Las “progresistas” reformas “educativas”

Blog I. Recuerdos (28) “Da pel do demo”, aventuras estrafalarias: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-28-aventura-estrafalaria-02092015-0801  

**En “Cita con la Historia” dedicaremos las cuatro sesiones de este mes a aspectos del separatismo catalán. Puede esucharse en Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde los domingos. También es accesible en podcast, en you tube y en www.citaconlahistoria.es

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Objeción y desobediencia

23 de Julio de 2006 – 13:11:17 – Pío Moa – 325 comentarios

«OBJECIÓN PEDAGÓGICA»

José Luis Hernández Huerta

Una buena parte de los profesores de todos los grados y niveles mejor preparados y con dilatada experiencia docente intuyeron lo que acarrearía la reforma del sistema estatal de enseñanza de 1990. Sin embargo, a ojos de los Padrinos de la Gran Reforma, aquéllos nada tenían que aportar, sus criterios no eran válidos por haber sido fraguados en una escuela tradicional, rancia y autoritaria, motivo por el cual sus voces fueron acalladas. Y los primeros informes internacionales sobre educación provenientes de los países donde desde hacía años se practicaba la nueva educación fueron simplemente ignorados, pues ponían en tela de juicio la idoneidad de ésta. Al tiempo, se puso en marcha una intensa labor propagandística a favor de la Gran Reforma; por la justicia social y el progreso fue la gran consigna lanzada. Sin duda, los Padrinos contaban con amigos y con recursos. Así, la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) nació con enorme alboroto y publicidad en medio del mutismo profesional o crítico más absoluto.

Dieciséis años después se ha demostrado que el esnobismo pedagógico no es un buen guía para acometer las reformas del sistema estatal de enseñanza, que las innovaciones educativas introducidas por la Gran Reforma son absurdas y que ésta no ha hecho otra cosa que extender la red de clientelas y afianzar las ya existentes.

La lógica y la razón llevan a pensar que los desafíos lanzados a la realidad tienen un límite, sobrepasado el cual ésta se clarifica, aparece en todo su esplendor, acabando por imponerse. Sin embargo, por alguna extraña razón, la actualidad de la educación española invita a pensar, si no lo radicalmente opuesto, sí que dicho límite aún no se conoce, ni siquiera se intuye.

La recientemente promulgada Ley Orgánica de Educación (LOE) es claro ejemplo de esto último, en la cual, una vez más, como en otras cuestiones de Estado, han primado, por encima de cualquier otra cosa, el populismo, la demagogia, el clientelismo y los intereses de partido o «tendencia». Parece ser que las alarmantes cifras, reveladoras de la miseria intelectual y espiritual en la que progresivamente se está sumiendo a las jóvenes generaciones, ofrecidas por los últimos informes que hacen referencia al estado del sistema estatal de enseñanza, son poca cosa para la secta pedagógica. La nueva Ley, lejos de solventar los problemas que la han motivado y, hasta cierto punto, legitimado, reincide en los errores de la Gran Reforma, potencia los destrozos que ésta ha provocado e introduce nuevos elementos que la convierten, posiblemente, en el mayor fraude de los últimos tiempos.

Asentadas desde hace tiempo en Europa las democracias liberales, y perdido el impulso inicial de las mismas, era preciso que los gobiernos de los estados miembros tomasen medidas encaminadas a perpetuarlas y refinarlas. Así lo han hecho saber las diferentes comisiones y organismos encargados de dirigir el proceso de unificación de Europa. Tal empeño es loable y necesario, ya que ningún sistema se sostiene por sí mismo, y menos aún el democrático, porque, debido a las amplias posibilidades de libertad que ofrece, requiere de una mayor y mejor preparación de los ciudadanos y de un más alto grado de civilización. En estos planes se ha otorgado a la escuela un papel protagonista, pues las autoridades son conscientes de que, en buena medida, al ser ésta el principal medio de socialización sistemática, el futuro de aquéllas se juega en las aulas. Por ello, para conseguir este objetivo parece apropiado proporcionar una formación sólida en materias de peso a las jóvenes generaciones y fomentar en éstas la responsabilidad, la disciplina y el esfuerzo, que son los pilares sobre los que se sustenta cualquier intento de convivir democráticamente, sin los cuales todo ensayo de libertad está abocado al fracaso.

El actual gobierno español se ha hecho eco de estas recomendaciones, y se ha tomado el asunto muy en serio, convirtiéndolo casi en una cuestión personal. Y decididamente ha adoptado medidas drásticas para garantizar la perdurabilidad del pacto constitucional de 1978. Desafortunadamente, el rumbo tomado ha sido el radicalmente opuesto. Así lo pone de manifiesto la LOE. Algunas de las disciplinas fundamentales han sido relegadas a un segundo plano, y las que aún disfrutan de tal status se han visto reducidas considerablemente, en beneficio de materias de escaso o nulo valor formativo real y de menor trascendencia. Las Humanidades han sido las más afectadas en las nuevas rebajas académicas, a pesar de su relevancia en el porvenir. Quizás la razón para cometer tal imprudencia haya sido que éstas carecen de visible aplicación práctica, que sólo responden a los intereses de una minoría. Nada más alejado de la realidad. Las Humanidades son la quintaesencia del Hombre, lo genuinamente humano, sin las cuales cualquier técnica o avance científico o tecnológico pierde su razón de ser, pues los medios se convierten en fines y éstos en nada; son las herramientas que los individuos requieren para generar pensamiento, para explorar los confines de la libertad, descubrir los límites efectivos de ésta y hacer un uso responsable de la misma; son el abono indispensable para que brote la tan ansiada creatividad y regrese la extrañada genialidad; son la lente de aumento necesaria para mantener una actitud crítica ante la realidad —discernir la verdad de la mentira— y valorar las cosas en su justa medida —estimar la bondad o maldad de algo—; son, en definitiva, el trampolín que permite a los individuos atreverse a utilizar su propia inteligencia. Pero el mayor valor de la Humanidades reside en que son las únicas que posibilitan que el individuo tome conciencia de dónde viene, entienda el presente, se proyecte hacia el futuro y se atreva con éste. Y erradicarlas de los planes de estudio significa ceder ante la comodidad proporcionada por el suicidio asistido.

Para hacer frente a las lagunas formativas generadas por el extrañamiento de las Humanidades en la formación de los muchachos, el gobierno, consciente de los riesgos que entraña tal vacío, ha decidido, a instancias de los adalides de lo politically correct, introducir en los currículos, bajo diversas denominaciones, la materia educación para la ciudadanía, que permitirá, según reza el Preámbulo de la LOE, profundizar en algunos aspectos relativos a nuestra vida en común, contribuyendo a formar a los nuevos ciudadanos. Esta materia se impartirá en la enseñanza primaria y en los dos grados de la media, con la finalidad de ofrecer a todos los estudiantes un espacio de reflexión, análisis y estudio acerca de las características fundamentales y funcionamiento de un régimen democrático, de los principios y derechos establecidos en la Constitución española y en los tratados y las declaraciones universales de los derechos humanos, así como de los valores comunes que constituyen el sustrato de la ciudadanía democrática en un contexto global (Ibid.), prestándose especial atención a la igualdad entre hombres y mujeres (Idem., arts. 18.3, 24.3, 25.4, 33.c).

Obviamente, a primera vista, nadie puede no adherirse a este conglomerado de consignas y dudar de la inocencia con que se ha planteado esta propuesta y de las buenas intenciones que la han alumbrado. Pero la cosa cambia sobremanera cuando se reflexiona someramente sobre el asunto. Esta innovación educativa, además de ser un sutil insulto a los tres mil años de cultura occidental y a la inteligencia de los individuos, representa una seria amenaza para las generaciones futuras, pues se las precipitará, como consecuencia de la suplantación de la filosofía por la educación para la ciudadanía, en un estado de hemiplejía moral y ética seguramente irreversible, ya que básicamente los únicos referentes de que dispondrán, para enjuiciar la bondad o maldad de las cosas, serán la Carta Magna, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros documentos de tipo similar que puedan ir apareciendo. Pero así no es posible comprender el funcionamiento de la Democracia, aprehender lo que ésta verdaderamente significa y estimar su valor real, muy por encima de constituciones, tratados y declaraciones, por muy universales que sean. Y es que estos documentos, a pesar de su inestimable valor y necesidad, son sencillamente la materialización del humanismo griego, del derecho romano, del derecho consuetudinario, de la filosofía del derecho moderna y del pensamiento político contemporáneo, adaptados a las circunstancias del momento; ¿cómo es posible, sin el más mínimo aditamento de estos ingredientes, que una persona juzgue algo si carece de cualquier referente con el que establecer comparación alguna o si desconoce las raíces éticas, cívicas y morales sobre las que se sustenta Occidente y, por ende, España? Tal concepción materialista de la democracia impide siquiera atisbar en la lejanía la utopía perseguida, sobre todo, por la filosofía del derecho moderna, que encierra un pensamiento mucho más rico, más variado, de horizontes más amplios y posibilidades casi infinitas. Una vez más, al perderse esto, los medios se convierten en fines y éstos en nada, y la nada terminará por demoler la civilización, lograda tras largos siglos de encuentros y encontronazos.

Asimismo, conviene recordar, de nuevo, algunos peligros que encierra tal propuesta. En primer lugar, existe la posibilidad de oficializar la idea de democracia, pues las directrices que guiarán la nueva área estarán dictadas por el propio gobierno, por el partido en el poder. En segundo término, se corre el riesgo de propiciar la aparición de dos categorías de ciudadano: de primera clase, que sería la que comulga, defiende y extiende la idea de democracia transmitida en la escuela, y de segunda, que englobaría al resto, que no la comparte. Estas ideas no resultan en absoluto descabelladas si se echa un vistazo a la Historia reciente: recuérdese que tanto en las dictaduras personales como en las denominadas democracias de nuevo cuño –léase repúblicas democráticas socialistas- del siglo XX la formación de nuevos ciudadanos ocupaba un lugar preeminente en los planes revolucionarios y de modernización del territorio geográfico y espiritual bajo su dominio. Quizás pronto se vean en quioscos y librerías, especializadas o no, un nuevo libro rojo, adaptado a nuestras circunstancias, que bien podría titularse Manual básico del buen ciudadano demócrata español del siglo XXI.

Esta medida se complementa con otra genial ocurrencia, que evidencia, entre otras cosas, que aún se confunde, interesadamente, educar para la democracia con educar democráticamente, cuando son cosas diametralmente opuestas. La primera significa preparar a los muchachos para la futura participación social como ciudadanos de pleno derecho y responsables para con los deberes que tendrán. La segunda implica trasplantar el mecanismo social de la democracia a las aulas; así, como sostiene Mercedes Ruiz Paz, el colegio deja de ser una institución que capacita a los chicos para participar en el futuro en una sociedad democrática, y pasa a ser una «democracia en sí misma». Recóndito en la Ley, quizás por vergüenza, el punto número cinco de la Disposición final primera establece que: (…) En los términos que establezcan las Administraciones educativas, las decisiones colectivas que adopten los alumnos, a partir del tercer curso de la educación secundaria obligatoria, con respecto a la asistencia a clase no tendrán la consideración de faltas de conducta ni serán objeto de sanción, cuando éstas hayan sido resultado del ejercicio de reunión y sean comunicadas previamente a la dirección del centro. De este modo, la educación obligatoria se convierte, en buena medida, en algo optativo, siempre y cuando una mayoría que aún no está preparada para ejercer la libertad sin tutelaje decrete que así deba ser, sin más incomodidades que un simple trámite burocrático. De seguir así el asunto, quizás los muchachos gocen en breve del derecho de sindicación y de los privilegios que otorga el ejercicio de liberado sindical, o que como contraprestación a los servicios prestados a la comunidad escolar se les concedan exenciones académicas aún mayores de las que ya disfrutan de por sí.

Tales medidas no han de producir absoluta extrañeza si se atiende al proceso seguido para poner en marcha esta particular y sigilosa Revolución Cultural y Educativa, reflejo de la robusta idea de democracia que se maneja en España. Al igual que durante la Gran Reforma, han prevalecido el sectarismo y la censura por omisión. Recién formado el actual gobierno, se indujo a la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) a un estado de coma irreversible mediante un procedimiento cuanto menos poco apropiado. Todo hacía pensar que la secta pedagógica tenía una nueva y clara idea de lo que debía ser el sistema estatal de enseñanza. Y así se ha demostrado, aunque con dos años de retraso. Muy pronto, el gobierno, guiado por un encomiable afán de diálogo y consenso, abrió un período de debate, durante el cual los diferentes grupos parlamentarios y de presión podrían manifestar su parecer para de este modo enriquecer la propuesta del primero. Para tal fin, los expertos contratados por el Ministerio de Educación y Ciencia se aprestaron para recabar información, y establecieron los cauces e instrumentos necesarios para que todas las voces, sin exclusión, fuesen oídas. Sin embargo, como otras tantas cosas, sin exclusión fue sometido a los procesos del relativismo, y, por ejemplo, algunas facultades de Pedagogía, pertenecientes al sector privado, no fueron invitadas a participar en dicho proceso, quizás debido a que la tarjeta de invitación se extravió por el camino. Fue el primer indicio de que el gobierno sólo estaba dispuesto a entablar diálogo y a negociar con su álter ego y con los grupos parlamentarios que se sentían solidarios con su causa. Los indicios pronto se convirtieron en certezas. Bajo el cínico y populista título Una educación de calidad para todos y entre todos. Propuestas para el debate, apareció el documento base para la reforma, para cuya redacción resultó que se habían omitido en gran medida las propuestas de un sector de la población en absoluto desdeñable. El diálogo se convirtió en monólogo, y el consenso en un pacto al estilo orwelliano. Los argumentos aducidos por las voces discrepantes de los postulados de la pedagogía liberticida fueron demolidos mediante una inteligente y brillante maniobra mediática, en la cual las descalificaciones fueron las sustitutas de las razones y las ocurrencias las de los criterios. Todo lo cual se ha podido ir comprobando fácilmente a través de la prensa, la radio y la televisión y de los sucesivos documentos y borradores de la LOE que han ido apareciendo. Parejo a esto se produjo un consciente apagón mediático generalizado acerca de las cuestiones sustantivas de la educación: en momento alguno la tribuna pública desvió su atención hacia los fundamentos, principios y fines de aquélla, es decir, se eludió la ardua y comprometida, pero imprescindible, tarea de dar razón de ser a la educación. Finalmente, la LOE, en sentido inverso al seguido con la Gran Reforma, ha sido aprobada el pasado 3 de mayo de 2006 con absoluto mutismo en medio de la algarabía montada por la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña y de la embriaguez debida a la euforia provocada por el alto el fuego permanente anunciado por la banda terrorista ETA.

Sin duda, las prácticas aquí reseñadas son sumamente beneficiosas para los grupos políticos y sociales que pugnan por dejar su impronta en las nuevas generaciones. Y es que, mediante este proceder, la propaganda, la demagogia, el populismo y el proselitismo dogmático, sean del signo que fueren y respondan a las clientelas que respondan, hallan el terreno perfectamente dispuesto para colarse en el imaginario colectivo y realizar su función tranquila y pacientemente. En este caso, la secta pedagógica ha sido, una vez más, la gran beneficiaria de lo lucrativo de este asunto.

Ante tal cúmulo de despropósitos, quizás fuese conveniente retomar el ejemplo proporcionado por Lorenzo Milani en su famosa Carta a los jueces. Quizás, en definitiva, sea menester practicar responsable y consecuentemente la objeción pedagógica y la desobediencia educativa.

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Hipótesis horripilantes sobre el 11-m

Blog I. Recuerdos (27) En la UNIR de infantería de marina: http://www.libertaddigital.com/opinion/fin-de-semana/en-la-unir-1276234883.html

**Cita con la historia” es un programa independiente, sin subvenciones, y  no puede subsistir sin el apoyo económico de sus oyentes.  El número de cuenta para las aportaciones es: “Tiempo de ideas Siglo XXI, BBVA, ES09 0182 1364 33 0201543346

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Luis del Pino-Miguel Platón e hipótesis horripilantes.

  Blog II: la novela de los años de hierro: www.piomoa.es

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Interesante el debate sostenido en es-Radio entre Luis del Pino y Miguel Platón sobre el 11-m. Muy en esquema, el primero señaló graves anomalías en la investigación y explicación del atentado como base para dar por falsa la versión oficial sobre el mismo; y su contradictor observó que la construcción de una versión falsificada habría exigido la complicidad de tal número de personas (en la policía, los órganos políticos y judiciales,en los mismos medios, incluso en los condenados) que habría resultado una conspiración imposible, no habría podido funcionar.

Las irregularidades  mencionadas por Del Pino consisten esencialmente  en la rápida e irregular destrucción de las pruebas, en la fabricación de pruebas falsas cuyo origen no fue investigado, en las discrepancias entre la versión oficial y los datos sobre el tipo de explosivo y la metralla,  en el extraño suicidio colectivo de Leganés y otros puntos hoy bastante conocidos, entre los cuales cabe señalar la presencia de confidentes policiales entre los supuestos autores.  Estos hechos, por relevantes que puedan parecer, quedarían privados de significación por la imposibilidad de montar una red de complicidades en órganos oficiales tan amplia como habría requerido la falsificación el caso: la verdad habría salido necesariamente por uno u otro lado. Este argumente tiene peso, en principio, pero creo que la conspiración o complicidad no precisaría ser demasiado amplia. De hecho,  quienes han intervenido en  la versión oficial han sido pocas personas, aunque otras muchas hayan sido influidas por ellas deforma consciente o inconsciente.

Además, tenemos el caso del 23-f, cuya versión oficial es manifiestamente insuficiente por no decir falsa en muchos aspectos, según ha podido ir desvelándose penosamente  a lo largo de los años… y sin embargo se ha impuesto desde la mayoría de los medios de masas y en gran medida sigue siéndolo, con la complicidad consciente o inconsciente de políticos, periodistas, magistrados, militares, servicios secretos… Precisamente las observaciones no rebatidas de Luis del Pino podrían ser esos indicios parecidos a los del 23-f, que han ido ganando crédito poco a poco. Como dijo Sabino Fernández Campo, quienes se empeñaban en buscar la verdad sobre el 23-f corrían el peligro de encontrarla.

Lo cual nos lleva a otra cuestión: la versión oficial del 23-f respondía a lo que podríamos llamar “interés de estado”: su desvelamiento completo en aquellos momentos habría provocado una crisis institucional de enormes proporciones, ante lo cual muchos preferían, con razón o sin ella, mantener la falsedad, aunque algunos tuvieran que pagar el pato. ¿Puede haber ocurrido algo semejante en el 11-m? Desde luego, si Luis del Pino tiene razón, habría que pensar en un interés de estado (o de partido) muy fuerte. Como recordaba en el artículo de ayer de este blog,  el atentado trastornó profundamente el rumbo político de España. Ha tenido como grandes beneficiarios al PSOE, la ETA, los separatistas catalanes y vascos y, a otro nivel, los propios yijadistas: precisamente aquellos que nunca han brillado por su espíritu democrático y sí por una hispanofobia profunda. Este dato es crucial y decisivo, aun si ninguno, salvo los yijadistas, estuviera implicado directa o indirectamente en el atentado. Ahora bien, si no había tal implicación, ¿a qué viene la destrucción del escenario del crimen y la aportación de pruebas falsas? Porque estas dos cosas parecen hechos, no especulaciones. Hoy por hoy, sigo creyendo que lo más claro de todo este gigantesco crimen es que no hay nada claro. Y me inclino a sospechar que las complicidades, entre los que mienten y los que  prefieren  no saber o no inquietarse,  se extienden profundamente en el aparato del estado. Un estado enfermo, y no solo por este caso.

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En tuíter:

1. Solo desde  una supina ignorancia histórica puede creerse que el PSOE haya sido alguna vez un partido democrático.

2.- En los regímenes de libertades (Restauración y república) el PSOE se comportó como un partido golpista y terrorista.

Pio Moa @PioMoa1 1 hHace 1 hora

3. En la dictadura de Primo de Rivera el PSOE dejó sus violencias y colaboró con ella.

4. En el franquismo, el PSOE tuvo el buen gusto de desaparecer, después de haber provocado la guerra civil.

5. El PSOE ha traído a la actual democracia cuatro plagas: “muerte de Montesquieu”, apoyo a los separatismos y a la ETA, corrupción masiva.

6. El PSOE nunca ha defendido la democracia: la ha parasitado y socavado siempre.

 

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Hipótesis clave sobre el 11-m

Blog I: Recuerdos (26): La felicidad: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-26-felicidad-31082015-0858

**El programa “Cita con la Historia” recomienza el 6 de septiembre. Dado el protagonismo del separatismo catalán en este mes, le dedicaremos las cuatro sesiones. El argumentario ideológico e histórico del separatismo es enormemente endeble, pero los argumentos esgrimidos contra él son a menudo sumamente toscos, de lo que sacan partido los seguidores de Mas, Junqueras y compañía.

   “Cita con la historia” es el único programa de radio dedicado a combatir la “mentira profesionalizada”  que decía Julián Marías. La mentira que corrompe la democracia y envenena cada vez más la convivencia política en España. Por ello carece de subvenciones y depende exclusivamente del apoyo de sus oyentes. Apoyo necesario en un doble sentido: de difusión y económico.  El modo más efectivo de romper el muro de silencio en torno a nosotros es que cada cual “no se pregunte qué va a pasar, sino qué puede hacer”, en frase también de Marías. Y lo que puede hacer es dar a conocer el programa y comentarlo en las redes sociales y entre los conocidos, y  aportar  una cantidad mensual u ocasional. Necesitaremos, como mínimo indispensable, 3.500 euros al mes. Actualmente tenemos cubierto el mes de septiembre, pero no los siguientes. Pedimos, por tanto, un esfuerzo a nuestros amigos oyentes para evitar que se apague una voz crítica en una situación tan peligrosa como la que vive hoy España.

   El número de cuenta para las aportaciones es: “Tiempo de ideas Siglo XXI, BBVA, ES09 0182 1364 33 0201543346

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La hipótesis clave

30 de Septiembre de 2006 – 13:44:33 – Pío Moa – 679 comentarios

La misión de los peritos consiste en señalar los datos y sus posibles conexiones. Si el ácido bórico sirve para enmascarar explosivos o tiene otras aplicaciones similares, y ha sido descubierto en poder de etarras y terroristas islámicos, constituye un indicio, aunque lejano, de una posible conexión entre ambos. El indicio solo cobraría peso si existen otros más. Por otra parte, es muy razonable la hipótesis de trabajo de una conexión entre el terrorismo islámico y la ETA. Ambos terrorismos comparten fines esenciales (la destrucción de la democracia y la unidad de España, la lucha contra “el imperialismo”, etc.) y emplean los mismos medios, aunque difieran algo en el estilo. La ETA ha montado una red de relaciones internacionales con el terrorismo palestino, con la Argelia izquierdista de hace años, etc., y resultaría sorprendente que no tuviera algún lazo con los islámicos de ahora.

De ahí no se deduce por fuerza que la conexión exista, o que exista en el caso del 11-M, pero es una hipótesis necesaria en cualquier investigación. Sin embargo Garzón y el gobierno están absolutamente empeñados en negar toda relación entre los dos terrorismos, ni siquiera como hipótesis, y esa obsesión les lleva incluso a falsificar documentos y a procesar, en un nuevo acto de ilegalidad y despotismo, a quienes apuntan la posibilidad. La causa de esa actitud es simétrica de la que llevó al gobierno de Aznar, en un primer momento, a afirmar con excesiva fuerza que la matanza del 11-M solo podía provenir de la ETA: en tal caso tenía las elecciones ganadas; pero si era islamista, las ganaba el PSOE, probablemente. Pues el envenenamiento de la opinión pública por la propaganda izquierdista y separatista, unida a la inepcia y el miedo de la derecha, ha permitido esta perversa distinción entre un terrorismo y otro, pese a que ambos amenacen por igual a la democracia española. Por eso cualquier indicio de implicación etarra en el 11-M encuentra un rechazo furioso por parte del gobierno y sus servidores. Un gobierno ilegal, no lo olvidemos, que colabora políticamente en los designios de los asesinos, presentando su felonía como proceso de paz.

Con todo, tengo la impresión de que la hipótesis decisiva tiene menos relación con la ETA que con el mismo PSOE. Si, como parece, los implicados eran confidentes o estaban controlados por policías ligados a ese partido, nos encontraríamos, en el mejor de los casos, con una negligencia realmente espantosa. Y en el peor, con una colaboración real, al estilo de la producida hace unas semanas con la ETA, con muy probable origen directo en Ferraz. ¿Se ha investigado a aquellos policías? ¿Se les ha destituido por su –en principio– negligencia? Todo lo contrario. Ahí radica la clave, a mi juicio.

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El triunfo de los bellacos.

Blog I. Recuerdos (25) Primer cementerio de Atenas: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-25-primer-cementerio-atenas-30082015-0857

**El título engaña. No trata de la corrupción, sino del resurgimiento actual de “los demonios familiares” de los españoles. http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2015-08-29/involucion-permanente-la-corrupcion-en-espana-91333.html …

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No veo la televisión prácticamente nunca. La cantidad de basura de todos los tipos y tamaños es en ella excesiva y no compensa por lo poco de algún valor que se cuela entre programa y programa.  Un amigo  me envía este correo, que creo refleja el penosísimo estado en que se encuentra el país. Me interesa destacar que el mayor culpable de todo lo que pasa es  la derecha, tanto en el gobierno como en la “oposición”: para ella la verdad, la historia y los intereses de España no significan nada por lo que han actuado siempre como comparsas ideológicos de la izquierda excepcionalmente miserable y de los separatismos. Si no fuera por el legado extraordinariamente positivo del franquismo, el país, que vive en golpe de estado permanente, estaría ya liquidado.  

Debo añadir que Carlos Cuesta me llamaba con cierta frecuencia a su programa, hasta que dejó de hacerlo, seguramente por órdenes superiores (en una televisión de la Iglesia). Me ha ocurrido en bastantes ocasiones más. El estado de la democracia y la libertad de expresión, reservada a los embusteros más desvergonzados. En Los mitos del franquismo hablo de esas derivas, tan peligrosas.

Ayer y anteayer,  en TV 13, en  la tertulia de Carlos Cuesta -que, en el ambiente enrarecido en el que  estamos es , con diferencia, el mejor conductor de tertulias políticas de nuestra TV pública o privada- tuve ocasión de ver y  oír una serie de disparates sobre la guerra civil y el Valle de los Caídos que mostraron, una vez más, dos cosas: 1)el miedo a aparecer como “franquista” es de tal intensidad que incluso personas nada sospechosas de corrección política o de tratar de disfrazarse de progres, caen en el disparate; y 2) las mentiras e invenciones más groseras se lanzan impune y alegremente sin que nadie se atreva a objetar o desmentir.

Esperanza Aguirre dijo en la tertulia de C. Cuesta en TV13 el  pasado jueves día 27 que “la Causa General la había aplicado Franco CONTRA EL FRENTE POPULAR…”; y un periodista de elegante y abundante melena entrecana apellidado, creo,  Gordon,  sostuvo ayer, dia 28,  con total aplomo  que 45.000 asesinados  defensores de la República esperan todavía ser sacados de unas 2.000 y pico  fosas comunes en toda España y que es una cosa increíble que la derecha se oponga a cumplir con este deber de humanidad; y que en la guerra civil el bando de Franco fusiló a 120.000 defensores de la Republica por el simple hecho de defender la democracia (o algo así). Nadie protestó o -al menos- pidió a ese sujeto que aclarase de donde salen esas cifras; incluso Isabel Sansebastián, nada sospechosa de izquierdismo, dejó pasar estas invenciones groseras sin rechistar. En cuanto al Valle de los Caídos, la idea que planeó por la tertulia -la más de derechas de nuestra TV-  ayer viernes es que, efectivamente, sacar a Franco (y quizá también a José Antonio) de allí puede estar justificado, para convertir ese monumento en “otra cosa” aceptable para todos, un gran centro de la “Memoria Histórica” (????¿¿¿¿) o algo así.

Otra idea que parecía subyacer en los argumentarios que se manejaron es que a la muerte de Franco los españoles, superando la opresión, las humillaciones, la miseria económica, los rencores, los deseos de venganza, etc., se elevaron por  encima de todo eso y, milagrosamente,  se reconciliaron y llevaron al país a una de sus etapas de mayor impulso económico y de mayor libertad de su historia de los últimos dos siglos: el país, la economía y la sociedad sobre los que se construyó todo eso no tuvieron, aparentemente, ninguna importancia,  ni significado. En suma: tal como tú vienes sosteniendo, seguimos instalados en una visión entre infantil y sectaria de nuestra historia y la izquierda sigue utilizando toda esta impostura porque, al parecer,  no cree tener mejores armas para el debate político de hoy que las continuas referencias a lo que ocurrió hace 70 u  80 años!!! La izquierda  militante y sectaria de hoy -en realidad, no hay muchas distancia entre Podemos y afines y el ala  ”radical” del PSOE-   QUIERE GANAR LA GUERRA CIVIL  que perdió en 1939  y como eso es difícil trata de sobrevivir en  una especie de ensoñación  que le lleva a terrenos cada vez más  peligrosos para la convivencia,  el funcionamiento del sistema democrático y  la economía.

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La foto más célebre de Robert Capa (Guerra civil española) es un fraude

Blog I, Recuerdos (24) De comunista a teóloga: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-24-comunista-teologa-28082015-2048

**Sin conocer el franquismo no se entenderá la situación actual de España: pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

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Símbolos

25 de Agosto de 2006 – 10:19:26 – Pío Moa – 782 comentarios

Una vez más, la foto, hecha por Capa, del miliciano cayendo hacia atrás, alcanzado por una bala. La foto más célebre de la guerra civil española y una de las más representativas de las guerras del siglo XX. Simboliza muchas cosas: ante todo, el heroísmo del pueblo en lucha a muerte por la buena causa; o la tragedia de la guerra, que mata a los jóvenes; también la victoria del Frente Popular en la batalla de la propaganda, única que ganó.

Hoy sabemos que la foto es ficticia, una pose. Aun así, permanecería su valor si reflejara la realidad del heroísmo popular. Pero tampoco.

Las columnas milicianas parecían el medio idóneo para aplastar a sus enemigos, como había ocurrido en la Revolución francesa o en la rusa: mandadas generalmente por militares profesionales, o aconsejadas por éstos, sus voluntarios iban reforzados con bien adiestrados guardias de asalto o guardias civiles, y, pronto, por tropas normales. Combinaban, por tanto, el ardor político con la experiencia militar. El Frente Popular, dueño de las reservas financieras, podía permitirse pagar a lo milicianos casi principescamente: diez pesetas diarias, varias veces más que los soldados enemigos, y algo así como el doble que un soldado profesional de la Legión. Sin contar su gran superioridad de medios durante bastantes meses. Sin embargo fracasaron lastimosamente casi siempre.

Prácticamente todos los actos de heroísmo durante la guerra corresponden al bando nacional: cuartel de Simancas, Alcázar de Toledo, Santa María de la Cabeza, Oviedo, Huesca, Belchite, Teruel, etc. Lo expresaría de otro modo el jefe anarquista García Oliver: “Se está dando un fenómeno en esta guerra, y es que los fascistas, cuando les atacan en ciudades, aguantan mucho, y los nuestros no aguantan nada; ellos cercan una pequeña ciudad, y al cabo de dos días es tomada. La cercamos nosotros y nos pasamos allí toda la vida”.

Se ha reflexionado poco sobre el escaso entusiasmo del pueblo por la que los políticos y propagandistas llamaban su propia causa. El sistema miliciano hubo de cambiarse por un ejército regular, y aun así fue preciso imponer en este una disciplina realmente terrorista, mucho más dura que en el bando contrario. No solo ocurría en el frente: hay verdaderas colecciones de carteles llamando a los obreros y a los campesinos a trabajar de firme, a producir para asegurar la victoria… y conocemos también su fracaso. La gente trabajaba lo menos posible, como muestran las cifras y los testimonios de Azaña, Zugazagoitia, etc… y los propios carteles, innecesarios en otro caso.

La foto de Capa queda, al final, solo como el símbolo de la victoria izquierdista en el terreno de la propaganda. Y como una falsedad más.

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