aquella guerra no e asunto nuestro”

John Müller: El desembarco mató, sobre todo, a jóvenes norteamericanos. Y la libertad siempre es asunto mío.

Respuesta: “Creo que el desembarco mató a más civiles franceses que a soldados alemanes o jóvenes useños. Y la libertad es asunto de todos. Menos mal que España quedó al margen de las atrocidades de unos y otros en la SGM. Y que no debe nada a Usa ni a Stalin”.

España es el único país de Europa libre de la inmensa carga militar, política, moral emocional (y económica) del resto de Europa occidental. Pero casi nadie quiere darse cuenta de ello.

Años De Hierro, Los (Historia Del Siglo Xx)

En el aniversario de 2004 escribí en LD un artículo: Borrell, el sanguinario

Borrell, que, contra lo que algunos esperaban, se está mostrando como un habilidoso trilero de la política, y cuya relación con las corruptelas del PSOE debiera ser más destacada, porque la corrupción –intelectual y económica, la segunda efecto de la primera– no es meramente un episodio en la historia reciente del PSOE, sino un rasgo que ha acompañado a este partido prácticamente siempre, está demostrando su carácter sanguinario, un poco en la tradición de Negrín. Con motivo del aniversario del desembarco en Normandía, acaba de acusar a Usa de no haber invadido España y haber dejado a Franco en el poder.

¿Qué habría supuesto la invasión de España por entonces? Para empezar, un nuevo río de sangre. Muchos miles de españoles, y también de useños, habrían caído, y a continuación se habrían desatado las venganzas y probablemente se habría reavivado la guerra civil. En la misma Francia liberada por Usa nadie pudo evitar, si es que lo quiso, una oleada de represalias, con un mínimo de 10.000 asesinatos en la sombra, muy posiblemente el doble, y a pesar de que la resistencia a los nazis había sido escasa. En España habría sido mucho peor, porque las izquierdas ansiaban la revancha. Y no sólo habrían asesinado a mansalva a las derechas, como lo habían hecho durante la guerra civil, sino que, también como durante la guerra civil, se habrían asesinado entre ellas. Anarquistas, comunistas, socialistas y republicanos se odiaban con verdadera saña, como suelen olvidar muchos “historiadores”, no digamos ya los políticos que parlotean de aquellos tiempos.

Pero la nueva marea de sangre que, indudablemente, habría inundado España, no parece asustar a Borrell, quizá porque piensa que les habría tocado sufrirla a otros y habría beneficiado a gente como él.  También puede argüir que habría sido un sacrificio aceptable en pro de la democracia. Pero nuevamente falla. Por una de esas falsificaciones alucinantes, pero de circulación común, hija de la propaganda soviética, en España la democracia habría sido defendida por los comunistas, los socialistas, y los anarquistas, en unión con unos republicanos que habían intentado golpes de estado contra un gobierno de centro derecha salido de las urnas. Y todos ellos bajo la tutela de Stalin, el gran padre de las libertades. Sólo exponer con claridad esta evidencia ya demuestra el absurdo de la pretensión. Pues bien, a toda esa gente no la habría convertido en demócrata, desde luego, el cambio de la tutela soviética por la tutela useña, a la que aspiran tan a destiempo. En rigor, fueron esos partidos los que planearon la guerra civil en 1934 y los que volvieron a provocarla en 1936. Y en 1944, después de perderla, no habían rectificado sus posturas básicas en lo más mínimo. Ellos habían hecho imposible la democracia en España para muchos años, y ellos habían traído a Franco, el último en sublevarse contra una república arruinada desde muy pronto por la demagogia y la violencia de las propias izquierdas.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Pero hay otra razón por la que Franco resultaba una alternativa mucho más aceptable que ellos. En 1944 las mentes lúcidas ya preveían la lucha entre las democracias y el totalitarismo soviético, pese a la aparente luna de miel entre ambos. Franco se lo había advertido a Churchill, por entonces empeñado en no verlo. En esa contienda general, si había alguien en quien no podría confiar Usa era precisamente en el conglomerado de “demócratas” españoles perdedores de la guerra civil. Todos ellos habían demostrado su predisposición a amalgamarse entre sí al servicio de la política soviética. Algunos expertos en la manipulación histórica insisten en que antes de la guerra no existía en España el peligro comunista, porque el partido de ese nombre era pequeño. Cierto, pero dicho peligro venía del PSOE, que era prácticamente comunista y era muy grande: el partido principal de la izquierda.

Hay, pues, muchas diferencias entre el Irak de ahora y la España de entonces. Usa lo va a tener muy difícil, si es que lo logra, democratizar Irak, pero ésta no es la principal razón de su intervención allí, pues, de serlo, Bush tendría que andar embarcado en una guerra perenne y desesperada contra las tiranías de todo el mundo, que superan en número a las democracias y predominan en la ONU, tan querida del PSOE cuando le conviene. Desde ese punto de vista, Sadam era un tirano como tantos, aun si muy sanguinario (eso para Borrell carece de importancia, seguramente). Su peligro radicaba en su carácter especialmente agresivo en una zona de vital interés para Occidente –no sólo para Usa–, una zona que es preciso estabilizar, y democratizar en lo posible, si no queremos sufrir muy graves consecuencias. En cambio, la España de 1944 iba a constituir, no una amenaza para Occidente, sino precisamente un aliado fiable en la lucha contra el enemigo absolutamente principal, el comunismo. Y ese papel de aliado fiable no lo podrían desempeñar entonces unos partidos como el PSOE, el partido que más directa y completamente había entregado el Frente Popular en manos de Stalin y que aún hoy tiende a culpar a Usa, y no a la URSS, por la guerra fría.

Estas consideraciones nos llevan a otra: ¿ha cambiado el PSOE lo bastante desde aquella época? Ahí lo tenemos favoreciendo al terrorismo, abandonando a los iraquíes, reverenciando a Marruecos, de donde han venido los atentados del 11-M, y dando mil satisfacciones –partido generoso– a quienes negocian con la ETA. El PSOE ha vuelto a convertirse en un peligro para la democracia, dentro y fuera de España. Esta cruda pero insoslayable verdad no debiera ser perdida de vista en ningún momento.

   (Omito unos párrafos del artículo referente a la guerra de  Irak, que hoy no suscribiría. Pero obsérvese esto en la distancia: el fracaso en la democratización de Irak ha hecho de la zona un factor de inestabilidad y terrorismo, contra lo que se pretendía).

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Cómo derrotó España el criminal aislamiento decretado al terminar la guerra mundial por  regímenes comunistas, democracias y dictaduras diversas: https://www.youtube.com/watch?v=dJuWZeoFYPQ

 

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