En la Feria del Libro de Madrid puede encontrarse el libro La guerra civil y los problemas de la democracia en España, en la caseta 345, de Ediciones Encuentro, y supongo que en otras.
**Uno de los capítulos de “La guerra civil y la democracia…” aborda el contexto internacional como “Una guerra ideológica en una Europa ideologizada”.
**Generalmente la estrategia de Stalin en la guerra de España no ha sido bien comprendida
**Para entender la guerra civil conviene abordar un tema clave, la crisis del catolicismo en los años 30.
**Se ha reflexionado muy poco sobre el hecho de que el Frente Popular fue, de hecho, una alianza de izquierdas y separatistas, todos además anticristianos. Sin tenerlo en cuenta, nada se entenderá
**También se ha reflexionado muy poco sobre los efectos de la guerra civil hasta la actualidad. “
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Aunque el Renacimiento abarcó todas las actividades superiores humanas (artes, ciencia, pensamiento…), quizá destacó principalmente en el arte, desde la arquitectura a la música o la poesía, alcanzando su apogeo en la primera mitad del XVI, con figuras como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Botticelli o Rafael y muchos otros en Italia. Desde Escandinavia a España se extendió el mismo espíritu, con numerosos artistas y escritores nuevos, que harían muy larga la enumeración. En los Países Bajos se desarrolló una pintura particular, más directamente enlazada con el gótico, aunque progresivamente influida por Italia. Quizá no sea exagerado considerar la época del Renacimiento como la más alta del arte europeo, aunque tampoco quepa hablar de decadencia a partir de él.
El pensamiento humanista o renacentista puede encontrarse resumido por Pico de la Mirándola en su Discurso sobre la dignidad del hombre: “El Supremo Arquitecto” situó al hombre en el centro del mundo y le dijo: “La naturaleza de todas las demás cosas está limitada y contenida dentro de las leyes que les hemos prescrito. Tú, a quien ningún límite coacciona, decidirás los propios límites de tu naturaleza conforme a la libre voluntad que te hemos otorgado (…) Por tu libre albedrío, como si fueras creador de tu propio molde, podrás elegir modelarte como prefieras. Mediante tu poder podrás degenerar hasta las formas más bajas de la vida, que son animales. Y podrás, gracias al discernimiento de tu alma, renacer en las formas más altas, que son divinas”. Un pensamiento fundamentalmente optimista sobre las capacidades humanas, admitiendo su origen extrahumano.
Tales capacidades debían plasmarse en tipos humanos como el popularizado por Baltasar Castiglione en Il libro del cortegiano. En él discurre en forma dialogada sobre el amor, la nobleza, el arte, la distinción femenina, la oratoria, el humor, etc., dibujando un “cortesano” ideal, físicamente fuerte, experto en las armas, las humanidades, gentil y educado con las damas, tranquilo, de finura expresiva y buen razonador.
El fondo del pensamiento renacentista seguía siendo claramente católico, aun con inclinación a separar la razón de la fe, como en El príncipe de Maquiavelo, obra de fuerte influjo en el pensamiento político posterior. La tradición, desde Isidorio de Sevilla y antes, consideraba que el poder venía de Dios, y por ello subordinado a unos principios de justicia y servicio a la sociedad basados en la ley moral natural, impresa asimismo por Dios en el corazón del hombre. Maquiavelo prescinde de tales supuestos y examina el poder desde un punto de vista técnico, ajeno a la religión o la moral. Aunque la experiencia histórica mostraba que el ejercicio del poder y las luchas por él se ejercían demasiado a menudo sin miramientos a conceptos de justicia o de servicio, se suponía que la moral religiosa o el temor a la condenación eterna frenaban la práctica nuda y cruda de la fuerza y la astucia. Pero también cabía pensar que las invocaciones morales y religiosas solo operaban como disfraz de intereses políticos descarnados. El príncipe maquiavélico debía ser más maniobrero, calculador y despiadado que sus rivales. Los frenos morales solo estorbarían sus planes, aunque podía invocarlos contra los otros como una añagaza más. Su pensamiento ha sido muy alabado como científico o racional por analizar la política prescindiendo de la religión, pero si bien la práctica política suele incluir una gran dosis de brutalidad y engaño, en sella pesan también imponderables que suelen desbaratar los planes más cuidadosos. Y por otra parte, el poder tipo Príncipe generaría una lucha interminable de todos contra todos. El autor también supone que el poder monárquico absoluto es más estable y pacífico que el compartido con otros nobles.
Maquiavelo presentó a Fernando el Católico como modelo de su idea de la política. Y sin duda Fernando, acaso el estadista europeo más capaz de su tiempo, junto con su esposa Isabel, demostró una sobresaliente destreza de maniobra; pero atribuir sus convicciones religiosas a pura hipocresía u oportunismo suena seguramente excesivo. La reconquista, una larga lucha tanto religiosa como política, había dejado en España un sentimiento católico quizá más compacto que en el resto de Europa, y la reforma de la Iglesia, muy respaldada por Fernando e Isabel, es una prueba más de ello.
Con todo, Maquiavelo no dejaba de expresar una realidad, bien visible, por ejemplo, en la alianza de Francisco I de Francia con los turcos contra España y el Sacro Imperio, o la ruptura del inglés Enrique VIII con Roma para crear una Iglesia propia, por el rechazo del papa a su divorcio de Catalina de Aragón.
A principios del siglo XVI, el sacerdote holandés Erasmo de Róterdam, el humanista más prestigioso de Europa, se aplicó a depurar a la Iglesia de gangas. La Iglesia había evolucionado entre reformas parciales, debates sobre la interpretación de la Biblia y otros más políticos. Problemas nacidos del contraste entre el ideal evangélico y un mundo marcado por el pecado original, del poder espiritual y su ejercicio con o sin un poder material del Papado, de la relación entre Roma y los estados cristianos, entre Roma y el conjunto de la Iglesia, entre la predicación y la compulsión violenta, entre los papas y los concilios, de la validez del magisterio eclesiástico, de la conducta exigible al clero, la defensa frente al islam, etc.
Erasmo preconizó un examen más libre de la Biblia y una actitud más crítica hacia la autoridad. Se opuso al formalismo rígido y a vicios como la ostentación del alto clero, la compra de cargos eclesiásticos o la venta de indulgencias. Estas consistían en actos piadosos con los que la gente esperaba atenuar las penas de sus deudos en el purgatorio: rezos, peregrinaciones, limosnas o donativos para construir edificios religiosos. La idea del purgatorio se había desarrollado tardíamente en la Iglesia para evitar la opción drástica entre cielo e infierno, y para sufragar la construcción de la magna basílica de San Pedro, la oferta de indulgencias se había multiplicado. Erasmo esperaba que la corrección de aquellos vicios afirmaría la paz entre cristianos y un renacer religioso.
A Erasmo se le apreciaba especialmente en España, donde estaba en marcha la reforma eclesiástica de Cisneros. Sin embargo rechazó ir a enseñar a la universidad de Alcalá de Henares: “non placet Hispania”… porque había allí demasiados judíos, a pesar de la expulsión. Debía de referirse a los conversos, no obstante lo cual trabó amistad con el español Juan Luis Vives, de familia de conversos, varios de cuyos miembros habían sido perseguidos por la Inquisición y quemados. Vives escribió obras pedagógicas apoyadas en la experiencia, métodos de análisis más científicos, y propugnó una asistencia social sistemática para los pobres. Por sus estudios sobre las emociones y movimientos del alma, relacionándolos con la medicina, suele estimársele precursor del psicoanálisis o más ampliamente de la psicología moderna.
Vives residió un tiempo en Inglaterra, en la corte de Enrique VIII mientras estuvo casado con Catalina, hija de los Reyes Católicos. Catalina fue una mujer muy notable y popular entre los ingleses. Siguiendo probablemente a su madre Isabel puso de moda la educación femenina en Inglaterra (para la que Vives escribió De institutione feminae christianae), protegió centros de enseñanza superior y propugnó la alianza de Inglaterra con España. Cuando el rey la repudió por Ana Bolena, Vives, contrario al divorcio, fue encarcelado, aunque salvó la cabeza y pudo volver a Flandes. Peor fortuna tendría el canciller Tomás Moro, con quien Vives y Erasmo formaban un círculo de amigos, respetados como los humanistas europeos más influyentes. Moro también se opuso al divorcio de Enrique VIII y a la ruptura con Roma, por lo que fue decapitado, en 1535 lo mismo que cientos de monjes y otros disidentes. Los protestantes acusarían a Moro de haber propiciado ejecuciones de varios de ellos, pero no parece cierto. Al año siguiente fallecería Erasmo, y Vives cuatro más tarde. Los tres habían creído en una próxima era de paz entre cristianos para afrontar con éxito la obsesionante presión turca, pero la realidad iba a ser la de nuevas guerras y persecuciones religiosas en la cristiandad.