Blog I. ¿Hay demócratas en España? / Miseria de Pujol (artículo antiguo): http://gaceta.es/pio-moa/hay-democratas-espana-06112015-1918
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Con motivo del 40 aniversario de la muerte de Franco están saliendo muchos comentarios y libros. En 2002 un historiador despistado, Moradiellos, publicó una Crónica de un Caudillo casi olvidado, de valor historiográfico tan improbable como su título. Viñas, gran admirador de Negrín, el político más corrupto y expoliador de España en al menos dos siglos, va a presentar pronto otra biografía en la que quiere convencernos de que Franco era también un corrupto, vaya por Dios. Preston acaba de reeditar su biografía del Caudillo, que en su momento (1994) fue promocionada sobre todo por Ansón a través del ABC, y Ricardo de la Cierva se ocupó de señalar la multitud de errores que contenía, algunos tan pintorescos como suponer el puerto Pajares era puerto de mar. Es cierto que en cualquier obra algo extensa se cuelan siempre algunos errores de detalle, pero en esta eran realmente demasiados.
Y ahora Preston, otro despistado, ha confesado en el Confidencial Digital: “Mi biografía de Franco terminaba diciendo que cada año son menos los envejecidos franquistas irreductibles. Muy pronto no quedará ninguno (…) Sin embargo, la mitología y las leyendas franquistas han resultado muchísimo más duraderas de lo que se podría haber imaginado a principios de los noventa”. Una desgracia para el pobre Preston y tantos como él, y no creo exagerar si afirmo que una gran parte de la culpa de esa “mitología y leyendas” me corresponde. De hecho, tanto el libro de Viñas como la reedición de Preston y otras, tratan de responder a mi Los mitos del franquismo. Responder, ya se entiende, no en forma de un debate intelectual serio y honesto, sino al modo como suelen, mediante alusiones, nombrándome lo menos posible y sin plantear nunca batalla abierta.
Según Preston, maestro de casi todos los demás, los principales mitos que quiere echar por tierra son cinco, Los he tratado brevemente en el otro blog (“Preston o el triunfo de la tontería”). Pero aquí quiero referirme un poco más por extenso al primero de los “mitos”: “Que Franco ganó la guerra civil a base de habilidades estratégicas dignas de Napoleón”. La comparación no es de nadie, sino del mismo Preston, y le contesté que es absurda, porque Napoleón perdió las batallas decisivas y perdió la guerra, mientras que Franco no perdió ninguna batalla y ganó la guerra. Ciertamente Napoleón guerreó por toda Europa y Franco solo en Marruecos y España, pero la guerra civil no fue un episodio insignificante: llegó a movilizar 1,2 millones de soldados en el bando nacional y 1,7 en el rojo. Y despertó una inusitada pasión en medio mundo. También en Preston, aunque la haya entendido tan mal.
Las diferencias son mucho más amplias, como he analizado en Los mitos del franquismo (obviamente sin hacer comparaciones como la que Preston atribuye a los que llama franquistas): Napoleón operó siempre con grandes ejércitos por así decir institucionales, mientras que Franco tuvo que edificar un nuevo ejército sobre la marcha. Además partió de una situación material tan desesperada que casi ningún general o político habría continuado la lucha: el golpe de Mola fracasó dejando en manos del Frente Popular la gran mayoría de la aviación, la marina, la Guardia Civil y la Guardia de Asalto, casi la mitad del ejército de tierra, casi todos los recursos industriales y la mitad de los agrícolas, las principales ciudades y los recursos financieros. Si, como decía Napoleón, ganar una guerra es cuestión de dinero, dinero y dinero, el bando rojo tenía forzosamente que ganar, pues tenía el dinero y muchísimos más medios. El mismo Prieto lo advirtió: por mucho valor que derrochasen, los nacionales iban a ser indefectiblemente vencidos.
Franco logró invertir poco a poco aquella situación, insisto desesperada en principio, y estuvo a punto de acabar victorioso en cinco meses, tomando Madrid. Fracasó allí –no fue derrotado– y conservó la iniciativa, que le permitió derrotar en el norte cantábrico a los rojos. Entonces sí ganó una ligera superioridad material. En fin, esa superioridad se hizo absoluta después de haber desbaratado al ejército rojo en el Ebro. Cataluña fue ocupada con facilidad, pero quedaba la muy extensa zona centro-sur, con un ejército de 800.000 hombres, buenos puertos y una flota todavía muy fuerte. De ser tan despiadado como Preston y compañía lo presentan, habría aprovechado tal superioridad para aplastar a sus enemigos en un baño de sangre. En lugar de eso, esperó elegantemente a que el Frente Popular se descompusiera en una guerra civil entre sus propios miembros, y ocupó todo aquel territorio sin disparar un tiro. Me gustaría saber qué general del siglo XX en cualquier país del mundo registra una serie de éxitos estratégicos y tácticos parecidos. Quizá Preston pueda indicárnoslo algún día.
El método de Preston y otros como él consiste en recoger todos los juicios desfavorables que encuentra sobre Franco. Eso es fácil, pues por muy bien que alguien haga las cosas, nunca llega a la perfección y siempre habrá quien le denigre, aunque sea a base de sandeces, como un tal Escolá. Mussolini y algunos alemanes criticaron la conducción militar del Caudillo, pero los hechos demostraron que eran ellos los equivocados. Si uno acumula los juicios negativos por este sistema puede llegar a ver lo blanco negro. Pero queda el balance de hechos inocultables: Franco, repito, no perdió ninguna batalla y ganó una guerra muy difícil partiendo de una situación de total inferioridad y culminando la contienda sin disparar un tiro. “Un militar mediocre”, concluyen estas lumbreras.
En fin, reitero que estas cuestiones no son meramente académicas, pues según como se enfoque la guerra civil y el franquismo se generarán unas u otras políticas actuales Por eso es tan importante combatir el Himalaya de falsedades que llevamos tanto tiempo contemplando. Y por eso quiero hacer conscientes a los lectores y a los oyentes de Cita con la Historia, de la necesidad de tomar una actitud activa y colaboradora, porque la falsificación del pasado envenena el presente. Durante cuatro décadas, sin apenas oposición, se ha impuesto un ambiente general nefasto, y solo irá cambiando si cuantos percibimos su peligro arrimamos el hombro:

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