Cómo ETA, PSOE y PP han destrozado el estado de derecho

Blog I:  Terrorismo y una vieja historia: http://www.gaceta.es/pio-moa/terrorismo-vieja-historia-25032015-1035

** Con que solo la décima parte de los oyentes de “Cita con la Historia” aportase cuatro o cinco euros, o uno de cada cien aportase 40 0 50, cifras sobradamente al alcance de casi todo el mundo, el programa podría seguir el resto del año.

La cuenta para hacer las aportaciones es:  ”Tiempo de ideas siglo XXI”, Es09 0182 1364 33 0201543346

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En octubre de 2011 escribí lo siguiente sobre la destrucción del estado de derecho:

¿ Quién gana y quién pierde tras la culminación –por ahora– del proceso de paz, es decir, el proceso de destrucción de la paz y la democracia:

   ¿Qué ha ganado la ETA? 

–Reconocimiento del asesinato como método para hacer política y lograr grandes concesiones. 

–Reconocimiento legal de sus terminales. 

–Grandes cantidades de dinero público para sus actividades antiespañolas y antidemocráticas.

–Espectacular aumento de votos y control público, que obedecen a la expectativa de que la ETA ha ganado una batalla muy importante (aunque todavía no la “guerra”) 

–Reconocimiento internacional, prácticamente como beligerante, algo de suma importancia hoy día, así como la intromisión de una serie de botarates extranjeros en los asuntos internos de España, una nueva humillación para esta. 

–Una humillación más a sus víctimas directas, destinadas por la ETA y el gobierno a ver pisoteados sus derechos más elementales mientras sus asesinos son presentados como héroes en las Vascongadas y, de hecho, por el gobierno. 

–Nuevos avances hacia la secesión, por los que el PNV ha felicitado a Zapatero, que dejan en residual la unidad del estado en las Vascongadas. 

  Ello, sin contar otras concesiones que no conocemos porque los chanchullos entre el gobierno y los asesinos han sido llevados clandestinamente todos estos años. 

   En suma, la ETA y su entorno han pasado, como explican sus líderes, de estar frente al abismo durante el gobierno de Aznar a una situación extraordinariamente favorable. 

¿Qué ha ganado el PSOE? 

–Teniendo en cuenta que se trata de un partido con su propio historial terrorista, pro separatista y en extremo corrupto, las ganancias etarras son también suyas en gran medida: ideológicamente, ETA y PSOE no se diferencian en casi nada. 

–Un balón de oxígeno ante las encuestas que pronostican su derrota electoral 

–Quién sabe si uno de esos degradados premios Nobel de la paz para el delincuente de la Moncloa.

 ¿Quiénes pierden? 

–El estado de derecho, ante la aplicación torticera de la ley a favor de los asesinos. 

–Las víctimas directas. 

–La unidad nacional, que experimenta un nuevo retroceso 

–La democracia, con importantes avances de sus enemigos, que un gobierno delincuente nos obliga a pagar a todos los españoles.  

He aquí los grandes ganadores y los grandes perdedores. Al menos por el momento. Se impone una reacción porque, o la democracia acaba con esta gente o esta gente acaba con la democracia.

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Muchos no imaginaban siquiera que Rajoy fuese a continuar la política “antiterrorista” de Zapo. Pero yo lo advertí con varios años de antelación, ante el escándalo de analistas y comentaristas  superficiales.

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El agnosticismo como doctrina / “El sentido de la libertad”

Blog I: Elecciones andaluzas o el embrutecimiento de un pueblo: http://www.gaceta.es/pio-moa/elecciones-andaluzas-o-embrutecimiento-pueblo-23032015-1027

**La Edad de Asentamiento de Europa, después de las duras circunstancias de la Edad de Supervivencia, cuando pudo haber colapsado en embrión la cultura europea, es tratada en “Cita con la Historia” del domingo pasado. Aunque el continente sufre los graves peligros de una nueva invasión destructora, esta vez mongola y de la Peste Negra,, que redujo la población en un tercio o más, en conjunto Europa mantuvo sus instituciones, desarrolló los movimientos culturales del románico y el gótico, emprendió las Cruzadas (una contraofensiva aunque finalmente fracasada) e hizo retroceder decisivamente al islam en España: citaconlahistoria.es/2015/03/22/la-edad-de-asentamiento-en-europa/ 

 Cita con la Historia depende por completo de sus oyentes en dos sentidos: de crecimiento de la difusión y de respaldo económico. Si los oyentes dan a conocer el programa a sus conocidos, en la universidad o dentro de trabajo, citándolo o comentándolo en las redes sociales, será posible salir del gueto en que, por desgracia, se encuentran algunas iniciativas valiosas. Y si los seguidores del programa lo mantiene económicamente, lo que exige un dispendio insignificante para cada uno, “Cita con la Historia” no se verá ahogada ni quedará finalmente en nada. Por eso apelamos a la responsabilidad de quienes creen que la historia no pasa en balde, y que su tergiversación entraña graves peligros para el presente y el futuro.

La cuenta a la que pasar el micromecenazgo es: ”Tiempo de ideas siglo XXI”, Es09 0182 1364 33 0201543346

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En general, las ideologías vienen a ser religiones sucedáneas, y como tales tienen su fe (en la Ciencia, en el Hombre, en la Materia, en el Proletariado, en el Pueblo, en la Sociedad, incluso la Economía (Dinero, Prosperidad)…), sus creencias secundarias o derivadas, sus ritos, sus “santos”, sus sacerdotes (intelectuales, periodistas y políticos cumplen a menudo esa función moralmente orientadora) sentimientos de identidad… Los ateísmos rechazan el Dios espiritual y personal, pero crean y creen en otros. Pero ¿qué decir de los agnósticos? El agnóstico no tiene evidencia de la existencia de alguna divinidad y por tanto no cree ni deja de creer: lo más seguro es que ¿quién sabe? En realidad, nadie, ni los creyentes más  fanatizados, tienen evidencia de  la existencia de Dios (la palabra “existencia” muy inapropiada en este caso). La fe proviene, como dije, de un sentimiento-intuición, y aunque puede encontrar argumentos y apoyos en la razón, estos nunca son suficientes, y por ello la fe sigue siendo lo que es, y no un producto de la razón (sin contar que no hay en la mente humana, o no produce la mente humana, una sola razón. Hay muchas y contradictorias)   

   En el agnosticismo podemos encontrar dos posturas: la provisional (aunque puede mantenerse toda la vida) de quien, sin convencerse de alguna doctrina religiosa, indaga al respecto; y la de quien considera el agnosticismo una especie de doctrina definitiva.

  Una de las implicaciones de lo argumentado hasta ahora es que  el ser humano no puede sostenerse en la vida sin la fe en algo que le supera y transciende. Obsérvese que los conceptos  ideológicos de la Ciencia, el Progreso, el Hombre, etc., son verdaderos mitos que transcienden la limitada y embrollada vida real de los individuos, marcándoles una orientación. No existen en la realidad son productos de la mente, abstracciones idealizadas de las ciencias, los hombres, los avances técnicos o (más dudosamente) morales, los objetos materiales, etc.   A esas abstracciones se les atribuye –también el agnóstico–  una realidad que se niega a las divinidades y espíritus tradicionales,  una realidad consoladora e inspiradora de conductas y actitudes ante la vida. Si el agnóstico prescindiera realmente de todas esas divinidades sucedáneas o modernas, si prescindiera de la fe o creencia en ellas,  daría en el vacío más inconsolable y difícilmente podría sustraerse a la tentación del suicidio.

   En resumen, si el ser humano es religioso inevitablemente, por su propia constitución, diríamos, el agnosticismo como doctrina vendría a constituir otra manifestación de religiosidad: desecha la creencia en el Dios  tradicional porque su fe en la Ciencia y la Razón le obliga a ello, según su modo de ver: una fe desplaza a otra. Esto ha ocurrido muchas veces en la historia, y sería cuestión de ver las consecuencias.

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El libro coordinado por Francisco J. Contreras El sentido de la libertad, del que habrá que hablar más,  ya plantea desde el principio un problema, el de si la libertad tiene un sentido. El fondo del trabajo, de lectura muy recomendable, es “la historia y vigencia de la idea de ley natural”, una ley  un tanto inaprehensible que subtendería las leyes políticas y sin la cual estas podrían adoptar cualquier sentido. No obstante, la idea de los  derechos humanos, tal como se presentó en la fundación de la  ONU , adoptó tal nombre en oposición clara u oscura a la idea de “derechos naturales”. Es decir, es el hombre quien decide qué derechos aceptar y defender, sin una fundamentación más allá de él, sin una fundamentación diríamos metafísica. Pero ¿qué es el hombre? Se trata de una abstracción interpretada por “algunos” hombres que se arrogan el papel de definidores, institucionalizadores y censores de la idea. He aquí que por todas partes surgen problemas y dificultades. Como digo, habrá que hablar más de este importante libro.

 

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Libertad y angustia vital

Blog I. Islamismo e islamofobia. El caso español: http://www.gaceta.es/pio-moa/islamofilia-e-islamofobia-20032015-0838 

**En la campaña para obtener micromecenazgo emprendida en diciembre para “Cita con la Historia” hemos obtenido algo más de 8.000 euros, que han permitido mantener el programa durante tres meses y medio. Según datos no oficiales, tenemos unos 60.000 oyentes. Pues bien, con que solo la décima parte de ellos aportara poco más de cuatro euros, o uno de cada cien aportase 40, no tendríamos preocupaciones para el resto del año. Y si la suma se doblara, podríamos emprender nuevas iniciativas en una línea más ambiciosa. Es un lugar común que  la convencionalmente llamada izquierda es mucho más activa y solidaria que la derecha. Pero ahora tenemos oportunidad de demostrar lo contrario.  Pues seguramente hay suficientes oyentes del programa que comprenden su necesidad en un tiempo signado por falsedades de todo tipo.

La cuenta para hacer las aportaciones es:  ”Tiempo de ideas siglo XXI”, Es09 0182 1364 33 0201543346

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Isaiah Berlin definió dos tipos de libertad: negativa (estar libre de presiones externas) y positiva (para definir los propios proyectos vitales y los medios de alcanzarlos) También se dice libertad de (alguna opresión) y libertad para (cumplir las aspiraciones). No viene aquí al caso el desarrollo de la idea, pero creo que ambas libertades se resumen en la posibilidad de elección/decisión, que une a ambas. La elección puede quedar limitada o incluso anulada por presiones externas que al mismo tiempo condicionan o imposibilitan hacer lo que uno quiere.

   Pero en realidad la posibilidad de elección/decisión humana es mucho más limitada de lo que suele decirse. Nadie está en el mundo por propia elección, ni decide el tiempo que va a permanecer en él. Ni ha elegido tampoco el momento histórico, el país o el punto geográfico de su nacimiento. Ni el sexo, la carga genética, la familia o la posición social en que viene al mundo. Ni su educación o idioma, al menos en la niñez y la adolescencia. Estos hechos  son tan decisivos como ajenos a la libertad de las personas, y componen un marco férreo de su estancia en el mundo. Además, al contrario de lo que pensaban Rousseau y muchos otros, el hombre no nace libre sino en estrecha dependencia que dura al menos hasta la juventud. A cambio de esa dependencia, recibe protección que le facilita la supervivencia y un “manual de instrucciones” (una moral, básicamente, y conocimientos prácticos) para desenvolverse en el mundo. Un manual inevitablemente defectuoso y parcial, pero que, llegado un momento, le permite adoptar decisiones y elecciones muy diversas. Pero aún entonces su libertad, positiva o negativa, viene condicionada  y a veces impedida por lo que suele llamarse el destino. Pocas frases hay más engañosas que la de “hacerse dueño del propio destino”. Pues este no solo viene determinado en gran parte por los factores antedichos, sino por  una multitud de sucesos imponderables a lo largo de la vida: encuentros agradables o desagradables, tentaciones,  consecuencias imprevisibles de las elecciones/decisiones hechas, buena o mala fortuna… La biología impone también muchas restricciones: nos guste o no, hemos de dedicar enormes energías y tiempo de vida a satisfacer “el ávido y funesto estómago”, o el deseo sexual.

   Otra limitación viene impuesta por los demás individuos, que hacen de la vida, en gran parte,  una contienda casi continua con otras libertades y decisiones que se rozan o chocan con los nuestros y restringen o anulan nuestra voluntad. Si la libertad individual no estuviera severamente restringida, la vida en sociedad se haría imposible, y sin vida social el individuo no podría subsistir, pues de ella obtiene todos sus beneficios, aunque le produzca al mismo tiempo serios pesares. Esa restricción implica normas más o menos aceptadas y  un poder arbitral y ejecutivo que opera por encima de la voluntad de cada individuo, y que este reconoce y acepta de mejor o peor gana  como una necesidad, porque al mismo tiempo sabe que el grado en que puede ejercer su capacidad de elección, su libertad, depende no solo de su voluntad y energía sino, más aún, de las posibilidades que la sociedad ofrece. O bien no acepta ese poder y obra en consecuencia por lo que es considerado delincuente y perseguido. En este orden de cosas se han diseñado muchas formas de poder ordenador, desde los totalitarismos de tipo soviético hasta las sociedades más o menos liberales, que dejan al individuo un margen de elección y acción relativamente amplio (si bien incluso en ellas las restricciones pueden hacerse muy opresivas). El tipo de liberalismo próximo al anarquismo, casi confundido con él, que exalta al individuo y su libertad en detrimento de la sociedad, se autodestruye pues, como queda dicho, los individuos no pueden obtener ningún beneficio ni siquiera vivir al margen de ella. Al final supone  el despotismo de quienes creen tener la concepción del individuo más “apropiada”.

    El curso vital impone un esfuerzo y una atención permanentes para satisfacer las necesidades que la misma vida nos impone, y que se acompaña de angustias menores  relacionadas con los éxitos y fracasos de nuestras decisiones. Y esa atención, que encuentra sus recompensas y alegrías en el éxito o sus decepciones en el fracaso, mantiene a los individuos distraídos normalmente  de las realidades subyacentes a su vida, de sus condicionantes esenciales y de las angustiosas preguntas básicas de por qué y para qué están en este mundo, sin haberlo decidido y con tales imposiciones. En la cultura actual, el trabajo, la diversión y  el consumo llegan a hacerse obsesivos, en  parte como un medio de sustraerse a tales consideraciones perturbadoras, tachadas de enfermizas. Pero incluso en las personas más ocupadas o exitosas se abren de vez en cuando grietas por las que penetra la angustia profunda,. En esa angustia  encuentra su raíz de la religiosidad, probablemente. Y el fruto de ella son los mitos y ritos para conjurarla. 

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“El hombre, a imagen y semejanza de la diosa Materia”

Blog I. Crisis general en Europa:http://www.gaceta.es/pio-moa/crisis-general-europa-18032015-1021

Franquismo y democracia: https://www.youtube.com/watch?v=9FJhrI_P8ug

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Recapitulando, las tesis que intento demostrar son estas:

1.- Por encima o por debajo de cualesquiera otras características humanas, la que más le distingue es la religiosidad, por lo que cabe definir al hombre como “animal religioso”. Esto se induce del hecho de que todos los pueblos han tenido sus dioses o sus espíritus, a los que han dado la mayor importancia. No obstante, se dice, el hombre actual es mayoritariamente indiferente a la religión.  Esto podría ser un producto evolutivo o simplemente una apreciación superficial.

2.- El carácter religioso del hombre nace del sentimiento-intuición del contraste entre  la debilidad de su voluntad y la voluntad todopoderosa que mantiene al cosmos, a la vida y al propio ser humano, cuya estancia en el mundo y cuyo destino  tampoco dependen de la voluntad humana. Este es un hecho objetivo, que causa en la psique una profunda angustia y deseo de consuelo: a pesar de las penalidades de la vida, el ser humano necesita creer que hay algo en común entre su pobre y contradictoria voluntad y la voluntad omnipotente, divina; y que esta última no le es hostil, a pesar de todo, y que da algún sentido a la vida, incluyendo sus penas y desastres, aunque ese sentido solo pueda percibirse débil y confusamente.

3.- La psique humana, afectada por ese sentimiento, produce de modo espontáneo  mitos. Tal como las personas y las sociedades son distintas en sensibilidad e inteligencia, también los mitos varían de unas sociedades a otras en profundidad y grado de racionalidad (aunque los mitos nunca sean racionales, sino que nacen de una profundidad psíquica mayor que la razón). Los mitos tratan de explicar el mundo y el destino humano.

4.- La religiosidad es el núcleo mismo formador de las culturas.

    La objeción del ateísmo solo lo es a medias. El ateo no cree en un dios espiritual y personal, pero inevitablemente cree en algo a lo que atribuye cualidades más o menos divinas. Por ejemplo, cree en la materia. Sobre esto, la observación de lead: “Extraña esa diosa, la Materia, de la cual conocemos sus interioridades (vamos conociendo, Popper dixit) y conociendo sus propiedades, la manipulamos y manejamos en nuestro provecho. ¿Tiene sentido hablar de un “dios/a” manipulable por los diminutos mortales que somos?”. ¿Entonces  el dios será el Hombre, capaz de someter a la diosa? ¿O tal vez podemos manipular a Materia porque estamos hechos a su imagen y semejanza, aunque sometidos a ella, a sus inmensas fuerzas, en definitiva? Por otra parte ¿puede esa especie de religión del conocimiento  y dominio de la naturaleza dar  sentido a la vida humana, calmar su angustia profunda? El hombre vive en la esfera del bien y del mal, es decir, podría terminar utilizando su conocimiento, su ciencia, su técnica, para destruirse a sí mismo. ¿Por qué no, si la materia es  incapaz de dar significado a la vida, y la ciencia prescinde  justamente de cualquier noción de sentido, de finalidad y por ello, si se la convierte en  una religión sustitutiva, aumenta la angustia en lugar de calmarla?

   Subsiste el hecho, según parece,  de que el ateísmo busca deidades suplentes, sean el Hombre o la Materia. Pero encuentra para ello algunos problemas, a no ser que declare abolidos el bien y el mal, y la angustia ante la vida, decretándolos una especie de enfermedad mental, o “metafísica”. Una salida ya intentada por el marxismo, pero no muy convincente.

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La diosa Materia y la eternidad

Blog I. Algunas falsas ideas sobre la democracia: http://www.gaceta.es/pio-moa/falsas-ideas-democracia-16032015-1009

**Franquismo y democracia, cuestión clave histórica y actual: https://www.youtube.com/watch?v=9FJhrI_P8ug  

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La diosa Materia tiene todos los atributos de la divinidad: es omnipotente (todo  le está sometido) omnicreativa (todo lo existente procede de ella y no hay nada fuera de ella) omnisciente (todo cuanto podemos saber del mundo es solo una ínfima parte de lo que Materia sabe hacer) omnipresente (es el elemento constituyente de cuanto existe). En cambio  parece carecer  de un atributo: la eternidad, ya que al parecer tiene principio y fin, y por tanto no podría considerársela un dios o diosa en sentido propio. Pero sí. En la religión  cristiana, Dios es, en efecto, eterno, pero no ocurre así en otras, en que los dioses no son anteriores al mundo y aparecen más como sus ordenadores que como sus creadores, e incluso destinados a la derrota.   

  En cuanto a la eternidad, podemos concebirla de dos maneras: como la totalidad del tiempo imaginable como existente, o como la ausencia de tiempo, ya que no tendría principio ni fin. En el primer caso, Materia sería igualmente eterna, completaría su cualidad divina, pues el tiempo empezaría y terminaría con ella y no habría un tiempo independiente del tiempo material. En el segundo caso habría una limitación a su divinidad, pero puramente imaginaria, ya que la eternidad es un concepto ilusorio que realmente no tiene nada que ver con el tiempo ni con el mundo reales. Un tiempo sin tiempo, inexistente por su propia naturaleza y lógica. Pero incluso cabe pensar en una diosa Materia eterna en cualquier sentido, pues la física  especula con la posibilidad de universos múltiples  simultáneos y/o sucesivos, sin origen ni fin concebibles. Nuestro universo puede tener principio y fin, pero Materia sigue ahí indefinidamente, creando nuevos universos. Sin contar con que  el final de nuestro universo mediante una Gran Contracción daría lugar a una nueva Gran Explosión, y quizá ello haya ocurrido ya infinitas veces, con lo cual ni Materia ni tiempo tendrían principio ni fin, al menos capaces de ser concebidos por nuestra mente.

Es una situación extraña: la diosa Materia crea constantemente realidad y sucesos totalmente diferentes de ella, ya que sus creaciones tienen principio y fin, están limitados en el tiempo, al contrario que Materia misma. Un  (supuesto) hecho realmente llamativo.    Algo semejante cabe predicar del Dios creador espiritual y personal (cristiano: en otras religiones los dioses son de algún modo posteriores al mundo, creados por este, con ciertas características que son proyección de las propias del ser humano, pero elevadas a un nivel enormemente superior). Ese Dios eterno e infinito ha creado todo tipo de cosas efímeras. La diferencia con Materia, es que lo consideramos de un modo u otro afín a nosotros, capaz de juzgar el bien y el mal y, por así decir, de comprendernos (y amarnos), un Dios capaz de consolarnos. Algo que no puede predicarse de la diosa Materia, como bien entendía B. Russell.  

Ya en otra ocasión  aludí al problema de la eternidad: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/la-eternidad-3388/2.html

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