La destrucción de la cultura española

Blog I: Julius Ruiz tiene miedo: http://gaceta.es/pio-moa/julius-ruiz-miedo-30102015-0740

** Este domingo, en “Cita con la Historia” trataremos las motivaciones de la persecución religiosa en España, un verdadero genocidio, y la evolución posterior de la Iglesia al respecto. www.citaconlahistoria.es.   El programa anterior sobre el mismo tema, en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=SnUNyqjblL4

** Prosigue la campaña 300 por 20. “La verdad se corrompe tanto por la mentira como por el silencio” (Cicerón). No contribuyas al silencio

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(En La Gaceta, hace unos meses)

La cultura de un país va estrechamente ligada a su lengua e historia, y privada de  ellas se deshace o se convierte en una cultura ajena. Y esto  es lo que está ocurriendo aceleradamente en España bajo la mirada bovina de la gran mayoría, idiotizada, una vez más, por los “gárrulos sofistas” denunciados por Menéndez Pelayo. Cuando solo un 16% de los españoles (y sería interesante ver las edades)  se declara dispuesto a defender su patria, es decir, su cultura, es obvio que estamos tocando fondo, y que la hispanofobia –tan relacionada con la corrupción y la  ignorancia de la historia–  compone el fondo del ambiente en que nos vemos forzados  a desenvolvernos. 

    Para sorpresa de muchos ingenuos, el PP está resultando más radicalmente hispanófobo que el PSOE o que los propios separatistas.  Los separatistas  tratan de erradicar de sus regiones la cultura común española, empezando por el idioma, algo que muy difícilmente alcanzarán en un futuro previsible. Y los socialistas siempre han ido aliados a los separatistas, por una mezcla de indiferencia y desprecio hacia la nación española, cuya mera naturaleza les parece tan cuestionable. La novedad es que la derecha ha renunciado, desde Suárez,  a la defensa de la nación y su cultura. Una derecha vaciada de cualquier idea que no sea la afición al poder y “la economía lo es todo”, no solo ha consentido sino también apoyado y financiado la demagogia de los separatismos, impidiendo la réplica a la misma y creyendo, con mentalidad mafiosa, que sobornándolos con con más y más dinero y concesiones, a costa de la ley, los iría frenando. Mentalidad muy propia de unos políticos más corruptos, y no solo económicamente, de lo que la gente cree.

   Pero el PP hace algo bastante peor: inmerso en anglomanía histérica, está desplazando el español, como lengua de cultura y más en general, en beneficio del inglés. Esperanza Aguirre, patriota inglesa y título de la Orden del Imperio Británico, el imperio de Gibraltar, precisamente, ha impuesto por narices en Madrid la enseñanza bilingüe inglés-español en los colegios públicos, una medida abiertamente anticonstitucional, pues una cosa es enseñar el inglés como idioma extranjero y otra cooficializarlo de hecho. Pero más allá de su ilegalidad, es una medida  profunda y peligrosamente antiespañola. Observen los argumentos con los que se justifica la fechoría: el inglés es “la lengua de la cultura”: de la ciencia, del arte, de la música, de la economía, de la milicia (también en el ejército se aplican esas medidas); el inglés “es imprescindible” para encontrar empleo (nunca se había promocionado tanto ese idioma ni había habido mayor desempleo). Es el “idioma superior” en definitiva, arrinconando al español en la propia España: cada vez se exige más, innecesariamente en la mayoría de los casos, como un título de esnobismo de lacayo. Los empresarios, muy a menudo votantes del PP, gustan poner a sus empresas nombres ingleses, anunciarse en inglés y exigir el inglés a sus empleados, aunque los propios empresarios lo hablen malamente. La presencia del inglés en las calles, en anuncios, establecimientos, etc., es tan abusiva que parece que estuviéramos en un enorme Gibraltar. Podríamos seguir largamente. El hecho indiscutible es que el PP completa la labor de los separatistas socavando el español en todos los planos, desplazándolo cada vez más a lengua puramente doméstica y de la infracultura. 

   La última medida de estos descastados hispanófobos ha sido imponer que una de cada tres carreras universitarias  se dé en inglés o en bilingüe. Ya he visto anuncios de cursos universitarios ofrecidos exclusivamente en inglés, y de escuelas infantiles que se jactan de que los niños… ¡aprenderán inglés antes que español! El PP y la gente próxima a él está imponiendo  desde su  poder,  ilegítimo por muchas razones y también por esta, la aculturación  acelerada del pueblo español. Y lo hace en nombre del progreso. El progreso, obviamente, del inglés a costa del español. 

Un detalle significativo: la panda de ignorantes hispanófobos que gobierna Madrid ha impuesto a una plaza central el nombre de Margaret Thatcher: una señora alcohólica que ante un incidente en Gibraltar propuso: “¡Bombardeemos Madrid! He denunciado el caso en twitter y he obtenido algunas respuestas indicativas: “Su nacionalismo le ciega, señor Moa, Thatcher representa algo más valioso: la libertad”. ¿Debe España su libertad a Thatcher? ¿Qué espera sacar el PP de su oficiosidad, más que poner de relieve su servilismo de lacayo? Pues ocurre que si algo fue doña Margaret es nacionalista. E imperialista. Nacionalista e imperialista inglesa. No se le puede reprochar, desde luego, defendía los intereses de su país. Que son también los intereses, los de Inglaterra, que defiende la banda de Gürtel. Y que están destrozando materiamente la cultura española, convirtiéndola en una parodia de la anglosajona. Son muchos los que defienden el inglés con un fervor increíble, por lo demás innecesario, ya que los anglosajones saben hacer muy bien su propia propaganda, pero estos lacayos oficiosos se creen imprescindibles a sus amos. Un fervor equivalente a su desprecio hacia la historia, la lengua y la cultura españolas. Una cosa es aprender idiomas extranjeros y otra dejarnos colonizar por ellos.

  Se impone una reacción, porque nos están asfixiando, sin que nos demos cuenta, con una especie de gases ideológicoa  que a algunos les huelen muy bien.

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#SonaronGritosyGolpesALaPuerta: “La gran novela sobre los Años de Hierro de la historia de España” http://www.esferalibros.com/libro/sonaron-gritos-y-golpes-a-la-puerta/

“Por 1ª vez tengo una idea concreta de como se desarrolló la república, la guerra civil y la posguerra” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaL

“Visión distinta de una parte crucial de la historia de España. Gana en calidad según… avanza el relato” Enrique Campos #SonaronGritosyGolpes

“Excelente novela…inmensa talla del autor.Atrapa al lector de la primera a la última página con un final inesperado” Indivil #SonaronGrito

“Ofrece una visión muy interesante de la guerra civil desde el bando republicano, especialmente en Barcelona” Trotamundos #SonaronGritosyGol

“¡De imprescindible lectura!” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“La temática de la Guerra Civil no se trata como una historia de buenos y malos lo cual se agradece” aticatac72 #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“La versión contraria a esta, ya estaba empachado de escucharla” Emile Bravo! #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“Sólo por ser el autor que es no vale la pena ni mirarla.Y no soy sectario. No gasten un euro en ella” MiguelRo #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“Brillante novela” Indivil #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“No apta para aquellos que sean sectarios” Jesús #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

 

 

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Garrulería volteriana

Blog I Recuerdos (59) Agitación clandestina en Galicia (y II): http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-59-agitracion-clandestina-galicia-ii-27102015-2036

***** Campaña 300 por 20

Cita con la Historia es un programa de alta divulgación enfocado a la refutación de la “mentira profesionalizada” sobre nuestro pasado. Se trata de una necesidad perentoria, pues en ese Himalaya de  falsedades que ya denunciaba Besteiro echan raíces gran parte de las políticas actuales, y las más nefastas. Por ello  Cita con la Historia es un programa único en España y su audiencia no ha cesado de subir, siempre dentro de las cifras modestas  que permite una emisora modesta como es Radio Inter (30.000-60.000 oyentes), aunque también puede escucharse en youtube (donde ha alcanzado las cien mil descargas), en podcast  o en www.citaconlahistoria.esSea usted uno de los trescientos.  Cuenta para aportaciones: BBVA ES09 0182 1364 33 0201543346 

*** Último programa de Cita con la Historia.  La persecución religiosa en la Guerra Civil: https://www.youtube.com/watch?v=SnUNyqjblL4

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(En Libertad Digital, 24, 4-2003)

Garrulería volteriana

Con motivo de la guerra de Irak, me envían por Internet una cita de Voltaire: “¿En qué se convierte y qué importancia tiene la humanidad, el buen hacer, la modestia, la templanza, la dulzura, la sabiduría, la piedad, cuando media libra de plomo lanzada desde 600 pasos me destroza el cuerpo, si muero a los veinte años entre tormentos inenarrables, en medio de cinco o seis mil moribundos, cuando mis ojos, al abrirse por última vez, ven la ciudad donde nací destruida por el hierro y el fuego, y el último sonido que escuchan mis oídos son los gritos de las mujeres y los niños que expiran bajo las ruinas, y todo por el pretendido interés de un hombre al que no conocemos?”

La cita impresiona, pero su sofisma sale a la luz si cambiamos la guerra por la enfermedad o los accidentes: “¿Qué importancia tiene la humanidad, el buen hacer, etc., si un cáncer, unas bacterias contagiadas por un irresponsable, un coche conducido por un borracho, me hacen morir a los veinte años entre horribles dolores, contemplando la pena y la angustia de mi gente más querida, etc.?” No sólo la guerra causa esos desastres, y alguien podría oponer a la melodramática tirada de Voltaire la exhortación de Sarpedón a Glauco: “Amigo, si huyendo del combate pudiéramos vivir para siempre, ni yo me batiría en primera fila ni te animaría a luchar. Pero los espíritus de la muerte menudean a nuestro alrededor, y ningún hombre puede desviarse ni escapar de ellos, así que vayamos a la batalla y ganemos gloria o démosla a otros”.

El sofisma se acentúa con el sinsentido de atribuir el argumento a un muerto. Y empeora al trasladar al soldado las ideas de Voltaire. Pues muchos soldados pensarían, con al menos la misma razón que el escritor, que luchaban por Francia y sus gentes, y no por “los intereses de un desconocido”.

La argucia volteriana no descansa en la diferencia entre la muerte causada por la fatalidad y la causada por la voluntad, sino en la antimonárquica frase última, donde atribuye las guerras a caprichos de los reyes. La implicación es que los pueblos de por sí son pacíficos, y que si ellos decidiesen en política, no habría guerras. Igual idea han proclamado sin descanso los comunistas, sustituyendo al rey por el burgués: “los pueblos aman la paz, es el capital quien los lleva al matadero”. Pero en la realidad las “naciones”, “pueblos soberanos” y “partidos proletarios” han promovido, tras la caída del antiguo régimen, las guerras probablemente más devastadoras de la historia. No es un argumento en pro del antiguo régimen, pero sí un hecho a considerar.

Por supuesto, no puede criticarse a Voltaire por sucesos posteriores que él no podía prever, pero sí por plantear de tal modo la cuestión. Pues en épocas remotas, cuando los reyes propiamente no existían o eran jefes de tribu que combatían a la cabeza de sus hombres, las guerras eran continuas. Baste la descripción de Tácito sobre los germanos. Pero Voltaire, bien sabedor de ello, creó con otros el mito, algo irrisorio, del “buen salvaje”, empleándolo como base falsa para una crítica social no menos falsa.

El pasado muestra que la guerra está muy asociada al comportamiento humano. Voltaire, como los ideólogos en general, han pretendido eliminarla mediante la supresión de determinadas personas, instituciones o capas sociales, sobre las cuales hacían recaer la culpa del mal. La experiencia ha demostrado que por esa vía el daño cobra mayor intensidad. Contra la guerra no se ha descubierto ningún remedio radical, y su superación sólo cabe esperarla de una evolución moral e institucional inevitablemente lenta y penosa.

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Dos revoluciones sexuales

Blog I La “leyenda” del Alcázar de Toledo (y II) El caso de los rehenes: http://gaceta.es/pio-moa/leyenda-alcazar-ii-historia-los-rehenes-26102015-2308

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En LD, 13-05-2004

La sexualidad, dijo el clásico, es un potro muy malo de domar, que te derriba a las primeras de cambio. Tradicionalmente se trataba de encauzarla a través del matrimonio, el cual, se suponía, descansaba en el amor, la comprensión y la fidelidad mutuos, y fructificaba en los hijos. Esta venía a ser la teoría en la cultura cristiana. En la práctica, la cosa funcionaba a veces muy bien, a veces muy mal y en la mayoría de los casos sólo pasablemente, como ocurre en todas las empresas humanas. En todo caso quedaban marcados unos valores a aplicar en lo posible y un freno al llamado libertinaje.

En los años veinte del siglo pasado cambió bastante la teoría y la práctica. Desde una interpretación del psicoanálisis, no la única posible, cundió el enfoque de la sexualidad como una necesidad fisiológica a satisfacer, so pena de enfermar psicológica e incluso físicamente. Como beber un vaso de agua cuando se tiene sed, exponían algunos didácticamente. Así mirado, el otro miembro de la pareja perdía relieve, y los viejos valores de amor, comprensión y fidelidad pasaban a segundo plano o podían fácilmente convertirse en rémoras, al igual que los hijos. La idea no era nueva, pero su vestimenta cientifista la hacía muy atractiva, y originó una auténtica revolución, en el sentido de que conductas antaño marginales se extendieron masivamente. Mucho influyó también la quiebra moral producida por la Gran Guerra. Millones de jóvenes renegaban de los usos y prédicas de sus mayores, considerándolos hipócritas. No es seguro, sin embargo, que de ahí saliese una mejora en la salud física y mental de la gente. Hasta cabe sospechar que ocurriera justamente lo contrario.

La segunda revolución sexual, de los años 60, tuvo algunas diferencias con la anterior. Más que como necesidad física, la sexualidad, ayudada por la difusión de la píldora anticonceptiva, aparecía como diversión. En aquellos años la diversión subió muchos puntos en la estimación de la gente, y hasta se alzó como el valor máximo. Una canción, de los Beatles, creo, contaba cómo una chica escapaba de casa de sus padres. ¿Por qué se iba, si éstos la habían atendido y dado de todo? Porque, lamentablemente, no le habían dado bastante “fun”, y cuando no hay “fun”, pues ya se sabe. Aunque distintas en sus matices, las dos revoluciones tenían similares efectos. La familia y los antiguos valores perdían interés o se tornaban obstáculos, como perdía interés el o la oponente sexual cuando su grado de diversión bajaba. Esa actitud tenía algo que ver, supongo, con la ideología de la seguridad social, concebida como una mano materna que cuidaba de la gente desde la cuna a la tumba, haciendo de la sociedad un parque infantil donde todos podíamos pasar la vida jugueteando, ajenos a la responsabilidad, la culpa y otros sentimientos enfermizos, susceptibles de cura, afortunadamente.

En realidad estas formas de pensar y actuar siempre existen, aunque predominen sólo en algunos períodos, a los que dan carácter. Podría expresarse así su diferencia con las actitudes tradicionales: en estas últimas, la diversión o la satisfacción individual, por importantes que sean, se dan por sobreentendidas y derivadas. En cambio ocupan el centro en las concepciones revolucionarias, quedando la fidelidad, la comprensión, los hijos, etc., como elementos no desdeñables, más o menos convenientes, pero subordinados a la satisfacción o diversión particular. Desde ese punto de vista la homosexualidad, en rigor cualquier práctica sexual, con animales o con niños, tiene igual valor que la considerada normal todavía hoy.

Pero las exigencias “revolucionarias” traen efectos menos agradables de lo previsto, pues, por suerte o por desgracia, la sexualidad suele ir ligada a sentimientos muy intensos, exige la participación de otra persona con sus propias necesidades, imposible de reducir a simple objeto de satisfacción o diversión, y rara vez coinciden los dos miembros de la pareja en apreciar cuándo la relación ha dejado de ser divertida. Si además han cometido el error de tener hijos, el coste emocional llega a resultar elevadísimo.

Los obispos han sido muy criticados por señalar un lazo entre la revolución sexual y la violencia doméstica. Yo no creo que anden muy descaminados. Las dos revoluciones sexuales han socavado profundamente a la familia, y parece clara su relación con el creciente fracaso matrimonial, del que la violencia es una manifestación. Y con otros muchos fenómenos, como la multitud de niños despojados de un ambiente familiar, la extensión apabullante de la prostitución en todas sus manifestaciones, incluyendo buena parte de la publicidad comercial, la telebasura o las redes de pederastia, etc. etc. ¿De dónde podría venir todo eso, si no?

Sobre los malos tratos familiares aseguran algunos expertos que siempre han existido con igual o mayor intensidad, sólo que ahora se denuncian. Aunque los malos tratos en la intimidad del hogar no suelen trascender, podemos hacernos una idea aproximada de su extensión. Tal como deducimos la amplitud del hambre por el número de personas que mueren de ella (que indican un número mucho mayor de hambrientos, aunque no lleguen a morir), podemos colegir la extensión de los malos tratos por sus manifestaciones más extremas e indisimulables, las muertes. El número de muertes por maltrato doméstico aumenta en muchos países, desde los escandinavos a España. Tras muchas décadas de pesado adoctrinamiento feminista –muy relacionado con las revoluciones sexuales– debería ocurrir lo contrario por lo que no parece achacable esa tendencia al machismo residual, como decía no sé qué señora política.

Un maltratador de Barcelona, tan bergante como espabilado para halagar a los progres, pedía al juez la atenuación de su pena por haberse criado bajo el franquismo, cuando, decía, el maltrato a las mujeres era fomentado como una virtud. Él no tenía la culpa de haber recibido tan mala educación. Pero en el franquismo había sin duda mucho menos maltrato que ahora. Una canción de los años 50, tan denostados por nuestra ridícula progresía, aconsejaba:

“Para ser un buen marido, el hombre tiene que ser

generoso, complaciente y amable con la mujer

Ser un poquito celoso, a saber, quiere decir

cuando debe estar despierto y cuando debe dormir.”

Le faltaba decir cómo debería ser la mujer. Bueno, son consejos algo simples y pasados de moda, pero tal vez no del todo insanos en estos tiempos revolucionarios, tan apreciados por el camarada Zapatero, feminista radical, el hombre.

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Dificultades del ateísmo

Blog I.  La “leyenda” del Alcázar de Toledo y la ignorancia del ABC: http://gaceta.es/pio-moa/leyenda-alcazar-toledo-ignorancia-abc-i-25102015-2137

***Último programa de Cita con la Historia: franquismo y antifranquismo. La persecución religiosa (I): www.citaconlahistoria.es

**Campaña 300 por 20: Bastaría con que 300 oyentes de Cita con la Historia  indicasen en su banco la entrega de solo 20 euros al mes para que el programa quedase asegurado en adelante y hubiese incluso una reserva para llevar adelante otras ideas que venimos pensando. Por ello lanzamos desde ahora la campaña Trescientos por veinte.  20 euros mensuales es una cantidad insignificante para casi todo el mundo, pero su efecto puede ser determinante. Amigo lector, amigo oyente, colabore a una indispensable labor de saneamiento de su país, que hoy se encuentran en una situación histórica tan miserable. Sea usted uno de los trescientos.  Cuenta para aportaciones: BBVA ES09 0182 1364 33 0201543346 

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 Dificultades del ateísmo

“¿Qué es el hombre? Un saco de deseos”. Lo dijo San Agustín, creo, aunque cito muy de memoria, y quizá fue otro. En todo caso es una buena definición. La capacidad humana para multiplicar los deseos de forma, en apariencia, ilimitada e insaciable, constituye una diferencia clave con la animalidad. Podría explicarse al ser humano, hasta cierto punto, por el dinamismo de sus deseos y temores.

Desde el principio de la Historia, el sentimiento religioso ha frenado esa tendencia típicamente humana, obligando a restringir y armonizar mejor o peor los deseos: la restricción suele aparecer como un mandato de la divinidad. Se comprende entonces que la negación de Dios pueda presentarse a su vez como una liberación, y así lo hacen los utopismos ateos. “Si no hay Dios, todo es posible”, vino a decir Dostoievski. Eliminado el sentimiento de Dios, desaparece el de culpa, y con él, el deber de autocontención.

Pero nadie puede comportarse del todo como si no hubiera Dios. Pues los deseos desatados de cada uno chocan con los ajenos, y su satisfacción exigiría tiranizar al prójimo y exponerse a sus represalias. La sociedad se convertiría en el albergue del crimen generalizado. Los utopismos han comprobado ese hecho, al cual intentan escapar imponiendo unas normas sociales que los individuos deberían interiorizar como una segunda naturaleza (el “hombre nuevo”). Interiorización solo alcanzable aboliendo la libertad y haciendo de la sociedad una cárcel. Así, la máxima liberación del deseo conduce a la máxima esclavitud. Por otra parte, los deseos liberados provocan, con su multiplicidad y contradicción entre ellos, un aumento paralelo del temor y la angustia, hasta desgarrar la psique del individuo. Ambos efectos manifiestan el castigo de los dioses.

En un plano menos extremo, cabe imaginar un equilibrio basado en la aceptación utilitaria de unas normas o restricciones acordadas por mayoría. Sobre este problema ha girado gran parte del pensamiento occidental. Las normas, quitado su referente religioso, serían meras convenciones sociales. Pero muchos podrían sentir que el acuerdo ajeno, incluso mayoritario, carece de virtud para obligarles. Tanto más ante la noción de la muerte sin trascendencia, pues esa noción hace de la vida un todo, y vuelve intolerable la perspectiva de constreñirla —de constreñir los deseos que son su sustancia— a decisiones de otros, nunca merecedoras de más respeto que las propias. El hombre débil aceptaría las convenciones, por miedo a la sanción social, pero el hombre fuerte y audaz podría rechazarlas. Recurriría a la violencia, pero no necesariamente. Al no tener las normas otra base que la convención, salta a la vista la posibilidad de sustituirlas por otras, arbitrariamente.

Como venía a decir un personaje de Aristófanes, si está establecido que los hijos no peguen a los padres, es porque a alguien se le ha ocurrido y los demás lo han aceptado. ¿Por qué no iba a establecerse la ley contraria, si alguien con suficiente labia convenciese a la mayoría?

(En LD, 19-12-3001)

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En tuíter:

El desplazamiento del español por el inglés como lengua de cultura y comercial marcha a pasos acelerados. El panorama urbano está cambiando, deja de ser español para volverse colonial, al estilo de Gibraltar. Sin reacción.

El orgullo español por Amancio Ortega es tan ridículo como un orgullo similar por la elevada renta de Gibraltar. Culturalmente Ortega es antiespañol como los separatistas catalanes y vascos.

La idea de que “la economía lo es todo” ha calado profundamente. La cultura española apenas produce nada de valor ni es estimada como tal. Esterilizada por la anglomanía y la adoración al becerro de oro. Si no se denuncia no habrá reacción.

La izquierda jamás ha mostrado el menor sentimiento por el genocidio anticristiano en la Guerra Civil. Al revés: www.citaconlahistoria.es

La persecución religiosa en la Guerra Civil, quizá la más sangrienta y cruel del la historia. Peor que el Estado Islámico ‪#C‎itaConLaHistoria

 

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Un pueblo embrutecido

Blog I. Recuerdos (58) Trabajo clandestino en Galicia (I): http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-58-trabajo-clandestino-galicia-23102015-1341

**”Cita con la Historia” www.citaconlahistoria.es.  La continuidad del programa depende de tu compromiso con la verdad histórica.  Campaña 300 por 20. Cuenta para aportaciones:

BBVA ES09 0182 1364 33 0201543346 

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Ante las próximas elecciones el análisis de la situación actual en España debe partir de una evidencia: el embrutecimiento mayoritario del pueblo. Sería realmente un milagro que tal fenómeno no se hubiera producido después de 40 años de “mentira profesionalizada”  sobre nuestro pasado a cargo de unos políticos y unos medios de manipulación de masas cuyos rasgos más definitorios son la corrupción, el embuste y la hispanofobia, disfrazada a menudo de antifranquismo. Pues corruptos son prácticamente todos los políticos, por acción u omisión. Como decía Cicerón, “la verdad se corrompe tanto por la mentira como por el silencio”. Pues eso: corrupción económica acompañada de corrupción intelectual. Y esa labor de los líderes  ha repercutido sobre el pueblo. Solo así se entiende que personajillos como Zapatero pueden ganar dos elecciones seguidas o necios como Rajoy obtener una mayoría absoluta después de haber colaborado con Zapatero en una oposición de puro camelo.

   Me ha enviado Jesús Flores Thies un comentario, del que extraigo:

“Todo aquello que tenga que ver con Franco y la época en que gobernó a España con las generaciones que consiguieron levantarla a pulso, ha sido borrado, cuando no censurado, manipulado y falseado hasta la náusea. Pero como se corría el peligro de que alguien, en sólo un par de minutos, pudiera demostrar las continuas falacias de tertulianos, políticos o periodistas, a estos posibles enemigos del sistema kafkiano y orweliano había que cerrarles el paso. La derecha mediática, incluida la COPE, ABC, MUNDO, LA RAZÓN, la zona EPISCOPAL, y hasta el “Mando” del Ejército,  cooperan con feroz entusiasmo. Aunque es EL PAIS la joya del “progresismo millonario” quien ha tomado sobre sus hombros la tarea principal de hacer estúpido al personal lector de periódicos, apoyándose en una serie de teloneros que rellenan sus magazines dominicales

   Se puede ventosear públicamente contra España, pero no hay posibilidad de mandar al marrano a  los infiernos. Si la señora Aguirre dice que Franco es el responsable del paro, nadie hay cerca para poner las cosas en su sitio; si Aznar dice que el “franquismo” fue nefasto para España, se va de rositas sin haber recibido el lógico guantazo dialéctico; si una ministra del PSOE dice que gracias a su partido en España no se pasa sed durante las sequías, nadie le pone las orejas coloradas por hacer el ridículo; si alguien dice que España está a la cola de Europa (1 %) en viviendas sociales, nadie tiene la oportunidad de completar el tema informando del número de viviendas sociales que se construyeron durante el “tenebroso franquismo”; si en una revista militar se escribe un artículo titulado “Las distintas épocas de la Academia  General” y en él no aparece ni siquiera el nombre de Franco, como si nunca hubiera tenido que ver con esa Academia, resulta inútil escribir una carta al enfaginado Director; si Susana Díaz del PSOE dice que con la izquierda, Andalucía ha avanzado en 30 años lo que otros han tardado un siglo”, sin que le crezca la nariz hasta el escaño de enfrente; si Juan Mª Uriarte, obispo emérito de San Sebastián dice que “Los dirigentes del entorno político de ETA encarcelados son los que con mucha mayor claridad asumen unas posiciones próximas a las que yo asumo”, sin una contundente respuesta de alguno de sus parroquianos…, sencillamente se cierra el paso al peligroso “disidente”, y hasta la próxima.

     Es imposible que un país no se envilezca y confunda con este panorama, sostenido y agravado durante decenios. La operación de embrutecimiento político del pueblo por unas mafias de corruptos e ignorantes, viene acompañada de otras formas de lo mismo en materia de costumbres: han convertido a España en el país de la chabacanería, de sálvame, de Belén Esteban, del botellón, de una enseñanza degenerada, del abortismo y el homosexualismo, el consumo de porros y cocaína… Todo ello va junto, cómo no.

A pesar de ello, creo que en el fondo del pueblo español conserva unos valores que pueden sacarnos del marasmo. La cuestión política real es que el país afronta, por encima de todos, tres problemas de pura subsistencia: la unidad nacional amenazada, el deterioro de la democracia y la posición internacional de España como país lacayo. Y estos son los problemas que  no entran en los programas electorales ni son tratados con un mínimo de seriedad por ningún político o partido. Sin esa base, todo lo que se diga sobre subida o bajada de precios, de pensiones, de enseñanza, de paro, de corrupción,  etc., será pura palabrería.

  ¿Qué puede hacerse? Claramente es preciso impulsar un movimiento cívico  por  España y la democracia. Sobre eso habrá que hablar. Pero como en cualquier será una tarea larga que no influirá en las próximas elecciones, adelanto que en el panorama actual yo votaría a Vox, a pesar de que me parece un tanto flojo y difuso. Acaba de nacer y no va a convertirse en un gran partido en dos días, pero cuantos más votos tenga, peor será para otros partidos y mejor para el país. En cuanto a Ciudadanos, me parece un partido de izquierda, un tanto jacobino, con votos de derecha. De la derecha que quiere oír  una defensa clara de España. la defensa de España por C´s es cualquier cosa menos clara. Sin embargo es preferible al PP y al PSOE, y  en la medida en que profundice la crisis de esos dos nefastos partidos, será una buena cosa.

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